El fin de semana, para alivio de Yashiro, había pasado más rápido de lo que se había imaginado, a pesar de las peripecias que tuvo que pasar. Qué difícil era educar a un niño y más cuando se portaban de forma terca y obstinada, y de eso, Haru tenía un montón. Yashiro sacudió negativamente la cabeza mientras suspiraba recordando a su sobrina rogándole que le permitiera dormir con el perro en su cama. Estuvo haciendo pucheros y caritas tristes por más de una hora. La verdad es que no sabía cuántos crímenes había cometido en todas sus vidas pasadas para haberlos pagado todos juntitos ese fin de semana.

Como si él no la conociera. Ya podía ella estar haciéndolo de rodillas todo el fin de semana porque en eso no iba a transigir. No, no, no. ¿Cómo iba a permitir eso? Y menos después de saber que Kuon perro volvía a ser Kuon hombre durante la noche. Así que no, para nada, jamás. ¡Nunca de los nunca permitiría que un hombre de casi dos metros de altura durmiera con su sobrina desnudo, por muy su amigo que este fuera! Es más, quiten la palabra desnudo de la frase, ningún hombre jamás se acercaría a la cama de su sobrina. ¡Jamás! Punto final.

Eso sí, las dos últimas noches se había asegurado de que Kuon-Ren perro durmiera con el pantalón de una pijama suya, ya sabía que le iba a venir chico cuando cambiara a humano pero eso era mejor que nada. Y más con el hecho de que a Haru le gustaba interrumpir su sueño despertándolo temprano en su forma habitual. Brincando sobre él. ¿Repetir lo del sábado por la mañana? No, muchas gracias. Así que pijama aparte, tapó al perro como si de un niño se tratara y hasta trabó las cobijas bajo el colchón. No volverían esos dos a pescarlo fuera del agua.

Durante el camino a la escuela el lunes por la mañana, Haru sorprendió a su tío con una pregunta:

—Tío Yashiro, ¿te puedo hacer una pregunta y me la contestas? —Yashiro que venía pensando en cuándo se volvería a convertir Kuon en humano de nuevo durante el día y de preferencia para siempre, porque aunque había cancelado todas sus citas y reuniones hasta el miércoles, no podía seguir aplazándolas sin una excusa creíble y no creía que le fueran a creer que el presidente de H.C. se había convertido en un Husky, primero lo mandaban al manicomio y luego lo despedían, sino es que sería al revés. De todas formas, estaba metido en un buen lío. Traía en su mente todas estas cosas que asintió sin escuchar la pregunta de su sobrina.

—¡Guau! Tío, y, ¿cuándo piensas decirle a mi mamá? O ¿también es un secreto? ¿Van a vivir juntos? No creí que fueras a ser tan sincero conmigo, la verdad es que pensé que me darías la típica respuesta de que eso es un tema de adultos y yo solo soy una niña. —Al escuchar a su sobrina, un enorme foco rojo de peligro y advertencia se le prendió a Yashiro en su mente, por lo que frenó bruscamente, haciendo que Haru soltara al pobre perro mandándolo hasta el suelo y que varios coches de atrás le recordaran toda su ascendencia mediante bocinazos. En el primer lugar que pudo estacionó el carro y se volvió a ver a su sobrina con el pánico en la cara.

—Disculpa, Haru, pero, ¿qué dijiste?

—Pues eso, que no creía que me fueras a responder tan abiertamente.

—No, no, no, no. ¿Cuál fue tu primera pregunta? —La cara de Yashiro ya no era de pánico sino de terror puro, al sospechar qué es lo que le había preguntado. ¿Y cómo es que a su linda e inocente sobrina se le había ocurrido tal cosa? ¿De quién habría sacado esas ideas?

—Pues te pregunté que si tú y Kuon eran gays y si eran pareja. Y me contestaste que sí.

—¿Quééééééééééeéé? Pe…pe…pero, ¿de dónde demonios sacaste tal idea? Y, ¿cómo es que tú sabes acerca de esos temas?

—Pues de ti, tío, ¿de quién más? — Y así, tan fresca y relajada su sobrina le contestó con carita de ángel inocente.

—¿De mí? ¿Pero de qué diablos estás hablando, Haru?

—Pues porque escuché una vez que le dijiste a mamá que creías que tu amigo Kuon era gay. Tío, ¿a ti te empezó a gustar Kuon desde que te arrastraba a esos bares para estar a tu lado miles de horas como le dijiste a mi mamá? — La cara de Yashiro se parecía a cierto cangrejo de una película de caricaturas, mientras que Kuon perro a pesar de que todavía estaba medio mareado por haber ido a parar al suelo también abrió el hocico tan grande como podía y volteaba expectante a ver a tío y sobrina. Desde ahora se aseguraría de dos cosas: la primera, de quedarse callado sus pensamientos y la segunda, de que solo hablaría con su hermana cuando Haru estuviera en la escuela y le haría jurar a Hana que nunca jamás hablaría de esos temas cuando su hija estuviera tan cerca como diez cuadras a la redonda.

—En primer lugar, Haru, ni Kuon ni yo somos homosexuales. El hecho de que dos hombres duerman en la misma cama no significa que lo sean. Segundo, ya te expliqué por qué Kuon se está quedando conmigo y lo estoy cuidando mientras está en forma de perro y que él se convierte en humano nuevamente por la noche, ¿dónde querías que durmiera? ¿En el tapete al lado de mi cama? Yo jamás podría ser tan cruel. —Si tan solo ella supiera—. Solo tengo dos habitaciones porque la tercera es mi oficina. Tercera, nunca de los nunca se debe escuchar conversaciones ajenas, señorita.

—¡Demonios, tío! Y yo que creí que por fin habías conseguido pareja. Mi mamá siempre está muy preocupada por ti porque dice que solo vives para y por tu trabajo. Así que yo pensé que si ustedes dos eran pareja qué mejor, al fin y al cabo trabajan juntos.

—¡Haruuuuu! —Yashiro, lo primero que haría al volver a ver a su hermana sería hablar muy seriamente con ella, solo esperaba que no le saliera el tiro por la culata. Un sonido le llamó la atención, volteó a ver a Kuon perro y si no supiera que los perros no podrían carcajearse estaba seguro que lo había escuchado hacerlo—. No vuelvas a decir esa palabra.

—¿Por qué no? Tú la dices. Y siempre mis papás y tú también, tío, no lo niegues, me han dicho que se predica con el ejemplo. Así que si tú puedes decirla enfrente mío, es porque yo también puedo usarla, ¿no?

—No, no, no. Estuvo mal de mi parte emplearla enfrente tuyo y por favor, no lo hagas tú, porque si tus padres se enteran de todo lo que ha sucedido este fin de semana me colgarán de los… —A esto Yashiro se mordió la lengua antes de terminar la frase.

—¿De dónde te colgarían mis padres, tío? —preguntó la "inocente" criatura.

—Pues de… de los dedos gordos de los pies. Eso es. Tu mamá sabe que soy muy sensible en esa parte —Por casualidad los dioses quisieron que Yashiro volteara a ver al cachorro en ese momento y lo vio haciendo una mueca maliciosa. No tendría que haber dicho nada de sus pies, segurito estaría sufriendo las consecuencias al llegar a casa. Ese perro, de perro no tenía nada, estaba seguro que todo lo sucedido el viernes en su casa había sido una vendetta por decirle gay y cobarde. Como si no lo conociera.

Y para él había otra regla que aplicar: siempre, siempre, siempre, se aseguraría de si no escuchaba una pregunta, debía preguntar a su interlocutor nuevamente antes de contestar.

Así que, visto lo visto, se retractaba de su opinión inicial. El fin de semana estaba siendo más largo de lo que pensaba, ¡y eso que ya era lunes!