Últimamente se estaba preguntando cómo es que había terminado enamorado de ella. Pero bien dicen que nunca sabes el "como", simplemente te das cuenta ya que estás sumergido hasta el cuello de este ilógico sentimiento.
Y ahora estaba aquí con ella descansando sobre su hombro, contemplando su rostro mientras su Leona dormía después de un arduo día de trabajo. Sabía perfectamente que Kohaku es bastante atractiva, pero jamás se había percatado lo largas y abundantes que eran sus pestañas, lo respingado de su nariz y lo carnoso de sus labios.
No podía más que maldecir a la naturaleza en este momento por el tipo de ideas que estaban rondando su cabeza. "Un cerebro enamorado no es más que una molestia" se repite mentalmente el joven científico. Pero el simplemente repetir ese mantra no impide que deje un fugaz beso sobre la frente de su Leona.
