Nota: Nuevamente estamos en un mundo AU donde Yona no es una princesa, sino que... bueno, ya lo veréis, y Hak simplemente es Hak.

¡Espero que os guste!


Relato 3. De encuentros y caminos opuestos.

[Relato 41]


El sol se alzaba sobre las montañas cuando el carro del Caminante se detuvo a las puertas de Fuuga.

Han-Dae y Tae-Woo -sorprendentemente nos los había pillado en medio de la siesta de todos los turnos- lo habían estado viendo acercarse durante el último tramo del camino, así que le dieron el visto bueno para adentrarse al interior de la ciudad sin dudarlo ni un instante.

—¡Es bueno verle, señor! — sonrió Tae-Woo— ¿Qué tal le ha ido todo?

Ahn le devolvió el gesto, inclinando la parte de delante de su ancho sombrero de paja.

—Un camino con mucho traqueteo, muchacho, pero qué te contaré que no sepas—respondió, deteniendo los caballos a un lado del camino.

Muchos aldeanos, alertados por las voces, corrieron a acercarse al enorme carro, amontonándose alrededor del hombre que se iba bajando de la parte delantera. Apenas había puesto un pie en el suelo que tenía abrazando sus piernas a unos pocos niños con amplias y emocionadas sonrisas en su rostro.

—¡Ahn, Ahn, Ahn!

—¡Ahn, le echábamos de menos! ¡Ha tardado en volver!

—¡¿Qué cosas ha traído?!

—¡¿Tiene regalos?!

—¡Enséñenos! ¡Venga, enséñenos!

—Niños, niños, tranquilos, casi no le estáis dejado respirar— exclamó una de las mujeres entre risas.

—Tengo regalos para todos, no os preocupéis— dijo Ahn de buen humor— He traído muchas cosas nuevas para mostraros, jovenzuelos. Pero primero dadme un poco de agua. Se me acabó por el camino, no he podido detenerme a llenar el odre y estoy que me muero de sed.

—¡Yo voy! — gritó una niña de pelo rubio trenzado, y corriendo, se alejó hacia el pozo.

—¡Yo te ayudo! ¡Yo te ayudo! — le acompañaron un par de niños.

Ahn rio enternecido por aquellas criaturas y despeinó un par de cabellos de los que seguían amontonándose a sus pies. Después, centró su atención en el carro, sorprendido de que no hubiera bajado. ¿Se había quedado dormida por el camino? El alboroto debería haberla despertado…

—Toma, Ahn, ¡aquí tiene! — la chiquilla y su séquito volvieron a su lado con un vaso de madera lleno de fresca agua.

—Ah, gracias, pequeña— lo cogió.

—¡Ahn, ¿trajo mi medicina?! — uno de los niños, pálido y rubio, se hizo notar entre todos ellos y el viejo le sonrió con especial cariño.

—Claro que lo tengo, allí dentro está a buen recaudo, jovencito.

—¡Voy a por ella! — exclamó y antes de que él pudiera abrir la boca, estaba corriendo hacia la parte de atrás del carro.

—Espera, Tae-Yeon, no-

De pronto, la estera que impedía ver lo que había dentro del armazón de madera se onduló y el niño creyó ver unos dedos níveos antes de apartarse la tela. De ella, se asomó el rostro de una chica. Una chica con un llamativo y curioso cabello pelirrojo que llevaba recogido en una práctica cola.

—Oh— murmuró, deteniéndose a medio camino.

La joven miró en su dirección y cuando sus ojos se encontraron, una sonrisa pequeña pero cálida se instaló en los labios de ella. Entonces, de un salto se dejó caer al suelo.

—¡Hay una chica! — se escuchó la voz de uno de los niños.

—¡¿Quién es ella?!

—¿Una mujer? — susurró una mujer sorprendida.

—¡Es muy joven! ¡Y muy guapa! — le respondió de vuelta su amiga en el mismo tono.

—Mira que cabello…

—¡Qué raro color!

La joven de cabello inusual fue consciente de la atención que estaba recayendo sobre ella y sintió sus mejillas calentarse. Debería estar acostumbrada a situaciones como estas pues siempre le pasaba lo mismo en cada lugar al que iban, pero seguía poniéndole nerviosa escuchar los murmullos sobre a su alrededor como si no pudiera escucharlos.

—¿Robando jovencitas indefensas, viejo Ahn? — se alzó una voz claramente burlona por encima de todas.

Ahn rio, volviéndose a dónde un muchacho se acercaba a ellos con una expresión divertida.

—Que no te escuche tu abuelo o te dará una paliza. Decirme viejo a mí es decírselo a él, ya que tenemos ambos la misma edad.

El recién llegado rio, en una actitud que denotaba lo poco preocupado que estaba de ser escuchado por Mundok. Entonces, sus ojos se desviaron hacia donde la chica y se quedó mirándola con curiosidad y una pizca de fascinación.

—Cariño, ven— dijo Ahn, estirando una mano hacia la muchacha, quién no dudó en hacerlo. Le pasó uno de sus brazos por los hombros y la atrajo hacia él con cariño— Os presento a Yona, mi nieta y una nueva incorporación a mi humilde trabajo. Yona, estos son la Tribu del Aire, la más amable y hospitalaria de todo Kouka.

—¡Y guerrera! — rio uno de los muchachos del fondo.

—Por supuesto— aceptó Ahn, divertido— Y guerrera.

—Encantada— sonrió Yona suavemente, sus mejillas eran de un rosa suave cuando alzó tímidamente una de sus manos.

De pronto, todos los presentes se acercaron a la joven como una gran ola y empezaron a preguntarle miles de cosas. Mujeres y niños por igual precian completamente fascinados con ella y deseaban saber todo sobre ella. Yona al principio se vio un poco abrumada por tanta atención, pero en ningún momento fueron groseros con ella, sino más bien parecían estar genuinamente interesados y como sabía que no solía haber muchos eventos como estos que rompían con la monotonía de sus vidas -en eso se había convertido ella-, respondió cada cosa que le preguntaron.

—No sabía que tenías una nieta, Ahn.

—Y no la tengo, Hak— respondió el viejo Caminante sin girarse a mirar al muchacho que se había acercado a él.

Ninguno necesitó más explicación que esa para conocer la realidad y los dos se quedaron viendo a la chica. Uno con evidente ternura y el otro… muy, muy intrigado.

·

Como cada vez que Ahn visitaba Fuuga, era recibido con un elaborado y exquisito banquete al que asistía toda la aldea, llena de comida abundante, baile y risas.

Esta vez contaban con una invitada inesperada, pero no por ello no aceptada.

No sabían que era lo que tenía esa chica, pero en menos de 24 horas parecía haberse ganado a la aldea por completo con su carisma y sonrisa dulce. Los niños la adoraban después de que hubiera estado un par de horas jugando con ellos, las mujeres la habían adoptado como una más del grupo y no dejaban de preguntarle sobre las costumbres que había en otras tribus después de que enteraran que Yona había estado viajando por todo Kouka y los hombres… los hombres no podían más que quedarse embobados por la belleza y dulzura que desprendían sus facciones.

Incluido Son Hak, el mismísimo Jefe de la Tribu.

—¡Hak! — Tae-Yeon se acercó a donde estaba bebiendo su hermano mayor junto a Ahn y otros hombres y se echó sobre sus hombros con una sonrisa— ¿Has visto al abuelo?

—Lo vi ir hace poco a la cocina a por más sake— le sonrió de vuelta— ¿Para qué lo quieres, enano?

—Es Yona, ha preguntado por él y yo me he ofrecido a buscarlo.

¿Yona?

La curiosidad por desentrañar el misterio que era esa muchacha se abrió paso por su cuerpo y la ceja de Hak se alzó en un acto inconsciente.

—¿Te ha preguntado para qué?

Su atención se desvió por un momento hasta Ahn y, aunque aparentemente estaba centrado en la conversación que estaba teniendo a su lugar, la sonrisita que había aparecido en sus labios decía mucho más de lo que él seguramente querría. Ahn estaba al corriente de ese asunto, al parecer, y Hak tuvo que contenerse las ganas de preguntarle directamente. Por Hiryuu, no quería parecer demasiado obvio y desesperado.

—No— respondió Tae-Yeon encogiéndose de hombros, y tampoco parecía muy preocupado por ello.

¿Por qué entonces él se sentía así? ¿A qué venía ese deseo de saber más sobre ella? No quiso ahondar mucho en el tema, honestamente.

—No molestemos al abuelo, anda— soltó finalmente, poniéndose en pie—. Seguro que tiene que ponerse al día con Ahn— intentó verse lo más indiferente y tranquilo posible mientras lo decía, aunque la mirada que le echó el Caminante lo hizo sentirse nervioso— ¿Dónde está, Tae-Yeon?

—Cerca del arroyo, me dijo que quería dar un paseo tranquilo.

—Mensaje recibido— asintió—. Iré a buscarla, entonces. Ya has cumplido con tu cometido, enano.

Tae-Yeon lo miró por un momento con el ceño fruncido.

—Pórtate bien con ella, ¿eh?

—Yo siempre me porto bien, ¿qué insinúas?

Pero el niño no contestó. Se limitó a señalarlo en advertencia -un gesto que había heredado de su abuelo y que en él se veía más tierno que intimidante- y se marchó para buscar a los otros niños. Hak contuvo una carcajada mientras se dirigía adónde su hermano le había indicado, pensando de forma distraída qué diantres le estaba pasando. No tardó mucho en llegar y en la oscuridad del lugar, la luz de la luna se reflejaba en sus cabellos, dándole un aire más exótico y llamativo. Los había soltado por lo que los cabellos le caían por la espalda como una cascada de fuego. Hak nunca reconocería que se quedó unos minutos quieto, observando esa bella imagen desde la distancia. Jamás.

Ella, mientras, estaba sentada con la mirada puesta en el agua con expresión pensativa, abrazando sus rodillas con ambos brazos, y cuando escuchó el ruido de unas pisadas a su espalda, giró la cabeza para observar por encima del hombro.

—Tú no eres Mundok— le dijo sorprendida, aunque las palabras venían acompañadas por la censura o la queja, sino de una pequeña sonrisa.

Hak se dejó caer a su lado, aunque con una distancia prudencial entre ellos.

—Tengo unos añitos menos que el abuelo, sí— respondió Hak— Buena observación.

—¿Abuelo? — inquirió ella, mirándolo con curiosidad, pasando por alto la pulla; otra cosa había captado su atención por con esas palabras se confirmaba lo que ella había sospechado desde un primer momento.

—No de sangre, pero él no deja de repetirme que debo llamarlo así— se carcajeó con algo de malicia— Solo por eso, siempre intento evitarlo cuando estoy con él.

Yona rio y el sonido se adentró en él, colándose dentro de su pecho y asentándose en su interior, lo que fue sensación que lo dejó bastante… nervioso y descolocado.

—Tú nombre era Hak, ¿verdad? — intentó sonar despreocupada e insegura, porque no quería que él supiera que le había preguntado a su abuelo mucho por él, aunque en ese momento no había sabido de la apuesta apariencia del muchacho. Más bien, todo había venido por la admiración de saber que iba a conocer próximamente a alguien que tan joven se había convertido en el Jefe de una de las tribus.

—Así es, Yona — él le sonrió y le guiñó el ojo.

El corazón de la muchacha hizo un extraño y desconcertante movimiento. ¿Qué le estaba pasando?

—Bueno, ¿qué querías? No soy el viejo, pero a lo mejor puedo ayudarte.

Yona pareció volver a la realidad con sus palabras y parpadeando, rápidamente apartó la mirada hasta posarla en el río y se encogió de hombros.

—Uhm, bueno— Yona se removió en el sitio y carraspeó ligeramente— En realidad, no es mucho. Ahn tiene pensado quedarse diez días en Fuuga. Kala, uno de los caballos, tiene una herida en la pata de la que no nos habíamos dado cuenta hasta ahora y quiere que descanse un tiempo— lo miró de reojo y se revolvió una vez más en el sitio con una repentina expresión de vergüenza— ¿Sabes de un lugar grande y tranquilo en el que pueda practicar con el arco?

La sorpresa surcó las facciones de Hak.

—Vaya, ¿sabes usarlo? ¿Cuánto tiempo llevas practicando? ¿Tienes buena puntería?

—¿A qué viene ese tono de sorpresa? — ella lo miró con reproche— Sí sé usarlo, llevo ya unos meses practicando.

—¿Y la puntería? — le picó cuando vio que deliberadamente había ignorado la última de sus preguntas.

Más arrugas se acomodaron en el entrecejo de ella y la sonrisa de Hak creció. No necesitó respuesta.

—Puedo decirte cómo se hace, si quieres.

—No, gracias— gruñó ella fulminándolo con la mirada— Solo dime un lugar y ya está. No necesito tu ayuda.

Su expresión enfurruñada era de lo más divertida y tierna, pero Hak sabía que ella estaba llegando a su límite de paciencia y era el momento para recular.

—No, en serio. Tengo algunos trucos que podrían venirte bien— le sonrió esta vez más calmado y se encogió de hombros, echándose hace atrás en las manos tras espalda— Hay un bosque por aquí al que no suele ir nadie y me gusta ir allí a entrenar. Puedo llevarte mañana si quieres— la sugerencia había escapado de sus labios antes de haberlo pensado, y el silencio se instaló entre los dos por un pequeño instante.

Mientras palabras iban saliendo de su boca, Hak no pensó en lo mucho que él necesitaba la tranquilidad para entrenar. Es más, ni se le pasó por la cabeza.

—¿Prometes no burlarte? — ella lo miró con los párpados entrecerrados.

Él luchó por no reír, aunque falló por poco una sonrisa divertida se extendió por sus labios.

—Promesa de índice— alzó una de sus manos, levantando solo el dedo en cuestión.

Yona lo miró extrañado.

—¿No te han hablado los niños de ello? — arqueó una de sus cejas sorprendido— Es el más solemne juramento que tenemos aquí. Quien rompa una prometa de índice sufrirá la más horrible de las consecuencias.

—¿Y cómo se hace? — el asombro había dado paso a la curiosidad y en esa expresión Hak pudo atisbar a la Yona viajera, la que disfrutaba de conocer el mundo en su plenitud.

—Muéstrame tu índice— le instruyó y ella inmediatamente lo hizo— Ahora, dóblalo un poco y debemos entrelazar nuestros dedos. Después, hay que decir tres veces "prometido" y ya estaría.

Mientras lo hacían, Hak lejos de sentirse estúpido, le complació sobremanera ver la expresión entusiasmada de ella, como se dejaba llevar por las cosas que aprendía, e intentó no centrarse mucho en el cosquilleo que le recorrió el cuerpo a raíz del contacto. Debió ser un producto de su imaginación, seguro.

O del frío de la noche.

La piel de ella se sentía callosa y Hak asumió que era debido a los entrenamientos.

—Me lo has prometido— exclamó Yona una vez el "rito" terminó y una sonrisa se formó en sus labios— No podrás burlarte mañana o sufrirás las consecuencias, yo me encargaré de que así sea— entrecerró los ojos en su dirección en una aparente amenaza.

Hak puso los ojos en blanco, aunque, nuevamente, estaba sonriendo.

Si alguien -el viejo, sus amigos o el enano- lo hubieran estado observando desde un diminuto agujero, habrían sido capaces de darse cuenta de lo mucho que había estado sonriendo en los últimos minutos. Pero, una vez más, Hak pensó que no era un tema al que quería darle muchas vueltas.

—Ya verás, de aquí a final de semana serás una arquera profesional.

—¿Promesa de índice?

—Bueno, para eso vayamos por partes— le guiñó un ojo y Yona rio.

·

—Otra— le instruyó Hak y medio segundo después, una saeta cruzaba a gran velocidad el aire hasta incrustarse en la corteza de un árbol.

Un centímetro más y se lo hubiera pasado de largo.

—Recuerda que cada vez el objetivo está más alejado, es normal que las primeras veces falles.

Escuchó a Yona resoplar en un gesto para nada femenino y la vio cargar otra flecha.

—Dudo que, de ponerme, pueda decir "ah, no, espera, no te alejes tanto que esa distancia todavía no la controlo" — refunfuñó ella guiñando un ojo para apuntar.

Hak rio, sacudiendo la cabeza.

—¿Para qué esas ansias de aprender? — dijo con curiosidad, viéndola tirar una vez más; en este caso había atinado un poco más cerca del centro, pero bastante más lejos de lo que seguramente había sido su intención en un principio— Tan solo llevamos dos días entrenando. Algunos de mis mejores guerreros tardaron el doble que tú en conseguir la destreza que ahora posees, y con paciencia y tenacidad son ahora muy buenos.

La expresión de Yona se crispó y la saeta que en ese momento tenía en sus manos se le cayó a sus pies. Hak advirtió como la mandíbula se le tensaba y como sus ojos se oscurecían ligeramente, llamándome aún más atención su repentino cambio.

¿Qué le había pasado?

Yona cogió nuevamente la flecha del suelo en silencio y tensó el arco.

—Tengo que hacerme más fuerte— respondió entonces, segundos antes de soltar la cuerda. Esta vez, pasó de largo y se perdió en la espesura del bosque.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos.

—Toma— murmuró Hak, teniéndole un odre con agua.

Yona no lo miraba a los ojos cuando lo cogió y se lo llevó a los labios

—Descansa un poco, anda. Llevas desde el amanecer practicando.

—¿Qué? ¿Ya te has cansado? — le picó ella, aunque la diversión no llegó a sus ojos.

Hak tuvo el imperioso deseo de pasar un mechón de pelo que se le había escapado de la trenza por detrás de su oreja, pero se contuvo sonriéndole burlón.

—Qué más quisieras tú. Dicen que soy un profesor muy exigente.

—A ver cuando puedo ver si es verdad eso— le desafió ella con una pequeña sonrisa.

Hak se carcajeó.

—Relájate un poco, te lo mereces. Luego seguiremos con algunas series más.

Yona finalmente le hizo caso, se sentó en unas raíces que sobresalían, y se quedó observando a Hak, quién había cogido su Hsu Quandao para hacer él sus series de todas las mañanas. Hak, para su sorpresa, no se había sentido molesto e invadido porque Yona estuviera presente cuando ella hacía su rutina y, una vez más, no quería pensar mucho en el porqué de eso. La joven, por otro lado, la primera vez que lo había visto hacer sus ejercicios -la mañana anterior- se había quedado mirando embobada -no le extrañaría que hubiera babeado un poquito- lo grácil y diestro que era al manejarla, como si no pesara mucho más que una pluma. El imponente arma parecía ser una extensión de él mientras cortaba el viento.

Esa mañana la cosa no fue muy diferente.

Un Hak transpirando, manejando un arma peligrosa como esa y una expresión de concentración en su rostro… hacía estragos en cualquier mujer.

Los ovarios de Yona lo sabían perfectamente.

Cuando vio que había terminado, Yona no necesitó que le dijera nada para lanzarle desde la distancia el odre con agua, el cual pudo cogerlo al vuelo. Después de beber un par de buches, Yona observó cómo se echaba agua por la cabeza y tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no ponerse a gemir.

Mierda, mierda, mierda.

Yona saltó en el sitio cuando lo vio acercarse a dónde estaba ella y sentarse a su lado. Le costó un infierno y algo más no dejar que se notara lo mucho que le estaba afectando la cercanía de ellos, sobre todo después de la imagen con la que se había deleitado en silencio.

—Yona.

—¿Hmm? — no podía articular sonido, todavía necesitaba unos segundos para serenarse.

—Si te pregunto algo… ¿me responderías? — él no la miraba, sino que observaba sus manos con atención y eso bastó para hacerle sospechar.

—Depende— se irguió.

—Sí, perdona, no debería meterme donde no me llaman— asintió varias veces, visiblemente insatisfecho, pero no queriendo exigirle después de todo.

—Hak.

—¿Sí?

—Suelta la pregunta.

Hak la miró de reojo.

—Bueno… yo… ¿cómo terminaste viajando con Ahn? Él me dijo que… bueno… que…— el verlo repentinamente nervioso, cuando Hak siempre había denotado seguridad en todo lo que hacía y decía, hizo a Yona sentir algo cálido en el pecho.

—¿Qué no es mi abuelo real como tú y Mundok? — terminó por él.

Él asintió sin apartar la mirada.

Una entrañable sonrisa apareció en los labios femeninos, esa que siempre estaba cuando hablaba del hombre que le había salvado la vida, aunque esta vez estaba velada por un sentimiento apagado y melancólico.

Suspiró.

—Recuerdo a Ahn viniendo a mi aldea de la tribu del Fuego desde que era una cría. Yo siempre le decía que algún día lo acompañaría y junto recorreríamos el mundo, que yo vería con mis propios ojos todos los lugares maravillosos de los que él me hablaba sin parar, y él me sonreía, me alborotaba el cabello y me decía que sería todo un honor para él ser mi acompañante en la aventura— suspiró nuevamente, observando sus manos entrelazadas en el regazo y un halo de tristeza la cubrió cuando rememoró ese día— Hace un año año, Ahn volvió de visita, pero yo no pude ir a recibirlo como siempre hacía. Yo estaba… mi padre había caído gravemente enfermo ese invierno y me llevaba todo el tiempo que tenía libre cuidándolo. Solo éramos él y yo, pues mi madre había muerto cuando yo no tenía más que meses, y me sentía muy impotente sin poder hacer nada por el hombre que dio todo y más para criarme— sus nudillos se habían vuelto blanco de lo mucho que se apretaba las manos para impedir el deseo de llorar que estaba inundándola— Ahn llegó a mi casa y aunque no teníamos dinero para pagarle, él me dio las medicinas… pero… fue demasiado tarde. Días después…— calló, su voz se había desvanecido entre los ruidos del bosque, y Yona se movió rápidamente para quitarse una lágrima que se le había escapado.

Hak había deseado, incomprensiblemente, ser él el que lo hiciera.

—Enterramos a mi padre y Ahn siguió quedándose unas noches conmigo para no que no pasara sola esos días tan duros… pero… él necesitaba volver al camino, era su trabajo… y me dijo que en el carro siempre había habido un lugar para mí, que quizás podría ser ese mi momento. No lo dudé ni un instante— aunque el dolor todavía persistía en su mirada, había una calidez en su expresión que aturdió al muchacho. Se notaba lo mucho que la chica quería al viejo Ahn— Hak, desde el momento que sentí el traqueteo del carro a mis pies, supe que no podía darle la espalda, que amaba esa nueva vida y esa nueva oportunidad que él no dudó en brindarme. Yo… Quiero aprender a luchar para ser de ayuda en el camino. No es el lugar más seguro del mundo y, aunque él no lo quiera admitir, los años le están pasando factura. Quiero devolverle todo lo que él hizo por mí.

Algo en el interior de Hak se revolvió cuando pensó a los peligros que podría estar expuesto esa muchacha vagando por las tierras de Kouka. Pero ella, lejos de intimidarse y temer, se había aferrado con uñas y dientes al deseo de volverse más fuerte para poder hacer frente a cualquier cosa que se le pusiera en su camino, y ese fuego que brillaba en sus pupilas violetas le estaban haciendo sentir una incomprensible calidez en su interior.

No podía admirar más a esa chica de lo que ya lo hacía.

—Así que…— siguió diciendo ella, resultando demasiado obvia que quería cambiar de tema. Le lanzó una mirada desafiante con una sonrisa burlona bailando en sus labios— ¿Qué? ¿Has descansado ya? ¿Podemos seguir entrenando… maestro? — arqueó una ceja.

Hak se carcajeó y de un rápido movimiento, se puso en pie. Le tendió la mano aunque sabía que era estúpido, y una corriente le recorrió el cuerpo cuando sus pieles de tocaron. Mierda, su mano se sentía demasiado… demasiado

—Por esa boca tan atrevida que tienes… tendrás doble entrenamiento hoy, muchacha. Así aprenderás a respectar a tu maestro como se merece.

Cuando sus manos se soltaron, a pesar de que el sol hacía tiempo que había salido por el horizonte y la mañana se había mostrado cálida… Hak nunca se habían tan frío como en ese momento.

·

—¿Qué piensas de las dagas? Nunca está aprender a manejarlas.

—Hm, lo que quieras. Te apuesto que podré con ello— ella le sonrió ampliamente y Hak puso los ojos en blanco. Lo juraba, Yona podía ser muy pequeña de cuerpo, pero tenía un ego… que ni él mismo, y eso era mucho decir ya.

—Entonces prepárate porque mañana será… intenso.

—¿Qué pasa mañana? — la suave voz de Tae-Yeon los sobresaltó cuando apareció a la espalda de la pareja.

Hak se atragantó con su propia saliva de la sorpresa y empezó a toser como un maniático, bajo la atenta -ella- y divertida -él- mirada de sus acompañantes.

—Hola, Tae-Yeon— le sonrió Yona con sus mejillas coloreadas.

—¿Qué estáis tramando los dos? — los miró alternativamente, balanceándose sobre sus pies.

—Nada, mocoso, no molestes— replicó Hak, una vez recompuesto, sacudiéndole el cabello como sabía que le molestaba.

—¡Ah, para! — se alejó, fulminándolo con la mirada con las mejillas al rojo vivo —¡Deja de hacer eso! ¡Ya no te digo lo que el abuelo me ha dicho que te dijera!

Hak arqueó una ceja.

—¿Cómo que no?

Tae-Yeon cruzó los brazos y alzó en mentón tozudamente, causando que Hak tuviera que esconder las carcajadas ante la visión tan tierna que tenía frente a sus ojos. ¡Vamos, hace menos de un parpadeo corría a sus brazos pidiéndole que lo cogiera y ahora quería ser todo un hombrecito! Cómo pasaban los años…

Mierda, había sonado malditamente igual al viejo.

—¿No piensas hablarme, muchacho? — silencio— Con que esas tenemos, ¿eh? Pues ya verás…

De pronto, el grito del niño cortó el aire cuando se vio levantado en volandas para ser posado sobre un hombro. Oyéndose las carcajadas de Yona de fondo, su hermano empezó a patalear para que lo soltara -sin llegar a nada- y Hak empezó a dar vueltas sobre sí mismo.

—¡De cabeza al río que vas para que se enfríen esos humos que tienes!

—¡No, no, no, para, por favor! — estalló en carcajadas el niño, aferrándose a la tela de su toga— ¡Vale, vale, te lo diré pero suéltame!

Yona fue espectadora de las sonrisas y miradas llenas de cariño que se dedicaban ambos, aunque estuvieran escondidas con muecas de odio e indignación y sonrisas burlonas. Sí, puede que no fueran familia consanguínea, pero Yona hacía mucho tiempo que había aprendido que la familia no era solamente eso, sino que había mucho más profundo involucrado… y ellos dos, indudablemente, a pesar de no haber venido de los mismos padres y ser físicamente como el agua y el aceite, eran hermanos.

En realidad, todos en aquel lugar eran tan… cercanos, tan amables… que la habían hecho sentirse como una más aunque no los hubiera conocido de hace más de cuatro días. Y después de tanto tiempo sintiéndose como una hoja movida por el viendo por las tierras de Kouka, la sensación era sorprendentemente agradable.

De pronto, una tos enérgica la sacó de sus pensamientos y cuando volvió a la realidad, se encontró a Tae-Yeon en el suelo, tosiendo con las lágrimas saltadas por al esfuerzo, y a Hak arrodillado a su lado con la inquietud bañando sus facciones.

Yona sintió el corazón detenérsele por un instante.

—¡Tae-Yeon, ¿estás bien?! — se apresuró a ir hacia ellos.

El niño asintió, ya más tranquilo, mientras inspiraba lenta y profundamente, con Hak pasándole la mano por la espalda. La mirada de ella se cruzó con la de él, y aunque su expresión era seria y aparentemente impenetrable, el asentimiento que le dedicó la hizo sentirse mucho más tranquila.

—¿Te has tomado su medicina hoy? — le preguntó Hak con voz suave.

Tae-Yeon cabeceó afirmativamente y se incorporó poco a poco. Yona se maravilló como, a pesar de todo, la sonrisa y el brillo en sus ojos no habían desaparecido de su expresión. La fuerza y entereza de ese niño la conmovía como nada antes lo había hecho.

—Sabiendo tan horrible como siempre, pero sí— sacó la lengua en una mueca de asco.

Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios del muchacho, quién se relajó por fin visiblemente.

—No te quejes, anda, que siempre te llevas las mejores raciones en el desayuno.

—¿Qué puedo hacer si le caigo mejor que tú a la gente? — le replicó el niño avispado, sonriéndole con una marcada soberbia.

Yona no pudo evitarlo y volvió a reírse. De verdad, adoraba la relación que tenían todos en la aldea, pero había algo en ese aparente inexpugnable jefe de la tribu y su dulce y alegre hermano pequeño que conseguía llegarle más profundo al corazón.

Si hubiera tenido un hermano o una hermana, le hubiera gustado tener una relación como esa.

—Pues ahora que lo mencionas… Me ha entrado un poco de hambre— le guiñó un ojo al niño—, ¿quieres que intentemos colarnos en las cocinas y pillemos algo para picar, un zumo o algo así?

—¡Vale! — la expresión del niño se iluminó antes de girarse a su hermano mayor—Ah, el abuelo me dijo que te dijera que quería verte, que fueras a casa— le sacó la lengua.

—Así que todo esto era para que me dijeras… ¿eso? — Hak se hizo el indignado.

Tae-Yeon se encogió de hombros y ya más repuesto se puso en pie con la ayuda de sus dos acompañantes. Después, su mano quedó enlazada con la de la chica sin que ninguno de los dos hiciera el menor intento por separarse.

—¡Bueno, vamos, que tu hermano tiene que hacer cosas de mayores! — se encaminó animadamente hacia las casas.

—¡Guardadme un poco para cuando vuelva! — replicó el Jefe de la Tribu con una sonrisa en sus labios, observándolos marchar juntos.

—¡No tardes mucho!

—¡Eso! — acordó el niño, y Hak se carcajeó.

No fue hasta que desaparecieron en el horizonte que Hak no se dio cuenta de que se había quedado mirando embobado el lugar por donde se habían marchado con una maldita sonrisa que no se había ido de su rostro.

¡Mierda!

.

—Venga, atácame.

No necesitó que se lo repitiera. Haciendo a sus piernas trabajar, corrió hacia donde estaba él esperándola, pero antes de pensar cual iba a ser su siguiente movimiento, sintió un tirón en el brazo y al segundo siguiente el filo de la daga que llevaba en su mano estaba en su cuello y la espalda la tenía pegada al pecho de él.

Sintió la risa de él en su oreja y todos los vellos se le pusieron de punta.

—Muerta— susurró el joven con voz enronquecida.

El corazón de Yona comenzó a golpear furiosamente y nada tenía que ver la situación mortal en la que podría haber estado si la pelea hubiera sido real. Era Hak, el calor que desprendía su cuerpo y el poco aire que había entre ellos; era la fuerza pero cuidado con el que la agarraba… Era…

Ni siquiera estaba segura de qué era.

—¿Puedes soltarme? — farfulló entre dientes, cuando vio que él tampoco hacía el amago de moverse.

Si solo se quedaba un segundo más… pronto… no querría alejarse de allí jamás.

Espera, ¿qué estaba pensando? Las alarmas empezaron a sonar en su cabeza mientras Hak, musitando algo entre dientes, la dejaba libre y se apartaba un par de pasos de ella. Por un segundo, ninguno de los dos hizo el amago de mirarse a los ojos. Entonces…

—Toma— le avisó él y apenas Yona se giró a su dirección, descubrió que él le estaba tirando la daga para que la cogiera. El arma estaba desenvainada, por supuesto, y Yona pegó un alto hacia atrás para apartarse.

Cuando la punta se clavó en el suelo, miró con los ojos como plato en dirección a su instructor.

—¿Pero tú estás loco? — le increpó incrédula.

—Vaya reflejos más malos tienes, ¿así quieres ganar una pelea? — arqueó una ceja en su dirección, inquisitivo, mientras ella se agachaba para cogerlo.

—Cállate— espetó, frunciendo en ceño cuando él se rio en respuesta— ¿Cómo se te ocurre tirarme un arma? Podría haberme hecho daño.

—Sabía que te apartarías.

Qué él le dijese eso sin un ápice de duda hizo que Yona apretase los dientes, molesta y picada por la actitud de él. Le enfrentó la mirada con su ceño el doblemente fruncido antes de ir en busca de la daga en cuestión.

—¿Ah, sí? ¿Y también sabías esto? — inquirió irguiéndose y, sin esperar un segundo más, volvió a tirarse a él enarbolando el arma.

Tres segundos después, tenía ambos brazos sujetos a la espalda en una posición que la imposibilitaba moverse pero que no le hacía daño y la daga había terminado en el suelo.

—Aceptable, pero sé que puedes mejorar más— le dijo él inclinándose sobre su oído— Tienes velocidad, ahora solo deberías entrenar esos reflejos.

Yona apenas había oído lo que él le había dicho. Con el corazón yéndole a mil, lo único en lo que podía pensar era en lo cálido que era su cuerpo y la forma tan suave con la que la tenía sujeta; lo único que podía pensar era en el aroma atrayente que él desprendía.

Una vez más, la urgencia de apartarse de él y desear eso que no ocurriera jamás la dejó descolocada. Dos caminos contradictorios que la estaban volviendo loca.

Mierda, mierda.

—Vale, lo pillo, suelta— masculló, sintiéndose muy avergonzada.

Pero esta vez él no le hizo caso. De pronto, el pecho de él se pegó a su espalda por completo y el corazón de la muchacha se saltó un par de latidos, sobre todo cuando él siguió hablándole en susurros, a pesar de que estaban solos en medio del bosque. Apenas pudo escucharle por encima del atronador latido de su corazón.

—¿Por qué no intentas escaparte de mí? Esto también podría ayudarte.

—Sé de un movimiento infalible— ¿Su voz no había temblado? ¡Increíble, porque ella se sentía así!

—¿Ah, sí? — murmuró él, aunque honestamente no estuviera echándole mucha cuenta a sus palabras; su cuerpecito había atrapado su atención por completo.

Cuando por el rabillo del ojo la vio mover la pierna, Hak despertó de su ensoñación. No iba a pasar por eso.

—¡Vale, sí, ese está bien! — exclamó, apartándose, aunque no del todo. Le dio la vuelta para desconcentrarla y no pudiera culminar su ataque, y pronto estuvieron mirándose cara a cara, con apenas espacio entre ellos.

Mi-er-da.

Yona era pequeña. Se había dado cuenta desde el primer momento en el que fijó su atención en esa desconocida aventurera que había descendido del carromato del Caminante de Kouka. Sin embargo, no era hasta que la tuvo a escasa distancia de él que descubrió lo realmente pequeña -pero perfecta- que era. Su mentón le llegaba al pecho, por lo que él tenía que bajar la cabeza y ella izar la barbilla para que sus miradas se encontrasen. Sus pechos estaban pegados y, debido al repentino movimiento de él, el cuerpo de Yona había amenazado con perder el equilibrio, así que él había tenido que soltar sus brazos para colocar ambas manos en la cintura femenina… lo que los dejaba… en una postura y una cercanía que…

Eso: mi-er-da.

Se quedaron paralizados mirándose a los ojos.

Ninguno parecía estar respirando mientras los segundos se deslizaban lentamente.

En un acto inconsciente -él realmente no sabía por qué lo hizo- Hak quitó un brazo de la cintura de ella y con mucho cuidado, le quitó un mechón de cabello que se le había soltado del recogido que se hacía todas las mañanas al entrenar. Los labios femeninos se entreabrieron como si quisieran decir algo, aunque ningún sonido escapó de ellos, y él se quedó mirando ese punto fijo con cierto interés y fascinación.

Si dijera que nunca habría pensado cómo sería besar a Yona mentiría porque, joder, lo había hecho. Y no pocas eran las veces precisamente, pero había muchos motivos por los que sabía que no era buena idea hacerlo. Pero todos y cada uno de ellos que se había asegurado de enlistarlos en las noches donde el sueño era difícil de alcanzar se habían esfumado como cenizas en el viento y solo un pensamiento imperaba en él: ¿sabría, en realidad, tan bien como olía?

Necesitaba conocer esa respuesta.

Incapaz de detenerse, Hak se inclinó y acortó la escasa distancia que los separaba. Durante un segundo, ninguno de los dos se movió -incluso el mundo pareció haberse detenido- al son de lo que estaba teniendo lugar en ese pequeño rincón del mundo. Al principio, solo fue un roce, la unión de unos labios de una forma demasiado suave y casta. Ella no hizo el amago de querer apartarse ni de seguir, era como no supiera qué hacer después de lo ocurrido. Y él, incrédulo por lo que había hecho, empezó a echarse hacia atrás para alejarse con una voz maldiciéndole en su cabeza, cuando, de pronto, sintió los brazos femeninos rodearle el cuello y debido al movimiento, ella terminó alzándose por encima de sus pies. Sus labios se movieron mientras Hak se apresuraba a sostenerla por la cintura para evitar que se cayera, y para Hak ocurrió la mejor-maldita-cosa de su vida.

Ella estaba besándola.

O correspondiéndole el beso, más bien.

Y Hak obtuvo esa respuesta que tanto le había quitado el sueño: sí, sabía igual o incluso mejor de lo que olía. Y… mierda, se movía…

El beso fue un poco torpe y tosco, Hak estaba seguro de que no había tenido mucha experiencia en estos temas, pero para él fue lo mejor que le había sucedido en años. En su vida, joder. Y cuando la escuchó gemir entre sus labios, tuvo deseo de rugir como un animal por lo mucho que le había alterado oírla.

Mi-er-da.

Cuando la necesidad de respirar se hizo imperiosa, Hak se apartó con muchísima suavidad de ella, quedándose mirando como un idiota embelesado el rubor que cubría las mejillas femeninas y el brillo que destilaba sus ojos violetas. Respiraba agitadamente, él, ella, y por un momento se quedaron viéndose dos tontos, como si no se creyesen todo lo que acaba de suceder.

Y entonces, como si un interruptor se hubiera accionado en el interior de ella, su expresión cambió a pánico total.

—Esto no está bien— musitó, sacudiendo la cabeza y caminando hacia atrás.

Hak luchó contra la imperiosa necesidad de mantenerla a su lado, aquella que lo estaba matando por dentro, y la dejó ir, empuñando las manos a sus costados.

—Yona, yo…

—Mañana me voy— dijo ella, rodeándose la cintura con sus manos.

—Lo sé— apretó los dientes.

—Esto…

—Nunca podré verlo como algo malo— musitó él, mirándola fijamente— Y espero que, pese a todo, tú tampoco lo hagas.

Había hablado con tanta intensidad que Yona no pudo contenerse y alzó la mirada para que sus ojos se encontrasen. En el azul oscuro de él bailaba el deseo, la frustración y la aceptación como un crepitante fuego y Yona deseó tirarse a sus brazos, olvidarse de todo y de todos.

Pero sus caminos se separaban en menos de veinticuatro horas. Ella continuaría su viaje con Ahn y Hak seguiría en Fuuga.

—Lo siento, Hak— murmuró finalmente, aunque no estuvo muy segura de a lo que se refería.

Apartó la mirada, cogió el arco que descansaba en uno de los troncos que rodeaba el claro en el que estaban y echó a correr sin mirar atrás.

—¡Mierda! — gritó Hak.

Los animales huyeron despavoridos del iracundo bramido del dragón.

·

La luna brillaba incandescente en el firmamento.

Alumbrada por ella, una joven zigzagueaba entre los árboles. A su alrededor, enemigos invisibles no dejaban de atacarla sin cuartel y Yona se movía con agilidad alejándose de la trayectoria de sus armas y, a su vez, clavándoles el arma para acabar con sus vidas.

Cuando el número de enemigos caídos en batallas superó la centera, Yona se detuvo con la respiración agitada y se apoyó sobre sus rodillas.

—Tengo que seguir— musitó para ella antes de volver a rutina.

Porque su cabeza todavía seguía trabajando frenéticamente sin un ápice de cansancio y Yona necesitaba dormir para tranquilizar sus nervios. Los pensamientos, las sensaciones… los recuerdos… estaban volviéndola loca.

Era incapaz de alejar de su cabeza por más de dos minutos seguidos la escena de esta mañana, cuando se dejó llevar por sus instintos, cuando el mundo se convirtió en su borrón y ella solo sintió los labios de Hak sobre los suyos, poseyéndola y reclamándola como nunca nadie lo había hecho.

El deseo y la tensión entre ellos había existido desde el principio pero ella se había asegurado de que quedase en algo idílico. Algo en su interior le había advertido que le sería incapaz de usar al Jefe de la Tribu del Aire y después irse sin mirar atrás y, efectivamente, el beso -o la marca de él sobre ella- había sido la confirmación de sus pensamientos.

Después del año que llevaba viajando con Ahn, Yona había conocido mundo. Había visto cosas que jamás creyó existiría, personas que eran por completo diferente a ellas y otras… a las que se había sentido atraída. Dispuesta a vivir la vida, a disfrutar de la libertad que Ahn le brindó, nunca se preocupó de nada más allá del presente, pero ahora, viendo la situación desde la perspectiva que el conflicto que estaba viviendo le daba…

Antes de Hak, Yona no temía conocer chicos porque ninguno consiguió llegar a ella lo suficiente como para dar una parte de sí mismo.

Con Hak, ahora, Yona estaba segura de que, si no se andaba con ojo, perdería algo más que la cordura.

Por eso, ella se había alejado. No se arrepentía de lo sucedido -el beso de él le había calado hasta lo más hondo- y nunca se olvidaría de él… pero sabía que si dejaba que las cosas hubieran continuado… ella estaría en un gran problema.

Yona gruñó, lanzando una patada a su espalda contra un nuevo adversario. De pronto, su pierna fue detenida por algo fuerte y Yona tuvo que dar un par de saltitos con su otra extremidad para no perder el equilibrio y caer de bruces.

—Nunca he tenido tan buen recibimiento, ni siquiera con mis enemigos— bromeó una voz que conocía demasiado bien.

Yona sintió un estremecimiento recorrerle de arriba abajo cuando advirtió la grande y fornida figura de Hak en la oscuridad de la noche. Luchó por recuperar su pie y cuando él la soltó, rápidamente se apartó un par de pasos hacia atrás.

—¿Qué haces aquí de noche? Es peligroso y podrías perde-

—Estoy bien.

Lo escuchó resoplar.

—Bien.

—Vale— replicó ella inmediatamente. Después, se sintió estúpida.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué se comportaba así?

Se quedaron en un extraño silencio, para nada como los había tenido ellos durante el tiempo que habían pasado juntos en estos diez últimos días.

—Yona, yo…

—Hak…

Se quedaron callados y se miraron, viendo las facciones del otro tenuemente alumbradas por la luz de la luna. Yona no pudo moverse cuando, sin dejar de mirarla, Hak alzó una mano y lenta, suavemente, deslizó el pulgar por su mejilla en una tierna y cálida caricia.

Su respiración se volvió irregular.

Sabía que debía detenerlo, pero mientras su mano le abarcaba la mejilla y daba un paso más cerca de ella, todos y cada uno de los motivos que había conseguir recordar por los que esto no estaba bien, se esfumaron una vez más.

Mierda.

—Por favor— susurró él, observándola con intensidad.

¿Él estaba suplicándole?

Yona no sabía cómo aún no se había tirado a sus pies.

—Hak…— jadeó ella, sin poder moverse.

—Te necesito. Dime que no y me iré, lo prometo, pero…— su otra mano le rodeó la cintura, pegándola hacia él y Yona gimió suavemente— Llevas todo el día en mi maldita cabeza y estoy a punto de volverme loco.

—Tú… tú también…— murmuró Yona, aferrándose a la camiseta de él.

Alejarse de él, de pronto, se había vuelto la mayor tortura que alguien podría hacerle. Porque su cuerpo cálido junto al suyo era tan… tan…

En un acto inconsciente, la lengua de la chica se deslizó por entre sus labios y Hak no pudo contenerse.

De verdad que lo intentó, lo juraba, pero que le condenaban si no volvía a saborear esa preciosa boca.

La apretó contra sí mientras se inclinaba hacia ella y la devoró por completo. Sus bocas se movían con más agilidad que la primera vez y apenas fue consciente de que pasó los brazos por las piernas de ella y la instó a rodear su cintura, causando que la distancia entre sus rostros se acortara y fuera mucho más fácil poder comérsela por completo.

Y después de todo el día con el recuerdo en su cabeza fustigándolo, eso era algo que pensaba hacer concienzudamente…

Caminó hacia delante dando traspiés y una ligera risita escapó de los labios femeninos cuando su espalda chocó con el tronco de algún árbol, pero esta rápidamente fue acallada con absoluta precisión cuando sintió el firme y cálido cuerpo de él pegarse al suyo como una segunda piel. Gimiendo por lo bajo, pasó los brazos los hombros de él y entremetió los dedos en los pelos de su nuca.

—Si quieres que pare…

—Uhm— murmuró ella, un poco ida con las sensaciones que estaba experimentando.

¿Qué era eso tan importante por lo que no debía suceder lo que su cuerpo anhelaba? De pronto, su cabeza estaba blanco y solo podía sentirlo a él…

Hak se detuvo a duras penas por un segundo, pero no pudo separarse mucho de ella pues Yona ejerció la suficiente presión como para negarse a su deseo y él no necesitó mucho más incentivo. Ahora mismo, alejarse de esa muchachita estaba en el último puesto de su lista de cosas que quería hacer.

—¿He dicho que no? ¿Por qué te apartas? — cuchicheó con una tonta mueca de molestia que le salió natural.

Hak sonrió y con sus labios delineó el mentón femenino, sintiendo su respiración entrecortarse.

Mierda, mierda, mierda.

La sensación superaba con creces a su maldita imaginación.

—Tampoco me has dicho que sí.

Yona acunó su rostro y azul y violeta se enfrentaron en la oscuridad. En los ojos de ella había desafío y molestia, en él firmeza, deseo y diversión.

—Creo que esto te lo hará saber— replicó, y volvió a besarlo con fuerza y pasión.

A la mierda.

A la mierda ella, la voz en su cabeza y el mundo entero.

Era incapaz de negarse a semejante hombre.

Esta vez fue él quien gimió en medio del beso y Yona sonrió bastante ufana consigo misma. ¿Y cómo no sentirse así cuando el chico más guapo y sexy que había conocido nunca parecía estar derritiéndose entre sus brazos… disfrutando de los besos… haciéndola ver lo mucho que la deseaba también…?

La cabeza estaba dándole vueltas y ella solo deseaba perderse en el momento…

—Hmmm… no te he entendido bien…

—Estamos hoy espesos, ¿eh?

—Sí— se carcajeó en voz baja, plantando una serie de besos por el hueco de su cuello, un punto bastante sensible según veía por el gemido que soltó la chica— ¿Te importa insistir un poco más?

—Bueno… eso requerirá de una mayor recompensa…— sus manos viajaron, osadas, por el pecho masculino, entremetiéndose en los pliegues de la túnica que llevaba.

—Con mucho gusto. Lo que desees.

El mundo a su alrededor dejó de existir. Podría haber caído un meteorito a pocos metros de ellos que ninguno de los dos se habría dado cuenta de la explosión. Solo sentían, oían y tocaban a la otra persona. Se perdían en la calidez de su cuerpo y las sensaciones que estaban despertando, las que nunca creyeron que iban a sentir con tanta potencia. La ropa pronto empezó a molestar y aunque a esas horas de la noche era muy improbable que alguien pasar por allí, tuvieron que reprimir el deseo de desnudarse como animales. Sin embargo, les era imposible mantener las manos lejos uno del otro y muchísimo menos detenerse en aquel punto, así se obligaron a ser silenciosos.

Dejaron de ser una muchacha errante, sin hogar ni oficio, y el Jefe de la Tribu para ser solamente Yona y Hak, dos personas que se sintieron atraídas la una de la otra desde que se vieron por primera vez y fueron incapaces de ignorar la tensión. Ninguno tenía pasado ni aspiraba a nada en el futuro, solo eran eso, el presente: respiraciones agitadas, manos imposibles de contener, un deseo que amenazaba con consumirlos a ambos…

Y ese momento fue solo suyo. No se conocían de más de diez días pero era como si hubieran estado toda la vida juntos. No sabían que sería de ellos, ella se pasaba la vida viajando por el reino y él se debía a su pueblo, pero en ese momento ninguno de dos pensó en ello.

No podían.

El deseo y la necesidad les tenía apresados con cadenas de oros, unidos, inseparables, y ninguno sentía necesidad de liberarse.

—Yona…— susurró con fervor sobre sus labios alzando sus piernas para que le rodeasen la cintura.

—Hak, te necesito… No te detengas…

—Nunca— juró él, besándola con ansias.

Y se dejaron llevar por la pasión y el desenfreno, por ese torbellino de energía ardiente que parecía envolverlos.

Sin importar el pasado y el futuro, el presente era de ellos.

Una vez tirados al río… vaya si pensaban aprovecharlo y disfrutarlo.

·

Toda la tribu se había congregado a las puertas de Fuuga. Nadie quería, pues era alguien muy querido para todos, pero debían ir a despedir a Ahn, quién emprendería nuevamente su viaje por el reino. Y esta vez la tristeza venía por partida doble pues junto a él se marchaba Yona, la muchachita que se había ganado el cariño de todos con su alegría y carisma.

—¡Vuelva pronto, Ahn! — gritó uno de los niños.

—¡Tienes que contarnos todo lo que veas! — dijo una mujer, despidiéndose de la muchacha.

—¡Ten mucho cuidado!

—Gracias, gracias, gracias por todo— no dejaba de murmurar Yona un poco abrumada por toda la atención y buenos deseos que estaba recibiendo. Después de tanto tiempo viajando a cada rincón de Kouka, nunca se había sentido tan bien acogida como lo había estado esos días con ellos.

Especialmente…

Su visión se escapó una vez más a su alrededor e ignoró la punzada de decepción y tristeza que la asoló cuando no vio a Hak en ningún lugar. Se habría mentido a sí misma si hubiera dicho que no había esperado que al menos se despidiera de ella, sobre todo después de la increíble noche que habían vivido en los brazos del otro.

Sin embargo, el sol empezaba a despuntar por el horizonte y era el momento de decir adiós, de dejar atrás a la única persona que sentía que podría conocerla como nadie. No se prometieron un mañana, nunca hablaron del futuro o de un nosotros mientras se fundían en uno solo, pero una parte de ella sentía como si le arrancaran una parte de sí misma para dejarla en aquella ciudad, con esas personas tan increíbles y amables…

Con él.

Al final, había tenido razón y caer en el pecado con ese hombre la había hecho perder mucho más de lo que a ella le hubiera gustado. Sin embargo, pese al dolor que sentía en el pecho, Yona jamás intentaría olvidarlo porque, por primera vez, supo lo que era sentirse en perfecta conexión con otra persona.

Hizo falta de que Ahn insistiera un par de veces para que los dejaran subir al carromato. Ahn y Yona, uno sentado al lado del otro, vieron como Han-Dae y Tae-Woo abrían las grandes compuertas. Yona les sonrió al pasar y no pudo evitar echar una última mirada por el lateral del armazón cuando Ahn azuzó a los caballos y estos emprendieron el camino.

Las lágrimas que habían estado conteniendo se soltaron, pero ella se apresuró a enjuagárselas y escuchando de fondo el jolgorio de la tribu que les decía adiós una última vez, se giró hacia delante, hacia la impresionante visión de las montañas envueltas en dorado y rojo. Se aferró con fuerzas al arco que descansaba en sus rodillas perdida en la idílica imagen.

—¿Estás bien, pequeña? — inquirió Ahn con voz calmada.

Yona se apresuró a asentir.

—Claro, ¿por qué lo dices? — respondió sin un ápice de dudas. Segundos después, añadió: — Esa gente… han sido todos muy amables y hospitalarios, me han hecho sentir muy querida— una cálida sonrisa curvó sus labios.

—Lo son— asintió— Se les coge cariño fácilmente y ellos a ti. No sé si lo sabes, pero ahora te consideran una de los suyos. Siempre tendrás un hogar con ellos— sonrió como si conociera un jugoso secreto, aunque Yona no lo vio, pues se había quedado observando el objeto que descansaba en sus piernas.

Y pensó en las horas de entrenamiento, en su voz ronca voz ordenando una y otra vez, alentándola. Pensó en la imagen de él que jamás olvidará: sudoroso y agitado mientras practicaba con su arma. Pensó en las charlas y charlas, algunas serias, otras sin sentido alguno, mientras se aíslaban en un espacio que era solamente de ellos. Pensó en su risa, en la mirada divertida y cariñosa que siempre le dedicaba a su hermano, en la expresión de exasperación que tenía para Mundok.

Pensó en la noche anterior y su cuerpo ardió en memoria.

Y se sintió triste y enfadada. Con él por dejarla tirada así, sin aparecer para despedirse; consigo misma por darle más importancia de la que debería algo que no era recíproco, por no ser capaz de contenerse aun sabiendo que solo le traería problemas y angustias. Al mundo por hacerla tocar el cielo por solo una noche para después arrebatárselo de sus manos y castigarla con el recuerdo durante toda su vida.

Ellos nunca hablaron sobre lo que pasaría al día siguiente. Solo se dejaron llevar por el momento y Yona nunca se sintió tan querida y adorada como aquella noche. Cuando la hizo alcanzar el placer una y otra y otra vez en la noche y cuando la cobijó entre sus brazos al caer los dos desfallecidos. Nunca había dormido tan bien como aquellas horas, sin embargo, al amanecer, cuando descubrió que estaba sola… fue como si un jarrón de agua fría hubiera caído sobre su cabeza haciéndola volver a la vida real.

Y todos sus temores y miedos vinieron a ella como una tsunami porque, efectivamente, había tenido razón.

Esta vez Yona no solo le había dado su cuerpo, sino también una parte de sí misma que se había asegurado de mantener a salvo durante todo este tiempo.

Y supo, sin dudar ni un instante, de que este jamás volvería a ser todo suyo.

Había conocido el mayor placer que alguien podría brindarle, pero las consecuencias de eso…

Ella había sido -y era- una idiota.

—¡Espera!

Yona se irguió en el lugar, mirando a su alrededor frenéticamente. Esa voz le sonaba.

—¡Ahn, Yona!

La chica se asomó por un lateral del carro para mirar al camino que transitaban y cuál fue su sorpresa cuando descubrió a un caballo galopando a gran velocidad hacia ellos. Y su jinete…

—¡Para! — le exclamó Yona a Ahn y antes de que este hubiera hubiera detenido el carro por completo, la pelirroja había bajado de un salto para correr hacia la parte de atrás— Pero, ¿qué…

—¿De verdad pensabas que no iba a verte una última vez? — Hak la miró con intensidad mientras hacía detenerse a su montura a pocos pasos de ella antes de apearse con agilidad.

—Yo… yo…

Hak en dos zancadas acortó la distancia que los separaba.

—Te olvidabas de esto— susurró antes de besarla con la misma pasión de la noche anterior.

Yona no supo cómo no se desmayó en el sitio, pero se lo correspondió rápidamente, adorando sentir el cosquilleo en su pecho y estómago, aquel que pensó que jamás llegaría a notar de nuevo. No deseaban separarse, pero el aire se estaba volviendo necesario después de un par de minutos, así que, de mala gana, dejaron distancia entre sus labios, apoyando sus frentes en la del otro.

Un carraspeó les llamó la atención, haciendo estallar la burbuja en la que estaban, y este los sobresaltó.

—Llegas tarde, muchacho— dijo Ahn con una no-disimulada pícara sonrisa.

Yona sintió como toda la sangre se le acumulaba en el rostro y se escondió en el pecho masculino mientras oía la ligera y ronca risa del hombre. Hak la estrechó entre sus brazos sin dudarlo.

—Lo siento, necesitaba… necesitaba…

—Ya— alzó la mano, desestimando la explicación del muchacho, o puede que, en realidad, él mejor que nadie supiera lo que le estaba pasando a la pareja— ¿Yona, querida?

—¿Eh? — lo miró confundida y sonrojada. Y realmente emocionada.

—¿Quieres que te deje unos minutos o…?— se quedó callado viendo la expresión de ella y sonrió con entendimiento— Comprendo. Hablad cuánto necesitéis— y se marchó.

—¿Qué…?

—Hak, yo…—Yona se alejó y miró sus pies, incapaz de enfrentarse a él— Me siento muy feliz porque hayas venido a despedirte. Pensé… bueno, pensé que…

—¿Que no había sido nada para mí? — la cortó él, instándola con el dedo índice en el mentón a que levantase la mirada.

Ella se encogió de hombros ligeramente.

—Niña tonta— exhaló él, atrayéndola a sus brazos— Ha sido… mierda— carraspeó, abochornado— Esta noche ha sido la mejor que tenido en toda mi vida. Estuviste increíble y yo…

—Entonces, ¿por qué desapareciste?

—Porque estaba echo un lío— masculló entre dientes— Porque por un lado deseaba encerrarte en mi habitación para tenerte solo para mi durante toda la vida— Yona lo miró con los ojos como plato, las mejillas al rojo vivo y con una tonta sonrisa en el rostro—, pero por otro lado también sabía tu deseo de ser libre, tus ansias de conocer el mundo y yo no podía… simplemente… cortarte las alas.

—Oh, Hak…

Ese era exactamente su dilema. El querer permanecer a su lado pero el no poder renunciar a la vida que llevaba ansiando durante tanto tiempo. Y que él la supiera entender tan bien, que la apoyara aunque sus deseos fueran otros le hacían ver el hombre tan maravilloso que era.

—No puedo retenerte a mi lado, pero tampoco puedo abandonar a mi gente. Me gustaría, pero…

—Pero entonces sería arrancarte una parte de ti mismo, perder tu palabra— le tapó la boca con una suave sonrisa adornando sus labios mientras sacudía la cabeza— Sé que es eso y jamás te lo pediría.

—Entonces…

—Entonces…

Ambos estuvieron mirándose por lo que pareció una eternidad. Azul y violeta. Diciéndose sin palabras lo que sus corazones anhelaban, pero que ninguno de los dos diría en voz alta por el bien del otro.

Hak la estrechó por la cintura con firmeza y la acercó a él.

—¿Volverás? — le susurró al oído, sintiéndola estremecerse.

Ella se echó atrás para mirarlo y en sus ojos Hak no encontró más que luz y color, emoción y ternura, decisión y templanza.

—Otea el horizonte. Cuando el sol asome entre las montañas en un par de lunas, habré vuelto.

Sellaron la promesa con un beso cargado de temor y esperanza, de decisión y deseo.

Porque Hak lo sabía. Aún no estaba seguro de cómo, pero la próxima vez que ella volviera -y maldita sea que lo haría o él mismo iría a buscarla por cada confín del reino-, Hak no dejaría que se escapase de sus brazos una vez más.

Se convertirían en fugitivos de ser necesarios, aunque esperaba encontrar una solución menos drástica.


Nota final: Después de mucha sangre, sudor y lágrimas, aquí traigo una nueva actualización (de unas 20 pag de word, os quejareis)

¿Qué os ha parecido esta parejita?

PD: ¿Os acordáis del relato anterior? Algunos me pedisteis una continuación de ese mundo. Pues bien, vuestros deseos han sido escuchados y vendrá, ni más ni menos, en forma de fics. Sí, como oís. En una publicación distinta, subiré el nuevo fic en el que estoy trabajando "Noche sin luna" que estará ambientada en el mundo del segundo relato con situaciones más extensas, muchas nuevas escenas y algún que otro cambio con respecto a la trama. Aunque no ha perdido su esencia, será tratado como un fic independiente. ¿Qué os parece la idea? ¿Le daréis la oportunidad?

¡Nos vemos en el próximo capítulo?