Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

.-.

Capítulo 5. El comienzo de una nueva vida.

.-.

"Dime ¿Por qué no puedes dejarla ir? ¿Por qué sigues aferrándote a algo que ya no tiene solución? Dame una sóla razón para entender y no juzgar"

"¿Si te dijera que soy un pequeño bastardo egoísta? ¿Esa respuesta sería suficiente para ti?"

-.-

-.-

—Puedo ayudarte con eso, Kohaku.

Luna tomó la pila de platos sucios que estaban sobre la mesa, dispuesta a lavarlos. Kohaku se encogió de hombros, a esas alturas, a ella ya no le importaba lo que la chica Estadounidense hiciera o dejara de hacer.

Aunque últimamente Luna mostró cierta predisposición a ayudar con los quehaceres del hogar. Era torpe, sí, por supuesto, pero a pesar de ello se esforzó por hacer todo lo posible.

Kohaku consideró que dejar las cortesías y "mimos" a un lado sería lo mejor después del enfrentamiento que ambas tuvieron. También consideró que cada habitante en ese estrecho departamento cumpliera con alguna tarea en específico, por su parte, Kohaku era la encargada de preparar el desayuno y era justo que Luna ayudara de igual manera, ya fuese con algo menor como lavar los platos.

Ahora que ella se ofreció, Kohaku no rechazaría su propuesta.

Dignificó las palabras de Luna con un simple asentimiento de cabeza y salió de la cocina para ir a su cuarto, necesitaba salir de inmediato por asuntos relacionados a su nuevo lugar para vivir. Ryusui tenía muchas influencias después de todo, y ya tenía prácticamente listo un departamento para ella.

Se alistó en un par de minutos y tomó su bolso, dispuesta a marcharse ya. Pero antes de que pudiera salir, se cruzó con Senku, quien simplemente la observó detenidamente desde la estancia mientras bebía una taza de café antes de ir al laboratorio.

El ambiente entre ambos aún era tenso y no se dirigían la palabra a menos que fuese estrictamente necesario. Las hirientes palabras de Senku todavía causaban estragos en el corazón de Kohaku.

— ¿Vas a salir? —interrogó él, aunque el bolso en mano y el atuendo eran indicativos de que así era.

—Si. —fue todo lo que Kohaku estaba dispuesta a darle.

Ella no tenía por qué informarle sobre cada uno de sus movimientos, acciones y decisiones.

Intentó pasar de él pero le fue imposible. Senku le bloqueó el camino para poder hablar con ella, lo necesitaba con urgencia, necesitaba aclarar todo y derribar ese muro invisible que Kohaku había edificado entre ambos.

—Leona espera —dándose cuenta de la cercanía y de cómo ésta parecía incomodar a la chica, retrocedió un paso, sólo lo suficiente para evitar que ella saliera huyendo—. Lo siento.

"Por gritarte esas cosas."

"Por haberte tratado como lo hice."

"Por enojarme."

"Por esta situación de mierda en la que nos metí gracias a mi insensatez."

"Por ser un completo idiota."

Senku no se atrevió a pronunciar esas palabras, pero miró a Kohaku tan intensamente con la esperanza de que ella comprendiera el verdadero significado tras esa tosca y pobre disculpa.

Y ella lo supo cuando vió esa expresión intensa en su mirada, en sus ojos, esos ojos tan expresivos de Senku que gritaron lo que su boca se negó a pronunciar. Kohaku odió admitir que a pesar de todo, aún mantenían esa clase de conversación en la que podían entenderse sin palabra alguna.

—Se me hace tarde. —se excusó, presa del pánico de lo que esa mirada pudiera hacerle.

Ceder a los encantos de ese bastardo no era una opción, en el pasado quizá sí, esos preciosos ojos carmín eran la perdición de Kohaku con tan sólo una mirada. Hoy sin embargo, la historia fue un poco diferente.

Fue una lástima que ella no tuviese ánimos o tiempo para tener esa conversación. Antes tal vez, pero no ahora, no después de lo que sucedió; la imagen de Senku molesto, acusándola a ella de causar estragos y perturbar a Luna aún revoloteaba en su mente y le hacía hervir la sangre.

— ¿Has desayunado ya, Leona?

¡Oh, vaya! ¿Ahora si se percataba de su presencia en el departamento? Y además estaba usando de nuevo ese apodo con ella. Una parte muy pequeña de Kohaku reconoció ese molesto sentimiento de felicidad en su interior, mientras que la otra, la reprendió por estar albergando inútiles esperanzas.

Ella asintió mientras fingía estar buscando algo dentro de su bolso.

—Escucha Senku, tu padre habló muy temprano preguntando por ti, dijo que irá a verte al medio día.

Una vez informó, Kohaku apartó a Senku del camino y salió a toda prisa del lugar. No respondió las preguntas que Byakuya le arrojó durante la llamada telefónica, reparó en que debiera ser Senku quien le informara de los pormenores.

Lo cual también le recordó...

Oh, mierda ¡su padre!

Kohaku olvidó por completo la invitación a cenar que Kokuyo les extendió a ella y a Senku la semana pasada cuando llamó al departamento ¿cómo le explicaría la situación? Tendría que inventar alguna excusa creíble para evadir dicha reunión la próxima semana.

.-.-.-.-.-.-.

La situación no podría ser más incómoda, la insistente mirada de Byakuya taladró a Senku desde el momento en el que tocaron el tema. Quizás debió fingir no estar en el laboratorio cuando escuchó el teléfono sonar o pudo decirle al guardia de seguridad que le dijera a su padre que estaba muy ocupado para recibir visitas.

Fue un tonto.

— ¡No puedes estar hablando enserio, hijo! —La exasperación se hizo patente en el estridente grito de Ishigami Byakuya.

Los escandalosos rumores inevitablemente llegaron a él y ahora éstos fueron confirmados y certificados por el implicado número uno. Byakuya se debatió entre dos emociones: Felicidad por ser un futuro abuelo (mentiría si dijera que no deseó tal cosa desde que Senku le informó que había conseguido una hermosa novia).

Y por otro lado estaba la tristeza por Kohaku, su "querida nuera y futura hija" como él la autonombró desde que Senku se la presentó oficialmente. Byakuya apreciaba y quería a esa chica, por lo que pudo imaginarse cuán dura era la situación para ella.

—Qué molesto ¿podrías gritar un poco más fuerte? Creo que la ciudad entera o todo Japón no te escuchó. —siseó Senku, hurgando en el interior de su oreja para calmar el dolor que el ridículo incremento de decibeles le provocó.

Fue molesto tener que poner a su viejo al tanto de la situación porque sabía lo que venía a continuación.

Byakuya le dio una mirada profunda y significativa.

— ¿Qué piensas hacer? —el tono del hombre fue serio.

¿Tenía que repetirlo otra vez?

— ¿A qué te refieres, viejo? —hacerse el desentendido tal vez le ganaría un poco de tiempo para pensar en una respuesta.

Pero no el suficiente.

—Me refiero al bebé y a su madre, pero lo más importante es ¿qué pasará con Kohaku?

Byakuya puso las cartas sobre la mesa, honestamente toda esa situación le pareció inverosímil, pero no tanto como la postura que Senku estaba tomando al respecto. ¿En qué momento su brillante hijo se convirtió en un reverendo estúpido?

Sí, quizá Senku era un genio en el sentido estricto del conocimiento científico, pero Byakuya también reconoció que el joven carecía de sentido común y habilidad en todo lo que involucrara asuntos sentimentales y del corazón.

—Bueno —Senku llevó la mano a su cuello, fingiendo destensar un área carente de dolor—. Tomaré la responsabilidad de ese bebé, pero no me casaré con Luna, no la amo.

Ok, eso era algo sensato y Byakuya lo reconoció, no iba a darle un sermón a Senku por su elección ni mucho menos le obligaría a cumplir con una obligación a costa de su felicidad. Después de todo, Byakuya ya no tenía derecho a meterse en la vida de su hijo o tomar decisiones por él como cuando era un niño. Senku debía aprender de sus errores y enmendarlos por cuenta propia.

Sin embargo, dar pequeños empujones en la dirección correcta del camino, todavía estaba permitido.

—No puedo obligarte a nada que no quieras hacer hijo, pero ¿qué pasará con Kohaku? Es injusto para ella tener que soportar esta situación.

Lo era, muy injusto y Senku con su reciente actitud no hacía las cosas más fáciles.

—Esa Leona no quiere escuchar razones, es muy necia y testaruda.

—¿No harías lo mismo si estuvieras en su lugar? Dime Senku, si otro hombre apareciera en la vida de Kohaku y te desplazara ¿No te sentirías herido? —a pesar del semblante estoico en su hijo, Byakuya reconoció el ligero estremecimiento en sus facciones.

¡Por supuesto que lo estaría! La sola idea de que alguien más apareciera y le quitara a Kohaku le perturbó. Aunque nunca lo admitiera tan abiertamente delante de terceros, él realmente la amaba.

—Luna jamás desplazará a Kohaku. Es a esa Leona a quien yo… —se detuvo cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir.

Senku no era el tipo más afectuoso del planeta, pero sólo podía dignificar esas palabras en contadas ocasiones cuando estaba con ella.

—Lo sé —le dijo Byakuya al comprender lo que estuvo a punto de decir—. Pero creo que deberías decírselo a Kohaku también.

Lo hizo, una y otra vez desde que Luna irrumpió en sus vidas, pero Kohaku se negó a escuchar razones.

—No quiero perderla —se sinceró. A pesar de todo, aún amaba a Kohaku y quería un futuro junto a ella, eso no cambiaría.

— ¿No crees que es algo egoísta de tu parte, hijo? Sé que no fue intencional, pero de alguna manera esto la está dañando aún cuando no diga nada al respecto.

A saber, Kohaku prefería guardarse algunas cosas para ella misma y no preocupar a los demás, e incluso sacrificarse por el bienestar de otro.

—Lo sé.

Incluso con ese conocimiento, Senku se negó a ceder debido a su egoísmo. Él se aferraría a ella hasta el último momento con tal de salvar su relación y el futuro que tendrían juntos.

Byakuya se acercó a su hijo, unas leves palmadas sobrevinieron a las palabras que estaba a punto de pronunciar:

—Haz lo correcto hijo. —le dió una última mirada significativa antes de despedirse y salir del laboratorio.

Hacer lo correcto. Senku ni siquiera sabía lo que eso significaba o en el peor de los casos, cómo hacerlo.

.-.-.-.-.-.-.-.

—Esto está delicioso. —Luna dejó el segundo bote de helado de esa tarde sobre la mesita de la estancia.

Kohaku apenas le prestó atención, toda su concentración se enfocó en los papeles que Ryusui y Francois le habían entregado. Un pequeño contrato con los términos y condiciones del arrendamiento; la noticia de que en un par de días podría mudarse de ahí y librarse de esa situación le otorgó un poco de tranquilidad.

Su teléfono vibró llamando su atención, era un mensaje de Mozu diciéndole que abriera la puerta.

Dejó a un lado sus papeles para atender el llamado. En los últimos días la compañía de Mozu le hizo sentirse cómoda e incluso olvidar un poco la situación en la que se encontraba, hablar con alguien más que no fuese su consciencia ayudó bastante a despejar su mente.

—Pensé que me dejarías aquí, preciosa. —La descarada sonrisa de Mozu se amplió al ver el semblante de molestia en Kohaku.

Sabía de antemano que ella sólo estaba fingiendo dicha emoción. Como ya era costumbre, el vecino ingresó con total confianza al lugar.

—Por supuesto, pasa. —soltó ella con sarcasmo al cerrar la puerta.

— ¿Ocupada? —trató de iniciar una conversación.

Mozu notó la ausencia de Kohaku en el Dojo esa mañana e incluso en el turno de la tarde, Tsukasa fue quien le informó del permiso que la chica pidió para faltar a las lecciones de su clase ese día. De hecho, fue Mozu quien cubrió su turno esa mañana.

—¿También vas a preguntarme por el clima o qué? Algunas personas sí tenemos asuntos que atender. Pero tú… —lo señaló acusadoramente con el dedo—. ¡Ja! Aún no entiendo de dónde sacas el tiempo suficiente para venir a molestarme.

No exactamente, de hecho sabía parte del itinerario en el que Mozu malgastaba el tiempo libre, y pasar al menos una hora molestándola a ella se convirtió en un hábito reciente; ya fuese en el Dojo, en la calle o donde quiera que se lo topara por mera casualidad.

Ir directamente al departamento ya parecía una costumbre que comenzaba a arraigarse con el pasar de los días.

—Bueno ¿vas a ofrecerme algo o tengo que servirme yo mismo?

Fue inevitable rodar los ojos. Mozu en ocasiones era muy confianzudo en algunos aspectos, como el hecho de tomarse ciertas libertades en el departamento. Y asaltar la nevera, eso siempre molestaba a Senku de antaño.

A pesar de ello, Kohaku le indicó que se sirviera lo que quisiera.

Pero él se detuvo en seco cuando vió de nuevo a esa chica Estadounidense en el sofá de la estancia.

—Hola. —saludó Luna un tanto avergonzada ante la presencia del nuevo extraño.

Ella miró a Mozu de arriba hacia abajo y dictaminó que su apariencia ya decía demasiado sobre él. También reconoció que era un hombre guapo y fornido.

—Ah, eres tú —regresó el saludo, sin reparar demasiado en la sutileza de sus siguientes palabras—. La mujer que el flacucho embarazó, creí que ya te habrías marchado.

El rostro de Luna se calentó y enrojeció de vergüenza ante tal expresión, ella ya se esperaba que todos en el complejo de departamentos supieran sobre su presencia en el lugar, aún cuando ella no saliera demasiado o conviviera con los demás inquilinos.

Pero esto, bueno, fue otro nivel de sorpresa.

—Soy Luna Wright, mucho gusto. —se presentó por simple cortesía.

Luna se negó a ser conocida como "La mujer que Senku embarazó".

— ¡Mozu! —reprendió Kohaku.

— ¿Acaso dije algo malo?—su fingida inocencia no convenció a nadie. Sin importarle la mala mirada que Kohaku le estaba dando, se concentró en Luna, observándola detenidamente.

De alguna extraña manera esta chica extranjera le pareció familiar pero no sabía por qué, a decir verdad ¿De dónde podría conocerla? Fue hasta este momento que se percató de ello

— ¿Es amigo de Miss Kohaku? —Luna se dirigió a Mozu.

Pero fue Kohaku quien se apresuró a hablar, alegando que él era su vecino, colega de trabajo y común amigo de Senku y suyo. La charla resultó algo incómoda ya que Luna se quedó todo el tiempo con ellos, irrumpiendo de vez en cuando mientras degustaba su tercer bote de helado.

Esa chica era como un agujero negro.

—Oye lindura, creo que eso es demasiado helado para ti. —Fue sólo la humilde opinión de Mozu sobre la manía de Luna por engullir helado como si no hubiera un mañana.

Quizá no era médico, pero el sentido común le dijo que eso no era bueno o sano para alguien en la condición de esa chica, demonios, ni para cualquier persona en general.

—Es delicioso. —expresó. Las comisuras de los labios de Luna y parte de sus mejillas se mancharon con el postre.

—Si tú lo dices.

Con otra mirada especulativa y un ligero encogimiento de hombros, Mozu dió por terminada la conversación al saber que sus palabras no harían la diferencia para que ella entrara en razón.

De un momento a otro la cuchara que Luna sostenía cayó al suelo, salpicando el piso y parte de su vestido. Pero el desastre quedó en el olvido cuando ella soltó un quejido ensordecedor y después un grito que irrumpió la charla entre Kohaku y su visitante.

— ¿Qué te sucede Luna? —En dos zancadas Kohaku ya se encontraba junto a ella.

La chica Estadounidense presionó su vientre con ambas manos mientras emitía gritos de aparente dolor.

—Fue el helado. —acusó Mozu, levantándose estrepitosamente y mandando a volar uno de los enormes botes vacíos.

Error. No fue el helado. Kohaku intuyó que más que el malestar causado por el postre y una posible infección intestinal, las contracciones del parto habían iniciado.

—El bebé —atinó a decir Luna con dificultad. El dolor era insoportable y sintió como si estuviese a punto de partirse a la mitad—. He roto fuente. —informó.

El pánico se apoderó de Mozu y Kohaku.

—¡Llama a la ambulancia! —Kohaku le ordenó a Mozu.

—No lo lograré —hipó Luna al borde del llanto—. El bebé ya viene.

¿Qué otra opción tenían? Aún si la trasladaban en auto tardarían cuando menos media hora en llegar al hospital más cercano.

—Necesito agua caliente, unas mantas y...

Mozu miró incrédulo a su vecina. No se atrevería ¿o sí? Y él se preguntó seriamente si ella era experta en partos o alguna mierda como esa.

—No puedes estar hablando enserio, preciosa. —le dió una mirada incrédula a la chica.

—¡Maldición Mozu, no tenemos tiempo! Sólo haz lo que te diga.

Como pudieron, recostaron a Luna en el sofá, acomodando la cabeza y las piernas en una posición que hiciera más fácil recibir al bebé. Quizá Kohaku no tenía experiencia previa en estas cosas pero había visto películas y series donde hacían lo mismo.

Podría funcionar. Se dijo.

Los minutos pasaron y lo único que se escuchó en el departamento fueron los lloriqueos y gemidos de dolor de Luna.

—Necesito que lo recibas. —le indicó Kohaku a Mozu sin vacilación alguna en su tono de voz.

—Yo creo que eso no va a pasar.

Oh no, todo menos eso ¿por qué él? Obviamente se negó una y otra vez, pero cambió de parecer en cuanto Kohaku lo tomó de la camisa y lo zarandeó profiriendo todo tipo de amenazas.

Las manos de Mozu temblaron mientras se posicionaba frente a Luna, las arcadas ante la desesperación del momento no se hicieron esperar. ¡Jodida situación!

—Solo un poco más —Kohaku se aferró fervientemente a la mano de Luna para darle apoyo—. Tienes que pujar… sólo respira y puja.

Mozu vió con horror cómo la diminuta cabeza del bebé comenzó a asomar, y estuvo a punto de mandar todo al demonio y salir huyendo de ahí cuando en un loco e impulsivo arranque de valor y convicción, recibió al pequeño cuerpo entre sus manos y lo ayudó a salir.

Una última exhalación y la emisión de un estridente llanto inundó el departamento.

—Es una niña. —Kohaku tomó a la bebé entre sus brazos antes de envolverla en una manta. El pequeño y frágil cuerpo de la criatura emitió una calidez agradable.

Y algo dentro de ella terminó de romperse al sostener de aquella manera a la hija de Senku.

Le entregó a la bebé a Luna y Kohaku se apartó, evitando en todo momento encontrar su mirada con la de la chica. Les dió la espalda para no presenciar el momento de madre e hija y se encaminó a la cocina pasando a Mozu sin decir una sola palabra.

Pero lejos de hacer algún comentario, él decidió darle su espacio a Kohaku. Por la expresión en su semblante no fue difícil imaginar lo que estaba sucediéndole tras traer al mundo a la hija del que hasta entonces era su novio y la mujer con la que la engañó.

—Eres un pequeño bastardo Ishigami. —soltó para nadie en particular apartando la mirada de la conmovedora escena que tenía frente a él.

Minutos después una ambulancia arribó y el doctor revisó los signos vitales de Luna y de su bebé.

Mozu decidió unirse a Kohaku en la cocina para darle más privacidad a Luna y al Doctor.

—Lo has hecho bien. —felicitó Kohaku a Mozu, quien al parecer había recuperado el color en su rostro.

Él soltó una leve carcajada ante el tono socarrón con el que las palabras fueron pronunciadas. Gracias a ella, esa sería la experiencia más traumante de su vida que jamás olvidaría.

—Tú tampoco lo has hecho mal, preciosa.

—Realmente pensé que te desmayarías antes de que todo terminara. —lo picó adrede.

—Jamás me hagas repetir una mierda así ¿Entiendes? Me debes una muy grande Kohaku. —Mozu rió amargamente antes de terminar su lata de cerveza de un solo sorbo. De alguna manera quería olvidar ese traumático suceso.

Poco a poco el ambiente se calmó y se convirtió en una amena charla.

Media hora después el doctor se marchó y Luna se encontraba profundamente dormida junto a la niña en la habitación de Senku.

La puerta se abrió y Senku entró rápidamente al departamento.

— ¿Dónde están? —aceleró el paso hasta donde Kohaku y Mozu se encontraban, preguntándose de hecho, sobre la presencia de este último en su hogar y ¿Por qué aún seguía ahí?

Mozu señaló el pasillo que conectaba la estancia con las habitaciones y Senku entendió.

En un rápido e inesperado movimiento, Senku se inclinó hacia Kohaku para estrecharla entre sus brazos y luego la besó.

Un beso que dejó inmóvil a Kohaku.

—Gracias Leona. —Sus palabras fueron sinceras. Mozu le llamó para contarle todo, y Senku estaba muy agradecido con ella.

Sin decir nada más, el científico se encaminó hacia la habitación donde Luna estaba durmiendo.

—Eso es jugar sucio —soltó Mozu sin humor y con un tinte de apatía en su tono. Incluso para alguien como él, dicha acción le resultó bastante baja—. Bastardo.

Kohaku no respondió cuando se levantó para ir a su habitación y encerrarse en ella. En efecto, algo se removió en su interior con ese beso.

Un sentimiento agridulce arañó su corazón.

—No tienes por qué soportar esto —Mozu la siguió en silencio y permaneció de pie al otro lado de la puerta—. Me iré, llámame si necesitas algo o ven al departamento, como sea solo búscame. —fue una oferta sincera de su parte, Kohaku parecía tan rota, casi hecha una mierda.

Y a él no le gustó, es más, le enfermó verla de semejante manera. A ella, la chica fuerte y ruda que una hora atrás y en todos los entrenamientos amenazó con patearle el trasero.

Tal como comenzó a hacerlo en esas semanas, él estaría dispuesto a escucharla. No sabía por qué lo hacía, pero estaba tan interesado en descubrirlo y la única manera era estando cerca de ella.

.

.

.

Continuará…

N/A:

Me atrasé un poco con el capítulo debido a un par de problemas que espero puedan resolverse al final de esta semana. Y si no, bueno, creo que me estaré demorando sólo un poco (espero) con las actualizaciones de ésta y de las otras historias…

Ojalá y no.

Pero bueno, al fin lo terminé y aquí está. No falta mucho para que este Fic llegue a su final, de hecho después de este capítulo sólo faltarían dos más y el epílogo.

Me gusta Mozu ¿Qué les puedo decir?

Y tampoco me resistí a meter a Byakuya en esto para jalarle las orejas a Senku por ser tan egoísta… bueno, ok, no es que Papi Byakuya le diera unas buenas nalgadas al Cebollín pero al menos le hizo pensar en qué pasaría si él estuviera si las cosas fueran al revés…

Y bueno creo que eso es todo por ahora, lamento hacer sufrir así a la Leona y de paso a ustedes también cada que leen esto… y agradezco a los que aún así siguen esta historia a pesar de todo lo que hago con nuestro amado Senhaku…

Pronto se va a aclarar todo 7u7r

Espero que el capítulo les gustara y que me hagan saber sus opiniones al respecto… igual si quieren funarme lo acepto XD

En fin, hasta la próxima n.n