—Bien, esa fue la última caja– anunció la joven de orbes lazurita, terminando de sacar sus pertenencias.

—Genial, Leona. Ahora hay que pensar que vamos a cenar– respondió, estirándose el joven científico, bastante agotado por mover todas esas cajas.

...Hoy, un nuevo ciclo comenzaba en sus vidas. El mudarse juntos marca un antes y un después en su relación...

— ¿Vamos por ramen o se te antoja algo diferente?— respondió la rubia desde el fondo del departamento.

Desplomando su cansado cuerpo sobre el sofá de la estancia, Senku resiente el duro trabajo del cambio de domicilio. Acomodando su cuerpo a lo largo del mueble, sopesa la idea de ordenar comida en lugar de salir.

Sentía los párpados bastante pesados, apesar de haber tenido mucha ayuda para la mudanza, él estaba muy cansado.

— Ordenaré ramen. ¿Quieres el extra grande o el grande y quieres gyozas para acompañar?– respondió, con el suficiente volumen para que ella lo escuchara desde ahí.

— Pide ambos, me muero de hambre. Y también pide postre, porfavor– replicó, entrando a la habitación sosteniendo su estómago.

Mientras él ordenaba la cena, ella buscó asiento en el reposabrazos vacío del sofá.

...Ya habían estado solos muchas veces, pero está vez no tendrían que ir cada quién a casa...

Dejando su teléfono a un lado, fijo su mirada sobre ella. Admirando como subía los pies al mueble, abrazando sus piernas.

Sus miradas se encontraron y se observaron cálidamente en un cómodo silencio.

—Hola.

—Hola, te ves cansado.

— Estoy hecho una mierda, pero no me quejo.– explicó el joven de ojos granate, sonriendo sardónico– Ven aquí.– pidió a la rubia haciendo un espacio junto a él en el sofá.

Recostando cómodamente su cuerpo junto a él, hundió su rostro en su pecho, disfrutando del aroma que ofrecía la figura de su compañero.

— Sí nos quedamos así, nos quedaremos dormidos– manifestó Kohaku. A sabiendas de que el repartidor podría quedarse largo rato tocando la puerta.

— Tienes razón, solo será un momento. Además dudo que con tus hacks de salud infinita te quedes dormida– replicó el joven científico, descansando sus orbes carmesí.

— Podría quedarme dormida aquí, es bastante acogedor– mencionó, pegando más su cuerpo a su acompañante, ronroneando de puro gusto.

...Cuando estoy junto a ti me siento tan pleno, al sentir mi mano enlazada a la tuya, todas mis energías se restauran...

E irremediablemente, ambos se quedaron dormidos esperando a la llegada de la cena. La primera cena viviendo juntos...