COSMOS CONGELADO
Capítulo 18
Elsa ha corrido no sabe cuánto tiempo hacia la densidad del bosque, presa de un terror que le oprime el pecho. Gale corre a su lado, silbando desesperadamente para tratar de calmarla, sin resultado evidente, pero deseoso de por lo menos acompañarla y no permitir que se sienta sola, aunque pareciera que la joven no es capaz de percibir su presencia, ni siquiera de discernir el camino que recorre. Tal es el grado de agitación de la albina. Finalmente, agotada, cae de rodillas a los pies de un árbol, mientras voltea a ver el camino por donde venía, deseando con todo su corazón no encontrarse con el agresivo caballero. Respirando agitadamente, se obliga a inhalar con profundidad para tratar de calmarse, mientras en su mente reproduce la vivencia reciente. Realmente no fue agresivo con ella, verdaderamente no mostró que quisiera lastimarla, al menos no como tal, pero… pero sus palabras, y la mirada azul que la atravesaba con tanto ardor, la llenaron de un asco y temor que no puede describir. Con esas ominosas palabras que revelaban sus verdaderas intenciones, fue como si, dentro de sus ojos azules, ella pudiera ver lo que él sería capaz de hacer si tuviera la oportunidad. Y la idea la llenó de terror.
Sus hombros temblando, y la mirada aún asustada, es la forma en que Bruni la encuentra. La pequeña salamandra se acerca a ella, dubitativo, sus preciosos ojos fijos en los hermosos azules de la albina, y se sube a su hombro con rápidos movimientos, utilizando el delicado brazo para escalar, para luego plantarle un beso lengüeteado en la húmeda mejilla, haciendo sonreír a la albina.
"Oh… Bruni… no te preocupes por mí, no me pasó nada. Me tomó por sorpresa, es todo… pero te aseguro que ya estoy bien, no volverá a suceder." Bruni inclina la cabeza hacia un lado, una mirada interrogante en sus enormes ojos, y a pesar de aún sentir su corazón corriendo desbocado, ella le sonríe.
"¿No me crees? Te aseguro que estoy más tranquila, no debería haberme comportado así, fue sólo una exageración de mi parte." La respuesta de Gale no se hace esperar, pues un viento fuerte alrededor de su torso agita sus ropas y su cabello platinado, como si molesto por sus tontas justificaciones, como si exigiéndole acepte la verdad. Esta vez Elsa ríe por lo bajo.
"Está bien, tienen razón los dos. Es cierto que me asustó, y es cierto que él no debería haberse comportado así. Pero si consideramos los hechos crudos, a lo mejor estoy viendo más allá de lo evidente y él sólo no sabe como expresarse."
En respuesta a sus palabras, Bruni saca su larga lengua y emite sonidos chillones, mostrando su desagrado ante la justificación de una agresión tal, pero Elsa se niega a interpretarlo como un reproche y ríe abiertamente ante sus ademanes; en respuesta, como si resignado, la pequeña salamandra le sonríe ampliamente, sintiéndose feliz de por lo menos haber podido contribuir a mejorar su estado de ánimo. Elsa le extiende la mano para que pueda subir a su palma, y poder verlo mejor.
"Eres un gran amigo, Bruni, y tú también, Gale, no se que haría sin mis dos mejores guardianes." Evidentemente complacido con sus palabras, Bruni saca el pecho lleno de orgullo, y Gale revolotea alrededor de los dos, igualmente orgulloso.
"¿Elsa?"
La joven se sobresalta un poco al escuchar la voz detrás de ella, y exhala profundamente, una mano sobre su seno, pero se relaja de inmediato al encontrar la figura de su amado aparecer detrás de los árboles, mientras Bruni brinca de su mano de regreso hacia el hombro, poniéndose en guardia al ser tomado por sorpresa.
"¡Degel!"
Ante la vista del caballero, sin mayores preámbulos ella se arroja sobre él y este la recibe en un amoroso abrazo que dura tan solo unos momentos, y a la vez, una eternidad. Aprovechando el movimiento de ella, Bruni brinca hacia el hombro del joven, recibiendo al peliverde esta vez con algarabía, como si entendiera que su presencia seguramente calmará a su compañera y ama. Bruni se restriega sobre la piel del hombre, agradecido y tratando de llamar su atención, pero este se encuentra tan fundido en el abrazo, que no le hace realmente mucho caso, así que, sintiéndose satisfecho de que su labor de protector ha concluido, la pequeña salamandra da un salto, y es recibida en una corriente de aire que lo eleva sobre el suelo, para después llevarlo hasta la rama más cercana, desde donde los dos amigos contemplan la cálida escena.
Presa de un desasosiego que no puede explicar, Elsa se libera parcialmente del abrazo para atrapar con sus labios los de su amado y fundirse con él en un beso cargado de necesidad. Degel, por supuesto, no opone resistencia, respondiéndole con fervor y, casi de inmediato, sus caricias se encienden al grado de que Bruni se inclina de su rama, tratando de acercarse más, interesado de sobremanera en la actividad que están teniendo los jóvenes, pero Gale no lo puede permitir, así que, protegiendo la intimidad del Quinto Elemento, gira en torno a la traviesa salamandra y lo eleva suavemente, mostrando su protesta. Bruni le lanza un lengüetazo de fuego y vuelve a inclinarse, los ojos abiertos de par en par, tratando de ver la intensa e interesante actividad de los enamorados, pero Gale tampoco se da por vencido y vuelve a girar alrededor, sus hojas bloqueando intencionadamente la vista. Exasperado, Bruni gruñe, mirando enojado las hojas bailarinas de su compañero, pero este, sin inmutarse, gira de nuevo en torno a su cuerpo, para alejarlo aún más, ambos desapareciendo de la vista de los dos jóvenes, para decepción del espíritu de fuego, quien observa con ojos llenos de tristeza, cómo se pierde en el bosque la silueta de los jóvenes amantes.
Sintiendo el corazón desbocado, ignorante de los espectadores que tenían, Degel percibe vagamente un cosquilleo en la punta de los dedos al momento en que, bajo el poder de su cosmos, se evapora mágicamente la tela del vestido de la joven, y es ese cosquilleo lo que lo devuelve parcialmente a la aciaga realidad que le impide cumplir su deseo. Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, obliga a sus manos a tomar a Elsa de ambos hombros para, dolorosamente, desprenderse de ella, sabedor de cuán peligroso es que se fundan en el deseo en esos momentos, y busca desesperadamente la mirada de la albina, que ante tan inesperado movimiento, logra también despertar del trance en el que había caído con los apasionados besos.
"No estoy diciendo que no me gustó tan delicioso recibimiento, pero aún así me sorprendiste." El hombre sonríe divertido, su rostro aún sonrojado, pero su sonrisa desaparece de inmediato al ver la mirada turbada de la mujer. "¿Qué ocurre, amor mío?" le pregunta Degel, mientras con una mano le retira el cabello que ha cubierto los ojos en el momento en que ella agacha la cabeza.
Elsa se mueve de nuevo, tratando de evitar la mirada color esmeralda, fingiendo que está atenta al movimiento de su muñeca para rehacer el desvanecido vestido, pero para el hombre que la ama con tanto fervor, es más que evidente que dicha acción se trata sólo de un truco para rehuir del escrutinio, así que, con dos dedos sobre la delicada barbilla, suavemente el hombre la obliga a levantar la vista hacia él.
"¿Qué te has encontrado que te tiene tan agitada, amor mío? ¿Has visto un espectro?"
En contra de su voluntad, pero sin poder negarle nada a este hombre que la tiene embelesada, finalmente los ojos de Elsa se fijan en los verdes del caballero.
"¡Oh, Degel! Un espectro no ha sido, es…"
"¡Ah! Me alegro que estén aquí." Deuteros llega en ese momento, interrumpiendo a la joven y provocando que ésta brinque. "Los había buscado en el campamento y me preocupé por ustedes dos. ¿Todo bien, Elsa?"
Mientras camina para acercarse, el caballero fija su penetrante mirada sobre la joven, acompañada de una mueca sobre la boca que pareciera ser una sonrisa torcida, el cual, sumado a un especial brillo en sus ojos, le hace saber a ella que el intruso los estuvo observando mientras se besaban, violando la intimidad de ambos. Instintivamente ella pega más su cuerpo al de su amado.
"Olvidaste esto en el río. Pensé que lo necesitarías." Deteniéndose a un par de pasos de ellos, Deuteros extiende la mano y le ofrece las vendas empapadas que había dejado abandonadas a orillas del río. Pero ella se niega a responder, y tampoco toma las cintas ofrecidas, en su lugar, sus ojos permanecen fijos en los profundos del hombre. Degel, al verla en tal estado, toma las vendas de las manos de su compañero.
"Gracias, Deuteros. Realmente son muy importantes para nosotros. Gracias por regresarlas."
"Con gusto, compañero." Deuteros sonríe parcialmente, y suelta un puñetazo al hombro de Degel, como si jugando, pero con una puntería tal que da directamente en la herida del joven, doblándolo de dolor. "Oh, lo siento. Olvidé que estabas lesionado." Su sonrisa se amplía al ver el gesto de tortura de su compañero, mientras su mirada regresa con Elsa, y la joven, con los ojos muy abiertos, recibe el mensaje explícito.
Es mejor que no digas nada. Estás a mi merced: Degel evidentemente no está en condiciones de protegerte.
Elsa lo mira con horror: ese, que se dice Santo de Atena, no tiene reparos en lastimar a uno de sus compañeros con tal de dejar un mensaje. Sin embargo, tiene que admitir que el hombre tiene razón, pues es más que evidente que Degel no podrá protegerla. Afortunadamente, antes de que la angustia la abrume, un pensamiento intruso surca su mente, al recordarse a sí misma quién es ella, cuál es su origen, de dónde viene su sangre. Con su autoestima y fuerza de voluntad renovadas por un sencillo, pero poderoso pensamiento, Elsa no se deja amedrentar: levantando la barbilla y endureciendo la mirada, el Quinto Elemento se yergue orgullosa para confrontar a ese hombre que la amenaza.
Mensaje recibido. No te tengo miedo.
Ante la altivez inesperada de la albina, el peliazul palidece por un momento y después sonríe, retador, para acto seguido desviar la mirada hacia el herido.
"¿Estás bien, compañero?"
Tomándose el hombro con la mano sana, Degel se yergue lentamente. "S-sí, no te preocupes. Sólo deja de hacer eso y estaré bien."
"Con gusto. Tendré más cuidado la siguiente vez. Daré una vuelta en el perímetro mientras ambos se preparan para partir. Aprovecha estos momentos para recuperarte un poco."
Sosteniéndose de Elsa, Degel asiente dolorosamente y Deuteros se aleja, su mirada fija de nuevo en ella, con una desagradable y asquerosa sonrisa sobre el rostro, sintiéndose ya vencedor de su contienda; sin embargo, para su enojo, la joven le regresa la mirada endurecida.
Fue una reina, y ahora es la protectora del bosque. Ningún hombre la va a amedrentar.
Una vez que el caballero desaparece de su vista, su atención regresa a su amado, buscando que se encuentre bien; para su sorpresa, este se yergue lenta y dolorosamente para poder abrazarla con fuerza y poder hablarle al oído.
"Deuteros te ha espantado, ¿verdad? Lo siento mucho, Elsa, pero no debes preocuparte, es un buen hombre, solo que con muy malas habilidades sociales. Es mi amigo, así que no te hará nada, puedes sentirte segura con él al lado."
Elsa tiene la certeza de lo contrario, pero decide no contradecir a su amado. Como Degel ha dicho, es su amigo, después de todo, y muy seguramente su opinión está sesgada por la relación que tienen, y de lo que el caballero podría llegar a aprovecharse.
"Sí, quizás estés en lo cierto. Se ve que es muy poderoso, él nos protegerá a los dos." Elsa se obliga a decirlo, mientras reza por no equivocarse.
El joven la suelta y le toma de la mano, besándole tiernamente los nudillos, sin embargo, lo lento del movimiento le hace entender el dolor que le produce una acción tan simple como ésa.
"No puedes seguir el viaje en ese estado, Degel. Necesitamos descansar, por favor, necesito que entiendas..."
"No es posible." Le espeta él. "Tenemos que partir de inmediato, quedarnos aquí es peligroso, por no mencionar que tu hermana y Arendelle nos esperan, no podemos retrasarlo más." Elsa suspira ante su lógica, buscando la manera de convencerlo. Pero sobretodo, esperando no tener que crear una criatura para ayudar a Deuteros: su animadversión hacia él podría terminar en la creación de un monstruo que lo ataque.
No es que le disguste la idea.
Ajeno a sus pensamientos, los ojos del joven buscan su mirada. "Por cierto, me gustaría pedirte que me permitieras que Deuteros monte en Pólux, para que no tengas que crear algún otro corcel para él. Si no tienes inconveniente, podemos montar tú y yo en Nokk."
Elsa abre los ojos como platos, primero sorprendida de pensar que le estuviera leyendo el pensamiento, y después realmente agradecida de que fuera él quien sugiriera tal empresa: no sólo no tendrá que crear un ser que seguramente atacaría al caballero en vez de dejarle montar, sino que, además, estaría en todo momento con Degel, así limitando las oportunidades que Deuteros tuviera para acercarse a ella. Sintiéndose un poco más alegre, le sonríe pícara.
"Si esta es una propuesta indecorosa, caballero de Atena, debería de rechazarla de forma inmediata." Degel abre la boca para protestar, pero con un dedo sobre los labios, ella lo silencia de inmediato, su sonrisa ampliándose. "Pero tu lógica es impecable, así que, sólo por este momento, te permitiré tal atrevimiento. Ya me cobraré después."
Degel puede leer la picardía en su mirada, y hace un eco de su sonrisa.
"Sí, será todo un sacrificio para ambos." Para dar por zanjado el asunto, el joven la besa suavemente en los labios, borrando de forma instantánea, al menos por ese momento, la angustia que la albina sintió hace apenas unos minutos.
ooooooooOOOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
Era de esperarse que Deuteros protestara al tener que montar un caballo mágico, uno que pensara era producido por un arte maligno, pero para sorpresa de Degel, (y coraje de Elsa), en el momento en que el hombre se entera de que es creación de la albina, se sonríe maliciosamente y acepta de inmediato el préstamo, esta vez lanzándole, a espaldas de Degel, una verdadera mirada lasciva que enfurece a la mujer, quien se arrepiente de no haberse ofrecido para crear otro caballo, y en su lugar entregarle un gigante que al menos logre aplastarlo. Pero no todo estuvo perdido, pues por lo menos tuvo el placer de presenciar como Pólux lo tiró dos veces de forma bastante hilarante, antes de que el peliazul lograra dominarlo.
Los tres ya en camino, cabalgando a la velocidad de Nokk y de Pólux, en un par de horas el trío de jinetes atraviesa el Bosque Encantado, ahora encontrándose de pie a orillas del Mar Oscuro, cuyo oleaje, en tan bello amanecer, se presenta turbulento, y Elsa no puede evitar pensar en que se ha convertido en el perfecto reflejo de su corazón en esos momentos. Por unos instantes, los tres contemplan el horizonte, perdidos en la poderosa inmensidad del mar, hasta que es Deuteros quien rompe el silencio.
"Sé que los caballeros dorados somos enormemente poderosos, pero dime, ¿cómo haremos para atravesar todo un mar?"
Antes de que Degel pueda responder, es Elsa quien le contesta.
"Lamento decir que las visitas no están autorizadas. Desafortunadamente, Atohallan no puede ser visitado por nadie más que por mí."
Deuteros frunce el entrecejo ante la noticia. "Irás tú sola?"
"Pensé que mi trabajo era ir contigo." También le espeta Degel, un poco preocupado.
"Y lo harás, pero no sé cómo reaccionará Atohallan ante la presencia de un extraño, y mucho menos dos. Yo puedo protegerte, Degel, pero no creo poder proteger a dos intrusos."
Deuteros se enfurece ante la insinuación de la joven. "¡Yo no necesito protección, y menos proveniente de una mujer! ¡Me basto y sobro yo solo para lo que se me presente!"
Pero Elsa no se amilana y le levanta la voz también. "¡Y aparte de la estupidez de pensar que, si destruyes todo a tu paso lograrás algo bueno, me imagino que no te importa que Atohallan no quiera mostrarnos sus secretos y sus conocimientos si llegara ante sus faldas un idiota con músculos que amenaza su magia interior!"
No es de extrañar que el hombre se sienta ofendido, y le lanza una mirada acorde a la mujer, pero el hecho de que lo hayan acusado de comprometer la misión es un golpe certero de la albina, ya conocedora de la gran relevancia de completarla para los Santos de Atena, así que, enfurecido y desnudado de argumentos, Deuteros cruza los antebrazos sobre el pecho, aún retador.
"Aún así no estoy de acuerdo con que se adentren a un sitio mágico y probablemente peligroso sólo ustedes dos. Fui encomendado con la misión de protegerlos, no estoy dispuesto a permitirles dejarme atrás."
"No tienes opción, Santo de Atena." Elsa le responde cortante. "O te quedas aquí, y nosotros vamos, o se suspende la misión y regresamos a defender Arendelle."
Antes que Deuteros pueda contestar como desea, Degel interviene, lanzándole al caballero una mirada de advertencia. "Está bien, Elsa, mi compañero entiende que debe resguardar la orilla, mientras nosotros nos adentramos en tu isla."
Furibundo por la idea de ser dejado atrás, Deuteros está a punto de contestar, pero algo en la mirada de Degel lo hace detenerse, y bufando, baja los brazos y se deja caer sobre la mullida arena, cruzando las piernas delante de él en posición de loto, mientras cierra los ojos, palmas sobre las rodillas, como si estuviera meditando. Degel suspira, agradecido de que el hombre hubiera cedido y ya no provocara más altercados entre ellos dos. No entiende el por qué tanta animosidad entre ambos, sobretodo porque apenas se acaban de conocer, pero sus diferencias definitivamente no están ayudando.
Ya pensaré en algo.
Degel voltea a ver a la joven, para suspirar y negar en silencio con la cabeza, al ver una enorme sonrisa de placer iluminando su bello rostro, mientras sus ojos se posan en la figura enfurruñada de su compañero. Parece que será un largo viaje con estos dos. Sin dar pie a nada más, el joven caballero la toma de la mano, y con una mirada como única comunicación, Elsa y Degel montan de nuevo en Nokk, para después galopar por encima de las olas, las cuales se vencen y apaciguan por debajo de sus cascos, como sirvientes obedientes al paso de su amo. Los primeros minutos los pasan en silencio, la primera vez en que se forma un ambiente pesado entre ellos, y Elsa comprende el probable origen.
"¿Degel?"
"¿Mmh?"
"Estás bien?"
"Sí, no tienes de que preocuparte."
Pero ella sí se siente preocupada, y sobretodo, culpable. Así que decide mostrar un poco de humildad, volteando parcialmente hacia atrás, buscando los ojos verdes que la traen vuelta loca.
"Siento mucho lo que pasó hace rato. Sé que él es tu amigo…" pero el joven la interrumpe.
"Elsa, no interesa qué tan importante o que tan querido sea él para mí. En estos momentos tú eres más importante para la misión, pero sobretodo, para mi vida. Nunca pienses que lo preferiré a él por encima de ti."
"No quise decir eso."
"Bueno, siendo así, ¿hay algo que quieras decirme?"
Elsa está a punto de contarle todo, desde la extraña sensación de desasosiego que el hombre le produce, hasta las perturbadoras palabras que le dijera. Pero por alguna razón, se detiene.
"No. Todo está bien. Pero gracias por tus palabras."
Complacido, Degel le besa la mejilla, y la abraza con fuerza desde atrás, disfrutando el viaje y su cercanía, mientras Elsa se siente mal consigo misma por no haber dicho la verdad. ¿Fue acaso cobardía? La albina no se siente como tal, pues no tendría realmente problema en que se entere Degel del motivo de su altercado, ¡debería saber el tipo de patán que tiene como amigo! ¿Puede decir que, por valentía entonces, porque quiere ser ella quien lo solucione? Difícil de decir que no a eso… pero…
La joven bufa, exasperada por sus confusos pensamientos, y mejor se concentra en guiar a Nokk, mientras las olas se apaciguan a su paso.
Después de unos momentos, olvidando ya el pequeño altercado que tuvieran sus compañeros de viaje, el Santo de Atena observa impresionado la forma en que el mar pareciera rendir pleitesía a Elsa y su magnífico corcel cristalizado, y mientras el sol naciente comienza a entibiar su rostro, Degel sonríe al sentir la suavidad con la que Nokk galopa, casi como si estuviera flotando, como si se estuvieran adentrando en un sueño, y por un momento Degel regresa a su infancia, a cuando navegaba sobre pequeñas balsas junto con sus mejores amigos, sobre los intrépidos mares de Bluegard, los tres aún siendo niños. Casi puede verse a sí mismo sobre la lancha, tendido completamente, sus ojos fijos en el cielo azul profundo, mientras escucha las risas cristalinas de Serafina y su hermano Unity, sintiendo cómo la pequeña embarcación se mece con las suaves olas de un mar apacible, cuando de pronto, una sacudida lo saca de su ensoñación.
"Degel!"
El hombre abre los ojos pesadamente, para encontrarse tendido sobre frío hielo que le cala hasta los huesos, con tímidas olas del Mar Oscuro besando sus pies. Han llegado al otro lado de la orilla, sin que el hombre se haya dado cuenta, sin que pueda recordar la travesía, pero Degel se siente tan débil, que no puede alegrarse ni asustarse aún. Elsa está inclinada sobre él, su rostro reflejando angustia, mientras una delicada mano le acaricia la mejilla, y otra se posa sobre el varonil pecho, apretándolo, los suaves dedos vertiendo poder sobre su maltrecho cuerpo. El joven voltea al lado, viendo la caja de su armadura cerca de ellos, y suspira, sólo parcialmente tranquilizado.
"¿E… Elsa… pero q-qué…?" Desorientado, Degel trata de incorporarse. Por un momento Nokk se interpone en su visión, acariciando la mejilla de Elsa, como si diciéndole que ya no tiene que preocuparse.
"Estás bien?"
Degel aún está desorientado, débil, pero hace acopio de fuerzas para sonreírle, tratando lo más posible de calmarla, a la vez haciendo un esfuerzo para que el pánico no se apodere también de él.
"No te preocupes, amor mío, me siento bien, creo que me quedé dormido." Tratando de restarle importancia al asunto, y con ayuda de la albina, logra sentarse, el movimiento provocando la sensación de que el mundo gira a su alrededor; para su fortuna, Elsa se hinca y lo abraza fuertemente, evitando que caiga de nuevo.
"¡Oh, Degel! ¡Por favor no vuelvas a espantarme así!"
"Si me explicas lo que pasó, prometo no hacerlo."
Ella se separa un poco de él para verlo a la cara, aún más asustada. "¿No recuerdas?"
"No del todo, sólo recuerdo cerrar los ojos de cansancio, y al abrirlos estoy tendido sobre el hielo, con una diosa encima de mí. No es que me queje…" A pesar de su intento de relajar el momento, Elsa lo vuelve a apretar aún más contra su pecho, sin que parezca tener intención de soltarlo jamás. "De verdad te aseguro que estoy bien. Aún no entiendo que pasó, pero…"
"Te desmayaste…" A pesar de que se esperaba algo así, la respuesta aún lo hace abrir mucho los ojos. "Sólo sentí que perdía el calor de tu cuerpo, y cuando volteé a ver lo que ocurría, casi te habías caído, Nokk relinchó y corcoveó para recolocarte. Tuve que emplear mi magia para que no cayeras del todo, pero no respondías a mi llamado; hasta que llegamos aquí, fue que abriste finalmente los ojos. ¡Me estaba muriendo de miedo!"
El joven siente como la beldad bajo sus brazos se estremece, los hombros zozobrantes, y sabe que se encuentra sollozando. Degel la aprieta más contra sí, mientras cierra los ojos.
"Lo siento mucho, Elsa. Nunca fue mi intención…"
Las palabras finalmente hacen que ella rompa el abrazo, para verlo a los ojos, y la vista de sus ojos azules hinchados del llanto lo llena de dolor.
"¿Es que no entiendes? ¡La culpa es mía! ¡Jamás debí haberte traído conmigo! ¡Jamás debiste haber hecho este viaje!"
Los ojos verdes se llenan de tristeza al ver a la beldad tan llena de angustia, y más porque él es la causa. ¡Pero están tan cerca! Armándose de determinación, Degel decide cortar el momento y obligar a ambos a seguir adelante.
"Demasiado tarde para arrepentirte, amor mío, además, no podías hacerlo sin mí. Soy yo el de los conocimientos, es mi responsabilidad, no la tuya. Dicho esto, sigamos, dejemos de sentirnos angustiados y mejor continuemos el camino." Lo último lo dice separándose de la albina, ambas manos en los hombros para que pueda sentir la determinación en su voz, una que ella no siente.
"Pero…"
"Mientras más pronto terminemos, más pronto regresaremos al castillo, donde te prometo que te permitiré mimarme todo lo que quieras, pero ya en la seguridad del hogar de tu hermana. Así que mejor pongamos manos a la obra."
Elsa quiere protestar, obligarlo a quedarse donde está mientras ella sola termina la misión, pero sabe que él tiene toda la razón, lo necesita para entender los secretos que Atohallan les revelará. Así que hace de tripas corazón y lo ayuda a incorporarse completamente, no sin antes sentir como se le estruja el pecho al notar la tremenda debilidad en la que se encuentra el Santo Dorado. Para su sorpresa, Nokk también colabora, pasando su hocico por debajo del otro brazo del hombre, tratando de ayudarlo.
"Pensé que te caía mal, Nokk." Degel sonríe, divertido, mientras el Espíritu resopla, como si estuviera molesto por el comentario, y, aunque dolorosamente, el joven ríe por lo bajo ante su actitud tan humana, arrancando una cálida sonrisa de la albina. A pesar del dolor y la debilidad, cuando el caballero finalmente levanta la mirada para ver su camino, observa con tremendo asombro y embeleso el paisaje que se le presenta.
"Así que esto es… Atohallan… claro, ¡un Iceberg!"
E igualmente, a pesar de su situación, Elsa se siente orgullosa de presentarle al hombre amado su más grande orgullo.
"Dicen que el agua tiene memoria. Qué mejor que un iceberg para guardar la memoria milenaria."
Degel tiene la cara de un niño en una dulcería, algo que enternece a la albina, y, con ayuda de esta, los dos se adentran en las profundidades, liberando la cabeza del Nokk, quien los ve alejarse con una mirada enigmática, para luego desaparecer en un charco que corre rápido a unirse con el mar.
Iluminados por una luz azulada que proviene de las paredes de hielo, Degel camina lastimeramente, ya arrastrando los pies, pero su mirada y su cabeza siguen llenándose de la arquitectura del lugar, su pecho henchido de una paz que no puede explicar, como si al entrar en el témpano, sintiera que finalmente ha llegado a casa. Pero el peso del alto hombre es mucho, y Elsa ya no puede más con la carga del fornido varón más la pesada armadura que cuelga tras su espalda, así que fabrica para los dos una canoa como la que creara para su hermana en su última aventura, forjando también un río helado que los transporta hasta el congelado centro de Atohallan, y Degel siente que la cabeza le va a explotar con tanta maravilla, al ver los techos altos, las columnas con intrincadas figuras, todas creadas de un fino y perfecto hielo.
"Elsa… esto es demasiado… tanta magia, tanta grandeza…"
Sin embargo, el hombre no termina la frase, ya que una repentina ráfaga de viento, mezclado con copos de nieve, lo envuelve completamente, separándolo de Elsa y sujetándolo, impidiéndole cualquier movimiento. Por un momento ambos se espantan, pero es Degel el primero en reconocer el poder.
"Polvo de diamantes…" y puede sentirlo, sentir como esta energía corre por sus venas, divino y mortal a la vez, y entiende que no es el poder que blanden los Santos de Atena, sino algo primigenio, como si fuera el origen, la fuente de su propio cosmos.
"¡Degel!" la mujer se levanta cuando el hombre es envuelto en el torbellino, y alza ambas palmas para liberarlo, pero Degel la detiene con un gesto, mientras siente como el hielo se mete en sus venas.
"No te preocupes, Elsa. Este es el deseo de Atohallan…"
Mientras habla, Elsa ve con horror como la piel del hombre se empieza a tornar pálida, casi tanto como la nieve, la escarcha empezando a crear formas de copos de nieve sobre su ropa, y terribles recuerdos asaltan su mente: su hermana paulatinamente convertida en una estatua de hielo, y a ella misma, después de descubrir la verdad sobre su abuelo, cuando sus venas se congelaron y ella se convirtió en una estatua abandonada en las profundidades de Atohallan.
"¡No! ¡no no no, No! ¡Déjalo! ¡No lo lastimes!"
Elsa lanza un potente rayo de hielo, que al chocar contra el vendaval que rodea al caballero, produce una explosión que lanza a la albina con tremendo poder varios metros lejos de su amado, cayendo con fuerza sobre el duro hielo y violentamente forzando el aire fuera de sus pulmones. Elsa queda boca abajo, tosiendo, haciendo un esfuerzo sobrehumano por meter aire, por lograr respirar, mientras una intensa luz rodea al Santo de Atena, y Degel grita de dolor, encendiendo su cosmos a su máxima intensidad para tratar de liberarse, mientras de cada poro de su piel emanan pequeñas gotas de sudor que se congelan de inmediato y desgarran sus ropas; estas gotas al principio son cristalinas, luego doradas, para después tornarse de un color carbón y rojo, que hicieron gritar aún más al hombre. Elevado varios metros sobre el piso, Degel se ve rodeado de un torbellino dorado y negro que pareciera nacer de cada poro de su piel, el dolor esta vez insoportable. Afortunadamente para el caballero, la tortura no dura demasiado tiempo, ya que súbitamente y sin previo aviso, el Santo de Acuario se ve rodeado en una explosión de luz, y el joven cae con una rodilla en pie, el puño cerrado creando una fractura sobre el duro hielo.
Elsa finalmente logra respirar un poco, para después verse forzada a cerrar los ojos y cubrirlos con las manos, deslumbrada por la luz intensa que ha liberado al caballero. Cuando logra abrirlos, ve al hombre hincado sobre el suelo, respirando agitadamente, para después levantarse y ver hacia el techo. Sin pensarlo dos veces, se lanza a encontrarse con él.
"¡Degel! ¿Estás bien?"
Aún respirando agitadamente, el hombre gira la vista para encontrarse con los ojos de ella, haciendo un esfuerzo por sonreír.
"Creo que sí… creo…" Degel voltea hacia abajo, hacia su cuerpo cubierto por sus ropas desgarradas, y sus palmas palpan pecho y abdomen, los ojos muy abiertos sin poder creer lo que siente. "Elsa…"
Sus ojos abiertos como platos, encuentran los azorados de la albina, y esta, entendiendo, hace a un lado los girones de ropa, buscando las heridas que tan bien conoce, pero sus helados dedos encuentran únicamente piel intacta, poderosos músculos moviéndose sincrónicamente con la respiración del hombre, sin que siquiera un cambio de color señale el sitio donde se producía tan terrible sangrado. El quinto Elemento vuelve a encontrar los ojos de su amado, mientras lágrimas de emoción surcan sus mejillas. Ambos azorados, sin podérselo creer, se abrazan mutuamente.
"¡Oh, Degel! ¡Las heridas han desaparecido!"
Él sonríe mientras besa los platinados cabellos. "Puedo sentirlo. El dolor definitivamente se ha ido…"
Elsa se separa sólo parcialmente para poder verlo a los ojos, tan azorada como su amado de tan reciente milagro. "Pero… cómo es eso posible?"
Degel voltea la mirada hacia el techo brillante, aturdido aún, sin saber cómo explicar todo lo que ha ocurrido.
"Sentí… sentí cómo el iceberg entraba en mis venas, como si quisiera hablarme directo… ¡Elsa, los Caballeros de los Hielos Eternos provienen de esta isla congelada!" la mujer lo ve fijamente, haciendo un esfuerzo por comprender, pero evidentemente su apurada explicación no está ayudando. Él la ve tiernamente. "Por lo que Atohallan me ha mostrado, de aquí nació mi poder y el poder de todos los Santos de Acuario que me preceden, así como de todos los santos que controlan el hielo." Recordándose a sí misma cuando Atohallan le revelara la verdad sobre sus poderes, finalmente la joven puede entender el peso de las palabras del caballero y abre los ojos como platos, impresionada, para luego sonreírle cálidamente.
"Pues… bienvenido a tus raíces."
Ella se acerca a él y lo besa tierna, suavemente, agradecida infinitamente de que el hombre esté de nuevo a salvo, saboreando con cada beso la sensación de seguridad que le generan los fuertes brazos que la rodean con fervor, poderosos y cálidos músculos del pecho contra su suave cuerpo, y se estremece al sentir grandes y callosas palmas que le acarician la espalda, primero suavemente, creando deliciosos círculos sobre su columna, para después sentir sus manos temblorosas recorriendo su piel, al mismo tiempo que se da cuenta el cambio hacia una respiración agitada bajo sus labios. Es entonces que el suave beso comienza a incrementar de tono, mientras el cuerpo de ella responde con la misma fiebre, empezando a respirar tan agitadamente como él, y los delicados dedos de ella atrapan la verde melena para obligarlo a besarla con más ardor, como si tratara de fundirse con él. La respiración de ambos se vuelve entrecortada, y en un nivel apenas consciente Elsa percibe cómo la piel de su espalda, de su cintura, está expuesta a la helada brisa que los rodea, y entiende que su vestido dócilmente ha desaparecido bajo las órdenes del caballero de Atena. Decidida, sin romper contacto con los labios que la tienen presa, palpando el poderoso brazo encuentra una cálida mano acariciando su cadera, y, agitada en lo más profundo de su ser, la guía a lo largo de su piel para que encuentre y sujete con firmeza, pero a la vez con delicadeza, el turgente seno, expuesto a él ya sin la tela de escarcha. Degel gruñe al sentir la suavidad de tan perfecto órgano, cuando el suyo propio se endurece aún más contra el vientre de la joven diosa en respuesta a su íntimo contacto, ávido de forma obvia por sentir más de ella. En sincronía con su deseo, el inmaculado pubis se pega aún más al miembro viril, produciendo una oleada de calor que lo hace estremecer.
Y es esa sensación la que produce en él un atisbo de realidad en su obnubilado pensamiento. Inhalando profundo, haciendo acopio de una fuerza de voluntad que está a punto de faltarle, Degel rompe el beso para mirarla a los ojos, viendo el reflejo de su deseo en esos ojos azul profundo que lo miran llenos de arrojo.
"¿Estás… estás segura?"
Como respuesta, Elsa le sonríe sólo parcialmente, y dando un paso hacia atrás, pero sin soltarlo del todo, con un movimiento de su muñeca hace desaparecer completamente lo que queda de sus ropas, quedando desnuda y expuesta ante el hombre, quien la mira embelesado, endiosado.
"Nunca he estado más segura en mi vida." Y cierra la conversación con un beso hambriento, mientras las manos de Degel recorren su níveo cuerpo, y ambos se funden en un cálido y apasionado abrazo en medio del milenario témpano de hielo.
oooooooooooOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooo
A/N: Bien, hemos llegado al meollo del asunto, al punto culminante y más importante, el motivo del inicio de este fic (¡Sí! ¡Toda la historia es le pretexto para que ambos tengan sexo! ¡Soy una pervertida, lo sé! XDDDD) y aunque lamento decirles que no escribiré la escena (¡sorry! Quiero poder conservar el fic en "T") al menos les puedo decir que esta parte me gustó mucho. Obviamente aún falta mucho que contar, muchas cosas que les sorprenderán, sólo quería hacer el comentario sobre lo relevante que es precisamente esta escena, Degel y Elsa haciendo el amor en Atohallan, lo que me inspiró a escribir la historia. ¿Quién sabe, igual y escribo la escena en un one-shot alterno a esta? Ya les platicaré.
Espero que sigan disfrutando la historia, la cual escribo para mi propio placer y el de ustedes, sin necesitar nada a cambio. Pero, les juro que es un gran estímulo leer algo de ustedes, aunque sea un pequeño comentario. Espero podamos platicar un poco.
Y hablando de platicar, aquí está la respuesta a las dos personas que me han aguantado hasta ahorita:
Oriana Hernández: Me alegro que estés muy bien, y te agradezco infinitamente tu largo comentario, y tus porras, cada vez que te leo me haces sonrojar! (e inflas mi ego, pero te prometo que lo desinflo de inmediato para que no se me suba a la cabeza, jejeje). Gracias por los buenos deseos en mi certificación, ¡amiga, lo logré! ¡logré certificarme! Muchísimas gracias por tus porras, realmente me animaron mucho.
Me alegra que hayas percibido a Deuteros de esa forma, pues más allá del enemigo más obvio, para una mujer de cualquier edad, el enemigo más temido es el que se tiene en casa, conviviendo contigo todos los días y mostrando una cara frente a la gente cercana a ti, gente a la que quieres. Es muy difícil protegerse de ellos. Se que no puedes leer los demás fics que he creado, pero en casi todos, si no es que todos, incluyo casos de violencia de género, pues es mi forma de protesta ante las terribles cosas que suceden en mi país, y que el gobierno no ha sabido, ni ha querido, remediar. Es mi forma de levantar la voz, de pelear porque se haga algo por las víctimas, y pedir que se cambie esta forma machista de pensar.
Respecto a la escena con Degel, para mí también fue una catarsis, pues ser alguien fuerte, o luchar por ser fuerte, y de pronto ser reducido a necesitar a todo el mundo, es un golpe tan terrible en el ego, que te desmorona por completo. Realmente necesitaba sacarlo de mi pecho, y quién mejor que con él, uno de los caballeros dorados más humanos que hay. Me alegra mucho que te gustara la escena.
¡El juego de rol suena súper interesante! ¡Definitivamente tendré que jugarlo! Más si te da ideas e inspiración para crear más.
De Anna y Kardia, tienes razón, voy a hacer que ellos sean quienes me hablen de sus deseos… ¡lo malo es que yo "deseo" a ese hombrecito! Jajajaja. Ya veremos que opina Anna, ¡gracias por los consejos!
Respecto a tu fic, mi opinión es que lo publiques, pues muchas veces las mejores historias son esas historias desgarradoras que crean polémica entre los lectores, además, cada comentario te hace crecer, ¿no crees? Por mi parte, yo escribo porque me gusta, porque lo necesito, porque se vuelve una poderosísima catarsis de las cosas que me pasan, y las publico para que alguien que esté tan loco como yo lo disfrute. En varias ocasiones he tenido gente que opina mal de ellas, o hasta que me llega a insultar, pero el valor de las personas que he encontrado gracias a esa historia (por ejemplo, este fic te trajo a mí), es tan grande que nunca me arrepentiré de publicar ninguna de mis historias, si me ha permitido conocer a gente tan valiosa como tú. He hecho muchos amigos a través de mis fics, no todos los he conservado, pero todos y cada uno tienen un lugar muy importante en mi corazón, al grado de que, cuando releeo mis fics, recuerdo aquellas conversaciones que alguna vez tuve con ellos. No tengas miedo, sólo pueden salir cosas buenas de publicarlo, y si ya estás blindada de las malas, ¿pues qué mas da? Da el salto y toma el riesgo. Siempre es lo mejor que puedes hacer.
¡Me encantan tus comentarios, espero podamos seguir platicando en el próximo capítulo!
Anabellaurda: ¡muchas gracias por tu comentario! Me alegra mucho que te haya causado sorpresa ver a Deuteros en la historia, ¡como verás, no dejaré a Elsa ser tan feliz como ella quiere! Jejeje.
Me encantaría poder sacar los capítulos más rápido, de hecho, me emociona mucho la historia (que, por cierto, ya se como va a terminar… pero no se lo digas a nadie!), pero como quiero que sea todo coherente, y a veces me bloqueo un poco (además de que estoy escribiendo fics de otros fandoms al mismo tiempo…) maaas que los reviso como unas 20 veces porque quiero que sea algo que valga la pena para ustedes, puessss… pero trataré, lo prometo! Espero que este pequeño lapsus de… unos cuantos meses, no sea suficiente para desanimarte. (sorry)
Por ejemplo, precisamente estoy atorada con Kardia y Anna, pues yo los quiero juntos, ¡pero te juro que no se dejan! Entonces, tan pronto resuelva yo misma ese misterio, prometo que los pondré aquí. Sólo necesito que cooperen un poco.
¡Me encantó tu propuesta de Deuteros! Te debo una tremenda porque agregarlo también me ayudó a mí a hacer catarsis, y aunque me cuesta trabajo porque yo también lo adoro, la verdad es que no podía haber mejor caballero para comportarse así con Elsa. Al menos no uno que le causara tanto miedo. Veremos como evoluciona su relación. Aunque deberé de advertirte que no te va a gustar…
De nuevo disculpa que me haya tardado tanto, pero hasta ahorita logré desatorar un nudo del fic en este capítulo, aún me falta desatorar el otro nudo. ¡No desesperes! ¡Ya no falta mucho! ¡Ah! Y gracias por las felicitaciones en este primer año de "Cosmos Congelado". Te mando un abrazo, y espero que estés bien.
