Desde que se conocieron, las sesiones de estudio entre ellos cada fin de semestre eran constantes. Muchas de esas veces, no se dedicaban solamente a estudiar. Los besos de recompensa por responder correctamente se volvieron más demandantes de un momento a otro. Entre esos besos húmedos había necesidad de llegar más lejos, pero alguno de los dos debía de mantenerse impasible.

— Es suficiente, Leona. Debes seguir estudiando, mañana es tu examen de Química– ordenó Senku tratando de regular su respiración.

— He respondido bien todas tus preguntas, puedo pasar el examen con lo que sé– rebatió Kohaku ocultando su rostro sobre el pecho de su acompañante.

— Sabes que no podemos ir más allá, tu hermana o tu padre podrían llegar– advirtió el joven de orbes granate, temiendo ser atrapado en el acto.

— Ruri-nee no va a llegar temprano y papá está de viaje de negocios. Pero está bien si no quieres– habló la rubia, un poco decepcionada de que su novio no quiera ir más lejos.

Senku sabía que quería estar con ella, siempre lo supo, desde que se conocieron. Su Leona siempre estaba presente en sus pensamientos, pero no quería herirla o no ser lo que ella esperaba. Él también quería más.

Tomó la barbilla de la rubia para mirar aquellos hermosos ojos lazurita, para preguntar con su mirada si estaba segura de querer hacerlo.

No había dudas en sus ojos, solo lo que había en ellos era su reflejo. Solo él estaba en ellos.

Fue tocando con suavidad todo su cuerpo, observando sus reacciones. Desnudándose mutua y lentamente. Descubriendose el uno al otro.

El despertó después de un rato dándose cuenta que ya era de madrugada. Kohaku estaba dormida, abrazada a su costado. Era una sensación muy distinta el estar así, le hacía sentir completo, como si estuviera en casa.