El encargo que le dejó Senku fue un poco extraño. Los planos que le dió fueron muy específicos en cuanto al tamaño y la elaboración.
Jamás había hecho algo parecido.
Eran 2 pequeños círculos que podían entrar fácilmente en los dedos, podría decirse que eran iguales pero eran muy distintos entre ellos.
También los materiales que le dejó eran bastante curiosos. Un trozo de plata y un par de piedras, una de color rojo tan intenso como los ojos de Senku y una azul que era como el color de los ojos de Kohaku.
A decir verdad, cuando estuvieron listos se veían bastante bonitos apesar de la sencillez de su diseño. Senku se vio bastante complacido de verlos.
— ¿Servirán para un nuevo proyecto científico?, preguntó el artesano.
— Está vez no, Kaseki. Estos anillos son una promesa para el futuro.
En su momento, Kaseki no entendió mucho lo que Senku quiso decir, hasta un tiempo después en qué vio que Kohaku traía uno de los aros atado con un trozo de cuero alrededor de su cuello. No contuvo su curiosidad y le preguntó directamente.
— Senku me contó que en la época moderna esto era una promesa que hacían las parejas. El me dio esto para reafirmar sus palabras, explicó la rubia ligeramente sonrojada, jugando con el anillo entre sus manos.
Agradeciéndole por la aclaración a su duda, se retiró a continuar con sus deberes. En el camino hacia el laboratorio, el viejo artesano hacía remembranza de su pasado, sintiendo la nostalgia de la juventud. Deseando con fervor que aquella promesa se cumpla.
