Luego de la guerra y tras vencer a VIRM (momentáneamente), se había vuelto pacífica tanto para los humanos y los klaxosaurios.
Tan tranquila que parecía que nunca hubo una lucha casi interminable, como si nunca se hubieran perdido incontables vidas en ambos bandos; como si la guerra y sus atrocidades fueran un mal sueño, una pesadilla.
Le costó por un largo lapso darse cuenta de que VIRM ya no presentaba una amenaza para su planeta, que había podido vencerlos y deshacerse de los invasores que liquidaron a su pueblo en antaño.
Y sobre todo, que había sobrevivido. No sólo ella, sino Hiro también; pues cuando dejaron fuera de combate a Strelitzia en modo Estampida, arrancando las patas delanteras y después decapitándolo recibiendo en el proceso rasguños y una que otra mordedura en los brazos y la pérdida de uno de los apéndices de Model-Klaxo.
Y no sólo eso, sino también el que una vez tomado el control de su hijo (o como ese hombre lo nombró, Strelitzia Apus) VIRM se había tomado las molestias de infectar el arma que definitivamente acabaría con ellos como medida preventiva.
Si no hubiese sido porque Hiro no se dejó vencer y le dio ánimos para no rendirse, estando tan cerca de lograrlo. De ponerle un fin a esta guerra, lo más probable es que hubieran muerto ahí.
Además de que tiempo atrás, le había estado dando de su sangre para adelantar su proceso de conversación de híbrido a un klaxo-sapiens como ella. Dónde los cuernos de Hiro crecían más, su color de piel cambió a una azulada así como su esclerótica y de su espalda emergieron unos apéndices parecidos a los suyos que también podía agruparlos y usar como una cola.
Sin contar que marcas negruzcas empezaron a aparecer en su cuerpo, cubriendo su desnudez y la cicatriz de aquel tumor que obtuvo gracias a Zero Two, la cual desapareció.
Y lo único que quedó intacto de su antigua apariencia fue su cabello azabache y el color de sus ojos, además de su personalidad.
La cual ahora en estos tiempos de paz, se había vuelto más cariñosa. Ya sea que él se acurrucase con ella abrazándola por detrás al dormir o restregando su mejilla contra la suya emitiendo un ronroneó.
Ronroneo que, muchas veces era involuntario y hacía enrojecer al chico.
— L-Lo siento, no sé porqué lo hago.
— No es algo por lo que debas disculparte, es instintivo... es una señal de que estás feliz y a gusto conmigo — explicó Ichi, con una ligera sonrisa. Decidiendo hablar con su voz que por medio de la telepatía, al menos hasta que Hiro la aprendiera a dominar —. Aunque también, puede ser usado como un llamado.
— Con llamado, ¿A qué te refieres...?
— Pronto lo averiguarás — le aseguró, con un ápice de diversión en su voz y facciones. Recargando su cabeza en su hombro, relajándose.
Hiro miró a Nawabari, preguntándole en silencio con una mirada confundida sobre lo que su compañera de vida decía. La serpiente por su parte desvió la mirada del esposo de su ama, desentendiéndose al igual que Orochi quien discretamente salió de ahí.
— Por cierto Hiro... ¿No quieres ver a tus amigos? — preguntó curiosa, sin abrir los ojos o moverse de su sitio.
Ya no había amenaza como tal con la cual lidiar, además de que los pocos Klaxosaurios que quedaron se devolvieron a las profundidades de la Tierra y los que murieron, quedando su cuerpo en la superficie, ahora yacían cubiertos de maleza así como los FRANXX.
O eso fue lo que pudieron ver las veces que emergieron a la superficie para divertirse —o porque Hiro la arrastraba a salir juntos a sus sirvientes— y contemplar el cielo o sino, dejarse empapar por las lluvias que caían.
O sencillamente, dormitar fuera, en un lugar donde los humanos no los vieran.
Hiro parpadeó, mirando al techo de la cueva, meditabundo.
¿Ir a ver a sus amigos? Hacía casi como 2 años que no los veía luego de encontrarse con ellos como sus enemigos en el campo de batalla. Pero ahora... ¿Todavía seguían siéndolo?
Es más, ¿Qué estarían haciendo en estos momentos?
— Crees... ¿Crees que sería conveniente ir a verlos?
— A mí no me interesan los humanos... pero ellos son importantes para ti y ahora que ya no hay guerra, pensé que querías verlos o algo — bostezó —. Si quieres verlos puedes ir con Nawabari u Orochi.
— ¿Eh? ¿Pero no me vas a acompañar?
— Lo haré si tú quieres.
Hiro volvió a pensarlo un poco más, antes de sonreír ligeramente.
— Si te digo que sí quiero ir a verlos, ¿De verdad me acompañarías?
— ¿Y tú quieres que vaya contigo?
— Sí — sonrió, ilusionado.
— Bien.
El temblor que sacudió el suelo bajo sus pies puso a todos en estado de alerta, y tomando las medidas preventivas, instaron a todos a refugiarse en sus hogares y de no tener tiempo, buscar un sitio seguro para resguardarse.
Ichigo y Goro en compañía de Zorome y Miku fueron quienes salieron de ver de qué se trataba. Sorprendiéndose de ver a dos serpientes Klaxosaurio emerger de la tierra, las cuales les resultaron conocidas.
Nawabari y Orochi se acercaron hasta donde aquella civilización estaba, reptando hasta quedar a dos metros de ellos. Abriendo sus bocas de dónde sus amos emergieron, cayendo de pie al suelo.
Fácilmente pudieron reconocer a la Princesa Klaxosaurio, a la cual recordaban tan majestuosa y temible como siempre con su semblante carente de emociones. Y no fue hasta que Hiro se acercó, con una sonrisa tímida hacia ellos que lo reconocieron.
Sorprendidos por su drástico cambio.
—... Hiro, ¿De verdad eres tú? — fue la primera en recuperar el habla, Ichigo. Sorprendida pero sumamente feliz de verlo luego de casi 5 años.
Hiro sonrió, divertido y apenado pero a su vez, feliz por verlos otra vez.
— Ha pasado tiempo...
Zorome y Miku volvieron a abalanzarse sobre él como en ese entonces, aunque esta vez logró mantenerse de pie.
— ¿Todavía nos recuerdas? ¿Te acuerdas del nombre que nos diste! — preguntó impaciente Zorome, mirándolo emocionado y temeroso por partes iguales.
— ¡Idiota! ¡Claro que nos recuerda! — le reprochó Miku, mirándolo ceñuda mientras contenía sus lágrimas de emoción y su alegría —. ¡Si no nos recordara, Hiro no hubiera venido a visitarnos!
Hiro rió, poniendo una mano en la cabeza de cada uno para revolver sus cabellos en una caricia afectuosa. Lo cual detuvo a su vez, una posible riña entre ambos adultos jóvenes.
— Es bueno saber que siguen siendo tan unidos como antes — se separó un poco de ambos, mirando con una pequeña sonrisa pícara los colgantes a juego que llevaban por sobre la ropa —, y tal vez hasta más.
Tanto Miku como Zorome se ruborizaron, provocando una pequeña risa en el pelinegro.
— Tal vez cambiaste físicamente, pero sigues siendo el mismo, Hiro — se acercó Goro, palmeando su hombro con una sonrisa sincera.
Hiro sonrió un instante antes de hacer una mueca.
— ¿No vas a abrazarme tú también?
Goro se puso nervioso —. Ah, bueno, yo...
Hiro haciendo uso de sus apéndices, los alzó a todos (Zorome, Miku, Goro e Ichigo) y los atrajo hacia sí en un abrazo. Riéndose contento mientras cargaba con los cuatro en sus brazos sin esfuerzo por su nueva condición.
Ichi bufó divertida, definitivamente su esposo estaba feliz de ver a sus amigos y no se iba a contener por lo visto pues comenzó a caminar con ellos hasta adentrarse a la ciudad.
— Cuando sea momento de partir vuelvan — fue lo último que les dijo antes de seguir al emocionado klaxo-sapiens, y sonreír levemente.
Nawabari y Orochi la miraron un instante antes de mirarse entre ellos, risueños.
Su ama había cambiado bastante desde que conoció a ese niño antes humano, que ahora era su pareja y compañero de vida.
Hiro abrazó a todos y cada uno de sus antiguos compañeros de escuadrón, incluida a Naomi que si bien se asustó por su nueva apariencia. Ese miedo y asombro fue reemplazado por una sonrisa y risa al ser abrazada y levantada con afecto por el pelinegro.
Con sorpresa y agrado conoció a Ai —la hija de Kokoro y Mitsuru—, así como también a la novia de Futoshi.
Además de enterarse que Goro e Ichigo, Miku y Zorome además de Ikuno y Naomi, estaban saliendo como pareja.
Hiro se sintió feliz al saber que Goro finalmente estaba con Ichigo, a quién siempre quiso. Y que Ichigo, lo haya superado al final; los abrazó a ambos, felicitándolos por su relación y deseándoles lo mejor.
— Muchas gracias, Hiro.
— Nosotros también esperamos que tu relación con la Princesa Klaxosaurio prospere y sean felices.
Ichi bufó ligeramente —. Humanos cursis.
— ¿Eh! ¿También puede hablar como nosotros? — preguntó sorprendido Futoshi.
— Siempre pude, humano. Sólo no me apetecía hacerlo — fue su corta respuesta, que sí bien era mordaz, hizo reír a algunos. Lo cual la hizo cruzarse de brazos y mirar hacia otro lado.
— Por cierto... ¿Dónde está Zero Two? — preguntó Hiro, con cautela. Obteniendo un silencio por respuesta, así como también miradas lastimeras.
— Verás — llamó su atención Ichigo, aclarándose la garganta antes de contestar su pregunta —... Luego de que tú y la Princesa desmantelaran Strelitzia, ella...
— Ella al parecer desertó — continuó Goro, suspirando pesadamente —... Y desde ese entonces, no hemos sido capaces de localizarla o encontrarla.
— Pareciera que no quiere ser encontrada — concluyó Ikuno, acomodándose los lentes con un rostro serio —. O eso es lo que creemos hasta hoy.
— Ya veo...
— Estará deambulando por ahí como un animal salvaje — comentó con desdén, cruzándose de brazos con una expresión estoica en el rostro —. Es decepcionante saber que está haciendo todo este berrinche porque le quitaron su "cosa bonita" y también triste que ni siquiera tome en consideración a las personas que la aprecian — suspiró, exhausta de hablar sobre la chica de cabellos cerezo —. Aunque no me sorprende nada que venga de mi copia.
Hiro suspiró también, concordando con su esposa en silencio. Le entristecía lo que estaba haciendo, pero tampoco haría algo porque no era su obligación hacerla entender.
Sino de la misma Zero Two.
Y antes de que todo el ambiente se sumiera en un silencio incómodo y pesado, la pequeña Ai entró a la habitación con la intención de jugar con los amigos de sus padres. Tomando de la mano y jalándolo a Hiro para que la siguiera, lo cual le hizo esbozar una sonrisa pequeña.
A Ichi no le hacía mucha gracia el ser el objeto de interés de los niños humanos que la rodeaban y que obviamente, querían jugar con ella. Pero por como era, se había negado rotundamente a acceder a sus juegos o escuchar lo que decían.
Siendo ahora que algunos niños hacían coronas de flores y se la ponían en la cabeza o directamente en su cuerno, tanto en la parte delantera como en la trasera. Y si no era eso, estos se tiraban sobre su cola para jugar con ella.
Lo que le molestaba y le ponía nostálgica a su vez. Tanto tiempo estando sola y por su cuenta luego de que su gente fuese masacrada y ella la última que quedó, comandando un ejército para mantenerse a salvo y proteger lo que quedaba de la Tierra.
Y ahora, estaba sentada en medio de niños que hacían coronas de flores para colgarlas en sus cuernos o en su cabeza al mismo tiempo que jugaban con sus apéndices que eran su cola en estos momentos. Y no sólo eso, sino también el hecho de que ahora tenía a alguien con quien compartir su longeva vida, quien dócilmente se dejaba poner coronas de flores en la cabeza y cuernos con una sonrisa amistosa.
Y sólo en ese momento, Ichi, Princesa de los Klaxosaurios pensó que… tener estos momentos de paz con estos pequeños humanos, no era tan desagradable.
O que los humanos, como lo fue Hiro alguna vez, podían ser maravillosos.
— ¿…En qué piensas, Ichi? — le preguntó Hiro, mirándola con una sonrisa suave. Usando la telepatía para comunicarse con su amada.
— En ti — respondió con una mirada suave, llena de genuino cariño hacia él —, y en nuestro extraño lazo.
