NOTA:
Sí, tarde otra vez, sorry. Capítulo largo (al menos para mis estándares), como compensación.
Pamela Nolasco: sí, sí, como antes, pero ambos (aún) con mentiras… (Por cierto, tienes los PM desactivados).
Yukihito regresaba al plató con los cafés para Ren y para él, con la cabeza ocupada en los dos idiotas a los que representaba, cuando un tirón en la manga de su americana casi lo hizo tropezar y volcar los vasos de papel.
—¿Pero qué dem…? —Y lo que fuera a decir (algo bastante colorido, es de suponer) murió antes de ser pronunciado, porque era Kijima quien lo había detenido de tan brusca manera. Tenía además un dedo en los labios, instándolo a guardar silencio. Luego hizo un gesto con la cabeza señalándole una sección del plató, fuera de cámara.
Y a Yukihito la boca y los ojos se le abrieron como platos y casi se le cayeron los cafés de las manos de la pura sorpresa. Más allá, Kyoko-chan y Ren inclinados, cabeza con cabeza, mirando juntos el teléfono, como si no hubiera pasado nada. ¡Y hablando!
¡Dioses del cielo! Al contemplar la escena, sintió sus esperanzas renacer, recobradas y fortalecidas. Se alegraba, claro que sí, por los dos… Pero ¿qué era lo que había llevado a Kyoko a enterrar el hacha de guerra? ¿Cómo es que había encontrado fuerzas en su corazón para perdonar a Ren? Porque si algo tenía Yukihito claro, es que Ren era el responsable de ese tratamiento de hielo y silencio (y así se lo había dicho a él).
Yukihito solo apartó los ojos de sus reconciliados representados cuando escuchó el resoplido risueño de Kijima, y entonces le preguntó a media voz:
—¿Qué haces tú aquí?
—¿En serio? —le replicó el actor, un tanto escandalizado—. Ni loco se me ocurriría interrumpirlos precisamente ahora.
—¿Eh? —preguntó, ladeando la cabeza.
—Ojalá se arreglen y hagan las paces —le dijo Kijima, mirando a la pareja—. Son buenos el uno para el otro.
—Eso es muy maduro por tu parte —le reconoció Yukihito.
—Sí, sí —le dijo, haciendo un gesto despreocupado con la mano—. No se lo digas a nadie —le pidió, y al verlo fruncir el ceño, le susurró, como si fuera un secreto—: Podría echar a perder mi reputación…
Y justo cuando estaba a punto de preguntarle que qué razones podría tener él para dar esa errónea impresión de su persona, un "¿¡Por fin!?" mal disimulado a su espalda les hizo dar a los dos un brinco del susto. Ambos se dieron la vuelta, la mano aún en el pecho, tratando de sosegar sus sobresaltados corazones, solo para encontrar a Momose-san con una expresión de triunfo en el rostro.
—Sí, por fin —respondió Kijima. Luego exhaló un suspiro—. Y sí, has ganado. Te debo 5000 yenes.
—Hombre de poca fe… —le protestó ella, dando un paso para ponerse junto a ellos y observar en secreto la misma escena.
—Sinceramente —agregó Kijima—, pensé que Kyoko-chan iba a hacerlo sufrir más.
—¡Cómo se te ocurre! —exclamó ella—. ¿No ves que son incapaces de estar así —Y agitó las manos frente al suceso que espiaban— por demasiado tiempo?
Yashiro miraba al uno y a la otra, con los ojos abiertos de pasmo. Si alguna vez pensó que Ren era discreto con sus sentimientos por Kyoko-chan, tal idea acababa de irse directamente por el caño. Se hablaba de ellos, dioses. Y no solo eso, sino que la gente (o al menos sus conocidos más cercanos) ya los andaba emparejando. Por otra parte, eso podía ser muy, pero que muy bueno, para que su ship de la vida real zarpara con destino al buen puerto del amor.
En cualquier caso, la observación del interesado contubernio fue interrumpida de nuevo no mucho después. Esta vez, por el inconfundible sonido de un carraspeo destinado a llamar la atención. Su atención. Y cuando los tres se dieron la vuelta, se encontraron con el rostro severo del director, Morikawa. Si este se percató de qué andaban haciendo —y a quiénes espiaban—, no dio indicios de ello.
—¿Preparado para la jornada, Kijima-san? —le preguntó a este.
—No mucho, la verdad —le respondió el actor, llevándose la mano a la nuca. Tal respuesta le valió una ceja enarcada por parte de su director—. Pero lo haré, por supuesto que sí —se apresuró a agregar—. Que para eso soy un profesional.
—No esperaba menos… —le dijo. Aunque algo en su tono parecía que lo ponía más bien en duda… Luego siguió su camino hasta la zona de cámaras y los dejó atrás.
—¿Y qué es lo que tienes que hacer hoy, Kijima-san? —le preguntó Yukihito.
—Una asquerosidad, Yashiro-san… —le respondió—. Una auténtica asquerosidad…
Kimura Kento andaba hundido literalmente en la mierda hasta las rodillas… ¡Qué asco! Sentía las arcadas sobrevenirle, una detrás de otra, y solo por un milagro que no acertaba a explicarse, había conseguido refrenarlas.
Sin embargo, con paciencia y método, él seguía metiendo los brazos en el estiércol (en diverso grado de compostaje, es decir, de frescura, textura y aromaticidad) buscando la dichosa tarjeta. El carnet de Meiko.
Ah, ¿pero a él qué más le daba? El lunes se le imprimía otra y punto… Pero no… Era un verdadero imbécil, eso estaba claro. Y todo porque no quería verla triste… No quería tenerla todo el fin de semana llorando y suspirando por la tarjetita de marras.
Para él, no era más que un pedazo de plástico… Pero para ella era el símbolo de que todo podía mejorar si se esforzaba de corazón. De que por fin pertenecía a algo más grande y de que tenía valor para alguien…
"Agh", pensaba Kento, arrugando la nariz y conteniendo la arcada por enésima vez, "no podré quitarme nunca este olor de encima…".
Y con los brazos enterrados hasta los codos en la mierda, maldita la hora en que tuvo que acordarse del de Juego de tronos y repetir aquella famosa frase suya:
—Las cosas que hace uno por amor… —dijo en voz alta. Y dos segundos más tarde, su cortocircuitado cerebro alcanzó el verdadero significado de las palabras recién pronunciadas—: ¡¿QUÉÉÉ?!
—¡Corten! —exclamó Morikawa. Kijima quedó allí donde mismo, esperando mientras el director revisaba los monitores, y su nariz seguía retorciéndose de auténtico y nada actuado asco.
—¡La escena es buena! —anunció el regidor. Y esa fue la esperada señal para Kijima…
—¡Por favor, que alguien me rescate! —exclamó entonces. Pero nadie le hizo el menor caso a sus exageradas peticiones de auxilio—. ¡Kyoko-chan! ¡Ren! ¡Sálvame!
Kyoko se acercó a él, claro está, porque ella es incapaz de negarle su asistencia nadie.
—Me pica la nariz —le dijo—. Por favor, Kyoko-chan, ráscame un poquito.
Si el gesto era algo íntimo, Kyoko no se lo pensó demasiado, porque estaba muy claro que el pobre hombre no podría rascarse él mismo con las manos pringadas de mierda como estaban, a riesgo de dejarse hecho un cuadro asqueroso. Y ya Kyoko le iba a rascar, pero Ren se interpuso y tomó su mano a escasos centímetros de la nariz de Kijima. Ella lo miró, a punto de protestarle por haberle impedido ayudar a alguien en apuros.
—Podrías resbalar y caerte en toda esta… —le dijo él a modo de justificación por su intromisión, dejando deliberadamente la frase sin terminar.
—Mierda, Ren, se dice mierda —terminó diciendo Kijima por él, bastante decepcionado por haberse visto interrumpido en su hora de necesidad—. Y no creas que no me he dado cuenta de lo que acabas de hacer… —le dijo, a modo de protesta, pero Ren simplemente lo ignoró y echó a andar alejándose del escenario, llevándose a Kyoko consigo—. ¡Me acordaré de esta, Ren! —gritó bien fuerte, para que lo oyera bien—. ¡Sobre ti caerá mi venganza! —añadió con teatral exageración, y que acabó culminando con una risotada de villano de película—. ¡Muajajajá!
Pero Kyoko siempre será Kyoko… Justo cuando Ren creía que ya lo había conseguido, Kyoko se detuvo y desanduvo el camino con pasos apresurados hasta llegar a Kijima y, sin más dilación, procedió a rascarle la nariz a Kijima, con movimientos cortos y rápidos.
—Un poquito más arriba, por favor… Más a la izquierda… Mi izquierda, Kyoko-chan… —Finalmente, Kyoko dio por terminada su buena obra y Kijima suspiró aliviado.
—Eres un ángel, Kyoko-chan, un auténtico ángel —le dijo. Ella le sonrió, se inclinó a modo de despedida, y luego regresó, con el mismo paso apresurado de antes, con su sempai/amigo, que, obviamente, estaba que se lo llevaban los demonios de los celos…
—¡No te la mereces, Ren! —gritó entonces Kijima a pleno pulmón en el plató. Toda actividad a su alrededor cesó de repente y Ren se detuvo, petrificado en su sitio, viéndose descubierto. Apenas tres segundos después, el movimiento se reanudó, acostumbrados como estaban técnicos y asistentes a las bromas y excentricidades de Kijima Hidehito. Sin embargo, Kyoko se mantenía en el mismo sitio, ladeada la cabeza, porque tal exclamación proferida la había dejado confundida. Muuuy confundida.
—¿De qué habla, Tsuruga-san? —le preguntó.
—No tengo ni la menor idea —le respondió él. Ella frunció el ceño, no creyéndose para nada esa respuesta evasiva. Porque así es como le sonaba a ella, como una excusa vacía.
A lo lejos, Kijima seguía riendo (ya no villanamente, sino de verdad, bastante satisfecho de sí mismo), mientras POR FIN era rescatado por la gente de atrezzo de su miseria. Ejem, de mierda… Kijima era rescatado de la mierda.
Por su parte, Yashiro, siempre eficiente, había grabado un vídeo de la ocasión, inmortalizándola para la posteridad.
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NOTA FINAL:
La escena de Kimura Kento está inspirada en mi drabble "De caca de vaca y otras revelaciones", disponible aquí en FF, y este, a su vez, en la escena canon de 'She was pretty'.
