Hola mis queridos lectores, el día de hoy les traigo lo que vendría siendo mi lemon debut. Espero que les guste tanto como me gusta a mí
~•~•~•~•~•~•~•~•~•
El bosque en noche de brujas puede llegar a ser un poco traicionero, la oscuridad y la niebla son aquellos elementos que le dan ese toque tétrico al sendero por dónde van andando. La tenue luz del farol que les dieron a la entrada de la espesura no ayuda a ver más claramente la vereda frente a ellos. Aunque tal vez la desviación que tomaron como atajo no fue la mejor opción para atravesar más rápido la arboleda.
—¿Estás seguro que es por aquí, Senku?– preguntó algo preocupada la rubia, ya que no parecía que fueran a salir pronto de ahí.
— Tranquila, Leona. Más adelante debería estar la fiesta de Ryusui.– respondió manteniendo su semblante sereno, ya que el disfraz de su acompañante le estaba volviendo loco.
¿A quién se le ocurre hacer una fiesta de disfraces en medio del bosque?
Solo al excéntrico de Ryusui siendo instigado por el ridículo de Gen. Ese par ya lo tenían harto con sus tonterías y por si fuera poco iba acompañado de una sexy Leona con un disfraz de bruja bastante erótico. El corsé del vestido enmarcaba divinamente las deliciosas curvas de su cuerpo y la diminuta falda de tul púrpura con negro apenas cubría lo suficiente, mostrando sus torneadas piernas envueltas con medias oscuras hasta los muslos dejando ver delicado liguero que las sostiene en su sitio. Desde que llegó a la entrada del bosque había acaparado todas las miradas de los invitados a la reunión, incluyendo la suya.
Lo que ofrecía el convite incluía comida, bebidas hasta desmayarse y deleitar la mirada con la sublime belleza de la gran mayoría de las asistentes femeninas.
Pero antes debían pasar por una prueba de valor y cualquier pervertido hubiera tratado de aprovechar la situación. No es como que Kohaku no pudiera hacerse cargo de ello, pero pensar en eso le hizo hervir la sangre. Sin perder el tiempo se formó junto a ella para partir juntos en la dichosa prueba.
Al no ver señales de la fiesta por ningún lado, el joven de ojos granate suspiró con pesadez, sopesando la idea de ir de regreso para seguir por el sendero principal.
—Entonces, ¿estamos perdidos?- anunció juguetona la hechicera de orbes lazurita.
— Al parecer así es, la única solución es ir de regreso para ver si nos encontramos con alguien que vaya hacia el lugar de la fiesta– replicó rascándose el oído dando la vuelta para ir por el camino que debieron de seguir en primer lugar.
— ¿Podríamos descansar un poco? Fue bastante lo que caminamos– profirió la rubia señalando un ancho tocón bastante alto para sentarse cómodamente.
— Lamento mucho que esto haya pasado, Leona– articuló quedo, tomando su mano para guiar su andar hasta el asiento propuesto.
Antes de sentarse sobre el tocón, el joven le acercó su bata del disfraz de científico loco que traía para que estuviera más cómoda.
Después de unos minutos ella paso a quitarse los tacones ya que al parecer con la caminata y el terreno sentía un ligero dolor en los pies. Dando un masaje sobre ellos para calmar su molestia.
Senku sintió un pinchazo de culpa al verla y se ofreció a ayudarle. Kohaku sintió sonrojarse hasta las orejas por su propuesta, aún así no se negó en lo absoluto. Esta era su oportunidad y no iba a desperdiciarla.
Ella subió con cuidado sus pies al regazo de su acompañante para darle calma a su padecimiento.
Al sentir sus manos sobre su extremidad, tembló ligeramente. Excusó su reacción nerviosamente echándole la culpa al frío ya que no traía con que cubrir sus desnudos hombros.
Al ir aplicando presión sobre la parte media de su pie, ella no pudo evitar sentir el placer se ser tocada por el joven intruso de sus pensamientos, trató de acallar un gemido mordiendo su labio inferior. No creyó ser escuchada pero, tanto fue el placer que sintió que cerró los ojos y al volver a abrirlos se topó con una intensa mirada rubí ansiosa de seguir con su faena.
Mucho le había costado mantener a raya sus mórbidos pensamientos acerca del disfraz de su acompañante, pero ese excitante sonido que provino de su garganta le hizo perder el control sobre ellos. Se quedó observando cuál cazador, la reacción de su presa y fue acercando su rostro lentamente para unir sus labios a los suyos. Dándole tiempo a negarse. Mientras más se acercaba iba subiendo su mano sobre su pantorrilla.
Ella comenzó a respirar profunda, lentamente, alzando más su barbilla, ocultando sus orbes lazurita tras sus párpados. Esperando deseosa de sentir los labios de Senku.
Fue un primer contacto bastante casto pero conforme iba pasando el tiempo se iba volviendo húmedo y el aire les hacía falta.
Fue besando sus mejillas arreboladas, bajando por su mandíbula, trazando un sendero de candentes besos que llegaron hasta clavícula, la cuál mordisqueó leve deleitando sus sentidos haciendo que ella gimoteara su nombre. Eso le hizo sentir un tirón en la parte baja de su anatomía que pedía ser atendida lo antes posible.
Kohaku sintió en su muslo el creciente bulto en los pantalones de Senku, acercó curiosa su mano sobre está y él se estremeció notablemente, un gruñido grave se escapó de su garganta dejando a la rubia deseosa de complacer a su compañero. Rápidamente bajo sus piernas para sentarse correctamente, en un movimiento raudo y ágil, ella tenía las manos sobre el cinturón. Luchando por quitárselo y bajar su cremallera para encontrarse con su dura excitación. Ella lo acarició desde la base al glande con solo sus dedos sintiendo el líquido preseminal humedeciendolos, Senku siseó echando su cabeza hacia atrás. Disfrutando de cómo su Leona tomaba el control de la situación.
Recuperando algo de cordura por el placer brindado por su amante, se arrodilló frente a Kohaku y fue abriendo sus piernas, repartiendo besos húmedos por sobre la delicada tela, haciendo que su aliento se volviera pesado. Afortunadamente el tocón era bastante ancho como para recostarse cómodamente, cosa que su Leona aprovecho mientras el albino iba subiendo por sus muslos, marcando su piel con su presencia. Metió la nariz por su entrepierna disfrutando del delicioso aroma femenino que provenía de su centro. Ella estaba deliciosamente húmeda al acariciar por sobre su delicada lencería.
Oír su nombre entre gemidos, suplicando por más mientras Senku delineaba con su lengua cada pliegue de su sexo, era embriagador. El dulce sabor de la miel de su Leona era adictiva. Viendo la desbordante humedad de su centro, se aventuró a penetrarla lentamente con su dedo medio de su mano derecha. Ella estaba tan caliente, tan estrecha, tan húmeda y todo era por él. Fue metiendo lentamente un segundo dedo, la rubia comenzó a mover instintivamente sus caderas, acrecentando su placer, llamando a su nombre de esa forma tan erótica. Comenzó a dar ligeras estocadas y estimulando su botón con su lengua. Kohaku al sentir cerca su liberación aferró sus manos a la cabeza de Senku, colando sus dedos entre las hebras albinas, indicando que estaba por llegar a la cumbre de su éxtasis. El agudo chillido que profirió su Leona, hizo eco en la oscuridad del bosque y la fuerza de las piernas sobre sus hombros se volvió lánguida.
Era la imagen más etérea que había visto en su vida, aún con la poca luz que emitía el pequeño farol. Ver a Kohaku con la mirada lazurita perdida en el placer, los labios entreabiertos e hinchados por los candentes besos que compartieron, la dorada cabellera que se extendió sobre el tocón le dieron un aire más sensual al asunto, el errático subir y bajar de su pecho clamando por aire y el suave perlado de sudor sobre su nívea piel le hizo sonreír con satisfacción sintiendo endurecer su entrepierna, anhelando ser atendida.
— ¿Estás bien, Kohaku?– llamó su atención con voz tenue y grave. Sentándose junto a ella, acariciando delicadamente sobre su clavícula.
— S-sí– respondió complacida, tratando de regular su aliento.
— Hay que volver pronto, es peligroso quedarnos aquí y no ha de ser cómodo hacerlo sobre un pedazo de madera– sonrió sardónico mientras acomodaba sus ropas.
— Todavía no. Quiero sentirte dentro de mi, porfavor– imploró lloriqueando, aún intoxicada por su orgasmo.
Recomponiendo su postura, se sentó a horcajadas sobre el joven científico evitando que él terminara de acomodar su pantalón. Fue colando sus manos por entre la camisa palpando la piel del pecho y sus hombros. Retomando los fogosos besos de un rato atrás, haciendo que la poca sensatez de Senku se fuera al demonio.
Sintiendo la falta de oxígeno, Kohaku dirigió su boca hacia la masculina mandíbula delineando con vaporosos besos su manzana de Adán haciéndolo tragar duro, emitiendo un grave gruñido de excitación.
Las manos del albino fueron subiendo con premura desde la cintura de su Leona ciñendo levemente sus pechos, arrancando un suspiro complacido. Bajó la delgada tela que resguardaba su considerable busto, retorciendo suavemente sus pezones oyendo su nombre en un sollozo demasiado erótico.
Acercó su boca al jugoso pecho, chupando con anhelo haciendo que Kohaku arqueara su espalda sucumbiendo al placer.
Sí seguía así no aguantaría demasiado, quería estar dentro de ella. Y su Leona también lo deseaba. Guiando su firme excitación hasta la entrada de su compañera, acariciando con ella sus pliegues haciéndola estremecer.
— S-senku, porfavor. Ya no me hagas esperar más...– pidió deseosa, con su mirada nublada por el éxtasis.
Obedeciendo la súplica, fue introduciendo lentamente su miembro disfrutando poco a poco la intrusión. Era una deliciosa sensación el solo estar así. Solo estando unidos. Rubíes y zafiros se encontraron. Dejando ver en los ojos del otro la intensidad de sus sentimientos, se besaron sellando aquel silencioso pacto.
Senku fue dando ligeras embestidas recibiendo hermosos gemidos de aprobación, lástima que su fuerza de pulga no lo ayudará mucho en este momento. Kohaku buscando complacerlo fue haciendo círculos con su cadera, subiendo y bajando en aquél exquisito intruso haciéndolo gruñir. Tratando de ir con más ímpetu en sus estocadas.
El joven científico no soportando más su culminación, bajó su mano hasta la unión de sus sexos, buscando el botón de placer de su Leona. Ella se aferró a su espalda enterrando las uñas, anunciando que estaba por llegar a su orgasmo.
Lo único que estuvo en sus oídos en ese instante fue el melódico gemido que escapó de la garganta de Kohaku. Ambos terminaron agotados, acomodando perezosos sus ropas se sonrieron cómplices. Deseando repetir una y mil noches como esta...
