Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—¿El asesino de niñas?—preguntó Doflamingo cada vez más intrigado.
—¡Eze zoy yo!—respondió Bakugo dándole otro trago a la botella de sake.
—¿Y eso?—dijo Doflamingo.
—Ez una hiztodia mu ladga y trizte. Nadie debedia ezcuchadda. —dijo Bakugo con la mirada perdida.
—Fufufufu. Pero yo me río por todo, así que a mi sí que me la puede contar. —insistió Doflamingo mostrando los dientes.
—En fin ...—resopló Bakugo.— Pod dode empiezo...—Bakugo le dio un trago grande a la botella de sake.—Yo dazí ed Muff ... Mmm Muzuz, Duzzzzz Muzududu ...—a Bakugo le resultaba imposible decir la palabra Musutafu.— Joded. Do dendo ed da pudda de da dendua. Pufffff. —se tocó la frente.— Mi cabezaaa. ¿Pod qué me duede tadto da cabeza?—
—Fufufuf. Quizás deberías dejar de beber ...—sugirió Doflamingo acerca su mano a la botella.
—¡Nooo! ¡Atdazzzz! —replicó Bakugo abrazando la botella. —¡Ez mía! Mi tezodooo ... ¡Zi da tocad! ¡Te matadéeee!—
—Fufufufu. —volvió a reír, pero con más intensidad. —Me recuerdas a alguien que conocí hace mucho tiempo.—
—¿En zedio? ¿A quied?—preguntó Bakugo, aún abrazando a la botella como si fuera su hija.
—Cuando lo conocí era aún más pequeño que tú. Tenía el mismo mal genio que tú. Trafalgar Law.—respondió Doflamingo con nostalgia.
—¿Ed taddien ez un azezido codo yo?—preguntó Bakugo, con el sueño avanzando en su cuerpo poco a poco.
—No. Pero intentó matar en numerosas ocasiones a mi hermano pequeño.—dijo Doflamingo, dándole él también un trago a su botella.
—¡Bahh! ¡Edtodcez do ze padeze dada a mí! Mi zenzei me dijo que zi bebía me odvidadía de da pdegunta que me atodmedta. Pedo do conzigo odvidadme.—dijo Bakugo mirando la botella de sake en una especie de trance.
—¿Y qué pregunta te atormenta?—preguntó Doflamingo apoyando su cara en su mano libre.
—¿Pod qué da maté? ¿Pod qué no da detuve de otda fodma? —unas lágrimas resbalaron del rostro de Bakugo. —Miz paddez me edzedadon a zer mejod pedzona. Lez he decepciodado.—
—¿Estás llorando, jovencito?—preguntó Doflamingo cada vez más interesado en el chico.
—¿Eh?—Bakugo se limpió las lágrimas con rabias. —¡No eztoy llodaddo! ¡Erez tú ed que edtá llodaddo!—
—¡FUFUFUFUFUFUFUFU!—rió llorando a lágrima viva. Se limpió con un dedo las lágrimas de la risa que le había dado—Tienes razón, chaval. Al final el que ha terminado llorando he sido yo. ¿Por qué no te unes a mi tripulación?—le propuso Doflamingo.
—¿Tdipudaciód? ¿Qué eded? ¿Un capitad de badco?—preguntó Bakugo, terminándose la botella
—Fufufuf. Más o menos.—respondió Doflamingo.
—Mmmm. Mi rezpuezta ez do. ¡CAMADEDO, OTDA BOTEDA DE ZAKE!—gritó haciendo ruido con la botella vacía en la mesa.
El barman miró a Doflamingo para saber lo que tenía que hacer. El gigante negó con la cabeza, así que el barman se dio media vuelta ignorando a Bakugo.
—¡EHHH! ¡TE HE PEDIDO OTDA BOTEDA DE ZAKE!—dijo Bakugo, indignado. Viendo que el camarero seguía ignorándole, miró al suelo cabizbajo. —Maddiciód... Y ahoda que hago...
—Si te unes a mí, podrás beber todo lo que quieras. Todo lo que es mío, será tuyo. —insistió Doflamingo.
—¡Te he dicho que do!—alzó el tono, llevándose las manos a la cabeza por el dolor que sentía en la sien. —Yo quiedo zer un hédoe ...—murmuró a punto de dormirse.
A Doflamingo se le iluminó la mente, percatándose por primera vez que su joven y ebrio interlocutor podría no ser de este mundo, como él y algunos de sus oficiales.
—¿Un héroe? —cuestionó Doflamingo. —Chico, ¿de dónde vienes?—
—¡Ya te do he dicho! De Muzu.. Muzu Mmmm...—el alcohol le impedía nuevamente decir Musutafu.
—¿De Musutafu?—dijo Doflamingo, observando con mayor atención a Bakugo. Ahora estaba 100% seguro que Bakugo no era de aquí
—¡Exacto! ¡Do me zadía! ¡Zoy de Muzu...! ¡De dode had dicho! —cerró completamente los ojos, durmiéndose.
—Despierta, chaval ¿Quién eres?—dijo Doflamingo zarandeando al rubio ceniza.
—Ed azezido de didaz ... —respondió somnoliento, volviéndose a dormir.
—No. Me refiero a tu nombre real. —dijo el Joker volviendo a despertar a Bakugo.
—Mmmm. Kaaaaa ...—vio a Jiraiya que salía del cubículo donde había entrado con la prostituta con la cara blanca. —¿Zenzei?—
—¿Te llamas Kasensei?—cuestionó Doflamingo. Pero luego entendió que se estaba refiriendo a su sensei que corría hacia su posición. Era alto y con el pelo canoso. Aparentando unos 50 años. —¿Tú eres el sensei de este chico?—Los instintos de Doflamingo le decían que ese tipo canoso era muy fuerte.
—¡Chico, tedemoz que idnoz!—dijo Jiraiya cogiendo a Bakugo del brazo e ignorando a Doflamingo.
—¿Pod qué?—preguntó Bakugo.
—Dezudta que da zedodita eda ed deadidad un zedodito!—le explicó Jiraiya,.
—¿Eh? Do ediedo.—dijo Bakugo, sin saber a lo que se refería su maestro.
—Mejod que do do eddiedaz. —Jiraiya cogió a Bakugo y lo cargó en su hombro.
—¡Ey zuedtade viejo pedve ...Zzzzz!—Bakugo volvió a quedarse dormido emitiendo pequeños ronquidos.
Jiraiya se marchó de Underworld sin mirar atrás, no reparando en la mirada furiosa y llena de odio que le estaba dedicando Doflamingo. Pero se quedó sentado en la barra de bar en todo momento. Se quedó plantado hasta que unos segundos más tarde apareció Monet.
—¿Por qué has dejado que se marcharan, joven amo? Parecía que te caía bien el chico—cuestionó Monet.
—¿Has estado espiándonos, Monet?—preguntó Doflamingo, algo enfadado con su oficial, pero sobretodo por no haber podido averiguar más cosas del chico.
—Lo siento, joven amo. No he podido evitarlo. A fin de cuentas, soy tu espía.—
—Fufufufufu —el cabreo se le pasó rápido. —No solo eres mi espía, eres mi mejor espía y una miembro valiosa de mi familia. No lo olvides. —Monet asintió con las mejillas enrojecidas por el halago. —Contestando a tu pregunta. El hombre que acompañaba al chico era muy fuerte. No quería destrozar mi local favorito en una pelea por un chico que ha rechazado unirse a nosotros. Por muy interesante que me parezca. Además, si el destino lo quiere. Tarde o temprano, nos encontraremos de nuevo—
—Hablando de chicos interesantes. Yo también conocí a un tipo muy interesante en mi último viaje. —dijo Monet.
—¿De eso es de lo que querías hablarme, Monet?—dijo Doflamingo, arqueando una ceja.
—Sí. Descubrí que en este mundo también tienen un coliseo como en Dressrosa. —Doflamingo puso más interés del que puso anteriormente con Bakugo y le indicó que prosiguiera. —En el País de las Cascadas, la esclavitud es legal. Y en un punto de la frontera que tienen con el País del Colmillo un tipo llamado Kakuzu montó un coliseo, el Coliseo Mortal, hace unos 10 años haciendo pelear a esclavos a muerte ganando muchísimo dinero con la venta de entradas y con apuestas a los combates. Y, a pesar, que Kakuzu es un ninja renegado de la Aldea Oculta de la Cascada, tiene comiendo de su mano al señor feudal y a la policía del país por los sobornos que realiza para ganarse su favor con los ingresos que recibe del Coliseo Mortal.—
—Sí que es interesante ese tal Kakuzu.—dijo Doflamingo masajeándose la barbilla.
—No. —Monet negó con la cabeza. —Kakuzu no es el tipo interesante del que te quería hablar, joven amo. En ese Coliseo vi a un esclavo que creo que es el indicado para sustituir a Diamante-sama en tu tripulación de este mundo.—
—¿Me estás diciendo en serio que conociste a alguien así de asombroso?—preguntó Doflamingo, no muy convencido.—Tú conociste a Diamante. Espero que no le estés infravalorando o sobrevalorando a ese esclavo—
—Sé de lo que es capaz Diamante-sama y le aseguro que no le estoy subestimando ni estoy sobrevalorando a ese esclavo , joven amo. Le vi pelear contra 6 gladiadores y 2 leones y aún así venció sin mucha dificultad. Y no solo eso. Es el campeón invicto con más de 100 peleas a sus espaldas. Debe medir cerca de metro noventa y es de complexión física muy robusta.—explicó Monet.
—¿Y como se llama ese esclavo-gladiador que tanto te ha impresionado, Monet?—quiso saber Doflamingo.
—No sé su verdadero nombre. —contestó Monet. —Pero se hace llamar Red Riot.—
