Habían pasado mas años, la aldea de Konoha había pasado por terribles sucesos, que por poco ocasionan una gran caída de la aldea. Por suerte no sucedieron.

El casi rapto de la primogénita Hyuga, por un supuesto mensajero de la aldea de las nubes, el Raikage exigió una compensación por eso, un furioso hokage le reclamo que fue su "invitado" quien cometió agresión y que ellos deberían retribuirlo. Cosa que el raikage fingió demencia por ese caso y pidió una compensación, la vida del causante de la muerte de ese shinobi, quien fue nadie mas que Hisahi Hyuga, el gemelo mayor del líder del clan y que pertenecía a la rama secundaria del clan. El raikage exigía su vida y que su cuerpo se enviado a la nube.

Sus intenciones no podían ser mas obvias, era conocido en todo el mundo shinobi, que estaba obsesionado con los kekkengenkai, quería tener a ese tipo de personas en su aldea y volver a su aldea muy poderosa. Todo eso era parte del plan del Raikage, Konoha no podía negarse. Habría guerra en caso de hacerlo.

Pero no contaba con algo.

Saiyajin muy molestos.

Flashback:

Ese día la Nube estuvo a punto de desaparecer, aunque trataron de crear la menor cantidad de destrucción posible, sin lastimar civiles o matar shinobis, a estos últimos solo los dejaban lo suficientemente lastimados como para no ser una molestia. Ni siquiera E, el poderoso hijo mayor de A, junto a Killer Bee, el aun mas poderoso jinchuriki del hachibi (bestia de 8 colas) pudieron hacer algo.

Quedaron fuera de combate en el suelo, el raikage sangrante los veía con furia, ambos saiyajin estaban muy serios y molestos. Gine estaba cruzada de brazos mientras que su esposo, tenía sobre su hombro un enorme bulto envuelto en una tela blanca manchada de sangre. A no podía luchar al estar demasiado herido.

¡Bam!.

Frente a el, Bardock dejo caer el bulto al suelo de forma violenta y pesada. De una ligera patada, empezó a rodar mientras poco a poco el contenido se mostraba al desenvolverse con cada giro. Hasta que se mostro por completo.

Era el cadáver de ese infame shinobi que trato de secuestrar a la pequeña e inocente Hinata, A solo rugía en ira por esto. Gine se acuclillo cerca del líder de la nube, estaba muy enojada. Eso se veía en su rostro.

—Era una niña pequeña—hablaba refiriéndose a Hinata, su voz era fría y molesta—una indefensa niña.

—Grrr….—A solo gruñía impotente y furioso.

—Se cual es tu enferma obsesión con las barreras de sangre—volvía a hablar sin cambiar su tono de voz—también sabemos que tenias planes con nuestro hijo.

La voz de Gine cambio a una voz mas grave, molesta y muy fría. Estaba muy molesta que un extraño, tuviera planes mórbidos con su hijo, por eso, ella fue quien con muchas ganas, le rompió ambos brazos. Lo disfruto baste.

Era una madre después de todo, ellas eran quienes mas protegían a sus hijos, mas que los padres. Por eso eran mas fieras y brutales a la hora de proteger a sus hijos, debían serlo. De esa forma estarían protegidos.

—Lo que estas haciendo, solo hará que halla guerra entre….

—Háganlo con toda confianza, adelante. Que no les de pena—tomaba la palabra Bardock, tan frío y serio como siempre—aunque…..eso no cambiara nada.

Se refería a que solo ellos dos casi habían derrotado a las fuerzas shinobis de Kumo, viendo la realidad de su situación, A solo pudo rugir de impotencia e ira.

¿Qué podría hacer Konoha entera contra ellos?, era una imagen desoladora. No tenía mas opción que agachar la cabeza por el bien de su aldea y nación.

Los saiyajin entendieron aquello.

—Vuelve a intentarlo y te destruiremos a ti y toda tu aldea—amenazaba Gine muy seriamente y dispuesta a hacerlo—nadie se mete con mi hijo.

Tras eso dio media vuelta y empezaba a flotar, pues destruyeron el techo de la torre en el ataque. A no podía creer que esa mujer de apariencia tan frágil, fuera tan poderosa, pues le rompió ambos brazos. Aunque el sabía que un mundo tan hostil como lo era el shinobi, nada era lo que parecía. Cualquier cosa podría sorprenderte.

Hasta Bardock estaba sorprendida por el actuar tan violento de su esposa.

—¿Vienes o esperas una invitación?—preguntaba molesta a su esposo.

—Eh, yo te sigo—respondió saliendo de su trance, empezando a flotar siguiéndola.

Ambos saiyajin salieron volando a gran velocidad, dejando a un furioso raikage, el cual destrozo el suelo de un cabezazo en su frustración. Además sus brazos estaban rotos.

Los Bardock volvieron a la aldea esa misma noche, solo para llevarse una desagradable sorpresa. Hisahi Hyuga ya había sido sacrificado, una decisión prematura y tomada por los ancianos del clan. Ante esa impensable acción, los Bardock pensaron algo. Y la opinión era compartida.

Todos los Hyuga (a excepción de Inori y Hinata) eran unos completos imbéciles.

Fin del Flashback.

Lograron salir de esa crisis de forma positiva, la nube decidió no tomar represalias contra la hoja, así que estarían en paz de momento. Era mejor eso a perder todo su poder a causa de una furiosa mujer saiyajin.

Además de que todos sus planes en conseguir a algún Bardock, Hyuga o Uchiha, estaban totalmente cancelados. No querían ser borrados del mundo.

Pero aunque la paz estaba de vuelta, no pudieron disfrutarla del todo. Pues una nueva desgracia caería en la aldea y de forma interna. La masacre Uchiha, un genocidio que nadie se espero. Algo fuera de los precedentes.

Dejando a los Uchiha muy mermados, pues gracias a la intervención de los Bardock, lograron salvar a varios de ellos de su agresor. Aquel que se supone era el prodigio entre los Uchiha, el hijo del líder y de los shinobis mas jóvenes y poderosos de la aldea. Un gran peligro para todos.

Itachi Uchiha.

¿Quién pensaría que una persona tan amable y educada como Itachi, fuera en realidad un monstruo genocida?. Nadie se lo espero.

Pero lo mas molesto, era que no trabajo solo. Alguien mas lo ayudo.

Flashback:

—¡Tu!.

Bardock exclamaba furioso, en sus brazos tenía a una inconsciente Izumi, quien estuvo a punto de ser asesinada por aquel ser que estaba frente a el. Ese tipo que no habían visto hace años.

Ese enmascarado desgraciado, aquel que por su culpa, Minato había muerto y dejado sola a su esposa e hija. Además de que perdió a quien consideraba su mejor amigo (Aun cuando no lo admitiera en voz alta).

Quería saltar a matar a ese tipo en venganza, pero no podía hacerlo, ese tipo fue un genio y esta vez estaba mejor preparado. Varios Uchiha estaban ahí, esparcidos y muy mal heridos, pero vivos. Corrían un gran peligro.

—Es bueno verte de nuevo—respondía el enmascarado tranquilamente—veo que ahora eres mas inteligente que la última vez.

—Voy a matarte—respondía furioso el saiyajin.

—Oh, puedes hacerlo. Pero…—en eso extendía ambos brazos a los lados, totalmente confiado en su bienestar. No podía ser tocado—ellos morirán conmigo—refiriéndose a los Uchiha heridos por todas partes.

Toda la zona del clan, estaba cubierta por cientos de papeles bomba, las suficientes para volar el distrito completo y sus habitantes. Estaban muy heridos, casi muertos y por eso no podrían salvarse. Ya que no se podían mover.

Bardock bufo de molestia, esto complicaba las cosas, no podía dejarlos morir. Tendría muchos problemas si lo hiciera.

—La suerte te vuelve a sonreír, desgraciado—mencionaba furioso, pero sonreía un poco—no se cual es tu maldita idea, pero te aseguro que no lograras nada. Te matare primero.

—Pues que bueno que no planeo nada brusco—respondía el enmascarado tranquilamente, confundiendo al saiyajin—yo solo era la distracción.

—¿Qué?.

¡Fooooosh!.

Una estela de luz subía hasta los cielos a lo lejos, era por donde su esposa estaba confrontando al Uchiha genocida. Abrió los ojos al notar algo alarmante.

—Y esa es mi señal—el enmascarado empezaba a desaparecer como si fuera absorbido por algo—nos vemos Bardock-sama…

Termino de desaparecer, eso desactivo los papeles bomba. Aunque eso no fue notado por Bardock.

Salió volando a toda velocidad hasta donde estaba su esposa, ella se encontraba ahí arrodillada en el suelo. Frente a ella, había un pequeño cráter humeante y no había rastros de Itachi. Solo de otra persona.

Mikoto también estaba ahí, herida por alguna batalla, pero estaba tranquila y arrodillada en seiza. Solo esperaba ahí.

Lo que le alarmo al saiyajin, fue que su esposa estaba abrazando algo, dejo a un lado a Izumi y corrió hacia ella. Derrapando sus pies y vio lo que era, no creyendo lo que veía. Aunque se lo esperaba de alguna forma.

—Rycelo.

Decía muy preocupada la saiyajin observando a su hijo

Fin del flashback:

Desde ese día, el clan Uchiha cayo aun mas en desgracia, pues su clan había sido mermado considerablemente, porque algunos murieron por sus heridas mortales a pesar de los esfuerzos médicos en tratar de salvar a todos. Itachi Uchiha escapo y fue tachado como un peligroso criminal, lo que manchaba bastante la reputación del clan. Ya el clan estaba muy afectado.

Solo quedaba un 20% de Uchihas, no era un número muy esperanzador. En si los Uchiha ya eran pocos antes de la masacre.

Pero de ahí en adelante, no paraban las desgracias para la aldea. Pues una mas la afectaría.

La mas desastrosa de todas.

Años después:

Konoha.

Los rayos del sol entraban en su habitación, le era muy molesto, pero eso solo dejaba a entender, que ya había amanecido y por lo tanto, presentarse a su trabajo shinobi. Era por lo que se había esforzado tanto.

Se levanto perezosamente, estirando sus brazos tratando de quitárselo de encima. Cosa que logro solo un poco.

Se bajo de la cama y luego las escaleras, vivía sola, así que debía prepararse para comenzar su día activo. Se preparo un buen desayuno y luego se dirigía a asearse, eso terminaría de quitarle toda la pereza. O eso esperaba.

Subió al baño y abrió la llave de la ducha, hasta que el agua calentara, se fue a ver en el espejo. Habían pasado algunos años y sus hermosos ojos celestes seguían tan brillosos y hermosos como siempre. Aunque ahora era una niña de 11 años, una simple shinobi genin. Pero eso no le importaba, era solo el inicio de su camino. Ella seria la primera mujer hokage y eso lo juraba.

—Lo lograre de seguro-dattebayo.

Con una sonrisa se decía mientras se miraba en el espejo, admitía que era una niña, pero una muy hermosa y bien atribuida para su edad. Eso le daba cierto aire de superioridad y confianza ante otras chicas, pues toda mujer era vanidosa en realidad. Aunque no lo admitieran.

El agua ya estaba caliente y se metió a bañar, logrando quitarse los restos de pereza y somnolencia que tenía encima suyo. Pero también la hacía pensar un poco, sobre todo lo que ha pasado en estos años y quienes lo rodeaban.

La mayoría seguía odiándola por obvios motivos, pero eran muy estúpidos en realidad. Aunque a ella no le importaba en realidad, ella solo quería llegar a su meta soñada, ser la primer hokage mujer en la historia y la mas poderosa entre shinobis. Quería mostrar su valía ante todos.

Así como su padrino Bardock se lo había mostrado, el saiyajin le inculco una forma de pensar algo fría. Aunque Kushina se opuso al inicio, después de ver como seguían despreciando a su hija, se convenció de que era cierto y lo correcto.

¿Te odian?, que no te afecte o importe, tu no tienes que mostrarle nada a nadie. ¿quieres ser fuerte?, entrena, esfuérzate y supérate. Porque nadie te va a ayudar en eso, nadie te tendera la mano, o volverte fuerte de milagro. Solo tu puedes ayudarte.

Y esa era justamente su forma de ser y pensar actualmente, no quería ser fuerte para probar su valía a nadie mas que a si misma. Ver hasta donde llega con todo su esfuerzo y dedicación, para probarse así misma que podía lograr sus metas a pesar de los contras que el mundo entero le daba. Que ella lograría llegar a sus metas destinadas sin problemas.

Luego de asearse, se alisto correctamente y se dirigía hacia la salida de su casa. Pero antes, observo una foto colgada cerca de su puerta. Una muy especial para ella.

—Prometo que seré fuerte, mas de lo que cualquiera se espera. Mas de lo que TU esperas—su rostro apacible cambio a uno muy serio—y cuando lo sea, te traeré de vuelta a la aldea, así sea arrastrándote. Contestaras cada una de mis preguntas.

Tras esas palabras, salió de la casa. Muy decidida a cumplir su palabra.

…..

En algún lugar del mundo:

Cuanta molestia sentía dentro de si, la verdad es que el levantarse tan temprano no era lo que le molestaba, sino su situación desde hace años, pues no era nada fácil de sobrellevar. Pero logro salir adelante por su propia cuenta, ya no era ese niño "indefenso" o algo así, ya era fuerte, bastante para los estándares de los chicos de su edad y shinobis de cualquier rango. Había sobrepasado su límite.

Tuvo que cambiar un poco su forma de pensar, su forma de ser y hasta su mentalidad un poco. De no ser así, habría muerto desde hace mucho. Debía adaptarse a su nueva situación.

Se asomo por la ventana de su habitación y observo el panorama, parecía que no habría problemas el día de hoy, pues al parecer nadie lo estaba buscando nuevamente para matarlo o capturarlo, aunque también se le hacía demasiado aburrido. Pero no se quejaba tanto, pues su vida no era la única que estaba en riesgo. Sino la de sus acompañantes. Salió de su habitación, se dirigía hacia algún lugar de la casa, no sin antes pasar a asegurarse del bienestar de sus compañeras y compañero.

Se asomo a la puerta de una habitación, el de un par de pelirrojas, no sentía nada malo y las presencias de ambas estaban serenas y tranquilas, estaban bien al parecer. Eso lo hizo sonreír un poco, ahora se dirigió a otra habitación, ahí estaban niño, acostado y dormido, con las sabanas tapándolo hasta la cabeza. Divertido se rascaba la cabeza, pues vaya compañeros que rescato.

Un niño con visión de rayos x, una grosera muy mal hablada y una chica sabelotodo. Eran raros por así decirlo, pero no eran malos del todo, bueno, la mayor del trio era demasiado grosera y vulgar. Pero eso no la convertía en alguien mala.

A todos ellos los salvo en distintas ocasiones.

Ahora estaba en el patio de su hogar, era amplio, pero muy seguro a decir verdad, pues estaba cubierto y rodeado por un sendero demasiado rocoso y montañoso, nadie podría entrar ahí de forma sencilla, ni siquiera shinobis elites bien entrenados. Pues muchos lo han intentado y fallaron.

No los mato, pues no había necesidad, ya que los shinobis en misión, tomaban otra ruta para seguir sus caminos al no lograr pasar la demasiado hostil zona rocosa y por eso no había necesidad de una pelea. Así que nunca se enteraban de su lugar de residencia.

Era un alivio para el, pero no podían quedarse siempre en un mismo lugar de residencia, era por seguridad propia y la de sus acompañantes, pues era una persona muy buscada y peligrosa, según el libro bingo claro esta. Maldecía su situación, pero ya no podía hacer nada, solo esperar que todo salga a la luz y pudiera volver a retomar su vida normal nuevamente. Algunas personas lo estaban esperando con muchas ansias a decir verdad, su familia por ejemplo. Aunque su padre no lo demostrara mucho. Reía un poco al saber que su padre nunca cambiaria.

Se sentó en el pasto pensativo, no sabía que hacer ahora, estaba demasiado aburrido y quería algo de acción. Una buena pelea que le causara emoción, si, era demasiado temprano en la mañana y el ya quería pelear con alguien. Se reía de si mismo por lo tonto que podría llegar a ser.

Pero así era el, no podía cambiarlo, a menos que existiera una manera de cambiar su genética. Pero no la había.

—¿Qué mierda haces afuera tan temprano en la mañana?.

Cuando escucho aquella femenina, pero ruda voz, sonrió un poco cohibido y una gota de sudor bajo por un lado de su rostro, ya sabía de quien se trataba. La pelirroja mas vulgar de todas y eso que ella era la mayor de todos.

Cuando volteo a "verla", ahí estaba ella, de brazos cruzados y con su típica mirada amargada, eso siempre le ha creado un conflicto interno, al no saber el motivo de siempre estar enojada. ¿Acaso no sabía sonreír?, se parecía mucho a su padre. Ambos se llevarían muy bien si se conocieran, o se matarían. Seria interesante "ver" una confrontación entre ellos dos.

Debía admitir que tenía un chakra muy violento y explosivo.

—H-Hola Tayuyá….buenos días…

—¿Qué mierda haces aquí?—repetía la pregunta sin cambiar su temperamento y posición—la enana se esforzó bastante en el desayuno y tu no entras a comer.

—¿Eh?, pero si acabo de salir—respondía confundido el pelinegro—¿cómo lo hizo tan rápido?.

Tayuyá lo observo con una mirada de "¿estas pendejo?".

—Nos despertamos hace una hora, el único dormido es el enano depresivo. A ese lo dejamos descansar—respondía sin importarle mucho la situación. El pelinegro se vio sorprendido, pues estuvo una hora perdido en sus pensamientos y no lo noto. La pelirroja solo bufo—mueve tu trasero adentro, o la enana ojos de hormiga se molestara. Y no quiero soportar sus berrinches.

—¡No soy berrinchuda!.

Exclamaba desde la puerta de la casa, ahora una pelirroja de menor estatura, lo mas destacable en ella, eran sus lentes gruesos y de armazón negro. Tenía puesto encima de su ropa, un mandil y en su mano una espátula. La meneaba en el aire al estar molesta.

Tayuyá solo bufo desinteresada y el pelinegro solo reía un poco. Esta niña siempre la sacaba de sus casillas, pero divertía al pelinegro. Era una niña bastante enérgica.

—¿Entonces que carajos haces ahora, Karin?—preguntaba desinteresada y cruzada de brazos y observándola.

—¡Que grosera eres!, al menos trata de controlar tu vocabulario en la mañana—regañaba la pequeña pelirroja acercándose al par—se supone que debes ser nuestro ejemplo a seguir al ser la mayor entre todo el equipo.

—¿Un ejemplo?, ¿yo?. Eres demasiado tonta enana—respondía burlista Tayuyá observando a la molesta menor.

—¡No soy tonta!—exclamaba molesta la pequeña y dio la vuelta dirigiéndose de nuevo a la casa—y ya entren, o el desayuno va a enfriarse todavía mas.

Exigía molesta mientras se iba cruzada de brazos.

—Que temperamento para ser tan joven—decía burlista el pelinegro, sonriendo un poco nervioso. ¿Por qué todas las mujeres que conocía estaban locas?.

—Si, tiene una actitud de mierda—respondía Tayuyá replicando y cruzada de brazos mientras se dirigía a la casa.

—¿Solo ella?—pensaba con una cara acusatoria.

—¿Qué?—preguntaba curiosa por el gesto raro de su cara.

—No, nada…

—¡Oigan ya entren de una vez!—exclamaba desde adentro Karin, ya se notaba molesta de esperar—¡mueve tu trasero de anciana de una vez Tayuyá!, ¡tu también Rycelo!.

Si, el sujeto se trataba del hijo de los saiyajin, ahora vivía fuera de la aldea, por un problema de fuerza mayor, que lo obligo a irse de la aldea para conservar su vida. No pudo evitarlo.

Pero sabía que algún día todo se aclararía y podría volver, ya quería regresar y estar con todos. Pero sabía que su misión tardaría y por eso no sería pronto.

—¡¿Vieja?!—exclamaba molesta e indignada Tayuyá—¡solo tengo 18 años!

—¡Multiplícalo por tres!—respondía Karin desde adentro.

Ya muy furiosa, Tayuyá entraba a la casa, no le gustaba que se metieran con su edad siendo tan joven. Pero así eran siempre con ella, era una bully, pero también recibía su porción de molestias por parte de los demás. Eso no lo podía evitar.

Así que aun muy molesta, solo entraba la casa, refunfuñando sobre lo irrespetuosos que eran los mocosos de ahora con sus mayores.

Rycelo solo reía por esto, pero tenía hambre y por eso solo la seguía.

País del fuego:

Konoha.

—¡Haaa!

¡Booom!.

Una fuerza desconocida destrozo una enorme roca, el causante era el saiyajin líder del clan. Había lanzado una ráfaga de ki para destruirla.

Estaba en su rutinario entrenamiento matutino, pues el jamás dejaría de hacerlo hasta alcanzar el pináculo de sus poderes y ver si podía llegar todavía aun mas lejos. Era un guerrero saiyajin y se aseguraría de llevar al limite las aptitudes de su raza.

—Mi poder, esto no puede ser todo. Debo llegar a mas—veía su mano abierta y luego lo cerraba en un puño, muy determinado a volverse mas fuerte. Quería mostrar aun mas, la valía de su linaje. Aun le faltaba bastante—pero no es nada despreciable el nivel que he adquirido.

El poder de Bardock y Gine habría crecido bastante, demasiado a decir verdad y eso lo volvía un ser muy temido y respetado dentro y fuera se la aldea. Después de todo, todo el mundo shinobi se entero, de lo que causaron en Kumo por culpa de la ambición del raikage de ese momento. Casi lo destruyen por completo.

Ya había muerto en una batalla desconocida contra mil ninjas, ahora su hijo mayor había tomado el mando de la aldea en su lugar. Aunque era muy diferente su mandato al de su padre, pues no estaba obsesionado con las barreras de sangre como el. Solo se centraba en el bien de su aldea y habitantes, como un verdadero líder. Admitía que sintió muchas ganas de atacar Konoha en varias ocasiones, pero así como era temperamental y malhumorado, también era justo. Fue culpa de su padre que esa desgracia cayera sobre la aldea, por su enferma obsesión en obtener personas con líneas de sangre sucesoras, casi destruye su hogar. Pensándolo bien, su padre mejor estaba muerto. Así no volvería a cometer estos actos tan inverosímiles.

Las demás naciones se enteraron de esto y decidieron dar marcha atrás a sus ideas contra la nación del fuego, o al menos eso se creía. Nunca se daba algo por sentado en el mundo ninja.

Por eso no era bueno confiarse, mejor prevenir y no bajar la guardia. Debían fortalecerse ante cualquier posible adversidad.

—¡Oto-san!/¡sama!.

Bardock estaba secándose el sudor de la cara con una toalla, hasta que escucho aquel trio de voces infantiles femeninas. Volteo a verlas y si eran ellas.

Corriendo con gran alegría y en zigzag, se abalanzaron hacia las piernas de su padre. El cual ya estaba mas que acostumbrado a esta situación.

Eran niñas de la misma edad (6 años) y eran hermanas, pero distintas entre si. Excepto en sus personalidades enérgicas y fuerzas. Eran dos pelinegras y una pelirroja.

Una de las pelinegras era de cabello corto erizado hacia abajo, como su madre, la otra tenía un cabello largo un poco rizado y muy hermoso, la pelirroja también lo tenía largo, lacio y muy sedoso. Eran diferentes a su modo, pero había algo que todas tenían. La misma mirada oscura y amenazante de su padre.

Esa mirada que aun cuando estuvieran tranquilas o alegres, nunca se borraba. Se veían amenazantes a los ojos de algunos.

Los nombres de estas niñas eran:

Fasha: (la mayor por minutos) la de cabello erizado

Hotaru: cabello rizado.

Mito: cabello pelirrojo.

—Niñas, ¿por qué se levantaron tan temprano?. Hoy no hay academia ninja—preguntaba curioso el pelinegro confundido por sus hijas—ustedes no son muy madrugadoras que digamos.

—Eso es grosero tou-sama—le regañaba la de cabello rizado, Hotaru, en ella se mostraba una personalidad algo seria y elegante. Como una dama muy bien educada—queremos aprovechar el día.

—¡Es verdad viejo!—también respondía Mito enérgica e hiperactiva al igual que su hermana mayor—¡si queremos ser fuerte, debemos entrenar desde ya!. No podemos perder tiempo.

—Debemos volvernos fuertes desde ya—respondía calmada pero animada Fasha—si alguna de las tres quiere liderar el clan, debemos volvernos fuertes. ¡Eso es lo que queremos!.

Y de un momento a otro las tres se observaron entre ellas, desafiantes y sonriéndose de forma desafiante. Rayos salían de sus ojos y chocaban en medio, estaban decididas a que alguna ganaría esta contienda. Ninguna daría marcha atrás.

Las tres querían llegar a ser la líder del clan, pero solo una podía. Así que debían volverse mas fuertes y ver quien derrotaba a sus padres primero.

Bardock las veía un poco alejado, con una gota de sudor bajando por su nuca, estas niñas le salieron peor que su primogénito (en este mundo) mas competitivas y determinadas. Aunque era un rasgo característico de las mujeres de cualquier raza.

Por alguna razón, ellas siempre eran las que mas se esforzaban y superaban mas rápido que los hombres.

Ellas se alejaron un poco mientras se colocaron en puntos alejados la una de la otra, en diferentes poses de combate, lanzándose a pelear entre ellas. Así como tenían una inmensa hermandad, también tenían una inmensa rivalidad. Querían superarse la una a la otra.

El estruendo fue seguido por gritos de pelea y ataques, incluso tuvo que desviar un pequeño ataque de ki que salió disparado hacia el, lo hizo sin esforzarse para nada y con solo una mano. Desviándola hasta un arroyo cercano en donde estallo.

—Que niñas mas molestas—decía el saiyajin rascándose la nuca y suspirando.

—¿Qué esperabas?, son tus hijas después de todo.

Bardock volteo a ver y ahí estaba ella, Kushina, su tercera esposa, la cual sonreía de forma leve al ver a su actual esposo y sus hijas luchar. Era divertido.

—Eso es cierto—otra voz femenina salió de la nada—son mas iguales a ti que a sus madres, es algo decepcionante a decir verdad. Al menos pude inculcarle buenos modales.

Bardock volteo a ver a su segunda esposa, Mikoto, la cual estaba a un lado de el, también observando el combate de las niñas. Esperaba que no se lastimaran demasiado.

—Ya deberías estar acostumbrado a esto.

Observo hacia arriba y ahí estaba su primera esposa, Gine, sentada en la rama de un gran árbol, cruzad de piernas y sonriente. Además de que ella era quien la había metido en todo esto.

Se estarán preguntado, ¿qué carajos esta pasando?. ¿Cómo diablos ahora Bardock estaba casado con dos mujeres mas?.

La respuesta era simple, el A.R.C se había efectuado sobre el saiyajin, la Uzumaki y la Uchiha, justo cuando la masacre del clan de la pelinegra se había efectuado, era algo preocupante para los beneficios de la aldea, así que a todos los Uchiha sobrevivientes, se les había metido en el acta para ayudar a acrecentar el clan lo mas pronto posible. Debían volver a repoblar el clan Uchiha.

Los Bardock habían sido también metido a el acta, pues ahora solo quedaban ambos líderes tras la "perdida" del heredero, así que para acrecentar los genes del clan, Bardock fue puesto en esa ley, el líder se negó rotundamente, su descontento era tal, que estaba por desintegrar a ese trio de momias molestas. Pues fueron ellos quienes votaron para que esa ley se efectuara.

Pero sorprendentemente su esposa, quien lo calmo y le obligo a aceptar. Bardock no entendía para nada sus motivos, pero se calmo y lo acepto nada conforme. ¿Qué planeaba su esposa?.

Meses después, sin que el se lo esperara, Mikoto misma fue la que se ofreció como su segunda esposa, ella hablaba de forma tan calmada y serena, tan determinada a ser su esposa, otorgándole el liderato de lo que quedaba del clan, a su primo Hayashi, el era un líder nato, no por nada era la mano derecha del saiyajin cuando el escuadrón Bardock aun estaba activo. Bardock no se lo esperaba y mucho menos, que fuera Gine la que aceptara por el. El saiyajin no entendía un carajo que estaba pasando.

Un par de años después, para sorpresa de todos, Kushina decidió ser la tercera esposa de Bardock, esa nadie se la espero, excepto Gine. Una vez mas, el saiyajin tuvo la sospecha de que su esposa tuvo que ver en todo esto, su sonrisa cómplice la delataba. Aunque esta vez fue muy difícil de convencer a Bardock.

Pues la verdad esa pelirroja era algo molesta, Bardock era un saiyajin muy raro al igual que su esposa, pues a diferencia de su raza, que eligen y le atraen las mujeres fuertes y con carácter, el era todo lo contrario. Que este casado con Gine lo demostraba.

Pero otra cosa que le hacía reacio el aceptar, era que ella fue alguna vez la esposa de su difunto mejor amigo, era un saiyajin, un guerrero muy fuerte, pero también tenía un sentido del honor y en cierto sentido, un poco de moralidad, no podía aceptar a la pelirroja. Era traicionar la confianza y amistad de Minato, no podía hacerle eso. Era traicionarlo a opinión suya.

Pero tras explicaciones y debates, al final accedió, Minato ya estaba muerto y eso nada lo iba a cambiar, además el matrimonio mismo siempre lo deja en claro. Hasta que la muerte los separe, Kushina tenía todo el derecho de rehacer su vida con quien sea. Sin que nadie opinara sobre ello.

Kushina aun ahora pensaba que Bardock era un bruto salvaje, pero pasando el tiempo, vio como pasaba tiempo con su hija, entrenándola, fortaleciéndola y pasando tiempo con ella, para Naruko, era como tener a su padre, aquel del cual oyó muchas historias y leyendas, pero desgraciadamente, nunca tuvo la dicha de conocer. Kushina siempre se enteraba de las cosas que Bardock le contaba de Minato, pues su hija se lo contaba. Lo fuerte que era, sus hazañas y la gran persona que llego a ser hasta el día de su muerte. Mucho mejor que el.

Aun cuando no lo admitiera, Bardock y Naruko eran muy unidos, pues el saiyajin veía a su ahijada (ahora hija adoptiva) el reflejo de su difunto amigo, así que sentía que su deber era volverla fuerte y protegerla. Esa una deuda que tenía con Minato.

Tantas convivencias, habían logrado que Kushina conociera ese lado de Bardock, que Gine mencionaba tantas veces, de la cual ella se había enamorado desde aquel día en el que fue salvada por el, en una misión del escuadrón Bardock (saiyajin). No era del todo un desalmado y gruñón. Solo era una persona demasiado seria y fría, no era malo a fin de cuentas. Y eso ella al final lo comprendió, Bardock era una gran persona y eso para su desgracia, empezó a gustarle. Pero no podía aceptarlo.

Aun amaba a Minato y Bardock era el esposo de Gine, una de sus su mejores amigas. No era posible que tuviera esos sentimientos.

Pero al final, después de varias opciones y cosas que pasaron, termino cediendo. Ahora era la tercera esposa de Bardock, aunque estaba un poco incomoda y asustada, pues se notaba que Bardock aun tenía sus dudas, la veía mas como la esposa de Minato que la de el, su moralidad le hacia dudar sobre ciertas cosas. Aun sentía culpa de haberse quedado con su esposa, aun cuando ella se esforzaba en demostrarle que AHORA era la SUYA. Minato ya no existía en ese mundo.

¿Qué mas tenia que hacer para dejárselo en claro?. No lo sabía, pero lo haría. Era una Uzumaki muy determinada.

—Si bueno, si siguen así, terminaran dejándonos sin jardín—mencionaba cruzado de brazos, viendo la destrucción que ese problemático y destructivo trio les generaba. Ya seria la quinta vez en mes y medio que debían arreglarlo—¿qué les costaría ir a los campos de entrenamiento?.

—Son iguales a ti—mencionaba Mikoto sonriente mientras se acercaba a su esposo—demasiado impaciente y ansioso.

—Además de impulsivo y tonto—se unía una divertida Kushina.

—Lo bueno es que no sacaron tu temperamento—ahora mencionaba una burlista Gine flotando hasta el suelo y a un lado de su esposo—gracias a kami que pudimos encargarnos de eso nosotras.

Bardock solo sentía que tras cada palabra que salía de sus bocas, una supernova como las del maldito de Freezer lo golpeaba con fuerza. No era justo.

Eran tres contra uno..

—Oigan, ¿no se supone que las esposas deben apoyar a sus esposos?—preguntaba Bardock cómicamente frustrado.

—Si, pero también debemos ser honestas y realistas—mencionaba Gine observando a su hija y las de sus "hermanas" luchar entre si—debes soportar eso.

—Oh, que genial saber eso—respondía sarcástico y también observando a sus hijas—si que son fuertes.

—Si, pero no tanto como….

Kushina cayo un poco decaída, las demás féminas igual, mientras que Bardock estaba inmutable, pero también estaba pensando en su hijo. Su orgullo.

Recordaba todo de ese día, ese fatídico día que perdió a su pequeño. En día que el clan Bardock perdió a su primogénito.

El fuego ardiendo en varios lugares, destrozos, gritos, caos y destrucción, todo eso dentro del barrio Uchiha y que ocasiono la desgracia sobre su pequeño. Aun cuando el fuera inocente, incluso Kushina y la misma Mikoto salieron en defensa del pequeño. No sirvió de nada, pues ante la opinión de los ancianos, el era un peligro andante. Debían tomarse cartas en el asunto.

Malditas momias, como quiso matarlos en ese momento, pero Gine y Hiruzen lo evitaron. Todo por un motivo.

Espero que todo esto valga la pena—pensaba el saiyajin, pues era un sacrificio demasiado grande para ellos. Mas para su pequeño.

El sabía que era inocente y lo que sufría era injusto, sus madres también pensaban lo mismo. Solo esperaban que estuviera a salvo.

—Rycelo es muy fuerte, el estará bien. Pronto estará en casa—la propia Gine alzo los ánimos de los demás presentes, segura de sus palabras. Era su hijo después de todo y lo conocía mejor que nadie—Hiruzen-sama lo prometió.

—Ese anciano es cada día mas senil, talvez ya se le olvido—mencionaba Bardock revirando los ojos—¡auch!, ¡¿Qué les pasa?! —se tomaba la cabeza adolorido, pues Kushina y Mikoto le habían golpeado la nuca al mismo tiempo.

—No le faltes el respeto a hokage-sama—regañaba Kushina, aun no estaba acostumbrada del todo a la personalidad de su nuevo esposo—en serio, no tienes modales.

—Tenemos mucho trabajo que hacer contigo—suspiraba Mikoto llevándose una mano al rostro.

—No pierdan su tiempo chicas—mencionaba Gine burlista a sus compañeras—he estado casada por varios años con el, trate lo mismo que ustedes. Esta demás decir que no logre nada—terminaba de decir y las tres empezaron a reír.

Bardock solo viraba su rostro resignado a las criticas y burlas de sus esposas, era una de las desventajas de estar casado. Aguantarles todo a tus esposas.

Pero bueno, esa era su vida y debía aceptarla. Es la que había elegido a fin de cuentas.

—Ay, nadie me respeta—Bardock daba vuelta y entraba a la casa, siendo seguido por sus burlistas esposas. Pobre martirio del hombre.

Cuando entraron a la casa, las tres niñas habían caído de espaldas, agotadas y respirando profundamente cansadas. No había ganadora alguna al ser empate.

—V-Volvimos a empatar—mencionaba Fasha sentándose adolorida—demonios.

Fasha Bardock:

Usuaria de ki.

Kekkengenkai: ninguno.

Especialidades:

Ansatsuken.

Hakuryuseiken.

Técnicas de energía.

Kenjutsu.

Bojutsu (gracias a Hiruzen).

Ninjutsu: 0.

Genjutsu: 0.

Taijutsu: alto.

—¡Demonios!, nunca les gano. ¡Pero estuve muy cerca!.

Mito Bardock.

Usuaria de Chakra.

Kekkengenkai: ninguno

Elemento afín: Viento y agua

Especialidades:

Cadenas de diamantina (pocas manifestaciones).

Ansatsuken.

Kenjutsu.

Ninjutsu: bajo

Genjutsu: bajo

Taijutsu: promedio.

—Sabes que eso no es verdad—mencionaba tranquila y educada Hotaru, mientras se sacudía el vestido—solo tratas de no ver la realidad.

Hotaru Bardock.

Usuaria de Chakra.

Elemento afín: fuego y agua.

Kekkengenkai: Sharingan (de una aspa).

Especialidades:

Técnicas Uchiha (sin pulir).

Ansatsuken

Kenjutsu.

Ninjutsu: bajo.

Genjutsu: medio.

Taijutsu: promedio.

Las tres niñas eran prodigios a la vista de todos, en especial Hotaru, pues despertó su sharingan a sus cinco años. Volviéndose la Uchiha mas joven en despertarlo.

Superando a Itachi (8 años) y Sasuke Uchiha (6 años).

Todos apuntaban a que el gen Bardock era el responsable, era tan fuerte que lograba despertar y fortalecer los kekkengenkai de las personas. Por eso las tres niñas eran muy fuertes y habilidosas a tan corta edad.

Al igual que el infame Rycelo Bardock, aquel que genero deshonra al clan. Según los aldeanos y algunos shinobis.

—¡Ja!, eres tu quien no quiere ver la verdad. No aceptas que las supero día a día—respondía la pelirroja cruzándose de brazos.

Hotaru resoplo derrotada, era una perdida de tiempo el tratar de razonar con la cabeza hueca de su media hermana. Tenía una mente demasiado madura para su edad.

—Esta bien…—respondió revirando sus ojos.

—Todas nos volvemos fuerte día a día—mencionaba Fasha estirando sus brazos—pero las superare algún día—decretaba la pelinegra erizada con mucha confianza.

Esas palabras no le agradaron a sus hermanas.

—Ya quisieras—respondieron ambas.

—Lo verán algún día—decía muy confiada, pero luego cambio a serio su rostro—oigan, sobre el tema anterior….

—Fasha, ya hablamos de eso. No tenemos un hermano mayor—respondía Hotaru suspirando por tocar nuevamente ese tema.

—Pero, lo que encontramos, lo que murmura la gente…—ahora trataba de replicar Mito, ella también creía lo mismo.

—Chicas, si tuviéramos un hermano, lo sabríamos. Eso no se puede ocultar—respondía seria Hotaru a ambas, de las tres, era la mas madura y racional. Ella solo se guiaba a la pruebas—¿por qué nuestros padres nos ocultarían ese tipo de información?.

Ambas niñas no sabían que responder, pues Hotaru tenía razón, ¿como ocultar algo así?, no había probabilidades de éxito. Pero eso no explicaba aquello que encontraron la última vez.

En cierta ocasión, cuando jugaban por ahí, encontraron por accidente una zona oculta, tapada con maderos. Les dio temor, pero la curiosidad pudo mas. Así que quitaron los maderos y entraron ahí, era una habitación, polvosa y con algunas cajas de madera selladas, parecía que no había venido aquí en años. Cosa que era cierta.

Se dispersaron por la habitación, buscando pistas que dieran una explicación de su existencia. Hasta que Mito observo algo que llamo su atención.

Era una foto, de al parecer, un chico bastante joven y sonriente o eso parecía. La foto estaba tan vieja y dañada, que no podía verse bien. Además la parte de su rostro estaba desgarrada.

Otra cosa, que les llamo la atención de las tres, era que dentro de una caja pequeña, estaba una hermosa espada ninja, de color negro. Envuelto en lo que parecía ser, un enorme pañuelo naranja con la placa de acero. El símbolo de la hoja estaba grabado ahí.

En las demás cajas, había ropa masculina infantil, que no pertenecía a su padre, pues el mencionaba que jamás había usado algún tipo de vestimenta ninja. El y su madre Gine, solo usaban esa armadura rara pero muy genial y llamativa. Ellas esperaban usarlas también algún día.

¿De quien eran estas?, nunca las habían visto. Era una mezcla de armadura y aditamentos shinobis.

Estarían en problemas si llegaran a encontrarlas ahí, por lo que asustadas de ser descubiertas, decidieron arreglar todo, acomodar todo en su lugar y salir inmediatamente de ahí. Claro que dejando las tablas puestas como estaban.

No hablarían de esto con nadie.

Aunque eso explicaría un poco esos rumores esparcidos en la aldea, algo sobre un Bardock desconocido, del que ellas no tenían idea alguna de su existencia. Pero eran rumores casi imperceptibles y que muy pocas veces se escuchaban, pero aun así existían. Su descubrimiento les lleno de mas curiosidad.

Aunque Hotaru estaba mas reacia e incrédula por ello, era la mas madura y centrada de las tres. Esas cosas que encontraron, no eran del todo pruebas, debía ser de alguna de sus madres o algún amigo de la familia. Nada mas.

—Sigo creyendo que es algo muy raro—respondía Fasha dudosa y rascándose la nuca—¿al menos no te da un poco de curiosidad?.

—Lo único curioso es que sigan de tercas con ese tema—suspiraba revirando los ojos, aun incrédula en creer todas esas tonterías que piensan sus hermanas. Eran demasiado ingenuas—deben pensar con mas claridad.

—La realidad es muy aburrida—respondía desinteresada Fasha, siendo secundada por Mito. Haciendo a la seria Hotaru suspirar derrotada.

—Son una caso perdido—decía la rendida Uchiha menor, no había caso en seguir con esto. En eso escucho un "fiz" cercano—¿ara?, vaya, Naruko-nee-sama esta aquí—decía la chica mas animada y con una ligera sonrisa elegante.

—¡Hey enanas!—saludaba la rubia muy animada y sonriente.

Naruko Uzumaki, la primogénita hija de Kushina Uzumaki y Minato Namikaze, el yondaime hokage. Una chica de carácter alegre, explosiva y muy hiperactiva. A pesar de ser odiada por creerla el Kyubi encarnado, a ella no le importaba eso, anteriormente quería ser hokage para demostrarle a todos su valía y ganarse su respeto. Esa era la Naruko anterior.

Pero ya no.

Ahora Naruko cambio un poco su forma de ser, todavía quería ser hokage, pero ya no para mostrarle su valía y ganarse el respeto de esta gente, no valía la pena el esfuerzo. Su padre adoptivo fue quien le inculco ese tipo de pensamiento y forma de ser.

Ahora ella solo quería ser fuerte para llegar a ser hokage y proteger a sus seres queridos y a los habitantes de la aldea, aun cuando la mayoría ni lo merezca. Lo haría de todos modos.

Vivía sola porque a su joven edad, ya quería tener su privacidad. Por eso vivía sola en la casa Uzumaki-Namikaze.

Para ella fue fácil aceptar, que su madre se volviera a casar, porque a pesar de que Bardock le contaba maravillas se su padre biológico, la verdad era que no lo conocía y jamás convivio con el. Para ella, Bardock era su figura paterna desde que tuvo pleno uso de conciencia y razonamiento, aun cuando era demasiado serio y algo duro. Pero así debían ser los padres, ¿no?. Así que tomo muy bien que se volviera a casar.

Aunque aun se le hacía raro que estuviera en un matrimonio polígamo, pero ella fue la que decidió aceptar. Así que si ella era feliz, no tenía de que preocuparse. Bardock la tendría a salvo.

—Vaya, Naruko-nee. Es una sorpresa verte—se acercaba Fasha animada con sus manos en la nuca—¿cuál es el motivo de tu visita?.

—Bien enanas, solo vengo de pasada. Ya que voy a una misión—respondía con aires de orgullo y superioridad—así que venía a ver como estaban.

—¡Increíble!—decía Mito emocionada de que su hermana mayor se vaya de misión—que envidia, nosotros todavía no podemos. Debemos seguir asistiendo a la academia.

—Ya tendrán la oportunidad de hacerlo—respondía la rubia de coletas y marcas bigotes con gran sonrisa—pero deben de graduarse primero, además de entrenar. No pueden ir de misión sin prepararse.

—Tou-sama se encarga de eso—respondía calmadamente la pequeña Uchiha, era como una pequeña y educada princesa—entrenamos diariamente con el.

—Jajaja, to-san nunca cambiara—respondía la rubia divertida, pues su padre se la pasaba entrenando fuertemente—siempre dando todo de si, yo debo ser igual. ¡Debo darlo todo!—exclamaba la rubia muy determinada y apretando los puños.

Ahora que estaba su hermana mayor presente, talvez podría responderle y aclararles sus dudas. Después de todo, es mayor a ellas tres, vivió mas. Así que debería saber aunque sea algo que resolviera sus dudas.

O al menos eso esperaban dos de las tres hermanas.

—Eh, Naruko-nee—Fasha llamaba la atención de la rubia, quien volteaba a verla—¿podríamos hacerte una pregunta?.

—Claro, ¿qué deseas saber?—preguntaba con una sonrisa a su pequeña hermana saiyajin.

—Bueno, esto sonara raro. Pero es algo que a veces escuchamos—mencionaba Mito rascándose la nuca, confundiendo a la rubia. Esta arqueo la ceja por las dudas que le generaban estas tres—¿tenemos algún hermano?.

Ante esa pregunta, el ambiente se torno un poco pesado, las tres niñas sintieron este brusco cambio de ambiente. Un poco de nervios les empezó a rodear a las tres, pues Naruko cambió sus gestos faciales. No pensaron que esa simple pregunta la tensara tanto.

Hotaru veía de reojo y con molestia a sus hermanas, por culpa de sus tontas hermanas, Naruko estaba enojada con ellas. Aunque no entendía la razón.

—¿Por qué preguntas eso?—preguntaba seria y fría la rubia, era increíble el cambio de personalidad de la rubia. Pues era muy raro el verla en ese estado.

[Jajaja, las chiquillas sospechan algo]—mencionaba el zorro dentro de ella, con un toque de diversión y malicia—[¿qué harás mocosa?, ¿qué les vas a responder?. ¿Serán mas mentiras?].

No es de tu incumbencia maldito zorro—respondía seria y molesta por su intromisión.

[¡Jajajajaja!].

Tras esa risa llena de burla y malicia, el zorro corto la conexión mental. Naruko bufo molesta mentalmente.

—B-Bueno…hemos escuchado…ya sabes….algunas cosas de la gente…—respondía un poco nerviosa Mito al ver como su hermana mayor estaba mirándola. No era nada tranquilizante—y bueno, eso….

Naruko bufo molesta.

—Chicas, no deben hacer caso a ese tipo de comentarios. Ustedes saben como es la gente—la rubia se tomaba el puente de la nariz en estrés—no sean tan ingenuas.

—Eso les dije yo nee-sama—tomaba la palabra Hotaru seria y molesta con sus hermanas, las cuales solo desviaran sus miradas—pero siguen sin creerlo.

Naruko no quería mentirle a sus hermanas, ellas deberían saber la verdad, pero por esa maldita ley decretada por los anciano, debían callar y evitar tocar el tema. No podía revelarles nada.

Al menos no por ahora, la existencia de Rycelo debía ser un secreto para ellas y el solo mencionar su nombre, era penalizado para cualquiera que lo hiciera. Incluso su familia, amigos y conocidos. Era algo injusto esa ley, además de innecesario y molesto. Pero no podía hacer nada.

Además, ella tenia sus propios asuntos que aclarar con el, ya que es la persona que aun admira, ella lo conocía muy bien y por eso no creía que sea el culpable de supuestos esos supuestos crímenes de los cuales fue culpado. No tenía sentido, así que se volvería fuerte, lo encontraría, lo confrontaría y de ser lo necesario, lo dejaría al borde de la muerte. Quería respuestas y las obtendría de el, de un modo u otro.

No podía creer, mejor dicho, no quería creer, que la persona que mas admiro alguna vez, sea un monstruo criminal. Ese no era Rycelo.

—En fin, háganle caso a Hotaru. Ella sabe lo que dice—ordenaba Naruko, haciendo a la mencionada inflar un poco su pecho en orgullo. Le agradaba ser la madura de las tres—bien, debo irme, no vayan a meterse en problemas enanas. ¡Nos vemos luego y saluden a nuestros padres de mi parte!—se despedía ahora con su típica personalidad alegre.

¡Fiz!.

La rubia desapareció rápidamente, las niñas respiraron tranquilas. Naruko al parecer no se había enojado con ellas.

—Que tontas son—mencionaba Hotaru con un tono de enojo, pero con educación. Digna de una dama—por poco molestan a nee-sama con sus molestas e innecesarias preguntas, fue demasiado. Solo la hacían perder el tiempo.

—Solo queríamos saber—respondía Fasha cruzándose de brazos y desviando su mirada de ceño fruncido—no había nada de malo en eso.

—Lo es si la hacen perder el tiempo—Hotaru empezaba a dirigirse a la casa—nee-sama ahora es alguien muy ocupada al ser shinobi, no hay que distraerla con tonterías. Eso solo la pondría en peligro.

—Te preocupas mas por ella que por Sasuke—mencionaba curiosa Mito siguiéndola y con las manos cruzadas tras su cabeza. Fasha igual—en realidad, te preocupas mas por todos nosotros que por el. ¿Por qué?—preguntaba curiosa.

Ante esa pregunta, Hotaru frunció el ceño un poco ante esa pregunta, pero sus hermanas no se dieron cuenta al estar tras ella. Aun así no perdió su toque elegante y siguió su andar.

—Porque ese idiota no merece mi preocupación.

Las dos alzaron sus cejas confusas, ellas nunca entenderían el porque odia tanto a Sasuke. Pues ellas nunca se lo habían dicho.

Saltaba de árbol en árbol, pues debía encontrarse con su equipo en la torra hokage, era para su primera misión. Aunque ahora estaba seria, demasiado para alguien como ella. Estaba fuera de sus pensamientos.

[¡Mentiras!, ¡tu me enamoraste a base de mentiras…!].

El malicioso zorro volvía a conectarse mentalmente con ella y cantándole aquello con mucha burla y malicia, ocasionándole molestias a la rubia. Este zorro solo aparecía para molestarla.

Vete al infierno—fue la respuesta de la rubia sin dejar de avanzar.

[Estoy dentro de ti niña]—respondía el zorro con mucha molestia, claramente no le gustaba su situación. Pero no tenía opción—[esto es el infierno].

Entonces me alegro—respondía igual de maliciosa la rubia, haciendo gruñir en molestia al zorro. Cortando la conexión mental—idiota.

Llego hasta la torre kage, trataba de despejar su mente. Pues esta sería la primera vez que tendría una misión verdadera fuera de la aldea. Debía estar tranquilo.

En algún lugar del mundo:

—¿Uh?.

Rycelo estaba tranquilo, tras un desayuno bastante completo, pues los tres ya conocían de antemano, el apetito del saiyajin. Ahora estaba tranquilo, acostado en una hamaca. Siguiendo el consejo que Itachi le dio una vez.

Descansar luego de entrenar o comer.

Hasta que algo choco con el, metafóricamente hablando, eso lo hizo sentar alarmado en la hamaca. No sabía que pasaba, pues solo fue un presentimiento repentino. Pero ese sentimiento de peligro ajeno, no se iba. Algo pasaría y muy pronto.

—¿Qué sucede?.

Hablo con voz suave, era otro niño, estaba acostado en otra hamaca cercana. Era bajito, el menor de todos, no tenia mas de 8 años. Cabello partido al medio y de color violeta, al igual que sus ojos. Su vestimenta era un kimono morado con algunos arreglos blancos.

—Oh, perdón si te moleste Ranmaru. Solo fue una sensación que me dio de repente—respondió el saiyajin acariciándole la cabeza desde su hamaca—descansa un poco.

—¿Qué te molesta?—se sentaba el niño, en su tono se escuchaba un poco de sumisión y derrota. Algo que a Rycelo no le gustaba—¿es por allá?—preguntaba observando por donde Rycelo había "visto"—déjame dar un vistazo.

Ranmaru cerro sus ojos por un momento, hasta que los abrió de repente y estos ahora brillaban de rojo. No era como el sharingan.

Como si fuera alguna especie de visor de un dron, su visión empezó a moverse velozmente, además de llegar muy lejos. Veía por todos lados y no encontraba nada, así que decidió ir mas allá de lo que pensó. Buscaba algo que le llegara a molestar al saiyajin.

Hasta que lo encontró y lo asusto.

Lo primero, un anbu de kiri, parado encima de la copa de un árbol, oculto a la vista de todos, aunque para alguien con la vista prodigiosa como ranmaru, no era un problema el verlo. No importaba cuanto se oculte.

Pero lo aterrador, era quien estaba cerca de el, un ser muy peligroso. Alguien sanguinario y que no se tentaba la mano en tomar la vida de quien sea.

Zabuza Momochi, esa bestia, ¡no!, ese maldito demonio, estaba ahí, tan cerca de ellos, bueno, en realidad estaban algo lejos, pero su visión le permitía verlo perfectamente bien, como si estuvieran aquí a la vuelta de la esquina.

Temblaba al verlo ahí, tan tranquilo, con esa enorme espada colgando en su espalda, con la cual ha creado océanos de sangre. Era un peligro que estuvieran ahí, además de que claramente no era una coincidencia que estuvieran tan cerca. Lo mas probable era que lo estuvieran buscando, querían matar hasta el último portador de líneas de sangre. Lo buscaban a el.

—Ranmaru, ¿qué te pasa?—preguntaba Rycelo muy preocupado y tomándolo de los hombros, pues sintió como el pequeño se estremeció en miedo—¿Qué pasa?, ¿Qué viste?.

—E-Es Zabuza Momochi…—respondió con mucho miedo y temblando—esta aquí.

—¿Qué?—preguntaba asombrado el saiyajin.

El sabía quien era Zabuza, lo decía el libro bingo, uno que Karin se tomo la molestia en escribirlo en braille al leer el de Tayuyá y también lo que Ranmaru le contaba. No era algo bueno.

El libro mismo lo decía, era un monstruo, cruel, despiadado, sin piedad e inmisericorde. Si llegabas a cruzarte con el y estaba de mal humor, podías despedirte de tu vida. No era alguien que se tomara la molestia de preguntar.

El solo te asesinaba y ya, no se complicaba la vida, desde un niño fue un monstruo y eso quedo grabado en su registro personal. A el no le importaba la vida de los demás, solo cuanto valían sus cuerpos, pues era un mercenario. Solo le importaba el dinero y su gran habilidad como asesino, le abría muchas puertas en el bajo mundo. Era un demonio sin corazón con todo el sentido de la palabra.

Su presencia cerca de aquí, era un peligro muy latente. Además de que no podía ser una coincidencia.

—¿Acaso nos están buscando?—se preguntaba mentalmente el saiyajin algo preocupado—cálmate chico, estas a salvo aquí. No te pasara nada.

—Viene por mi, ¡viene por mi!—repetía asustado el niño, estaba aterrado a mas no poder y ¿Cómo no estarlo?. Un despiadado asesino posiblemente este tras su cabeza—viene a matarme, quiere completar la orden del Mizukage.

—Cálmate Ranmaru—decía de forma tranquila, tratando de calmarlo. Estaba demasiado alterado—no es un hecho comprobado que venga por ti.

—¿Por qué mas seria?—preguntaba asustado el niño—¡hasta un enmascarado trajo con el!.

Anbu...—pensó analítico el pelinegro.

Rycelo sentía un poco de lástima, no podía ver los ojos llorosos y aterrados del niño, pero si sentía como temblaba de terror. Estaba muy asustado.

Flashback:

Recordaba el día que lo encontró, en uno de sus tanto viajes, llego al país del agua. Por suerte nadie se había dado cuenta de su presencia.

Caminando por una zona agrícola, no lo vio, pero si sentirlo y olerlo. Una masacre, cuerpos, en una gran cantidad y desperdigados por todas partes. Ya muy descompuestos, pues al parecer esa masacre ocurrió hace varios días. Casi vomita por lo nauseabundo de la situación

No podía hacer nada ahí, así que decidió marcharse, estaba muy tocado por eso. Pero luego, mas adelante había una casa de madera, muy vieja y maltratada, parecía abandonada por demasiado tiempo. Pero solo era en apariencias, podía sentir una muy pequeña presencia ahí dentro, así que sin pensarlo, entro a la casa. Uso sus sentidos ki para rastrear mejor al dueño de aquella presencia.

—¿Has venido a matarme?.

Esa pregunta salió de la nada, abriendo sus invidentes ojos de la sorpresa, pues esa voz era infantil y decaída, como si estuviera débil y sin ganas de vivir. Cuando se acerco, tanteo con una mano, un tumulto de lo que parecía ser un bulto de sabanas enrolladas. No pudo verlo, pero ahí estaba un niño, el cual lo veía con sus ojos caídos y derrotados.

Eso le causo mucha lástima, el niño al parecer había sido el único sobreviviente de este lugar. O eso parecía.

—¿Que pregunta fue esa?—fue lo único que respondió el pelinegro.

El niño observaba a quien lo había encontrado, era alguien muy joven, un adolescente. Pero al observarlo bien, pudo notar algo irregular en el. Sus ojos.

No había reflejos, no había luz, no se veía nada, solo una espesa bruma oscura. El lo supo de inmediato, ese chico jamás ha visto la luz del sol, el rostro de un ser querido, ni siquiera algún color. Excepto el negro.

—Eres invidente…—mencionaba el niño sin emociones.

—Y tu un niño muy curioso e inteligente—mencionaba Rycelo con un tono amable y un poco sonriente, desconcertando al niño por esa amabilidad. No era del todo normal en un asesino—además de raro.

—¿Has venido a matarme?—volvió a preguntar el niño.

A Rycelo le parecía curioso y triste ese tipo de preguntas, que un niño las hiciera era muy lastimoso, alguien tan joven, resignado a la muerte, no era algo alentador. Así que talvez podría ayudarlo.

—No—fue lo que respondió de forma, suave y tranquila. Pudo notar como el chakra del niño se relajaba, podrá haber estado dispuesto a morir. Pero solo era un niño aterrado.

—¿Qué haces aquí entonces?—hizo una nueva pregunta.

—Pasaba por aquí de casualidad—mencionaba el pelinegro honestamente, no había que ser condescendiente. Solo fue casualidad—tan solo sentí tu débil presencia y entre.

—Eres eso que llaman los shinobis….sensor.

—Bueno, algo así. Mas o menos.

El niño no sintió mentiras en sus palabras, eran sinceras, así que su pequeño cuerpo poco a poco se relajaba. En verdad estaba resignado a morir, pero eso no le quitaba de que estaba asustado por la idea. Se alivió cuando tuvo una respuesta negativa.

Este chico no era una persona mala, pudo notarlo en sus nublosos ojos oscuros. No era un asesino, eso podía verlo.

—Chico, estas débil, con hambre, solo. Estas jodido—mencionaba al niño, el cual frunció un poco el ceño al sentirse un poco ofendido.

—Eso ya lo se—mencionaba un poco molesto.

—Bien, dejando eso en claro. Creo que es hora de irnos—mencionaba el saiyajin acercándose a la cama.

—¿Eh?, ¿qué estas…..?.

Fue interrumpido, pues Rycelo empezó a envolverlo nuevamente en las sabanas, pero dejando su rostro descubierto. El niño no entendía que hacia.

Hasta que el saiyajin lo tomo y lo aseguro en su espalda, el niño entendía lo que estaba pasando.

—¿Me llevaras contigo?—preguntaba dudoso el pelimorado.

—Pues si—terminaba de amarrarse al niño en su espalda—no puedo dejar a un niño moribundo aquí, que ni siquiera puede caminar por su debilidad, eso no es humano. Lo que me recuerda…—de uno de sus bolsillos saco una barra de carne y se la entregaba—ten, se que tienes hambre. Esto te aliviara por un rato.

El niño estaba un poco sorprendido y confundido, este joven mostraba piedad ante un desconocido como el, ¿por qué?. Nadie en este podrido mundo era tan bueno.

Dudoso saco una de sus manos a través de las sabanas y la tomo la barra, empezando a comerla. Sintió un alivio enorme al sentir algo en su estomago.

Rycelo reía en voz baja por eso y empezaba a salir de la casa, pero rápidamente entro de nuevo, había sentido peligro acercándose, estaban por todos lados, estaban rodeados. Aunque algo lejos.

—¿Qué sucede?—preguntaba el niño aun comiendo.

—Peligro—respondía serio el pelinegro ocultándose en la casa—puedo sentir como presencias hostiles se acercan, muy rápido. Llegaran en cualquier momento.

Bufaba molesto, no quería una batalla, no con un inocente en sus espaldas. Debía salir pronto de ahí y con cautela, sin ocasionar una innecesaria pelea. No quería meter al niño en peligro.

¿Volar?, no era una opción, las demás naciones sabían que solo había dos aldeas con esa técnica, Iwagakure con el Tsuchikage y Konoha con los Bardock. Lógicamente el líder de Iwa no vendría aquí el solo, era estúpido. La otra opción y la mas lógica era la de los Bardock .

Hace tiempo hubo un exiliado, que ahora vagaba quien sabe donde, sabrían que se trata de el apenas lo vieran volar. Alertando a toda Kirigakure, mandando escuadrones a cazarlo y así, todo el país del agua se enteraría. Su vida no era la que estaba en peligro, sino la de su nuevo acompañante. No dejaría que el niño muriera.

—Están en todo el cuadrante—mencionaba el niño llamando la atención del pelinegro—pero hay algunos flancos.

—¿De que estas…?, ¡oh wow!.

No podía verlo, pero si sentirlo, una enorme cantidad de energía acumulándose e incrementándose en sus ojos. Era igual a cuando Itachi activaba su sharingan..

Pero este chico era muy diferente, era un chakra mas condensado y pesado. Casi podía sentirlo.

—Los del norte llegan mas rápido, por alguna razón se mueven de forma errática. Observan todo.

—Rastreadores y sensores—mencionaba el pelinegro serio—los rastreadores no pueden encontrarnos por la cantidad de cuerpos, la peste los confunde. Los sensores deben tener un sentido de corto alcance—mencionaba analítico y luego se dirigía la niño—¿con tus ojos pudiste ver todo eso?.

—Si, ¿cómo sabes lo de mis ojos?. Eres ciego—preguntaba un poco curioso y sorprendido por aquello.

—También soy un sensor—le recordaba un poco divertido el pelinegro—mejor sigue comiendo, tus energías no están del todo recuperadas—de su bolsillo saco otras barras de carne y se las dio.

—Hai—sin dudarlo, las tomo y empezó a comer lentamente.

—Oye amiguito, ¿crees que puedas ayudarme mas?—preguntaba curioso.

Con los datos que le dio y sus sentidos ki, podría salir de ahí fácilmente y sin ser detectados, pero quería hacerlo divertido. Además así el niño se entretendría un poco.

El niño debía sentir un poco de emoción.

—Hai—respondió aun comiendo el niño, estaba hambriento y esas barras de carne estaban deliciosas. Esperaba que tuviera mas—los del este no son tan rápidos, pero se acercan mucho también. Estarán aquí pronto—volvió a comer y prosiguió con su relato—en el oeste, están llegando por zonas bajas y ocultas—menciono y Rycelo dedujo que eran algún grupo de emboscada, por si alguien quisiera escapar. Tendría especial atención en ellos—y en el sur, solo están lejos pero quietos. Aunque están ocultos

Vigías, no quieren que nadie salga de aquí—pensaba el saiyajin ante la información del chico—buen trabajo niño—felicitaba el pelinegro al infante en su espalda.

Este se ruborizo un poco por lo amable que era y las felicitaciones que el pelinegro le daba, era la primera persona en años que lo trataba bien. Era agradable ser reconocido.

—Ranmaru…

—¿Eh?—preguntaba confundido el pelinegro.

—Así me llamo—respondió el pelimorado tímido y avergonzado.

El saiyajin sonrió de forma dentuda y relajado, este chico era muy interesante y no solo por sus ojos. Le caía bien.

Le recordaba a Naruko en cierto modo.

—Me llamo Rycelo Bardock, un gusto—se presentaba el pelinegro, al ser un huérfano abandonado, Yukimaru no lo reconoció. Era una ventaja para el saiyajin—bien Ranmaru, aquí vamos. Prepárate.

—Hai—respondió y oculto su rostro dentro de las sabanas, pero el pelinegro podía escuchar claramente, como seguía comiendo. No lo culpaba.

Reía un poco por eso, pero luego se puso serio. Tenían que salir de aquí.

Fin del flashback:

Lograron escapar sin ser descubiertos, pues ambas habilidades combinadas fueron muy útiles para aquello. Salieron ilesos de eso.

Pero luego vieron como un enorme rayos golpeaba el lugar donde estaban, no sabían de donde salió, debía ser uno muy potente como para dar la zona muy afectada. Pero no le dieron importancia.

Rycelo decidió retomar su viaje ahora con Ranmaru bajo su tutela, también en el camino se encontró y salvo a ese par de pelirrojas. Así creando a su actual grupo.

(N/A: la historia de Tayuyá y Karin será narrada en la segunda parte).

—Vamos, no te preocupes. Debe ser una coincidencia—trataba de calmarlo—el es un mercenario, debe estar en un trabajo. No debes ser su blanco.

—P-Pero, el mizukage…

—No creo que el mizukage envíe a un mercenario de tal peligrosidad, contra un niño pequeño como tu. Aun con kekkengenkai—esas palabras lograron tranquilizar un poco el niño, pero seguía temblando un poco. Algo le causaba duda—pero, ¿que hace un anbu ahí?. A menos…..

Sacudió su cabeza y decidió no pensar tanto en ello, además el también sentía sus presencias, la del que creía era el anbu, no era maligno, era lo contrario. Era amable y tranquilo.

El otro era el problema.

Estaba cargado con ira y violencia, hostilidad y desgracia, era como si una bestia salvaje tomara una forma humana. Por algo Zabuza era conocido como el demonio de kiri, un ser implacable e inmisericorde que no importaba su blanco. Estaba muerto a penas lo viera.

Decidió levantarse de la hamaca, siendo seguido por el preocupado y asustado Ranmaru. La verdad no quería entrometerse, pero quería estar seguro que la vida de su pequeño amigo no corriera peligro. Así que mejor se cercioraba, por lo que iría a investigar que hacían ese par en el país de las olas. No estaba tan seguro, pero talvez tenga que ver con la decadencia del país. De repente cayo en desgracia de un día para el otro.

No se había entrometido en ese asunto, porque no era de su incumbencia y no le afectaba a ellos por vivir cerca de la frontera, ocultos por esa zona rocosa. Casi nunca iban a la zona de tragedia.

Las féminas del grupo veían curiosas como ambos chicos entraban, estaban muy serios. Pero Ranmaru estaba muy preocupado.

—¿A dónde mierda vas?—preguntaba la hermosa pelirroja con lenguaje de marinero, curiosa al ver como Rycelo estaba preparándose para salir y Ranmaru estaba asustado—¿qué le pasa al mocoso?.

—Iré a investigar algo que me ha llamado la atención—respondía mientras se colocaba uno de sus calentadores en su antebrazo—volveré pronto.

—¿Qué?—preguntaba confusa—¿es algo que nos comprometa?—se notaba un poco de preocupación en su voz y una gota de sudor bajaba por su sien.

—¿Estamos en peligro? —preguntaba ahora Karin un poco asustada.

—No lo creo, solo que me llamo la atención. Quiero saber de que se trata—se colocaba su tradicional pañuelo naranja en su cabello—bien niños, como sabrán debo salir por un momento. Tayuyá estará a cargo mientras no estoy—la pelirroja chisto molesta ante esa orden.

Cuando Rycelo no estaba, ella era quien estaba a cargo de los menores, cosa rara ya que era la mayor de todos. Debía estar a cargo de TODOS ahí, pero no. Solo cuando el saiyajin no estaba dispuesto.

Aunque no se quejaba en realidad, algo denigrante, pero hasta ella admitía que no era alguien buena para dirigir. Rycelo era mejor.

—Que bien, nuevamente cuidar mocosos. Que putada—recriminaba cruzada de brazos—espero que no me causen problemas.

—Oh ya cállate—respondía Karin sobándose el puente de la nariz en estrés, claro que antes se quito los lentes. Ella pensaba que era la única madura del lugar—tratare de mantener a estos dos tranquilos y el lugar seguro, ve tranquilo. Pero regresa pronto.

—Jaja, gracias Karin. Te encargo el lugar—respondía el saiyajin divertido.

—¡No te preocupes!—respondía animada la pelirroja menor

—¡Oye!, ¡¿no que yo estaba a cargo?!—pregunto indignada Tayuyá al ser relegada de su "cargo" tan rápido, pero Rycelo no era tonto. Salió volando a toda velocidad—¡regresa aquí maldito cobarde!—exclamaba molesta viéndolo volar.

—Ya cálmate y entra de una vez—ordenaba la pelirroja menor, calmada y entrando a la casa—debo preparar el almuerzo.

—Maldita enana…—mascullaba molesta la mayor, pero entrando de mala manera a la casa. Tenía hambre.

Además que tenía ayudar a levantarle el animo al enano de ojos raros, era uno de sus deberes. No lo admitía en voz alta, pero esos enanos le llegaron a agradar bastante. Así que debía levantarle los ánimos.

Solo esperaba que Rycelo llegara pronto.