CAPÍTULO 13
A Kagome, o mejor dicho, al cuerpo de Kagome le tomó un par de semanas acostumbrarse al ritmo de su nuevo estilo de vida. Durante más de dos meses su rutina se trasformó en acondicionamiento físico por las mañanas, control y aplicaciones del reiki por la tarde y terapia física por las noches antes de dormir.
Era difícil. Más difícil que cualquier clase de preparación que hubiera tenido previamente en la era feudal. Probablemente porque era la única clase de entrenamiento real que había realizado desde que llegó a esa época…
Luego, en la novena semana su rutina volvió a cambiar.
―Es importante que te fortalezcas. Pero no eres una soldado eres una princesa. Y una princesa requiere de una amplia educación y cultura―
Esas fueron las palabras de mamá Momo, el día que Kagome conoció a sus nuevos instructores.
Todos sus instructores eran demonios, claro. Todo se queda en familia.
Takara se convirtió en su sensei de caligrafía, dibujo y pintura.
Momoka le enseñaría Ikebana, el arte japonés de arreglos florales.
Fumiko asumió el rol de su sensei de historia.
Tetsu, uno de los tíos de Sesshomaru, entró como el sensei de matemáticas. Kagome lo había visto varias veces por los pasillos del castillo, o en compañía de Sesshomaru rumbo a su estudio. Pero nunca habían hablando concretamente.
Tetsu era otro inuyoukai. Alto y apuesto, con el cabello amarrado en una fina coleta baja.
Tetsu quedó sorprendido de ver como la humana dominaba todas las operaciones matemáticas básicas de suma, resta multiplicación y división. Por lo que varias pruebas de diagnóstico, Tetsu decidió pasar directamente a enseñarle contaduría y economía.
Para Kagome era infinitamente refrescante que cualquier tipo de instructor de matemáticas elogiara su inteligencia.
―¡¿Cómo es posible que no tengas marido?!― la interrogó el hombre ―¿Asustas a tus pretendientes cuando ven que eres más inteligente que ellos?―
―No, no creo que sea por eso. Simplemente no he conocido a la persona indicada. Ehe―
―Bueno qué más da. Aquí en nuestro clan sin duda encontrarás buen partido. Por cierto, mi hijo Shiro entra en edad casadera este año―
―¡PAPÁ!― gritó el avergonzado muchacho.
Pese a su casi un siglo de vida, Shiro no aparentaba tener más de 15 años de edad. Su cabello también lo llevaba recogido en una coleta baja pero con mechones sueltos en el copete y a los lados de la cabeza.
―Solo digo. Ya casi es tiempo y la loca de tu madre quiere nietos lo antes posible―
La joven humana, solo se rió.
Kagome amaba a su nueva familia.
Todos ellos eran personas poderosas, pero educadas y gentiles. La respetaban y estimaban. Y sobre todo, querían ayudarla a convertirse en la mejor versión de si misma.
Incluso Den, quien aún ahora continuaba siendo abrasiva contra Kagome, había ayudado a la miko a despojarse de cargas y culpas emocionales que Kagome jamás habría podido tratar por si misma.
Y por eso es que habían sido pruebas tan dolorosas.
Era mitad de la tarde. Kagome se encontraba haciendo ejercicios de rastreo utilizando su reiki.
Den le explicó que muchos demonios ocultan sus kis por medio de diferentes habilidades. Así que Kagome no siempre podría simplemente detectarlos en el aire, como normalmente hacía con los demonios imbéciles (en palabras de Den) que eran manipulados por Naraku.
El objetivo del ejercicio era que Kagome sincronizara los latidos de su corazón con pulsaciones radiales de su reiki. En esencia, Kagome estaba tratando de convertirse a si misma en un un sonar rastreador de youki. Pero la tarea no era nada sencilla.
Sincronizar los latidos de su corazón con el acto de enviar una onda de su reiki en todas direcciones era relativamente fácil. Hacer el resto era lo complicado. El pulso de reiki debía crear una circunferencia perfecta al momento de dejar el cuerpo de Kagome, y para mantener la integridad de la onda Kagome necesitaba modular a la perfección su flujo de energía. Cosa que no solo se volvía exponencialmente más difícil entre más grande se volvía el área cubierta por el pulso, sino que era aún más complicado al tener que circunnavegar todos los árboles y rocas en la zona.
Pero Kagome no se atrevía a pedirle a su sensei que cambiaran a un lugar más despejado.
―Detente― ordenó la inu a la miko.
Kagome respiró con alivio y relajó su cuerpo.
―Me parte el corazón verte batallar tanto con un ejercicio tan sencillo―
―L-lo siento― dijo Kagome, sin saber que otra cosa responder.
―¿Por qué crees que te cuesta tanto trabajo hacer esto?―
―Porque hay muchos accidentes en el terreno― respondió Kagome, dubitativa. Las primeras semanas habría planteado su respuesta como pregunta, pero ahora sabía que era mejor solo ser directa con su sensei.
―Ah. ¿Dices que estos árboles tienen más control sobre tu reiki del que tienes tú?― el tono pasivo agresivo de Den, era indicador de que Kagome se equivocó en su respuesta.
―Necesito hacer que mi reiki pase a través de ellos―
―No estás expandiendo una barrera sólida. No existe motivo para que estos árboles sean un obstáculo para el pulso de energía intangible que estás generando. Los obstáculos están solo en tu mente. Claro que están ahí y tienen presencia física. Pero la energía que liberas, al nivel en que lo estás haciendo no. Inténtalo otra vez―
―Sí, sensei―
Kagome continuó con el ejercicio. Nada era más difícil que el entrenamiento con Den. Tratar de tomar controlar una energía incalculable e intangible de una fuente invisible, era tan complicado como se escuchaba.
No solo estaba el problema de controlar el flujo de energía, también algo que nunca consideró hasta que puso en marcha el ejercicio, era toda la carga de información que su cerebro necesita procesar.
Su cerebro debía soportar un flujo bilateral de información sensorial en todas direcciones al que de otro modo jamás estaría expuesto. Obtener de golpe toda la información espacial para crear un mapa mental de 360°, ¡mientras dicho mapa se expande!, era una experiencia nada grata para Kagome, quien muchas se perdía en los parques de diversiones aún con un mapa en mano.
―Detente―
Kagome suspiró con alivio.
―Me temo que hay otra razón por la cual esto te cuesta tanto―
―¿Y cual es, sensei?―
―Para tu mala suerte, tus ataduras emocionales―
Kagome tragó saliva ―¿Mi duelo?―
Den suspiró ―Créeme eso quisiera. Pero me temo que no. Me temo que debemos hablar de… él. Y tu relación con él―
Ahora Kagome en serio no tenía ganas de estar junto a la inu.
―¿Por qué? ¿Qué importa ya? Se fue y ya no hay nada que hacer― alegó la miko.
―¿Y entonces por qué sigues pensando tanto en él? ¿En lo que pudo ser y en lo que no fue?―
―¿Es un crimen que me enamorara?―
―Del hombre que lo hiciste y cómo lo hiciste sí―
―¿A qué se refiere?―
―¿Qué eras tú de él?―
Y con eso bastó para derrumbar el frágil mundo de Kagome.
―¿Cómo?―
―¿Cuál era tu relación con él? ¿Qué nombre le pondrías a la relación que tenías con él?―
―E-el era… Mi amigo. Mi guardián― balbuceó Kagome diciendo lo primero que se le vino a la mente.
―Bien. ¿Qué más?―
―Era el líder de nuestro grupo―
―¡ERROR!― protestó Den, sonando muy molesta ―Él no era ni nunca fue el líder de su grupo. ¡Lo eras tú niña―
―¿Yo?―
―¡Sí, tú! ¡Piénsalo! Eras tú la que decidía en qué dirección ir. Eras tú la que proveía al grupo de alimentos y medicina. Eras tú la responsable de mantener la unidad y armonía del grupo. Y eras tú la que decidía cuando detener y reanudar la búsqueda. El mestizo era solo el músculo. La fuerza bruta del grupo, nada más―
―¿Yo, era la líder?― preguntó Kagome, conmocionada.
―¿De verdad piensas que en tu ausencia el mestizo habría podido guiar al grupo? Lo habría intentado sin duda. Su ego no le habría permitido no hacerlo. Pero habría sido un desastre. La pareja de humanos no habría aguantado sus caprichos. Su relación con el kitsune se habría vuelvo más y más agresiva. Lo habrían seguido únicamente por la necesidad de su fuerza, hasta que ya no soportaran más―
―Pero y entonces…―
―El problema es que siendo tú la líder, dejabas que él constantemente se entrometiera en tus decisiones. Perdiendo el control. Cayendo en provocaciones. Dándole gusto a sus berrinches. Y todo claro sin olvidar como trivializaste el uso del collar de sumisión―
Kagoem agachó la cabeza.
―¿Qué se supone que debía hacer?―
―Tener dignidad Kagome. Tener amor propio. No permitir que te pisoteara alguien que tú sabías estaba mal―
Kagome tragó saliva, temiendo que muy pronto acabaría llorando nuevamente frente a la demonesa.
―Claro que no toda la culpa es tuya. Tus amigos el monje y la cazadora debieron apoyarte más. Y orientarte mejor en tu intento de relación con el mestizo. Culpo también a tu madre por no enseñarte a identificar un mal hombre―
Kagome alsó la vista, con un semblante de desafió en sus ojos. Podría soportar muchas cosas, peor no que se metieran con su madre.
―Peor supongo que en realidad nunca le dijiste todo lo que pasaba en este lado del pozo. ¿O me equivoco?― el desafío en los ojos de Kagome se transformó en vergüenza y bajó la mirada ―¿Tenías miedo de que si le contabas todo ya no te permitiría volver a esta época?―
―Ella… se preocupaba mucho por mí. Estaba orgullosa. Pero mi abuelo estaba totalmente en contra de que me acercara a Inuyasha. Sé que le decía a mi madre que como hombre sería mi perdición―
―¿Le mentiste a tu madre por ese hombre Kagome?― inquirió Den, sabiendo la respuesta.
―Sí― respondió Kagome llena de vergüenza ―Sobre muchas cosas de hecho. Nunca supo realmente cual mala era la situación con Naraku. Le mentí a mi mamá, para que no se preocupara. Y también lo hice para que no supiera cuando Inuyasha hacía algo que me hiciera daño―
―Cuantos engaños― inquirió curiosa.
―¡Yo no quería tener que mentirle a mi madre!― gritó Kagome, llena de aflicción.
―Pero lo hiciste. Está hecho. Pero no nos desviemos del mestizo―
―Sí, por favor― suplicó la miko.
Si bien a Kagome no le fascinaba el tema, prefería hablar de eso a tener que afrontar el echo de que por casi un año tuvo que mentirle a toda su familia.
―Muy bien, hemos establecido las muchas maneras en que el bastardo te hizo daño. ¿Correcto?―
―Correcto―
―Y no queda rastro del enamoramiento que alguna vez tuviste por él. ¿Correcto?―
―C-correcto―
Den decidió de momento ignorar la duda en la voz de Kagome.
―Bien. Pero para que puedas tener paz interior y tomar el control total de tu reiki, necesitamos que sueltes el lastre de otra clase de rencores y culpas que aún llevas contigo―
―¿Y qué sería entonces?―
Den suspiró con decepción, por la continua ingenuidad de la humana.
―Necesitamos hablar del daño que tú le hiciste al bastardo―
Kagome no supo ni que sentir al escuchar esas palabras.
―¿El daño que yo le hice a Inuyasha?― preguntó, incrédula.
―Sin duda― respondió Den con aires de obviedad ―Repasemos. ¿Cómo describiste tu relación con el mestizo?―
―Mi amigo, mi protector―
―No tu pareja. No tu hombre. ¿Correcto?―
Kagome tragó saliva ―Correcto―
―¿Entonces por qué sentías celos e ira cuando sus pensamientos o actos involucraban a la otra miko? ¿Y por qué lo castigabas por ello?―
Kagome sintió como si se hubiera zambullido dentro de un lago congelado.
―¿Comprendes la incógnita que estoy planteando, pequeña? Los celos son el sentimiento que experimentamos cuando sentimos miedo de perder el afecto de un ser amado. ¿Pero bajo qué concepto era tu derecho sentirte celosa, si era por un hombre que nunca fue tuyo, y del que no eras mujer tampoco?―
―P-pero él… Yo…―
―El pequeño bastardo era un egoísta e insensible pedazo de basura, claro que. Pero debemos concederle la cortesía de admitir que no toda la culpa fue suya. Como hablamos en tu cena de bienvenida, fue su estúpida madre la que selló su destino con deshonor―
Den no se estaba ni molestando en ocultar lo mucho que estaba disfrutando de la conversación.
―Era un niño malcriado. Pero un niño al fin. Alguien que no tenía idea de cómo lidiar emocionalmente con la situación de estar enamorado de la reencarnación de su primer y único amor, y al mismo tiempo tener a su primer amor como un cadáver reanimado rondando por ahí―
Como muchas veces desde que llegó al castillo, Kagome estaba siendo azotada por un mar de preguntas y consideraciones que nunca había tenido.
-Y lo peor de todo es que el pobre infeliz ni siquiera tuvo tiempo para procesarlo. Ni siquiera para llevar su duelo― dijo Den, expresando fingida lamentación.
―¿D-d-duelo?―
―Claro, duelo por la miko muerta. ¿No lo habías pensado? La miko llamada Kikyo murió el día que selló al mestizo en el árbol sagrado. Pasaron cincuenta años, pero para él no fue más que tomarse una siesta. Y al despertar para su sorpresa descubre que el amor de su vida lleva 50 años muerta. Y doble sorpresa, frente a él hay una mujer muy parecida que es nada menos que su reencarnación por quien el muchacho se siente ineludiblemente atraído―
Den soltó un melodramático suspiro.
―Odio admitirlo, pero pensar en todo lo que debió pasar por la mente del inmaduro cachorro, hace que me de un poco de lástima―
Kagome mientras tanto estaba rumbo a una crisis emocional.
―Y-yo jamás―
―No, no, no exageremos― se adelantó la demonesa, dándole un par de palmadas en el hombro ―Por mucha gracia que me causaría verte caer en otra crisis emociona, no podemos pretender que no hiciste nada para tratar de ayudar emocionalmente al mestizo. Incluso si nunca consideraste cuánta ayuda necesitaba en realidad―
―Pero yo nunca…― intentó protestar Kagome.
―¡Oh, pero lo hiciste! ¿Acaso no recuerdas todas las veces en que intentaste hacer que se abriera contigo sobre su pasado y sus sentimientos? ¿Acaso no recuerdas todas las veces que se excusó tras sus barreras de arrogancia y orgullo?―
―Y-yo…―
Den le dio a Kagome un momento para recordar.
Y recordar consiguió.
Como aquella ocasión en que Myoga le hablaba por primera vez sobre la madre de Inuyasha, este dijo enfadado "Mi madre murió hacer mucho tiempo" y salió de la habitación en que se encontraban.
O como al final de la aventura con la Söunga, que al acercarse a Kagome a Inuaysha para preguntarle cómo se sintió al ver a su padre y se había algo que le gustaría decirle, Inuyasha solo fingió demencia, aunque evidentemente estaba inquieto.
Más recuerdos inundaban la mente de Kagome así como la culpa.
―¿Puede haber hecho más?― se lamentó la miko.
―Tal vez. Pero velo por el lado positivo. Al menos lo intentaste. ¿Cuántas veces se acercó él a ti a preguntarte cómo te sentías o qué es lo que tu querías? Si la memoria no me falla, cero veces―
―¡Eso no me ayuda!― gritó Kagome, muy indignada de la indiferencia de la inu.
―No con esa actitud!―
―¿Y entonces cómo?―
―¡Para que te ubiques, y no me levantes la voz!― reprendió Den, extendiendo su youki para aplastar a Kagome contra el suelo. Solo una vez.
―Cuando te hicimos ver todo el daño que el bastardo te causó, fue para que te desenamoraras al fin de él. Y evitar que pasaras una cantidad indefinida de tiempo llorando por quien nunca mereció tu amor o lágrimas. Pero esa revelación abrió a la puerta a sentimientos de culpa y rencor. Sentimientos que no te dejarán conquistar tu ki―
Kagome se incorporó y se limpió la cara de la tierra.
―¿Para qué me sirve saber eso?―
―Para que comprendas la realidad de tu amor que nunca fue. Sí, él te hizo mucho daño. Pero tú también le hiciste daño, y no fue por malicia. Sino por apatía, egoísmo e ignorancia. ¿Por qué? Porque ambos eran demasiado jóvenes y faltos de experiencia. Él un niño malcriado sin concepto de autodisciplina; y tu una niña desubicada e ingenua―
Kagome gimoteó.
―Y para empeorar las cosas ambos eran egoístas e irritables. Nunca iba a funcionar, pequeña―
La afligida miko bajó la mirada para que no vieran sus lágrimas.
―¿Y ahora qué? Cómo me ayuda esto―
―A avanzar, espero. No puedes culparlo más por hacerte daño, porque tú también le hiciste daño. Y debes entender que era inevitable siendo los dos tan infantiles y estúpidos―
Kagome no puede evitar reírse de la inmisericorde "ayuda" de Den.
―Así que ahora solo queda avanzar hacia adelante. Tu culpa es inservible. Tu llanto fútil. Y tus imaginaciones de futuros que ya nunca serán inservibles. Pero todavía estás viva. Todavía tienes tu temple. Debes tomar lo bueno, dejar lo malo y seguir adelante―
Viendo que la miko se habría puesto a llorar, Den suspiró y se puso de pie.
―De acuerdo. Veo que ya no podrás concentrarte en nada lo que queda del día, así que lo dejaremos hasta aquí―
La inu se retiró en silencio, dejando a la afligida miko con sus pensamientos.
Más tarde cuando Momoka vio entrar a Kagome a su taller, supo que la lección de ikebana se cambiaría por algo diferente.
Kagome por su parte tan pronto como puso los ojos encima de su madre se echó a llorar y corrió a abrazarla. Como siempre, enterrando su rostro en el pronunciado busto de la dragona, quien envolvió amorosamente a la miko con ambos brazos.
Cuando Kagome se tranquilizó, Momoka la invitó a recostarse usando sus muslos de almohada.
Kagome le contó a Momoka de la conversación que tuvo con Den y sus reflexiones sobre los descubrimientos que le fueron expuestos en ella. Momoka escuchó atentamente hasta que la humana concluyó.
―Así que lo hizo otra vez― finalmente musitó Momoka.
―Sí, me hizo tragar unas pastillas de amarga verdad― respondió Kagome, con ácido humor.
―No sé, que son pastillas, pero ciertamente te hizo confrontar algunas verdades incómodas― respondió Kagome.
―Y tiene razón, necesitaba escucharlo― admitió Kagome.
Momoka le acarició la cabeza, y despejó su frente de cabellos sueltos.
―Todo este tiempo, incluso antes de venir aquí, casi siempre me concentraba en las cosas malas que Inuyasha me hacía. Nunca me puse a pensar en que a mi modo, yo también era muy abusiva con él―
―Sí, pero tal como dijo Den, ninguno estaba preparado emocionalmente para la relación que deseaban tener. Y las circunstancias con la Perla y la Abominación solo hicieron las cosas peores―
Kagome no dijo nada, cerró los ojos y se dejó consentir por su madre.
―Ahora, como tu familia, es nuestro deber asegurarnos que nunca vuelvas a pasar por algo así. Y como mínimo, asegurarnos de que si vuelve a ocurrir estés preparada para afrontarlo―
Kagome tomó la mano con la que Momoka la estaba acariciando y entrelazó los dedos con los de ella. La dragona bajó su vista para encontrarse con la de la miko, que la miraba con ojos llenos de amor y agradecimiento.
―Te amo mamá Momo― musitó Kagome, con lágrimas de alegría escurriendo de sus ojos.
La demonesa le sonrió y tomó a la miko nuevamente en brazos para poder besarla en la frente y las mejillas.
―Yo también te amo, mi tesoro. No llores más. Mamá Momo siempre estará contigo―
Las dos mujeres se quedaron abrazadas sin moverse o decir algo más. Kagome perdió la noción del tiempo, dejándose envolver por el afecto de la milenaria y criatura a la que ahora se sentía privilegiada de poder llamar su madre.
Finalmente, Momoka aflojó el abrazo con el que sostenía a la miko y dirigió su vista hacia la puerta.
―Parece que es momento de que conozcas a otra miembro de nuestra familia―
Antes de que Kagome pudiera preguntar de quien se trataba, las puertas del taller se abrieron, revelando a una inu daiyoukai que Kagome no había conocido.
Como toda inu era una mujer alta y hermosa, con el cabello blanco como la nueve. Su cabello estaba recogido en dos coletas al reverso y a los lados de su cabeza. Y llevaba puesto una especie de velo o poncho de hombros descubiertos, adornado con la que sin duda había sido la melena de su marido.
―Hm, vaya esto es inesperado― exclamó la melodiosa voz de la mujer ―Momoka querida ¿Cuál es la explicación de esto?―
―¿A qué te refieres Sadashi?―
Sadashi… Sadashi es… ¡La madre de Sessho-
―¿Es acaso la hembra humana estéril?― inquirió la recién llegada en genuina confusión.
―¡¿PERDÓN?!― gritó una muy indignada Kagome.
―No hace falta gritar. Pregunté si eres estéril―
―¡NO, no soy estéril! ¡O por lo menos estoy 99% segura de que no lo soy!― respondió, poniéndose roja desde la frente hasta el cuello.
Sadashi permaneció inmutable ante los gritos de la miko. Su rostro estancada en una expresión de indiferencia. Quizás, hasta de un poco de aburrimiento.
―Ya veo. Aún así no logro comprender. El aroma de Sesshomaru está impregnado sobre ti, pero sigues siendo virgen. ¿Acaso te estás haciendo la difícil?―
Al escuchar la respuesta, Kagome sintió como más sangre de lo que debería ser humanamente posible se le fue al rostro y toda la cabeza.
―¿Q-q-q-q-que?― alcanzó a preguntar a través de su estupefacción.
Sadashi suspiró y juntó las manos.
―Lo diré de la forma más simple y directa posible. Sé que Sesshomaru no es el problema. Así que dime. ¿Por qué razón aún no estás preñada con mis nietos?―
Kagome se desmayó.
