mutemuia: otro año más ha pasado, otro año más de conocerte, de tener el honor de que estés, aunque de lejos, en mi vida. Aún recuerdo el día que te pedí fueras mi beta y dijiste que sí. Que alegría. Aunque ninguna de las dos sabía cuántas canas verdes te sacaría y no solo esa vez. Aunque en otras te partías de la risa ¿Recuerdas la MANO?

Este año celebramos no solo tu cumpleaños sino la publicación de tu primer libro, un gran logro. Pues eso hay que celebrarlo con un gran pastel (de preferencia de chocolate =P) y una buena botella de vino. Que más logros se acumulen en tu vida. Te mando un abrazo enorme. Y ojalá que un día podamos conocernos en persona porque solo falta eso.

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Resultó que a pesar de todos los contratiempos y problemillas durante todo el tiempo que estuvieron cocinando, al final de cuentas tanto Ren como Lory, para alivio de sus "chefs" lograron hacer una salchicha más que decente. La de Ren resultó ser mucho más grande que la de Lory para orgullo y satisfacción de Kyoko.

Kuu y Ren se habían refugiado en un cuarto dispuesto para los invitados después de la grabación del programa piloto, el cual, ellos aún no sabían había sido cancelado por el director debido a razones conocidas solo por él.

Mientras Kuu estaba atacado de la risa recordando como su "pobre angelito" había sufrido las de Caín mientras era torturado por su hija, Ren no la estaba pasando muy bien viendo a su propio padre reírse de él abiertamente.

—No sé de quién fue la maravillosa idea de ponerme a mí como cocinero invitado —refunfuño Ren con las manos alzadas en señal de exasperación, mientras se sentaba en un sofá y veía cómo su padre seguía riéndose a mandíbula batiente, obviamente de él.

—Yo tampoco tengo idea, pero fue graciosísimo verte hacer gestos mientras Kyoko te daba indicaciones —le contestó Kuu.

—Huyyyy sí, divertidísimo, a ver si no cancelan el programa incluso antes de salir porque te juro que no creo ser el único que malpensó todo el asunto, tú incluido —señaló, y Ren no estaba muy perdido en el asunto, mientras ellos dos estaban conversando, el director se quebraba la cabeza viendo como su capítulo piloto se iba por un calcetín, perdón, por el caño.

—Vamos, Kuon, para eso sirven las ediciones, porque justo en ese momento yo estaba tomando agua y al ver tu expresión y también a mi querida hija darte las explicaciones a señas, bueno pues, está demás decirte que tuve que secar el micrófono, que ya de por sí fallaba. Además, se supone que solo nosotros cuatro salimos en el programa, ni los camarógrafos, ni cualquier persona del staff.

—Y no solo es eso, ¿quién demonios creyó que yo quería aprender a cocinar? —Seguía rumiando Ren mientras fingía no haber escuchado a su padre—. No es como que me encante la idea —expresó malhumorado.

—Ni la comida, dicho sea de paso —completó su padre ante la expresión atónita de Ren.

—Tampoco es que no coma nada, no odio comer, de ser así ya no estaría en este mundo.

—Pues poco te falta si sigues así. Porque fíjate que me ha dicho un pajarito que precisamente das la idea contraria. ¿Acaso no es lo que más te pelea Kyoko? Según he oído en las grabaciones de Dark Moon ella te regañó frente a todos por no comer más que un onigiri que seguramente provenía de una tienda de conveniencia —Ren tuvo la buena y sensata idea de mantener la boca cerrada y así hubiera seguido de no ser porque en ese preciso instante Kyoko entró a la sala de descanso abatida y desubicada por la larga lista de palabras y gestos que no debería hacer en el siguiente programa. Al verla entrar en esa forma tanto Ren como Kuu se preocuparon.

—Kyoko-chan, ¿sucede algo? —la forma cariñosa de llamarla no le pasó desapercibida a Kuu, por supuesto, y sonrió para sí mismo. Kyoko, como siempre tenía sordera selectiva, pues debido a las hojas que traía en la mano no había escuchado más que la pregunta.

—Es solo que el director me llamó terminando el programa y me dio una lista de palabras e imágenes de gestos que por ningún motivo debo repetir en el programa piloto.

Kuu y Ren se voltearon a ver de inmediato ya que las palabras de Kyoko habían confirmado las sospechas del segundo. La cantidad de hojas que traía Kyoko en la mano eran tantas que, de haber vivido en otra época eso podría haberse convertido en un pliego que caía hasta el piso y seguiría desenrollándose mientras más leyera Kyoko.

—Es que no entiendo, de verdad que no. ¿Qué dije o hice para que me den estas instrucciones? —Mientras Kyoko hablaba desanimada y muy confundida tanto Ren como Kuu le quitaron de las manos una parte de las hojas y empezaron a leer. Ren se empezó a sonrojar al recordar a Kyoko dándole las instrucciones de cómo poner la maldita tripa en el asta de la máquina y Kuu al ver su cara no pudo aguantar la carcajada—. Padre, ¿puedo saber de qué te ríes? —preguntó Kyoko ahora un tanto molesta al ver que Ren le desviaba la mirada y Kuu se sostenía el estómago en señal de dolor de tanto reír.

—Hija, creo que será mejor que los deje solos, Tsuruga-kun podrá explicarte mejor el motivo de todo esto —dijo mientras le devolvía las hojas y se dirigía hacia la puerta.

—Pero es que, ¿en qué demonios estaban todos pensando mientras yo daba las indicaciones? —preguntó más para sí misma, pero en voz alta.

—Pues en calcetines, no. Eso te lo puedo asegurar —respondió Ren quedo, aunque Kuu lo alcanzó a escuchar perfectamente y soltó otra carcajada mientras la puerta se cerraba. Kyoko estaba atónita, aún seguía sin entender ni pío.

—Será mejor que te sientes, Kyoko-chan —Ren ya había decidido continuar diciéndole de esta manera, de ninguna forma perdería ante nadie y menos ante uno de los Ishibashi. Así que iría por todas, aunque empezando de poco a poco, y si ella no replicaba pues qué mejor. La tomó de la mano y la condujo hacia uno de los sofás para sentarse junto a ella—. No sé cómo explicarlo de una manera sutil así que iré directo al grano, Kyoko-chan —seguía tomándola de las manos aun cuando ya estaban sentados, si ella no se había percatado de eso él no iba a perder la oportunidad de quedarse así con ella.

—¿Sabes? De entre las muchas cosas que adoro de ti existe una que me vuelve loco y esa es tu inocencia. A pesar de todo lo que has vivido, a pesar de que el maldito Fuwa te haya tratado de la manera que lo hizo, tener que vivir sola, y el estar en el mundo del espectáculo, aun así, no has perdido tu inocencia. Pero, Kyoko, hasta la inocencia tiene un límite y no me gusta para nada la idea de que tenga que ser yo el que te lo ponga, pero, cariño —él iba por todas, no le importaba, de cualquier forma, Kyoko siempre tenía una especial sordera selectiva cuando se trataba de él—, ten en cuanta que ahí dentro —señaló al set donde se grabó el programa—, la mayoría de los que estábamos éramos hombres y la minoría eran mujeres pero que son por lo menos diez años mayores que tú.

Kyoko, por supuesto, no había escuchado ninguna de las partes en dónde Ren abiertamente, o de manera no tan disimulada le estaba dando a entender sus sentimientos. Al paso que iba solo le iba a quedar escribirlo en un letrero con colores neón, para que ella lo entendiera.

—¿Qué tiene que ver eso con esto? —señaló las hojas en sus manos. Ren suspiró. ¿Cómo iba a poder decirle que todas las palabras ahí escritas y las imágenes eran porque cada una podía ser tomada en otro sentido?

—Kyoko-chan, esto, es un poco vergonzoso de explicar, pero prefiero que lo sepas por mí. Tú sabes que los hombres generalmente usamos distintas palabras o frases para referirnos a ciertas parte de la anatomía masculina, ¿verdad? —Kyoko asintió aún sin saber para dónde iba Ren con esa explicación y temiendo un poco el saberlo—. Bien, pues una de esas palabras es "asta" —Kyoko abrió los ojos grandes cayendo en cuenta ahora de todo lo que había pasado después de que se refirió a esa parte de la trituradora de carne.

—¿Quieres decir que…?

—Sí, cuando se perdió el sonido de los auriculares y tú tratabas de enseñarme qué hacer con mímica cada uno de tus gestos fue tomado en otra dirección por completo. Y para colmo el maldito sonido tuvo que irse justo cuando me dijiste la palabra que empezaba con "C".

Kuu y Lory entraron a la sala de descanso para darles la noticia a los chicos de que tendrían que volver a grabar el programa justo para encontrarse a Kyoko arrinconada contra la pared, temblando como ardilla asustada, roja cual betabel y a Ren arrodillado a su lado tratando de que lo mirara a los ojos y diciéndole que no pasaba nada, que todo estaba bien y que pronto todo sería olvidado. Al fin y al cabo, lo más factible es que tendrían que volver a grabar el programa piloto y ahí sí todo quedaría atrás.

Pobres incautos no sabían lo que les esperaba.