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El día inmediato a la llegada de Jane, los sobrinos de Lady Catherine fueron para satisfacer la curiosidad del coronel sobre la alegada belleza de la mayor de las Bennet y, si Darcy tenía sus propios intereses, Richard no los cuestionó.
Para pena del coronel Fitzwilliam, Jane Bennet era una mujer muy hermosa y amable, y por primera vez en varios meses, él de verdad lamentó estar acostumbrado a la vida de la alta sociedad con lujos y comodidades. Fue innegable que él se sintió atraído por ella y que la belleza de la primogénita era superior a la de la señorita Elizabeth. Había un gran contraste entre ellas que no se limitaba a los aspectos físicos sino en el carácter que cada una de ellas denotaba, y concedió que mientras la atracción de Darcy por la señorita Elizabeth era justificada, él encontraba más encantadora a la mayor.
Durante la visita, Darcy tuvo la oportunidad de observar a Jane y encontró que su buen humor y cordialidad seguían intactos, como si no hubiese pasado tiempo entre la convivencia en otoño y el momento actual. Él pensó en Bingley y cómo hasta la última vez que lo había visto de vez en cuando él tenía una mirada melancólica, situación que no sucedía con la señorita Bennet; ella no daba señales de verse afectada por la pérdida de Bingley, lo que le hizo tener certeza en el acierto de su intervención.
Como si hubiera un acuerdo mutuo, no se discutió Netherfield ni nada relacionado con los Bingley esa ocasión. Darcy y Elizabeth conversaron un poco, aunque él dedicó la mayor parte de su tiempo a observarla y de vez en cuando a escuchar la plática entre Richard y la señorita Bennet. Tal parecía que su primo había caído bajo el mismo hechizo que Bingley.
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—Creo que el coronel Fitzwilliam quedó cautivado por ti, Jane—dijo Elizabeth al recordar la expresión del caballero que en ningún momento quiso apartar la vista de su hermana, una vez que los visitantes regresaron a Rosings.
Para asombro de Elizabeth, Jane se rio de las palabras pero no dio señales de que eso le alterara. Durante los días que ella permaneció en Acker Hall, entendió que los sentimientos de Robert hacia ella y los de ella hacia él, superaban la amistad, por lo que la admiración de cualquier otro caballero era irrelevante.
—Es un hombre de modales muy agradables y es obvio que se siente mucho más cómodo en compañía de la gente que el señor Darcy, quien apenas ha hablado esta tarde, sin embargo, creo que su expresión obedece a la alegre disposición de su carácter, Lizzy—dijo Jane con la intención de evitar más comentarios al respecto.
—No, en realidad creo que él se enamoró de ti—insistió Elizabeth—, pero en este caso, me alegro de saber que no quieras reconocer su admiración.
Jane sacudió la cabeza en desaprobación.
—Yo creo que estás equivocada y el coronel solo busca mi amistad, al igual que lo hizo el señor Bingley. Un hombre puede hablar en términos amigables con una mujer sin que sea necesario apuntar algún sentimiento de afecto o admiración, Elizabeth.
—Y a veces los términos amigables se convierten en afecto y admiración—y dijo en voz baja—como con Robert.
—Como con Robert—concedió Jane sonriendo y a Elizabeth se le escapó un grito de emoción. Era lo más aproximado a una confirmación de un arreglo entre ellos y eso la alegraba.
—o—
Al final de aquella semana, el señor Collins salió para hacer una visita mientras que Charlotte, Maria y Jane fueron de compras al pueblo. Inicialmente, la invitación al pueblo incluía a Elizabeth, pero ella argumentó fatiga tras haberse quedado leyendo hasta tarde. Decidida a utilizar el tiempo a solas, Elizabeth empezó a responder una carta de Kitty que había llegado el día anterior y que no tuvo oportunidad de leer antes. Ella estaba entretenida en la correspondencia cuando la campanilla anunció una visita.
El señor Darcy se sorprendió de ser recibido solo por Elizabeth y confesó que él creía que todas las mujeres estaban presentes, sin embargo, no se retiró.
Después de un breve intercambio sobre el clima y temas sin consecuencia, a Elizabeth se le ocurrió que podría aprovechar la privacidad y la ausencia de Jane para preguntar sobre los Bingley, ya que los vagos comentarios del señor Darcy durante aquella primera cena en Rosings varios días atrás solo aumentaron su curiosidad.
—Debió haber sido grato para el señor Bingley el verlos tan pronto, después de que dejaron Netherfield en noviembre, señor Darcy. Si mal no recuerdo él había partido apenas el día anterior. Supongo que tanto él como sus hermanas se encontraban bien cuando usted salió de Londres.
—Sí, todos estaban perfectamente, gracias—respondió él, a quien el tema de su amigo le incomodaba en presencia de ella.
—¿Sabe usted de los planes del señor Bingley en Netherfield?
—La verdad, no se me ha informado de nada al respecto, pero es probable que de ahora en adelante él disponga de poco tiempo para estar en aquella región. Él tiene muchos amigos y muchas invitaciones que atender.
Elizabeth dudó de la veracidad del comentario del señor Darcy, no porque él estuviera mintiendo sino porque probablemente no estaba enterado del incidente del teatro en Londres que seguramente tendría un impacto negativo en la familia Bingley. Al principio, cuando ella leyó la carta de Mary, pensó que era extraño que un hombre sin título pudiera tener gran influencia en esa sociedad, pero una carta inmediata de Emily explicaba que el señor Carter era sobrino de un duque, y aun cuando era el séptimo en la línea de sucesión del título y sus posibilidades eran prácticamente nulas, la buena relación con su tío le concedía distinción entre sus semejantes.
—Entonces espero que el señor Bingley disponga de la casa de Netherfield como mejor le convenga, aunque si su intención es pasar cortas temporadas, tal vez debería considerar dejarla por completo para que otra familia pueda instalarse allí. Sé que el señor Morris no tendrá problema en encontrar un nuevo inquilino cuyo estilo de vida de acomode más al campo.
—No me sorprendería si Bingley se desprendiera de esa casa al presentarse una buena oportunidad.
Elizabeth no dijo nada, pero pensó que era lo más adecuado. Ella no podía imaginar al señor Bingley estableciéndose de manera permanente en la región con semejantes hermanas que, eventualmente, terminarían garantizando el desprecio a la familia por parte de algunos miembros de la comunidad. Tampoco creía que era buena idea porque si las especulaciones de Emily eran ciertas, los Bingley tal vez guardarían resentimiento a los Bennet por formar parte en la caída de gracia en la alta sociedad.
Tras una pausa, Darcy empezó a hacer comentarios sobre la casa y las mejoras que Lady Catherine hizo con respecto al año anterior. Elizabeth, no realmente interesada en escuchar acerca de las amenidades de la vivienda, contestó que Charlotte apreciaba la casa y en general, estaba contenta. Esto cambió la conversación hacia los asuntos relacionados con el matrimonio de los Collins.
—Ha de ser muy grato para la señora Collins vivir tan cerca de su familia y amigos—comentó Darcy.
—¿Cincuenta millas le parecen a usted cerca?
—Pues si existe, cómo es el caso, una buena carretera, en realidad es poco; apenas medio día de viaje.
—Yo no había considerado la cercanía como una de las ventajas de casarse con el señor Collins—exclamó Elizabeth al recordar las razones de Charlotte para aceptar la propuesta—. No se me hubiera ocurrido que mi amiga vive cerca de su familia.
—Eso pone en evidencia que usted tiene apego al condado de Hertford. Todo aquello que esté más allá de la vecindad de Longbourn le parece muy lejano.
Darcy sonreía de una manera que Elizabeth no lograba comprender por lo que ella no dudo en responder al planteamiento de él.
—Yo no puedo afirmar que una mujer que se casa no pueda dejar de estar demasiado cerca de su familia y todo dependerá de sus circunstancias. Si hay suficiente fortuna para no dar importancia a los costos de los viajes, la distancia no es inconveniente—dijo ella, su pensamiento en cómo los Walden a pesar de estar dispersos por todo el país parecían tener la convivencia que deseaban gracias a la fortuna familiar—, pero no es el caso de los Collins, ellos tienen ingresos para vivir cómodamente, pero no para permitirse realizar viajes frecuentes.
Esto interesó a Darcy, cuyo juicio lo traicionaba y empezaba a aceptar el consejo de Richard poco a poco. Él acercó su silla a la de ella y dijo:
—Usted no tiene por qué sentirse tan ligada afectivamente a su residencia. No siempre debió de vivir en Longbourn.
Elizabeth se mostró confundida, pues pensó que tal vez el señor Darcy sabía algo acerca de la verdad sobre la familia Blake, sin embargo, él no mencionó más. La confusión en ella era tal, que él pensó que había sido demasiado atrevido e hizo retroceder la silla, tomó un diario de encima de la mesa y pretendió leer un par de titulares hasta que ella ganara compostura.
—Después del tiempo en compañía de la familia Evans y con los Collins en esta región, ¿puede usted decirme si le gusta Kent?—preguntó él con frialdad.
Brevemente hablaron sobre la comarca hasta que el sonido de la puerta indicó que Charlotte, Maria y Jane acababan de llegar. Darcy se quedó unos minutos más en compañía del resto aunque no dijo mucho, y al cabo de un rato salió de la casa.
—Yo creo que él está enamorado de ti, Eliza—dijo Charlotte, que desde muchos meses atrás estaba convencida que el señor Darcy admiraba a su amiga. Jane levantó la ceja como demandando más explicaciones a su hermana, pero Elizabeth solo hizo una mueca y negó con la cabeza.
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Esa noche Elizabeth se retiró antes que Jane, por lo que Charlotte tuvo tiempo de expresar sus sospechas sobre el señor Darcy a la mayor de las Bennet. Jane, que sabía cuan profundo era el rechazo de su hermana por el caballero, escuchó a su amiga elaborar un argumento que se valía de enumerar las visitas que él había hecho a la casa así como un recuento del comportamiento de él en cada ocasión que ambos se encontraron en los eventos locales durante la estancia de él en Hertfordshire.
—Más allá del desafortunado comentario en el baile de Meryton—explicó Charlotte—Eliza no tiene motivos para creer que el señor Darcy tiene una mala opinión de ella. Además, ella fue la única muchacha de la región que bailó con él. ¡La señora Long apenas podía creer el desaire que sus sobrinas sufrieron!
—Charlotte, tú sabes que Lizzy confía en las primeras impresiones y él no tuvo la mejor de las presentaciones. Te concedo que lo del baile en Netherfield fue un momento que a todos nos sorprendió, pero Lizzy asegura que él apenas parecía dispuesto a tener una conversación con ella, y sé que lo mismo pasó en otras ocasiones.
Jane recordó cómo Elizabeth explicó que en una ocasión, cuando los dos estuvieron en la biblioteca de Netherfield, él no le dirigió la palabra en la media hora que estuvieron ahí.
—No todos tienen el gusto por hablar y bailar al mismo tiempo. A mí me disgusta cuando mis parejas lo hacen—Jane la miró pidiendo que se explicara y Charlotte respondió encogiendo los hombros—nunca termino de entender lo que me están diciendo; si me están contando una historia, solo escucho la mitad de esta y a menos que quiera parecer desatenta, no puedo preguntar que quisieron decirme antes.
—No la convencerás de lo contrario y lo sabes—sentenció Jane tras una pausa.
—Esperaba que tú hicieras por cambiar la opinión tan severa que ella tiene de él. Todo se basa en un mal comentario y el no actuar en el asunto del señor Wickham. ¿Sabe Eliza si existen motivos, más allá de lo que ella supone, por los que el señor Darcy no estaba en una posición de hacer algo? Él no me parece la clase de persona que ignora esa clase de problemas.
Jane no entendía la insistencia de Charlotte en el asunto, por lo que pensó que en orden de entender lo que su amiga parecía ver, decidió preguntar la razón de su interés.
—El señor Darcy es un buen hombre. Elizabeth está por entrar en una sociedad donde antes de verla, preguntarán sobre su fortuna, al menos el señor Darcy parece interesado incluso si cree que ella no tiene dinero.
Charlotte era honesta en su deseo de querer ver a su amiga casada con un hombre que ella consideraba adecuado, sin embargo, lo que dejó fuera de su respuesta a Jane fue que había escuchado que la familia Darcy tenía un buen patronato en la iglesia, lo que la hizo imaginar que tal vez si su amiga se casaba con el señor Darcy, Elizabeth no se olvidaría de ella y estarían en posibilidades de dejar el patronato de Lady Catherine. No era que Charlotte tuviera algo en contra de la benefactora de Hunsford, pero por momentos, el señor Collins daba la impresión de idolatrar a Lady Catherine, quien parecía estar de acuerdo con la actitud de él.
—Quiero darte la razón sobre el interés de él por ella, pero no lo veo Charlotte—dijo Jane muy seria—, si bien no creo que el señor Darcy sea tan terrible como Elizabeth está resuelta a creer, tampoco puedo declarar que él ha sido una persona que le ha dado motivos para sospechar de afecto.
Charlotte dejó escapar un suspiro por la derrota de sus ideas y se atrevió a preguntar sobre los Bingley, otro proyecto amoroso que parecía haber fracasado.
—Sé que el señor Bingley dejó la finca al día siguiente porque él me dijo de sus planes y que el resto de su familia dejó el lugar un día después que él, además de eso, no he sabido nada. Sé lo mismo que tú.
—Creo que es extraño que se fueran sin despedirse—comentó Charlotte y Jane decidió no corregirla en eso—. Todos estábamos seguros de que él regresaría dos semanas después, jamás se nos ocurrió pensar que sus ideas cambiarían tan rápido—añadió con una voz triste por su amiga.
—Pero no volvió—dijo con una sonrisa sincera y agregó en tono de broma mientras levantaba la barbilla con orgullo—yo tenía razón, y todo Meryton estaba equivocado.
Aunque Charlotte no escuchó comentarios negativos por parte de los Bennet cuando se anunció el compromiso de ella con el señor Collins, ella sabía que la señora Bennet había resentido la decisión, y si bien Elizabeth se abstuvo de hacer críticas, fue Jane la única que le mostró genuina alegría. Ese gesto llevó a Charlotte a desear que su amiga hallara la felicidad en el señor Bingley, quien en ese entonces actuaba bastante enamorado. Ahora que todo parecía ser un recuerdo cubierto por el polvo, Charlotte quería creer que Jane de verdad había superado al señor Bingley.
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