¡Nuevo capitulo!.

Están llegando mas pronto gracias a BELLZADOR, quien ahora hemos forjado una alianza, así también a ANAKIN NAMIKAZE. Ellos dos se han vuelto mis beta readers y viceversa. Lo mas probable sea que ahora si podamos actualizar mas seguido.

Esperemos que esta trinidad perdure y de sus frutos.

¡Vamos a la lectura!

-(0)-

A veces el tiempo puede llegar a pasar demasiado rápido sin que nosotros podemos darnos cuenta, después de todo estos cuatro años ocurrieron en menos de un suspiro, pero lo sorprendente de esto es que aun así la aldea de Konoha había prosperado a pasos agigantados gracias a la paz que habían gozado en este periodo de cambios y a los grandes avances en la tecnología y medicina; esperaban continuar de esa forma por muchos años más y seguir descubriendo cosas nuevas que fueran beneficiosas para la aldea.

Muchas cosas habían cambiado para algunos, como el ascenso a jounin de Kakashi y Gai, algo muy impresionante si vemos que aún eran algo jóvenes para ese puesto, aunque en el caso de Kakashi no es tan raro ya que desde que fue niño, mostro cualidades propias de un prodigio. El que en si era un caso digno de admirar es en realidad Gai, pues muchos le creían un mediocre por lo mismo que no se le daba muy bien el ninjutsu, incluso ese inconveniente le retraso por mucho al ingresar en la academia ninja, por lo cual, el hecho de que ahora fuera un jounin hacía de esto una proeza increíble.

Rin ahora era una enfermera hecha y derecha, pronto podría volverse paramédico y algunos años después llegar a ser doctora. Aunque sería difícil el llegar a serlo debido a mostrar dificultad a la hora de controlar su chakra; pero pondría todo su esfuerzo y dedicación en intentarlo pues en el fondo esperaba a convertirse en una médico excelente como lo es Tsunade.

Bardock, Gine y Kushina eran tokubetsu jounin, una rama más alta, un jounin entre jounin casi al mismo nivel que los legendarios Sannin, la pelirroja se había vuelto más fuerte y hábil gracias a los entrenamientos con el par de saiyajin.

En cuanto a cierta bendición de Gine y Bardock…

¡Clank!.

Un par de borrones se veían ir y venir por todos lados a gran velocidad, la presencia de las chispas volando por las alturas y el sonido que hacia el metal de sus kunais chocando entre si se escuchaba una y otra vez.

¡Clank!.

Tras un último choque, ambos se separaron a una distancia prudente; pero sus armas estaban en alto.

Por un lado, tenemos a una peli morada con vestimenta de jounin de unos 15 años sujetando firmemente su ninjato, por el otro, se encontraba un joven pelinegro, de pantalones largos y negros, botas saiyajin, con calentadores color vino, una camisa sin mangas, un pañuelo rojo que rodeaba su cabeza y calentadores del mismo color en ambos brazos. Lo más llamativo de él, era una peluda cola que al estar envuelta en su cintura pareciera como si esta fuera un cinturón de piel; Pero todos sabían lo que era en realidad.

Una sonrisa confiada asomaba sus facciones mientras aún mantenía su afable espada guardada en su funda, la cual estaba colocada atrás de su espalda, pues al parecer su contrincante no le hacía sentir con la presión suficiente como para orillarle a usarla.

Quienes protagonizaban la contienda eran Rycelo y Yugao Uzuki.

La jounin lo veía algo impresionada y un poco nerviosa mientras que al mismo tiempo unas cuantas gotas perladas de sudor bajaban por un lado de su cabeza. Ella no se esperaba esto pues había escuchado que el hijo de Bardock pese de su discapacidad, era muy fuerte. Pero esto ya rayaba en lo ridículo, porque a pesar de ser una poderosa jounin un estudiante de la academia la estaba poniendo en serios aprietos.

Rycelo sonreía levemente, mientras mantenía en una pose de batalla creada por el mismo, esperando el momento adecuado para atacar. No podía apresurarse o las cosas no saldrían como el querría.

A un lado de la zona de batalla conformada por un inmenso y espeso bosque, se encontraban sentados los padres de Rycelo, Kushina y algunos que otros curiosos que pasaban por ahí.

Sobra decir que quienes observaban el combate habían personas que tenían emociones encontradas pero entre esas emociones, el asombro y sorpresa eran las que predominaban.

—Se nota que es hijo de Bardock-sama y Gine-sama—Mencionaba Anko, quien despreocupadamente se embutía unos dangos y no prestaba mucha atención a la pelea. —, a este paso Yugao se quedara sin muchas opciones.

¡Clank!.

Sin necesidad de voltear a otro lado, Rycelo había desenvainado su espada, bloqueando un tajo de kunai. La responsable de esto fue Kurenai quien descendió velozmente tratando de sorprenderlo pero como era de esperarse fallo en su cometido; ella sabía que usar genjutsu contra él era inútil y una pérdida de tiempo, pues no tenía una red de chakra que afectar y si lo tuviera sería lo mismo; pues en cierta forma la ceguera le beneficiaba en ese aspecto.

Debía usar otros métodos para lograr acertarle.

Ahora se sumaba Yugao, quien viendo la oportunidad creada por Kurenai se lanzó con su espada. Por supuesto el saiyajin anticipo el ataque de la jounin usando la antebrazo para bloquear la hoja de su espada.

Tras la férrea defensa apretó fuertemente los dientes y el mango de su espada al notar que no resulto su estrategia así que optando por otro método creo nuevamente distancia para volver a atacar, quizás con la ayuda de Kurenai podrían tener una oportunidad. Y nuevamente el ritual del choque de metales volvió a reanudarse reflejándose entres borrones que viajaban a todas direcciones viajando veloz mente.

—A decir verdad ese chico tiene un talento prometedor—Hablaba Tsume Inuzuka quien también se encontraba ahí, viendo con una sonrisa lobuna y en cierta forma picara la inverosímil escena, resultaba hilarante que dos jounin eran fácilmente dominadas por un chico que apenas estaba cursando la academia ninja.

Ryoga había muerto hace un año, pues su chakra se había contaminado con la del Kyubi. Ahora Tsume era la líder del clan Inuzuka.

—Han entrenado de forma excelente a su hijo, Gine, taicho. Tú también Kushina-sama—felicitaba Hayashi Uchiha con una sonrisa sincera

—Gracias—respondieron ambas féminas con una sonrisa, Bardock solo se limitó a sonreír a medias sin decir ninguna palabra, en cierta forma mostrando un poco de orgullo hacia su hijo.

Mikoto también estaba ahí junto a su primo Hayashi, quien al igual que el observaba al hijo de su capitán, admitía que ese chico era muy bueno peleando y habilidad ninja podría asegurar que estaba casi al nivel de su hijo Itachi y eso era mucho que decir, pues Itachi era considerado un prodigio incluso entre los Uchiha.

Era una lástima que Sasuke no estuviera aquí, pues estaba junto a su padre y hermano entrenando, o mejor dicho, Sasuke más bien los observaba entrenar. Porque Fugaku le daba más prioridad a su primogénito, a su orgullo y a su digno heredero.

Mikoto había cambiado bastante en estos cuatro años, un cambio que notaron todos los residentes de la aldea de inmediato y uno que preocupaba demasiado a su primo. Pues no era del todo positivo.

Se había vuelto más fría y algo distante de los demás, sin llegar a ser una persona desagradable o maleducada. Aunque a veces, mostraba un porte sereno de mujer refinada, ya no se juntaba mucho con sus amistades fuera del clan; había decidido tomar muy en serio su rol de matriarca y esposa devota.

Hayashi estaba muy preocupado por ella, pues sabía el porqué del cambio en la personalidad de su prima, ya que se había resignado a la realidad con Bardock. Antes se sentiría aliviado por eso, pues era lo mejor, pero no; Mikoto ahora era muy similar a Fugaku y eso no era nada bueno.

Felicidades taicho —pensaba seriamente la pelinegra observando a Rycelo —, es tan parecido a ti…

Esa sonrisa emocionada y salvaje, la cual dejaba escapar inconscientemente en una emocionante batalla, esos ánimos al combatir, su rostro… ambos eran tan parecidos.

Y de cierta forma eso le molestaba bastante.

No odiaba a Rycelo ni a Gine, pero no podía evitar sentir algo de envidia por la matriarca saiyajin. Pues Gine pudo obtener descendencia con Bardock, mientras que ella no, pero lo entendía; era su esposo a fin de cuentas.

Pero a pesar de que era lo más obvio del mundo eso no le eximio de sentir celos.

No se confundan, ella amaba a sus hijos de forma incondicional, pero le hubiera gustado, si tuviera oportunidad, tener un Uchiha con sangre saiyajin.

Mikoto…—Hayashi mencionaba preocupado, observando como ella apretaba sus puños en la falda de su vestido hasta que un quejido le saco de sus cavilaciones mentales.

—¡Aaagh!.

Yugao caía de cara haciendo que tragara un poco de pasto de manera involuntaria pues al momento en que fue derribada Rycelo ya se encontraba encima de ella con una llave a su brazo tratando de no llegar a lastimarla, pues solo quería dejarla fuera de combate.

No importa cuánto Yugao forcejeara, pues la fuerza de Rycelo era monstruosa, no acorde a su edad. Aunque el saiyajin no usaba en realidad toda su fuerza el agarre potente que sentía era similar a estar unido a un poste de metal.

—Te gane—mencionaba divertido el pelinegro —. Ríndete ahora.

—E-Eso fue ingenioso…—mencionaba la pelimorada sonriendo adolorida—, pero no lo suficiente.

— ¿Eh?

¡Pooof!.

Para asombro de Rycelo, Yugao explotó en una nube de humo blanco.

—Clon de sombra…—susurro el pelinegro asombrado— ¿Cómo pude caer ante ese truco?

Sus oídos recibieron un sonido muy peculiar, el del viento siendo cortado. Shurikens y kunais se acercaban contra el, como si fuera una lluvia de acero. Rycelo los evadió saltando a un lado, dejando que esas armas quedaran clavadas en el pasto. Estuvo a punto de perder.

— ¡Estuvo muy cerca!—mencionaba algo nervioso el pelinegro en el aire—si no lo hubiera evadido…

—No serias mío.

Abrió sus ojos en sorpresa, pues escucho aquella femenina y con un tono de voz que mostraba burla atrás de él. Era Kurenai quien empuñaba dos kunais.

—Y mío tampoco—mencionaba la peli purpura de sorpresa, cosa que sorprendió al saiyajin. Ella venia descendiendo con su espada en mano.

Los tres se encontraban en caída libre, desencadenando una serie de ataques con sus armas, Rycelo bloqueaba, evadía o desviaba, también atacaba. La velocidad usada por los tres, era demasiada, que solo se veían borrones y ligeras imágenes de sus cuerpos y extremidades atacando, Rycelo no la tenía fácil. Poco a poco estaban por llegar al suelo.

¿Por qué no puedo sentir sus presencias?—se preguntaba mentalmente Rycelo, mientras hacia lo posible para no recibir daño—bueno, eso no es importante por ahora.

Esa ligera sonrisa que se formó en sus labios, no les gusto para nada. Eran malas noticias.

— ¡Oh no! —Kurenai se llevó las manos a la boca cuando contemplo las intenciones del pelinegro, pero ya era demasiado tarde — ¡YUGAO!

— ¡HAAAAAA!

¡Woooom!.

Extendió sus manos y libero una onda expansiva de ki, lo cual empujo a ambas. Salieron volando hasta que Kurenai chocaba de espalda contra un árbol, quedando sentada en una rama alta y Yugao caía dentro de un lago cercano, Rycelo giro en el aire varias veces, hasta que aterrizo de pie ileso a pesar de la altura que se encontraba.

—Jeje, creo que gane—mencionaba divertido limpiándose la nariz con el dedo índice.

Los espectadores veían el desenlace de la batalla con distintas emociones, algunos con mucha sorpresa, otros con satisfacción y otros con orgullo. Ese chico, de solo 8 años, había derrotado a dos jounin bien entrenadas, que le doblaban la edad. Era algo impresionante.

—¡Rycelo, eres increíble!

Una pequeña rubia, de cuatro años y unas marcas de bigotes en sus mejillas, se acercaba al pelinegro, el cual sonreía al escuchar los acelerados pasos de la niña al correr hacia él. Era la hija de Kushina.

Rycelo se agacho y ella salto a sus brazos, el pelinegro se reincorporo. Sería mas gratificante para el, si pudiera ver los hermosos ojos celestes de la niña, brillando cual estrellas en medio de un cielo despejado por la admiración que sentía por él. El saiyajin se había convertido en su ídolo y un modelo a seguir.

—Jaja gracias Naruko-chan—respondía Rycelo mientras tenía a la rubia en sus brazos, ella solo reía. Se dirigía hacia los espectadores— ¿Lo hice bien?

—Tsk. Pudiste hacerlo mejor—como siempre, Bardock era muy duro y exigente — ¡auch!, ¡¿qué demonios te pasa mujer loca?!—preguntaba el saiyajin tomandose el lugar afectado.

Kushina le había dado un codazo en la costilla, no le gustaba ese tono tan exigente. A decir verdad Rycelo se había lucido.

—Estuviste genial Rycelo-chan —mencionaba amigablemente la pelirroja, haciéndolo reír de la pena.

—Si, no hagas caso al amargado de tu padre. Estuviste excepcional—ahora mencionaba su madre, haciendo que Bardock fubara por las palabras de ambas mujeres—. Aunque no dudo que en un futuro te convertirás en un shinobi muy poderoso, tienes un largo camino por recorrer.

Era cierto, pues que a tan corta edad, lograr tal hazaña como lo era el vencer a dos jounin de temer, hablaba muy bien de sus habilidades y poder, eso anudando el hecho de que era ciego le daba muchos más puntos a su proeza. Aunque lo dicho por su madre era cierto, le faltaba mucho por recorrer.

Pues Rycelo estaba muy agotado y sudado, respirando pesadamente, su ki estaba muy bajo, aun así podía seguir peleando por un par de horas más, pues tenía muy presente en su mente lo que su padre había dejado en claro desde que empezó a tener memoria.

Nunca mostrar debilidad ante nadie.

Era lógico a decir verdad, porque será muy saiyajin y todo, pero seguía siendo un niño. Podrá haber entrenado al máximo y tener maravillosos poderes, pero aún le faltaba demasiado como para derrotar a un shinobi elite a su 100%. Pero si continuaba entrenando quizás lo lograría dentro de muy poco.

[N/A: Rycelo es poderoso, pero no a tal grado de enfrentar a un Anbu o peor aún, un kage, eso sería exagerar. Aquí peleo contra dos jounin y aun así quedo demasiado agotado y eso que solo usaron ataques físicos, sin ningún tipo de jutsu, a excepción del clon de sombra de Yugao, de haber sido así otra seria la historia y la lucha aún más corta, aunque Rycelo tampoco uso ataques de ki a excepción de la expulsión de ki que uso para ganar. Espero me haga entender].

—Sigue así cachorro—Tsume le dirigía palabras de aliento al hijo de su ex capitán—,sigue volviéndote más fuerte y algún día te volverás un excelente hokage.

—Sigo sin querer ser hokage, no es lo mío. Yo soy mas de peleas—mencionaba divertido el pelinegro—; además ese puesto es….

— ¡Mío!—exclamaba la pequeña rubia en sus brazos— ¡yo seré hokage!—decía determinada la rubia.

Los presentes rieron por el entusiasmo de la niña, pues su determinación les parecía muy tierna; era demasiado enérgica e hiperactiva para su edad.

—Está bien futura hokage—Kushina tomaba a su hija de los brazos de su ahijado—pero ahora debemos retirarnos, despídete.

— ¡Adiós a todos!—se despedía la pequeña rubia agitando su mano.

Poof

Luego desaparecieron de la vista de todos en una nube de humo.

—Bien taicho, también debemos irnos—mencionaba Tsume con ambas jóvenes sobre sus hombros—gracias por invitarnos a la demostración de habilidades de Rycelo.

—De nada, aunque esperamos que nos dieran su opinión—mencionaba Gine expectante —, ese era el motivo.

—Pues ya la dimos—mencionaba la Inuzuka muy convencida—ese cachorro es muy poderoso y habilidoso, será un gran shinobi. Además de un gran líder de clan.

Rycelo solo reía apenado mientras se rascaba la nuca, pues no estaba tan acostumbrado o cómodo con tantos halagos. Aunque la gente de la aldea seguía haciéndolo.

—Eso lo veremos hasta el día que deba ceder mi liderazgo—mencionaba Bardock seriamente de Brazos cruzados, su tono era serio. Eso alarmo un poco al niño—una de las leyes que creamos, es que la única forma de tomar el liderazgo, es luchar por el. Debes mostrar merecerlo—ahora veía a su hijo—deberás luchar contra nosotros y vencernos.

Ante esa declaración, todos alrededor se quedaron fríos y sorprendidos, pues era una nueva y rara forma de tomar el liderazgo de un clan. Bardock mencionaba que para liderar al suyo, Rycelo debía demostrar que era digno de dicho cargo. Un líder no solo debe ser sabio y benevolente, debe ser también muy poderoso.

O al menos esa era la conclusión a la que llego Hiashi Hyuga al analizar detenidamente las palabras de Bardock.

Eso dejaba a entender, que si llegaran a haber más saiyajin, no importaría si fuera hijo del líder, cualquiera podría aspirar a serlo, siempre y cuando lo derrotase en una batalla.

A diferencia de los otros clanes, en este no importaban los lazos de sangre, si no a tu habilidad como guerrero.

—Eso quiere decir… ¿Qué debo vencerlos para liderar al clan?—preguntaba un poco asombrado por esa revelación.

—En efecto—Respondía Gine tranquila y un poco sonriente, ella estuvo de acuerdo con crear esa ley. Pues aquel que aspirara al puesto de líder, debía alguien poderoso pues este velaría por la seguridad del clan —pero no te desanimes cuando cumplas la mayoría de edad, podrás probar suerte si es que quieres liderar el clan. Así que asegúrate de volverte más fuerte ¿De acuerdo hijo?

—Es una buena forma de hacer las cosas en realidad—mencionaba Hayashi con una mano en su mentón, pensativo. Su capitán lo había sorprendido con esa idea —, aunque un poco innecesaria de momento por obvias razones.

—¿Quién sabe?—preguntaba Bardock desinteresado y alzando los hombros—tal vez a futuro Rycelo no sea el único de nuestros hijos—respondía, haciendo que Gine sonriera sonrojada.

Al escuchar aquello, los demás reían divertidos por esas sencillas palabras, además era divertido ver a Gine avergonzarse por aquello. A Bardock le daba lo mismo todo esto y a veces no llegaba a entender porque los terrícolas llegaban a reir por cosas banales.

Pero mientras ellos se divertían, a alguien no le hizo mucha gracia esa aseveración, aunque disimular disfrutar del ambiente, Mikoto no pudo evitar apretar los puños en señal de frustración.

—Pues lo hare—mencionaba seriamente el pequeño saiyajin, llamando la atención de todos los presentes. Señalaba a sus padres—me volveré muy fuerte, ¡más de lo que son ustedes!. Voy a vencerlos a ambos.

Sonreía ligeramente, pero podía notarse un deje de arrogancia y determinación, algo típico en la raza saiyajin. Bardock y Gine sonreían orgullosos, pues su hijo demostraba una valentía y coraje bastante alto. Eso mostraba lo excelente líder que era o sería en el futuro.

Y todos los presentes pensaban lo mismo, ese niño tenía el alma y espíritu de un guerrero. Algo lógico si se conocía la procedencia de su raza.

Es igual a ti, taicho—mencionaba el Uchiha enternecido mientras veía con una ligera sonrisa al niño.

El cachorro tiene agallas—pensaba con una sonrisa feroz observando al niño, la verdad era que ese niño demostró su valía desde muy pequeño. Su hija pensaba lo mismo—con razón Hana lo ha catalogado como Alfa.

Los Inuzuka eran un clan bastante peculiar, expertos en rastreo y salvajes en combate, además de inteligentes y astutos. Sus naturalezas eran compartidas con todos los tipos de canidos. Eso los lleva a tomar como suyos, ciertas costumbres naturales de esas razas. Una de ellas, era la de conseguir un alfa o pareja destinada.

Hana Inuzuka, hija mayor de Tsume y Ryoga Inuzuka, una niña dos años mayor a Rycelo, pero muy capaz a pesar de su joven edad. Ella había puesto sus ojos en Rycelo desde la primera vez que lo vio, ella lo olfateo desde lejos y a partir de ese momento quedo impactada y anonadada por él. Tsume solo recordó las palabras que dijo en ese momento.

¡Encontré a mi alfa!

Tsume se rascaba la nuca divertida, con una sonrisa salvaje. Ahora debía hacer lo posible por convencer al clan de Bardock, de convencer a Rycelo con su hija, para que se comprometieran cuando cumplieran la mayoría de edad y forjar una alianza entre clanes, que las futuras generaciones del clan Inuzuka teniendo sangre saiyajin seria algo realmente beneficioso, por no decir un premio.

Su hija prácticamente le rogo de rodillas que lo hiciera.

Y el otro problema de "menor" importancia, era que Rycelo prácticamente estaba comprometido con la nieta del Tsuchikage. Aunque solo sería verídica si Rycelo perdía ante Kurotsuchi, porque de ser así, su hija no podría comprometerse con el saiyajin más joven, porque ya estaría con otra mujer. Eso sería un golpe bajo para su hija, pero lo superaría. Era una Inuzuka a fin de cuentas.

Aunque si estuviera inscrito en el A.R.C seria otra historia—pensaba analítica la matriarca Inuzuka.

Acta de Restauración de Clanes.

Se trata de un decreto en donde un clan al borde de la extinción era apoyado por otros clanes dejando que los varones de dicho clan necesitado tuvieran dos o más esposas con otro clan de confianza para así ayudar a crecer la descendencia. Un matrimonio polígamo. Eso no la molestaba, pues a su modo de ver, era bien sabido que los alfas de lobos y otras especiases caninas, podían costearse varias parejas a lo largo de su vida, estilo de vida que el clan inuzuka a veces imitaba, tal vez porque compartían semejanzas similares a los lobos, perros y chacales, por lo que no sería una novedad ni impedimento que Rycelo tomara a ambas como esposas. No sería algo inmoral para ellos más aún si comprometía el bienestar de ambos clanes.

Lo más probable era que si sucediera, pues el clan de Bardock eran un clan nuevo de solo tres integrantes; y era muy probable que metieran a ambos varones en esa ley muy pronto, aunque no sabía si Bardock lo tomaría bien. Su capitán podría matar a esos ancianos por aquella afrenta pues a leguas se notaba que solo tenía ojos para su esposa, aunque sería algo positivo según su opinión, que acabara con esas viejas momias. Al menos se librarían de molestias.

[N/A: aquí Hanna será menor que Anko, Kurenai y Yugao, por unos cinco años.]

La importancia e influencia del clan Hyuga ante Konoha podría seguir en curso si jugamos bien nuestras cartas.

Hiashi Hyuga también pensaba algo parecido, el no pertenecía al extinto escuadrón Bardock, pero su esposa Inori es una íntima amiga de Gine, por lo que este accedió a acompañarla cuando Gine le aviso que la había invitado a su casa para ver los avances de su hijo. Era una buena oportunidad para ver qué tan prodigioso resultaba la descendencia entre ambos saiyajin.

No se arrepintió de su decisión, pues a diferencia del pasado, esta vez fue a analizar a su hijo, llevándose una gran sorpresa contemplar de primera mano el gran poder de Rycelo. Él era un buen candidato.

Veía de reojo a su esposa, quien jugaba amorosamente con la hija de ambos, una hermosa, pero algo tímida niña de ojos perlados y cabello azul. Su nombre era Hinata, la primogénita de ambos, la posible líder del clan y en quien tenía altas expectativas en ella.

Hiashi no era el monstruo que aparentaba ser en realidad, además de mantener el estatus e importancia de su clan en la aldea, también pensaba en el futuro de su hija, pues quería que estuviera a salvo y protegida de quienes vinieran por ella. Sería menos problemático si el chico no estuviera técnicamente ya comprometido con esa niña de Iwa, aunque no tenía que preocuparse en lo más mínimo pues la solución era tan simple como práctica; esa niña solo debía perder contra Rycelo y asunto arreglado.

Viendo el poder del niño, no sería nada difícil para él, ganaría sin duda.

—Bueno, mejor nos retiramos. Debemos dejar descansar a estas dos—mencionaba la Inuzuka refiriéndose a las dos kunoichis inconscientes en sus hombros —lo hicieron bien.

—Bueno ahora que estamos reunidas, ¿Porque no nos quedamos un rato?—preguntaba amablemente Gine.

— ¿Hay algún motivo en particular por el que nos pidas eso Gine-san?—preguntaba la siempre educada y elegante (aun así amigable y humilde) Inori Hyuga.

—Bueno, es que hace tiempo que no nos reunimos—mencionaba apenada la pelinegra rascándose la nuca, al parecer era algo de familia. Aunque Bardock no lo hacía —, y quería saber si querrían quedarse un poco.

El trio de mujeres se observaron entre si, pero luego sonrieron dos de ellas. Mikoto estaba un poco dudosa en realidad.

—Claro, tienes razón ¿Por qué no?—preguntaba Tsume con su colmilluda sonrisa.

—Hace tiempo que no nos reuníamos así—mencionaba Inori con una sonrisa amable —, seria gratificante el hacerlo nuevamente.

La única que no respondía era Mikoto, ella todavía tenía dudas sobre esta ligera reunión, pues a leguas se notaba que no se sentía nada cómoda con la proposición; pero ante todo pronóstico al final decidió que no había nada malo en ello así que aceptaría.

—Por mi está bien—respondía Mikoto con una ligera sonrisa.

Tras esa ligera conversación, Tsume le pasó ambas kunoichis a Anko, la cual lo hizo con desgano, pues no quería cargar a ese par, eran demasiado pesadas. Pero era una orden de una superior y no podía contradecirlo.

—Yo me tengo que retirar—Dijo Bardock llamando la atención de su esposa—, creo que el anciano me tiene una misión.

— ¿Enserio? —Preguntaba Gine un poco sorprendida — ¿Sabes de qué se tratará?

—No —Respondió el pelinegro mientras se encogía de hombros —, ya me lo dirá cuando llegue.

—Está bien, suerte.

Luego de esa respuesta, todos los presentes desaparecieron, dejando solo a las mujeres en la casa, por lo cual a Gine se le habia ocurrido una gran idea.

—Bien, vamos adentro. Tengo una variedad de hojas que compre hace poco —mencionaba la saiyajin entrando a la casa —, además podría hacer algo de comer.

— ¡Eso suena bien!—seguía a la pelinegra con una sonrisa dentuda y salvaje —Procura no demorar demasiado, ya sabes que no me gusta esperar.

—Vaya, tan impaciente como siempre Tsume—mencionaba de forma elegante y tranquila la matriarca Hyuga —por cierto querida, ¿ya hiciste algo para cambiar tus modales en la mesa o sigues actuando como toda una neanderthal?

A Tsume no le gusto el comentario y se lo hizo saber al apretar sus colmillos y al mirarle con molestia.

—Cuida tus palabras Hyuga—respondía la Inuzuka apretando un puño frente a ella—, te recuerdo que han pasado años desde que dejaste de ser una Kunoichi para actuar como toda una señorita delicada, así que no te pases de lista conmigo porque lo vas a lamentar.

—Oh, siempre resolviendo las cosas a punta de golpes, ¡Qué miedo! —mencionaba está llevando una de sus manos a su pecho de forma dramática y para hacer rabiar más a la matriarca Inuzuka, fingió sentirse asustada —las mujeres con clase no deben rebajarse a hacer algo tan primitivo como lo es el uso de la violencia, pero en tu caso no es de sorprender… después de todo eres lo opuesto a mí —le decía mientras esbozaba una sonrisa fastidiosamente elegante para el gusto de Tsume.

El castañeo de los dientes de la matriarca de los Inuzuca fue tan fuerte que se llegó a escuchar. No soportaba a esa mujer.

—Eres una….

—Basta las dos—ordenaba la Uchiha metiéndose entre ambas para evitar que esto acabara mal—, Ya sabemos que no se soportan, ¿pero podrían hacer un esfuerzo por llevar las cosas con calma al menos por esta ocasión?

Era cierta la aseveración de la Uchiha desde que se conocieron en la academia ellas fueron la viva imagen de la mezcla entre el agua y el aceite.

Inori era la "elegante" del grupo de amigas, una sobresaliente estudiante y excelente kunoichi, pero cuando estaba fuera de las clases o misiones, se volvía una niña orgullosa, delicada y algo bromista, que le gustaba meterse con sus amigas y sacarlas de quicio. Siendo Inuzuka la más afectada por sus bromas al ser una chica de aspecto y temperamento rudo.

Pero ahora que estaban reunidas después de tanto tiempo ¿porque arruinarlo a causa de una discusión sin sentido?

— ¡Ella empezó!—señalaba Tsume molesta a una sonriente e inocente Inori— ¡Y tú deja de sonreír!, no engañas a nadie haciéndote la mosquita muerta.

—Tus palabras son como dagas que perforan mi pobre corazón querida amiga—mencionaba aun sonriente la Hyuga — ¿conoces algo llamado sutileza? deberías ponerlo en práctica, apuesto que te iría mejor si lo haces.

—Tú eres muchas cosas, pero nunca sutil—Gruñia ella mientras apretaba con fuerza los dientes, haciendo que la Hyuga riera de forma elegante cubriendo su boca con una de sus manos, como detestaba que hiciera eso.

—Solo vayamos adentro—mencionaba Mikoto tras suspirar por el infantil comportamiento de sus amigas.

Tsume solo la veía apretando sus colmillos, pues no aguantaba esa sonrisita cínica de Inori, pero no podía hacerle nada. Solo la pequeña Hinata la salvaba, pues la inocente y tímida peliazul oscuro, caminaba tomada de la mano con su madre. No tenía idea, ni se daba cuenta, de el cómico conflicto que tenían su madre y la matriarca Inuzuka. Ella solo quería comer lo que la amable saiyajin menciono.

Inori caminaba con elegancia y presencia, con un ligero aire de arrogancia y que molestaba a la Inuzuka y causaba indiferencia a Mikoto, pues a ella no le importaba la forma de ser de esa mujer. Su rostro estaba un poco alto, mostrando porte y superioridad. En serio que le tocaba los nervios de Tsume.

Aprende algo de elegancia y modales al verme, Tsume—pensaba altiva y orgullosa la peliazul adulta.

¡Ay!, ¡maldita doble cara!—pensaba irritada y con una vena brotándole en su frente, pues la Hyuga era una mentirosa y engañosa.

En público mostraba una cara de elegancia, humildad e inocencia, mientras que con ellas, mostraba una actitud altiva, egocéntrica y arrogante, cosa que todas le aguantaban por el simple hecho de ser su amiga, y porque en realidad no era una mala mujer, solo un poco hipócrita y manipuladora pero nada más. Pero aunque fuese una amiga incondicional actuar como señorita recatada como si perteneciera a la realeza era suficiente para sacar de quicio la mayoría de veces a la más impulsiva de sus amigas.

Aunque la verdad, todas se llevaban muy bien, no había problemas entre ellas.

Entraron a la residencia Bardock, esperando que ese té y bocadillos que prometió Gine, lograra calmar las cosas. Querían un día tranquilo.

-(0)-

Rycelo había salido de la residencia, sonreía divertido y cruzado de brazos, parado en una roca. Atrás de el, estaba la reja de seguridad que conectaba a la aldea. Quería salir un rato a estirar los músculos.

Frente a el, estaban tirados un montón de lobos, extremadamente cansados y jadeantes, apenas y se podían mover, eran los mismos animales que siempre trataban de atraparlo desde hace años, cosa que obviamente nunca lograban. Se puso peor cuando Rycelo empezó a responder a sus ataques, ya no solo huía, también atacaba de vez en cuando. Eso mermo un poco a su manada, pues no los mataba, pero si los lastimaba lo suficiente, como para dejarlos relegados de las actividades con sus compañeros de jauría.

Pero esos lobos eran tercos con ganas

El lobo mas viejo, que al parecer era el líder, se levantaba aun adolorido y lento, Rycelo noto eso y sonrió un poco. Pues sentía la determinación del lobo, este gruñía de forma amenazante y con ganas de seguir luchando. Al pelinegro se le formo una sonrisa al sentir el claro desafío que el lobo le mandaba.

—Oh, así que ya llego nuestra pelea final. ¿No?—preguntaba el saiyajin desafiante.

—Grrr….

—Bien, hagamos esto.

Rycelo se colocó en posición de pelea, el lobo encorvo su cuerpo y mostro sus colmillos mostrando sus intenciones, dejando en claro que atacaría de forma feroz y a matar. Este sería la última vez que se enfrentarían.

O Mataban a Rycelo o lo dejarían en paz de una buena vez, el resultado pronto definiría el destino de todos.

—¡HA!.

—¡GRAAAAAW!.

Ambos contendientes se lanzaron el uno contra el otro, dispuestos a ganar esta batalla que se había alargado demasiado estos años, pero el día de hoy acabaría todo.

*¡BAM!.

Se escuchó por todo el bosque, incluso algunas aves salieron volando y bestias huyeron, el choque de esos dos fue brutal. Ya había al parecer un ganador.

Estaban ambos de espaldas, uno contra el otro, el lobo con sus garras totalmente estiradas, así como apretando sus colmillos. Rycelo estaba con un puño extendido, el silencio reinaba en la zona, expectante a que se declarara un ganador.

¿Quién sería?

—…Ugh—Rycelo se quejaba un poco y su puño descendía un poco.

—¡AOOUUUU!

El lobo cayo aullando de dolor, había sido el perdedor en esta larga batalla contra el pelinegro. Rugía en derrota, era una bestia salvaje, pero hasta él tenía un código moral, de alguna manera, el y Rycelo se entendían. Era un caso en donde dos enemigos mortales, pueden llegar a entenderse y forjar una ligera e imperceptible amistad y respeto entre ambos, tal como estaba pasando en estos momentos.

Rycelo se daba vuelta, observando que el lobo se recomponía poco a poco, hasta que por fin pudo erguirse, se mostraba orgulloso e imperturbable a pesar de sus heridas, aunque estaba tranquilo. Sus ojos chocaron, hasta que el lobo salto de la roca, caminaba tranquilamente, pasando a lado de Rycelo, sin hostilidad o querer dañar al pelinegro, el cual estaba tranquilo y de brazos cruzados con una ligera sonrisa.

El lobo paro hasta quedar frente a su manada, la cual ya estaba levantada, aunque muy heridos; habían respetado a su líder en no interferir en su batalla personal, la cual perdió lastimosamente. A su manera, empezó a hablar con sus subordinados, aunque Rycelo no entendía nada al no hablar gruñidos, en eso los lobos voltearon a verlo.

Pero segundos después ante la "vista" de Rycelo, empezaron a retirarse lentamente al estar heridos. Eso le había hecho sonreír al sentir que las presencias de los lobos estaban cada vez más lejos de él.

Había ganado esta guerra personal.

—Sera aburrido de ahora en adelante el no pelear más—mencionaba divertido retomando su camino —, pero se siente muy bien el ganar por una vez en la vida.

Tras esas palabras, dio un largo salto y cruzo la reja de seguridad. Tenía buena fuerza en las piernas.

Caminaba mostrándose un poco nervioso y apenado hasta llegar al sector urbano de la aldea, pues algunos aldeanos le daban elogios y muchos respetos, claramente por ser el hijo de uno de los clanes más grandes de la aldea, a pesar de solo tener ser tres integrantes por el momento. Pero a pesar de esa desventaja, el poder de los lideres compensaba eso y más forjándoles una buena reputación en la aldea.

Rycelo les decía de forma amable y apenado que no era necesario hacer aquello, pues le causaba un poco de incomodidad, porque él no estaba acostumbrado a ese tipo de tratos. Pero eso causaba el efecto contrario al deseado, pues por su forma de ser y humildad, se ganaba cada vez más, el respeto y admiración de los aldeanos.

Además de ser un ejemplo a seguir, pues a pesar de su discapacidad visual, el pudo salir adelante, hasta llegar a ser un estudiante shinobi de los más destacados.

Era un chico increíble.

—Nunca me voy a acostumbrar a esto—decía apenado pero con una ligera sonrisa—hmmm, así que debo vencer a mis padres para liderar el clan, ¿eh?—ahora pensaba muy dubitativo, era comprensible al saber que debía enfrentar y vencer a sus padres parecía algo imposible—, papá en si ya es un monstruo en cuanto a poder, mamá igual. ¿Qué puedo hacer contra ellos?

Por más que pensaba, no sabía cómo vencerlos, siempre que luchaba contra ellos en los entrenamientos, terminaba derrotado sin oportunidad alguna por no decir de forma patética. El daba todo, mientras que ellos se contenían siempre; a veces era un poco frustrante y denigrante si lo pensaba con detenimiento.

Por más entrenamiento que tomara, no podía llegar al nivel de sus padres, aunque era lógico al ser apenas un niño, a sus padres les costó años de entrenamientos, sudor, sangre, lágrimas y sacrificios, para obtener sus actuales poderes y habilidades. El apenas era un niño, alguien que transitaba por un largo camino.

Así que por ahora, no podía llegar a ese nivel; le faltaba mucho que mejorar.

—No me queda más opción que seguir entrenando muy duro. Hasta que tenga la edad legal para retarlos—reflexionaba cruzado de brazos mientras caminaba—aunque ellos también se la pasan entrenando y aumentando sus poderes, eso lo vuelve más difícil. ¡¿Qué hago?!

El saiyajin se rascaba cómicamente la cabeza en señal de frustración. Las personas que pasaban por ahí, lo veían con una gota de sudor bajando por su cabeza. Admitían que el hijo de los Bardock era un poco raro.

—Bueno, no importa—respondía suspirando derrotado, no había caso el matarse pensando en aquello. Tenía bastante tiempo para entrenar—tengo un poco de hambre.

Camino hasta un local en especial, uno que en sus tantos recorridos por la aldea, encontró sin querer. Volviéndose su lugar favorito para comer.

—Oh, pero miren quien llego—el anciano dueño del lugar, se encontraba tras la barra. Cocinando obviamente— ¿tu estomago te trajo de vuelta aquí?—preguntaba amablemente, aunque algo divertido. Eso hizo que Rycelo riera un poco.

—Pues no puedo mentirte Teuchi-san—mencionaba el saiyajin al anciano, le agradaba bastante ya que era de las pocas personas que no lo trataban como de la realeza. Era más sencillo y simple—tengo mucha hambre, ¡Dame diez rámen de cerdo extra grande por favor!

—En seguida—el anciano contesto y se puso a prepararlo — ¿entrenaste de más nuevamente?, porque cada vez que lo haces siempre que pides esa cantidad.

—Bueno, es que el día de hoy tuve un combate de entrenamiento—respondía sincero, no había nada de malo en decirle. No era un secreto después de todo—, fue uno demasiado intenso.

—Oh vaya, eso puedo notarlo al ver la cantidad de platos que vas a comer. Tu entrenamiento debió ser intenso—decía divertido mientras metía la masa de fideos al caldo.

— Lo fue… ¡Pero a fin de cuentas yo gane!—menciono orgulloso inflando su pecho, haciendo reír al chef. Este chico era demasiado intenso—, pero no me fue sencillo, pude perder en cualquier momento. La verdad creo que gane por pura suerte—admitía mientras giraba un poco su brazo, pues le dolía el hombro.

—Jaja, en eso te equivocas—mencionaba el anciano cortando unas verduras.

— ¿En qué cosa?—preguntaba confundido alzando una ceja.

—La suerte no tiene nada que ver con lo que nos sucede—respondía mientras agregaba las verduras cortadas a un tazón—nuestras acciones son los que nos dirigen en el camino, no la suerte. Nosotros decidimos el resultado con el curso de nuestras forma de actuar.

Rycelo estaba pensativo ante las sabias palabras del anciano, estaban llenas de verdad. Todo lo que ha logrado hasta ahora, fue por su esfuerzo, no por la suerte; en eso estaba de acuerdo con el cocinero.

Después de todo ¿Quién podría ser más sabio que un cocinero?

—Sí, tienes razón—admitía animado y mirando el techo—aunque eso no le quita el hecho de que me dolió jaja.

—Jeje, me lo imagino—respondía el anciano sirviéndole el enorme plato de rámen—aquí tienes.

— ¡Gracias!—exclamaba con los palillos en cada mano y ansioso por comer—oh, ¿dónde esta Ayame-chan?—preguntaba curioso antes de comer, no podía sentir la presencia de la pequeña castaña. Ella siempre estaba ahí.

—Oh, ella se fue a comprar los víveres que faltaban. El mercado es aquí cerca—respondía tranquilo el anciano, sin preocuparse por su hija, pues ella era muy inteligente y la aldea segura. No le pasaría nada—ha de estar por llegar.

—Bueno.

Y así Rycelo empezó a comer ávidamente con la sutileza de un mandril, a pesar de ser un niño, parecía que tenía un hoyo negro en lugar de estómago, porque arrasaba con todo lo que le servían. Era algo increíble que ese niño lograra comer semejantes cantidades de comida, a pesar de su pequeño tamaño.

Pero ahí estaba, en frente de todos ellos, siendo testigos de aquel "genocidio" alimenticio. Ese chico era un caso especial. Se apiadaban de la pobre mujer que se volviera su esposa, tendría mucho trabajo que hacer. Demasiado a decir verdad.

Algunas chicas de la aldea y de otras, estornudaban sin razón alguna.

—Oh, Rycelo-chan.

El niño volteo cuando fue nombrado, con algunos fideos en su boca llena, Teuchi se asomó. Ahí estaba aquella persona que faltaba.

Era la pequeña Ayame, vestida como su padre, de chef, aunque sin el gorro. Cargaba una bolsa con el encargo.

Rycelo trago de golpe lo que tenía en la boca, dejando salir un suspiro de satisfacción. Estaba delicioso.

—Hola Ayame-chan, ¿cómo estás?—saludaba el saiyajin con una sonrisa.

—Bien, es bueno verte por aquí—respondía la niña pasando a un lado de él, con una linda sonrisa y un sonrojo. A ella le alegraba ver al chico— ¿volviste a entrenar de forma excesiva verdad?

Ella le entregaba la bolsa de víveres a su padre, mientras este se dirigía a guardarlos. La pequeña se puso un pañuelo blanco en su cabello y se colocó tras la barra.

—Rayos, ¿soy tan fácil de adivinar? Jaja—preguntaba apenada el pelinegro rascándose la nuca.

—Si—respondió ella con un tono divertido

El saiyajin solo reía apenado y volvía a tragar ingestas desproporcionadas tal y como lo hacía como su raza. A los demás, esto les parecía asombroso, pero a los Teuchi, pues no tanto, al comienzo sí, pero ya después se acostumbraron

Ayame solo lo veía comer con una sonrisa, Rycelo ni se daba cuenta por estar pendiente de su banquete, pues apenas iban 6 de los 10 enormes platos que pidió.Teuchi observaba a su hija y reía en voz baja, ella era demasiado obvia en realidad, pero, ¿cómo no serlo?, era apenas una niña de 8 años, al igual que Rycelo. Era su primer amor.

Esperaba que no sufriera por su perdida, pues él sabía que el chico estaba comprometido con esa chica de Iwa, el propio Rycelo se lo dijo una vez sin darse cuenta. Así que decidió guardar el secreto porque parecía algo de mucha importancia, aunque al parecer, a Rycelo se le olvido eso por completo.

Pero bueno así era la vida; y pronto su hija aprendería.

—Hola Rycelo-kun

El saiyajin volteo su mirada cuando fue llamado, ¿el causante?, el hijo primogénito de Mikoto. Había llegado ahí junto a un pequeño Sasuke.

—Oh, Itachi-san. ¿Cómo estás?—saludaba amablemente.

—Se podría decir que muy bien—respondía también un poco animado el pelinegro Uchiha, sentándose a un lado de el. Ayudo a Sasuke a sentarse ya que no alcanzaba bien los bancos—deme dos rámen de cerdo normales por favor—, pedía amablemente, especificando al último su orden. Ya que no quería que le sirviera en esos platos enormes como al saiyajin.

—A la orden—respondía la castaña para avisarle a su padre y ayudarlo a hacer esa orden.

—¿Cómo vas en la academia ninja?—preguntaba curioso el Uchiha mayor, Sasuke se entretenía observando por ahí.

—¡Muy bien!, soy de los mejores—respondía orgulloso de su posición que se ganó por su esfuerzo —,aunque no sé nada de ninjutsu.

—Bueno eso es obvio—respondía Itachi un poco divertido—, ya que tú no tienes red de chakra, eres usuario de ki. Pero eso no quita meritos.

—Jajaja, gracias—respondía agradecido Rycelo—,es que debo de ser fuerte si quiero ser líder de mi clan.

—Esa es una buena idea—respondía Itachi observando a su hermano, el cual estaba ahí, desinteresado moviendo sus piernitas. Sasuke era un caso especial—si quieres proteger tu clan, debes ser fuerte. Solo así puedes mantener a salvo a quienes quieres.

—Si, lo sé. Pero es que literalmente debo luchar para ser el líder.

— ¿Qué?—pregunto curioso y confundido el Uchiha, entonces Rycelo conto esa ley que sus padres impusieron. Eso lo sorprendió un poco —oh, esa es una ley interesante y muy curiosa en realidad.

—Pienso lo mismo—respondía el anciano Teuchi, trayendo el pedido de los Uchihas—aquí tienen.

—Gracias—respondieron ambos.

El trio empezaba a comer, aunque los Uchiha lo hacían con más lentitud y educación, es decir, como personas normales a diferencia de Rycelo quien tragaba como bestia.

A Itachi no le parecía raro, ya lo había visto comer antes. Aunque Sasuke era otra cosa.

¿Este es el heredero Bardock?—preguntaba incrédulo viéndolo comer tan tranquilo y feliz, como si no fuera gran cosa su clan. Eso lo hizo fruncir un poco su ceño—es un tonto—volvía a comer sus fideos.

El desagradable espectáculo culinario termino, Rycelo suspiro totalmente satisfecho mientras se daba palmadas en su abultado abdomen. Esa fue una buena comida, ahora solo faltaba descansar un poco y luego, seguir entrenando, ya que no se volverá fuerte si no hace nada.

Itachi estaba limpiándose la boca con una servilleta, mientras con Sasuke, el veía asombrado el cerro de platos que el pobre anciano y su hija debían lavar, ese tal Rycelo, no podía ser humano si comía así, debía ser alguna clase de bestia o monstruo.

Si tan solo supiera….

—Fiu, diez platos. Has superado tu record personal—silaba asombrado y luego mencionaba Itachi tras ver la cantidad de platos que consumió—,antes podías solo ocho.

¿Qué puedo decir?—preguntaba el pelinegro saiyajin con una sonrisa—soy un niño en crecimiento… y me gusta comer.

—Eso veo—respondía Itachi divertido—¿Qué harás de ahora en adelante Rycelo?—preguntaba curioso, ganándose una "mirada" confundida del saiyajin—me refiero, ¿pelearas por el liderazgo de tu clan?

—¡Claro que sí!—respondía determinado el chico, con un gran sonrisa y apretando sus puños. Estaba decidido a ganar—entrenare cada día y me volveré fuerte, ¡Mucho más fuerte que el día anterior!. Debo hacerlo si quiero ganarme mi derecho.

Estaba emocionado, en sus venas corría sangre saiyajin pura, la cual hervía de emoción por entrar en una batalla emocionante. Además, la emoción y curiosidad por saber hasta dónde llegar, solo lo hacían emocionar más. Quería ser más fuerte.

¿Hasta dónde sería su límite?, eso no le importaba, si llegaba a el, solo debía romperlo y seguir más allá. No había límites para los saiyajin, eso fue lo que le había dicho su padre. Pero mientras él estaba metido en sus determinados pensamientos, otros lo veían con otros ojos, con pensamientos casi similares.

El viejo Teuchi con diversión, confianza y entendimiento. Este chico ha demostrado ser muy poderoso a pesar de su discapacidad.

Itachi asintió con una sonrisa orgullosa, no será un Uchiha, pero cualquiera sentiría lo mismo si escuchara a un niño hablar con tanta determinación y confianza. Era algo motivacional, pues incluso los adultos, no podrían llegar a tal nivel de determinación. Este chico era demasiado especial y no era debido a su discapacidad.

Aunque Sasuke tenía sus dudas, pues este chico no demostraba ninguna habilidad especial. Solo el de tragar como bestia pero eso no contaba como una habilidad sorprendente que le hiciera crecer como shinobi.

Mientras que Ayame; bueno…

—¡Hiiii!—la castaña chillaba en voz baja, estaba cubriéndose su sonrojado rostro con ambas manos, estaba acuclillada. Esa forma de ser del saiyajin, la tenían loquita, podía notar una temblorosa sonrisa.

Todos veían con una gota de sudor el comportamiento de la niña, hasta Sasuke. Era demasiado obvia para cualquiera que la viera. Excepto para Rycelo, el cual no se daba cuenta de nada. Sus ojos no se lo mostraban.

—Bien, es momento de retirarme. Debo seguir con lo mío—mencionaba Rycelo sacando el dinero para pagar—un buen descanso y seguir entrenando.

—Tu si que te tomas en serio el volverte fuerte, ¿verdad?. Pero eso es bueno—decía Teuchi de forma divertida, Rycelo reía y le entregaba el dinero. Era bastante—gracias por tu preferencia.

—La comida es buena, obvio que comeré aquí. ¡además me caen muy bien!—respondía Rycelo de forma muy animada, haciendo reír un poco al anciano. Ayame se avergonzó aun mas tras esas palabras.

—Bien, nosotros también debemos irnos. No queremos preocupar a nuestros padres—Itachi mencionaba sacando dinero y entregándoselo al cocinero—aquí tiene.

—Muchas gracias joven Uchiha—recibía el dinero con mucho gusto—pasen cuando quieran.

—Lo tendremos en mente—respondía amable el Uchiha levantándose, siendo imitado por los dos menores. Ya era hora de retirarse—tenga buen día.

—Ustedes también—se despedía el cocinero viéndolos salir de su puesto—jaja, son buenos chicos—mencionaba tranquilo volviendo su cocina, viendo con una gota, como su hija seguía sin levantarse. Luego empezó a reír de forma leve—el amor joven.

Ayame no dijo nada.

—Debes esforzarte más si quieres ser su esposa—mencionaba burlista, esperando la obvia reacción de su hija, cosa que no tuvo que esperar.

—¡To-san!—exclamaba la niña avergonzada y recomponiéndose, para mas diversión de su padre. Pero cambio a una personalidad tímida e insegura después—¿t-tu crees que deba esforzarme mas?, ¡digo!. E-En el hipotético caso de que quiera ser su esposa.

—Hija, para conquistar a un hombre; toda mujer debe esforzarse—mencionaba el anciano volviendo a su labor—los hombres somos difíciles de conquistar.

—Mamá me dijo que te conquisto solo con darte de comer—mencionaba la castaña con los ojos entrecerrados.

Eso causo que Teuchi perdiera un poco el equilibrio, pero no cayo. Así que solo carraspeo su garganta.

—Tu madre siempre abría la boca de mas—respondía un poco indignado por mencionarle aquello a su hija—pero el punto no soy yo, eres tú. ¡No lograras ser su esposa si sigues perdiendo el tiempo.

Ayame retrocedía impactada y temerosa, no por su padre viéndose enorme como si fuera un genjutsu y la señalara con su enorme dedo. Sino por sus palabras.

¿No seria la esposa de Rycelo?, eso no podía ser verdad era injusto. Ella se esforzaba de más en la cocina, pues quería ser una experta cocinera, una que pueda servirle a su esposo una buena comida y que este le retribuya sus esfuerzos, con mucho amor, ¿ahora tal vez no era suficiente?

Cayó de rodillas y con sus manos en el suelo, con el flequillo tapándole los ojos. Un aura negra depresiva, envolvía todo el pequeño cuerpo de la niña. Se sentía muy inferior y derrotada.

—N-No puede ser….¡no es justo!.

Su padre se arrodillo al lado de ella, dándole palmaditas de apoyo y comprensión a su hija. Era su deber paternal.

Todo mientras los clientes los observaban interesados en el espectáculo gratis que estos dos le daban, comiendo sus tallarines sin perderse nada. Estaban muy interesados en el tema.

Era más interesante que una novela escrita por Jiraya, ¡Esto era en vivo y mas dramático!

-(0)-

—Oye Rycelo—mencionaba Itachi al saiyajin, logrando llamar su atención y también la de Sasuke— ¿en serio piensas nuevamente entrenar luego?—preguntaba curioso el Uchiha mayor.

—Pues si—respondía el saiyajin simplemente —,no puedo quedarme sin hacer nada.

— ¿Quieres una recomendación?—preguntaba amablemente el Uchiha mayor.

—¡Claro que sí!. —Exclamo entusiasta, después de todo Itachi era un prodigio.

—Tomate un descanso.

— ¿Qué?—preguntaba el pequeño saiyajin, confundido y sin entender. Pues no sabía a donde quería llegar con esas palabras.

Itachi solo reía un poco divertido por la expresión de Rycelo, este chico era algo lento. Al parecer solo pensaba en pocas cosas y eran simples.

Entrenar y comer.

—Esta bien entrenar, volverse más fuerte; pero también es bueno descansar—respondía el Uchiha, viendo como Rycelo al parecer no terminaba de entender del todo. Así que prosiguió—todo cuerpo necesita entrenar para volverse más fuerte, eso es verdad. Pero también descansar y así asimilar lo entrenado.

—Bueno, eso lo entiendo un poco. Ya me lo habían dicho—respondía dudoso el saiyajin rascándose la nuca—pero no puedo evitarlo, pero es que yo solo quiero ser más fuerte y más fuerte y solo puedo lograrlo entrenando. No acostado sin hacer nada.

—Rycelo-kun si sigues así forzando tu cuerpo de mas, solo causaras que este se lesione. Eso complicara tu rendimiento y complicara tus planes—mencionaba el Uchiha sabiamente—¿De qué te serviría tener tu cuerpo dañado cuando llegue la hora de la verdad?

—Bueno, he visto como Gai-nii….

—Yo he visto a Gai-san entrenar, llevar su cuerpo al límite con sus extremos y duros entrenamientos. Es admirable en realidad—mencionaba el Uchiha tranquilamente—pero lo he visto descansar, tomarse su tiempo y luego continuar. Tus padres también, ellos descansan. Tú deberías hacer lo mismo.

Rycelo estaba pensativo y reflexivo, pues Itachi tenía razón, el entrenaba fuertemente con sus padres, hasta casi desfallecer. Luego ellos descansaban uno o dos días, tras esos entrenamientos. Después de ese tiempo, volvían a entrenar tan brutalmente como siempre; nada fuera de lo común.

En cambio el seguía entrenando día tras día, sin paragon y sin brindarle a su cuerpo un breve descanso. Sus ansias y emoción de querer ser fuerte no le dejaban pensar bien las cosas; el solo quería ser tan fuerte como sus padres para poder a llegar ser lider.

—Bueno, creo que tienes razón. Tal vez deba bajarle un poco a mis entrenamiento excesivos—mencionaba pensativo, considerando las palabras de Itachi. Eso hacía sentir satisfecho al Uchiha—aunque mírame Itachi-san, no me siento mal. Estoy bien.

El Uchiha paro en seco, haciendo detener a los dos menores el miraba seriamente a Rycelo, el cual estaba nervioso por esa mirada tan profunda que le dedicaba, no podía verlo, pero de alguna manera, si sentirlo. Se paro frente a el.

Lo analizaba con la mirada, con una mano en su mentón, Rycelo se sentía nervioso y Sasuke confundido. ¿Qué estaba haciendo su hermano mayor?

Hasta que sonrió un poco al ver algo.

—¿Estas completamente seguro de que estas bien?

—¿Uh?, pues si—respondía tranquilo pero confundido el saiyajin —.¿Porque lo pregunta?.

—De acuerdo —respondía con las intenciones de hacer algo —.Si tú lo dices.

—Itachi le colocó suavemente una mano en el hombro, eso por alguna razón, dejo paralizado al saiyajin. No se movía para nada.

Pero segundos después…

— ¡Iiiiigh!—el saiyajin cayo hincado en una rodilla, mientras se agarraba el brazo muy adolorido. No entendía que pasaba —¿c-como…?

—Un truco que tu padre me enseño—mencionaba divertido el Uchiha, abriendo y cerrando la mano. Ahora observaba serio pero sereno al niño—¿Ahora lo puedes entender?.

— ¿P-Por qué….?

—Varios años de fatiga ha acumulado tu cuerpo, estrés, cansancio y todo tipo de lesiones menores. Eso se ha estado almacenando en un cuerpo demasiado joven como el tuyo y llegara el momento en que tu cuerpo no pueda más—respondía el Uchiha observándolo ahí—todo ese daño, ha estado dentro de ti. Tus constantes entrenamientos, no han dejado a tu cuerpo sanar correctamente. ¿En serio crees que estas apto para ser shinobi en ese estado?

Rycelo estaba impactado por esta revelación, nunca se había sentido mal y ahora, con solo Itachi tocarlo suavemente, le dio a ver la realidad de su cuerpo. Estaba dañado, mucho en realidad, tenia demasiado daño acumulado. Apenas podía moverse ahora.

¿Por qué no lo ha sentido antes?, tal vez porque solo entrenaba y gracias a la anatomía de su cuerpo quizás no resintió los daños en esos momentos. Los demás esfuerzos físicos, no eran demasiados y por eso no forzaban mucho a sus gastados músculos. Era algo demasiado preocupante en realidad.

Solo tenía 8 años y ya había dañado su cuerpo.

—N-No puede ser….

—Tu cuerpo tiene las secuelas de todos esos tortuosos entrenamientos, el no brindarle un descanso adecuado generó graves consecuencias—seguía diciendo Itachi de forma seria —, debes descansar, tomarte un tiempo hasta que tu cuerpo se recupere naturalmente. Sino podría ser grave e irreparable el daño que te puedas causar.

—E-Entiendo… —Rycelo se levantaba adolorido y un poco pesado, pues el dolor se había mermado, pero seguía ahí. — ¡por kami!, en serio duele.

—Bien, ven al clan Uchiha con nosotros si quieres —invitaba amablemente el Uchiha mayor al saiyajin menor —,conozco personas que podrían ayudar a tratar las lesiones de tu cuerpo.

— ¿De verdad?—preguntaba esperanzado el saiyajin.

—Claro que si—respondía amable el Uchiha — ¿Y bien?

— ¡Claro!, muchas gracias.

Así los tres se dirigían hacia el complejo Uchiha, aunque Sasuke mantenía sus reservas con ese chico ciego, pues no le agradaba del todo. No parecía ser alguien que valiera la pena.

Al querer ser aceptado por su padre Sasuke a su corta edad, se ha esforzado demasiado, sin importarle mucho socializar con niños fuera del clan, había adoptado un poco la personalidad de Fugaku, pues no le interesaba nadie fuera de su clan. Era frio e indiferente con los ajenos a ellos, solo dentro del complejo se comportaba como un niño normal. Se estaba volviendo orgulloso.

No era como su hermano mayor, que era amable y social con todos, ya sea dentro o fuera del clan. Admiraba y amaba a Itachi, pero no seguía del todo su ejemplo, seguía más al de su padre.

Eso también ha provocado roces entre Itachi y Fugaku, de los cuales Sasuke ha sido testigo, porque a pesar de que Fugaku sentía orgullo por su primogénito, no tenían los mismos pensamientos y las formas de ver las cosas; pero por suerte no habían pasado a más.

Sasuke estaba receloso del joven saiyajin, ¿En qué pensaba su hermano al llevarlo? El debería pasar más tiempo con el que con un desconocido.

-(0)-

El cuarteto de señoras, estaban sentadas alrededor de la clásica mesa de cristal, encima de ella, había una tetera de cerámica y un ligero aperitivo. Estaban muy cómodas y divertidas, hablaban entre si de manera relajada. Incluso Mikoto ya había perdido sus dudas e incomodidad, riendo de vez en cuando. Era agradable volver a convivir con todas a decir verdad.

—¿En serio?—preguntaba Gine divertida a Inori, la cual asentía—vaya, en serio eras una buena kunoichi.

—Aun lo sigo siendo—elegantemente, respondía tras beber un poco de te, se notaba lo refinada que era; exudaba clase y educación a niveles casi enfermos —,sigo entrenando en el complejo, no he dejado de hacerlo. Solo me retire del servicio activo.

—Eso es verdad, yo estoy igual. Sigo entrenando—respondía Mikoto con una suave sonrisa y cerrando sus ojos—, deje de ser kunoichi, pues ser madre consume mucho de mi tiempo, con más razón debo entrenar y ser fuerte.

—Ese es un buen motivo—respondía Gine sirviéndole una taza de té a Tsume—,yo también lo hago por la misma razón que tu.

—Mi deseo es ser más fuerte, ser una líder que pueda tener a su jauría segura. Gracias—respondía cuando Gine le termino de servir—no pienso dejarles hacer a otros lo que puedo hacer ¿yo verdad Inori?—mencionaba maliciosamente a la Hyuga.

La mencionada entendió bien la indirecta, pero no le afecto. Como una dama respetable y educada solo bebió una taza de té.

—Eso es verdad—respondía elegantemente la Hyuga, con una suave sonrisa. Mostrando un aura de clase alta—, cuando estábamos en la academia muchas eran unas mimadas engreídas, dejaban que los demás hagan las cosas. ¡Que vergüenza!

— ¡Tu eras una de esas!—respondía cómicamente la Inuzuka, le crispaba el actuar tan hipócrita de la Hyuga. Quería saltarle encima — ¡nosotras hacíamos todo el trabajo y tú solo tomabas el crédito!

—Eso es normal una mujer con clase como yo, no debía hacer ese tipo de cosas; es anti natural—respondía elegantemente, mientras se acomodaba el cabello hacia atrás. Ahora dejando escapar una sonrisa maliciosa—. Ese trabajo le corresponde a las mujeres salvajes como tú—sonreía con burla hacia la Inuzuka.

—¡T-Tu!—a Tsume le brincaba una vena en su frente del enojo.

Y ante la risa de las demás, Tsume suspiro de forma pesada para después negar con la cabeza en un gesto divertido, tal vez Inori era demasiado fastidiosa e hipócrita pero a fin de cuentas era una de sus preciadas amigas solo esperaba que las cosas continuaran de esta manera por muchos años más, pero ella más que nadie sabía que nada es para siempre después de todo así es la vida del Shinobi.

Y la pequeña Hinata solo comia a un lado de su madre.