¡Volví! ¡Y con nuevo capítulo! Lo malo es que no seré tan constante como en el primer semestre, pero creo que no demoraré tanto en publicar. Así que comencemos con este especial que fácilmente sería un one shot independiente, de hecho, incluso toma lugar tiempo después de la historia en general. Pero preferí incluirlo acá por su relación (para entenderlo, les recomiendo ver el capítulo «Cómo busco inspiración»).
Es tiempo de los saludos:

-regamers10
-AlenDarkStar

Ahora, espero lo disfruten.


En una escuela, en Japón—

—¿Cómo encuentran a esas chicas? ¿Creen que merecen ser de nuestra clase?

Un grupo de amigas estaba sentado en una mesa durante la hora del almuerzo. Eran 4 alumnas en segundo año de preparatoria, que siempre se divertían hablando mal de los demás. La que más resaltaba entre ellas era una chica pequeña para su edad, de cabello rubio y un desajuste dental en su colmillo superior izquierdo, llamada Koharu Minami.

—Se ve que son unas completas perdedoras —dijo Minami.

—Tienes razón—dijo una de sus amigas.

—Oigan —dijo una segunda amiga—, ¿qué piensan del grupo de Emiri Uchi? Creo que tienen potencial de ser populares.

—¿Te refieres a la cara de emoji? —dijo Minami—. Solo son chicas clase B y jamás saldrán de ahí.

—¿Cara de emoji? —dijo la tercera amiga, aguantando la risa.

—¿No la has visto de frente? Parece que su rostro fuese dibujado.

Entre risas y parloteos, Minami vio caminar a lo lejos a una chica de cabello desordenado. Un repentino odio brotó en su interior, aquella chica le generó una mala experiencia hace un año, al igual que a 2 de las 3 amigas. Se trataba de Tomoko Kuroki.

—Oigan, es la rarita de aquella vez.

Todas miraron a Kuroki con desconfianza, mientras se alejaba de sus vistas.

—Me acuerdo de ella —dijo la primera amiga—, supe que su apellido es Kuroki. Esa rara parecía tan apocada y humillable…

—Mostró una actitud severa —dijo la segunda—, parece que se vuelve violenta a la más mínima provocación.

La tercera amiga, la única que no vio a Kuroki esa vez, dijo:

—No lo parece. El año pasado, la vi almorzar con la presidenta del consejo estudiantil. Puede que me equivoque, pero creo que es su senpai.

Minami y las demás miraron incrédulas a su rostro.

—¡¿Lo dices en serio, Sachi?!

La colmilluda recordó su traumático encuentro y la humillación que recibió en consecuencia.

—Como la detesto —dijo la primera—, quisiera cobrarle todo el mal que nos hizo esa vez.

—En mi opinión —dijo la tercera—, ustedes se humillaron solas.

—¡¿Qué insinúas, Sachi?! —respondió Minami, con molestia.

—Le tuvieron miedo ese día. Quedaron como niñas que se acobardan con apenas una amenaza. Si van tras ella ahora, le demuestran que llamó su atención y se sentirá ganadora. Les recomiendo admitir su derrota por ahora, ya habrá mejores momentos.

La colmilluda era conocida por nunca cerrar la boca y menos cuando creía tener la razón, incluso si no tenía evidencia clara de sus afimaciones.

—¡No me quedaré de brazos cruzados! ¡Me vengaré de ella, de una forma u otra!

La tercera posó su codo derecho en la mesa, todo para apoyar su mentón encima de la palma. De pronto puso una sonrisa denigrante y una mirada siniestra, lo que incomodó a la colmilluda y sus demás amigas.

—Ok… Hagan lo que ustedes quieran. Nos vemos mañana.

La tercera se levantó de su asiento y se dirigió a su sala de clases. Minami y las otras 2 amigas sintieron cómo sus corazones palpitaban con rapidez y su respiración era más agitada y dificultosa.

—Es tan tenebrosa a veces —dijo la colmilluda.

ΜΛΦΛΜ—

En una sala de clase, durante el recreo—

—¡En serio, esa tal Kuroki es todo un fenómeno!

Minami y sus 2 amigas hablaban con unas chicas por una conversación «casual» —que, de hecho, la pequeña colmilluda sacó a la luz con total intencionalidad, para hacer correr el rumor. El trio hablaba con otras 3 chicas de distintas salas de clase, pero que se conocían por diversas razones. Una de ellas era una chica con cabello rosado con un par de coletas, llamada Hina Nemoto; la otra era una chica alta, de cabello rosa más claro que la antes mencionada, ojos adornados con pestañas muy notorias y una sonrisa que denostaba serenidad constante, llamada Asuka Katou; y la última era una chica con peinado estilo Bob color rubio, con rasgos faciales tan simples que parecía un emoticón de redes sociales, llamada Emiri Uchi. De la última, Minami y sus amigas solían burlarse con frecuencia a sus espaldas, pero frente a ella fingían ser más cordiales de lo que realmente eran.

—Esas ojeras —dijo la primera—, ese peinado tan desordenado…

—Ese gusto por leer mangas —dijo la segunda—, es una completa antisocial.

—¿Y por qué hablan tanto de esa tal Kuroki? —dijo Uchi—. ¿Acaso les atrae?

—¡¿Qué?! ¡No! —exclamó Minami.

—¿Entonces?

—Pues —dijo la segunda—, ¿no les parece curioso esa gente que no encaja con la sociedad, como si se creyesen, no sé, lo mejor del mundo?

—Pues en eso tienes razón —dijo Katou, llamando la mirada de todas las presentes—. Qué chica tan fascinante es esa tal Kuroki. ¿Por qué no me cuentan más de ella?

Minami y sus amigas la miraron con incredulidad.

—Ha… ¿Hablas en serio?

—Me agradan las personas diferentes y sinceras. Si pudiese hablar con ella, tal vez nos volvamos amigas.

—Ella va en mi clase —dijo Nemoto con una sonrisa— y también intento ser su amiga, pero es difícil hablarle. Siento como que le gusta más estar en soledad.

—Suena como si fuese una chica repulsiva —dijo Uchi—, pero no parece una mala persona, después de todo.

Molesta por no lograr lo esperado, Minami dijo:

—¿Bromean? Esa chica es un verdadero riesgo, hasta nos miró de forma amenazante una vez. Es tan nefasta como el grupo de Yoshida, a ella la conocen, ¿verdad?

Nemoto, Katou y Uchi mostraron incomodidad en sus rostros.

—Claro que la conocen —dijo la primera, a raíz de la expresión de las 3—. Masaki Yoshida y su grupo son lo peor de esta escuela. La tal Reena… ¿Qué se cree cubriendo sus ojos con ese pelo verde?

Nemoto, Katou y Uchi mostraron una expresión de miedo, tanto así que Nemoto apuntó con su dedo índice, señal que ignoró Minami y sus amigas.

—Y la última, Anna creo que se llama —dijo la segunda—, se cree tan mala con la falda apretándole su ombligo.

—¡Sí, que patéticas! —agregó la colmilluda.

Nemoto, Katou y Uchi se levantaron de sus asientos como si hubiesen dado un brinco.

—¡P-permiso, Minami! —dijo Nemoto.

—¡Nos vemos en otro momento! —dijo Uchi.

—¡Ojalá salgan bien de ésta! —dijo Katou.

—¿«Salir bien»? —repitió la colmilluda.

Las 3 abandonaron la sala de clase, mientras las otras 3 observaban, confundidas, su raro comportamiento.

—¿A quién llaman nefasta? —se escuchó una imponente voz femenina a las espaldas de Minami y sus amigas.

El trio se horrorizó, reconocieron esa voz de inmediato y dieron la media vuelta para observarla. Se trataba de Yoshida, una chica de mirada amenazante y cabello rubio con línea oscura sobre su cabeza. Escuchó todas las burlas que las 3 dijeron, y no venía sola, sino que la acompañaban también otras 2 amigas, también mencionadas.

—¿Así que les molesta que mi cabello cubra mis ojos? —dijo Reena, un chica alta de cabello verde que usaba para tapar sus ojos.

—¿Y encuentran malo que mi falda la tenga sobre mi ombligo? —dijo Anna, la más pequeña del grupo, de rostro redondo y cabello de largos flecos laterales y cola de caballo.

—Yo… Yo… —intentaba hablar Minami.

Y así, el trío de chismosas recibió una paliza como no había tenido nunca, atribuyendo toda la culpa a la tal Kuroki, por lo que la odiaron aún más.

—ΜΛΦΛΜ—

Al día siguiente, en la biblioteca—

Aquellas chicas, aun resentidas por el dolor de los golpes, entraron por voluntad propia a la biblioteca de la escuela, algo que jamás habían hecho antes. Según ellas, todo era por un motivo justificado. Su intención era tomar unos mangas y atraer a Tomoko para otra de sus bromas, por tal razón ingresaron a la sección de mangas y tomaron algunos en préstamo.

—¿Crees que sirvan? —pregunto la segunda.

—Tienen aspecto de manga repelente —dijo Minami—, de esos que leería un otaku antisocial.

Convencidas, llevaron 4 mangas distintos hacia la salida. No obstante, una voz las detuvo:

—Oigan, ¿adónde van con esos libros?

Las 3 miraron a quien les hablaba, se trataba de la bibliotecaria, una chica de lentes redondos y diminutos, con cabello oscuro y largas mechas a los lados. Estaba sentada junto a otra chica de cabello negro con coletas y una «x» en sus flequillos, además de unos ojos diminutos. La última no era parte de la biblioteca, pero era amiga de la de lentes.

—Discúlpanos, oye… —Minami miró la pizarra, en donde salía su nombre— Komiyama. Estamos llevando unos libros y lo devolveremos a su tiempo, como es la norma.

—Y la norma también dice —explicó Komiyama— que deben registrar los libros antes de llevárselos.

—¡Ay, de acuerdo!

—Haces bien tu trabajo, Koto —dijo la de ojos diminutos, sorprendida del carácter de su amiga.

—No es para tanto, Itou. Es oficio de una bibliotecaria.

Con enojo, Minami y sus amigas fueron con la pareja. Mientras registraban los mangas, tanto a Komiyama como Itou les pareció raro que aquellas chicas, populares en apariencia, se interesasen por sacar material que no eran para gustos generales. La colmilluda se dio cuenta de sus miradas y le dijo:

—Sí, son mangas. ¿Hay algo malo?

—Es que —dijo Komiyama— no parecen como personas que lean esto.

«Mejor dicho, parecen chicas que no leen nada en absoluto» mentalizó la bibliotecaria.

—Está bien: no leemos mangas y no nos interesa. Lo hacemos porque queremos vengarnos de una chica en esta escuela.

Al escuchar la palabra «vengarnos», Komiyama miró directo a los ojos de la colmilluda, lo cual extrañó tanto a ella, como a su amiga Itou. Luego de registrar todos los mangas, Minami abrió sus palmas para recibirlos. Pero la de lentes se los alejó de forma repentina, llamando la atención de las amigas.

—Sé que no es algo de mi incumbencia, pero les recomiendo, a ti y a tus amigas, que no hagan nada por venganza. Les irá mal y lo lamentarán muchísimo. Se los digo por experiencia propia.

Minami, molesta por el gesto de Kotomi, le quitó los mangas a la fuerza.

—En algo tienes razón, bibliotecaria: ¡no es de tu incumbencia!

El trio se alejó hacia la salida, en tanto, Kotomi las miró con molestia. Itou, en tanto, permanecía con su mirada inexpresiva.

—Vaya que son fastidiosas, Koto.

—Cierto… Bueno, cumplí con advertirles.

—Ƶ—

En el patio de la escuela, durante el almuerzo—

—Cuando la veamos —dijo Minami—, le mostraremos estos libros y de seguro vendrá a nosotros.

—Ahí la humillaremos —dijo la segunda.

Las 3 amigas se sentaron en el mismo banco en donde tuvieron la nefasta experiencia con Kuroki. Por idea de la primera, quisieron darle a su venganza un toque simbólico. Tenían los mangas puestos en los espacios del banco, todo para que su adversaria los descubriera a primera vista.

No obstante, notaron que una conocida amiga se les acercaba con preocupación. Se trataba de una chica amable, delgada, con pecas en su cara y cabello corto de color castaño. Su nombre era Mako Tanaka.

—¡Minami! —gritó Mako—. ¿Es verdad lo que me dice Sachi?

—¿Sobre qué?

—¿Qué te quieres vengar de una chica de la escuela?

«¿Por qué anda contando nuestro plan a otros?» Se quejó la enana en sus pensamientos, aunque supo ocultar su enojo.

—¡No-no es tan así, Mako!... Es que necesita una lección y ya.

—Chicas, por favor, no sean crueles con esa persona. No les gustaría que le hicieran tal cosa a ustedes, ¿o sí?

—¿Por qué todos dicen que no lo hagamos? Es solo algo rápido y basta.

—Prométeme que no lo harás —insistió la pecosa, mientras tomaba las manos de Minami y las juntaba con las suyas.

Antes que la pequeña colmilluda dijese algo, Mako fue interrumpida por otra de sus amigas.

—Así que aquí estabas…

La chica de pecas mostró incomodidad ante la repentina aparición de su otra amiga, una chica con mirada indiferente, actitud egoísta y cabello oscuro con doble coleta en sus hombros.

—Ta… Tamura…

—Quiero discutir unos asuntos sobre el viaje escolar.

Mako se agitó al escuchar sobre dicho viaje, del cual ya tenía planes.

—¿No le has comentado que vendrás con nosotras?

La de cabello castaño evitó responder, Tamura y Minami no se llevaban nada bien y su única conexión era ella, quien sufría por repartir su tiempo entre ambas. Éstas le mostraban disgusto cuando compartía tiempo con la otra, por eso respiró hondo para alejarse y asumir el venidero enojo de la rubia. Antes de irse, miró de reojo y dijo:

—Por favor, no lo hagan.

Sin decir nada, las 3 vieron como su amable amiga se iba con la «otra».

—¿Saben? —dijo la primera—, como que me estoy arrepintiendo de esto.

Tanto Minami como la segunda la miraron con molestia.

—¡No te puedes rendir ahora! —exclamó la colmilluda—. ¡Estamos cerca de lograrlo!

—Será un par de minutos —dijo la segunda—, suficiente para deshacernos de ella.

—Y cuando lo hagamos— Minami se levantó para quedar frente a sus amigas—, habremos concretado nuestra… —Tiró sus brazos hacia los costados—. ¡Venganza! Para la desgracia de las 3, al estirar sus brazos, golpeó la bandeja plástica de una estudiante que caminaba cerca de ellas, lo cual le desparramó toda la comida y manchó el chaleco de su uniforme escolar. Minami se salvó de manchar su ropa por moverse a tiempo. Sin embargo, tanto la primera como la segunda pusieron una expresión de terror. Minami las vio y pensó que estaban viendo al diablo en persona. De todos modos, sabía que al girarse le pasaría cosas malas: De nuevo era Yoshida, mostrando ira en su cara. Para empeorar, venía acompañada de sus amigas Reena y Anna.

—¡¿Tú otra vez?! —dijo Yoshida.

—¡Aaaaaaaah! ¡Lo siento, Yoshida! ¡Lo siento!

Reena interrumpió la súplica:

—¿Segura? ¿Y a qué te referías cuando gritaste «venganza»?

—¿Hablabas de nosotras? —Agregó Anna.

—No… ¡No-no es lo que piensan! ¡Yo no hablaba de ustedes!

Yoshida hizo sonar los huesos de sus manos:

—Pues, yo sí quiero mi venganza.

Tanto Anna como Reena se unieron a Yoshida por simple diversión. Otra vez el trio de amigas recibió una paliza por intentar vengarse de Kuroki, quien ni siquiera apareció ese día. Al menos, los mangas de la biblioteca se mantuvieron impecables, tal cual salieron.

—ΜΛΦΛΜ—

Al día siguiente, en la cocina—

—A ver, abre la boca —dijo una estudiante de enormes trenzas y sonrisa.

Una pareja de estudiantes se preparaba para degustar un plato de comida preparado por ellos mismos o mejor dicho, por una de los 2. La encargada de cocinar era una chica con 2 trenzas enormes, sonrisa jovial y actitud que denostaba simpatía. En tanto el chico que la acompañaba era su interés romántico, un chico con cabello ondulado al viento y mirada despreocupada, al que la chica pretendía conquistar a través de la cocina.

El chico abrió su boca y recibió la porción de comida, sujeta con un par de palillos de madera, de parte de la chica. Él masticó con calma, mientras ella sentía agitaciones dentro de su cuerpo por saber la respuesta. Luego de tragar, él dijo con una sonrisa:

—¡Está exquisito, Mike!

—¡Me alegra que te gustase, Mokkun! —respondió—. No tenía confianza en mi forma de cocinar, pero le di de probar mi receta a una compañera de clases y le gustó también.

—Quisiera que preparases mis almuerzos todos los días.

—¡Ay, Mokkun! —dijo, sonrojada—. Prometo que lo haré.

Mientras la pareja hablaba, aparecieron Minami y sus 2 amigas, aun adoloridas de las palizas de los días anteriores. Aun con la venganza en sus mentes, planearon cocinar algo terrible, un plato que le ofrecerían con falsa amabilidad, el cual luego de degustarlo, sintiera malestares por mucho tiempo. En caso de tener una oportunidad, se burlarían de ella y ya no tendría escapatoria.

—¿Qué preparamos? —dijo la primera.

—Para una asquerosa antisocial —dijo Minami—, un asqueroso platillo. Echen cualquier cosa que les parezca repugnante a la olla.

Mike guardó su comida en un par de envases para llevarlo con su pretendiente Mokkun. Pero notó que tenía comida de sobra. Para no desperdiciarla, vio al trio de amigas maquiavélicas y se dirigió a ellas.

—Oigan, ¿Por casualidad tienen envases de comida que me presten? Es que hice mucha y no quiero echarla a la basura.

Las 3 la miraron, la segunda dijo:

—Oye, si quieres, nosotras nos comemos tu plato.

Mike les mostró una sonrisa de simpatía:

—¡Qué bien! La tengo en esta olla. Por favor, no la desperdicien.

Y así, Mike abandonó la cocina junto con Mokkun. Mientras tanto, el trío de amigas continuaba creando la receta para su macabro plan. Demoraron solo 30 minutos en crear la abominación que acabaría con la vida social de Kuroki.

—Un poco de pimienta —dijo la segunda, mientras echaba un polvo a la olla— y… ¡Listo!

Para celebrar, la primera fue hasta la olla de Mike y la acercó a su zona de trabajo. Tomó unos platos y dejó la comida para ella y para la segunda.

—¿Quieres un poco, Koharu?

—Ahora no —respondió la colmilluda—. Pero guardaré un poco cuando me dé hambre.

Las 2 amigas se sintieron contentas al terminar su experimento, tanto así que no esperaron a sentarse para degustar aquel plato que les dejó desinteresadamente la chica de enormes trenzas. Luego de llevar el cubierto hacia sus bocas, las expresiones en sus caras pasaron de una enorme sonrisa a un estado de dolor y repulsión, ante la mirada atónita de Minami.

—Ƶ—

Baño de la escuela—

—¿Están seguras que no se comieron, por error, la comida que era para Kuroki? —preguntó Minami.

—Muy segura… —dijo la primera, para después vaciar su estómago a través de su boca.

Las 2 amigas no paraban de sentir la agigantada dulzura en sus paladares, a pesar del amargo sabor que los jugos gástricos dejaban con el vómito. Minami las veía con odio, no directo hacia ellas, sino hacia el contexto en general. Llena de impotencia, dijo:

—¿Por qué? Es solo una rara, ¿tan difícil es humillarla?

Las 2 amigas dejaron de vomitar, trataron de secar sus labios con el papel higiénico y miraron a su amiga.

»Esa Kuroki… ¡Es una bastarda!

Aun con el mareo, las amigas se preocuparon más del enojo de la enana que del bienestar propio.

»¡Eres una maldita! ¡Maldita! ¡Maldita!

Para empeorar su suerte, aquellos gritos fueron escuchados por Yoshida y su grupo, quienes entraron de casualidad.

—¿Qué demonios? —dijo Reena.

Las delincuentes se vieron cara a cara con Minami y sus amigas. Las primeras creyeron que los insultos iban dirigidos hacia ellas y las segundas ya sentían el horror otra vez.

—¿Acaso no aprendes? —dijo Yoshida, mientras ella y sus amigas apretaban sus puños y los hacían sonar.

La colmilluda, sabiendo que no podía hacer nada para evitarlo, se acercó a sus ejecutoras con resignación, Al igual que sus amigas, quienes se levantaron como pudieron.

—Por favor, háganlo rápido —les suplicó Minami.

La nueva paliza fue más suave y breve que las anteriores, pero igual de traumática para el trío de vengadoras.

—ΜΛΦΛΜ—

En la tarde, fuera de la escuela—

Las 3 amigas caminaban, cargando el peso de la derrota en sus cuerpos, sin contar el dolor de los golpes. Agotadas, levantando como podían los pies para no arrastrarlos al suelo, miraban al horizonte con sus miradas idas.

—La bibliotecaria tenía razón —dijo la segunda.

—¿Qué dices? —preguntó Minami.

—Ella nos dijo que pasaría esto. También Mako.

—¡Pero ni siquiera alcanzamos a vengarnos de esa rara! —dijo la primera.

—Ah… y también Sachi …

Minami observó el cielo a punto de oscurecer. Se detuvo de pronto, atrayendo las miradas de sus amigas. Luego de emitir una sonrisa de resignación, gritó a todo pulmón:

—¡Kuroki, eres una perdedora!

Las otras 2, al ver a la colmilluda gritar, también sonrieron y se le unieron a los cánticos.

—¡Kuroki, nadie es más rara que tú! —se desquitó la primera.

—¡Te odio, Kuroki! —agregó la segunda.

—¡Me gusta! —dijo Minami—. ¡Te odio, te odio, te odio!

Estuvieron mucho tiempo gritando a los 4 vientos sus descargos hacia la chica por la que pasaron tantas penurias.

—¡Eso no es correcto!

El trio escuchó una imponente voz proveniente de sus espaldas, pudieron reconocer con facilidad de quien se trataba. Esta vez no eran Yoshida y su grupo, sino alguien mucho peor: la maestra Ogino.

Dieron la vuelta para ver a la profesora. Mientras le emitían una risa nerviosa, notaron que iba acompañada de la presidenta del consejo estudiantil, Megumi Imae, la presunta senpai de su adversaria Kuroki. Ambas mostraban el ceño fruncido.

—¿No les da vergüenza? —dijo Imae—. ¿Referirse de esa manera a una alumna de la escuela?

Al no tener una excusa convincente, las 3, con una expresión de horror, acompañaron a la maestra y la alumna destacada de vuelta a la escuela, en concreto, al salón de castigo. Aquel acontecimiento fue observado a lo lejos por la tercera amiga, quien mostró su clásica sonrisa denigrante y mirada siniestra, quien se dijo en su mente:

«Se los advertí, idiotas.»