Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.
~Predestinado en otra vida.~
(Día 15. Almas gemelas.)
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—Yo no puedo ver nada… es… extraño. —la mujer prácticamente tartamudeó anonadada, reorganizando una vez más las cartas que tenía esparcidas sobre la mesa.
Senku frunció el ceño con apatía, preguntándose en qué momento decidió perder el tiempo de esta manera y cómo mierda se dejó convencer por Taiju de esta estafa.
Porque es lo que era después de todo: una estafa y una pérdida de valioso tiempo.
—Claramente no puede ver nada porque no existe tal cosa como predecir el futuro a través de la lectura de cartas —siseó Senku con arrogancia y un tinte despectivo en su tono debido a lo verdaderamente absurda que era la premisa—. No hay base Científica y comprobable para esta tontería.
Ugh, él realmente detestaba asuntos de esta índole, la Pseudociencia como su mayor némesis.
—¡Pero Senku! Ella acertó en todo lo que me dijo… incluso con lo de Yuzuriha. —Taiju, quién hasta entonces se limitó a escuchar con atención todo lo que la mujer predijo, replicó.
Las mejillas del grandulón se tiñeron de rosa al recordar las palabras exactas que describieron a Yuzuriha como la chica de la que él estaba perdidamente enamorado y como su alma gemela en esa vida y en todas las anteriores.
Entonces, no hubo error ni engaño en las palabras de la anciana. Pensó.
—Y por supuesto que lo hizo gracias a los audibles gritos que estabas dando desde afuera despotricando sobre Yuzuriha. —Senku se llevó el meñique al oído mientras estrechaba la mirada en un gesto acusatorio a su amigo.
Con el nivel de decibeles en la voz de Taiju fue inevitable que todo Japón se enterara de sus sentimientos por Yuzuriha… bueno, excepto por la chica en cuestión, claro estaba.
Taiju parpadeó avergonzado por ser tan obvio, pero aún así, se negó a creer en las palabras de Senku. Esta amable y encantadora anciana no podía ser una charlatana.
—No, creo que no me has entendido… puedo leerte fácilmente, tu pasado y tu presente, pero el futuro es algo muy confuso e indescifrable que las cartas no alcanzan a mostrarme —La anciana prosiguió, aún confundida por su limitada capacidad de lectura en la vida de ese arrogante joven—. Está claro que las cartas dicen que algo grande te depara el futuro… sin embargo lo que me preocupa es lo confusa que es en el ámbito del amor.
¿Amor? Senku tuvo la imperiosa necesidad de reír ante tal comentario absurdo. Los sentimientos eran la última cosa en su lista de asuntos indispensables y necesarios.
Porque los sentimientos como el amor o la atracción romántica eran irracionales y problemáticos. No podían ser medidos ni estabilizados… no eran confiables como lo era la Ciencia.
—El amor es algo que no me interesa ni un milímetro, un cerebro enamorado no es más que un problema ilógico e innecesario. —Senku fue tajante al respecto.
Nada, mucho menos algo como el tarot y la adivinación le harían cambiar de parecer ¡Por favor!
—Es lo que piensas ahora, pero es algo que cambiará cuando encuentres a tu alma gemela.
—Estoy seguro al diez mil millones por ciento que eso no pasará. —Senku no pudo catalogar el atrevimiento de esa anciana más que como algo bastante risible.
La mujer negó con la cabeza ante la actitud hosca y altanera de ese joven, un verdadero incrédulo que tarde o temprano se tragaría sus propias palabras.
—Al menos no en esta vida, ya que tu alma gemela aún no ha nacido… —este fue el detalle confuso en todo el asunto, fue muy claro que había alguien para ese molesto y arrogante chiquillo, sin embargo el cómo o el cuándo no estaban del todo claro—. Pero lo hará y entonces su encuentro será inevitable y ambos se complementarán el uno al otro.
—Qué tontería —desestimando las palabras de la anciana, Senku le dió la espalda y con una última mirada de soslayo a Taiju, caminó hacia la entrada de ese molesto puesto de adivinación al que el grandulón prácticamente lo arrastró—. Me largo a casa, no voy a seguir perdiendo el tiempo en charlatanerías cuando tengo un proyecto en el cual trabajar.
Con un último gesto de su mano para despedirse de Taiju, Senku se alejó del lugar para regresar a casa y retomar sus investigaciones sobre las golondrinas petrificadas encontradas alrededor del mundo.
No estaba seguro de la naturaleza del fenómeno pero tenía la certeza de que tenía una explicación lógica y científica, entonces sería él quién encontrara una respuesta a tal enigma. Porque la ficción no podía ganarle a la Ciencia y el misterio de la petrificación parecía algo sacado de la ficción.
No, él no se daría por vencido y mucho menos se llenaría la cabeza con basura esotérica, ni siquiera valía la pena tomar en cuenta las palabras de una anciana charlatana.
¿Alma gemela? Por supuesto que no en esa vida ni en ninguna otra.
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Cuán equivocado estaba en aquél entonces y fue ahora, 3700 años después cuando la verdad llegó a él.
Fue quizá la última oportunidad que tenía en esta vida; un paseo nocturno, la excusa perfecta para poder hablar un momento a solas fuera del alcance de los demás.
—¿Tienes idea de lo que te espera ahí afuera? —Kohaku susurró, sin apartar la mirada del impresionante cohete que tenía frente a ella.
El cohete que les llevó cuando menos un par de años elaborar desde que Senku decidió que enfrentarían al Whyman en su territorio. En retrospectiva, el tiempo se redujo a nada desde entonces.
—Quizá mentiría si te dijera que sí, pero las probabilidades apuntan a una sola cosa. —Una tenue sonrisa se formó en el semblante de Senku ante la mención de la batalla contra el Whyman.
Ella lo sabía mejor que nadie, lo que aguardaba en la Luna no fue sólo la promesa de libertad de toda la humanidad, sino también la incertidumbre y quizá, el destino cruel que sólo un verdadero guerrero que lucha por sus ideales puede tener.
Y ella realmente admiró a Senku por su coraje en esta batalla.
Sin embargo Kohaku en esta ocasión no pudo ser más que una simple observadora, y tener cuando menos un gramo de fe en toda esta situación.
El silencio se instaló mientras ambos observaban el imponente cohete ensimismados en sus propios pensamientos. Poco importó ya el aire gélido que golpeó sin piedad cada centímetro de piel.
—Taiju me contó algo una vez —la breve conversación con el grandulón vino a la mente de Kohaku en un fugaz recuerdo distante—. Me dijo que desde niño, tu sueño siempre fue viajar al espacio.
Por una fracción de segundo Kohaku pudo imaginar a una versión más pequeña de Senku trabajando en sus prototipos, tal como Taiju lo describió. Su tierno rostro iluminado por esa chispa de entusiasmo y genuino amor por el conocimiento.
—Ah, cumplí ese sueño en aquél entonces —Senku la miró de soslayo con una socarrona sonrisa de suficiencia—. O al menos parcialmente.
—Me contó que fabricaste un pequeño cohete y enviaste al espacio unos muñecos que Yuzuriha confeccionó.
El no puede estar más orgulloso de ese logro, un pequeño paso antes de toda esta aventura… y ahora, Senku tiene ante él la culminación de todos estos años de arduo trabajo, esfuerzo y sacrificio.
El más grande logro de su vida… el destino que aguarda con incertidumbre.
Su destino… este futuro donde se prepara para algo realmente grande e importante.
Senku sintió la necesidad de reír al rememorar esas palabras, las mismas que esa anciana a la que alguna vez tildó de charlatana le profirió en el puesto de dudosa reputación al que Taiju lo arrastró durante un festival.
Cuán estúpido podía sentirse ahora, más aún su orgullo como Científico.
—Yo… —Kohaku vaciló ante lo que estaba a punto de decir, sin estar segura de la reacción de Senku—. Independientemente de lo que suceda, yo te esperaré toda una vida si es necesario.
Senku emitió un audible suspiro de resignación, en realidad esperó ser él quién diera el paso definitivo en esa extraña y confusa relación en la que ambos estaban involucrados desde hacía ya un tiempo.
No pudo saber con certeza desde cuando las miradas compartidas, los gestos, los toques, las charlas y la cercanía cobraron un significado diferente al de la camaradería.
Casi inconscientemente Senku acercó el dorso de su mano para rozar el de ella, una suave caricia al principio que después se abrió paso con la intención de entrelazar sus dedos, encajando a la perfección. Kohaku lo aceptó, disfrutando de la calidez que la palma de Senku tenía para ofrecer y también, del agradable cosquilleo en su estómago.
Deseó que ese momento jamás llegara a su fin.
—Tonta, voy a regresar… no pienses que podrás deshacerte de mí tan fácilmente, Leona.
Tras descubrir accidentalmente en lo que Chrome y Suika estaban trabajando, Kohaku tuvo al menos un atisbo de esperanza en toda esa situación. Ella confió en que ambos traerían a Senku de vuelta a ella.
No hubo nada que deseara más que eso.
Armándose de valor, Kohaku hizo lo que hasta ese momento no fue capaz de hacer. Miró a Senku y llevó su mano libre a la mejilla del científico para acunarla, dándole una breve pero suave caricia con el pulgar antes de acercarlo lentamente hacia ella para unir sus labios en un casto y emotivo beso, transmitiéndole así todos los sentimientos reprimidos que albergaba en su corazón y que no se atrevió a pronunciar por temor al rechazo.
Se sorprendió gratamente cuando Senku le correspondió con la misma intensidad y dejó ir su mano para envolverla en un abrazo con el afán de acercarla aún más a él si es que eso era posible. Acunó el rostro de Kohaku, acariciando su mejilla con la delicadeza que no sabía que era capaz de tener.
Duró apenas un latido antes de que ambos se separaran y Kohaku escondiera el rostro en el pecho de Senku, totalmente ruborizada por su atrevimiento y por la manera en la que él le correspondió.
—Te amo. —ella susurró, afianzándose con fuerza a él como si temiera que al momento de soltarlo pudiera desaparecer.
—Si sigues apretándome así, me vas a partir a la mitad, Leona. —aun así no la apartó.
—Realmente eres un experto en matar el momento.
Senku sabía a la perfección lo que ella quería escuchar, y de alguna manera, quiso hacerle saber a Kohaku que estaban en la misma página.
—No es como si no supieras mi respuesta, ten la seguridad en un diez mil millones por ciento de que me he convertido en un hombre completamente ilógico por tu culpa.
Fue tan increíble como inesperado, sus palabras sólo confirmaron lo que él ya sabía.
Y Senku no pudo más que sostenerla en sus brazos por lo que pareció la eternidad misma.
¿Cómo se había enamorado así de esa Leona? Nunca lo sabría.
Fue ilógico e inverosímil.
Entonces, de nueva cuenta las palabras de la anciana resonaron en la mente de Senku y sólo entonces, mirando a la mujer que tenía entre sus brazos fue capaz de concederle en parte algo de razón.
No, Senku nunca creyó en las tonterías de las almas gemelas en el pasado y no podría asegurar que algo como eso existiera realmente más allá de un romanticismo infundado de la sociedad.
Pero tras conocer a Kohaku ¿Fue eso acaso el encuentro predestinado anunciado en el pasado?
Ella era ese algo que no sabía que estaba buscando y aún así terminó encontrando sin querer.
Ella era su amiga, su compañera, la guerrera que luchó a su lado sin dudar ni un segundo, ella era la testaruda chica de la que se había enamorado, ella era su Leona.
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Fin.
N/A:
Estaba en conflicto con este tema porque quería hacer un AU con el cliché de las almas gemelas pero también algo en el universo del manga y al final salió esto XD
No es lo que esperaba pero estoy un poco conforme u.u
Disculpen los errores que esto pueda tener, la Yoari irresponsable dejó todo para última hora (como siempre) y se la pasa escribiendo los temas en la noche y la madrugada del día correspondiente, hoy no fue la excepción aún sabiendo que tenía que salir de viaje y que sólo iba a dormir hora y media XD cualquier error de dedo o sin sentido es porque está un poco atarantada por la falta de sueño :v
En fin, espero fuera de su agrado y les agradezco un montón la oportunidad que le dan a esta colección :3
Mil gracias y perdón por subir esto algo tarde, recién llegué a casa y actualicé n.n
Nos vemos en el siguiente tema ;)
