Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.
Advertencias: Emparejamiento Senhaku, Ooc (Personajes fuera de carácter), Universo Alterno, intento de Lemmon XD
Shot. Estelas de impostores.
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—¿Realmente era necesaria toda esa mierda misteriosa del secuestro? —Senku miró con diversión a Xeno, todavía negándose a tomar asiento en cualquiera de los finos sofás predispuestos en la elegante estancia.
Sí, Xeno era un tipo realmente extravagante, por lo que su estilo de vida ostentoso no fue una sorpresa para Senku, de hecho, más bien consideró la pomposidad como algo realmente innecesario e incluso arrogante de su parte. Una manera implícita y descarada de decir "Oye, soy mejor de lo que tú serás alguna vez".
Una arrogante y misteriosa sonrisa ocupó el semblante del científico Estadounidense antes de hablar:
—Le di órdenes a Charlotte de traerte ante mí, y eso implica cualquier método posible para que esta reunión se lleve a cabo. —El hombre cruzó la pierna izquierda sobre la otra, acomodándose lo mejor posible en su costoso sofá—. ¿Por qué no tomas asiento Ishigami?
—Estoy bien de pie, Xeno —rechazó de nuevo Senku e ignoró el ligero gruñido de descontento de su antiguo mentor—. Lo que sea que tengas que decir hazlo rápido.
Cuanto antes terminara con esa extraña reunión, más rápido podría regresar a su solitario apartamento para continuar con su investigación. Estaba tan cerca de descifrar el misterio que se escondía en la desgastada bitácora que los compañeros de su padre le entregaron cuando éstos le informaron sobre la desaparición de Byakuya.
Quizá, pensó Senku, si lograba descifrar las crípticas inscripciones de las amarillentas páginas, tal vez podría encontrar a su padre. A pesar del tiempo, ocho años para ser más precisos, Senku todavía guardaba la esperanza de que el viejo siguiera con vida en algún lugar cercano al sitio de su desaparición.
Un punto inexplorado de la Isla sin nombre en el océano pacífico, a varios kilómetros de Japón.
Byakuya junto a su equipo de exploración se aventuraron a dicho lugar y permanecieron un año y medio para cartografíar y recolectar información sobre la isla; sin embargo, medio año antes del retorno, Byakuya comenzó a investigar algo por su cuenta, explorando y recolectando información que se negó a compartir con el resto.
Una noche, simplemente desapareció sin dejar rastro.
A pesar de la búsqueda implacable por parte de los demás miembros, Byakuya nunca fue encontrado y jamás regresó.
Shamil fue quien encontró la vieja bitácora del hombre dentro de las pertenencias de su compañero, y que después le entregó personalmente a Senku al considerar que es lo que Byakuya hubiese querido.
—¿Sabes por qué tu padre insistió tanto en ir a esa investigación? —Xeno habló con solemnidad, esperando captar la atención de su ex pupilo. Y sin esperar una respuesta de él, prosiguió—. No fue la primera vez de Byakuya en esa isla en medio de la nada.
Sin duda la declaración llamó la atención de Senku, pero más que nada, le intrigó la revelación de que su padre y el resto del equipo le hubieran mentido. ¿Con qué propósito?
—¿De qué estás hablando? Esa isla no estaba en ningún mapa y no hay forma de que él decidiera ir ahí por nada.
Xeno negó con la cabeza, concediéndole parcialmente la razón a Senku, quién para el caso, se veía aún más confundido que antes.
—No, por supuesto que no aparecía en ningún mapa existente —afirmó con serenidad—. Porque esa isla no era más que un mito. O al menos lo fue antes de que el equipo de tu padre la encontrara.
Para Senku, eso sonó ridículo y absurdo. ¿Una isla mítica? Jamás escuchó de algo como eso más que en cuentos infantiles de fantasía. Quiso desestimar las palabras de Xeno, pero la mirada y el tono de convicción le dificultaron tomar la premisa como una estúpida broma de mal gusto.
El sentido del humor de Xeno era mejor que eso, al parecer.
—Explícate. —exigió Senku al comenzar a perder la paciencia.
Más que explicar, Xeno decidió mostrarle a Senku de lo que estaba hablando. Sin decir nada más, se levantó del sofá y abandonó la estancia para ir al cuarto contiguo. Senku permaneció de pie expectante por la repentina actitud del hombre y por haberlo dejado de pie en medio de esa solitaria y silenciosa estancia.
Se sintió tan fuera de lugar entre la opulencia de la habitación.
Xeno regresó minutos después con algo entre sus manos y Senku sólo pudo identificar el objeto cuando el Estadounidense lo tendió en su dirección. Lo reconoció fácilmente, sin lugar a dudas era una copia de la bitácora de su padre.
—No, no se trata de una copia del libro que tienes —Xeno adivinó el pensamiento por la mirada de reconocimiento que Senku le dió al objeto—. Esta es la bitácora número dos, la del segundo viaje de Byakuya. El que Shamil te entregó es la número uno, del primer viaje de reconocimiento a la Isla.
Sí, ahora las extrañas coordenadas y las descripciones tenían sentido. Y fue por ese nimio detalle que Senku dio por hecho de que era la única bitácora que su padre escribió para ese viaje. Pero había una segunda y la que él tenía sólo formaba parte de una fachada para ocultar la primera exploración.
—¿Por qué la tienes tú? —quiso saber Senku.
—Porque como patrocinador de esa exploración estoy en todo mi derecho de exigir lo que me pertenece.
¿Patrocinador? ¿Exigir lo que le pertenece? ¿Qué mierda estaba sucediendo?
—Tú financiaste ambos viajes ¿Cierto?
Xeno sólo asintió con una sonrisa arrogante.
—¿Qué estabas buscando realmente Xeno? —Senku miró al hombre frente a él con insistencia.
Sus profundos y especulativos ojos carmín se oscurecieron ante la expectativa, observó a detalle, buscando en Xeno cualquier indicio de una respuesta o en su defecto, de otra mentira.
El científico se encogió de hombros haciéndose el desinteresado. Al menos, fingió lo mejor que pudo.
—El mejor descubrimiento de la historia. —dijo, con una estúpida sonrisa jactanciosa. Señal inequívoca de su exaltación y emoción.
Oh sí. El viaje a la Isla mítica dio los frutos que él esperaba, o al menos los primeros resultados en una larga lista de logros por hacer. Los diarios sólo eran la punta del Iceberg en los planes de Xeno. La desaparición de Byakuya fue un mal necesario para un bien mayor, aún así, no tenía tiempo para llorar la posible y segura muerte de su antiguo amigo.
—Te llamé aquí para entregarte el segundo diario —Xeno instó a Senku a tomar el libro—. Quiero que descifres lo que dice ahí.
Dubitativo, Senku tomó la bitácora en sus manos, abriéndola en una página al azar para poder ojear el contenido. Notó que este libro era muy diferente al anterior. No tenía coordenadas ni descripciones, en vez de eso, pudo distinguir los bocetos de un objeto que él no pudo identificar, como tampoco pudo entender las palabras escritas en las notas.
Era la letra de su padre, pero las palabras y símbolos pertenecían a un dialecto y lenguaje extraño que a primera vista no pudo descifrar.
—¿Qué es esto? —Senku cerró con fuerza la bitácora.
Intentó devolvérselo a Xeno pero éste se negó a tomarlo de vuelta.
—Tu padre hablaba de esta isla muy seguido, de hecho, por años sólo la consideramos como un mito o leyenda —Xeno le dio la espalda a Senku para caminar hacia uno de los finos estantes de madera donde descansaba una antigua fotografía—. Ese viejo ridículo apostó un millón de dólares a que podría encontrarla, incluso antes de que te tuviera, él ya estaba buscando evidencia y pruebas sobre su existencia.
Una risa sin humor de Xeno cortó el ambiente ante la amalgama de ridículos recuerdos en los que Byakuya fue partícipe.
—Al final fui yo quién pagó ese millón como medio de financiamiento para la expedición cuando prácticamente me arrojó y restregó a la cara el resultado de sus investigaciones y las coordenadas exactas hacia esa Isla. Incluso mucho más.
Aún así, toda esa diatriba no esclareció la cuestión de Senku, más bien, Xeno estaba usando el discurso como una distracción.
—¿Qué tiene todo esto que ver conmigo? ¿Por qué habría de ayudar al autoproclamado hombre más inteligente de la faz de la tierra? —el sarcasmo goteó lentamente en las palabras de Senku. Fue un intento descarado de molestar al científico por hacerle perder su tiempo.
Xeno dejó a un lado la fotografía para enfocarse en su invitado.
—Oh, bueno —respondió jovial y casi juguetón—. Creí que querías volver a ver a tu padre después de todo. A menos claro, que como el resto, creas que Byakuya está muerto.
La mirada indescifrable y el tono casi inocente, le dijeron a Senku que él sólo estaba tratando de tocar una fibra sensible para que cediera a su capricho.
Hacer alusión a la posibilidad de que Byakuya siguiera con vida era caer un poco bajo. Sí, no podía negar que todavía guardaba la mínima esperanza de esa posibilidad. Alguien como Byakuya se negaría a morir tan fácilmente.
—Pero no creo que el deseo de un niño por volver a ver a su padre sea suficiente razón para secuestrarme y traerme aquí a la fuerza ¿Cierto? —de nuevo el sarcasmo afloró en las palabras de Senku casi inevitablemente—. Sería demasiado amable de su parte Dr. Xeno.
—Excelente observación Doctor Senku —Xeno igualó el sarcasmo del joven—. Quiero que este niño utilice la curiosidad innata por el conocimiento y me diga todo lo que pueda sobre el artefacto que describe su padre en esa bitácora.
Senku siguió sin entender para qué necesitaba su ayuda cuando en efecto, Xeno era el hombre más inteligente entre los miembros de la comunidad científica internacional. No tenía ni un milímetro de sentido.
—He podido descifrar parte de la nomenclatura, pero la combinación de carácteres es tal, que asumo que es una mezcla de diferentes dialectos —Xeno regresó al estante para tomar una libreta, y después dársela a Senku—. Debido a la falta de tiempo no puedo seguir con esta investigación. Es por eso que te necesito Senku, quiero que me ayudes a terminar de descifrar la bitácora.
Senku leyó parte del contenido de las notas que Xeno le entregó, cuando al fin comprendió la magnitud del asunto lo miró fijamente a los ojos, cuestionando silenciosamente la veracidad de las palabras.
—¿Un arma?
—No —cerró los ojos y negó, tan apacible como pudo, luego se enfocó en el joven de nuevo—. El mejor descubrimiento de la humanidad. —declaró, sosteniendo su mirada con la de Senku.
Él escribió sobre un dispositivo con la capacidad de petrificar a un humano ¡Petrificar! Cuán ilógico podría sonar eso. Pero Xeno parecía genuinamente interesado en dicho artefacto, de ser así, entonces era algo real.
El conocimiento de Xeno sobre este artefacto se basó en la investigación de su padre. Byakuya era un hombre demasiado risueño y soñador, pero jamás se atrevería a inventar semejante cosa.
Senku permaneció en silencio, tratando de asimilar toda la información.
—Le prometí a tu padre financiar cada uno de los viajes hasta encontrar el misterioso artefacto que por mucho tiempo investigó, y por el que seguramente dio la vida.
La última línea dicha bastó para convencer parcialmente a Senku sobre una posible cooperación.
—¿Esto es real? —Si iba a involucrarse, al menos quería cerciorarse de que invertir su tiempo valiera la pena.
—Se trata de un artefacto científico, es tan real como las leyes que rigen este Universo.
—Será mejor que valga la pena al Diez mil millones por ciento Xeno. —Con esto, Senku accedió.
—Y lo hará, niño, este elegante artefacto vale todo el dinero y tiempo invertido.
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—Creo que nuestro querido Senku-chan está algo distraído esta noche. —Gen canturreó con un tono bastante juguetón al resto del equipo.
La simple declaración bastó para regresar a Senku al presente y dejar a un lado el recuerdo de esa reunión, razón por la que se encontraba en ese lugar. Un año ya desde aquella charla con Xeno y desde que éste reclutó al mejor equipo que, en palabras del científico Estadounidense, era el mejor equipo que el dinero pudiera comprar.
Tal ambición sólo podría rivalizar con la del capitán que los llevó a esa isla: Ryusui. Aunque en retrospectiva, Xeno simplemente nunca podría compararse con el niño mimado del imperio Nanami.
—Cierra la boca Mentalista, sólo estoy cansado. —se excusó Senku, alejándose un poco de Asagiri, quién para el caso, estaba invadiendo su espacio personal.
Nadie dijo nada al respecto ¿Qué podrían decir después de todo? Ellos también estaban sintiendo el peso del cansancio por la estadía de un año en esa Isla y por el trabajo incansable por reparar el único medio de transporte que los llevaría de nuevo a la civilización.
—Senku tiene razón —Ukyo se levantó de su improvisado asiento y se estiró con el afán de destensar los músculos—. Ya es demasiado tarde y mañana debemos ultimar los detalles del Perseo, recolectar provisiones para el viaje y otras cosas que nos van a servir. Deberíamos dormir.
—Vamos Ukyo, una ronda más de cerveza te ayudará a conciliar mejor el sueño y relajar esos músculos. —Ryusui llenó otro tarro de Cerveza hasta el tope, derramando parte de la espuma en el suelo cuando se tambaleó por un mareo.
La gravedad sólo hizo su parte cuando Nanami cayó inevitablemente al suelo, vaciándose la cerveza encima. A pesar de la vergonzosa escena, Ryusui sólo se limitó a reír a carcajadas y chasquear los dedos para que le sirvieran otro tarro.
—Es suficiente, llevaré al Capitán Nanami a su tienda —Tsukasa intervino al no poder soportar semejante muestra de irresponsabilidad. Sin mucho esfuerzo, cargó a Ryusui y lo arrojó sobre su hombro como si un costal de papas se tratara—. Ukyo tiene razón, será mejor que se vayan a dormir. Xeno y el resto del equipo ya están descansando.
Sin más que agregar, Tsukasa se llevó a Ryusui hasta una de las tiendas predispuestas a un par de metros de la fogata. Seguido muy de cerca por Francois, la fiel mayordomo de ese niño mimado, el que ahora estaba ahogándose en una terrible borrachera.
Se escucharon un par de reproches del capitán alegando estar en perfectas condiciones, pero después el silencio inundó el aire. Quizá, fue sólo cuestión de "persuasión" para que Ryusui desistiera de querer regresar.
—Bien ya escucharon a Tsukasa-chan y Ukyo-chan, la fiesta se acabó.
Tanto Gen como el resto del equipo se levantaron para limpiar el desastre de su pequeña fiesta improvisada. A diferencia del equipo secundario de Xeno, el equipo de apoyo de Senku eran jóvenes expertos con un rango de edad aproximado al suyo.
El científico Estadounidense prefirió guardar un poco de distancia de este tipo de reuniones y pasar tiempo con su propio equipo en cenas más formales y tranquilas. O al menos fue la excusa que le dió a Gen cuando éste lo invitó a una de las reuniones nocturnas.
Aunque, ciertamente a Gen nunca terminó de convencerle dicha actitud reservada en el hombre, como observador y analista de la conducta humana, notó leves indicios de mentira y desconfianza en las palabras y acciones del hombre.
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En realidad sueño fue lo último que Senku tenía. Sí, estaba muy cansado por todo el trabajo invertido en reparar el maldito motor del Barco y en general, por todos los desperfectos del Perseo acumulados en ese año de estadía bajo las implacables condiciones del ambiente. El aire del mar salado era un poderoso corrosivo después de todo.
Tomó su linterna y la mochila que siempre traía consigo, además de una cesta con algunos de los aperitivos que sobraron de la cena de Francois. Tratando de hacer el menor ruido posible, salió de su tienda hacia el sendero oscuro que lo llevaría a un lugar en particular. El mismo al que iba casi todas las noches desde hacía ya varios meses.
—¿No crees que es muy tarde para dar un paseo nocturno Senku-chan~?
El sonido de la voz siseante y burlona de Gen lo sobresaltó. Senku maldijo por lo bajo al ser descubierto en su escapada y peor aún, que de todos los miembros posibles del equipo fuese Asagiri Gen.
—No es algo que sea de tu incumbencia Mentalista. —medio siseó Senku, sin dirigirle la mirada a su compañero.
Quería evitar a toda costa la expresión socarrona y burlona del Murciélago Asagiri. Ya fue bastante malo que lo descubriera infraganti y sería aún peor que sacara provecho de la situación para hacer burlas fuera de lugar.
A pesar del tono de pocos amigos que Senku le dedicó, Gen ignoró por completo ese detalle. En verdad estaba intrigado con el actuar del que consideraba "el líder" del equipo juvenil.
—¿Le has dicho que te marcharás en una semana?
La cuestión de Gen dignificó una mirada de Senku hacía él por sobre su hombro, y una ligera tensión en los hombros del joven científico ante la mención implícita de una insinuación.
—En este punto es inútil preguntar el "¿Cómo y por que?" Sabes de esto. Pero sólo puedo decirte que no es de tu incumbencia.
Una sonrisa descarada se formó en el semblante de Gen sabiendo que no podría esperar otra respuesta por parte de Senku que no fuera sarcasmo o evasión. O ambas en una misma oración.
—El "¿Cómo y por qué?" Es muy fácil, no es como si te tomaras o se tomaran la molestia de disimular al respecto.
Gen escuchó un ligero "Tsk" salir de los labios de Senku. Y supo que estaba molesto por reconocer ese pequeño desliz en su comportamiento.
—Aunque siendo honesto, creí que todo ese teatrito de encanto y cercanía era para sacar ventaja de la situación y cumplir con el encargo de Xeno. —siguió Gen.
Senku irónicamente era un tipo muy impredecible y voluble. Podría ser racional en un momento, y al siguiente, hacer o decir algo completamente desconcertante.
Ishigami suspiró con cansancio. No tenía ganas de hablar de esto y mucho menos con Gen. Y se reprendió mentalmente por dejar entrever parte de sus emociones. Fue un Idiota.
—Al principio lo era —dijo sin emoción—. Pero fue inútil, lo que sea que estemos buscando aquí, no lo encontraremos. Ha desaparecido.
—¿Eso fue lo que te dijo ella? Quizá deberías cambiar tu táctica de persuasión Senku-chan. A las damas se les puede convencer de mil maneras pero sólo una funcionará efectivamente.
Senku frunció el ceño ante la repugnante insinuación de Gen. Quería obtener información pero no estaría dispuesto a manipular a alguien de semejante manera para un fin egoísta y mucho menos con dichas implicaciones de por medio. Eso sería caer demasiado bajo en la escala moral y de confianza.
—Paso. Y eres un imbécil de primera. —Senku dió por terminada la charla para emprender el camino.
Asagiri no se sorprendió por la declaración, sino todo lo contrario, estaría realmente decepcionado si Senku accediera o concediera algo así. Rió con descaro al verlo marchar.
—Pero me alegra que ella no te dijera nada —Gen lo detuvo—. Hay algo en Xeno que no me agrada, está ocultando algo y no confío en él.
Sí, Gen no fue el único. Senku también comenzó a notar la actitud sospechosa en Xeno, la frustración por no encontrar lo que quería y la insistencia por utilizarlo a él como un medio para extraer cualquier indicio de información.
Las sospechas comenzaron cuando en ocasiones Luna, la médica del equipo, trató de hablar con Senku sobre algo importante y Xeno, Stanley o incluso Charlotte intervinieron alegando cualquier excusa para interrumpir dichas conversaciones. Ishigami constató más de una vez, las miradas de advertencia de ellos sobre Luna, así como la expresión de miedo en el rostro de la chica ante una advertencia tácita.
Algo no estaba bien.
La ambición por el conocimiento y el descubrimiento se estaba convirtiendo en otra cosa, algo que Senku y Gen todavía no entendieron del todo.
—Yo tampoco. Sólo mantén el perfil bajo, Mentalista, saldremos de este lugar en una semana.
—¿Vendrás con nosotros de todas maneras?
—¿Por qué no lo haría? —Senku trató de no dejar escapar nada con su tono de voz antes de mirar a Gen.
El Mentalista simplemente le dio una mirada significativa a su compañero. Gen sabía mejor que nadie el motivo por el que Senku no querría regresar con ellos, uno que nada tenía que ver con la búsqueda o investigación de Xeno y tampoco con el paradero de Byakuya Ishigami.
—Eres muy testarudo para tu propio bien Senku-chan.
El científico gruñó audiblemente, dispuesto ahora sí a terminar con esa conversación, sólo quería marcharse cuanto antes.
—Vete a dormir Murciélago.
Sin más, se alejó por el sendero iluminado con la luz de la luna.
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El agua fría salpicó su rostro a traición. Senku casi se ahoga con el chorro de agua que entró directamente por su nariz.
—¡Maldición Leona ¿Acaso quieres matarme?! —se quejó y tosió con violencia varias veces antes de recuperar el aliento.
Escuchó a la chica reír con humor ante su desgracia, desgracia de la que ella fue culpable. Estaban jugando en el río esa noche, pero Senku sabía que ella era una experta en el juego brusco.
Otra salpicadura de agua golpeó su rostro.
—Ya te he dicho cientos de veces que no me digas Leona. —Kohaku infló las mejillas en un puchero.
Senku nadó hacia la orilla del río donde tomó asiento y jaló una de las toallas que traía consigo en esa indispensable mochila. Un hombre precavido vale por dos.
Kohaku lo siguió y atrapó el pedazo de tela que él le arrojó, un patético pase si podía decir. Él no era fuerte y no tenía muchas habilidades físicas, así que no le sorprendió la poca resistencia y la torpeza en las acciones que requieran destreza.
—Te traje algo de comer, Francois preparó carne, tu favorito. —Senku se levantó para ir en busca de la cesta de comida. En realidad sólo una excusa para darle a Kohaku un momento de privacidad en tanto terminaba de secarse.
El ligero traje de baño improvisado conformado por un primitivo sujetador y panties dejó mucho a la imaginación. Si bien el atuendo no fue tan revelador, la vista del cuerpo de Kohaku despertó algo en Senku, quizá un sentimiento de cercanía íntima con la chica ante tal estado de parcial desnudez en la que ambos se encontraban.
Ella era muy hermosa, si podía admitirlo. Pero lo más bello no fue su agraciada figura sino sus hipnotizantes ojos aguamarina con ese destello felino de inteligencia y seducción.
Racionó la comida en un plato para después entregárselo y se limitó a verla comer gustosa. Todo, desde el brillo en su mirada así como sus gestos, denotaron lo mucho que le fascinaba y disfrutaba de la cocina de Francois.
Pero la comida sólo era una excusa para poder verla y hablar con ella esa noche. Senku tenía algo importante que decirle.
—Nos iremos en una semana. —fue directo al respecto.
Y eso surtió el efecto esperado. Kohaku dejó su bocado a medio camino para prestarle atención, sin poder creer lo que estaba escuchando.
—¿Vas a volver? —quiso saber ella. Dejó el plato a un lado cuando perdió por completo el apetito.
Senku se rascó los cabellos de la nuca, honestamente preferiría no regresar a ese lugar. Con el asunto de Xeno y las sospechas sobre su actuar, francamente no quería poner en riesgo a Kohaku ni a ningún habitante de la aldea.
¿Quién diría que la Isla no estaría desierta? A los pocos días del arribo, Senku y el resto del equipo encontraron el asentamiento en una parte inexplorada del lugar. Cercano al sitio de desaparición de Byakuya.
Les tomó un mes poder entablar relación con los habitantes debido al régimen del actual líder de la aldea y su desconfianza hacia ellos, específicamente en el Dr. Xeno.
—No lo sé. Los recursos invertidos en este viaje son muy altos.
—¿Es porque no encontraron lo que buscaban? —Kohaku tuvo la impresión de que vio un ligero cambio en la expresión de Senku. Quizá por lo acertadas que fueron sus palabras.
Ella lo supo, fue por eso.
—En parte si —no quería presionar más con el tema. A pesar de su insistencia al principio, Senku dejó morir el asunto entre él y ella cuando se dió cuenta de que no obtendría nada—. Sin el artefacto que estamos buscando, no tenemos motivos para quedarnos más tiempo en este lugar.
A pesar de todas las investigaciones, no encontraron más que inscripciones talladas en rocas, las mismas que Byakuya anotó en su segunda bitácora. Xeno e incluso Senku llegaron a la conclusión de que fue un error y quizá dichas inscripciones sólo formaban parte del folklore popular en los cuentos de los habitantes de esa isla.
La idea se rectificó cuando Kohaku les mencionó sobre "Las cien historias", una tradición milenaria pasada de generación en generación.
Y cómo hace años, uno de los habitantes encontró a un hombre desconocido vagando por el santuario de piedras talladas donde los ancestros dejaron escritos de ese compendio de historias.
Byakuya convivió con ellos durante el tiempo que visitó la Isla, conociendo parte de su legado y escribiendo sobre la historia número cien. La leyenda de un objeto milenario otorgado por los dioses.
Incluso hasta el último día de vida, Byakuya permaneció con ellos, tratando de encontrar dicho objeto. Al menos antes de que cayera gravemente enfermo y muriera meses después.
—¿Te quedarías si encontraras ese artefacto?
Hubo algo en el tono de Kohaku que no pasó desapercibido para Senku, su tono expresó una intención oculta que sólo revelaría si él le daba la respuesta que quería escuchar.
—Si —no iba a mentir al respecto—. Pero el artefacto del que mi viejo hablaba en sus escritos no es más que una leyenda de tu aldea.
Y las leyendas no eran más que hechos fantásticos del inconsciente colectivo. No eran más que palabras sobre acontecimientos inverosímiles.
Eso bastó para Kohaku.
—No lo es. Ni tu padre ni mis antepasados inventaron esa historia.
Realmente no quería que él se marchara y si podría hacer algo para impedirlo entonces lo haría, aún si eso significaba romper la ley más sagrada de su gente e ir en contra del dictamen del actual líder de la aldea, su padre.
Kohaku se jugaría el todo o nada con lo que estaba a punto de hacer.
—¿De qué rayos estás hablando, Leona?
Kohaku no le dijo gran cosa cuando de repente se levantó para ponerse el vestido. Sólo le ordenó a Senku vestirse para que lo acompañara.
Estaba a punto de hacer algo prohibido.
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Senku jadeó por aire y cayó de rodillas debido al cansancio, lo que provocó que Kohaku se detuviera abruptamente cuando la fuerza de la caída tiró de su mano.
En algún punto del camino tomó la mano de Senku para ayudarlo a avanzar más a prisa. Realmente era todo un caso cuando de extensas caminatas se trataba.
—No puedo más, sólo déjame morir aquí Leona. —dramatizó antes de soltar la mano de Kohaku y recostar su cuerpo por completo.
La chica le dió una mirada de incredulidad, apenas caminaron un par de metros desde el río hasta el sendero empinado que llevaba al santuario de piedra cerca de la aldea.
—Eres toda una vergüenza Senku.
Pero aún así lo dejó descansar en el suelo.
Kohaku esperó a que el joven científico se recuperara antes de acercarse de nuevo a él e instarlo a acercarse a una de las pesadas lápidas de piedra predispuestas en el santuario.
Y ante la mirada expectante de Senku, la chica desprendió una de ellas para después comenzar a cavar.
—¿Qué demonios crees que haces Kohaku? Estás loca, no puedes profanar la tumba de tu ancestro.
Ella lo ignoró olímpicamente y siguió cavando hasta que encontró lo que estaba buscando. Lo tomó entre sus manos y vertió de nueva cuenta la tierra extraída, acomodó el nicho de piedra y se levantó ante la atenta e incrédula mirada de Senku.
—No es una tumba ordinaria —le dijo—. Se supone que es la del primer fundador, pero está vacía.
—¿Había algo enterrado ahí cierto? —inquirió Senku, con el presentimiento de que ya sabía lo que se encontraba enterrado en semejante lugar.
—Te pregunté si te quedarías si encontraras ese artefacto.
No, no podría ser cierto. El artefacto era sólo una absurda leyenda y Kohaku definitivamente no estaba sosteniendo el objeto mítico en esa mano.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque en ese entonces no confiaba en ti ni en tus amigos —ella esquivó su mirada—. Pero ahora, confío en ti Senku.
Pero Senku no confiaba en Xeno ni en lo que haría una vez que supiera sobre la existencia del artefacto.
Sin decir nada, tomó a Kohaku de la mano y salieron del santuario para dirigirse al pequeño observatorio improvisado que construyó con ayuda de su equipo y de algunos de los habitantes de la aldea. Seguir ahí, de alguna manera no se sentía seguro.
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Era inservible.
Kohaku le dijo todo acerca del objeto, al menos todo lo que ella sabía sobre él. Cómo futura sacerdotisa de la aldea, se le concedió este conocimiento.
Las circunstancias en las que asumió el cargo todavía la entristecía al recordar que su querida hermana Ruri era a la que por ley le correspondía dicho título. La muerte prematura de Ruri sólo le permitió ser alguien que nunca debió ser.
—Un metro, dos segundos. —Senku repitió por quinta vez. Y cómo las anteriores, nada sucedió.
La frustración comenzó a instalarse en su interior, se rascó la cabeza con insistencia antes de dejar el objeto sobre la mesa de madera. Kohaku sólo lo miró desde la puerta del observatorio, a una distancia segura de la activación del artefacto.
—Debe tener alguna fuente de poder que le permita al mecanismo encender, de ser así, probablemente la batería esté muerta.
Ella se acercó a él, mirando por encima del hombro de Senku, ambos cuerpos demasiado cerca el uno del otro.
—Nunca supimos cómo hacerlo funcionar de nuevo. —Kohaku tomó el objeto para poder observar mejor.
Una duda invadió la mente de Senku.
—¿Para qué la usaron antes? —su mirada fue meramente especulativa.
—En realidad, para las ceremonias funerarias —explicó. Aunque sólo presenció una de esas ceremonias—. El líder de la aldea así como la sacerdotisa usan el artefacto para convertir el cuerpo del difunto en piedra. Las tumbas del santuario son sólo un simbolismo y una muestra de respeto.
Y de alguna manera, este ritual servía para dar un poco de consuelo a los familiares de las personas fallecidas. Las estatuas se conservaron en un lugar apartado, donde los familiares podrían visitarlos.
—A lo largo del tiempo, la batería del artefacto perdió energía al ser usado en el ritual funerario. —Fue lo más lógico, quizá la aldea no tenía muchos habitantes, pero generación tras generación la gente fue convertida en piedra.
Si al menos pudiera desarmarlo para poder examinar el funcionamiento interno. Pero no tenía las herramientas necesarias para hacer una autopsia sistemática. La idea de llevarse a escondidas el artefacto brilló en su mente, sin embargo la desechó porque estaba seguro al diez mil millones por ciento de que Kohaku no le dejaría sacar el objeto de la Isla. Además de que la metería en un gran problema si Kokuyo se enteraba de lo que ella había hecho.
Estaba frente al mejor descubrimiento de su vida. Bueno, el segundo mejor descubrimiento que pudo hacer.
—Entonces ¿Te quedarás? —Kohaku lo miró profundamente a los ojos, esperando una respuesta afirmativa de su parte.
Pero el silencio fue lo único que recibió. Y eso la decepcionó.
—Leona, yo… —estaba entre la espada y la pared. Una parte de él realmente quería quedarse no sólo por el artefacto, y otra, esa parte que gritaba en alarma por Xeno, sólo quería alejarse lo antes posible—. No lo sé. Será mejor que nadie más sepa sobre este artefacto, por el bien de la aldea. —"Y la tuya". Terminó en su mente.
La respuesta no fue la que esperaba. Maldición, le dolió.
—Me gustas. —fue directa.
Pero a diferencia de las anteriores declaraciones de amor que Senku recibió de algunas mujeres de la aldea e incluso de la chica de cabello rosa que venía con él y su equipo, la revelación no perturbó el semblante del científico.
No hubo repugnancia, incomodidad o desagrado. Más bien, resignación.
Senku exhaló un suspiro.
—Lo sé —su tono fue ligeramente arrogante—. Soy consciente de tus sentimientos hacia mí, tonta. —Por supuesto, pero Kohaku a pesar de su excelente visión parecía no percatarse de los suyos.
—¿Y tú? —quiso saber ella, abandonando la vergüenza y timidez.
—¿Yo qué?
—Idiota, sabes a lo que me refiero.
Lo sabía, pero Senku sólo quería hacerse el tonto unos minutos más antes de hablar.
—¿Vas a hacer que diga algo tan vergonzoso como eso, Leona? —La mirada que le envió le confirmó sus sospechas—. Qué molesta eres. Pero sí, quizá un poco.
Mucho en realidad, pero era algo que no estaba dispuesto a revelarle a ella así como así.
Y esa tosca declaración fue suficiente para Kohaku, Senku quizá era una persona muy inteligente pero cuando se trataba de sentimientos, sus habilidades eran nulas. A su manera, él estaba diciéndole que correspondía a sus sentimientos y eso la hizo feliz.
Sin esperar más, se acercó a Senku para darle un casto beso en los labios. Uno que él correspondió de igual manera tras el shock inicial por dicha acción.
Kohaku acunó las mejillas del joven para poder acariciarlas, sin cortar el contacto con sus labios. Y se sorprendió cuando él la abrazó por la cintura para poder acercarla más.
El momento fue casi perfecto.
Se separaron un poco cuando el aire comenzó a faltar. De los dos, fue Kohaku quién estaba más agitada y con las mejillas teñidas en un hermoso tono rosáceo. Aún así, no se soltaron.
—La gran batalla es en un mes. —soltó cuando se recuperó.
La sola mención del evento le dio a entender a Senku lo que ella trataba de decir. Y no le gustó.
—Incluso si participo en esa locura, no hay manera de que gane tu mano, Leona.
Participar en la gran batalla sería terminar descuartizado en el peor de los casos, o casarse con Kohaku y ser el nuevo líder de esa primitiva aldea, en el mejor de los casos.
—Mi padre espera que gane Mozu —Kohaku escuchó el leve bufido de Senku y confirmó su molestia por el ceño fruncido en su semblante—. Le diré que ya escogí a mi futuro marido y que no pienso cambiar de opinión al respecto, incluso si debo ser yo la que peleé en esa tonta batalla por el derecho a mi propia mano.
Kohaku se acercó más a él, rodeando su cuello con los brazos para poder besarlo antes de que él protestara al respecto.
La opción de reprochar por semejante locura quedó a un lado. Las dudas sobre marcharse y sus verdaderos sentimientos se aclararon con ese beso.
Se separaron una vez más para mirarse.
Al diablo con todo lo demás. Se dijo Senku.
Con una nueva determinación, Kohaku unió sus labios a los de Senku y él no pudo más que sentir la suavidad tentadora de su boca ¿a quién engañó? Le gustaba mucho más de lo que quería aparentar, no sólo por su belleza sino también por esa fuerza y determinación que poseía.
Por eso cuando ella inició el contacto, la boca de Senku se abrió para darle la bienvenida a su lengua. Ella sabía a promesas y sin lugar a dudas quería saborear todo lo que pudiera ofrecerle.
El científico tomó el mentón de Kohaku con la delicadeza que él no supo que podía llegar a tener, marcando así el tiempo y la suavidad de los besos que compartían. Le encantó mover su boca contra la de ella en un lento vaivén, disfrutando del momento.
—¿Estarías dispuesta a patearle el trasero a media aldea con tal de casarte conmigo? Ni siquiera tenemos una relación y ya quieres que sea tu esposo, Leona impaciente. —Se separó apenas para susurrarle.
—Cállate Senku, estás arruinando el momento.
Tal vez no era lo más romántico que se le había ocurrido pero al menos ese era el estilo "Senku Ishigami" para decirle lo que sentía.
—Diez mil millones de puntos para ti por eso.
Tal afirmación hizo a Kohaku cerrar los ojos, de alguna manera no eran las palabras lo que la hicieron derretirse, sino la manera en la que Senku las había pronunciado, con una nota ronca en su voz.
Ella se lamió los labios ahora hinchados, y un revoloteo le hizo cosquillas en la parte baja del vientre; la anticipación quizá, o la creciente excitación que Senku le provocó cuando la miraba con esos profundos ojos carmín, incluso ahora las motas rojizas en esos ojos resplandecían por el deseo.
Sus miradas se conectaron por un segundo, pero la de Senku descendió hacia sus labios y un segundo más tarde hacia sus senos, específicamente a sus pezones desnudos que se alzaban furiosos bajo la sencilla tela del vestido que aún permanecía húmedo tras jugar en el río.
Él extendió la mano y palpó su pecho; nunca tomó real importancia a esta clase de asuntos, pero ahora, consideró que eran simplemente perfectos. Podía moldearlos a su gusto, justo como lo estaba haciendo en esos momentos.
Ella emitió un jadeo cuando Senku deslizó su pulgar en una suave caricia sobre el pezón, y la dejó sin aliento con su delicadeza. Se tomó su tiempo trazando círculos en éste, deleitándose con la textura del pequeño botón que respondía gustoso a su toque.
La otra mano de Senku bajó el tirante del vestido, buscando específicamente el otro seno para brindarle la misma atención que al primero. Emitió un audible gruñido cuando la tela no se deslizó más hacia abajo, sin lugar a dudas la estorbosa prenda le hacía difícil su labor; dejó a un lado los mimos hacia el pezón de la chica y con un descaro digno de cualquier pervertido, buscó el inicio de la falda del vestido y levantó la tela por ambos extremos para sacarla del cuerpo de Kohaku.
Su mente abandonó toda lógica y sensatez.
—¿Qué demonios? —reprendió incrédula ante tal acción, aunque no lo detuvo e incluso cooperó para sacar la estorbosa tela de su sujetador.
Estaba muy excitada para pensar con claridad en lo que estaban haciendo o si era correcto o no.
Una vez que los senos estuvieron al descubierto, él se agachó lo suficiente y tomó uno en su boca. La espalda de Kohaku se arqueó ante el placer indescriptible de los labios sobre su piel, y como un instinto, llevó las manos a los hombros de Senku. El calor de su boca y el suave roce de los dientes en su pezón la hicieron temblar; la mujer echó la cabeza hacia atrás con la intención de darle a él más acceso sobre su pecho.
El corazón de Kohaku se aceleró cuando el cálido aliento de Senku le envió una onda de sensaciones que nunca había experimentado. Su boca se movía ávidamente sobre el rosado botón, trazando figuras que a ella le parecieron muy eróticas.
Una de las manos del científico abandonó el seno de Kohaku para bajar hasta la cintilla de sus bragas, deshizo el nudo y la prenda cayó con ayuda de la gravedad. Entonces ella apenas fue consciente de que Senku le había retirado la prenda y arrojado a la esquina del oscuro observatorio.
Senku dio un último tirón a su pezón para subir hasta la boca de Kohaku y plantar un ligero beso; el joven se apartó lentamente de ella para mirarla en su completa desnudez, maravillado ante tal visión, se despojó de sus propias prendas y las acomodó a un lado junto a las de Kohaku para formar un lecho improvisado.
Él la tomó de la mano y la recostó sobre las mantas.
—Por favor, Senku. —pidió Kohaku al borde de la desesperación por tenerlo dentro de ella.
Él también quería estar dentro de ella, bombeando con frenesí hasta llevarlos a ambos al clímax, pero quería tomarse su tiempo y atenderla como se merecía. Enmendar con sus caricias y sus besos la aflicción de su mirada al darle la noticia de su partida, y sobre todo, dejarle en claro que no se apartaría de su lado a partir de ahora.
Tomó esa decisión en el momento en el que ella proclamó sus sentimientos por él. ¿A quién engañaba? Quizá no fue amor a primera vista, pero se enamoró de ella durante ese maldito año de investigación. Durante sus visitas al campamento o las de él a la aldea.
Él negó con la cabeza y se cernió sobre ella evitando aplastarla, aunque eso era imposible ya que su fuerza de pulga se lo impediría. Las manos de Senku exploraron cada rincón del cuerpo de la chica; desde la sonrosada mejilla de Kohaku hasta sus tersas y tonificadas piernas, acariciando lentamente sus delicados muslos. Su piel era tan suave y caliente al tacto que quería que sus manos estuvieran por todas partes para deleitarse con la sensación.
La boca del muchacho buscó la clavícula de la sacerdotisa y cuando la encontró, no demoró en dejar jugosos besos y leves mordiscos en ésta. Senku se deleitó con el sabor del sudor de Kohaku cuando su lengua comenzó a lamer la piel expuesta y sensible. Audibles gemidos y ronroneos brotaron de los labios de la chica, excitantes sonidos que fueron como música para los oídos del científico.
Senku bajó hasta el ombligo de la rubia e introdujo la lengua de una manera tan provocativa como lo hubiera hecho en otras zonas de su cuerpo. La humedad se precipitó a los muslos de Kohaku ante el pensamiento lujurioso de la lengua de Senku al imitar descaradamente el acto sexual en sí.
Incluso ella, con un poco de conocimiento sobre el tema gracias a las charlas de las ancianas de la aldea, supo identificar dicha provocación.
Estaba a punto de volverse loca de placer.
Senku pareció percatarse de ello y sin previo aviso abandonó el ombligo de Kohaku para viajar un poco más abajo.
—Espera… Senku…
El chico separó delicadamente las rodillas de Kohaku e introdujo dos de sus dedos, una invasión suave y exquisita. Estaba tan mojada y él era el culpable.
El instinto salvaje emergió de las profundidades, y sacando los dedos de su interior, la cabeza de Senku descendió para probar su excitación. Kohaku sintió cómo el cálido aliento chocaba contra ella y la hizo temblar. Cada vez que la lengua áspera de Senku golpeó su pequeño botón de placer, sintió que su mundo explotaba.
No hubo nada más ahí que no fuera ese testarudo científico.
Ella se aferró al cabello de Senku mientras jadeaba audiblemente, moviendo la cabeza de un lado a otro sin poder hacer más que hundirse en el placer que él estaba brindándole.
Kohaku montó una ola de placer que la arrastró al borde de la locura. Se arqueó violentamente mientras su boca dejaba escapar un audible grito que reverberó por las paredes del observatorio, hasta que se apagó junto a su avasallador orgasmo; estaba temblando.
Ante tal muestra de placer, Senku gimió como si le doliera. Necesitaba con urgencia estar dentro de ella.
"No aún" le dijo su mente. Trató de controlar su respiración antes de hablar.
— ¿Estás bien? —dijo, empujando las palabras a través de su turbulenta mente.
A duras penas asintió, enrollando los brazos en el cuello del científico para atraerlo hacia ella en un ardiente beso de agradecimiento por darle la mejor sensación de su vida. Y un segundo después fue Senku quien estuvo debajo de Kohaku, listo para una segunda ronda, o al menos esa fue la promesa vigente tras el brillo en la mirada aguamarina de la chica.
Kohaku se sentó sobre el estómago de Senku y luego bajó un poco más, casi hasta el límite de su entrepierna. Los muslos del científico se estremecieron con anticipación y una sardónica sonrisa apareció en la cara de la chica, esta vez fue su turno de brindarle placer.
Volvió a tomar a Senku para acercar sus labios y besarlo, mientras sus bocas se enlazaban, Kohaku friccionó intencionalmente el trasero a la creciente erección del joven, incitándolo con cada movimiento. Ella lo sabía, estaba torturándolo.
Las caderas de Kohaku se mecieron peligrosamente alimentando su pasión, y él posicionó sus manos a cada lado para seguir un ritmo duro pero constante, ella supo que eso estaba funcionando cuando sintió la punta del pene de Senku humedecerse, permitiéndole un suave deslizamiento. Él jadeó incontrolablemente cortando el beso que compartían.
—Kohaku detente, no podré contenerme. —Le advirtió. Estaba muy cerca, podía sentirlo y definitivamente no quería terminar antes de estar dentro de ella.
—Lo siento —musitó sin un verdadero sentimiento de arrepentimiento—. Sólo quiero...
Pero ella ni siquiera terminó su frase.
Reptó alejándose de él y descendió hasta situarse entre las piernas de Senku. Necesitaba probarlo tal como él lo hizo con ella. Miró maravillada al miembro del muchacho, era la primera vez que lo contemplaba; su pene era largo, grueso y en ese momento estaba tan duro y erguido como un mástil debido a la excitación del momento.
Kohaku se inclinó y ajustó los labios alrededor de la cabeza del pene de Senku, las caderas del muchacho se alzaron de inmediato en señal de súplica. Lenta y tortuosamente, deslizó la boca por la longitud del miembro, ocupando la mitad del mismo; los dientes de Kohaku rasparon levemente la suave piel del pene y Senku profirió un ronco gemido que amenazó con convertirse en un aullido de placer.
Ambos agradecieron que el observatorio estuviera lo suficientemente alejado de la Aldea y el campamento.
A él le gustaron las atenciones que ella le estaba dando. Deslizándose hacia arriba y hacia abajo una y otra vez; un ritmo lento al principio que luego aumentó en velocidad para luego volver a ralentizarse. No podía hablar, sólo gemir ante el deseo que lo consumía.
—¡Maldición Leona!
Los labios de la chica se apretaron alrededor del pene de Senku cuando sintió la rigidez en los testículos del joven, evitando así que éste llegara a su clímax y prolongando su juego un poco más. Un pequeño truco que Ruby le había instruido, a pesar de sus negativas, en una descarada charla sobre cómo complacer a un hombre.
—Suficiente. —dictaminó Senku, sorprendido por su aparente destreza.
Haló a Kohaku del brazo y con toda la fuerza que fue capaz de reunir, la volteó dejándola sobre su espalda. Era ahora o nunca.
Las manos de Senku tomaron la delicada cintura de la chica mientras una rodilla separaba sus muslos; entró en ella suavemente, amoldándose a su estrechez, fue consciente de la mueca de dolor en el semblante de Kohaku y casi se sintió culpable.
—No voy a moverme hasta que te sientas lista, Leona. —al menos trató de darle un poco de consuelo.
Y el corazón de Kohaku palpitó ante las simples palabras de ese hombre, quién a pesar de todo, estaba cuidándola.
Era extraño y le dolió un poco el hecho de tener a Senku dentro de ella, llenándola de esa manera tan íntima. Se miraron a los ojos por unos segundos, el semblante normalmente serio del científico, ahora estaba luchando por mantener la calma ante el evidente placer que ambos estaban sintiendo.
—Senku, por favor… —pidió ella en un susurro, antes de volver a besarlo.
Y fue todo lo que Senku necesitó para moverse, salió del interior de Kohaku escuchando el suspiro emitido debido a la deliciosa fricción de su miembro en sus paredes, y antes de que ella pudiera reprochar al respecto, arremetió golpeándola profundamente con un empuje poderoso. El deseo lo inundó y se olvidó de la sutileza.
El nombre de Senku abandonó los labios de Kohaku en un rugido de placer.
Él se movió dentro y fuera de ella, la mente de ambos nublada y dejándose guiar exclusivamente por el instinto y la pasión, empujando con un fervor que les robó el aliento. Kohaku enredó las piernas en la cintura del científico para darle un mejor acceso y aumentar la profundidad de las embestidas, su espalda se levantó ligeramente del lecho improvisado.
Una mano acogió la espalda de Kohaku y la otra se mantuvo en el suelo para dar mayor impulso a las embestidas. No iba a durar mucho y Senku maldijo su pésima condición física.
Pero la necesidad desmesurada de amarse fue lo único que pudieron reconocer. Eran ellos en su propio mundo. Donde no existía la amenaza de Xeno ni la proximidad de la estúpida "Gran batalla", sólo ellos. Senku y su Leona haciendo el amor en el silencio y cobijo de la noche.
Senku se apoderó de los labios de Kohaku y ella se entregó a él con total abandono. Es y sería su mujer después de todo. El sabor de ambos se mezcló en aquel interminable beso, fuera de control, mientras se deslizaba profundamente en su interior; la mano del científico liberó su agarre de la espalda de Kohaku y ágil se deslizó entre sus cuerpos para masturbarla con su pulgar.
Ella estalló con un millón de espasmos que apretaron el miembro de Senku. Una vez más, él empujó dentro de ella y sólo eso bastó para que ambos alcanzaran el tan deseado orgasmo.
—¡Senku!
Las paredes de Kohaku se contrajeron con violencia enviando choques eléctricos a su columna, su liberación llegó acompañada de un potente grito que amenazó con rasgar su garganta.
Segundos después Senku se corrió, acallando un fuerte gruñido de placer en el cuello de Kohaku y disparando su cálida semilla en su interior. Cada músculo de su cuerpo experimentó una sensación placentera. Aún así, se tomó su tiempo para abandonar la calidez del interior de la chica.
Cayó exhausto sobre el pecho desnudo de la sacerdotisa y sintió cómo ella trataba de recuperar el aliento.
Permanecieron en esa posición el tiempo suficiente para recuperarse, sin decir absolutamente nada. Aunque no hacía falta en realidad.
Senku salió de ella, emitiendo un ligero gemido y rodó sobre sí para darle espacio a la chica. Kohaku casi por instinto se abrazó a él para no perder el calor del cuerpo del científico.
Él la apretó mucho más cerca y bajó la mirada; ambos empapados en sudor y casi febriles debido a la reciente actividad, estaban cansados y al borde del sueño.
No obstante sus miradas contaron una historia totalmente diferente, en ellos se reflejó un renovado brillo y una promesa.
"Te amo" era lo que silenciosamente expresaron sus ojos, y ellos lo sabían muy bien.
Senku haló la bata que se encontraba en el suelo para cubrirlos a ambos. Los minutos pasaron y el silencio se les antojó cómodo.
Ambos se quedaron dormidos.
-.-.-.-.-.-.
El punzante dolor de una bofetada despertó a Senku. Lo primero que notó tras el dolor, fue la pérdida de calor del delicado cuerpo de Kohaku, lo segundo, fue la aprehensión en sus extremidades y lo tercero, es que todavía estaba semidesnudo.
¿Qué mierda estaba sucediendo?
—Excelente trabajo obteniendo el artefacto petrificador Doctor Senku. —Xeno estaba de pie frente a él, sosteniendo en sus garras el diminuto objeto—. Lamento interrumpir tu plácido sueño, me imagino debes estar agotado por tan agitada noche, pero no podía esperar hasta mañana para obtener lo que me pertenece.
Una burlona sonrisa se instaló en el semblante de Xeno.
Senku enfocó la mirada tratando de salir de la inconsciencia y el letargo del sueño. Se dio cuenta de que estaba sentado en el suelo del observatorio, atado de pies y manos.
—¿Qué demonios significa esto Xeno? —ladró sin molestarse en ocultar su enojo ante la situación—. ¿Dónde está Kohaku?
Miró alrededor, ella no estaba.
—Tu querida Leona está guiando a Stanley al santuario de piedra donde están los demás artefactos petrificadores. Ella accedió amablemente a entregarnos los demás si prometíamos no hacerte daño.
Maldición, ella estaba arriesgando su vida con Stanley y Xeno por protegerlo a él. Esa idiota. Senku fue muy consciente de la fuerza y destreza de Kohaku, si lograba desarmar a Stanley tal vez tendría alguna oportunidad para derrotarlo y escapar. Pero en vez de huir, ella decidió no hacer nada debido a la amenaza que recaía sobre él.
—No hay más artefactos Xeno, el que tienes es el único, y para tu desgracia no funciona. —sólo por un momento Senku pudo saborear la victoria en la frustración que la noticia le daría al Yankee.
No fue así.
—Tu querida novia nos dijo cómo hacerla funcionar de nuevo —Xeno vió la confusión en el semblante de Senku—. Oh ¿Acaso no te lo dijo? Como tampoco te dijo sobre los demás artefactos.
Senku no quiso admitir nada, y de todas maneras el hecho de otorgarle uno de dichos artefactos fue suficiente para él. Kohaku no tenía la obligación de develar el secreto ancestral de sus antepasados. Respetó esa decisión en ella.
—Ya veo. Bueno, entonces creo que te mintió cuando dijo que ahora confiaba plenamente en ti.
Espera ¿Qué?
—¿Cómo lo…? —la declaración confundió a Senku. Esas palabras fueron pronunciadas apenas un par de horas antes, cuando estaban sólo ellos dos.
Xeno lo miró con diversión y quizá, un poco de burla.
—Stanley y yo pusimos micrófonos en este lugar, así como en esa mochila que siempre llevas contigo —Xeno se deleitó con el rostro horrorizado de Senku—. Honestamente tuvimos que apagarlos cuando ella y tú…
Senku apartó la mirada del hombre, un poco avergonzado de que Xeno los estuviera espiando cuando él y Kohaku hicieron el amor.
—En fin. Lo que hagas o dejes de hacer con esa simple aldeana no es de mi incumbencia. —desestimó.
—Una vez que consigas lo que quieres, déjala fuera de esto, y a la aldea también.
—¿Es preocupación lo que escucho en ti Senku?
Él no respondió. Sí, no quería involucrarla ni a ella ni a los habitantes de esa aldea. Mucho menos a los otros miembros del equipo, sus amigos. Después de todo, Gen no se equivocó en cuanto a Xeno.
—Tienes mi promesa de que nos marcharemos de aquí en cuanto obtengamos lo que vinimos a buscar.
Eso fue un alivio para él y quizá fue lo mejor, nunca debió involucrarlos a ellos en esta peligrosa situación.
—Pero no te preocupes por tu preciosa Mujer. Ella vendrá con nosotros de regreso, después de todo, es la única que conoce el verdadero funcionamiento del artefacto y quizá un par de secretos más que no nos ha dicho.
Las palabras horrorizaron a Senku y la angustia se cernió sobre él, eso era lo último que quería. Inútilmente pensó que una vez que Xeno obtuviera lo que quería, entonces sólo la dejaría fuera de todo esto.
Cuán equivocado estaba.
Senku maldijo y se reprendió internamente, nunca debió acceder a realizar ese viaje a la Isla. De ser así, Kohaku y el resto de la Aldea no estarían en peligro.
Xeno era un monstruo egoísta que sólo actuaba por sus propios intereses sin importar la manera de conseguirlos.
.
.
.
Fin.
N/A:
Quería hacer un UA tipo Atlantis pero al final esto fue lo que salió, no es lo que esperaba pero estoy un poco conforme con el resultado XD
Lamento el Lemmon innecesario de ahí arriba coffcoffteníaquehacerlocoffcoff ejem, no me maten plz (?)
Pd. Me gusta poner a Xeno como el villano 7u7 disfruto muchísimo escribiendo sobre él y más aún siendo el malo de la historia u.u
Bueno, espero les haya gustado y me lo dejen saber con sus comentarios :3
Hasta la próxima n.n
