Desde hace unos días, tal parece que a Senku no le ha salido nada bien. Los resultados en el laboratorio no son los esperados y eso lo está estresando demasiado.

Sumado a esto, Kohaku está atravesando el segundo trimestre de su embarazo, la pobre es una maraña de antojos y cambios de humor constantes. Era bastante presión para Senku tratar de mantener contenta a su Leona cuando más ocupado estaba.

En esa misma semana se tenía programada la junta directiva para mostrar los avances en su investigación junto con Chrome y tenía que llevar trabajo a casa para avanzar con el papeleo. Eso a la Leona no le sentó nada bien.

—Solo te importa el trabajo, ya no me haces caso como antes– chilló, haciendo pucheros y acariciando cariñosa su vientre.

—Leona, tranquila. Solo tengo que terminar algunas páginas y seré todo tuyo– imploró, tratando de continuar escribiendo.

— Mizuki tiene hambre, quiere comer Taiyaki con helado de matcha y no me llames Leona– dijo la rubia con brillitos a su alrededor.

—En una hora más iremos, porfavor deja que termine esto Leona– habló apretando ligeramente los dientes al borde de su paciencia.

Tal vez debió medir un poco la manera en que dijo eso último, pero desgraciadamente la presión de entregar el trabajo a tiempo no lo dejó pensar en las consecuencias.

Kohaku hundió su mirada en el piso, aguantando las lágrimas. Cuando el joven científico la oyó sollozar, puso todos sus sentidos alerta. La había cagado en grande...

Acercándose cautelosamente, temiendo haber molestado a su querida Leona.

— Kohaku está bien, tranquila. Vamos inmediatamente por lo que quieres. Pero, porfavor no llores– suplico quedo, temeroso de como podría reaccionar la rubia.

Faltando un pasó para tenerlo frente a ella, salió huyendo de la habitación. Sosteniendo en gesto protector su vientre y llorando a moco tendido.

Senku, sintió que el mundo se le vino abajo de ver llorar de esa manera a su Leona. Siguiendo sus pasos hasta la habitación que compartían se percató que Kohaku se había encerrado en el baño.

Tocó con suavidad la puerta para no irritarla más. Silencio fue lo que recibió en respuesta.

—Leona porfavor, abre la puerta.

— Vete a la mierda, Senku. No me llames LEONA. Yo no te importo, ni tampoco Mizuki. Todo lo que te importa es el trabajo, déjame en paz– rugió furibunda, sobresaltando al joven de orbes granate.

Suspirando derrotado, se fue de regreso a su estudio para continuar su papeleo.

Un rato más tarde, habiendo terminado con su faena. Se puso a pensar si era buen momento para ir a reconfortar a Kohaku e ir por su helado

Tal fue su sorpresa encontrar a su esposa afuera de su despacho con rostro compungido. En cuanto ella alzó su mirada se lanzó a abrazar a Senku, apretujando sin cuidado a su marido llevándolo al borde de la asfixia.

—¡No te vayas Senku, prometo que te dejaré trabajar y que me voy a portar bien. Porfavor no te vayas!– gritó en medio de sollozos, moqueando por completo la camisa de su cónyuge.

—Leo-na... m-e es-tran...– articuló con esfuerzo sintiendo como su alma salía de su cuerpo.

— Que dices... ¡Oh por todos los dioses, perdóname Senku!– aulló la rubia, soltando rápidamente al científico. Dejándolo respirar.

Abanicando para que pudiera respirar más holgadamente se dió cuenta de que estuvo a punto de dejar sin padre a su bebé, comenzó a llorar de nuevo.

— ¿¡Pasa algo Leona. Le ocurre algo al cachorro!? ¿Que tienes?– acercándose, abrazando tiernamente a su mujer.

— Y-yo q-quería que fuéramos juntos a comer helado. ¿Ya no estás enojado?– respondió haciendo pucheros con una mirada afligida.

— Nunca estuve enojado, ven, vamos por tu helado. ¿Sí?– tomando su mano, acariciando dócilmente con su pulgar.

Eran estos momentos en se daba cuenta que de verdad amaba a su Leona. Era una montaña rusa de emociones y no se iba a cansar fácilmente de ello...