Si de joven alguien le hubiera dicho que la escena frente a él iba a ser parte de su vida, no lo habría creído en lo absoluto.

Delante suyo, estaban Kohaku y su hija Mizuki tratando de dar sus primeros pasos. Hacía poco había alcanzado los 11 meses y ya lograba quedarse de pie por instantes desde hace unos días. Era una pequeña bastante curiosa por su entorno y desde que aprendió a gatear tenían que estar más al tanto de ella.

Antes de que naciera su "cachorro", los bebés eran un mundo bastante desconocido, aunque sabía cómo y cuando debía llevarse a cabo su normal desarrollo. Era algo muy distinto ver cómo su propia descendencia iba alcanzado cada etapa satisfactoriamente.

Mizuki era una pequeña bastante empeñosa, hace un par de días había comenzado a tratar de ponerse de pie sola y su ceño arrugado solo hacía que se viera igual a él cuando estaba concentrado. Kohaku solamente se la pasaba tomando fotos y video para jamás olvidar estos momentos.

Hoy ya logró quedarse de pie, pero el temor a perder el equilibrio solo hace que ella gire lentamente su cabeza para observar lo que tiene a los lados. Al ver la sonrisa de su madre aplaudiendo por haber llegado tan lejos, le imita y el brillo de sus orbes violeta le hace derretirse de amor por su pequeña, su bebé...

La pequeña le observa desde el medio de la sala y le sonríe, balbucea, le pide que la cargue abriendo y cerrando los puños mientras lo llama para que se acerque y la mime.

Al acercarse para poder abrazar a su mini-leona, ella dio un diminuto y tembloroso paso, haciendo que se congelara en su sitio mantenimiento los brazos abiertos para atraparla en caso de caer. La pequeña risueña dio otro y otro paso más pero más grande fue la emoción de Senku por abrazar a su bebé que otra cosa. Él no podía ser más feliz.

Si de joven alguien le hubiera dicho que su futuro iba a ser de este modo, no le hubiera creído en lo absoluto.