Esta vez me tomé la libertad de fusionar 2 temas en un solo escrito. Ya que la situación dentro de mi cabeza fue propicia para está ocasión. Espero y sea de su agrado.
También quiero agradecer a todos mis lectores fantasma y también a aquella personita que me deja Rw aunque no tiene cuenta.
Yoari-senpai, muchas gracias por tu apoyo. Al menos sé que mis clichés no son tan malos después de todo y también tengo que ponerme al corriente con tu Flufftober y dejarte tus Rw.
Después de una ajetreada semana había llegado el domingo y como era ya la costumbre de ambos, relajarse en la sala jugando videojuegos o viendo películas era tal como transcurrió el día. Hasta llegada la noche un ritual que comenzó desde que se mudaron juntos estaba por iniciar.
Aunque ya habían pasado meses desde la mudanza, a Kohaku todavía le daba cierta vergüenza estar desnuda frente a Senku. Cosa hilarante, ya que en sus momentos más pasionales eso no parece importarle en lo absoluto.
Senku había entrado primero a bañarse y como es bien conocida la costumbre japonesa, ya estaba dentro de la tina a la temperatura perfecta destensando los músculos de su cuerpo.
Era una imagen bastante tentadora el verlo con el cabello húmedo en contraste de su usual cabello erizado.
— ¿Ocurre algo, Leona?, preguntó el joven de mirada granate con una sonrisa traviesa adornando su rostro, siendo atrapada mirando a detalle a su compañero.
Negando en respuesta, bajó su mirada claramente avergonzada, la rubia prosiguió rápidamente a asearse para entrar en la tina junto a su amante.
Era bastante agradable solo estar así dentro de la tina, disfrutando del contacto con el agua caliente y del cuerpo de Senku.
Después de un rato de estar en el agua, ambos salen a vestirse. Mientras Senku estaba saliendo de lavarse los dientes, Kohaku se estaba quedando dormida sin haber secado su cabello.
— Oi, Leona todavía tienes que secar tu cabello– le susurró levemente, meciéndola con cuidado.
Gruñendo en respuesta, la joven se sentó a la orilla de la cama con los ojos entornados. Luchando por no dormirse.
Senku río suavemente ante lo adorable que se veía su Leona tratando de no cerrar los ojos.
Sacando del guardaropa una secadora pequeña, se sentó detrás de su Leona a quitar la humedad de su melena.
Mientras la secadora hacía su trabajo, Senku iba peinando delicadamente su cabellera, cuidando de no quemarlo. Era muy agradable la suavidad de sus hebras doradas.
Una vez terminada su tarea la rubia se quejó ante la fría ausencia de la secadora y se acomodó en la cama sobre su costado. Él solo sonrió con ternura de verla descansar tan relajada.
Ya en la oscuridad, abrazado a ella se preguntó cuándo sería buen momento para darle lo que dejó encargado en la joyería.
