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Aquella mañana era tranquila, en la monótona vida adulta hay pocas cosas mejores que los días libres.

La fémina fue la primera en despertarse, y no de la mejor manera.

Estaba sofocada, el sudor bajaba por todo su cuerpo y era apremiante un buen vaso de agua, pero tenía un obstáculo; muy fuerte y hermoso a la vez, Kyojuro estaba junto a ella, con sus brazos rodeando su torso como siempre lo hacía.

A ella nunca le había molestado eso, mas bien adoraba dormir cerca de él y siempre posaba su brazo por su pecho o sobre su cuello, el calor entre ambos cuerpos le hacía sentir querida, como en sus fantasías de la vida de una casada.

Pero ese día no era el mejor para hacerlo, el calor iba en aumento y si bien, Mitsuri seguía amando a Rengoku pero si no hacía nada pronto sufriría un golpe de calor, pero ahí estaba, soportando en nombre del amor mientras lo abrazaba, como el gesto de un dulce suicidio.

Cerró sus ojos y trató de dormir un rato más, sin saber que el varón recién se había despertado, por la misma razón; el calor.

El rubio sonrió al ver el delicado rostro de su esposa, como un recordatorio de lo afortunado que era, sin embargo, también era la causante de su sofoco, sin contar el ligero rubor en su rostro.

Se sentía un estúpido por sentir vergüenza a estas alturas de la relación, pero los senos de su mujer sobre su pecho no eran precisamente la solución a su problema.

A pesar de eso Kyojuro sonreía, amaba estar a su lado y no quería levantarse de la cama aunque desearía tomarse cuatro litros de agua.

No, su esposa es y sería siempre la primera, por ello, la acercó más hacia él y trató de dormir un poco más.

La dulce pareja era el ejemplo perfecto de lo idiota que puede volver el amor a una persona.

Pero el cariño llegó a su fin cerca del mediodía, cuando ambos llegaron al límite y se levantaron para refrescarse.


Algo cortito pero todo sea por el KyoMitsu uwu