CAPÍTULO 12

Kagome sentía como sus pulmones se quemaban. Podía escuchar dentro de su cabeza el palpitar de su corazón como si fuera el canto de estridentes tambores de guerra. Sus piernas, se sentían pesadas y rígidas. Y en términos generales, todo su cuerpo le dolía como el carajo.

‒No está mal. Casi completas el circuito esta vez‒ dijo Yelitza, que miraba a la miko con simpatía ‒Debiste perder mucha condición los días que estuviste dormida y de luto‒

Kagome, que estaba tirada en el piso con los brazos abiertos, tratando de recuperar el aliento, miró a su prima e instructora de acondicionamiento físico con un solo ojo.

‒¿Segura que esto es entrenamiento viable para humanos?‒

‒Sí. Ya te lo dije, Hekima sensei me ayudó con el diseño de tu régimen de entrenamiento para garantizar que sea viable para ti‒ respondió la serpiente emplumada, sentándose junto a su prima.

Se encontraban en un bosque cercano a la ciudadela, en el que Yelitza había preparado una pista de obstáculos que ayudaría a Kagome a trabajar en su resistencia física, velocidad y mejorar sus tiempos de reacción. Lo que no le dijeron a Kagome, es que los obstáculos incluían trampas de pozos, trampas de bambú sensibles que se accionan como trampas para ratones, algunas trampas que le arrojaban piñas de los árboles que componían el bosque.

‒Solo hace falta una trampa con tronco de peso muerto que me parta por la mitad‒ se lamentó Kagome.

‒Esas estaban más adelante‒

‒¡No hablas en serio!‒

‒Tranquila. No hay nada lo bastante grande como para que te parta, por la mitad‒ intentó reconfortarla, la serpiente.

Kagome se tapó la cara con ambas manos y resistió las ganas de dar un grito.

Esa misma mañana en que tuvo su conversación con Sesshomaru decidió que necesitaba volver al castillo Tsuki no kodomotachi lo más rápido posible y empezar a entrenar, para hacerse más fuerte.

Viéndose ahora adolorida y exhausta, quizás debió quedarse disfrutando de sus vacaciones en la palaya unos días más.

Hekima le había asegurado que no había necesidad de preocuparse por salir herida a causa de su entrenamiento. Ahora que sus poderes habían despertado, su cuerpo sería capaz de curarse a velocidades inimaginables para un ser humano normal. Después de eso, fue así como se recuperó de las heridas que le dejó la batalla final con Naraku.

Solo ahora Kagome comprendía lo mucho que había malgastado su tiempo en la era feudal. Y por malgastar, entiéndase la falta de preparación que tuvo para enfrentar la odisea que le tocó vivir.

Este era el primer día en que se había puesto a entrenar hasta caer de rodillas sobre el piso, y la perla de Shikon, la cual ella había sido encomendada por el destino para destruir ya ni siquiera existía.

El entrenamiento llegó demasiado tarde. Se lamentó. Pero nunca más.

Kagome se incorporó, volviéndose a poner de pie.

‒¿Lista para seguir?‒

‒Sí, lista‒ dijo Kagome con determinación.

El resto de la mañana se la pasó corriendo por el bosque. Después volvieron a los campos de entrenamiento de la ciudadela, donde pasó las siguientes dos horas castigando su cuerpo con ejercicios de repetición para el fortalecimiento muscular. Como habría hecho en cualquier gimnasio.

Cuando terminó su rutina Kagome sentía como si su cuerpo se fuera a caer a pedazos, como si estuviera echa de Legos. Comió al lado de Yelitza y Fumiko. Y tras un breve descanso en que no hizo más que prepararse mentalmente, se dirigió a su encuentro con la que sería su maestra del entrenamiento en el dominio de su reiki Den.

Al encontrarse con ella, la demonesa de cabello blanco solo el indicó seguirla. Caminaron hasta adentrarse nuevamente en el bosque, y siguieron caminando hasta topar con una cascada.

‒Siéntate‒ indicó, Den al tiempo que se sentaba junto a una enorme roca redonda que Kagome asumió medía un diámetro de dos metros.

‒Dime, niña ¿Te has preguntado alguna vez, por qué los youkais son físicamente capaces de hacer cosas que los humanos no?‒ musitó de manera que todas sus emociones fueron enmascaradas.

Kagome tragó saliva. Tenía miedo a verse tonta con su respuesta, pero prefirió que era mejor no hacer esperar a su maestra.

‒Siempre asumí que era simplemente porque no son humanos. Nunca intenté racionalizarlo más allá de eso‒

No se hizo esperar el suspiro de decepción.

‒Típico. Tu ignorancia, no tu razonamiento. Pero la culpa no es solo tuya‒

Desvió su vista a la roca que tenía a un lado y acarició su superficie con su mano derecha.

‒Dime Kagome, ¿Crees que soy capaz de romper esta roca con mis manos desnudas?‒

‒No tengo la menor duda, Lady Den‒

‒Eso espero. ¿Y tú? ¿Tú puedes romperla?‒

Kagome se cuestionó si la pregunta era capciosa o si se trataba de alguna clase de acertijo. Kagome sabía muy bien que se rompería todos los huesos del cuerpo antes de poder partir la roca. Y sabía por experiencia que su reiki no purifica/destruye objetos inanimados.

‒Yo… No me imagino cómo‒

Den, sonrió. Odiaba admitirlo, pero la ingenuidad de la humana era en cierta forma… Adorable. La inu empuñó su mano derecha y golpeó la roca son su puño desnudo.

Para sorpresa de Kagome, la roca no se rompió. Ni siquiera se movió.

A la sorpresa le siguió el pánico al darse cuenta que los dedos y nudillos de la mujer quedaron manchados con sangre donde impactaron contra la roca.

‒¡Lady Den, está herida!‒

Den, quien mantuvo su sonrisa en todo momento, exhibió sus lastimados dedos frente a la miko.

‒Mira esto Kagome. ¿No somos tan diferentes, verdad? Mi cuerpo es carne, sangre y huesos. Igual al tuyo. Igual al de todos en este mundo. Por eso me he lastimado al tratar de romper la fuerte roca‒

‒¿Y… eso qué prueba?‒ preguntó Kagome, quien no tenía idea de a dónde quería llegar la mujer frente a ella.

‒Tienes razón en una cosa. Nuestras biologías son muy distintas. Pero a finde cuentas, tu cuerpo y el mío, están conformado de los mismos elementos fundamentales que se encuentran en todas partes en la naturaleza. Cabrón, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Ciertamente, si pretendiera valerme solo de la fuerza física que mi cuerpo es capaz de producir, apenas y tendría mejor suerte que tú en tratar de romperla‒

‒Entoces…‒

‒¿Entonces? ¿De dónde proviene el poder que permite a los youkais hacer cosas que para los humanos son imposibles?‒

Kaogme pensó un momento. Solo había una opción posible.

‒El ki‒

‒Casi, pero no exactamente. El alma, pequeña. La verdadera esencia de nuestro ser y la única parte de este que no está hecha de materiales que puedas encontrar en la naturaleza‒

Den formó un puño con su mano herida y Kagome vio como las heridas en los dedos de la demoneza sanaron al instante. Pero además su mano comenzó a brillar y generar calor como si estuviera envuelto en llamas.

‒El alma es un constructo forjado fuera de este mundo, genera la chispa que nos da la vida. Y una infinidad de cosas más‒

Den sonrió al ver la cara de asombro de Kagome.

‒El ki es la manifestación terrenal del poder que existe dentro de nuestras almas. Cuando logres canalizar ese poder, podrás hacer cosas fuera de los límites de tu cuerpo. Harás que tu voluntad misma se convierta en una fuerza visible y tangible‒

Den arqueó su dedo medio y lo conectó junto a su dedo pulgar, levantando el resto de sus dedos. Era la típica forma en que uno acomoda la mano para golpear a un insecto o una pequeña basurilla.

Dejó su dedo pulgar justo frente a la roca, la cual todavía tenía sobre su superficie manchas frescas de la sangre de la inu. Den liberó su dedo medio del freno que la sujetaba con el dedo pulgar.

La roca salió volando como si la hubieran disparado de un cañón.

‒Harás cosas imposibles‒

Kagome no pudo sino pegar la vista a la piedra voladora y seguirla hasta que cayó en algún lugar del bosque, provocando que los árboles se sacudieran y las aves salieran huyendo.

‒Usted… ¿Cree que yo podré hacer algo así?‒

‒No‒ respondió Den sin dudar, y enmascarando sus ganas de reír ‒Pero confío al menos que podrás hacer lo suficiente para que no traigas vergüenza a nuestro clan‒

Kagome resistió las ganas de hacer un puchero. Y peor, expresar un reclamo. Aunque la sonrisa de que hizo la inu, le hizo pensar que sabía lo que Kagome estaba sintiendo.

Malditos youkais y sus sentidos y su habilidad para leer la mente que definitivamente tienen, no importa lo que Sesshomaru me quiera hacer creer.

‒Bien, ponte de pie. Vamos a la cascada. Quiero ver cuanto tiempo resistes bajo el torrente‒

‒¡S‒sí señora!‒ respondió la miko.

Kagome estaba familiarizada con el concepto de "Sentarse bajo una cascada". Animes, películas de artes marciales o cualquier obra de entretenimiento que tuviera un montaje de entrenamiento era casi seguro que pondría al protagonista a entrenar parándose bajo una cascada.

¿Qué tan difícil podía ser? La mayoría de las veces incluso lo hacían sentados. Puede que hasta fuera relajante.

Menos de 10 segundos bajo el agua fueron suficientes para poner a Kagome en cuatro patas y utilizando todas sus fuerzas para que el chorro de agua no la dejara, literalmente plana contra el piso.

¡Esto definitivamente NO es relajante!

El pequeño cuerpo de la miko se estremecía como gelatina en mitad de un terremoto. El agua que caía sobre su espalda se sentía todo menos relajante. Era más bien como si la estuvieran acribillando con una minigun… Una minigun que dispara costales de papas.

Menos de un minuto bajo la cascada Kagome se quedó sin fuerzas y terminó siendo planchada por el agua. Cosa que no tardaría en hacer que se ahogue, no solo por la presión que aplastaba sus pulmones y todo su cuerpo, sino porque estaba totalmente rodeada de agua.

De un momento a otro se formó una cúpula invisible que desvió la caída del agua y Kagome pudo respirar de nuevo. Alzó la vista par encontrarse con el rostro de Den, quien la observaba con divertida expresión.

‒¿Sabes por qué un herrero golpea el acero rojo cuando forja una espada? Es para liberarlo de impurezas. Para sacar los minerales débiles y dejar solo los metales más puros que le dan a la hoja su letalidad y fuerza‒

La orgullosa dama se sentó al lado de la empapada miko, mirándola con una maquiavélica sonrisa.

‒Tú eres mi acero ahora, Kagome Higurashi. Y cuando termine de forjarte, serás un arma viviente tan poderosa que harás palidecer las leyendas de todas las mikos que te precedieron. Demonios de todo el mundo temblarán solo con pronunciar tu nombre‒

Kagome no pudo resistir las ganas de reír, aún en medio de la tos que la presión del agua y la falta de aire le habían provocado.

‒Genial‒ pronunció ‒Suena a que nos vamos a divertir mucho‒

‒¡Efectivamente!‒ respondió Den con alegría ‒Anda, ponte de pie y salgamos de aquí‒

‒¿N‐no, voy a continuar con el ejercicio?– preguntó Kagome.

–Por divertido que sea verte sofocar bajo el torrente de la cascada, muerta no podrás convertirte en una hija de la que el clan Tsuki pueda enorgullecerse. Y no tienes mi permiso de morir, hasta que lo seas. Repito, ponte de pie. Esto solo fue un ejercicio de presentación. Recuerda este momento y la facilidad con la que la cascada te sometió. Porque llegaría el día en que serás tú quien someta el flujo de la cascada–

Kagome honestamente no sabía si Den hablaba en serio o si solo le estaban tomando el pelo. O quizás simplemente estaba sobreestimando las capacidades que Kagome tenía.

Desde el punto de vista de Kagome, su tía parecía querer sonar inspiradora. Lo cual convenció a Kagome que era la más indescifrable de todos sus nuevos parientes. Aun así, personalmente, Kagome deseaba poder creer que podía realizar todas las cosas que estaba escuchando.


Cuando Sesshomaru entró en la habitación de la miko, esta estaba metida en su cama, con las sábanas cubriéndola hasta por debajo de las axilas. Sus manos estabas juntas con los dedos alineados extendidos, y los pulgares entrelazados. Kagome tenía los ojos cerrados y respiraba lenta y profundamente.

Ejercicios de respiración.

–Asumo que tu primer día de entrenamiento, fue bien–

–De maravilla– respondió Kagome, con humor –Me duelen partes de mi cuerpo que no sabía que podían dolerme. Casi me ahogo. Y me dijeron que mi estructura ósea no me hace una usuaria viable para una zweihander–

–Cualquier arma puede ser dominada con dedicación– respondió él, sentándose junto a la cama de ella.

–Quizás. Pero Yelitza piensa que debo usar algo que me ayude a compensar mis limitaciones físicas. Algo que pueda mantener a mis enemigos lejos y a la vez me permita defenderme si se acercan demasiado–

Kagome suspiró y Sesshomaru se percato el conflicto en ella.

–No te complace la sugerencia que te hicieron– afirmó.

–El Kusarigama… Era el arma de Kohaku. No quiero tener que pensar en él y en consecuencia en su hermana y el resto de mis amigos cada que la use–

–Hay otras opciones. Dardo de cuerda. Martillo meteoro. Látigos–

–El látigo podría ser interesante. Me volvería una Belmont– bromeó, Kagome.

–¿Qué es eso?–

Kagome resistió las ganas de reírse.

–Nada, olvídalo– respondió, para mirar al demonio con solemnidad –Gracias por venir a verme– dijo Kagome, haciendo una sonrisa para Sesshomaru.

Sesshomaru asintió con la cabeza.

–Eres mi responsabilidad después de todo–

Kagome cerró los ojos como si aquellas palabras le hubieran acariciado la misma alma. Extendió su mano derecha en dirección al youkai y la dejó flotando en el aire, expectante a que él respondiera. Sesshomaru entendió el gesto y tomó la mano de la miko con la suya.

–Gracias–

Él no respondió. Pero a ella no le importaba.

–Te prometo que me convertiré en alguien muy fuerte– dijo ella, aparentando sus dedos.

–Lo sé– respondió él, correspondiendo el gesto –Deberías descansar–

–Lo sé. Debo canalizar mi reiki para curar mis músculos o mañana no voy a poder ni caminar–

–Hm–

Sesshomaru soltó la mano de la miko y se volvió a poner de pie.

–Descansa Kagome–

–Gracias. Tú también, Sesshomaru–

Luego de que quedó sola en su habitación, Kagome continuó sus ejercicios de respiración, visualizando como su reiki fluía por todo su cuerpo curando la fatiga y el castigo que sus hueso y músculos habían sufrido ese día.

Al cabo de un rato el sueño ya era muy difícil de contener y Kagome preparó para dormir. Tomó una de las grandes almohadas y la abrazó para ponerse cómoda.

–Mmm… Me pregunto si hubiera aceptado dormir conmigo otra ves si se lo hubiera pedido–

Kagome se sonrojó y enterró su rostro en la almohada.

–Compartiendo cama con un hombre que ni siquiera es tu novio. ¿Qué dirían tu madre y abuelo, Kagome?– se rio de su propia pregunta –No sé, pero yo diría algo como. "No es mi novio, es mi alfa y es su deber cuidar de mí. Y me siento muy bien cuidad cuando dormidos juntos abrazados"–

Kagome se rio incluso más de su propio chiste, mientras que un fuerte rubor se apoderó de su rostro.

–Así es. No tiene nada de malo… Mañana le pediré que durmamos juntos de nuevo. Y entrenaré muy duro–


Bueno, ahí va otro. Como ya muchos lo han notado, la confianza y aprecio que se tienen los protagonistas va en aumento. Pero creo que hará falta agitar un poco las aguas si queremos darle leña a las lamas del romance. A ver que sucede en el siguiente capítulo.

Nos leemos luego.