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Viernes 13, es un buen día para volver con una actualización.

Espero les guste este capítulo. La verdad, ya estamos llegando a la recta final. ES decir, no va a terminar en los siguientes dos o tres capítulos, pero ya tengo la idea de como va a terminar (algo que no tenía cuando empecé a escribir/ publicar esta historia) y sólo estoy desarrollando todo para llegar a ese punto.

Muchas gracias por su apoyo, son los mejores. Que tengan un lindo fin de semana.


El zorro y la coneja se vieron a los ojos durante un momento.

"Lo siento", dijeron al unísono.

Parpadearon, mientras se seguían viendo.

"No, yo lo siento", volvieron a decir al mismo tiempo.

Ambos rieron suavemente.

"Déjame disculparme primero, Zanahorias. No debí hablarte como lo hice anoche".

"Entiendo, Nick", dijo la coneja. "Estabas preocupado por mi".

"No es sólo eso, Pelusa. El caso que estoy viendo con Jack es sobre una coneja asaltada sexualmente. No dejo de pensar que podría ser tu caso. Lamento haberme puesto tan pesado anoche".

"Vaya, no sabía eso. Creo que ahora comprendo mejor tu reacción. Yo quiero pedirte una disculpa a ti. De algún modo, sentí que querías controlarme, eso me molestó y me puse a la defensiva. Nunca me ha gustado que me digan que hacer", admitió la coneja. "Anoche hablé con Jess y me dí cuenta que estaba siendo terca sin un buen motivo. Tú tienes razón. Es una pésima idea hacer una fiesta".

"Claro que yo tenía la razón", dijo el zorro, con su sonrisa torcida.

La coneja le dio un puñetazo nada amistoso en el brazo.

"No abuses de tu suerte, Wilde", lo amenazó.

"Tal vez podamos organizar algo para tu cumpleaños, cuando capturemos a tu acosador", añadió Nick, mientras se sobaba el brazo. "Y por cierto Judy, jamás pensaría en controlarte, en ningún aspecto. Aprecio mi vida demasiado, no estoy loco".

La coneja rió ante el tono dramático del zorro. A pesar de su tono, ella sabía que él hablaba en serio.

"Bueno, Nick, gracias por la dona, será mejor que vayamos a nuestras asignaciones,¿ verdad?", dijo la coneja.

Ambos mamíferos tomaron sus cosas y salieron de la habitación. Fueron hacia su cubículo. Judy se sentó en su silla y prendió la computadora. Nick fue con Jack, quién lo esperaba bebiendo su café. Ambos machos agitaron la pata en forma de despedida hacia Judy y fueron hacia la salida.

La coneja se puso a revisar sus reportes y algunos correos. De pronto, su celular comenzó a sonar.

"Hopps", respondió la coneja, sin ver quién le llamaba, mientras seguía revisando la información en su computadora.

"Buen día, oficial Hopps. ¿Cómo se encuentra?" respondió una voz grave al otro lado de la línea.

"¡Señor Lupin! Me encuentro bien, gracias. Una semana más de trabajo de escritorio. ¿Y usted?", respondió la coneja, de forma animada.

Había intercambiado varios correos y llamadas en la última semana con el lobo, mientras él le daba avances del elenco y las grabaciones del episodio que tenían planeadas para el caso Deerlist.

"Estoy feliz de darte una excelente noticia. Ya terminamos la edición del episodio. Se va a transmitir el próximo domingo".

"¡Es una excelente noticia! Muchas gracias por toda su ayuda, señor Lupin".

"Es un placer poderle ayudar, oficial Hopps. Espero esto les sirva para encontrar nueva evidencia".

Después de despedirse del lobo, ambos cortaron la llamada y Judy enseguida envío un correo a Bogo y Nick, informándoles del día de la transmisión.

La tarde se pasó lento para la coneja. Al finalizar su turno, caminó hacia el atrio, para encontrarse con Nick y Jack. Mientras los esperaba, se puso a platicar con Clawhauser. Mientras el chita le contaba algo sobre su reality show favorito, escuchó unas voces.

"No, Jake. No hay un punto intermedio. O cambias el colchón, o no volveré nunca más a tu departamento".

La coneja volteó hacía donde provenían las voces. Una chita hembra en uniforme de policía estaba parada cruzada de brazos, mientras un chita macho, con ropa más casual, gesticulaba hacia ella.

"Vamos Amy, no es tan malo…".

"Tengo un dolor de cuello horrible debido a tu colchón. O lo cambias, o pasamos el tiempo en mi departamento. Ahora, debo irme, Rosa me está esperando".

La chita se dirigió a la salida, y el macho la siguió con la mirada. No de una manera pervertida. Sus ojos mostraban una ternura infinita, y su sonrisa hacía que su rostro resplandeciera. La coneja se despidió de Clawhauser y se acercó al chita.

"Hola, detective Purralta", saludó animadamente.

El chita volteó hacia ambos lados, y luego hacia abajo. Él le dedicó una sonrisa franca, diferente de la que había dirigido hacia la chita, su sonrisa mostraba todos sus dientes.

"¡Oficial Hopps! Qué gusto poder verte. Tenía tiempo que quería agradecerte por tu ayuda. Tu información nos sirvió para una detención de un grupo de crimen organizado".

"Me alegra haber ayudado. Disculpa, ella es la chica de los vídeos sexuales?"

La cara de Purralta fue un poema.

"¿Qué? Hay un vídeo sexual de Amy? "Debo avisarle, para que pueda hacer su denuncia y…", dijo él mientras sacaba su celular.

"¿Qué? Oh, dulces galletas con queso. Oh, no. No me refería a eso, no la tienes que llamar", se apresuró a aclarar la coneja.

El chita se detuvo ya cuando estaba a punto de pulsar el botón de llamada. Volteó a ver a Judy, sin comprender, y cuando recordó su conversación con la coneja, comenzó a reír nerviosamente, y se guardó su celular en el bolsillo.

"Ah, ¿te refieres que si es a ella a quién le busco los títulos de su vídeo? Si, es ella. Amy Scratchiago".

"Es muy bonita", dijo Judy.

"No es sólo bonita. Es muy organizada, es inteligente, es amable. Es una de las mejores detectives del Precinto. Después de mí, por supuesto", respondió el chita, con falsa modestia.

La coneja rió con él.

"¿Son pareja?", preguntó la coneja. El chita arqueó una ceja de forma exagerada. "Escuché su conversación. No pude evitarlo con estas", aclaró Judy, señalando sus largar orejas.

El chita suspiró.

"Sí. ¿Sabías que mientras ninguno sea superior del otro, o que tenga que recibir órdenes directas, no hay ninguna regla que diga que no podamos ser pareja? De haberlo sabido antes, no habríamos salido en secreto casi 3 meses. Ahora, ella dice que mi colchón es una porquería y que tengo que comprar otro, pero creo que está exagerando. ¿Tú que opinas, Hopps?"

El Chita volvió a sacar su celular y le mostró una fotografía de dicho colchón a la coneja. La cara de Judy debió decirlo todo, ya que la sonrisa de Purralta se desvaneció mientras guardaba el teléfono.

"Tengo demasiado con ese colchón. No sé que debo buscar".

"Yo puedo ayudarte. Mis hermanos me han enseñado mucho sobre las compras para amueblar una casa, siempre los acompaño cuando escogen sus muebles", ofreció la coneja.

Purralta la volteó a ver de arriba a abajo.

"Sin ofender, Hopps, pero crees que puedes ayudarme a escoger un colchón de mi tamaño? Soy mucho más pesado que tú".

La nariz de Judy tembló ligeramente.

"Las idea general es la misma, solo las ajustamos a tu tamaño. Además, me gustaría pedirte tu ayuda con algo".

Purralta parpadeó desconcertado, pero luego sonrió, mostrando todos sus dientes. Era una sonrisa alegre, y Judy notó que no la intimidaba en absoluto.

"Muy bien Hopps, vamos de compras".