Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

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I. La Ignorancia es la bendición de los mortales.

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— ¿Pero qué ha hecho, Mi Señor? —la horrorizada voz cortó el silencio de la noche.

Senku volcó su atención al intruso y miró directamente a los incrédulos ojos ceniza de su sirviente, Asagiri Gen correspondió a dicho gesto con sospecha y algo que Senku catalogó como un atisbo de tristeza.

Fue entonces que la parte consciente de su mente viajó a través de la oscuridad de la noche y emergió ante él como el espectro aterrador de una aparición, un golpe de total realidad que le dejó sin aire.

Senku echó la cabeza hacia atrás para observar lo que tenía estupefacto y atónito a Gen: un cuerpo frío bañado con el vestigio de una masacre.

Sin ser realmente consciente de lo que estaba haciendo, Senku dejó caer su arma con el eco de un ruido sordo que rápidamente reverberó por las paredes de esa habitación.

— ¿Lo has...? —Gen no se atrevió a terminar la cuestión por el temor a una respuesta más que obvia.

Y Senku sólo se atrevió a dignificar dicha cuestión no formulada con un avasallador silencio.

Casi por inercia, se llevó una mano a la mejilla y limpió el rastro de sangre con el dorso, fue entonces que la verdad se hizo tan palpable como el líquido carmín que manchó sus palmas.

El color de la muerte, la deshonra y la vergüenza.

—No tuve opción —no titubeó al respecto—. Tenía que hacerlo.

A pesar del poderoso motivo tras el crímen, el acto en sí mismo le produjo un sentimiento de rechazo y confusión a Senku. El asesinato fue despreciable, sucio e inmundo.

¿Qué había hecho?

—No hay tiempo para explicaciones —Gen se precipitó ante él—. Debe salir de aquí antes de que alguien se dé cuenta. —no se atrevió a levantar la cabeza para mirarlo directamente, pero sus palabras fueron tan contundentes como sinceras.

A pesar de todo, el instinto de lealtad en Gen se mantuvo inalterable para su señor, le debía tanto a Senku y al Clan Ishigami en sí. Pero por sobre cualquier sentimiento de deber, para Asagiri, Senku Ishigami era un amigo incondicional.

—Salga de aquí de inmediato, asumiré la culpa por la muerte de uno de los hombres del consejero. —A pesar de la sonrisa esbozada, Gen mantuvo un tono sereno que rayó casi en una genuina solemnidad.

Tal acto de lealtad tuvo un impacto en Senku. Él no esperó que Gen hiciera tal ofrecimiento, al menos no a un asesino.

¿Huír? No, no lo haría, no huiría. Porque si lo hacía, el castigo sería mucho peor. Senku era el único responsable de la muerte de ese miserable sujeto y como tal, afrontaría las consecuencias.

—Gen. —El nombre fue más bien el sonido de una advertencia implícita.

Al ver la clara determinación de Senku en asumir la culpa por el crimen, Gen abandonó cualquier rastro de solemnidad tan propia en él. Asagiri sólo pudo comparar dicha honorabilidad en su señor con la de Byakuya Ishigami, el padre de Senku y antiguo líder del Clan para el que ahora servía.

Si hubiese alguien por el que Gen se atrevería a meter las manos al fuego sin dudar, ese alguien sería Senku. No entendía los motivos tras el hórrido crimen, pero Asagiri estaba seguro que aquel desdichado hombre había sido el culpable directo para desencadenar ese fatídico final.

Senku se caracterizó por ser alguien lógico y calculador, jamás violento sin razón.

Gen se postró ante él en un vago intento de una desesperada súplica para que Senku aceptara su ofrecimiento, si tal acción podía hacer cambiar de opinión al hombre, entonces valía la pena dicho intento si con eso lograba preservar la vida de su señor.

La vida que Byakuya Ishigami luchó por mantener durante todos esos años.

— ¡Deténganlo!

Demasiado tarde.

Tres hombres apresaron a Senku, quien sorprendentemente no se opuso al ultraje, sin réplicas o forcejeos de su parte, sólo un semblante estoico de resignación.

Un hombre se unió a la escena imponiendo su presencia frente a Senku. El sujeto lo inspeccionó de arriba hacia abajo con cierto aire despectivo brillando en su mirada.

— ¿Qué tienes que decir en tu defensa Ishigami Senku?

—Yo lo asesiné. —respondió resuelto y sin temor.

¿Cómo negar lo evidente? El arma era suya y la sangre en su rostro era del hombre sin vida que yacía postrado a su lado.

—Has atacado a uno de mis hombres, Ishigami —una imperceptible y desagradable sonrisa se dibujó en el semblante del anciano—. ¿Sabes lo que eso significa, verdad? Has quebrantado uno de los principios básicos y deshonrado la memoria de tu padre, sin mencionar que has ofendido a mi Señor Soyuz, por supuesto.

El hombre en el suelo era un fiel sirviente del noble consejero, enviado por el gobernante de ese distrito. Soyuz acordó celebrar una breve reunión con el líder del Clan Ishigami para dejar en claro los últimos detalles estratégicos de los soldados del Clan antes de partir al enfrentamiento con unos invasores que aterrorizaban la ciudad.

—Estoy dispuesto a pagar por mis actos, aceptaré cualquier castigo que usted quiera darme para enmendar mi error y restaurar la honra de mi Clan, la de mi familia y la del Shogun.

Senku no levantó la cabeza en ningún momento, hacerlo frente al consejero era como faltarle al respeto al propio gobernante, Ibara era conocido como la mano derecha al ostentar un título de poder casi tan alto como el del propio Shogun.

—Pagarás tu ofensa de la única forma posible. —El noble llevó su mano hasta su cintura, palpando a tientas la fina empuñadura de su katana.

Ibara enmendaría la acción de ese criminal con la pena capital propia, expiando dicho pecado con el filo de su arma arrebatándole la vida tal como el noble lo hizo con uno de sus hombres.

El titilante brillo del arma captó la atención de los presentes, alzándose y sobresaliendo del fino ropaje del consejero. En apenas una fracción de segundo, el arma se posicionó a un costado de la garganta de Senku con la intención de dar la primera y última estocada.

— ¡No lo haga, mi señor! —Gen se interpuso entre Senku y el arma del noble, asumiendo una reverencia como una clara señal de súplica.

El filo de la hoja se detuvo justo a tiempo antes de tocarle un solo cabello a Gen.

Casi indignado, el consejero retiró su arma para escuchar lo que el sirviente tenía que decir.

—Apártate Gen, es una orden. —Senku siseó desde su posición.

Dicha orden sólo hizo que Asagiri se aferrara más a su decisión.

—Estoy seguro de que Mi Señor Ishigami tuvo una razón poderosa para cometer asesinato. —Cualquier cosa, lo que fuese para justificar la muerte del desdichado hombre sería bienvenida.

Pero Senku se negó a cooperar.

El noble sonrió frívolamente ante las valientes palabras del sirviente, los oscuros y penetrantes ojos de Ibara observaron a Gen en busca de alguna debilidad, algo que delatara el atisbo de una desesperada mentira.

— ¿Entonces cuál es su historia? —preguntó, mirando ahora directamente a Senku a los ojos.

¿Qué opción tenía? Senku exhaló con resignación antes de hablar:

—Es el asesino de mi padre. —Era él, lo supo de inmediato en cuanto el soldado atravesó las murallas del palacio.

El hombre cuya arrogante sonrisa identificó como el mismo que atravesó el pecho de su padre en aquel ataque al palacio años atrás. El soldado que se sirvió del gozo y satisfacción al ver a Byakuya agonizante en el frío suelo mientras la vida se le escapaba de las manos al intentar proteger a Senku.

Ahora que la verdad aplastante salió a la luz, Gen rectificó con mayor convicción su deseo de no dejar morir a Senku. La mancha carmín en sus manos era una señal inequívoca de la justicia y un intento desesperado por vengar la memoria de su padre.

Asagiri se congeló al ver las facciones en el rostro de Ibara, no sólo era espeluznante sino también era inflexible.

—Entonces que la palabra de honor a su padre sea su sentencia —su tono fue gélido. Ágil, tronó los dedos para dar la orden explícita de llevárselo. El confinamiento sería su castigo y la muerte su destino—. Y para demostrar mi amabilidad y agradecimiento con el Clan Ishigami, te concederé el privilegio de acompañar a tu señor durante la ceremonia. —esta vez se dirigió directamente a Gen.

Después de todo, Ibara se consideró un hombre misericordioso.

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Algo se aferró a ella y unos segundos después el filo de un arma se instaló a un costado de su garganta.

—No te muevas porque no dudaré en cortarte. —la voz cargó más que una simple promesa y la amenaza fue más que contundente.

La aprehensión cobró mayor fuerza cuando él trató de aprisionarla.

—Será mejor que te apartes de mí, o no me contendré en hacerte retroceder a la fuerza. —La mujer devolvió de igual manera sin un ápice de vacilación en su tono de voz.

Era un hombre, ella no tuvo la menor duda. Un humano estaba tentando su suerte al amenazarla y sostenerla de semejante manera. Bien, entonces aceptaría el reto sin medir las consecuencias de lo que esto pudiese ocasionar a la frágil existencia de ese ingenuo mortal.

En una mísera fracción de segundo los papeles se invirtieron cuando la mujer golpeó a su atacante, ella lo miró con arrogancia desde su posición, observando apreciativamente cómo la patética criatura yacía en el suelo hecho un ovillo y revolcándose de dolor.

De acuerdo, le dio una advertencia previa que él simplemente en su arrogancia ignoró.

Senku sólo pudo admirar con escepticismo a la causante de su situación: Una mujer que no era más grande que él, y que además estaba inmovilizándolo con el peso de su cuerpo y la fuerza de sus manos.

— ¿Pero cómo? —gruñó al sentir que estaba prácticamente paralizado de pies a cabeza.

—Te lo advertí. —Ella estrechó la mirada aguamarina en él y fue suficiente para dejarle ver cuán verdaderas habían sido sus palabras.

No hubo réplica alguna del hombre, lo único que salió de la boca del sujeto fue un sonoro gemido de dolor acompañado de una mueca que logró descomponer su semblante. Y después de eso, un completo silencio y la falta de forcejeo.

¿Lo había matado?

Imposible. La fuerza aplicada era inofensiva y no causaría la muerte a un mortal, quizá lograría aturdir e inmovilizar al humano el tiempo suficiente para retenerlo, pero nada más.

Guiada por su innata curiosidad, se acercó al hombre de extraña cabellera y se arrodilló para observar mejor. Notó en él pequeñas manchas de un tono carmín y ella supo que no podría ser otra cosa que Sangre. Rastros de sangre que comenzaban a secarse en la tela de su Kimono.

Pero se dijo a sí misma que ella no fue la causante de dichas manchas.

Otro quejido escapó del sujeto, confirmando a la mujer que él no estaba muerto.

La mano del hombre se afianzó al arma con el que minutos atrás se atrevió a amenazarla tan descaradamente; miró al humano de pies a cabeza y se percató de que las manchas de sangre se ubicaron estratégicamente en algunas zonas del cuerpo, una clara señal de que sus heridas no eran casualidad sino que quien quiera que lo hubiera atacado tenía la intención de acabar con él.

— ¿Qué te sucedió? —susurró con curiosidad, pero no obtuvo nada más que silencio.

En un vago intento por obtener la respuesta que buscaba para saciar su curiosidad, pateó deliberadamente y sin un ápice de delicadeza la cabeza del hombre. No obtuvo más que otro sonoro gemido de dolor.

Quizá esa no era la manera correcta de obtener lo que quería. Pensó.

No obstante, una cuestión atajó su mente tras la leve punzada de culpa que sobrevino al percatarse del malestar del hombre. Ella era una diosa y se suponía que su deber era procurar el bienestar de los hombres, no infringirles dolor.

¿Qué haría con él ahora?

Podría abandonarlo a su suerte en aquel lugar, no conocía las intenciones del mortal al abordarla de semejante manera con espada en mano tan dispuesto a amenazarla.

¿Era lo correcto entonces? Abandonar al humano para que muriera ahí mismo pareció incluso algo despiadado.

—Eres una desgracia. —auguró, segura de sus palabras y con una mala mirada estrechándose hacia el desconocido.

Pero tomó una decisión cuando rodeó al hombre hasta situarse a sus pies, lo pateó una vez más para corroborar su estado antes de afianzar cada extremidad entre sus manos para comenzar a jalarlo hasta un lugar seguro.

Fue difícil y la suciedad del suelo hizo difícil la tarea.

Frustrada, no le quedó de otra más que cargar al desdichado e inconsciente humano sobre el hombro hasta un pequeño templo en las profundidades del bosque.

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Senku abrió los ojos cuando el sonido apagado de los pasos resonaron por el suelo de madera, se preguntó entonces ¿Cuánto tiempo estuvo inconsciente? Pero la duda de mayor importancia fue ¿Dónde demonios estaba? La pesadez en sus extremidades fue la señal innegable de que no estaba en condiciones de defenderse si la situación lo ameritaba.

Y no es como si tuviera esa opción porque Senku no era el epítome de la fuerza y destreza.

Lo último que recuerda es la imagen de Gen sacándolo del confinamiento, los hombres del consejero tras ellos, un dolor punzante que le atravesó el cuerpo en medio de la oscuridad de la noche y él arrastrándose hacia las hierbas altas de la zona para refugiarse.

Pero nada más que eso. ¿Qué sucedió con Gen después de que lo ayudara a escapar sigilosamente hasta los límites de las tierras en medio de la noche?

Senku hizo acopio de toda la fuerza que tenía para buscar a tientas su espada, pero no la halló. La sensación de vulnerabilidad se apoderó lentamente de él, sin su espada y con sus movimientos aletargados por el dolor, era un blanco fácil para los enemigos, y en todo caso para los hombres que estaban tras él.

—No te muevas.

La advertencia vino del otro extremo de la habitación, e irónicamente era la misma que él pronunció antes de que todo se volviera confuso y cayera en la oscuridad. Su mirada se movió involuntariamente hacia la persona que pronunció dicha advertencia.

La ironía no se redujo simplemente a las palabras sino a quien las pronunció.

Era ella, la mujer que encontró vagando por el bosque y a la que amenazó con su Katana en medio de la desesperación y el desvarío de su mente ante el cansancio y el dolor. Cualquier intento de réplica murió lentamente y se perdió al consumirse por la impresión de tenerla frente a él y percatarse del leve destello de alivio que brilló en los ojos de esa mujer, unos ojos peculiarmente hermosos.

— ¡Tú! —espetó en una acusación, luchando por incorporarse del improvisado lecho conformado únicamente por unas mantas que cubrieron parcialmente su cuerpo.

Pero ella lo ignoró. Se acercó al lecho y se arrodilló para estar a su altura. Sin previo aviso su mano se instaló en el pecho de Senku para obligarlo a recostarse de nuevo.

—¿Podrías quedarte quieto? No me obligues a inmovilizarte de nuevo. —bufó, presionando un poco más sobre el pecho de Senku para recalcar sus palabras.

— ¿Qué estás haciendo? —La situación podría hablar por sí misma pero él no quería tentar demasiado a la suerte sacando conjeturas apresuradas.

— ¿Qué te parece que estoy haciendo? Ayudándote. —espetó en un tono monótono. Para ella él no era más que un tonto y necio mortal.

Senku se calmó cuando una leve sensación de calidez se instaló en su pecho y se expandió al resto de su cuerpo, dejando únicamente alivio al dolor de sus heridas.

¿Qué estaba sucediendo? Senku admitió vergonzosamente que podría hundirse en la placentera sensación que la gracia de su toque estaba otorgándole. Algo que podría describir como celestial.

Se movió para mirar de cerca lo que ella estaba haciendo y por un momento se quedó petrificado ante la impresión de lo que sus ojos estaban observando; la visión de energía pura emanada de las manos de la mujer como el halo lunar en la noche más oscura, compactada en una zona de su pecho y esparciéndose a cada centímetro de su cuerpo.

—Esto ¿Cómo es posible? —cuestionó incrédulo sin dar crédito a lo que estaba viendo.

Ella lo ignoró olímpicamente y retiró las manos cuando terminó el trabajo de curación, sin embargo no se apartó totalmente de él ya que necesitaba inspeccionar que todas las heridas se hubiesen cerrado a la perfección.

— ¿Cómo te llamas? —ella rompió el silencio que impuso durante su labor de sanación.

Sin el afán de sonar presuntuosa, definitivamente tenía que saber quién era él por el simple hecho de haberle salvado la vida. Él se lo debía.

Senku arqueó una ceja por el repentino interés de la mujer ¿Qué pretendía y para qué quería saber su nombre?

—Primero dime el tuyo. —rebatió con perspicacia. No revelaría su nombre sin saber antes el de ella.

Una sonrisa se instaló en los labios de la mujer y una ceja se alzó reconociendo la astucia de ese humano. Fue gratamente interesante.

—Kohaku.

El nombre hizo eco en la cabeza de Senku, repitiendose una y otra vez hasta encontrar el significado concreto a la misma: ámbar.

—Yo soy… —dudó un segundo en revelar su verdadero nombre, con los hombres de Ibara tras su cabeza no era prudente involucrar a nadie más—. Senku. —omitió únicamente su apellido.

Sus miradas se conectaron por un breve instante, brillando sutilmente ante el reconocimiento del otro.

Kohaku apreció brevemente las facciones de Senku, reconociendo cada curva y línea de su cara, sus pronunciadas cejas enmarcando su frente y cerrándose en un ceño fruncido. Lo más interesante e intrigante fueron sus peculiares ojos rojo carmín abrazando inteligencia pero también otra cosa, un alma que estaba manchada con el color de la muerte y la desolación.

Sintió su pena en el interior de su propio corazón, él quería confiar en alguien, estaba solo, frío y roto... como ella.

Fue Kohaku la que forzó su mirada hacia el suelo, cortando así cualquier conexión.

Las heridas estaban curadas y ahora sólo tenía que borrarle la memoria. Una de las manos de Kohaku se alzó grácilmente hasta alcanzar la frente de Senku, el destello de energía emanó de nuevo, cubriendo por completo su palma.

Senku la apartó casi de inmediato cuando la sensación contrastó abismalmente con la anterior, no fue bienestar lo que manifestaba, sino confusión. Una sensación de estar perdiéndose en un agujero oscuro y ser arrastrado hacia el vacío.

— ¿Qué demonios eres? —ladró, sosteniendo la mano de Kohaku entre las suyas y enviándole una mirada de sospecha.

—No es de tu incumbencia. —Se apartó de él.

El comentario le molestó por la evasión implícita. ¿Qué significaba? Ella era una extraña mujer que tenía la capacidad de curar con sus manos.

En retrospectiva Kohaku podría ser cualquier criatura, pero definitivamente no poseía ni una pisca de humanidad en su cuerpo. Emitía un destello en su aura que era casi antinatural.

—No eres humana —Senku la vio encogerse descaradamente de hombros ante su afirmación—. ¿Eres un demonio?

Kohaku dejó salir un profundo sonido de fastidio ante el comentario de Senku, ¿Cómo se atrevía a ofenderla de esa manera?

— ¿Un demonio te hubiera curado? —siseó con un leve tono de enojo y reproche, él no era precisamente un hombre ligero y cargarlo durante todo el trayecto no fue la tarea más sencilla del mundo—. ¡Ja! Si fuese un demonio me hubiera devorado tu alma ahí mismo, o peor aún, te hubiese matado. —Kohaku cruzó los brazos sobre el pecho en un gesto de indignación.

—¿Entonces quién o qué eres? —insistió, ella no se burlaría de él.

Kohaku dejó escapar un agravado suspiro de frustración, el humano comenzó a ser molesto y ella realmente consideró que la primera opción de abandonarlo a su suerte en medio de la nada quizá hubiera sido la mejor.

El entendimiento humano a veces pedía más de lo que podía soportar, una criatura como él no necesitaba ese tipo de conocimiento. La ignorancia de los mortales formaba parte de su naturaleza.

—Eso no es importante. —trató de zanjar.

No funcionó y él insistió hasta el cansancio.

—Soy la encargada de proteger este santuario.

— ¿Un dios?

—Diosa. —corrigió ella enviándole una mala mirada.

Él no pareció creerle al principio, pero tras escrutarla por lo que pareció una eternidad, la lógica en dicha declaración pareció encajar poco a poco.

Incómoda por el escrutinio, Kohaku se levantó para ir en busca de la ropa de Senku. Si iba a observarla de esa manera, prefería que fuese con el torso cubierto.

—Vístete. —le ordenó arrojándole la ropa a la cara antes de salir para darle algo de privacidad.

Kohaku regresó minutos después con algo que Senku identificó a la perfección, su katana. La fina hoja del arma brilló ante la caricia de los rayos del sol que se colaron por el enorme ventanal.

Sin pensarlo por un momento, Senku tomó el arma para enfundarla en su cintura.

—Te has curado, ahora vete.

Pero a pesar del tosco intento de despedida hacia el mortal, hubo algo que mantuvo inconforme a ambos.

— ¿Por qué lo hiciste? —Senku interrogó—. Pude haberte cortado con esta arma y aun así me ayudaste.

—Te desmayaste ante mis pies y tenías manchas de sangre, no se necesita ser un genio para saber cuando alguien está lastimado —lo miró perspicazmente esperando a que él dijera algo, pero Senku mantuvo la boca cerrada—. Además en verdad consideré abandonarte a tu suerte. —se encogió de hombros restándole importancia al asunto.

—Eres una…

—De nada. —se apresuró a decir Kohaku con sorna y dejando que el comentario sin terminar de Senku flotara en el aire.

—¿Y te consideras a ti misma, una Diosa? —Una extraña mueca deformó el rostro de Senku, obviamente estaba burlándose de ella.

—Una diosa que no le tiene paciencia a los tipos que quieren aprovecharse de mujeres indefensas.

—No eres una mujer indefensa, me golpeaste con esa fuerza sobrenatural.

—¡Ja! Te lo merecías por amenazarme con tu arma.

Fue absurdo en realidad, la manera tan infantil en la que ella se esmeró por replicar cada afirmación. Pero él no tenía tiempo para esto, necesitaba seguir su camino y alejarse antes de que los hombres de Ibara lo encontraran. Senku tenía que encontrar a la única persona que le ayudaría a enfrentar a ese despiadado hombre.

Sin dar más explicaciones, Senku caminó hacia la salida con la intención de marcharse cuanto antes.

—Quizá no nos veamos de nuevo así que, gracias. —antes de que ella pudiera responder, él desapareció por la puerta.

Y al menos Kohaku esperó que esa no fuese la última vez que viera a ese humano. A pesar de todo, él era interesante.

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N/A:

Esto quizá tenga una segunda parte…

Esta semana no ha sido muy buena y he tenido un par de accidentes (nada grave), así que aprovechando que debo estar al menos dos días con algo de reposo, bueno, aproveché para escribir esto…

También voy a aprovechar para actualizar Giros del Destino y quizá Here to Stay :3

En fin, disculpen por el tremendo Ooc de los personajes y las posibles faltas de ortografía y redacción que pueda haber…

Espero que esto les haya gustado y me dejen saber sus opiniones al respecto n.n

Nos vemos en la próxima…