Una aclaración, nunca lo mencione al olvidarme de aquello. Las tres niñas nacieron con cola saiyajin.

[…●…]

Estaba sentado frente una hoguera, era más de media noche y su misión ya había sido completada. Podría seguir, pero no tenía apuros en llegar, la aldea no se iría a ningún lado después de todo. Tampoco quería molestar a sus esposas e hijas, llegando tan tarde. Las dejaría descansar.

No fue una misión tan difícil, solo acabar con un grupo de bandidos, que tenía una aldea minera bajo su cruel yugo. Fue fácil eliminarlos, no representaron problemas. Incluso matar a ese Raiga no represento problemas, aunque sus espadas tenían una habilidad interesante. Manipular los rayos, eso era algo bastante llamativo y único. Pero de eso no pasaba para el, pues no era alguien fanático de las armas. Por eso las dejo botadas ahí mismo.

Suspiro, la verdad quería dormir, pero no podía. Esta noche no le llegaba el sueño. Tenía el presentimiento de algo extraño, no malo, pero si raro. No sabría decir que era.

—¡Iiigh!—Bardock se quejaba levemente, mientras se agarraba la sien en un reciente y sorpresivo dolor. Ya se le hacia conocido—otra vez….

[…●…]

¡Démoslo todo en esta batalla!.

Un Bardock ssj salía a toda velocidad en vuelo, llevándose por al frente a un desconocido ejercito enemigo. Los cuales no podían hacer nada.

.

Ahora se veía una lucha encarnizada en Konoha, invasores trataban de eliminarlos. Aunque no eran mucho problema para la aldea gracias a los saiyajin.

Ya es tiempo que mueras anciano…

—…..Has envejecido…

¡¿Este es el poder saiyajin?!.

.

Ese es tu problema, ¡siempre creyéndote alguien igual a mi!.

¡Te llevare a la aldea así sea rompiéndote las piernas!.

Ahora estaba en un valle, en la cual había una enorme cascada, la cuál tenía a los lados, inmensas estatuas de Madara Uchiha y Hashimara Senju. Una clara referencia a sus luchas.

Encima de cada estatua, se encontraban Sasuke y Naruko, observándose mutuamente. Hasta que saltaron uno contra el otro en batalla.

..

Vio nieve y como se derretía por una especie de generador.

Vio a una mujer disfrazada de varón, siendo protegida. Ya que su vida estaba en riesgo.

Un Clan siendo salvado y una especie de edificio de pruebas colapsando al ser destruido, con alguien sacrificándose para que todos vivan.

¡Groaaaaaaar!.

¡Pelea conmigo, bestia!.

Luego vio a esa bestia que lo ha atormentado en sus sueños últimamente, aquella con la que soñó años atrás. Creando caos, destrucción y muerte a su paso. Una bestia imparable.

Y no estaba solo, en las visiones pasadas mencionadas, también había un valiente muchacho, que había logrado los milagros de salvarlos a todos. Siempre adelante.

Pero siempre que se trata de esta última visión en especifica, nunca se puede ver el final. Solo se ve peleando a ambos hasta la muerte, pero nunca se sabe el ganador. Porque nunca llega.

Siempre se despierta…

[…●…]

—Maldita sea—volvía en si ya recuperado de sus visiones, nunca sabía el significado de estos. Solo que Rycelo siempre luchaba solo—¿Qué demonios significa todo esto?.

Esas visiones, solo lo atormentaban y confundían. Aunque no entendía el cómo, el reptil del planeta Kanassa que le dio este golpe, se lo dejo en claro. Le atormentaría la destrucción de su mundo, ese seria su castigo hasta el día de su muerte. Claramente sus visiones se irían porque un muerto no puede tenerlas.

Esa era posiblemente su respuesta, seguía vivo. Esta clarividencia no era un don que le entrego, era todo lo contrario. Una maldición que lo atormentaría hasta el fin de sus días.

El aún seguía vivo y por eso, las visiones no se iban. Aunque la verdad pensó que ya no las poseía, ya que hace años que no tiene una. Recién semana atrás, estas volvieron a todo su apogeo. No sabía que hacer.

—Maldito Kanassiano —se levantaba del suelo, pero sin dejar de ver las llamas. Pues había una especie de cerdo asándose —,aunque puedo entenderlo, la venganza es algo que merecían. Éramos una raza despreciable.

Esperaba que esta secuencia de sueños fueran solo eso, sueños. Pero no se confiaba para nada, ya conocía la suerte saiyajin que tenía. El desastre y las desgracias venían agarrados de su raza, se notaba en cuanto al destino de el y su primera esposa (Gine) ahora sumándose la desgracia de Rycelo. Los saiyajin siempre caían en desgracia.

Esperaba que sus tres hijas no siguieran su mismo destino, aunque Fasha tenía una gran probabilidad al ser saiyajin pura. Hotaru y Mito eran hibridas.

Veía al cielo, como esperando una respuesta, pero como siempre, nunca le llegaban. Chisto en molestia, nunca obtenía respuestas. Aun cuando sabía que nunca las tendría, a veces pensaba que Kai se burlaba de su situación. Luego vería como cobrárselas.

El saiyajin seguiría con sus pensamientos, pero sintió como alguien se acercaba, más no era alguien solo. Eran dos personas, así que solo volvió a sentarse, viendo como aquel jabalí se asaba a fuego alto. Tenía hambre y esperaba que estuviera bueno, no por nada se digno es cazarlo y prepararlo. Aunque no se quejaba en realidad.

¡Fiz! (X2).

Aun sintiendo como el viento se cortaba, no se alarmo, el solo seguía viendo las flamas alzarse sobre su presa. Pero se digno en verlos momentos después.

Sus entrecerrados ojos aburridos vieron a dos seres sentados frente a el, en un par de troncos. No se veían sus rostros, ni sus rasgos físicos. Pues estaban cubiertos desde la punta de los pies, hasta el cabello más largo. Portaban túnicas con capucha lila muy oscuro, sus rostros no eran visibles por la oscuridad. Bardock estaba frente a dos desconocidos.

—¿Me van a decir algo? —preguntaba el saiyajin con bajo interés, moviendo las brasas con un palo que encontró.

El duo de desconocidos se quedaba callado, parecían un par de maniquíes o marionetas sin hilo. Pero a Bardock eso no le interesaba para nada.

País del agua…—mencionaba una de las figuras con voz distorsionada.

—….Ahí será su misión—termino de responder la otra figura.

Bardock dejo de mover las brasas y abrió un poco sus ojos en sorpresa, pero luego dejo escapar una leve carcajada. Ese chico si que se metía en locuras.

En este momento el país del agua no estaba pasando por un buen momento, en especial su aldea ninja. Kirigakure estaba en medio de una guerra civil, tratando de derrocar al tirano y sanguinario Yagura. Gine ya tuvo el "placer" de conocer al chico y no termino tan bien como se esperaba, pues la saiyajin tuvo que usar cada gramo de su paciencia, para evitar matar al líder del agua. Del cual se enteraron más tarde, se había vuelto el jinchuriki del Sanbi (tres colas) y vaya que había aprovechado su poder. Volviéndose un líder tirano y sanguinario.

El no juzgaría, no era su problema después de todo. Cada líder ve como manejar su aldea.

—Muchacho idiota jaja—mencionaba Bardock divertido, pero riendo bajo—siempre metiéndose en problemas.

[…●…]

Pais del agua.

Estaba preparándose mentalmente para esto, lo que haría a continuación seria algo peligroso. Por eso caminaban con capuchas en esta pequeña aldea civil, no habían muchos shinobis de kiri, pero los había cuidando la aldea. Debían ir con cuidado, no era bueno iniciar una pelea ahora, era innecesario. Podrían alarmar a la aldea líder.

Se sentía un ambiente muy tenso, la gente estaba un poco asustada. Los shinobis estaban igual y eso que se supone que deben ser fríos y duros, así serian más aptos para el combate. Suponían que era por lo que estaba por pasar en la aldea ninja más grande y poderosa del país del agua. Iwagakure, ya que estaban en medio de una guerra interna, que podría estallar y damnificar a todo el país. Eso los tenía muy tensos y nerviosos.

Pudieron evadirlos y pasar sin problemas, hasta una pequeña posada, obteniendo una habitación. El recepcionista no pregunto nada al ya ver a muchos habitantes igual de raros.

—Bien, pagamos por toda una semana. Deberíamos estar bien por ahora—se quitaba la capucha, dejando ver a Rycelo y Ranmaru que venía como carga—¿Cómo te sientes? —preguntaba a su pequeño amigo de cabello lila.

—Ahora se lo que se siente ser una maleta—mencionaba divertido el niño divertido—pero estoy bien.

Las otras dos hicieron los mismo, dejando ver a Tayuya y Karin. Era todo el grupo Rycelo.

—Ya estamos aquí—mencionaba Tayuya sentándose en la cama, mientras Karin se asomaba un poco tras la cortina para ver si alguien los seguía—podemos relajarnos un poco.

—¿Relajarnos? —preguntaba Karin un poco dudosa—van a unirse a un golpe de estado en una aldea ajena ¿Cómo vamos a poder relajarnos? —se acercaba al saiyajin muy dudosa.

—Si, yo también creo lo mismo—mencionaba Ranmau con una mirada preocupada—no estamos para nada falta de dinero, no hay necesidad de arriesgarnos tanto. Es un trabajo demasiado arriesgado.

Para ambos niños, era un riesgo innecesario, podrían morir en esta pelea. El dinero no faltaba y la comida no escaseaba ¿para que arriesgarse tanto?.

—Puede ser—mencionaba calmado, dejando al niño en la cama—pero ya nos pagaron y debo cumplir—en eso se acerca a ambos y les acaricia las cabezas con una sonrisa—no se preocupen, vamos a estar bien.

—¿Cuándo nos reuniremos con la líder de la resistencia? —preguntaba Tayuya—ya hasta me olvide su nombre.

—Es Mei Terumi—respondía Rycelo divertido por la falta de memoria de su pareja—será mañana al atardecer—ahora se dirigía a los niños los cuales aun se veían asustados y dudosos—estaremos bien, no se preocupen. Ustedes solo deben permanecer aquí hasta que el trabajo termine.

Ambos niños asintieron, aun con dudas. Pues se estaban tomando demasiados riesgos.

Solo quedaba esperar lo mejor.

—Pero de momento tengo hambre, vamos a comer algo—sugeria Rycelo animado por comer un poco.

—Seria una buena idea—mencionaba Tayuya de brazos cruzados—sino fuera porque entramos aquí de inadvertidos ¿no?.

—¡Ah! Es cierto—mencionaba el saiyajin con una mano en el mentón—bueno, de todas formas deben comer. Así que iré a comprar algo—se levantaba para tomar su capucha y ponérsela.

—De hecho no hay necesidad de ello—mencionaba Karin alzando la mano, llamando la atención de todos. Luego saco un ligero rollo y lo mostro—selle provisiones para momentos como este.

Karin no se espero que el saiyajin se lanzara a ella y la abrazara fuerte, haciéndola enrojecer al mismo nivel que su cabello y empañando sus lentes. Fue algo inesperado.

Algo que hizo chistar a Tayuya y reír a Ranamu.

—¡Karin-chan! Eres la mejor! —decía mientras la apachurraba en sus brazos.

—L-Lo se…—mencionaba con aires de grandeza, pero aun sonrojada y nervios. Además de arreglar sus lentes—e-es bueno s-saber que estas al t-tanto de ello.

Y luego Karin quito el sello, mostrando los alimentos. Empezando a comer y luego ir a dormir, pues necesitaban muchas energías para el día siguiente. Les esperaba una dura mañana.

[…●…]

País del fuego-Konoha.

Ya había amanecido en la aldea y cierta pelirrubia estaba entrenando, lanzado shurikens y kunais hacia un tronco. Acertando algunos y fallando en otros, pues quería mejorar en el uso de sus herramientas ninja. No quería quedarse atrás de sus compañeros y en especial, de Sasuke. Quería superarlos a todos, pues solo de esa forma lograría su objetivo principal. Por lo que debía volverse aun más fuerte que nadie.

Traer de vuelta a Rycelo, así sea a rastras y contestar todas sus dudas.

No estaba sola, pues su madre y hermana pequeña estaban ahí, viéndola entrenar con una ligera sonrisa de orgullo y satisfacción. Su hija no era una prodigio como Sasuke Uchiha o inteligente como un Nara, pero tenia lo suyo. Era fuerte, determinada, terca y valiente. Toda una Uzumaki.

Mito veía con admiración y asombro a su hermana, ella era muy fuerte y habilidosa en opinión suya. La niña estaba tan emocionada, que daba ligero brincos. Estaba ansiosa por entrar en acción, también quería ser igual de fuerte que ella. Su cola se erizaba de la emoción.

Su sangre saiyajin hervía por ello.

—¡Bien! ¡vamos a intentarlo ahora!—mencionaba determinado Naruko.

¡Pooof!.

Ante la vista de ambas féminas, una segunda Naruko apareció. Empezando a mover velozmente sus manos, sobre la palma de la original. Reuniendo chakra a gran velocidad.

Vaya, lo intentara de nuevo—pensaba Kushina viendo como el viento se empezaba a mover violentamente alrededor de ella.

—¡Que genial! —mencionaba la pequeña pelirroja viendo a su hermana haciendo quien sabe que—¿eh? Mamá ¿Qué haces? —pregunto al ver como su cuerpo y el de su progenitora, era envuelto por varias cadenas. Su madre solo suspiraba divertida.

—Bueno hija, es solo precaución—respondía la pelirroja mayor a su hija más joven.

—¡Aquí voy! —anuncio la rubia y su clon se desvaneció, para empezar a correr hacia el tronco. En su mano tenía una esfera de chakra celeste, la cual giraba como un pequeño tifón concentrado—¡rasengan!.

¡Booom!.

Hubo una ligera explosión en el lugar, cuando choco aquella técnica en el tronco. Se levanto una nube de polvo y escombros volaron por el lugar.

Las cadenas protegieron a las dos pelirrojas, en el bosque donde estaban, una ligera columna de humo se levantaba. Al parecer Naruko no tenia mucho control ni dominio de esa técnica, pues era muy inestable de mantener. Las cadenas empezaron a desenredarse, dejando ver ilesas a ambas pelirrojas. Un poco preocupadas por el bienestar de la rubia.

La mencionada estaba ilesa, pero acostada en el suelo, suelta de brazos y piernas. Respiraba muy agitada. Fue un movimiento muy arriesgado el que hizo.

—D-Diablos…—decía entre jadeos—ya no puedo seguir, gaste demasiado chakra. Quisiera tener más.

[Vaya que te ves patética] el zorro hacia acto de presencia en su mente, haciéndola suspirar en molestia [mis anteriores carceleros tenían mucha más resistencia que tu, incluyendo a tu madre. ¿No te da vergüenza?] Preguntaba burlista el zorro infernal.

Más vergüenza me daría que me escuchen hablando contigo—respondía mentalmente la rubia—creerían que estoy loca por hablar sola.

[¡Bah!, hablar conmigo seria el máximo de los honores] mencionaba un poco indignado el zorro [deberías sentirte honrara de que yo, el poderoso Kyubi, te dirija la palabra. Una mera mortal]

Vaya, hablando de egocentrismo y narcisismo—mencionaba tras un suspiro, ganándose un gruñido del zorro—deberías aprender algo llamado "humildad" ¿sabes?.

[Hmp! No tengo porque hacerlo] respondía el zorro antes de dejar escapar un enorme bostezo [es más, no tengo porque soportar esta conversación. Me largo a dormir]

Y después de eso, corto la conexión mental. Dejando en paz a la rubia.

—Vaya, que delicado—decía ya más recuperada y sentándose—en serio me sobrepase un poco—movía uno de sus brazos para tratar de mitigar el dolor.

A pesar de la falla, estaba satisfecha por el resultado obtenido. Cada día mejoraba con la formación del rasengan, la técnica firma de su difunto padre. Bardock le conto sobre el asombroso poder de su técnica, una tan irreal y grande, que si era perfeccionada, talvez podría igualar a la técnica insignia de su padrastro. Cuyo poder destructivo también era de mucha consideración.

El Cañón espiritual final.

Una técnica muy conocida y temida en todas las naciones ninja, tenía un poder destructivo aterrador y lo más increíble. Era que Bardock seguía puliendo esa técnica y hasta creando variaciones.

Naruko estaba emocionada, pues era una de las técnicas que también quería aprender a dominar, pero primero quería aprender y pulir la técnica de su padre biológico. Y eso ya le era difícil, pues según le comento su madre, el rasengan era una técnica incompleta y por eso, Naruko se encargaría de completarla e incluso mejorarla, su determinación era inmensa. Al igual que su terquedad.

Se lo habían aclarado hasta en cansancio, pero no entendía y seguía. Ella no podría aprender a usar el cañón espiritual final, era una técnica que requería ki y no chakra. Pero siendo leal a su linaje Uzumaki, seguía siendo terca y se propuso a aprenderla. No se iba a rendir.

Ya verán—pensaba apretando su puño con una sonrisa determinada y emocionada—voy a lograr dominar y perfeccionar ambas técnicas, lo hare. ¡Ya lo veran!.

—¡Nee-chan! —la pequeña Mito corría hacia su hermana mayor y la revisaba preocupada— ¿estas bien?.

—Si Mito, no te preocupes—le respondía con una sonrisa y acariciándole el cabello, aliviando a su pequeña hermana. Su colita moviéndose lo demostraba—aunque admito, que si me lleve un golpe bastante fuerte. Aun me zumban los oídos

—Eso es porque no tienes cuidado—mencionaba Kushina acercándose con una ligera sonrisa—antes de atacar, siempre debes asegurarte de que la técnica sea estable. Pero siempre te precipitas.

Kushina se sentó a un lado de sus hijas, vio como su hija hizo una mueca de molestia por sus palabras, eso le hacia gracia. Al igual que ella, no le gustaba demasiado cuando le recalcaban sus fallas. Ambas eran un par de testarudas y orgullosas.

—Se que puedo mejorarlo—mencionaba Naruko observando el panorama—solo debo entrenar más.

—No, lo que debes hacer es descansar. Al menos este día—recomendaba Kushina seriamente a su hija—has entrenado sin parar desde que llegaste de la misión en el país de las olas.

—¡Pero mamá! —respondía la rubia un tanto ansiosa—no voy a volverme fuerte solo quedándome sentada, debo seguir entrenando.

Kushina se sorprendió por esas palabras de su hija, pues eran las mismas palabras que una vez dijo su hijastro en el pasado. Sonrió cuando noto la gran similitud entre ambos.

Rycelo fue una gran influencia para su hija al parecer y claro que lo era, pues ella lo admiraba bastante, incluso en la actualidad. Ella no creía para nada que el exiliado saiyajin, sea el monstruo que le intentaban hacer creer. Ella sabía como era ser tratada de esa manera y sin motivo.

La rubia estaba ensañada en obtener la verdad y la obtendría como sea posible, así sea a la fuerza. Por eso quería volverse fuerte.

—Si, pero a veces debes hacer pausas—volvía a aconsejarla, pues si era igual a Rycelo, entonces talvez sea posible convencerla de la misma forma—dañaras tu cuerpo si sigues forzando tu cuerpo.

—Solo lo dices porque ya no eres tan joven—mencionaba desviando la mirada, sin notar que a pesar de su ligera sonrisa, una vena pulsante se formo en su cabeza—ya no puedes hacer las mismas cosas como antes.

Mito abrió un poco sus ojos al sentir como el chakra de su madre, se volvía feroz y violento. Se estaba enojando y esas no eran buenas noticias.

Así que solo dio disimulados pasos hacia atrás.

—E-Eso no es verdad—mencionaba la pelirroja mayor, sus cabellos empezaban a flotar y tomar forma de zorro.

—Claro que si—decía, sin saber como encendía sin querer, aun más la ira de su madre—creo que ya deberías retirarte del servicio.

—Ah, nee-chan…—Mito aun con todo el terror del mundo, trataba de salvarla.

—Podrías ponerte en grave riesgo si sigues así—seguía mencionando sin notar el peligro que se cernía sobre ella.

—Nee-chan…

—No queremos que te pase algo y por eso te protegemos—seguía hablando la rubia bocona.

—¡N-Nee-chan!—trataba de advertir la pequeña pelirroja y era ignorada—¡d-deja de hablar!.

—¿Eh?, ¿Por qué? —preguntaba ignorante al peligro que corría.

Naruko no lo notaba, pero atrás de ella, se encontraba una poderosa y furiosa bestia, tanto que exhalaba vapor de su boca. Sus cabellos ondeaban con furia, como las colas del zorro demoniaco. Aun cuando ya no era la jinchuriki del Kyubi.

Todos lo sabían, Kushina Uzumaki era una mujer piadosa, bondadosa, muy hermosa y buena persona en general. Pero quienes la conocían más a fondo, sabrían que no solo era aquello. Cuando se metían con ella y sus seres queridos, sacaba todo la ira, violencia y rencor que llevaba dentro. Ahora era una mujer demasiado sensible por su edad (como toda mujer) a pesar de que gracias a sus genes Uzumaki, a duras penas y se notaba los años que habían pasado sobre ella. Eso la tenía orgullosa.

Y que ahora venga la latosa de su hija a hablarle de su edad, eso ya era algo que la sacaba de sus casillas. Meterse con su edad, no era algo que debieran hacer con ella. En especial su hija.

¡Bam!

El bosque entero vibro por un potente golpe, hasta las aves salieron volando creer que era un terremoto. Técnicamente se sintió como uno.

Mito veía con terror, como la parte superior de su hermana mayor, estaba enterrada en la tierra, sus piernas a veces se movían en espasmos. Kushina estaba a un lado de ella, jadeando con furia y eso lo demostraba con cada exhalación que daba, sacando vapor. Su puño también emanaba lo mismo y una vena palpitaba en ella.

En pocas palabras, Kushina estaba cabreada y eso era bueno, para nadie. Por eso Mito solo se quedaba callada.

—¡¿A quien le dices vieja?! —exclamaba molesta la pelirroja a su talvez inconsciente hija—¡aun estoy en la flor de mi juventud!.

—Ay pero que agresividad—mencionaba la rubia saliendo de la tierra y sobándose la nuca muy adolorida — ¡vamos madre! ¡Admite que ya no estas tan joven! —reclamaba molesta la pequeña mujer—¡acepta la realidad!.

—¡Tu eres la que debes aceptar la realidad! —exclamaba molesta la pelirroja—¡no te creas mucho! ¡¿Crees que serás joven toda tu vida?! ¡ja, ilusa!.

Esas palabras enojaron a la rubia menor, ella no era de las que le importaran cosas como la belleza y más cosas femeninas, estaba más dedicada a ser una buena y más poderosa kunoichi de la aldea. Pero ese poco que si le importaba, le hacia saltar como fiera ante cualquiera que se metiera con ella. Toda mujer era un poco vanidosa dentro de si.

—¡Pues al menos yo tengo más tiempo que tu! —furiosa señalaba a su también furiosa madre—además mírame—con delicadeza y feminidad, se pasaba su cabello tras su oreja. Demostrando que era una chica linda—soy una lindura joven y llamativa, no como tu. Ya tienes la edad encima—decía burlista para enojar aun más a su madre.

En realidad, a pesar de parecer estar burlándose y divirtiéndose, era una mentira en realidad. Ya que estaba aterrada por dentro ¿Cómo no estarlo? ¡Era Kushina Uzumaki quien estaba frente a ella!.

Y estaba furiosa.

Eso lo denotaba su cabello ondeando como las colas de Kyubi, las venas brotando y pulsando de su frente. La habanera sangrienta estaba por salir, era como un volcán durmiente. Haría erupción en cualquier momento.

—Oh ¿es en serio? —aun con su enojo, hacia lo mismo que su hija. La verdad Kushina seguía siendo muy hermosa—pues tu madre a pesar de estar nuevamente casada, aun es muy cotizada por varios hombres. Aunque Bardock y yo hemos tenido que mandarlos a volar—susurraba con diversión y gracia recordando esos momentos—a diferencia de ti, no te he visto ninguno ¿oh si?.

Naruko gruñía por el enojo, pues su madre tenia un buen punto a pesar de no querer admitirlo. No tenia pretendientes, a pesar de ser considerada una de las jóvenes más hermosas de la aldea. Nadie se atrevía a acercarse a ella y no solo por ser el "Kyuubi no yoko".

Sino por también ser la hija de Kushina Bardock (Uzumaki de soltera) una de las kunoichis mas hermosas como letales de todo el país del fuego.

—¡Guiiiiii! —refunfuñaba molesta por las palabras burlistas de su madre—¡no tengo porque aguantar esto! —Molesta se retiraba a seguir entrenando por otro lado, ante la mirada burlista y victoriosa de su madre— ¡y al menos yo aun conservo y me veo mejor que tu! —terminaba de señalar a su madre y terminaba de irse.

Dejando a Kushina rechinando sus dientes y con una vena pulsando en su frente.

—¡Latosa!

—¡Amargada!

—¡Torpe!

—¡Vieja!

—¡MARIMACHA!

—¡BRUJA!.

Y así se iban ambas por caminos distintos, con sus egos y orgullos golpeados. Si, que eran madre e hija y se amaban mucho pero también tenían una rivalidad un poco fuera de contexto.

Este tipo de peleas casi siempre eran habituales entre ellas dos, diciéndose sus verdades. Pero luego se reconciliaban.

Mito solo se quedaba ahí, parada y oculta tras un arbusto. Sacando su cabeza para ver si ya había pasado el peligro y suspiro aliviada al ver que si. Aun no se acostumbraba a que ambas se comportaban como un par de infantes inmaduras, no era algo lógico. Ella era la niña y no se comportaba así.

—¿Y yo soy la niña? —suspiraba la pequeña pelirroja.

—¡Mito! ¡Vámonos ya! —exclamó su madre molesta desde la lejanía.

—¡H-Hai! —respondía la niña asustada.

Salió corriendo de su escondite, tratando de acercarse pero no demasiado, pues no quería molestar más a su madre.

[…●…]

Ya estaba cerca de la aldea, la misión ya había acabado y quería descansar. Las visiones ya habían parado y eso lo agradecía, pero su preocupación no mermaba. Todas esas visiones no le alarmaban para nada, ya que podría salir adelante con su poder. Pero había una en donde tenia muchas dudas.

Esa bestia infernal que a duras penas y puede dilucidar, era una visión en donde el no luchaba y era su hijo quien lo hacia. En la única en la que no tenía un final revelador, no sabia si su hijo ganaría o moriría, era aquello que lo tenia preocupado y no solo a el, sino a sus esposas. Les conto sobre sus visiones y a todas ellas, les dio un pésimo augurio. Talvez el pequeño Rycelo esté en peligro mortal.

Suspiro pesado al no saber como actuar, no entendía porque específicamente en esa visión, ni el ni sus esposas luchaban. Solo su hijo, tampoco su grupo, ese que se entero que formo durante sus viajes. Eso le intrigaba bastante.

¿Qué le deparaba a su hijo en el futuro?.

—Ojala Kai-sama me diera una respuesta—suspiraba resignado a quedar en la ignorancia—no queda más que esperar.

—Oh, Bardock-sensei. Ya llego de su misión.

—Se nota que fue un éxito ¡su juventud arde más que un volcán!.

Bardock paro su andar y observo aquellos quienes lo habían llamado, eran sus antiguos discípulos. Sonrió un poco al sentir que eran muy fuertes y por lo tanto, no fue una perdida de tiempo sus entrenamientos. Eran shinobis excepcionales.

Kakashi y Gai estaban caminando por las calles de la aldea, aunque el peliplata leia tranquilamente su tradicional libro naranja. Ellos también habían tenido misiones de jounin, sin necesidad de sus genin. Eran dos shinobis de élite después de todo.

—Estoy bien y si, fue un éxito—mencionaba el saiyajin, ahora caminando con ambos discípulos—por lo que veo ustedes igual.

—Bueno, fueron tranquilos. Pudimos salir de ellos sin problemas—Kakashi se encogía de hombros sin importancia, no eran misiones tan difíciles después de todo. En ningún momento despego su mirada del libro naranja.

—Si Kushina te viera ahora, sabes lo que te pasaría—mencionaba burlista, sabiendo lo que opinaba su esposa pelirroja de ese libro. Haciendo que el peli-plata temblara por temor y guardaba su tesoro en su porta herramientas ninja—es mejor para ti y tu libro.

—Jaja típico de Kakashi—mencionaba Gai riéndose divertido por su compañero, Kakashi solo bufo desinteresado—supongo que iras al hospital para que te revisen ¿no? —le preguntaba a su maestro.

Esa pregunta era un poco sensible, pues Rin era una buena doctora y trabajaba ahí. Siendo un pilar ahí.

La verdad era que Rin había cambiado un poco tras el exilio de Rycelo, no lo había tomado muy bien. Su personalidad había cambiado un poco, aun era la misma con algunas personas. Pero aquellos responsables directos de su exilio, tenían un lugar personal dentro de su odio. Volviéndose un poco resentida y venenosa.

Eso tenía preocupados un poco a todos, pues la niña dulce había cambiado un poco. Siendo una especie de segunda Anko.

—Si, lo hare. Más por protocolo que por decisión personal—mencionaba un poco fastidiado, el prefería volver a su casa a comer y descansar. Pero eran normas a seguir—espero no demorarme mucho.

—Nosotros igual—mencionaba el peli-plata un poco ansioso—nosotros también vamos a revisión.

.

Hospital general de Konoha.

—Esto es algo estresante—mencionaba cierta castaña.

Rin estaba en su oficina, viendo registros y apuntes médicos, estaba concentrada en todos ellos, para así poder evitar en pensar en su vida pasada. Pues aún le sorprendía demasiado como las cosas habían cambiado de manera distinta y es que por más que intentara darle vueltas por qué óbito decidió desaparecer de Konoha, aunque lentamente intuía el porqué.

Pues desde hace mucho tiempo intuía que óbito seguía vivo, y no fallecido enterrado bajo esa montaña de rocas que se le vino encima pues tras su despertar después de meses en coma se dio cuenta de muchas cosas, demasiadas que suena demasiado abrumador.

Quien iba a imaginar que en Konoha bajo las opulentas calles y la calidez de sus habitantes fuese meras a paciencia para esconder semejante nido de ratas conformados por los vejestorios corruptos que utilizan su posición como concejales del hokage para velar por sus propios intereses y ambiciones, para este punto Rin Nohara decidió que la vida de ser shinnobi era una profesión no tan digna como le habían inculcado desde la niñez pues había descubierto la semejante podredumbre en el que se había convertido el legado del primer hokage quien originalmente había soñado que con la creación de esta aldea, las cosas irían para mejor.

A veces se sentía incomprendida y un tanto fuera de lugar pues sus días como shinobi habían acabado por culpa de una disputa entre dos naciones igual de retorcidas para ver quién la tenía más grande en ese momento y de no haber sido por la familia de Bardock ella hubiera sido una estadística más en la pérdida de los héroes que a veces mueren sin razón o motivo alguno que mereciera verdaderamente la pena.

Así era este negocio que forma parte del día a día de un shinobi, una pérdida no significaría mucho la verdad pues los ninjas tiene el deber de morir por su aldea.

Y por esa razón detestaba con todas sus fuerzas a ese nido de ratas que formaba parte de la política de la aldea. Hasta que llegaron ciertas personas que le pusieron una nueva perspectiva.

Siempre le estaría agradecido al señor bardock por haberla salvado de distintas maneras.

Y es que desde el día, en que sostuvo al pequeño retoño de nombre Rycelo entre sus manos y saber la condición médica con la que había nacido, ella decidió dedicar su vida entera en mejorar como médico. Pues ella sentía que le debía mucho a esa pareja de saiyajin y el cariño que sentía por el hijo de ambos, era tan fuerte que la deficiencia en su red de chakra, no fue un obstáculo para pulir sus habilidades como médico de la hoja. Porque ella se había comprometido, a curar la ceguera del joven y ahora ninja desterrado. Le había hecho un juramento y lo cumpliría a como diera lugar.

Recordaba la sonrisa hermosa de esa bolita de ternura, el como se dirigía de forma cariñosa y amorosa a ella. Eran muy unidos esos dos, se podría decir que Rin, era la hermana mayor que Rycelo ama y admira, pues esta era sabia y lo consentía mucho. La conexión entre esos dos era muy fuerte, pues ella también se encargo de la crianza de este pequeño, además de enseñarle a leer y escribir (en braille) porque los demás profesores perdían las esperanzas o no querían perder el tiempo en enseñarle a alguien invalido. Bardock no fue necesario, porque la propia Gine y Rin le rompieron las extremidades a todos esos bastardos. Al pequeño nunca le falto quienes lo apoyen y amen. Siendo Rin una de ellas.

Pero luego agrio su mirada, al recordar su precaria vida por culpa de esos grotescos ancianos. Sacudió su cabeza para no perder en tiempo pensando en ellos.

Durante su niñez había escuchado de las hazañas y proezas de lady Tsunade, una kunoichi extremadamente talentosa que sus conocimientos se habían adelantado para la época en la que estaba, como la vez que había curado una enfermedad que había asolado la aldea por meses, más sin embargo ella tuvo la destreza y la sabiduría suficiente para encontrar una cura en tiempo récord.

Esa en cierta forma fue una gran inspiración para ella que le impulsaba a practicar sus habilidades cada día y mejorar a pesar de que el ninjutsu médico le había abandonado por el resto de sus días. Y por eso ella demostraría que con base a dedicación y esfuerzo superaría a Tsunade sin importar que ya no pudiera manejar chakra, sin importar que no pudiera usar ninjutsu medico nunca más, esa era su meta, ella curará los ojos de Rycelo a como diera lugar.

Quizás por esa razón a pesar de haber visto la podredumbre del sistema político de esta aldea y probablemente del todo el maldito mundo shinobi, ella aun ha abandonado la aldea y aún seguía firme en sus convicciones.

Pero enterarse del destierro del hijo de Bardock, que a leguas se vio orquestado por alguno de esos vejestorios, fue una razón más para pensar que no valía la pena formar parte de esta aldea. Esto es porque aunque quizás Rycelo haya nacido con una condición que limitaba algunas de sus capacidades, ese pequeño podría convertirse en el clavo makabishi en las sandalias del concejo de Konoha o quizás no sólo de ellos. Si no de la rata asquerosa de Danzo Shimura.

O quizá de ambos.

Estaba realmente furiosa, aunque a estas alturas del partido ya nada la sorprendería y a pesar de no esperar nada bueno o novedoso de esos ancianos siempre hallaban la forma de decepcionarla pues se trataba de su pequeño hermano a palabras de ella. Tal vez por eso se mostraba un poco apática y cortante pues a pesar de que examino a algunos pacientes como un médico profesional lo haría con simples palabras despectivas les indico lo que debía hacer para que estuviera mejor de sus dolencias

Y volvería a encerrarse en sus pensamientos, de no ser por ciertas visitas que le alegraron el día. Pues en serio quería ver a alguien conocido el día de hoy.

—Hola Rin, ya hemos vuelto.

Para su alegría, entraban Kakashi y Gai. El primero como siempre aburrido y el otro, era todo lo contrario, estaba lleno de energías y animo. Les alegraba que ambos hallan logrado volver de sus misiones de forma exitosa y sin heridas.

Aunque se preocupo un poco, pues Bardock aun no volvía de su misión, algo muy raro en realidad. Pues siendo alguien en extremo poderoso, siempre termina las misiones de forma rápida. Pero en realidad, ella se esperaba que el saiyajin ya este en la aldea. Solo que era demasiado reacio a ser tratado y revisado médicamente tras cada misión.

Suspiraba, así era su sensei, desde que lo conoció cuando apenas era una niña, supo que así seria siempre. Aunque eso le divertía en realidad.

—¿Cómo esta nuestra medico favorita? —preguntaba Gai con su típica personalidad positiva.

—Estoy bien Gai, gracias por preguntar. Veo que ustedes también—mencionaba notando que estaban prácticamente ilesos—eso me alegra.

—Estamos bien, pero por si acaso venimos a una revisión médica. Solo por las dudas—respondía Kakashi con su típico tono calmado y su ojos cerrado amistosamente—oh es verdad, nos encontramos con Bardock-sensei en el camino. Ya esta en la aldea.

—Ah, que bueno—suspiraba la castaña aliviada por su maestro, aunque estaba un poco confusa. Pues no lo veía por ninguna parte—oigan ¿Dónde esta? ¿no vino con ustedes? —pregunto mientras lo buscaba con la mirada.

—Eh no, pero te envió algo—Gai saco un papel de su bolsillo y se lo entrego.

Rin lo tomo y lo leyo.

"Lo siento, pero estoy bien. No te preocupes".

Suspiro divertida, pues ya se temía algo como esto. Bardock siempre era así, no podía cambiarlo. Era demasiado terco.

—Típico de sensei—mencionaba la castaña divertida, siendo asentida por los otros dos—bueno, no perdamos el tiempo. Vamos a hacer sus revisiones de una vez.

Y así se fueron a la sala de revisiones médicas.

[…•…]

— ¿Vaya es esa niña de nuevo? Además de su madre….

—Me da temor de solo verlas.

—¿Cuánto crees que les tome nuevamente intentar otro golpe de estado?

—No me explico cómo esta mujer aún tiene el cinismo, para pasearse de forma campante por la aldea con esa tranquilidad. ¿No le vasto con los Uchiha?.

—Y más haberse casado con Bardock-sama, mancha el honor de un clan tan noble como ese.

Eso eran los rumores que se tenían que fletar la pequeña Hotaru y que conformaban su día a día.

Pero para alguien que se vio forzada a madurar desde temprana edad, esos comentarios eran como agua que se dirigía hacia su inevitable descenso por una profunda cascada, no siente miedo. Porque tiene la constancia, de que están muy bien protegidas. No solo por su violento y sobreprotector padre/esposo, sino también por los líderes Uchiha, aunque esto ultimo solo ella. Su madre aun es alguien no muy bien visto por ellos, al haber sido una leal cómplice de su difunto esposo Fugaku. Era un pecado que la perseguiría toda su vida.

Además no le importaba la opinión de esos estúpidos, pues ella era la hija de uno de los señores más fuertes de la jodida aldea y como tal, ella les demostraría que una vez que el clan creciera tanto, sería más sorprendente que los dos clanes insignes de la aldea de Konoha. Como futura líder esa era su meta a seguir.

Pues a palabras de ella, eran comentarios patéticos provenientes de gente patética. No valían la pena el coraje o resentimientos.

Por ello siempre se dirigía al campo de entrenamiento a entrenar con sus dos hermanas y rivales, puesto que ellas igual codiciaban el puesto de líder de clan. Pero a opinión suya, ella era quien tenía motivos mejores para ocupar el puesto de jefe y así poder llevar el clan a otro nivel y convertirlo en un clan más respetado de todos. Sin importar que tenga sangre Uchiha en su interior.

-¡Hmp!...

No demoro en aparecer a un lado de ella (en su opinión) el más grande idiota al que en una ocasión de su inocente vida, admiraba con todo su ser y quería ser igual de grandioso que él. Su insoportable hermano mayor, quien la veía sin interés alguno. Este como siempre, estaba parado de brazos cruzados con su actitud pedante y presumida. Como si nadie mereciera estar frente a su presencia, pese a eso no se dejó amilanar por ese gesto despectivo y le dedico una mirada fría y llena de coraje. Que a los cuatro vientos, le indicaba lo mucho que le despreciaba y pese a que no lo demostraba Sasuke se sintió ligeramente sorprendido de la mirada gélida por parte de un infante que apenas tenía 6 años de edad. Mucho más por el comportamiento que mostraba.

— ¿Qué tanto miras?... —preguntaba Sasuke malhumorado, mirándole de reojo haciendo que la pequeña apretara sus puños de coraje, como odiaba a ese imbécil.

— No es algo que te interese —La respuesta asimilaba un atisbo similar en la mirada de la pequeña quien le devolvía la estocada con la misma intensidad a su hermano,

Y eso fue lo último que le dedico, pues a su humilde opinión, Sasuke no merecía más trato ni palabras por parte de ella. Además de que no tenía ni la paciencia ni las ganas, para soportar las tonterías de un imbécil sin remedio, pues había cosas más importantes que hacer. Como dirigirse al campo de entrenamiento y superar a sus dos hermanas, hasta en la cuestión de puntualidad, pues como era alguien perfeccionista. Al punto de escalar a lo patológico, cuidaba con suma dedicación ese minúsculo detalle también.

Todo esto era observado por Mikoto quien veía la escena con suma tristeza, sus hijos como siempre, no podían llevarse bien. Recordaba los tiempos en los cuales Hotaru buscaba la atención de su hermano y llegar a ser como el, pues lo admiraba mucho. Cosa que el mismo Sasuke se encargo de destruir con su desinterés y personalidad habitual, estaba esperanzada que algún día se llevaran bien. No perdiendo la fe.

No sabía que pasaba con sus vástagos ¿Por qué debían odiarse sus hijos? Primero Sasuke con Itachi y Rycelo, ahora Hotaru con Sasuke. Era como una maldición en la que su descendencia debía odiarse, incluso a muerte. Pues Sasuke quería matar a sus dos hermanos mayores, mientras que Hotaru solo lo despreciaba. Era algo muy triste a decir verdad.

Cuando la pequeña Hotaru llego al campo de entrenamiento parpadeaban demasiado incrédula al punto de creer que estaba soñando.

—Por fin apareces —espetaba con burla una de sus hermanas —, por un momento pensé que habías tirado la toalla o que tuviste medio y decidiste rendirte.

—Ninguna de ustedes se va a deshacer de mi tan fácilmente desu-wa, —respondía ella con simpleza sin dejar que esa burla le afectase en lo más mínimo pues ella tenía en claro sus ambiciones y metas.

Mito estrechaba la mirada ante aquella declaración, su hermana siempre se comportaba como una Ojou-sama sin remedio lo cual hacia un poco difícil intentar fastidiarla con cualquier comentario burlón y Soez.

—Que estirada eres —pero aun así valía la pena intentarlo y con esa oración comenzó ella a agregarle de su propia cosecha —si sigues así nadie va a querer casarse contigo.

Si la niña era tímida pero era cierto que tenía sangre saiyajin en sus venas y cuando se trataba de entrenar su parte guerrera salía a flote, esa era una bendición de tener hermanas de su misma edad, podía desenvolverse sin remedio.

Aunque a Hotaru igual le broto una vena pulsante en su frente.

—Como dije, no es algo que me importe mucho pues cuando sea líder ustedes sentirán lo que es el verdadero fracaso—declaraba sacando un bokken.

La expresión de ambas hermanas no pasó desapercibida para ella, las venas en su frente revelaron que el tiro les salió por la culata, aunque aún seguía molesta porque ellas le superaron en puntualidad. Al menos tenia el consuelo de ser la más madura.

—Veamos si sigues opinando lo mismo cuando muerdas el polvo —espeto Fasha sacando un bo y lo hacía girar, mientras que Mito también sacaba un bokken. Cortesía de su madre. Que es también una experta en kenjutsu.

Sin decir mucho más, las tres se adoptaron una postura de combate y en menos de un minuto las tres se lanzaron a gran velocidad, arrancando un fuerte estruendo cuando sonidos de metales chocando entre si se alcanzaron a escuchar con más fuerza cada segundo.

Mikoto se apartaba del campo de batalla, para sentarse junto a sus "hermanas" la cual notaron el estado de animo de la pelinegra.

Eso hizo a las dos mujeres preocuparse por ella.

—Vamos, animo Mikoto. No te deprimas—Gine le palmeaba la espalda de forma consoladora—se llevaran bien nuevamente

—Solo dales un poco de tiempo—agregaba una sonriente Kushina—están confundidos y por eso no puedes mostrar sus verdaderos sentimientos

—Lo se pero…—decía antes de suspirar, estaba decaída por esto que vivía—aun así duele, en serio quisiera que se llevaran bien dos de mis hijos. Sin querer matarse—mencionaba su deseo.

Ambas féminas se quedaron calladas, pues cuando trataban de decir algo para apoyarla, no salía nada. Gine se rascaba la nuca apenada y Kushina solo se sobaba un brazo dudosa que decir. Mikoto solo se quedaba ahí sentada en el pasto, viendo la lucha de entrenamiento de su hija contra sus hermanas. La tendría muy difícil.

Ya vaya que lo era, Hotaru a pesar de ser una prodigio por tener genes de dos clanes muy poderosos, aun seguía siendo una niña. Aunque una muy fuerte a pesar de su edad.

Se veía que la tenia muy difícil en bloquear los ataques de Fasha y su bo, la saiyajin pura era muy habilidosa y fuerte con esa arma. Hiruzen le enseño bien el bojutsu. La pequeña pelinegra retrocedía ante la fuerza de su hermana erizada, de las tres hermanas, Fasha era la más fuerte físicamente hablando. Mito la más veloz, mientras que Hotaru era la más inteligente y ágil. Siendo diferentes entre si en varios atributos.

Volviendo al tema, Hotaru estaba bloqueando los ataques salvajes de Fasha. Pensando desesperadamente en un plan o movimiento, para neutralizarla. Pero le era muy difícil el concentrarse, solo necesitaba un movimiento. Solo eso bastaría para ganarle.

—¡Ah! —exclamó sorprendida cuando retrocediendo sin notarlo, se tropezó con una piedra. Cayendo sentada—¡demonios! ¡esto debe ser una broma!.

—Ya eres mía.

Fasha sonrió al ver que ya tenia a su hermana la "hime" en sus manos, le apuntaba con su bo directo al rostro. Hotaru estaba molesta y al mismo tiempo, nerviosa por haber caído tan fácil y tener un descuido tan grande ¿Cómo no pudo notar esa piedra en su camino? ¡fue algo tonto! Además de negligente de su parte. Estaba demasiado distraída.

Pero lo que le molestaba, era esa sonrisa confiada y superior que Fasha le daba. Sabía que no lo hacía con malicia o intentos de burlarse, pero era que le recordaba tanto a Sasuke. Con esa mirada superior, arrogante y creído. Amaba a su madre, a su padre y toda su familia en general. Pero por Sasuke, ella no podía sentir en más mínimo ápice de afecto. Su comportamiento de "soy mejor que tu y eres un ser inferior" había matado cada gramo de afecto hacia el, no le era posible volver a sentir esa admiración hacia el. Ahora Fasha tenía la misma sonrisa en su cara.

Y eso la enojaba bastante.

Pero no pudo actuar, pues Mito apareció usando su velocidad, girando en el aire y lanzando un tajo con su bokken. Cosa que Fasha tuvo que cubrir con su bo, pero Mito no quedo ahí, giro en el aire y le dio una patada que la saiyajin pura, aduras penas pudo cubrirse con su brazo. Aun así, retrocedió. Mito la siguió para seguir luchando, dejando a la Uchiha sola y ahí sentada. Ella veía con impotencia a sus hermanas.

Fasha era muy fuerte físicamente, pudiendo alzar y romper enormes rocas con sus puños. Mito era muy veloz, que casi era confundida con el viento o un rayo. Mientras que ella ¿Qué? Solo era ágil e inteligente, claro, que tenía sharingan. Pero aun así, se sentía como la más débil entre las tres.

No, no seré la débil, voy a ser fuerte. Incluso mas que ellas—pensaba la Uchiha menor apretando sus puños—¡seré la más fuerte! ¡la líder del clan!.

¡Fooooosh!

Saltó a gran distancia y velocidad, arremetiendo contra sus hermanas con su bokken. Además de que había activado su sharingan.

Ahora las tres luchaban entre ellas, un duro combate que sorprendería a cualquier shinobi que lo viera. Inclusos sus progenitoras estaban muy sorprendidas, sus hijas en serio eran muy habilidosas y fuertes. Bueno, eran saiyajin a fin de cuentas, una de sangre pura y dos mestizas con sangre de poderosos clanes. Era algo de esperarse.

—Vaya, esas niñas no cambian. Siempre creando caos después de todo—el trio de mujeres se volteo a ver quien había hablado, siendo Bardock quien había llegado. Se rascaba la nuca cansino por esto—admito que eso las confirma como mis hijas….también sus colas.

El saiyajin estaba ahí, con su típica expresión seria y un bolso azul colgando a un lado de su hombro. Observaba a sus hijas combatir entre ellas.

—Hola Bardock—saludaba alegre Gine aun sentada en el suelo y alzando una mano—veo que ya terminaste la misión.

—Hola bestia—saludaba alegre Kushina del mismo modo que la saiyajin, aunque Bardock suspiro. Su esposa pelirroja aun tenía esa maña de referirse a el de esa forma—me alegra que volvieras en buen estado.

—Bienvenido anata—Mikoto era diferente, pues ella se levanto y con una sonrisa genuina, le hizo una leve reverencia. Para así hacerlo sentir bienvenido—me alegra que llegaras con buena salud.

Bardock solo le sonrió ligeramente a las tres y un asentimiento, para luego sentarse junto a sus esposas. Para así seguir contemplando el entrenamiento de sus hijas.

No lo admitía por su personalidad, pero estaba orgulloso de sus hijas, casi al mismo nivel que su primogénito (en este mundo) ya que a pesar de sus edades tan jóvenes, tenían habilidades que si aun estuvieran en el planeta Vegeta, serian tomadas en cuenta para en el futuro, sean consideras a ser guerreras de clase media. Subiendo a la clase alta con el tiempo.

Serían una excelentes shinobis de la aldea y esperaba que lo fueran, no solo por el orgullo del clan, sino por sus propios bienestares. Estaba claro que Danzo y sus esbirros irían tras ellas, al no lograr obtener a Rycelo en sus garras. Pues ese era el plan original de esas momias contra su hijo mediante su exilio, porque al no tener la protección de la aldea fuera de esta, sin duda mandarían a sus Ne en su búsqueda y captura. Para así tenerlo bajo su control.

Se reía de sus rostros frustrados y cabreados, tratando de excusarse de que sus ánimos, eran por culpa del exceso de trabajo. Pero el sabía perfectamente que su hijo era culpable, porque a pesar de ser solo un infante, logro eliminar a cada miembro de raíz que iba tras el. Dejándolos con las manos vacías y furiosos.

Eso les enseñaría una lección muy importante, que no importa si solo es un niño o sea de clase baja. Nunca en su vida deben subestimar a un saiyajin.

—Fui a casa, supe que no había nadie al no sentir sus energías y supuse que estarían aquí—mencionaba el saiyajin calmado sin despegar la mirada de sus hijas—veo que no me equivoque.

—Sabes como son nuestras hijas—mencionaba Gine divertida recordándole aquello—son demasiado parecidas a ti.

—Siempre con energía para entrenar y pelear—respondía también Mikoto divertida, mientras le arreglaba unos mechones de su cabello—¿Cómo te fue en la misión?.

—Acabada con éxito y sin complicaciones—respondía sin preocupaciones el saiyajin—tuve que destruir a un banda criminal conocida como el clan Kurosuki.

—He escuchado de ellos—mencionaba Kushina llevándose una mano al mentón pensativa—en si no es un clan, sino como mencionaste, solo un grupo de criminales y asesinos—respondía al haberse enterado de las barbaridades que cometía ese grupo criminal.

—Oh, ahora que recuerdo. Yo también escuche de ellos—mencionaba Gine golpeando uno de sus puños en su palma—su líder era Raiga Kurosuki, un psicópata criminal y asesino.

—También era un ex integrante de los 7 espadachines de la niebla, aun así, conservo las kiba o espadas de trueno. Era un renegado—mencionaba Mikoto recordando aquello—¿no trajiste las espadas contigo?.

—No pude—mentía tratando de ocultar la verdad de sus esposas, sabía que lo regañarían—me atacaba con demasiados relámpagos, así que no me dejo opción. Lo desintegre con una ráfaga de ki, la explosión las mando a volar. No se donde cayeron.

Eso era una pena, pues la verdad hubieran querido ver esas espadas. A Gine no le llamaba mucho la atención, pero a las otras dos damas si. Ya que ellas están entrenadas en el arte del kenjutsu. Manipularlas aunque hubiera sido por un par de minutos, hubiera sido algo genial. Pero entendían que era mejor así, que permanecieran perdidas. Hubiera sido un grave problema si Iwa se enteraba de que sus espadas estaban en esta aldea. Ya que el mizukage actual podría no tomar a bien esto.

No querían tener problemas con la "niebla" sangrienta.

—¿Cómo están Naruko y Sasuke? —preguntaba el pelinegro tratando de desviar el tema—pronto serán los exámenes chunnin ¿estarán bien preparados?.

—Naruko ha entrenado como loca todo este tiempo—mencionaba divertida Kushina, recordando como su hija se mataba entrenando día y noche para ser más fuerte—incluso te esta esperando para que la entrenes.

—Me lleva, esa rubia latosa. No sabe cuando rendirse—mencionaba Bardock despreocupado rascándose la nuca—es igual de molesta que su madre.

—¡¿A quien llamas molesta?! —se levantaba cómicamente molesta la pelirroja, hasta su cabello estaba muy levantado. Bardock no le hizo caso a su berrinche.

Gine y Mikoto con unas sonrisas, trataban de calmar a su compañera. La cual solo desvió la mirada, cruzada de brazos y molesta. Su actual esposo en serio era un tonto, uno que aprendió a amar. Pero tonto a fin de cuentas.

El mencionado solo seguía ahí sentado, viendo el combate de sus hijas. Aunque en realidad no había ignorado a su esposa pelirroja, la quería y mucho. Solo era que le gustaba molestar a Kushina, era divertido y peligroso al mismo tiempo. Una diversión normal para un saiyajin, ahora que lo pensaba bien, podría ayudar a Naruko a entrenar. Esa rubia chillona y molesta, la verdad era muy habilidosa y prometedora, una Kunoichi de cuidado a futuro, si era entrenada adecuadamente. Aun más si era la jinchuriky del Kyubi.

Además, Naruko era prácticamente su hija, tenia la obligación de ayudarla. Además esos exámenes chunnin eran demasiado peligrosos, Naruko podría salir gravemente lastimada. Kushina se volvería una bestia sin control.

¿Sasuke aceptara que lo entrene esta vez? —se preguntaba mentalmente el saiyajin, pues recordaba las varias negativas del pelinegro orgulloso—los exámenes chunnin ya están cerca ¿no?.

—Si, así es—respondía Mikoto acercándose nuevamente a su esposo—dentro de dos semanas ¿Por qué?.

—Quiero que traigan a Naruko y Sasuke a los terrenos del clan—menciono sorprendiendo a dos de sus esposas—deberé prepararlos adecuadamente antes de eso.

Ambas mujeres vieron sorprendidas a su esposo, antes de ensanchar unas enormes y agradecidas sonrisas. Bardock no siempre mostrara sentimentalismo, para no parecer débil ante los demás. Pero era un esposo bastante considerado, devoto y preocupado por ellas.

Si Mikoto lo comparara con Fugaku, el y Bardock eran muy similares. Aunque el saiyajin demostraba ser más suave y cálido. No mucho, pero lo era, no como su difunto esposo. El cual parecía un robot sin sentimientos ni emociones, que solo pensaba en el orgullo y estatus del clan ante todos. Le importaba su familia en verdad, pero mucho más el clan. Incluso Itachi lo confrontaba por eso y sus ideales diferentes de vez en cuando.

Mientras que Bardock, por orgullo no lo decía, pero desde las sombras y en silencio, ha velado por los dos niños. Protegiendo a Naruko, escarmentando a quienes la insultan, agreden y denigran. Para felicidad de Kushina, pues desgraciadamente Minato no pudo llegar a ser el padre de la rubia, pero Bardock si. Y admitía que estaba haciendo un excelente trabajo, pues le enseño sobre tener orgullo propio y algo de su personalidad. Cosa que le ha servido de mucho cuando es agredida o insultada por los ineptos aldeanos, ahora siendo un rubia bromista y latosa, pero también una chica orgullosa y algo temperamental cuando se meten demasiado con ella. Eso le agradecía a su actual y querido esposo.

Ahora Sasuke era el problema, el chico tiene un temperamento arrogante, orgulloso y un poco alzado. Cosa que a Bardock no le ha importado en lo absoluto, pues la valía el temperamento de ese mocoso. Aunque si era molesto de vez en cuando y ha tenido que ponerlo en su lugar una que otra vez, para tristeza de Mikoto. Pero sabe que su hijo se lo merecía todas esas veces.

Pero ahora eso iba a cambiar, estos exámenes chunnin son letales y no quería que los hijos de sus esposas perecieran en estos, por eso los enviaría bien preparados. Sin importar las quejas de Sasuke.

—¡Gracias anata! —Mikoto feliz se lanzaba a abrazar a su esposo por el cuello, el cual aun seguía sentado—¡gracias! ¡gracias! ¡muchas gracias!.

Antes de que pudiera hablar, sintió como alguien más lo abrazaba. Volteo para ver que era Kushina, quien también estaba muy emocionada y agradecida por esto. Pues su hija seria preparada adecuadamente.

—¡Eres el mejor! —exclamaba muy animada la pelirroja—¡en serio lo eres!.

—Se los dije chicas—ahora Gine abrazaba sonriente el pecho de su esposo—podrá verse y comportarse como un ogro gruñón, pero es bueno por dentro.

Las tres mujeres le estaban haciendo mimos de enamoradas a su esposo, pues estaban muy felices por esto. Aquí se demostraba que Bardock si les importa sus hijos.

El mencionado no pudo hacer nada más que suspirar cansino, sus esposas eran demasiado sentimentales y exageradas. Solo iba a entrenar a los chicos y nada más, prepararlos mejor para esa prueba. Pero a sus esposas les encantaba hacer drama, el solo podía palmearles la cabeza a cada una con su mano, tratando de hacerlas felices. Eran sus esposas y por lo tanto, su deber después de todo. Además de que quería verlas felices siempre.

Y eso lo lograba siendo el mismo, sus esposas se lo recordaban siempre. Nunca iba a cambiar por eso.

—Oye Bardock—hablaba Gine llamando la atención del mencionado—hay una chica en el equipo de Kakashi, Sakura creo que se llama. Ella también debería ser entrenada—mencionaba al recordar que si bien la chica era muy buena en el manejo y control de chakra, en realidad era muy débil en otros ámbitos. Algo que podría ponerlos en peligro.

—Ah si, su nombre era Sakura si no mal recuerdo—respondía pensativa Kushina al recordar a la pelirrosa—es la hija de un miembro del consejo civil.

—Si, esa chica de cabello rosa—mencionaba Mikoto al recordar con diversión, a la chica que prácticamente acosaba a su hijo. Era divertido para ella en realidad—podría hacer más si es preparada adecuadamente.

—Bueno, podría hacerlo también. Aunque tengo mis dudas—respondía Bardock con una mano en el mentón—por lo que me cuentan, esa chica es buena, pero algo frágil. Muy a diferencia de Naruko—mencionaba recordando lo ruda y casi marimacha que puede llegar a ser su hijastra rubia—¿podrá soportar el entrenamiento?.

—¡No te preocupes Bardock! —mencionaba Gine con convicción—de ella nos encargaremos nosotras—respondía y viendo como sus esposas asentían.

La verdad era una buena idea, ya que dos de sus esposas están retiradas del servicio shinobi y una aun estaba activa, no habría problemas. Así Mikoto y Kushina la entrenarían aun cuando Gine estuviera de misión.

Así no habría riesgos de que ella sea un peso muerto y por lo tanto, un peligro para sus hijos. Habría más equilibrio.

Aunque recordó un detalle.

—Esperen un momento, ahora que lo pienso bien. Nos estamos tomando muchas libertades—mencionaba Bardock analítico por la situación—son los estudiantes de Kakashi, el debería entrenarlos también. Le estamos quitando aquella obligación.

—Bueno, talvez si—Kushina decía riendo apenada y rascándose la nuca—pero solo seria por esta vez.

Bardock lo pensó por un momento, pero luego suspiro derrotado. No podía llevarle la contraria a sus esposas.

—Bueno, esta bien. Fue mi idea de todos modos—respondió despreocupado, para segundos después, volver a ser mimado por sus esposas—bien hecho Bardock, te has superado a ti mismo—pensaba orgulloso mientras volvía a acariciar las cabezas de sus esposas.

—Iré a mencionarle a Sasuke para esto—Mikoto se separaba y levantaba para ir con su hijo el cual fue a entrenar solo por otro lado.

—También yo hare lo mismo con Naruko—decía la pelirroja con ánimos y desapareciendo de ahí.

Solo quedando ambos saiyajin cuidando y observando el entrenamiento de las niñas.

[… …]

País del agua.

Estaba sentado en una roca enorme, sintiendo a lo lejos, una aldea, siendo esta Kirigakure. Teniendo humo saliendo de esta por varios lados, además de llamas. Estaban siendo invadidos o eso parecía. Todo eso se lo decía sus sentidos ki, olfato y oído. Debería actuar pronto.

Así que se ajusto su pañoleta en su cabeza y decidió entrar en acción.

—¿Lista Tayuya? —preguntaba el joven saiyajin a su pareja.

—Siempre—contesto esta cambiando a su segunda forma..

Rycelo asintió y la tomo de la cintura, tomando vuelo después. Era hora de completar el trabajo.