Armas

Los últimos días para Hinata han sido algo extraños. Era un ambiente contrastante, la noticia que el prodigio Hyuga, el que tantos miembros de la rama secundaria daban sus votos de confianza en él como un líder poderoso y que los liberaría fue derrotado por Hinata, el fracaso de la rama principal se expandió como la espuma.

Esto generó un ambiente que Hinata no vivió desde que era una niña. La familia principal la adulaba o la felicitaba con su contundente victoria, a pesar de solo conocer el hecho, más no el contexto. La familia secundaria, aunque intentara acercarse a ellos, se mostró algo reacia a sus interacciones, algo similar a como actuaban con su padre. Acogida, en cierto modo acogida ya no solo de su padre y hermana, sino de todo el clan.

Aun así, ambas reacciones solo causaron mayor malestar. Por un lado, la tan proclamada victoria solo fue a raíz de burlar sus principios, de un ser ajeno a lo que era ella; y por el otro solo un muro más que se formaba con su objetivo: El acabar con el sello maldito de la familia Hyuga. Después de todo, de que servía hacer dicha acción si no tenía la confianza en la gente para aplicar el procedimiento (No, la subyugación y la tortura nunca serían una opción para Hinata).

Además, que los días se volvieron algo monótonos para la Hyuga. Los entrenamientos de su padre se retomaron, más fuertes si es que era posible; los afrontó sin miedo, ya era una etapa de crecimiento que debía interiorizar, a pesar de que nunca le llegara a gustar. El resto era tiempo libre en lo que quisiera. Curiosamente, su padre la seguía manteniendo igual de desocupada que cuando era una decepción, Hinata no entendía si era una señal positiva o negativa.

De cualquier modo, la heredera Hyuga no utilizó su tiempo más que en reflexionar y caminar por la aldea en diferentes cosas; la principal: su madre. Divertido, cualquier otra persona pensaría en todo el impacto que generó su combate contra su primo, y en cierta medida también Hinata.

Sin embargo, las fechas se acercaban, un nuevo aniversario de su fallecimiento se encontraba a la vuelta de la esquina y eso, sin importar la situación, las circunstancias o los problemas personales que pueda tener la heredera Hyuga, dejaban de ser una prioridad si era por conmemorar a su madre.

El día era mañana. Ni su padre ni su hermana parecen tener el mismo afecto a esta conmemoración: Hanabi nunca conoció a su madre, ella enfermó cuando la hermana menor de Hinata no tenía más de dos años. Hanabi conmemora a su madre y tiene profundo cariño a su difunta progenitora, pero no es el mismo sentimiento que tiene Hinata, ni por asomo.

El padre de Hinata era difícil determinar el por qué. Si se hablara de tiempo, ellos definitivamente debieron pasar mucho tiempo juntos, más que todo el tiempo que Hinata estuvo con ella, incluso cuando Hinata se podía catalogar como "Niña de mamá" cuando esta seguía con vida. La Hyuga siempre pensó que su padre resguardaba sus emociones con respecto a estas fechas por su propia posición autoritaria, incapaz de expresar emociones claras que no delaten debilidad y, por ende, insubordinación entre los codiciosos miembros de la rama principal o los oprimidos de la rama secundaria. Mirando desde esa perspectiva, Hinata se compadecía de su padre.

Pero el momento aún no había llegado. Para pasar el tiempo, Hinata paseaba por las calles de Konoha sin ningún rumbo. Ese día ya entreno Taijutsu con su hermana y su padre la liberó después de una mañana completa de ejercicios antes que tuviera que ocupar algunos asuntos; dejando solo a Hanabi y Hinata, pero su hermana estaba ocupada con haceres de la academia.

De un momento a otro, la Hyuga dejó de caminar para pararse al frente de una tienda de armas. Le aborrecía el significado de que el local fuera tan concurrido, solo significaba la generación de mayor violencia; pero era un pensamiento hipócrita de su parte. Igualmente, este sentimiento de hipocresía se estaba volviendo habitual en las acciones de Hinata, proclamando idealismos que desea seguir, pero efectúa justamente lo contrario.

Su siguiente acción: ver una tienda de armas y, posiblemente, comprar una por el mero hecho de comprar, sin una necesidad. Lo más probable, para especializarse en ella.

Ese deseo latente de indagar en dicha tienda le incomodaba las entrañas, pero la hacía sentir extasiada; una mezcla de emociones que ni ella misma entiende. Tal vez, solo tal vez, no despreciaba tanto la lucha como ella lo estipuló. Tal vez, solo tal vez, ser un Shinobi en verdad cambia a una persona; no se puede imaginar a la Hinata de hace unos meses interesarse por las armas.

Entro dubitativa a la tienda, con una aura de resignación y autodesprecio. Sacudiendo los pensamientos, se adentró en la tienda; buscando respuestas mientras veía la gran variedad de armas que había.

Mazos, Kunais, Dagas, Senbon, Hachas, Lanzas, Shurikens. Diferentes tipos de armas y de muchos estilos, pero nada de eso le interesaba a Hinata; no, solo había una sección que llamaba su atención: Espadas. Llámalo familiaridad, llámalo instinto, llámalo locura, pero Hinata deseaba probar alguna de esas espadas.

En el fondo de su mente, Hinata gritaba que era una mala idea, que esto era todo lo contrario a lo que quiere evitar. Su auto tortura junto a su devoción ante la variedad de espadas que estaban presentes hacía que la cabeza de la joven fuera un lio. Nadie de la tienda se había dado cuenta, pero una ansiedad nebulosa y sombría se cernía sobre la Hyuga.

Con vacilación, Hinata probó algunas de las espadas. Irónica y aterradoramente, cuando tocaba la espada esa ansiedad que la carcomía disminuía, dejándola algo más fría, pero agradable en su haber. Algunas eran pesadas, otras eran demasiado livianas, de grandes o pequeños tamaños, de un filo más o menos pulido, de mangos más o menos condecorados; era un tema irrelevante, todas y cada una de las hojas eran en cierto modo entretenidas de ver y estudiar.

— ¡Oh! Veo que te interesan las espadas, has estado dándole un ojo desde hace un rato — Un hombre que estaba entrando en sus 30 se paró al lado de Hinata, sacándola del trance que residía sobre ella, dando una exhalación de sobresalto — ¡Wow! Lo siento, no quise asustarte.

— No te preocupes, yo…emm… H-Hola, soy Hinata Hyuga, ¿Quién eres tú? — Preguntó Hinata educadamente, a pesar de ser atrapada sorprendida.

— Niña educada. Bueno, solo soy el vendedor de esta tienda de armas — Dijo el hombre con casualidad, aunque no dijo su nombre, lo más seguro para mantener la distancia entre cliente y empleado o no le gustaba que supieran su nombre.

— Es así… ¡Kami! ¡Que desorden! D-Déjame arreglar — Alarmándose al ver todas las espadas acumuladas en un solo punto, sin devolver al lugar de exhibición. Tan concentrada estaba en su mente y emociones que Hinata no notó que estaba tirando el resto de las espadas a un lado.

— No te alarmes, veo que te interesan, es natural que las pruebes, aunque si llevas opacando el lugar desde hace un rato — Enfatizando su punto, el vendedor señaló hacia atrás para encontrar algunas personas con expresiones molestas dirigidas a Hinata, incomodando y sintiendo culpable a la Hyuga — No te preocupes por ellos, ayúdame a arreglar todo esto y te mostraré un lugar para probar mejor esas espadas, ¿Te parece?

Con algo de vacilación, Hinata asintió y tanto ella como el vendedor se ayudaron entre sí para volver a poner a todas las espadas en su lugar. Además, Hinata se disculpó con los clientes en fila para observar las hojas; nadie se osaría a pasar cuando una niña de doce años balanceaba una espada con riesgo a cortarse alguna parte. Con algo de mala gana, las personas aceptaron la disculpa y Hinata y el vendedor se fueron a un campo de entrenamiento atrás de la tienda.

— Este es un lugar para practicar las armas que pienses comprar — Declaró el vendedor. Hinata pudo notar que había algunas personas practicando por los alrededores, con énfasis en los gritos de esfuerzo que realizaban para efectuar algún movimiento — Mi esposa se encarga de los asuntos de ventas y eso; yo también la ayudo, pero tengo un rol más de supervisión para que no haya accidentes en la tienda o el campo, ¿Entiendes no? — Preguntó el vendedor, lo que Hinata asintió con la cabeza.

Pasaron por algunos puestos. Sin embargo, Hinata no conocía a ninguna persona que practicaba. Tenía una leve esperanza que cierta chica de pelo café estuviera por el campo perfeccionando su estilo de lucha, pero solo fue una idea fugaz, no tan realista sabiendo las posibilidades.

El vendedor la llevó a un punto en donde varias personas estaban reunidas alrededor. La mayor parte de estos Hinata deducía que eran inexpertos en el área: Varios abrían las piernas demasiado, denotando una falta en la postura mientras otros sujetaban el arma con un movimiento desbalanceado, impropio para el uso de dicha arma.

Le parecía extraño a la Hyuga poder juzgar la habilidad de las personas con solo la mirada, como si fuera un hecho facto cuyas conclusiones eran una realidad absoluta; pero se quedaba en un prejuicio. A Hinata no le gustaba realizar prejuicios en nada, pero en esta ocasión no le hacía sentir incomoda ¿Será la denotación de cierta arrogancia de su parte? ¿Será que sus raíces Hyuga también estaban incultas en ella incluso si era en contra de su voluntad?

Negando con la cabeza dichos pensamientos, continuó con el camino que le marcaban. En una esquina, rezagados entre todos los clientes, se encontraban dos personas practicando con diferentes tipos de espadas tradicionales.

La primera persona Hinata la identificó de inmediato; era el supervisor de la última prueba del examen Chunin, el Jounin enfermizo. Esto hizo retroceder un par de pasos a la Hyuga, algo incomoda y asustada en ver a una persona que también afectó en la prueba y que dejó una terrible impresión. Esta era una de las razones por las que no se juntó con sus compañeros de equipo o academia, le hacía sentir mal las miradas que le fueron brindadas.

La segunda persona era una hermosa mujer de cabello purpura largo con flequillo alrededor de los ojos, cuyas esferas visuales destacaban por tener una iris negro de pupilas marrones.

Sin dudas estaban pasando una especie de salida contigua. Hinata le pareció tierno las risas desvergonzadas y la ayuda exagerada que tenía el Proctor sobre la chica; otra razón más para no entrometerse en su camino.

— ¿Qué ocurre? — Preguntó el vendedor al ver la negación de avanzar de la chica Hyuga.

— E-Es solo, ellos… Parecen estar en una cita, no quiero interrumpirlos — Admitió en total vergüenza, con algo de rubor en pensar en tener una cita con alguien; le resultaba más que tierno, aunque no fuera específicamente el ambiente más romántico.

— ¿Qué? ¿Ellos? No te preocupes, esos tipos siempre son así. Parecen adolescentes con hormonas desatadas, siempre es lo mismo; de hecho, una vez los encontré… — Sin embargo, el hombre enseguida se detuvo recordando que estaba hablando con Hinata.

— ¿Los encontraste? — Preguntó Hinata con ingenuidad, algo interesada por la continuación del comentario creciente del vendedor, que empezaba a sudar gotas de lluvia en su rostro.

— E-Eso no importa, los encontré escabulléndose en mi tienda para probar… Algunas espadas. Como sea, no te preocupes por esos dos, serás un ambiente refrescante para esta zona.

Empujándola sin decoro, Hinata casi tropieza al caer a centímetros frente la chica de pelo purpura. La pareja ya había notado la presencia de la Genin, Hayate impactado al reconocer que clase de Genin se trataba. Debía admitir que ella era la que más le impresiono; si, el hijo del Kazekage fue bestial en muchos aspectos, pero fue otro factor que le tomo algo de intriga sobre la niña.

— ¡Oh, Yugao, Hayate! Les presento a Hinata Hyuga —

— Si, ya la conozco — Respondió Hayate con una cara inexpresiva, sino fuera por las ojeras que le daban un tono pálido enfermizo.

— ¿En serio? — Tanto la chica, ahora identificada como Yugao, como el vendedor preguntaron tontamente, hasta que la de pelo purpura pensó un poco en el nombre — Oh, te refieres a esa Hyuga, la de los exámenes.

— Sí — Confirmó Hayate.

— B-Buenas — Saludó Hinata, dudosa de cómo introducirse a la conversación.

— Así que eres la Genin que tanto me ha comentado Hayate. Creo que sería estúpido preguntar la razón de porque estás aquí — Dijo Yugao, a pesar de que sus palabras no eran hostiles y era un enfoque más curioso, su inexpresividad hacía que la niña solo auguraba cosas malas.

— Vamos Yugao, no asustes a la niña, solo vine a dejarla por esta sección para que entrenara junto a ustedes — Declaró el vendedor de la tienda, impactando en la pareja, aunque Hayate tenía algo más de entendimiento del porqué, Yugao era supersticiosa con todo esto.

— Nunca traes personas a nuestra sección.

— Llámalo… presentimiento — Dijo el hombre, sin darle demasiada importancia a la acción, aunque tanto Hayate como Yugao lo entendían. Ambos eran, posiblemente, los mejores espadachines de la aldea. Que una Genin recién graduada estuviera entre ellos era algo discordante.

El vendedor dividía a las personas por orden de habilidad, presentando armas más lujosas y atractivas a la vista para las primeras secciones del campo de entrenamiento y las más filosas y letales en las secciones más profundas, que ella lo notara de inmediato dejaba entrever algo interesante.

— Bueno, ver para creer. Hinata, podrías dar una demostración — Pidió Yugao, aunque Hinata estaba confundida con todo lo que ocurría a su haber. En cierto modo, vino únicamente a visualizar armas y terminó con una Shinobi pidiéndole una demostración ¡Con una arma que nunca había utilizado!

Bueno, no era del todo verdad, pero tampoco una completa mentira.

Con un creciente nerviosismo y mirada de súplica aclamando su incomodidad, Hinata se dirigió a las espadas que estaban en la zona. He de decir que le resultaron bastante bonitas, aunque se notaba el filo de la hoja a kilómetros de distancia.

Eligiendo una espada algo pequeña, una Wakizashi, tomo una postura. No conocía ninguna técnica, no estudio ninguna postura, pero, como la critica que le brindó a las personas, esto era más por instinto.

Calmando sus crecientes nervios y dejando volar su cuerpo, su danza empezó.

Los primeros pasos solo fueron solo un calentamiento. Hinata balanceaba la espada de un lado a otro, acostumbrándose a su ligereza. En cierto modo, una Wakizashi solo era un poco más largo que un cuchillo común, por lo que era más efectivo en un combate de poca distancia. Sin embargo, eso no significaba que podía usarse de la misma manera que una navaja o un kunai; era una espada por derecho propio.

Sin embargo, a pesar de comprender la funcionalidad de la hoja, tanto Hinata como los tres individuos que veían la actuación sabían una cosa: esos movimientos no eran de una Wakizashi, eran de una Katana.

— Ten — Antes que pudiera continuar, Yugao le mostró en la cara una espada enfundada; ambas se miraron con cierta complicidad. Sin perder el tiempo, Hinata la enganchó en el costado de su ropa con un enganche de entrenamiento que le presto el vendedor, a mano contraria de su dominante.

Sin perder el ritmo que llevaba, la misma danza que la Hyuga realizaba con la Wakizashi fue traducida por la Katana que ahora portaba. La gracia y la delicadeza de sus movimientos solo llamaron la atención de las personas, empezando a comprender el verdadero potencial de la habilidad de la niña.

Hinata no pensaba mientras efectuaba la acción, dejándose llevar por cada movimiento. Nada de conocimiento, todo instinto y era suficiente para dejarla tranquila, divertida en lo que realizaba, como si fuera un verdadero calmante ante todo nervio por el cual paso en los últimos días: Su madre, su familia, los exámenes, su primo; todo, excepto algo: Sus demonios.

En cierta medida, cuando portaba la espada sentía la presencia, esos ojos felinos verdes observándola crípticamente, juzgando cualquiera de sus movimientos. Aun con esa consciencia, Hinata no se sentía intimidada ni por la mirada ni por las acciones del demonio; seguía pareciéndole una actividad relajante incluso con ese inconveniente.

¿Estaba divirtiéndose? Si, pero ¿Eso era algo bueno, era algo malo? ¿Disfrutar danzar con la espada marcaba un cruce entre sus pensamientos? No, tampoco. En cierto modo, dar a hincapié ese pensamiento solo generaba un conflicto infantil, una negligencia a las posibilidades.

Hinata podía comprender que la espada, aunque diseñada para lastimar y matar, no se le tiene que brindar ese uso. Puede ser un arte, puede ser una expresión de liberación, tal cual la pintura de un lienzo en medio de una construcción. El concepto que las batallas Shinobi eran bailes entre dos oponentes empezaba a cobrar sentido; solo los maestros del arte comprendían tan bien su elemento que era algo natural la efectuación de los Jutsus, de sus herramientas y de su estilo de lucha.

Era tan refrescante, hermoso; pero tan aterrador al mismo tiempo.

Parando abruptamente la kata inventada, Hinata miró a profundidad la espada, como si ocultara en el profundo de la hoja un ser que esperaba devorarla en todo sentido; ganarse su confianza en concepciones de belleza para marcarla en un cimiento de locura y crueldad. O peor, transformando la crueldad en belleza.

— No es la espada — Como si leyera los pensamientos de la chica, Yugao se acercó a Hinata; aunque no girara, Yugao sabía que Hinata le prestaba atención — Llegaste a la misma conclusión que yo hace muchos años. Tienes razón, mover la espada puede ser realmente hermoso, pero no debemos olvidar su propósito. Un arma que no sea hecha con el objetivo de herir no se puede considerar un arma, algo inaceptable.

— No me gusta pensar de esa forma — Admitió Hinata, aun con la mirada fija en la hoja — Es con esta misma espada que herí a alguien importante para mí.

— Puedes temerle a la espada, pero nunca le llegaras a temer por completo, no del todo. Temes a las posibilidades — Moviendo con gentileza la cabeza de la chica, Yugao atrajo a Hinata para que la viera a los ojos, ambas mirándose como si tuvieran una conversación interna — Puedo decirlo con solo verte, eres de las personas que harían lo imposible para proteger a los que aman, a los que juraron proteger; esa es tu voluntad, y es una hermosa. Esa espada solo es un amplio repertorio de posibilidades: Nacieron para dañar, pero siempre buscamos darle un propósito a ese daño.

— ¿Cuál sería ese propósito? ¿Cuándo es el momento en que un arma debe herir a los demás? — Preguntó Hinata, con un aire de desespero en su interior, esperando que la mujer de pelo purpura le diera una respuesta a una de las dudas que tanto la carcomía en los últimos días.

— El momento solo lo puedes determinar tú, pero supongo que puedes seguir con el camino de la voluntad de fuego: Proteger a los que te importan con tu poder, proteger a los que amas con tu talento — Declaró Yugao, dando una chispa de realización a la heredera Hyuga. Era tan simple, algo inculcado en la profundidad de su alma: el anhelo de ser lo suficientemente fuerte para probar a todos que pueden contar con ella en una pelea. Se sintió como una estúpida al no pensarlo a profundidad.

Sin embargo, eso no dejaba el hecho que el miedo era latente. Tal vez el propósito pueda ser diferente al que una persona pueda afirmar en primera instancia, pero seguía siendo un arma, algo para herir. El proteger a los demás solo era una excusa para lastimar a sus enemigos, personas que no necesariamente están en una completa voluntad hacer lo que hacen.

Otro factor del porque odia tanto la lucha.

— Además, debo decir que nunca he visto a alguien mover la espada como tú lo haces, realmente fue un baile sublime el que hiciste hace un momento — Cambiando de tema, la chica de pelo purpura alabó a Hinata, que la hizo sonrojarse un poco ante el comentario, pero seguía siendo imperturbable en cuanto a su mente.

Pero Yugao no mentía. Decir que había una persona que tuviera ese nivel de dominio de la Katana a su edad eran pocas, casi nulas en Konoha. Tal vez Hayate en sus días de academia o Shisui con su Tanto, pero no era lo mismo. Es como si la chica llevara en su ser el usar una espada, que en las entrañas de su alma su pasión fuera el balancear la hoja. Ya sea en un espectáculo, o en la guerra.

*Cof* *Cof* He, eso solo es una demostración de lo que puede hacer — Interviniendo en la conversación, el novio de Yugao se acercó a la de pelo morado, mirando a la niña que seguía excavando en sus recuerdos — Realmente fue una bestia, espero ver más de esas habilidades en la prueba final.

— Sin dudas si todas sus habilidades son como la espada, será una Chunin antes de que uno lo piense — Añadió su ultimo grano de arena Yugao, antes de salir del lugar para dejar a la chica sola, agradeciendo al vendedor por prestar sus armas una vez más (Aunque en casa no sobraba la variedad de armas que tenían a disposición, el lugar se volvió algo especial para la pareja).

— Regresare tarde en la noche — Reveló Hayate a su novia, tomándola por sorpresa.

— ¿Una misión del Hokage?

— Si — Dijo con contundencia. Cuando Hayate se ponía de esa manera solo remarca la seriedad del asunto. Parando a su novio en seco, Yugao le dio una mirada que solo podía ser saciada con una explicación completa.

— Ha habido movimientos particulares a lo largo de la arena, principalmente desde los comienzos de los exámenes Chunin. El Hokage me pidió dar una ronda en busca de información relevante en caso de que sea una falsa alarma… o algo mucho peor de lo que imaginamos — Reveló Hayate.

— Una misión de espionaje y rastreo — Hablo Yugao, más para sí misma que para su novio — *Haa* Supongo que tendré que comer por afuera, suponiendo que me sacaste porque te tengas que ir ya —

— Así es, intentaré regresar antes de la doce — Sin perder más el tiempo, la figura de Hayate fue reemplazada por un aluvión de hojas, algunas cayendo por la misma Yugao. No le molestaba que fuera repentino, no se necesitaban recordar la urgencia de este tipo de misiones. La chica ANBU solo esperó que Hayate prometiera estar en casa antes de las doce.

XXX

Hola, me presento, soy el creador de este fic, un tipo demasiado vago para continuar sus historias. Posiblemente pensaste que esta sería otra historia abandonada… bueno, no estuvo lejos de la realidad.

¡PERO IGNOREMOS ESO! Por lo menos ya publiqué algo. Solo diré que no abandonaré esta historia, pero las actualizaciones si podrán ser inconsistentes o algo más corta que las cinco mil palabras habituales para hacerlo más constante.

En fin, espero que alguna persona esté leyendo esto… sin más, hasta la próxima.