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Las noticias del retraso de la visita de Jane fueron recibidas con preocupación por parte de Elizabeth y Charlotte, un poco de simpatía por parte de María e indiferencia por parte del señor Collins.
Para el señor Collins, si bien aceptó el deseo de su esposa cuando Charlotte le comentó que Jane y Elizabeth estarían visitando la región y que era su intención invitarlas a conocer la casa en Hunsford, sus sentimientos por la familia todavía estaban sujetos a debate.
Durante la última semana, él reconoció que la señorita Elizabeth tenía un carácter incompatible con los deseos de Lady Catherine, por lo que aceptó que su rápida decisión por Charlotte había sido lo más adecuado. Sin embargo, tal aceptación no evitaba que él sintiera cierto resentimiento hacia la familia Bennet, especialmente por la señora Bennet y la primogénita de la familia.
Para él, tener que recibir a Jane Bennet soltera y sin ninguna clase de compromiso formalizado era insultante, él estaba bajo la impresión que la señora Bennet le había engañado, haciéndole creer que las intenciones del señor Bingley eran serias y que por lo tanto ella no era elegible.
Él estaba seguro que la señorita Jane Bennet hubiera sido una adecuada esposa y que Lady Catherine hubiese aprobado su elección con más fervor al tratarse de la hija del hombre de quién heredaría la finca de Longbourn. Además, aunque él trataba de no pensar en ello, aún existía la sensación de que no había obtenido lo mejor.
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Elizabeth se alteró cuando leyó la nota que entregó un muchacho de los establos de Acker Hall y de inmediato quiso ir para constatar que Jane se encontraba bien.
—Prima Elizabeth, estoy seguro que la familia de la señora Bennet podrá cuidarla de forma adecuada. Puede que no conozcamos a los Evans, pero no dudo que todo estará bien—dijo el señor Collins cuando ella comentó las noticias con el resto.
En orden de no es dar el nombre de la familia Spencer, Elizabeth inventó la historia de estar de visita con los Evans, quienes supuestamente eran primos de la señora Bennet y solo Charlotte sabía que esto no era verdad.
—Elizabeth—dijo Charlotte—si el mensajero está aún afuera, escribe una nota para ver si es posible que el señor Evans envíe su carruaje y puedas ir a ver a tu hermana.
—¡Pero señora Collins!—él exclamó rápidamente—Lady Catherine nos ha invitado a almorzar y sería un completo insulto no aceptar el honor que se nos ha extendido.
—Señor Collins, estoy segura que Lady Catherine entenderá la situación, después de todo, ella es una mujer muy empática—respondió Charlotte para convencer a su esposo.
Tras meditar las palabras de su esposa, él aceptó de buena gana el cumplido para su benefactora y Elizabeth dejó el comedor en busca de tinta y papel para responder. Cerca de las doce del día dos carruajes llegaron a la casa de los Collins, uno de parte de Lady Catherine para llevar a sus invitados a Rosings Park y otro que llevaría a Elizabeth a la desconocida casa de la familia Evans.
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Darcy observó desde uno de los balcones como el carruaje de Lady Catherine regresaba por la ancha avenida y con cierto nerviosismo revisó el nudo de su corbata. Aunque él no quería reconocerlo, deseaba que su apariencia fuera impecable ante los invitados de su tía.
El primer encuentro con la señorita Elizabeth llevó a Darcy a querer verla por segunda ocasión, y la segunda reunión lo llevó a persuadir a su tía de tener un almuerzo con los Collins y sus visitas. Lady Catherine no requirió gran labor de convencimiento, lo único que Darcy tuvo que argumentar fue que sus invitados se beneficiarían de alguien con amplia experiencia en una sociedad refinada.
La voz del coronel Fitzwilliam sonó desde el pasillo y junto con Darcy ambos bajaron a la espera de los invitados. Cuando el grupo fue llevado a uno de los salones y anunciado por el mayordomo, Darcy no fue lo suficientemente rápido en ocultar su decepción por la ausencia de la señorita Elizabeth. Tanto el coronel como Charlotte notaron la expresión de Darcy, aunque ninguno de ellos lo mencionó.
—¿Por qué no ha venido la señorita Bennet? He dicho a mi personal que tendríamos cuatro invitados para el almuerzo, no tres—dijo Lady Catherine y Darcy agradeció la naturaleza entrometido de ella.
El señor Collins se preocupó de inmediato por ocasionar un disgusto a su benefactora y se apresuró a aclarar la situación.
—Lady Catherine, la señorita Elizabeth Bennet recibió terribles noticias de su hermana, quien ayer tuvo una caída y se ha lastimado.
—¿Entonces viajó está mañana de vuelta a Hertfordshire? Porque si es así, espero que alguien de la familia de ella haya venido para llevarla, no sería bien visto que ella viaje sola rodeada de desconocidos—insistió Lady Catherine.
—No, Lady Catherine. Antes de venir a Hunsford de visita, mi prima estuvo con familiares de la señora Bennet en esta región, sin embargo su hermana tuvo que permanecer con ellos debido a un resfriado y ahora a causa de una caída. Sé que mi prima lamenta grandemente no tener la oportunidad de acompañarnos en esta agradable ocasión.
Esta información atrajo la atención de Darcy ya que él, al igual que los Bingley, estaba bajo la impresión que la única familia de la señora Bennet eran los Phillips en Meryton y los familiares en Cheapside. En ninguna conversación alguno de los Bennet hizo mención de familia en el condado de Kent.
Lady Catherine hizo una mueca de desagrado por tener que alterar el acomodo de los invitados en el comedor pero reconoció que la señorita Elizabeth hizo bien en visitar a su hermana. Después de que la curiosidad de Lady Catherine estuvo satisfecha respecto a las hermanas Bennet y Darcy pudo enterarse quién era la otra Bennet en Kent, el grupo se concentró en otros temas y la comida.
Cuando los Collins y María Lucas regresaron a Hunsford, el coronel se acercó a su primo con la intención de conocer a fondo los sentimientos de Darcy por la señorita Elizabeth Bennet.
Él intuía que el encuentro casual en los prados de Rosings no era obra del destino sino había sido orquestado por Darcy.
Darcy se retiró al estudio para seguir revisando la contabilidad y fue así como el coronel lo encontró.
—Jamás entenderé como Lady Catherine pudo haber favorecido al señor Collins, ¡el hombre es un fastidio!—dijo Richard, capturando la atención de su primo.
—Saber adular es toda una habilidad, Fitzwilliam, una que puede ser la clave del éxito de una persona en la conquista de sus propósitos—comentó Darcy aunque no pensó en el señor Collins sino en Caroline Bingley y cómo la señorita no dejaba de hacer comentarios favorables con tal de ganar la simpatía de él y agregó—claro que no siempre funciona, uno debe saber con quién emplearla, de otra manera se expone uno al ridículo.
—Aparentemente el señor Collins supo emplearla con nuestra tía. Al menos la señora Collins es más razonable y su conversación es interesante, ciertamente hacen una pareja peculiar—y tras una pausa agregó—hubiera preferido la presencia de la señorita Elizabeth Bennet, una pena que no la tuvimos con nosotros. ¿Sabías que ella estaba de viaje con su hermana?
—No, no lo mencionó la vez pasada que la encontré. Tampoco era de mi conocimiento que los Bennet tuvieran familiares en esta área, fueron bastante discretos al respecto.
—Bueno, si la señorita Bennet es tan simpática como la señorita Elizabeth, espero que su malestar pase pronto y pueda unirse a su hermana antes de que tengamos que volver a Londres.
—Si llegas a conocerla, tendré que recordarte lo que tú siempre mencionas acerca de cómo tus limitados recursos te condicionan a darle mayor consideración a los beneficios económicos de una potencial pareja—comentó Darcy.
—Entonces es una mujer bella—respondió de inmediato el coronel sin perder la sonrisa.
—Si te gustan rubias y de ojos azules—dijo Darcy con humor.
—Ah, tú sabes que son mis favoritas. Es bueno que nuestros gustos no sean semejantes, sería terriblemente incómodo para mí verte con mujeres que yo encuentre atractivas. No, es mejor que a ti te gusten las mujeres castañas con ojos oscuros... como la señorita Elizabeth—dijo él mientras esperaba a su primo decir lo contrario.
Darcy evitó la mirada de Richard mientras sentía cómo el color de su rostro se encendía.
—¿Has decidido que la señorita Elizabeth puede unirse a la carrera para ganar el puesto como señora Darcy?—insistió el coronel.
—Por supuesto que no. Sus circunstancias son inferiores a las mías, además debo pensar en no afectar las opciones de Georgiana. Es ridícula la noción mi interés en la señorita Elizabeth—insistió Darcy con fervor.
—Solo digo que me pareció ver una sombra de decepción en tu rostro cuando nadie más bajó del carruaje, ya sabes, como si estuvieras esperando a alguien—dijo Richard levantando las manos con fingida inocencia.
—Tú lo dijiste, Fitzwilliam, el señor Collins es una molestia y acaparaste la atención de su esposa. La señorita Lucas apenas habla y ciertamente no voy alentar las fantasías de Lady Catherine dando mi atención a Anne en su presencia, la señorita Elizabeth ofrecía la posibilidad de evitar tener que escuchar a nuestra tía—dijo Darcy sin perder la calma.
Con una mezcla de frustración y tristeza, el coronel observó el gesto necio de Darcy al negar cualquier sentimiento romántico hacia la señorita Elizabeth. Por años Richard fue testigo del comportamiento de Darcy en la sociedad, vio como aparentemente nadie parecía capturar su atención y cuando finalmente sucedió, todo salió mal; Darcy tardó demasiado en reconocer que sentía una profunda admiración y cuando finalmente él lo aceptó, el abuelo de la dama en cuestión anunció el compromiso de su nieta con otro hombre.
—Entonces me alegro que no existan sentimientos de admiración de tu parte—dijo el coronel y se retiró rápidamente para no dar más explicaciones.
A pesar de que Richard dijo eso, él estaba seguro que eventualmente Darcy aceptaría su admiración por la señorita y se propuso como objetivo formar una amistad con ella que le permitiera comprender mejor los sentimientos por Darcy. Si la señorita Elizabeth tenía una opinión pobre de Darcy, tal vez él podría hacerla cambiar de ideas.
La cena, el encuentro en los campos de Rosings, la insistencia por el almuerzo y las cartas que Darcy escribió estando en Netherfield eran suficiente evidencia para Richard sobre lo que Darcy negaba con vehemencia. Era un hecho que la señorita Elizabeth provenía de una familia de estatus inferior, pero Darcy tenía la libertad que le proporcionaba una gran fortuna para intentar buscar algo más que solo conveniencia. Solo restaba esperar al regreso de la señorita Elizabeth para iniciar el plan.
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En Acker Hall, Elizabeth encontró a Jane descansando en la habitación mientras al pie de la cama Evan jugaba con un par de caballos de madera y Joseph practicaba su lectura. Ambos niños abrazaron a Elizabeth como si no la hubiesen visto por mucho tiempo cuando en realidad apenas había transcurrido una semana.
—No era necesario que interrumpieras tu visita con Charlotte para venir—dijo Jane.
—Entonces no debiste de haber avisado—Elizabeth la interrumpió al mismo tiempo que le dio un abrazo a su hermana mayor.
—Pero me alegra que lo hayas hecho—completó Jane.
Después de que Elizabeth platicó brevemente con sus primos pequeños, los niños salieron de la habitación para darles privacidad a las hermanas y fueron en busca de Cathy.
Elizabeth revisó el tobillo de Jane y pudo constatar que estaba inflamado, a lo que siguieron las explicaciones de cómo había sucedido.
—Evan estaba más que apenado por no haber hecho caso a su madre y a la señora Allen de recoger sus juguetes, pasó horas enteras pidiendo disculpas.
—¿Y es por eso que ahora juegan aquí?—preguntó Elizabeth al ver una pequeña caja con el resto de los animales tallados en madera.
—Ellos decidieron que no me iban a dejar sola mientras me recupero—dijo Jane con su permanente sonrisa—son unos niños muy amables, me recuerdan mucho a nuestros primos Gardiner.
Jane continuó explicando cómo había sido su semana enferma del resfriado, asegurándole que su recuperación fue buena y que en realidad fue Robert quien había tenido síntomas más severos y requerido más tiempo para sanar. Por su parte, Elizabeth contó a Jane sobre la visita del señor Darcy, el coronel Fitzwilliam y las impresiones de los habitantes de Rosings Park.
—El coronel suena como alguien interesante para conversar—comentó Jane.
—Al menos es más fácil platicar con él que con el señor Darcy, aunque solo he tratado al coronel Fitzwilliam en una ocasión. ¿Puedes creer que tuve la desgracia de encontrar al señor Darcy durante una de mis caminatas por los jardines de Rosings?
—Considerando que estabas en los terrenos de Lady Catherine y que ella es la tía de él, no debería sorprenderte demasiado, Lizzy.
—¡Pero el lugar es enorme! Además, yo no estaba lejos de la casa de los Collins.
—Probablemente fue solo una coincidencia—sugirió Jane y preocupada que el caballero hubiese cometido alguna falta, preguntó—¿Fue más amigable que cuando lo vimos en Meryton?
—Quizás fue un poco menos serio que cuando estuvo en Netherfield, pero amigable no es una palabra con la que él pueda ser definido. Una conversación necesita más que sí o no cada cinco minutos. Pero no hablemos de él, dime, ¿qué ha sucedido con Robert?
Jane se sonrojó un poco y bajó su mirada a su regazo, lo que aumento la curiosidad de Elizabeth y la hizo pensar que tal vez se había perdido de algo importante al estar en Hunsford.
—Cuando me ayudó a levantarme, me besó en la frente—dijo Jane apenas con el volumen suficiente para que su hermana la escuchara.
Elizabeth estaba por preguntar más acerca del tema cuando el hombre en cuestión apareció en la entrada de la recámara para saludar a su prima. Robert notó la sonrisa y gesto curioso de Elizabeth, el color en las mejillas de Jane y de inmediato él también se sonrojó.
—¿Robert, puedo asumir que tus intenciones son honorables?—preguntó Elizabeth con firmeza sin perder el brillo alegre de sus ojos.
—Solo juego con las cartas, Elizabeth, jamás con los sentimientos de la mujer que admiro—dijo Robert desde el umbral y mirando directo a los ojos de Jane.
—o—
En la casa de Londres, todos se sorprendieron cuando Bingley anunció sus intenciones de ir a Netherfield Park. Caroline insistió que bajo ninguna circunstancia ella volvería a aquel lugar y fue respaldada por Louisa. Ellas vieron como su hermano iba de un lado a otro revisando que todo estuviera listo y después se dirigió al comedor para tomar algo antes de partir. Él ni siquiera se molestó en mirar a sus hermanas mientras ellas opinaban sobre la impulsiva decisión.
Cuando no había alimento alguno sobre el plato, Bingley se levantó de la silla y dobló la servilleta.
—¿Acaso les dije que quiero que me acompañen?—dijo él con cierto desdén.
—Tenemos algunas cenas que atender aquí, Charles—chilló Caroline—No podemos dejar pasar invitaciones que incluyen tu presencia.
—Disculpa si quiero evitar que la gente hable a mis espaldas después de tus tonterías en el teatro, Caroline—espetó él mientras se dirigía a la puerta y agregó—Tú, mejor que nadie, deberías saber lo que sucede cuando fastidias al sobrino de un duque.
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El viaje se sintió más largo que cuando él dejó Hertfordshire a finales de noviembre y las horas parecían eternas ante la incertidumbre de lo que hallaría en Meryton. Cuando llegó, la finca de Netherfield Park lucía tal como la dejó en otoño, excepto los jardines que parecían haber resentido los estragos del invierno y solo algunos tímidos bulbos empezaban a emerger en los macetones de la escalinata principal. Con pleno conocimiento que sería absurdo llamar a la puerta principal ya que nadie sabía de su llegada, Bingley rodeó la casa hasta llegar al jardín de hortalizas cerca de la puerta del servicio.
—Señor Bingley—dijo un muchacho de unos quince años que era hijo del jardinero principal de Netherfield y distraídamente chocó con él—¡No sabíamos de su regreso!
—Isaac, ¿verdad?—el joven asintió—fue un viaje inesperado y no he tenido tiempo de anticipar al personal que vendría. ¿Sabes si está la señora Brown?
—Salió hace unas dos horas para visitar a su hermana, la señora Hill. No debe tardar en volver, adentro está el señor Brown revisando las chimeneas junto con mi hermano Jacob. Si usted gusta, puedo llamarlos —ofreció Isaac pero Bingley bajó la vista a las botas sucias del muchacho y decidió hacerlo él mismo.
Para Bingley fue extraño ver la casa de esta manera, oscura y solo con algunas cortinas abiertas mientras que la gran mayoría de los muebles estaban cubiertos con mantas, únicamente la cocina parecía dar señales de vida. Conforme se adentró por la residencia, las voces del señor Brown y Jacob no tardaron en resonar por uno de los pasillos y pronto los empleados se encontraron con el ocupante temporal de Netherfield. Ambos trabajadores estaban tan desconcertados como el aprendiz de jardinero pero fueron más sutiles en su asombro y más propios en su recibimiento.
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Bingley, cansado del viaje, se retiró a su habitación tras conversar con ellos pero sin tener la oportunidad de hablar con la señora Brown. Abajo, los empleados tomaban la cena mientras discutían los eventos del día.
—¿Sabe por qué ha regresado el señor Bingley? Cuando dejaron la casa después del baile, mi padre dijo que era la última vez que sabríamos de esa familia—preguntó Isaac al señor Brown.
Edgar Brown sonrió por la curiosidad del muchacho. El señor Bingley trató de dar a entender que sus motivos eran revisar las tierras de la finca, pero una simple pregunta sobre los Bennet fue suficiente para revelar la verdad.
—Oh, por supuesto que sé la razón de su regreso—dijo el señor Brown.
Isaac lo miró ansioso en espera de la respuesta, sin embargo fue Jacob quien contestó.
—La razón del señor Bingley tiene nombre: Jane Isabella Bennet.
Isaac frunció el ceño e inclinó su cabeza como si estuviera recordando en algo.
—Pero ninguna de las señoritas Bennet está en Longbourn—dijo el joven en voz baja.
—Precisamente—dijo Jacob mientras el señor Brown rompía en risas.
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