¿Paz?
Lágrimas ajenas bajaban por su rostro, esa sensación cálida que bajaba hasta su cuello fue lo último que recordaría antes de que todo se volviera negro.
Se asustó por la penumbra que la rodeaba, pero poco a poco sentía una paz que la envolvía y curaba no solo su mente, también su cuerpo; el dolor había desaparecido al igual que la sangre.
Sus ropas ahora eran diferentes, se distrajo por las hermosas flores de loto que adornaban su kimono rosado con blanco y toques en amarillo.
Asombrada por la vegetación que la rodeaba, el cielo azul y la gran cantidad de árboles de cerezo que daban un toque de bienestar al lugar, Mitsuri se puso en alerta, de seguro era trampa
¿Cómo era posible transportarse de la horrenda base enemiga hasta este lugar tan pacífico?
¿Era una técnica demoníaca? Si es así era muy buena, la habían dejado desarmada.
—¡Tranquila mi chica! —Le gritó no muy lejos, la joven se quedó en shock por unos instantes al reconocer la voz.
Misma que había anhelado escuchar por mucho tiempo
¿...Cómo?
Solo había una manera de pasar de ese repulsivo nido de demonios hasta ese bello paisaje
El varón reía, con sus brazos cruzados como lo hacía casi siempre —Te ves hermosa en ese kimono...Kanroji.
Escucharlo pronunciar su nombre con ese tono que solo él lo hacía la hizo soltar varias lágrimas, la chica sollozaba mientras su antiguo tutor, Rengoku Kyojuro la consolaba entre sus brazos.
—Te extrañé tanto —Le dijo entre el llanto, el rubio le dio un beso en la frente como respuesta —.Y yo a ti, me siento tan feliz de tenerte así de cerca, me siento como en un sueño.
Ella se sonrojó al escucharlo, lo abrazó y posó su oído contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón mientras se convencía de que no estaba loca.
—Lo siento mucho —expresó, mientras las lágrimas escapaban, las cuales eran limpiadas delicadamente por la mano del varón—,no fui de mucha ayuda, ellos todavía deben estar…
—No te disculpes, duraste más que yo, me siento patético —Se burló de sí mismo, Mitsuri llevó sus manos alrededor de su rostro, acercándolo hasta tocar su frente con la de él.
—Fuiste muy valiente, y te llevaste el mejor de los honores, si supieras lo que sufrí cuando me dieron la noticia —susurró, mordiéndose el labio inferior para no gritar —¿De verdad ya acabó todo?
—Ya hicimos nuestra parte —murmuró suavemente, acercando su rostro a escasos milímetros del ajeno —.Es hora de descansar, juntos.
Ella sonrió, apenas pudiendo contener la emoción de tenerlo tan cerca, y por sobre todo, de disfrutar de la eterna paz que les esperaba.
—Dudo que no haya espacio para uno más —manifestó cortante una tercera voz, como si de una daga se tratase.
No muy lejos, un azabache caminaba hacia ellos, tomando de la mano a la chica, el apacible paisaje hacía gran contraste con la mirada siniestra de Iguro que había clavado en Rengoku.
Claro, el rubio mantenía su sonrisa, saludando al recién llegado con total calma, misma que hacía falta en el otro. Mitsuri veía con decepción la escena que se tenía en frente
La paz nunca fue una opción.
Es triste pero a la vez me da demasiada gracia imaginarme esto x'D si no hacía yo lo iba a escribir alguien más, de eso estoy segura °3°
