"No debería de ser tan difícil, ¿Verdad?" Fue lo que pensó mirando el instructivo de la caja dudando un poco de llevar a cabo sus planes.

Quería sorprender a Senku haciendo unos muffins por cumplir 6 meses de novios. Sin embargo, Ruri no estaba en casa para darle el apoyo necesario. Debía darse prisa ya que le quedaban pocas horas antes de que su novio llegara.

Lo que decía en la receta sonaba bastante sencillo...

Después de hacer todo lo que decía en el empaque no podía más que maldecir a su suerte.

Sabían horrible...

Y falta poco para que él llegue...

Pensando en tirar toda evidencia de su intención, para su mala suerte, alguien llamó a la puerta. No se había percatado que era la hora acordada, rápidamente trató de esconder cualquier cosa que delatara el fallido obsequio.

O al menos eso creyó...

Yendo a abrir la puerta se encontró con unos preciosos ojos carmesí, ella de verdad se sintió mal de que no le quedaran sus pastelillos.

—Arruiné tu regalo, anunció la rubia casi al borde de las lágrimas.

El joven solo atinó a cobijarla en su pecho tratando de consolarla.

—Tranquila, Leona. No es el fin del mundo por eso, habló Senku, acariciando con ternura a la rubia.

—No soy una Leona- murmuró, todavía desconsolada- mejor entremos, pidió.

Ya dentro de la casa, Kohaku le indicó a Senku que lo esperara en la cocina en lo que iba a cambiarse de ropa. Lo que ella no se imaginó fue que él encontrará el muffin que la rubia había probado.

Se sintió bastante conmovido por el detalle.

—Es la primera vez que intenté hacerlo por mi cuenta. Ruri-nee no estaba para ayudarme, admitió la rubia, sorprendiendo a Senku que admiraba atentamente el panquecito.

El joven se puso de pie para volver a abrazar a Kohaku, colocando un tierno beso sobre su cabeza.

Se quedaron bastante rato así, solo disfrutando del contacto.