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Elizabeth estuvo tres días en Acker Hall, tiempo suficiente para cerciorarse que Jane estuviera bien. Ella consideró permanecer más tiempo con su hermana, pero se le ocurrió que eso reduciría la convivencia con Charlotte y no deseaba hacer sentir a su amiga como que no quería estar con ella.

Mientras cuidaba a su hermana, pudo ser testigo del creciente afecto entre Jane y Robert, especialmente después de la declaración que él hizo. Aunque las interacciones entre ellos seguían siendo bastante respetuosas, había algo diferente en la sonrisa de ellos dos y eso le dio la esperanza de que Jane sería más feliz con él de lo que pudo haber sido con el señor Bingley.

Con Robert no había razón para temer al constate juicio contra la posición de los Bennet o de la familia Gardiner por parte de los miembros de la misma familia. Jane no tendría cuñadas esperando verla equivocarse para remarcar los errores, sino estarían Emily y Daniel, dándole el apoyo cuando fuera necesario y haciendo frente a aquellos que quisieran hacerla sentir inferior.

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Después del regreso de Elizabeth a Hunsford, el señor Darcy y el coronel Fitzwilliam se presentaron en la casa de los Collins, una visita que aumentó las sospechas de Charlotte sobre el interés de Darcy por Elizabeth. Al coronel no le molestaba hacer la visita a la casa parroquial y acompañó a su primo de buena gana, a pesar de que eso significaba tener que escuchar el parloteo del señor Collins, ya que más le disgustaba el estado de negación de Darcy, para él era obvio que de no haber sido por la señorita Elizabeth, su primo no podría un pie cerca de aquella residencia.

Durante los días que la señorita Elizabeth estuvo ausente, Darcy había enfocado su atención en revisar los documentos de Rosings, tomando algunos descansos que consistían en salir al balcón cuya vista cubría el camino principal, y Richard supuso que era para ver si en alguno de esos descansos ella pasaba.

Para fortuna del coronel, el señor Collins se encontraba fuera en ese momento y, resuelto a simpatizar con la señorita Elizabeth, de inmediato se acercó a la joven e hizo preguntas sobre la salud de la señorita Bennet mientras Darcy observaba con cierto recelo la atención que su primo le daba a la dama. Era claro para él que Richard no tenía problema alguno en ganar la confianza de cualquier persona y envidió ese talento. Aunque Richard tenía mucho más sentido del honor que Wickham, Darcy encontró peculiar que ambos militares tuvieran una gran habilidad para tratar a las personas.

—Espero que su familia se encuentre bien de salud—dijo Darcy al acercarse donde Richard y Elizabeth platicaban. A pesar que hablar con ella mientras el coronel estaba presente le incomodaba un poco, él decidió hacer un esfuerzo.

—Todos lo están, gracias. Fue bueno ver que el accidente de Jane no es grave y pronto estará recuperada, espero verla en unos tres o cuatro días—y dirigiéndose hacia al soldado, añadió—entonces podrá usted conocerla, coronel.

—Oh, lo espero de verdad—dijo él. Darcy rara vez hacía comentarios sobre la belleza de alguna mujer y eso le hizo creer que debía ser alguien con facciones destacables.

—¿Y cuál es la relación de la familia Evans con la señora Bennet, señorita Elizabeth?—Preguntó Darcy incapaz de permanecer ignorante respecto a ese asunto. Collins solo había mencionado familiares pero no especificó el vínculo.

—Son primos, señor Darcy, por parte de la familia de mi abuela. Ellos nos visitaron en recientemente y decidimos pagarles la misma cortesía—dijo ella mientras Charlotte le daba una mirada de censura, aunque esta pasó desapercibida por ambos caballeros.

Después de eso, Darcy no hizo otros comentarios y regresó a su asiento mientras que Richard siguió conversando animadamente con ella. Tras unos veinte minutos la visita llegó a su fin, y los sobrinos de Lady Catherine regresaron a Rosings Park con estados de ánimo muy contrastantes.

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La misma noche, mientras el par de hombres estaba pasando el rato en el salón de juegos, Darcy observó a Richard servir el licor. El coronel estaba de buen humor y hasta había silbado un par de canciones. Normalmente él no tendría problema con eso, pero en esa particular ocasión Darcy se sentía digustado y hasta celoso, y durante buena parte de la tarde no pudo dejar de pensar en Richard ganando el afecto de la señorita Elizabeth.

—¿Qué pretendes con la señorita Elizabeth, Fitzwilliam?—preguntó él mientras tomaba el vaso que el coronel le ofreció—Sabes que no estás en la posición de hacer una oferta.

Si el coronel fuese un hombre con un carácter más violento, en ese momento habría golpeado a su primo, pero al conocerlo de toda la vida, supo a lo que Darcy se refería; y si bien había una buena relación entre primos, esta no aminoró el dolor y cierto resentimiento que le causaba el ser recordado constantemente de lo relativamente limitadas que eran sus circunstancias en comparación. Richard bajó su vaso y cruzó los brazos sobre su pecho.

—¿Y qué si de pronto me di cuenta que una vida de lujos es agradable, pero puedo vivir sin ellos si tengo a mi lado una buena mujer?—le preguntó desafiante.

Darcy se sorprendió por el tono del coronel pero no sé dejó amedrentar por él.

—Puedo creer ese sacrificio de otros, pero no de ti. ¿Qué intención tienes con ella?—insistió Darcy, alarmado de imaginar que Richard podría tener un carácter vicioso del que no supo antes.

—¿Por qué te importa, Darcy? Hace menos de una semana me aseguraste que las circunstancias de ella son insultantes para tu consideración.

Richard sabía que estaba tocando un terreno peligroso al provocar el carácter de Darcy, pero la ocasión se había convertido en la perfecta oportunidad para determinar, de una vez por todas, los sentimientos de él por la señorita Elizabeth, y Richard no podía dejarla pasar.

Darcy no supo cómo responder a su primo, por lo que Richard continuó hablando.

—Para alguien que clama indiferencia con mucho fervor, ella te importa más de lo que debiera…—recriminó el coronel con tono de burla–A menos que seas un mentiroso y tengas tus propios planes con la señorita Elizabeth. ¿Dime, dónde la piensas instalar, en Londres para satisfacer tus antojos cuando vayas a la capital o cerca de Pemberley, para calentar tu cama en los largos inviernos?

Darcy no era un hombre que perdiera el dominio de sus emociones con facilidad, pero se sintió gravemente ofendido por las palabras de Richard, y sin detenerse a pensar, quiso impactar su puño sobre el rostro del soldado.

Richard fue rápido y evitó el golpe, lo cual hizo tambalear a Darcy, quien se recuperó rápido de la pérdida de equilibrio pero no de la pena por haber fallado.

—Pensé que sabías mejor, Darcy. Mi comisión fue comprada, pero mis años en el ejército no han sido en vano.

—No soy esa clase de hombre y lo sabes—recriminó Darcy—jamás le haría eso a una mujer respetable, mucho menos a ella.

—No la quieres como esposa ni como amante, y ciertamente no te imagino contratándola como institutriz de Georgiana. Dame un razón por la que no puedo intentar ganar su afecto—y agregó con sarcasmo—además de mis finanzas, de esas ya sé lo que piensas.

Darcy dio algunos pasos hacia atrás y aflojó el nudo de su corbata aún más, pasó una mano por su cabello, se rascó la nuca y empezó a caminar por la estancia. Richard mantuvo la dureza en su semblante, pero por dentro, él estaba regocijándose por la reacción de su primo.

—No importa lo que yo sienta por ella, sabes lo que se espera de mí—dijo Darcy con desesperación en la voz—Las circunstancias de ella están muy por debajo de las mías. No solo yo sería censurado, ella sería expuesta a la crítica. Y luego está Georgiana, ¿Qué pasa si mi decisión afecta su salida en sociedad?

Richard asintió a las palabras de su primo con gesto exagerado.

—Entonces ve y selecciona a la debutante que más te convenga, o dile a Lady Catherine que quieres formalizar las cosas con Anne, pero por favor procura estar seguro, no quieras poner sobre mí la misma acusación que sobre mi hermano.

El coronel volvió a llenar su vaso y se retiró hacia su recámara, dejando tras de sí a un hombre con suficientes argumentos para reflexionar y pasar una noche sin dormir.

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La mañana siguiente, Darcy dejó su habitación más tarde de lo normal. El sol ya estaba alto en el cielo cuando él decidió que no podía permanecer encerrado más tiempo y debía ofrecer una disculpa a Richard por el exabrupto. Su aspecto era terrible, y ni todo el empeño que su valet puso en el arreglo personal de él sirvió para ocultar las señales obvias del desvelo.

El coronel estaba en los establos platicando con el encargado mientras preparaban su caballo para ir a recorrer el norte de la propiedad. Darcy apenas saludó y de inmediato otro caballo fue ensillado para él.

Ninguno de los dos habló por largo rato, Richard porque no quería hacer las cosas fáciles para Darcy y este otro porque las disculpas no se le daban muy bien. Sin embargo, cuando llegaron a la parte norte donde el cercado estaba dañado, fue Darcy quien empezó con una modesta disculpa por haber perdido su temperamento y habló acerca de su dilema.

—No soy indiferente a ella, Fitzwilliam—admitió después Darcy—desde que la conozco jamás ha sido de esa manera. Supongo que en cierto modo debo darle crédito a la señorita Elizabeth, porque una vez que atrapó mi atención, no ha dejado mi mente—dijo, como si las palabras le supieran amargas.

El coronel no comentó al respecto, él sabía que Darcy necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos en un asunto tan delicado.

—¿Cómo puedo hacer caso omiso de lo que me ha sido enseñado?—preguntó casi para sí mismo— Por primera vez en no sé cuánto tiempo me encuentro dudando de mis acciones—Darcy sacudió su cabeza en negación y empezó a reírse de la ironía de la situación; él había aconsejado a Bingley de apartarse de los Bennet y ahora él estaba en el mismo suplicio.

Richard no preguntó el motivo para una risa que, francamente, lo incomodó, y trató de ofrecer el único consejo que podía darle sin forzar demasiado la situación.

—Darcy, estás en una posición que te permite hacer tu voluntad sin tener que responder a alguien. Si crees que la señorita Elizabeth puede hacerte feliz, no veo por qué deberías buscar la aprobación del resto. Sé que yo no lo haría—comentó el coronel con honestidad, su pensamiento en las damas que tuvo que olvidar a través de los años.

Darcy aceptó las palabras de él y el coronel se resignó a esperar lo mejor.

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Desde la conversación con Richard mientras cabalgaban, el nombre de la señorita Elizabeth no fue mencionado otra vez, aunque esto no ayudó a que Darcy pudiera ignorar sus sentimientos; y si hizo algo, fue aumentar el deseo de volver a verla. El siguiente par de días, Darcy hizo su paseo por el mismo camino en el que la había encontrado la vez anterior, aunque en ninguna de las ocasiones no tuvo éxito y regresó decepcionado a la casa. También consideró hacer una visita a la casa parroquial, pero no se le ocurrió una excusa creíble.

Al día siguiente, sin embargo, se presentó la excusa perfecta para ir a la casa de los Collins. Al caminar cerca de uno de los estanques en Rosings, escuchó el intercambio entre un par de jardineros y una muchacha que al parecer era hermana de los dos jóvenes; y a pesar que Darcy detestaba confiar en cotilleos sin importar la clase social de los involucrados, caminó más lento del otro lado de los arbustos. Según la muchacha, Jane Bennet había llegado a Hunsford.

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Jonathan y Cathy Spencer intentaron fingir poco interés por la mirada triste de Robert cuando este ayudó a Jane a subir al carruaje que la llevaría con la familia Collins y lo consiguieron, al menos el tiempo suficiente hasta que el carruaje desapareció tras una arboleda.

Cathy entró a la casa antes y Jonathan entendió perfectamente el gesto de su esposa cuando ella apuntó su mirada brevemente a su sobrino. A falta de experiencia al hablar de amor con un hijo mayor, Jonathan decidió adoptar el estilo directo que le había escuchado al duque de Norfolk varios años atrás, cuando Cathy capturó su corazón.

—¿Toda esta escena del admirador triste es algo genuino, verdad? Porque si se trata de un juego cruel en el que le haces creer a la señorita Bennet que lo que sientes es afecto para después dejarla avergonzada de sus esperanzas, debo pedirte que te detengas ahora mismo.

La expresión de Jonathan dejó sin habla a su sobrino por un momento.

—¿De dónde viene todo esto, tío?—Robert volteó para verlo, apenas creyendo que pusieran en duda su honor—¡Tú has visto como me siento por ella! Sé que no la conozco de mucho tiempo, pero he convivido con ella lo suficiente para estar seguro que mis sentimientos son los de un hombre enamorado con intenciones serias. Si no estuviera dispuesto a hacerla mi esposa, habría mantenido mi distancia con ella.

—Solo quería estar seguro, Robert—dijo Jonathan con una discreta sonrisa y un tono más amable— En el tiempo que he tratado a la señorita Bennet he visto por qué es muy querida por Elizabeth y no me gustaría verla lastimada. Sé que eres un buen hombre, pero a veces también los buenos cometen errores en los que alguien sale herido.

Robert se recargó de un pedestal de piedra de la entrada y empezó a jugar con una hoja marchita mientras formulaba su respuesta.

—Cuando dejamos Hertfordshire, le comenté a mis padres mis intenciones de querer conocer a Jane mejor, ellos saben que de estar convencido y ser aceptado, la consecuencia natural es un compromiso.

Robert no fue consciente de lo personal que sonaba el nombre de ella en sus labios y eso alarmó a Jonathan.

—Entonces hay que hacer las cosas bien, Robert—dijo él con seriedad. Él sabía que las diferencias darían de que hablar, pero eso podía ser controlado con movimientos calculados y las conexiones adecuadas—Me refiero a pedir permiso para cortejarla y jamás darle a la sociedad el más mínimo de los motivos para hacer creer que se trata de algo forzado. Tú bien sabes que el campo es diferente a Londres.

Robert aceptó que su tío tenía razón y que, lamentablemente, de ahora en adelante cualquier interacción debía reflejar un comportamiento intachable.

—Y a partir de ahora, ella es la señorita Bennet, no Jane. Al menos hasta que sea anunciado formalmente un compromiso.

Robert se sonrojó pero no abundó en eso. Otros temas fueron cubiertos en la conversación para que después él fuera a atender la correspondencia de Lord Denton y Jonathan a revisar los asuntos de la finca con el administrador.

El mismo día que Jonathan supo de las intenciones de su sobrino hacia Jane, él decidió enviarle una carta al señor Bennet para hacerle saber que su primogénita estaba bien de salud, y dar algunos indicios del creciente afecto entre la joven pareja, después de todo, él sabía lo mucho que Thomas Bennet detestaba las sorpresas.

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