Los hijos del basilisco
Capítulo XI
Al final de esta tarde, Harry fue a buscarla a su cubículo. Hermione había tenido un día estresante amenizado por una carta por lechuza en la que un mago anónimo la insultaba y amenazaba por "querer destruir a las brujas y magos verdaderos de Reino Unido con su abyecta Ley Granger". Aunque no había recibido una avalancha de misivas similares, desde la publicación del panfleto de Los Hijos del Basilisco le llegaban críticas, improperios y amenazas de ciudadanos ofendidos con cierta frecuencia. Desde luego, ese tal Mago Verdadero (según firmaba) había tenido el don del la oportunidad para acabar de amargarle un día ya de por sí complicado. Así que cuando Harry apareció, Hermione ni siquiera se enteró de su presencia, absorta como estaba en sus pensamientos, lo que le obligó a carraspear para llamar su atención.
—Hoy no hay horas extras. Habíamos quedado en mi casa con Ron, Neville y Luna, ¿recuerdas?
Con todo lo que había sucedido en los últimos tiempos, a Hermione se le había olvidado por completo la reunión con sus amigos. Luna, que pasaba el tiempo viajando por el mundo en busca de criaturas mágicas cuya existencia era dudosa, les había mandado un mensaje por lechuza avisándoles de que estaría en el país un par de días, así que habían decidido aprovechar la ocasión para verse los seis. Neville vendría desde Hogwarts, donde había ocupado la plaza de profesor de Herbología tras la jubilación de la Señora Sprout. El lugar de encuentro sería la casa de Harry y Ginny, ya que era la más grande; Hermione ni siquiera tenía sillas suficientes para todos si hubiesen ido a su buhardilla, y la planta de arriba de Sortilegios Weasley, donde Ron vivía con George, estaba atiborrada de cajas y experimentos, así que no era muy apta para reuniones.
—¿Sigue en pie? —preguntó ella —Con lo de tu nueva misión…
Evitó dar más detalles por si alguien los estaba escuchando; a fin de cuenta las frágiles paredes de su cubículo no servían para aislar el sonido y apenas le proporcionaban una sensación de privacidad. Harry se encogió de hombros.
—Empiezo mañana y la verdad es que me apetece veros a todos porque no sé cuándo volveré a estar libre.
Hermione lo entendía. Además, ella también tenía muchas ganas de ver a sus amigos: sentía que habían pasado años desde la última vez que había estado con Luna o Neville, y también hacía bastante que no se encontraba con Ginny. Un paréntesis en su estresante vida le vendría bien y, con un poco de suerte, Neville se acordaría de traerle lo que le había pedido hacía tiempo. Así que guardó sus cosas, dejó el escritorio recogido, tomó su chaqueta y acompañó a Harry.
Ginny y él vivían en una casita en un pueblo cercano a Londres, así que se aparecieron en un cobertizo del jardín puesto allí a tales efectos. Con el sueldo de ella como jugadora de quidditch y el de Harry como auror se habían comprado la propiedad hacía unos meses. No tenía el desordenado encanto de la Madriguera pero era una casa realmente agradable. Hermione sintió un breve acceso de nostalgia al recordar que Ron y ella habían hablado de comprar algo así algún día.
Cuando entraron, descubrieron que eran los últimos en llegar. Neville y Ron estaban sentados en un sofá bebiendo cerveza de mantequilla, mientras Luna miraba muy de cerca la colección de fotos que Harry y Ginny habían colgado en la pared del salón. La anfitriona salió a recibirlos con una bandeja en la que llevaba un montón de magdalenas recién hechas.
Besó a Harry en los labios, a Hermione en una mejilla y los invitó a pasar.
Luna abrazó a Hermione como saludo y le metió algo en el bolsillo, susurrándole al oído que la protegería de los zarabandros granates. Seguía siendo la misma de siempre y, por alguna razón, le reconfortó mucho comprobarlo. La verdad era que no estaba como para rechazar ningún elemento de protección.
Charlaron largo y tendido, poniéndose al día. Luna les habló de sus viajes por el mundo y de los descubrimientos de criaturas mágicas que había hecho hasta el momento. Neville les contó cómo iba todo por Hogwarts y pasaron un buen rato recordando viejas anécdotas.
Hablando de Sortilegios Weasley, Ron les regaló a todos una muestra de la nueva chuchería que él y George habían ideado. Era un chicle mágico: cuando hacías un globo y este explotaba, dejaba salir un regalo sorpresa.
Cuando le tocó el turno de Hermione de contar las últimas novedades, se centró en hablar de la ley que acababa de entrar en vigor. Sabía que Ron y Ginny estaban al tanto del "asunto Malfoy" pero se resistía a sacar el tema delante de Neville y Luna. Confiaba en ellos pero se suponía que no podía divulgar esa información. Claro que Ron no tenía los mismos miramientos que ella.
—Cuéntales lo de Malfoy, Hermione.
—¿Qué de Malfoy? —se interesó Neville.
Hermione fulminó con su mirada al pelirrojo.
—Se supone que no puedo hablar de eso.
Miró a Harry, en busca de apoyos, pero él se rascaba la nuca, pensativo.
—Creo que deberíamos hablarles de Los Hijos del Basilisco —dijo al fin.
Hermione suspiró, rindiéndose. En el fondo, estaba de acuerdo. Todo el mundo debería estar al tanto de la amenaza que suponían y, además, era posible que en algún momento pudiesen ayudarles. Quizás Neville pudiese enterarse de algo en la escuela y Luna… bueno, siempre tenía puntos de vista interesantes.
Así que les contó todo: cómo Malfoy había aparecido en su casa para informarle de que querían matarla, lo que sabían de los Hijos del Basilisco y sus intenciones, el papel de Hermione como enlace del Ministerio con su antiguo compañero de Hogwarts reconvertido en espía… y Harry lo remató explicándoles su misión.
Aunque se sintió aliviada compartiendo sus preocupaciones y recibiendo sus palabras de apoyo, aquello cambió por completo el tono distendido de la reunión. Por supuesto, Ron no perdió la oportunidad de criticar a Malfoy, insistir en que Hermione también debería llevar escolta y dejar claro que no le gustaba un pelo que le abriera las puertas de su casa a "esa serpiente traicionera".
Sus palabras la irritaron tanto que acabó por defender a Malfoy de sus ataques.
—Ya no estamos en el colegio, Ron, Malfoy ha cambiado. No es la persona más agradable del mundo pero tampoco es el cretino con el que fuimos a clase.
—¿Confías en él, Hermione? —le preguntó Ginny de repente, mirándola a los ojos.
¿Confiaba en él? Se dio cuenta de que, aunque le costase admitirlo en voz alta, había comenzado a hacerlo. Le había dado sobradas pruebas de que quería ayudarla y acabar con los Hijos del Basilisco, pero al mismo tiempo sabía que se guardaba muchas cosas para él. Sin embargo, no podía culparle por no abrirse por completo a ella; a fin de cuentas, Hermione también era cautelosa.
—Confío en que queremos lo mismo —dijo, elusiva.
—De todos modos, no sé por qué el Ministerio le pone seguridad al primer ministro muggle y a ti no, cuando ambos estáis en peligro —insistió Ron.
Otra vez ese tema no.
—Ya sabes que he tomado muchas precauciones y mi ático es prácticamente una fortaleza. Y además, Malfoy me avisará si intentan atacarme.
—Sigo sin fiarme de él. Estás muy expuesta y encima Harry no va a estar disponible durante una temporada…
—Ron, Hermione es mayorcita. Deja de comportarte como si fueses su padre —intervino Ginny —Todos aquí hemos corrido riesgos más veces de las que podemos contar antes siquiera de cumplir la mayoría de edad mágica.
Hermione agradeció la intervención de Ginny, aunque el salón se llenó de un silencio tenso tras sus palabras.
—No puedo creerme que esto esté volviendo a pasar —murmuró Neville al cabo de un minuto —Creía que nos habíamos librado de los mortífagos para siempre.
—No son mortífagos —puntualizó Hermione —Que sepamos el único que lo era es Malfoy. Pero, por desgracia, todos los supremacistas de la sangre pura no han desaparecido con Voldemort… Si llegó donde lo hizo, fue porque mucha gente simpatizaba con él.
—¿Y quién demonios será Herpa? ¿Estamos seguros de que Alecto Carrows sigue en Azkaban? —terció Ron.
—Robards cree que es Calíope Greengrass —explicó Harry.
—¿Greengrass? —repitió Ginny con cierta incredulidad.
Calíope era la madre de Daphnee y Astoria Grengrass. Hermione, Harry, Ron y Neville habían ido a clase con Daphnee durante años y aunque nunca se habían llevado bien ni mal. Lo cierto era que apenas habían interactuado con ella en su etapa en Hogwarts, lo cual no era mala señal habida cuenta de las tensiones que habían surgido entre las casas de Slytherin y Gryffindor. Que no perteneciera al grupo liderado por Pansy Parkinson hablaba en su favor.
Por otro lado, los Grengrass no habían servido a Voldemort por lo que ellos sabían, así que Hermione no estaba muy convencida de que Calíope fuese Herpa en realidad. Harry, entre otros, llevaba un par de semanas vigilando sus movimientos y no había visto nada extraño.
—Astoria Greengrass me agrada —comentó Luna —Una vez me dijo que mis pendientes le gustaban.
—Daphne tampoco estaba mal para ser Slytherin —concedió Ron.
—Eso no significa que su madre sea inocente. Aunque la verdad es que no hemos encontrado nada extraño sobre ella… Por desgracia, es nuestra única sospechosa —reconoció Harry,
—Puede que yo tenga la solución.—anunció Hermione —Neville, ¿me has traído lo que te pedí?
Él asintió, tomó una pequeña mochila que había dejado a los pies del sofá y se la tendió. Apenas pesaba, así que Hermione supuso que había utilizado un encantamiento de extensión como había hecho ella con el bolso de cuentas que llevó a la boda de Bill y Fleur.
—¿Qué es eso?
—Le he pedido a Neville todos los anuarios de Hogwarts de las últimas décadas. Suponemos que Herpa estudió en Reino Unido, así que voy a enseñárselos a Malfoy para ver si puede identificarla.
—Esa es una gran idea, Hermione —la felicitó Harry.
—Quizás no sirva de nada pero vale la pena intentarlo. Podremos confirmar si Herpa es Calíope, al menos.
—Eso si te fías de lo que diga Malfoy…
Cómo no, Ron no podía resistirse a a lanzar pullas contra Malfoy. Parecía el suplente de Robards.
—¡Ron!
—Perdóname, Hermione, pero todos aquí sabemos que siempre intentas ver lo mejor de las personas… Nunca quisiste desconfiar de Snape, por ejemplo.
—¿De veras, Ron? ¿No se te ocurre un ejemplo mejor? Porque resultó estar de nuestro lado… —rebatió ella —Y también te recuerdo que Marietta Edgecombe todavía tiene cicatrices en la frente por haber delatado al Ejército de Dumbledore.
Visto con la perspectiva de los años, Hermione se sentía un poco culpable por el método anti-delaciones que había utilizado con ella… pero al menos eso probaba que no era una incauta que se fiaba de cualquiera. Ron se contentó con enfurruñarse en silencio, abandonando el tema.
Cuando llegó la hora de cenar, decidieron irse. Aunque Harry y Ginny los invitaron a quedarse, todos acordaron tácitamente dejarlos a solas. Harry tenía una misión larga y peligrosa por delante, y querrían pasar tiempo juntos antes de eso. Así que después de despedirse, se dirigieron al cobertizo para aparecerse.
Hermione reapareció en un callejón cercano a su casa, detrás de un apestoso contenedor de basura. No era el sitio más agradable en el que presentarse, pero sí uno lo bastante discreto para que nadie la viera. Era tarde y su estómago rugía de hambre a pesar de las magdalenas que había hecho Ginny así que pasó por un restaurante chino que le quedaba de camino y pidió cena para llevar.
Una vez en casa se quitó los zapatos, la chaqueta y dejó la mochila de Neville sobre el sofá. Acarició un rato a Crookshanks, le rellenó el comedero y estaba sacando un plato y un vaso cuando llamaron a la puerta. Supo en el momento quién era, sin necesidad de escuchar el maullido tranquilo de su gato.
Mientras iba a abrirle, Hermione notó una sensación de nervios en forma de nudo en la boca del estómago. Se dijo que se debía a que Malfoy rara vez traía buenas noticias.
Por supuesto, lo encontró al otro lado de la puerta. Estaba pálido, lo que era habitual en él, pero lucía una expresión más seria que de costumbre.
—Malfoy, ¿sucede algo?
Él entró en el apartamento y cerró la puerta. Después, se volvió a mirarla.
—No lo sé. ¿Dónde has estado?
Hermione enarcó las cejas, sorprendida por el tono de reproche que se intuía en su voz. ¿Es que ahora tenía que rendirle cuentas a Malfoy sobre lo que hacía o dejaba de hacer?
—Aunque no es asunto tuyo, he estado con mis amigos.
Él se dirigió al sofá y se dejó caer, con gesto huraño.
—Me he pasado dos horas en un callejón cerca del Ministerio esperando a que salieras. No ha sido divertido.
—Yo no te obligo a espiarme, Malfoy, y mucho menos voy a planificar mi vida pensando en tu comodidad.
Él no respondió, dejando que el ático se llenase de un silencio tirante. Como no parecía dispuesto a decir nada más, Hermione decidió cambiar de tema.
—En cualquier caso, me alegro de verte. Tengo algo que enseñarte.
Malfoy la miró, con un brillo de curiosidad en los ojos.
—¿Ah, sí?
Como respuesta, Hermione cogió la mochila que le había dado Neville. Metió la mano dentro y sacó el primer gran tomo encuadernado en cuero granate. En letras doradas aparecía escrito el año de la promoción de alumnos graduados de Hogwarts.
—¿Un anuario? —murmuró Malfoy.
—De hecho, muchos anuarios —Hermione dejó el pesado libro sobre la mesita de té para poder sacar otro de la mochila —Le he pedido a Neville los anuarios de todos los alumnos graduados en Hogwarts durante varias décadas. Se me ha ocurrido que puede servirnos para identificar a Herpa.
Era una apuesta un tanto arriesgada porque se basaba en dos premisas: que Herpa había estudiado en Reino Unido y que Malfoy sería capaz de reconocerla en su juventud, pero no perdían nada por intentarlo.
—Debo admitir que es una idea muy inteligente— concedió él, mirándola de una manera que la hizo sentir incómoda.
Intentando disimular su turbación, Hermione se sentó en el sofá y abrió el anuario de la promoción de Calíope Greengrass sobre su regazo. Malfoy se inclinó junto a ella y sus brazos se rozaron en el proceso, pero él ni siquiera pareció notarlo mientras que Hermione se sentía más consciente de su cuerpo que nunca, sobre todo de la parte que estaba en contacto con el espía. Tensa como la cuerda de un arco, contempló cómo los ojos grises de Malfoy se fijaban con atención en los rostros en movimiento de las fotografías mágicas. Pasó un par de páginas con rapidez, saltando de mujer en mujer, hasta llegar a la imagen de Calíope. Hermione pensó que le saldría el corazón del pecho, llena de expectación. ¿Tenían a Herpa?
Pero tras unos segundos de observación, Malfoy le dio la vuelta a la hoja del anuario y siguió estudiándolo. Hermione escrutó su rostro, buscando encontrar alguna señal que delatase que estaba disimulando que había reconocido a la mujer, pero él estaba tan tranquilo y concentrado en lo que hacía como segundos atrás. Le llevó unos diez minutos terminar su detenido examen del álbum, pero finalmente lo cerró con el ceño fruncido.
—No es de la promoción del 75 —sentenció.
—¿Estás seguro? —insistió ella, con una mirada inquisidora. Los rasgos de Malfoy estaban relajados, sus facciones angulosas serenas. Nada alteraba su elegancia natural.
—Estoy seguro. Creo que Herpa es algo más joven que mis padres, pero no mucho porque sospecho que ellos la conocen.
—¿Te lo han dicho? —preguntó Hermione, interesada. Era la primera vez que mencionaba a su familia, y temía que su comentario significase que ellos también estaban involucrados con los Hijos del Basilisco.
Malfoy se puso rígido al escucharla, recostándose contra el respaldo del sofá como si quisiera volver a poner distancia entre ellos. Se puso a acariciar a Crookshanks, que llevaba un rato en el reposabrazos a su lado, pero Hermione intuía que era solo para no tener que mirarla.
—No. Son solo suposiciones mías —masculló él —En cualquier caso, si pretendes que pasemos la noche mirando fotos viejas, al menos podrías ofrecerme algo de cenar. No sé qué hay en esa bolsa, pero huele muy bien.
A Hermione le daba la impresión de que solo intentaba desviar su atención, pero lo cierto era que tenía razón. Eso iba a llevarles un buen tiempo, era tarde, tenía hambre y una deliciosa cena esperándola.
—Es comida china —explicó, levantándose del sofá para buscar cubiertos y platos —Espero que te gusten los rollitos de primavera y el arroz tres delicias.
—No suelo comer comida muggle, Granger —Malfoy empleó un tono que daba a entender que la sola idea le ofendía —Pero supongo que haré el esfuerzo de probarla.
Por fortuna, las raciones del restaurante solían ser tan grandes que Hermione se tiraba días comiendo sobras, así que había suficiente para los dos. Ni se le pasó por la cabeza proponerle a Malfoy usar palillos chinos, de modo que puso cubiertos corrientes en una esquina de la mesa de té.
Él se sirvió un puñado de tallarines y un rollito, que contempló con desconfianza durante unos segundos antes de darle un bocado. Hermione lo observó, divertida. Seguro que estaba acostumbrado a caviar de Plimpy y vino de Ogden, y la comida de un grasiento restaurante muggle le parecería un afrenta. Además, nunca antes había visto a nadie degustar un rollito de primavera con tan exquisitos modales.
Al cabo de unos segundos, Malfoy se llevó una servilleta de papel a la boca y la apretó un instante contra sus labios, mientras tragaba. Frunció un instante el ceño, como meditando sobre qué veredicto dar.
—He probados cosas peores… —murmuró al fin. Ella no pudo contener una sonrisa jocosa — Como por ejemplo tu café.
La sonrisa de Hermione se convirtió en labios apretados y ceño fruncido al tiempo que le daba un pequeño empujón con el hombro. Malfoy puso cara de inocencia y abrió sobre la mesa el segundo anuario.
Durante un rato comieron en silencio, solo roto por el sonido del paso de las páginas de cada álbum. Los rollitos de primavera se terminaron y pasaron entonces al arroz y los tallarines. Aunque Malfoy no hizo ningún comentario sobre la comida, por la rapidez con la que engullía, Hermione supuso que estaba disfrutando de aquella cena más de lo que quería admitir.
Llevaban cuatro álbumes descartados cuando Malfoy se paró en seco en una página. Se inclinó sobre ella hasta que la punta de su nariz casi tocó el grueso papel y entrecerró los ojos, convertidos en una línea gris entre pestañas doradas.
Hermione contuvo la respiración, mientras lo observaba con avidez. Era el álbum de la promoción del 77. ¿Estaba a punto de descubrir la verdadera identidad de Herpa?
Tras unos larguísimos segundos, Malfoy se incorporó y miró a Hermione con expresión grave.
—Creo que la he encontrado. Que me alcance un Avada Kedavra si no es ella —declaró.
Hermione se abalanzó sobre el punto del anuario que él estaba señalando con su blanco y fino dedo índice. Se trataba de una muchacha de pelo rizado, mandíbula cuadradas y ojos claros. La imagen en blanco y negro no permitía adivinar el color de su cabello con certeza, pero no era oscuro ni tampoco rubio; supuso que debía ser castaña o pelirroja.
Bajo la fotografía, en una letra estilizada y llena de largos rabillos, se leía un nombre: Níobe Borgin.
Borgin.
¿Tendría alguna relación con los Borgin de Borgin&Burke? Dado el tipo de cosas que vendían en esa tienda, todo parecía encajar a la perfección.
—¿Estás seguro? —preguntó de todos modos. No quería contárselo a Shacklebolt y que resultase ser un error, sobre todo teniendo en cuenta que las pesquisas del Ministerio habían apuntado a otra mujer.
—Tiene las mismas mandíbulas, el mismo mentón —explicó Malfoy —Ha cambiado con los años, pero estoy seguro de que es ella.
—¿Su nombre te dice algo?
—Deduzco que está emparentada con el señor Borgin de Borgin&Burke. Ahora que lo pienso, tienen cierto parecido.
Hermione intentó hacer memoria y recordar con claridad los rasgos del propietario de la tienda. Después de todo, había estado en ella una vez, espiando a Malfoy para tratar de adivinar qué había ido a comprar allí. Sabía que tenía los ojos claros y el pelo castaño, pero no era capaz de rememorar sus facciones con precisión. Era posible que hubiese alguna semejanza entre ellos. ¿Podría ser su padre? ¿Su abuelo? ¿Tal vez su tío? En cualquier caso, era un buen punto por el que empezar.
—Teniendo en cuenta su linaje… lo cierto es que parece una pista bastante sólida —admitió Hermione —Haré que el Ministerio lo investigue.
Notó cómo un músculo palpitaba en la mejilla de Malfoy al oír sus palabras.
—¿A quién vas a informar?
—A Shacklebolt, por supuesto —replicó ella —¿Por qué?
—Ya sabes que es bastante posible que Herpa tenga espías. No sería bueno para nadie que llegara a sus oídos que sospechamos quién es.
—Se lo diré directamente al Ministro —trató de tranquilizarlo —Estoy segura de que lo tratará con la máxima discreción.
Malfoy no parecía muy conforme con su promesa. Estaba pálido, serio y con la mirada perdida en la pared de enfrente. ¿Tal vez temía que si Herpa averiguaba que el Ministerio conocía su identidad sospecharía de él? Era posible. Pese a lo hermético y contenido que era, Hermione no olvidaba que arriesgaba la vida cada vez que atravesaba la puerta de su casa. Ser espía doble era un juego muy peligroso.
—Le pediré a Shacklebolt que no le cuente a nadie cómo ha obtenido la información. Ni siquiera a su gente de confianza. ¿Te parece bien? —propuso. No creía que Herpa tuviese espías en esferas tan altas, pero tampoco quería apostar la seguridad de Malfoy por su suposición.
Él la observó durante unos segundos antes de asentir toscamente.
—Haz que investigue si tiene hijos —pidió.
No era la primera vez que mencionaba el tema y Hermione no pudo evitar preguntarle.
—¿Por qué?
Malfoy se levantó del sofá y caminó hasta la ventana que había junto a la cocina, donde se detuvo de espaldas a ella. El silencio llenó el pequeño ático y Hermione dedujo que no iba a contestar a su pregunta, pero contra todo pronóstico él terminó respondiendo:
—Uno de los Hijos del Basilisco, Sylas… creo que puede ser su hijo. No suele llevar máscara como los demás y tampoco participó en la reunión de la otra noche donde reveló su plan de matar al primer ministro muggle. No parece ser un miembro de pleno derecho y sin embargo siempre está ahí, en el castillo, como una especie de sirviente. Creo que tiene nuestra edad, pero juraría que no estudió con nosotros. Y al igual que con el señor Borgin, veo cierto parecido entre Herpa y él.
Era la primera vez que Malfoy se prodigaba tanto en detalles y Hermione bebió cada palabra, sintiendo que los engranajes de su cerebro se ponían en movimiento para trabajar con la nueva información.
—¿Crees tal vez que pudo estudiar en el extranjero?
Malfoy se giró para mirarla a la cara desde la distancia, apoyando las caderas en la repisa de la ventana.
—Podría ser.
—Pero si fuese hijo de Herpa, ¿por qué lo mantendría en una posición secundaria dentro de la organización? ¿Para protegerle de las posibles consecuencias?
—Lo dudo —Malfoy se cruzó de brazos con la mirada perdida, pensativo —Herpa se cree muy lista y está convencida de que tendrá éxito en sus planes así que me sorprendería que hubiese pensado en qué pasaría si los detienen.
Hermione se mordió el labio, reflexionando sobre sus palabras. Tal vez podría pedirle a Neville más anuarios de promociones cercanas a la suya para ver si reconocían a ese joven. Que Malfoy no recordara habérselo cruzado en Hogwarts no significaba que no hubiese asistido al colegio; a fin de cuentas solo se relacionaba con un grupito de elegidos y con aquellas personas que convertía en el blanco de sus burlas. La gente que no entraba en ninguno de los dos grupos era invisible para él.
Aunque el nombre de Sylas no le sonaba, no descartaba revisar su propio anuario por si acaso era alguno de sus compañeros. Su último año en Hogwarts había sido muy diferente a los anteriores, con alumnos repitiendo séptimo mezclados con los del curso anterior.
De manera que se levantó y se dirigió a la pequeña estantería atiborrada de libros que tenía junto al televisor. Su anuario destacaba entre el resto por su enorme tamaño. Una vez en sus manos, lo desplegó sobre la mesa de té mientras Malfoy se aproximaba de nuevo a ella.
—Es nuestro anuario —le explicó, sentándose en el sofá.
El joven tomó asiento junto a ella y puntualizó:
—Tu anuario.
Su voz estaba llena de amargura y frialdad. Era evidente que no haber podido regresar a la escuela a terminar su formación mágica le dolía. Para ser sincera, Hermione no había pensado nunca en las razones de su ausencia: supuso que no había querido regresar después de todo lo que había sucedido. Pero, por lo que le había dicho en una ocasión anterior, sencillamente nunca tuvo esa oportunidad teniendo en cuenta lo que se dilató el proceso del juicio. ¿Había tratado de empezar a mitad de curso y McGonagall no se lo había permitido? Le costaba creerlo.
—Tú también sales en él —señaló Hermione con voz queda. Sus dedos se movieron con rapidez a las últimas páginas del tomo, donde había una lista de nombres y apellidos bajo el título "Alumnos y alumnas de Hogwarts de la promoción del 98 que no cursaron de nuevo su séptimo año".
Observó el rostro de Malfoy mientras sus ojos se deslizaban por la columna escrita en cursiva. En la página anexa se incluía la Orden Ministerial por la cual se consideraba que, por la excepcionalidad de la guerra, al alumnado que no había repetido curso y realizado sus EXTASIS se les daba por completada la formación mágica, como fue el caso de Harry y Ron cuyos nombres estaban cerca del de Malfoy.
Había sido una medida necesaria en el caos de la postguerra y el período de reconstrucción. Sin embargo, Hermione había decidido volver. No solo por completismo sino porque necesitaba una buena nota en sus EXTASIS para poder acceder a las plazas de formación interina en el Ministerio. Los alumnos que se habían acogido a la Orden Ministerial habían recibido un aprobado general en sus EXTASIS, un simple Aceptable, que no era suficiente para aplicar a todo tipo de puestos. No obstante, debía admitir que se habían hecho varias excepciones… como el propio Malfoy había señalado. Por ejemplo, Harry y Ron fueron aceptados en la academia de aurores.
Se quedaron en silencio durante más de un minuto que Hermione aprovechó para tratar de leer en el rostro de Malfoy lo que sentía al ver su nombre en el anuario pero, como de costumbre, él se mostraba impasible. Después de un rato, se irguió y se recostó en el sofá con la mirada perdida.
—¿Estás bien? —le preguntó Hermione.
Malfoy, que parecía haber olvidado dónde estaba y quién le acompañaba, parpadeó un par de veces antes de enfocarla. Después ladeó el rostro e hizo una mueca.
—Veamos el resto del anuario —pidió.
Hermione decidió no insistir y regresó al principio del álbum, donde aparecían fotografías de los alumnos graduados, organizados por casas. Fueron pasando las páginas poco a poco mientras Malfoy hacía comentarios despectivos sobre la mitad de los homenajeados ("Hubiese estado bien que Smith se hubiera peinado para la ocasión", "Si yo tuviese la cara de Finnigan me habría puesto una máscara" o "Veo que hay cosas que nunca cambian, como los granos de Derwent").
Cuando llegaron a la fotografía de la propia Hermione, le miró, esperando que se burlase, pero le descubrió observándola a ella con atención. Fue solo una décima de segundo, porque Malfoy apartó la mirada de inmediato y señaló la fotografía de Neville con un suspiro jocoso, pero estaba segura de que no se lo había imaginado. Como de todos modos no sabía qué hacer con esa certeza, lo dejó pasar y terminaron de revisar el anuario en silencio.
—¿Nada? —preguntó Hermione, aunque se imaginaba la respuesta.
Malfoy se limitó a negar con la cabeza.
—Hablaré con Neville para ver si puede conseguirme anuarios de promociones cercanas a la nuestra. También existe la posibilidad de que estudiase en Durmstrang o Beauxbatons. A lo mejor Fleur y Viktor pueden hacerse con anuarios de sus escuelas.
—¿Viktor Krum? —preguntó Malfoy, alzando una ceja en un gesto de desdén.
—Sí.
—¿Todavía mantienes el contacto con él?
Por un momento la expresión y el tono de voz de Malfoy le recordaron a Ron cada vez que escuchaba el nombre del jugador búlgaro.
—Nos escribimos de vez en cuando —explicó ella. Perdieron el contacto durante una temporada, pero después que Krum viese su nombre en el periódico (en una noticia relacionada con su trabajo en el Ministerio) y le escribiera una carta, habían retomado su amistad.
—Krum, Weasley… permítete que te diga que tienes un gusto terrible, Granger.
Lo más probable era que solo intentase molestarla, pero Hermione no pudo evitar responder a su provocación.
—Los dos son "sangre limpia", ¿no es eso todo lo que te importa? —le cuestionó.
Malfoy no respondió de inmediato, sino que se limitó a observarla entre sus largas pestañas, dos destellos de plata fundida fijos en ella. Hermione esperó, sin atreverse a romper el contacto visual o decir nada.
Ya casi había olvidado de que estaban hablando cuando al fin Malfoy se dignó a contestar.
—Ya no —declaró.
Después se levantó del sofá y salió del apartamento de Hermione, dejándola con la boca seca y el corazón acelerado.
Hola!
Gracias por la paciencia, porque esta vez me he retraso un poco más que de costumbre, pero a cambio os ofrezco un capítulo más largo de lo normal. Y con varias revelaciones: parece ser que ya sabemos quién es Herpa y, por último pero no menos importante, a Malfoy le gusta la comida china :P
Por otro lado, hemos podido ver un poco de la vieja guardia y saber de sus vidas :) Ah, y ¿quién será Sylas?
No os mentiré, al ritmo que voy, creo que el fic tendrá cuatro millones de capítulos, así que espero no aburriros con él. Contadme que os ha parecido el capítulo 11!
Un millón de gracias por vuestro apoyo y por seguir ahí.
Con mucho cariño,
Dry
PD: Deja un review para invitar a Malfoy a cenar (y el postre lo ponemos tú :P)
