Desde la derrota del Whyman se comenzó con la reconstrucción de las ciudades y con ello los centros comerciales. A los aldeanos les impresionaba de sobremanera ver los escaparates con curiosidades y enormes tiendas departamentales con objetos que jamás imaginaron que pudiesen existir.
Una de las cosas que a Kohaku le gustaba mucho hacer era ir a curiosear las vitrinas del nuevo Nanamimart.
— Mira, mira Senku ¿Que es esto?– inquirió la rubia, sosteniendo entre sus manos un abrelatas y un descorchador.
— Eso Leona es un abrelatas, sirve para abrir las latas como las que hicimos con Xeno. Aunque esas tenían abrefácil y ese metal retorcido sirve para abrir botellas de vino– explicó el joven científico pacientemente.
Habían venido al Nanamimart a comprar algunas gavetas, la despensa y objetos varios ya que a Kohaku le gustaba llevarse las cosas que llamaban su atención a pesar de no entender del todo para que servían.
Era muy agradable ver cómo se divertía haciendo algo tan normal como hacer las compras. Llegando al área de juguetería era como ver a una niña pequeña totalmente emocionada.
Esperando a que ella regresará de ver si algún juguete era de su interés. Senku se quedó esperando a un lado de una enorme tina llena de peluches de animales varios. De entre todos esos pequeños y felpudos mamíferos había un pequeño león. Parecía que esté pequeño felino lo miraba atentamente, llamando su atención.
Tomó al diminuto león entre sus manos y acomodó su erizada melena con sus dedos. Era bastante suavecito, por un momento le recordó a Kohaku. Sonrió ante la imagen de su Leona llevando entre sus brazos al pequeño mamífero.
Definitivamente era una compra que no podía faltar. Poniéndolo junto a las demás compras el joven científico fue adelantándose a pagar. Ya Kohaku lo alcanzaría en las cajas después...
