El venir a esta cafetería para celebrar su primer aniversario con Kohaku fue la mejor desición que pudo tomar.

Ella estaba encantada con lo bien decorados y dispuestos que estaban los pasteles de la vitrina.

No era para menos la elegancia con la cuál los frutos estaban dispuestos en cada uno de los postres.

Él no era muy adepto a este tipo de lugares, pero quería algo diferente de solo ir a comer ramen al restaurante de siempre o pasar el rato en la casa de alguno de los 2.

Para el postre, Senku eligió a probar el tiramisú mientras que Kohaku eligió un parfait de chocolate decorado en forma de gato. El entusiasmo con que degustó la rubia el postre fue digno de una pequeña de 5 años.

Habían quedado en qué no hacía falta darse regalos, pero él no pudo evitar pensar en ella cuando vio el dije que está en el bolsillo de su pantalón.

—Creo que rompí nuestro acuerdo–dijo la rubia mientras extendía, tímida, un pequeño estuche.

El joven científico sonrió con satisfacción al ver qué el estuche contenía un broche para corbata dorado con una pequeña gema carmesí en una esquina.

Extendió su mano hacia la Leona y con ternura acarició su mejilla.

Eran estos momentos en los que ambos se desconectaban del mundo.