Con la llegada del invierno, se detuvieron con la construcción del Perseo. Ya que era un poco difícil estar en el sitio donde lo estaban construyendo y soportar el intenso clima frío. Así que todos en la aldea Ishigami incluyendo los despetrificados se agazaparon dentro de sus chozas esperando a que llegara la primavera.
Entre tanto, Senku estaba solo en su laboratorio ideando nuevas manera para —estafar– obtener dinero de Ryusui.
Kohaku estaba en la cocina acondicionada para Françoise, observando y deleitándose con el aroma de lo que estaba preparando el eficiente chef.
— ¡Mmmhmm! Eso huele delicioso Françoise, ¿qué es?– preguntó embelesada por el delicioso aroma que desprendía la cacerola.
—Esto es Glühwein, Kohaku-sama– respondió solemne el chef.
—¿¡Gluiu-qué!? Suena muy raro pero huele delicioso– habló la rubia, ansiando probar aquella bebida.
—Lo hice con vino tinto, algunas especias y un toque de cítricos. Debido al clima que hace, esta bebida viene siendo el remedio perfecto, Kohaku-sama– explicó el mayordomo, extendiendo una taza de ese agradable aroma.
Tomando con cuidado la humeante taza, Kohaku sopló para enfriar un poco el brebaje y bebió un sorbo, sintiendo como se deslizaban los sabores por su garganta, apreciando la calidez que se iba extendiendo por su cuerpo.
— Esto está delicioso, Françoise. ¿Podrías darme un poco para llevarle a Senku, porfavor?
— Me alegra mucho que sea de su agrado. Enseguida lo sirvo, Kohaku-sama.
El mayordomo dispuso en una charola 2 tazas de aquél cálido licor, indicándole a la rubia que debía llevárselo rápido ya que iba a enfriarse. Afortunadamente la cocina no estaba muy lejos del laboratorio. Entró con cuidado para no tirar las tazas y no molestar a Senku.
— ¿Qué sucede, Leona?– preguntó el joven científico sin levantar la vista de sus planos.
—Te traje esto, lo hizo Françoise. Y no me llames Leona– manifestó Kohaku extendiendo uno de los tarros, dejándola cerca del científico.
Senku levantó la vista, lleno de curiosidad por el aroma que emanaba de la taza. Acercando a su boca el recipiente, dando un sorbo a su contenido.
— Françoise siempre me sorprende con sus habilidades, justo lo que necesitaba. Hace un frío de mierda.– dijo el albino, tomando con ambas manos su taza para calentarlas.
— Me alegra mucho que te guste. ¿Qué estás haciendo esta vez? – interrogó, observando con interés los planos sobre la mesa.
Señaló un punto cerca de la mano de Senku, rozando la piel de su dorso. El contacto no pasó desapercibido por el científico y se aventuró a tomar la mano de Kohaku.
La guerrera casi suelta su taza por la sorpresa, no esperaba que él fuera a responder su discreto llamado de atención.
— Gracias por la bebida, de verdad lo necesitaba– agradeció a la rubia, acariciando su mano con el pulgar.
— N-no me agradezcas a mí, si no a Françoise– respondió algo sonrojada, sin tratar de evitar el contacto.
El científico soltó su mano lentamente y pidió que tomara asiento junto a él. Mientras le explicaba lo que había planeado para la llegada de la primavera, le iban surgiendo dudas sobre cosas que no había escuchado nunca. A lo que él respondía pacientemente y con detalles para que ella le entendiera.
Así se pasó la noche hablando de cosas sin importancia, pues lo único que ellos deseaban era estar en compañía del otro.
