Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

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~De ascensores, trajes y pequeñas fieras~

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Subir las malditas escaleras del complejo es y sería siempre una tortura en tanto el dueño del edificio no se dignara a reparar el estúpido ascensor. Como inquilino que habitaba en el cuarto piso -uno muy cumplido y al corriente con el arrendamiento, si podía presumir- estaba en todo el derecho de levantar una bien merecida queja.

Maldijo a Taiju por descomponer los botones del panel cuando en un momento, uno de esos que Senku catalogó como "lapsus grandulón", éste arremetió con una certera patada hacia el jodido panel de control. Oki fácilmente podría ganar el premio al acto más estúpido de la historia de la humanidad.

Senku maldijo por su pésima condición física, las escaleras se convirtieron en su viejo némesis desde aquel incidente.

Estaba en el segundo piso y ya podía sentir sus pulmones a punto de explotar, así como la negativa de sus pies a seguir subiendo un mísero escalón más. Él era un científico, no un atleta ¡por amor a Einstein!

¡Maldición, tu puedes hacerlo! repitió como un mantra.

Senku estaba tomando muy enserio la idea de reparar ese ascensor él mismo ¿Cuán difícil podría llegar a ser? Si podía construir un cohete desde cero y programar un pequeño asistente robótico con su padre, entonces el reto de reparar el estúpido e inservible ascensor sería pan comido para él.

Si sus doctorados no eran una prueba irrefutable de su intelecto y capacidad, entonces no sabía qué demonios eran.

El tercer piso fue una odisea. Estaba jadeando y prácticamente colgado de los barandales para poder avanzar un poco más. El descanso que conectaba con el cuarto piso fue como un pequeño oasis a su sufrimiento interminable de cada noche.

Honestamente volver del trabajo y tener que subir esas sinuosas escaleras cada noche eran una tortura. Kohaku seguramente estaría riéndose de él si lo viera en tan deplorable estado de agitación por algo tan simple como llegar al departamento que compartían.

En general, ella sacaría provecho de cualquier situación desventajosa en la que Senku se encontrara sólo para cobrar factura por todas esas veces en las que él la molestó adrede para ver ese adorable puchero en sus bellos labios.

Llegó a la puerta de su departamento echo una completa mierda.

Pero no podía entrar así ¡Oh no!

Como cada noche, Senku trató de recomponer su patética apariencia. Calmó su violenta y agitada respiración, se arregló la bata que se negó a cambiar antes de dejar el laboratorio y limpió el exceso de sudor de su frente.

No dejes evidencia. Se dijo. Cualquier indicio sería motivo de burla de esa Leona, y no, no podía caer más bajo esa noche ni ninguna otra.

¿Qué clase de esposo sería si se dejara intimidar por esa fiera y hermosa mujer? Su mujer, la chica con la que decidió compartir el resto de su vida a pesar del dolor de cabeza que el amor representó.

Una vez que Senku se cercioró de que su apariencia era medianamente presentable, se dispuso a sacar las llaves del departamento con cautela con la intención de darle una sorpresa a su Leona. Esa noche en particular fue de las pocas en las que pudo salir temprano del laboratorio debido a una repentina interrupción en la energía eléctrica, bueno sí, una que fue enteramente causa suya.

Pero ¿Quién podría adjudicarle todo el peso de la culpa? No es como si hubiera sido adrede. Los accidentes por sobrecarga de reactores sucedían, fue error del laboratorio no preveer algo como eso ¿Cierto?

La llave del departamento se detuvo sólo a un milímetro de la chapa de la puerta, el sonido distorsionado pero familiar al otro lado llamó la atención de Senku. ¿Qué era? Con cuidado, acercó el oído al frío metal para escuchar mejor, sí, era una melodía vagamente reconocible.

Junto a este peculiar sonido, pudo distinguir también las voces de otras dos personas. ¿Alguien más estaba con la Leona?

El primer pensamiento lógico en Senku fue que obviamente debía tratarse de Chrome y Ruri. Su ahora cuñada solía visitar más a menudo a Kohaku desde hacía un par de meses, y Chrome, bueno, venía incluido en el paquete desde que él y Ruri se hicieron "un sólo artículo".

Pero, Senku desechó la idea de la visita de la pareja al recordar que Chrome le informó esa mañana que esa noche al fin se armaría de valor para proponerle matrimonio a Ruri.

¿Entonces?

La otra opción fue Gen y Ryusui.

El ceño de Senku se pronunció ante la premisa de una inesperada visita de ese par. Lo último que quería al llegar a casa fue soportar los comentarios pícaros y fuera de lugar del combo "operación cupido". Fue inevitable que un ligero gruñido escapara de la garganta del científico.

¿Sería una buena opción dar media vuelta e ir por un poco de ramen instantáneo en el pequeño local al final de la cuadra? Quizá. Sin embargo, si algo le desagradaba aún más a Senku que soportar las burlas y comentarios de Gen, eran esas malditas escaleras. ¡Ni hablar! No quería arriesgarse a morir por cansancio esa noche.

Con la decisión tomada, Senku abrió la puerta para afrontar un suicidio social a manos de ese par. Sin embargo lo que encontró fue algo totalmente diferente a lo que esperó.

¡¿Qué demonios?!

—¡Es un ciiiiiiiclo sin fiiiiiiiin! —Taiju desafinó.

Más que cantar, el grandulón estaba prácticamente gritando a todo pulmón la última línea de la canción.

Pero eso no fue lo peor. Senku se petrificó en el dintel de la puerta cuando se dió cuenta de la absurda situación que se estaba suscitando frente a sus ojos.

El grandulón estaba parado sobre la mesita de la estancia, sosteniendo un pequeño y afelpado bulto amarillo entre sus manos, en un intento barato de imitar la escena de la presentación de Simba. De nuevo ¿Qué demonios?

Pero no estaba solo, ya que dos espectadoras estaban solapando dicho disparate.

Un momento, Senku se dio cuenta de otra cosa. El pequeño bulto amarillo afelpado estaba moviéndose… no, no era un simple bulto.

—¿Qué demonios pasa aquí y por qué rayos Byakuya tiene ese traje de Leoncito? —Senku trató de modular su voz en un tono apacible, sin embargo sus cejas crispadas denotaron todo lo contrario.

¿En qué clase de extraña dimensión estaba?

Los presentes lo miraron, notando su presencia al fin.

—Oh, llegaste temprano Senku. —Kohaku comentó sorprendida pero sin mirarlo realmente ya que toda su atención estaba en la pantalla del celular con el que estaba fotografiando a su pequeño bebé.

Yuzuriha le dedicó una apenada sonrisa a su amigo antes de apagar la música de fondo del tema del Rey León.

—Bienvenido Senku-Kun —la mujer haló de la camisa de Taiju para que se bajara de la mesa—. Disculpa que viniéramos sin avisar, Kohaku nos dijo que llegarías más tarde.

—¡Senku! —Taiju se bajó de inmediato sólo para correr hacia el científico aún con el pequeño Byakuya en manos—. ¡Yuzuriha le confeccionó esto a tu bebé y estamos haciendo una sesión de fotos!

El grito del grandulón resonó por todo el departamento y Senku no pudo más que encogerse ante el nivel de decibeles que estaban perforando sus tímpanos. Esperaba llegar a la vejez con su sentido del oído intacto, pero Taiju y Chrome se encargarían de que no fuera así.

El científico miró al pequeño bebé de no más de seis meses, estaba igual o tal vez aún más confundido que él ante toda esta situación. Senku buscó una certera explicación en Kohaku, pero lo único que encontró fue una mirada embelesada de su esposa hacia su hijo.

Estaba claro quién solapó a quién en esta locura. Si bien Kohaku era una mujer de carácter fuerte y en ocasiones atrevida, cuando se trataba de Byakuya o cualquier otro niño en general, las barreras y fachada se derrumbaban para dar paso a ese lado maternal y cariñoso en ella.

—Es un obsequio para el pequeño Byakuya. —Yuzuriha señaló la bolsa de regalo olvidada en uno de los sillones.

—¡Ja! No podría esperar menos de la mejor diseñadora de la ciudad. —El tono y mirada de Kohaku denotaron lo mucho que le había gustado el obsequio.

Sí, Kohaku se enamoró del trajecito apenas lo vió fuera de la bolsa y reafirmó su amor cuando Byakuya lo llevó puesto. Era simplemente perfecto para él, a pesar de la ironía implícita en el diseño.

Lo dejaría pasar, por ahora.

Yuzuriha se sonrojó ante el cumplido, honestamente sólo quería obsequiarle algo a su pequeño sobrino. Sin embargo fue Taiju el de la idea de la sesión de fotos, secundado después por Kohaku al no poder resistir la ternura de su bebé en el trajecito.

Los mechoncitos pálidos del pequeño que sobresalían del gorro del traje sólo complementaron aún más el diseño y le dieron la caracterización final.

—¿No es lindo? —insistió Taiju, lavantando aún más a Byakuya para que todos pudieran admirarlo desde arriba.

—¡Maldición grandulón, dame a mi hijo antes de que lo rompas como hiciste con el estúpido ascensor! —Senku sostuvo a Byakuya entre sus brazos, arrebatándoselo a Taiju en un abrir y cerrar de ojos.

El bebé no pareció quejarse, más bien, se mantuvo ocupado chupando el puño de su mano, la que estaba envuelta en la tela del traje y emulaba una patita.

Senku levantó una ceja al reconocer que muy a su manera, Byakuya le estaba dando el visto bueno al traje. El patrón era simple, solía meterse a la boca todo lo que considerara de su agrado.

Kohaku se acercó a su esposo y su hijo, aún tenía esa mirada, reconoció Senku. En sus profundos ojos aguamarina parecían brotar corazones cada que contemplaba a su bebé. Y Byakuya correspondió, removiéndose de los brazos de Senku para estirar las manitas hacia su madre.

Traidor. Dijo Senku mentalmente. Aún así le entregó el bebé a Kohaku.

—Necesita un cambio de pañal, creo que me lo llevaré un momento. —le dijo ella a Senku, mientras tomaba al bebé de los brazos de su esposo.

—De acuerdo, Leona.

—¡No me llames así! —se quejó, enviándole una mala mirada.

—Deja de fingir que no te gusta que te llame así. Ese traje de Leoncito de Byakuya y tu mirada embelesada en él me confirman al diez mil millones por ciento de que eres una Leona.

—Idiota.

Kohaku fingió estar indignada cuando se dió la vuelta para caminar hacia la habitación de Byakuya, la que estaba contigua a la suya y la de Senku.

Los pisotones también le confirmaron a Senku que no sólo era una Leona, sino también una furibunda gorila. Pero esto último se lo guardaría para sí mismo, no quería correr el riesgo de dormir en el sofá esa noche.

Una estúpida sonrisa se formó en su semblante, le encantaba provocar a esa fiera que tenía por esposa.

—Ooooooooh...naaaaaaaaaaa... cigüeñaaaaa…

El tono desafinado de Taiju inundó de nuevo la estancia, cuando Senku volteó para mirar a su ruidoso amigo se percató de que el grandulón estaba de nuevo sobre su mesita de café. El científico rogó porque la madera no cediera ante el peso de Taiju, suficiente tenía con ese estúpido ascensor descompuesto.

—Oye Grandulón no vayas a… —No terminó.

La suerte no estuvo de su lado. Taiju cayó al suelo con un ruido sordo y partiendo la mesita en dos.

Genial, este era otro de esos momentos de "lapsus grandulón".

Nota mental. Nunca dejar a Taiju solo sin supervisión.

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Fin.

N/A:

Otra cosita porque sí (?)

Tenía esta idea atorada en mi mente desde hace algún tiempo, quizá no salió como quería y sea muy "meh" pero algo es algo XD