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Caroline Bingley era una mujer que sabía escoger sus batallas. Los años en sociedad le habían enseñado a detectar enemigos y aliados, aprendió a reconocer el campo de batalla y a utilizar los recursos disponibles conforme cambiaban las circunstancias. Ella se consideraba a sí misma como una experta en los asuntos de la alta sociedad, y fue por esta razón que las consecuencias de su encuentro con Mary Bennet la tomaron completamente desprevenida.
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Sentada en la comodidad de su salón privado, Lady Edith hizo a un lado su almuerzo con tal de seguir leyendo la carta recibida de Lady Susan. Tal parecía que la oportunidad que había estado esperando por meses finalmente había llegado, y todo gracias a un incidente que involucraba a la familia Walden y al heredero Carter.
Ensimismada con su carta fue como Lord Ashbourne encontró a su esposa cuando entró al salón para ver si ella estaba lista para la visita al duque de Nottingham y al ver que no era el caso, él quiso saber qué era tan emocionante como para hacerla olvidar la hora del compromiso.
—Edith, ¿puedo saber cuál será la excusa que le darás al duque hoy? Porque si vuelves a decirle que se trata de un dolor de estómago, él me acusará de no cuidarte—dijo Lord Ashbourne alcanzando a ver la apretada escritura de la hoja por encima del hombro de su esposa.
Lady Edith dio un sobresalto con el repentino sonido de la voz de su esposo y de inmediato lo invitó a sentarse junto a ella. Henry aprovechó la presencia de comida para tener el almuerzo que sus compromisos previos le impidieron tomar y empezó a comer el pan restante de una de las bandejas.
—Henry, escucha esto—dijo Edith con emoción en su voz y sin perder más tiempo buscó el pasaje dentro de la carta para leerlo a su esposo—"sin embargo, puedo decir que lo más emocionante sucedió fuera del escenario, pues Caroline Bingley sufrió las consecuencias de querer participar en un juego para el que no está preparada. Caroline quiso molestar a una señorita que es invitada de la familia Walden y antes que los gemelos intervinieran, fue el señor Carter quien le dijo a la señorita Bingley que era ella quién no debía olvidar que la fortuna Bingley fue amasada por generaciones de comerciantes. ¡Fue una completa humillación! Los Bingley se alejaron de inmediato para regresar al palco con los Green y evitar una mayor vergüenza, pero tú bien sabes que la estatura y voz del señor Carter hace difícil que él pase desapercibido, por lo que fuimos varios quienes notamos el exabrupto."
Cuando Lady Edith detuvo su lectura su esposo estaba sirviendo una taza de té y sonreía divertido, no por la desgracia de la señorita Bingley sino por la descarada felicidad de Edith.
—El señor Carter defendiendo el honor de una dama en público, eso sí que es nuevo—dijo Henry tras dar unos sorbos a su bebida—¿Han sido formalizadas las cosas entre él y la misteriosa señorita? Carter normalmente se mantiene al margen de situaciones que arrastren su nombre al cotilleo.
—Susan no lo menciona pero escribe que el señor Carter ha sido visto en múltiples ocasiones en compañía de la familia Walden y su invitada. Ella no ha conocido a la amiga de los Walden pero dice que parece una muchacha simpática aunque algo tímida.
—¿Cómo es que el señor Bingley no hizo algo para detener a su hermana?—preguntó Henry mientras robaba la carne del plato de Edith.
—No sé, pero al menos tuvo la ocurrencia de salir de ahí lo antes posible—respondió ella, alejando el plato con queso que Lord Ashbourne estaba a punto de tomar al terminar la carne.
—Esto se reflejará mal en el señor Bingley incluso si todos sabemos lo diferente que es su carácter del de su hermana—comentó él mientras cortaba un pedazo de queso que su esposa había movido—Y definitivamente esto no ayudará a que los Walden y Darcy regresen a buenos términos. Antes de ir a Kent, Darcy me comentó que discutió con Robert Walden sobre algo que sucedió en el viaje a Hertfordshire, aunque él no fue específico. Parece que por el momento su amistad no es muy cordial.
—Pues yo respaldo el atrevimiento del señor Carter. Tengo gran respeto por su determinación al intervenir cuando él considera que alguien está siendo tratado de manera incorrecta, además, él me ayudó a evitar un baile con el sobrino del conde de Portland.
—¿Cuándo sucedió esto y dónde estaba yo?
—Oh, fue antes de nuestro compromiso y tú estabas en el mismo salón, intentando darme celos con la hija de aquel barón de la región de Cornwall.
—No me arrepiento Edith, fue una de las mejores ideas que he tenido y como puedes ver, funcionó—dijo Henry apenas encogiendo los hombros y regresando su atención a la comida.
Lady Edith puso los ojos en blanco y continuó con la lectura de la carta.
—En fin, Susan dice que la señorita Bingley no estuvo presente en la cena de los Rashford el día de ayer, lo cual fue una pena porque ella quiere saber cómo los Bingley conocieron a la amiga de los Walden. Todo indica que no es alguien que hayamos visto antes.
—¿Cuándo irás a golpear la puerta de Lady Mary?—preguntó Lord Ashbourne, él conocía bien a su esposa y sabía que ella no resistiría demasiado sin saber todos los detalles del último escándalo social, especialmente si involucraba a Caroline Bingley.
Lady Edith volteó a ver a su esposo y no pudo evitar sonreír. Ella se sentía agradecida por estar casada con su mejor amigo, Henry la conocía demasiado bien.
—Veré si puedo visitarla pasado mañana. Necesito conocer a esta señorita que ha inspirado al señor Carter a poner en su lugar a Caroline.
Lady Edith dobló las páginas de la carta para devolverlas al sobre mientras su esposo se levantaba de la silla.
—Te dije que debíamos ir al teatro—dijo ella con un suspiro—me habría gustado ver la cara de la señorita Bingley ante el señor Carter.
Él recordó los eventos del día cuando declinaron la invitación de Lady Susan y no pudo estar más en desacuerdo con el comentario de su esposa.
—Oh, entonces los ruidos eran de protesta por querer ir al teatro y no de placer—comentó el Vizconde en voz baja al oído de ella—en el futuro, intentaré poner más atención para complacer los deseos de mi esposa.
Lady Edith se sonrojó con intensidad y de pronto la estancia se sentía más cálida que antes. Lord Ashbourne sonrió al ver el efecto de sus palabras sobre su esposa y aunque él hubiese preferido llevarla a su habitación, supo que no era el momento adecuado.
—Por mucho que me gustaría continuar con esta conversación y tomar acciones para reforzar mi argumento, mi querida Lady Edith, me temo que debemos irnos ahora si queremos evitar la ira de tu abuelo.
Ella se unió a su esposo y minutos después dejaron la casa para ir a visitar al duque de Nottingham, un hombre con mucho dinero y al mismo tiempo no lo suficiente como para comprar un poco de paciencia.
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La vida en Longbourn se sentía demasiado lenta, o al menos esa era la impresión que tenía la servidumbre que trabajaba en la casa de la familia Bennet. Faltaba el ruido de las peleas de Lydia y Kitty, el piano de Mary y las instrucciones amables de Elizabeth y Jane. Tras la partida de sus hijas, la señora Bennet parecía haberse curado por completo de su condición nerviosa y el tono de su voz había perdido la ansiedad. En el único que no había grandes cambios era el señor Bennet, quien seguía pasando las horas en la biblioteca con el ocasional paseo por los campos de la finca.
A Fanny Bennet empezó a importarle menos el estado civil de cualquier hombre que visitaba la región y ahora solo esperaba el momento en el que Hill le diera la correspondencia del día. Se tomaba su tiempo para responder cada carta, sin preocuparse por economizar en el papel.
Con interés leyó las noticias de Lydia y Kitty, quienes ya tenían amigas en sus respectivas escuelas. Lydia empezaba a interesarse más en la música y Kitty enfocó su atención en las artes, redescubriendo su amor por el dibujo. Mary había conocido a muchas figuras de la alta sociedad y usado vestidos con intrincados encajes y telas importadas, y conseguido ganarse la simpatía de la nieta de un duque y la prima de ésta.
Solo de Elizabeth y Jane no había muy buenas noticias. Jane, después de un fuerte resfriado que la retuvo por varios días en Acker Hall, había resbalado con un juguete de los pequeños Evan y Joseph que causó una inflamación en su tobillo, prolongando su estancia en la casa y dejando a Elizabeth sola en la visita a la familia Collins.
Elizabeth escribió sobre la experiencia de conocer a Lady Catherine de Bourgh y el reencuentro con el señor Darcy, un caballero del que nadie en Longbourn tenía algo bueno que decir, excepto Jane, quien no sabía hablar mal de las personas. Elizabeth mencionó un par de encuentros accidentales con el señor Darcy al recorrer la finca de Rosings Park, cada uno igual de incómodo que cuando estuvo en Netherfield y terminaba su carta hablando del señor Bennet, enviando saludos y deseos de buena salud para él.
Fanny lloró un poco por las palabras de Elizabeth y decidió ir en busca de su esposo para hacerle saber que la que había sido su favorita aún se acordaba de él. Thomas Bennet revisaba los libros de contabilidad cuando sin ningún aviso su esposa entró a la biblioteca.
—¿Sucede algo?—preguntó él sin levantar la vista de la página llena de números.
—Llegó una carta de Jane, tuvo una ligera caída y por el momento sigue en Acker Hall con la familia Spencer.
—Bueno, siempre y cuando no sea grave, esa es una interesante estrategia para conseguir marido; caer enferma o lastimarse para que el dueño de la casa se enamore, aunque supongo que en este caso es el sobrino del dueño—dijo, recordando las breves miradas de admiración por parte de Robert Walden.
—Elizabeth escribió, pregunta por ti—respondió ella sin caer en el juego de su esposo.
—Fanny—dijo él, usando el nombre de pila de su esposa ahora que no había necesidad de mantener las apariencias—no quiero hablar de eso ahora, quizás más tarde.
—Solo lee la carta, Thomas, es lo único que te pido.
Ella dejó el sobre frente a él. El señor Bennet reconoció la elegante letra de Elizabeth y aunque él no quería, su corazón se aceleró un poco, después tomó un par de respiraciones profundas y apartó el sobre de su área de trabajo.
Continuó de esta manera por un par de horas hasta que reconoció que la presencia de aquella carta lo tenía distraído. Enderezó su postura como si ello le diera fuerza necesaria para encarar las palabras sobre el papel y con lentitud empezó a desdoblar las hojas.
En cada línea él encontró el humor de Elizabeth y en más de una ocasión la risa fue incontenible, la sola idea de ella peleando con un caballo era hilarante. Eventualmente el señor Darcy apareció en el papel junto con Lady Catherine para dar paso a la parte que Fanny mencionó.
Ahí estaba. Algunas líneas donde Elizabeth comparó un árbol de Acker Hall con uno en Longbourn donde él hizo un columpio para ella. El árbol del que ella se cayó y él la cargó hasta la casa. El lugar donde él le presentó a muchos de los grandes autores y en cierta forma, le mostró el mundo.
Fue la firma de Elizabeth lo que indujo algunas lágrimas, un simple "con amor, Lizzy". No Elizabeth Blake o Elizabeth Bennet, solo Lizzy. Una vez que sus lágrimas se secaron, dejó la biblioteca y fue en busca de Fanny. Su esposa estaba bordando algunas flores sobre un pañuelo cuando él entró en su salón privado.
—¿Puedo ver el resto?
—Están en el cajón del escritorio—dijo ella sin tener que preguntar a qué se refería su esposo.
Con un considerable número de cartas en la mano, él dejó a su esposa bordando en paz; su salida de la estancia fue tan rápida que no vio la sonrisa de Fanny Bennet.
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Desde la ventana de su habitación, Charles observó la avenida cubierta de un ligero manto blanco. Con cierta tristeza pensó que aún era invierno y al menos en la capital, la primavera parecía demorar demasiado en llegar.
El encuentro con la señorita Mary Bennet lo tenía inquieto desde el día del teatro y no podía dejar de pensar en Jane Bennet. La señorita Mary parecía tan cómoda en compañía de la familia Walden y del señor Carter que las sospechas de los Bennet ocultando información de sus relaciones adquirieron más fuerza.
Caroline le aseguró múltiples veces que Jane Bennet solo mencionó a su familia en Gracechurch. Él conoció al señor y la señora Phillips y hasta donde le habían enterado, el señor Bennet no tenía más hermanos.
Después de un rato más de contemplar el paisaje urbano, Bingley se sentó frente a su escritorio con la intención de escribir una carta a Darcy sobre el encuentro de Mary Bennet en Londres con la esperanza de que él supiera algo acerca de la conexión entre los Walden y los Bennet. Cuando llevaba cerca de dos párrafos, él se detuvo para leer lo que tenía redactado y sintió orgullo de ver que la letra era inusualmente legible y libre de inesperadas gotas de tinta. Dispuesto a seguir con su carta, acercó el tintero para cargar su pluma, fue entonces cuando la puerta se abrió sin ningún aviso y los gritos de una Caroline muy enojada provocaron que su impecable hoja se convirtiera en una gran mancha negra.
Bingley observó con frustración el desastre sobre su escritorio y buscó un pañuelo para limpiar la tinta de sus manos. La tela de inmediato adquirió el tono oscuro y él se resignó a que probablemente sería imposible regresarlo a su inmaculado estado, así que dándolo por perdido, lo colocó sobre el exceso de tinta que había en el escritorio.
—Caroline, ya te dije que por favor toques la puerta antes de entrar. Mira lo que has causado.
Ella vio el escritorio y si bien reconoció que era un desastre más grande que lo normal, no era inusual de su hermano dejar sus cartas con salpicaduras de tinta.
—¿Qué quieres?—insistió él sin preocuparse en ocultar su enojo.
Caroline se sorprendió por el tono de su hermano pero eso no le hizo abandonar la habitación.
—¡Los Bennet son unos mentirosos! La señorita Green me escribió para decirme que el día de ayer vio a Lady Ashbourne con su prima Saint Vincent, estaban en Hyde Park con Mary Bennet—espetó Caroline. Ella estaba furiosa porque los Bennet aparentemente tenían excelentes conexiones en la alta sociedad, relaciones que los Bingley jamás tendrían de no ser por la intervención de Darcy.
—¿Y qué quieres que haga, Caroline? No debería ser importante para nosotros con quién se asocian los Bennet, después de todo, tú al igual que Darcy estás convencida que Jane Bennet no albergaba ninguna clase de afecto hacia mí—acusó Bingley.
—¿Qué razones tendrían para omitir eso de nosotros?
—No lo sé, y francamente ya no me importa—dijo él, volviendo su mirada hacia el desastre de la tinta.
Sin prestar mayor interés a lo que su hermana tenía que decir, Charles Bingley tomó la mano de Caroline para forzarla a salir. Una vez que estuvo solo, mandó a llamar a un empleado y ordenó la preparación de su equipaje. Él decidió que tal vez si regresaba a Hertfordshire encontraría las respuestas que estaba buscando, después de todo, la señora Bennet siempre había tenido afinidad por él.
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