Dr. Stone no me pertenece es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

Capítulo 6. Punto de quiebre.

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El presente es sólo el resultado de las decisiones que tomamos en el pasado.

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Las ojeras debajo de los ojos de Kohaku eran la prueba irrefutable de la falta de sueño en esos tres días. Estaba agotada a más no poder y su cuerpo le pidió a gritos un descanso o un momento de paz.

Un sollozo inundó el departamento y los nervios de Kohaku se balancearon a través de un vertiginoso precipicio. Fue la quinta o sexta vez en esa mañana que la niña pidió atención y alimento.

Sin tener la mínima intención de hacerlo, se levantó de la cama arrastrando los pies cual peso muerto por el cuarto para tomar una ducha y vestirse. No fue una sorpresa para Kohaku encontrar un verdadero desastre en la sala (uno mucho peor que el de antes) y a un Senku atareado en preparar la fórmula de la pequeña criatura.

Kohaku admitió que fue lastimero y a la vez tan conmovedor verle de esa manera, asumiendo al fin el rol de un padre.

Tristemente del hijo de otra mujer.

Senku quizá no era el sujeto más afectuoso o delicado del mundo, pero residía en él un ápice de encanto involuntario para con los niños. No por nada, Suika, Mirai y el hijo de Taiju lo adoraban sin explicación aparente a pesar de su tosca personalidad.

Y ella se imaginó en más de una ocasión desde que el tema de formar una familia salió a colación, que Senku sería el mejor padre que sus futuros hijos podrían tener.

Y lo era, muy a su pesar él estaba haciendo su mejor esfuerzo.

Kohaku sacudió la cabeza tratando de disipar la amalgama de pensamientos en su mente, se prometió a sí misma dejar aquel sentimiento de autocompasión y tristeza a un lado por su propio bien mental.

Vio a Senku perderse en la cocina y ella simplemente se dedicó a restarle importancia para dirigirse al baño y darse una ducha, lo necesitaba.

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Senku abrió la puerta tratando en gran medida de no hacer ruido alguno e ingresó a su habitación, la que ahora era ocupada por Luna y su hija.

Se estremeció cuando el pensamiento de que ahora era padre de esa criatura golpeó ferozmente su realidad, o al menos lo sería hasta que la prueba de ADN se llevara a cabo y tuviera los resultados en la mano.

Si en las últimas semanas actuó como un padre preocupado por ese bebé e incluso por Luna, no fue por otro motivo más que el deber y la obligación que tenía hacía ellas. Y quizá, muy en el fondo, también lo hizo por esa chispa de emoción e intriga que nació hacia la criatura.

Sin embargo, Senku estaba muy seguro de un par de cosas: que él no amaba a Luna y jamás lo haría. Incluso si ella pensó erróneamente que así sería o si pidiera la mínima oportunidad para que algo tan ilógico como eso sucediera, él se encargaría de aclararle las cosas.

Senku era incapaz de ofrecer más de lo que podía dar.

Y la segunda cosa fue, que si esa niña no era suya, entonces jamás perdonaría a Luna por arruinar su vida de esa manera.

— ¿Se ha calmado ya? —preguntó en un susurro acercándose a la cama donde Luna dormía con la bebé en brazos.

Ella no respondió de inmediato la cuestión, de hecho parecía muy confundida con las palabras de Senku ¿y cómo no estarlo? El efecto de los medicamentos tras el parto aún permanecían en su organismo.

Ella asintió, acunando a la bebé entre sus brazos cuando ésta se removió incómoda ante la voz de Senku, a pesar de que él se esmeró en susurrar. Luna silenciosamente le pidió al científico el pequeño biberón y él de inmediato se lo dio.

—Amber está muy hambrienta. —soltó ella en un susurro. La mejor manera de mantener tranquila a la bebé era alimentándola.

Senku asintió observando a la niña. El poco cabello que tenía era casi igual al de su madre, uno que no llegó a ser tan rubio pero que asemejó un tono más claro. Y los ojos, ese fue otro dilema, eran marrones, casi rojos como los suyos, lo que hizo difícil saber si eran una herencia de su madre o del propio Senku.

Pero a todo esto y fuera de la apariencia de esa frágil criatura, una duda asaltó la mente de Senku, una que no le dejó en paz desde que la chiquilla nació.

— ¿Por qué? —cuestionó repentinamente sin hacer referencia a nada en concreto—. Es decir, ¿por qué le has puesto Amber a la niña? —corrigió.

Él sabía lo que el nombre significaba y en esta situación en la que estaban no lo consideró muy prudente, aunque a Kohaku no pareció haberle molestado.

Quizá porque esa Leona no prestó mayor atención al significado del nombre de esa niña.

Luna miró desconcertada a Senku ¿a qué venía esa pregunta ahora? ¿acaso no fue obvia la respuesta a esa cuestión?

—Kohaku es una persona a la que le debo mucho —confesó con total sinceridad, enfocando la mirada en su bebé—. A pesar de todo, me acogió y ha estado muy al pendiente de nosotras. Fue la que me ayudó a traer al mundo a nuestra hija, creo que es justo y no hay mejor nombre para la niña que ese. Ella es una gran mujer. —En ningún momento apartó la mirada de su hija, temiendo que al hacerlo las lágrimas comenzaran a brotar.

Sus palabras fueron tan sinceras y tan pesadas al mismo tiempo. Luna se sintió fatal una vez más.

Senku le concedió la razón en una cosa y no podría estar más de acuerdo con la última frase de Luna, no tuvo la menor duda de que Kohaku era una gran mujer sin importar qué. Y fue por ello que a pesar de todo, seguía amándola.

Un amor egoísta.

—Lo es. —aseguró. Y se mantuvo de pie sin saber qué más decir o hacer.

La niña se durmió apenas terminó de alimentarse.

— ¿Quieres sostenerla? —ofreció Luna.

Desde el nacimiento de la bebé, Senku no la sostuvo en brazos ni una sola vez.

Él dudó al respecto. Pero pronto un pequeño impulso de acunar a esa criatura nació desde lo más profundo de su ser.

Será sólo un momento. Se dijo.

— ¿Puedo?

—Eres su padre Senku, por supuesto que tienes todo el derecho de hacerlo. —De nuevo esa sensación se arrastró hasta el pecho de Luna e instaló ese pesado malestar.

Con sumo cuidado, Senku se acercó a ella para tomar con tal delicadeza a la criatura de los brazos de su madre. Era tan frágil que creyó que en cualquier momento podría romperla. Cualquier movimiento en falso sería fatal.

La meció en sus brazos una y otra vez, temeroso.

Una escena digna de ser presenciada, excepto por la persona que se escondió tras la pequeña abertura de la puerta. Kohaku se fue tal como llegó, sin ser vista por ninguno de los dos.

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Kohaku terció la boca en una pequeña sonrisa. La niña al fin se durmió, compensando de alguna manera el tiempo y energía invertida en el llanto. La arrulló silenciosamente mientras iba y venía de un lado a otro en la estancia del departamento.

—Eres una pequeña llorona. —la reprendió con un susurro. Y era verdad, no hacía más que llorar y gimotear por atención.

Viéndola de ese modo, Kohaku no sería capaz de guardar rencor hacia una inocente criatura.

Fue así como Senku la encontró, en su propio ensimismamiento y el mecánico movimiento de un arrullo. Fue adorable e irónico por igual. En ese momento él en verdad deseó que fuese Kohaku la madre de esa bebé, ella, la mujer que amaba.

Sin embargo la realidad distó con creces de su ferviente deseo egoísta.

Tenía que ser muy cuidadoso al hablar con ella pues la situación entre ambos no había mejorado en absoluto, sin embargo Senku necesitaba dejar un par de cosas en claro, de eso dependía el futuro de su inestable relación.

—Lo haces muy bien. —le dijo, permaneciendo a una distancia prudente de Kohaku, pero lo suficiente para poder hablarle y que ella lo escuchara y entendiera.

Ella no respondió de inmediato y Senku consideró que la elección de palabras no fue la correcta. ¿Por qué era tan idiota con esta clase de conversación?

—Gracias. —fue simple y concreta en su respuesta.

Evasiva, fría e inexpresiva. Esa era la Kohaku que hoy en día él conocía. La Leona que él conoció alguna vez estaba enterrada tras esa muralla de indiferencia.

—Voy a proceder cuanto antes con la prueba de ADN. —informó, captando la atención de la chica.

— ¿Qué más pruebas puedes pedir Senku? Es igual a ti. —le recriminó.

En parte fue verdad, el cabello y los ojos eran la prueba irrefutable del parentesco. Aunque Senku consideró que dichos rasgos en la bebé también los compartía con Luna, así que ¿cómo podían estar cien por ciento seguros? Era un hecho extraño que Luna y él compartieran un tono de ojos muy similar.

—Eso no prueba nada y tú lo sabes mejor que nadie —rebatió—. Byakuya y yo tenemos ciertos rasgos muy parecidos sin siquiera compartir una gota de sangre.

Byakuya Ishigami, quien crió a Senku como su propio hijo, era muy parecido a él no sólo físicamente sino también en otros aspectos de la personalidad. Kohaku no tendría motivos para pensar que el parecido de la niña con él no fuese sólo una absurda coincidencia.

Aún así esa bebé podría no ser suya.

—Eso es diferente. Además no creo que Luna esté dispuesta a permitir algo como eso.

Tal vez, pero aun así Senku podría obtener algún tipo de muestra si ella se oponía rotundamente. Y en todo caso, si ella se negara a cooperar, esa sería la prueba contundente de que esa niña no era suya.

Sin más que agregar, Senku dio por zanjado el tema. Esa prueba se llevaría a cabo sin importar qué.

—Leona —trató de hacer un intento—. No es tarde aún, nosotros todavía podemos…

—No empieces de nuevo Senku, por favor.

Él quizá no lo sabía, pero en realidad las cosas ya no tenían solución y el tema estaba fuera de discusión. Una vez que la prueba se llevara a cabo y obtuvieran los resultados, sólo entonces ella tomaría una decisión.

Aunque de antemano, Kohaku ya sabía cuál sería.

—Las cosas no tienen por qué terminar así y lo sabes —el tono de Senku comenzó a elevarse un poco—. Podrías sólo dejar de lado ese orgullo.

—¿Piensas que esto se trata sólo de orgullo, Senku?

Él reconoció esa mirada dolida en el semblante de Kohaku y supo entonces que de nueva cuenta había arruinado la oportunidad de hablar con ella y arreglar las cosas.

Antes de que Senku pudiera agregar otra cosa para tratar de enmendar su enorme desliz, su teléfono comenzó a sonar. Miró la pantalla del móvil, era una llamada del trabajo, sin poder rechazarla se marchó a la cocina dejando la conversación suspendida en el aire.

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—Te ves horrible.

Kohaku le envió una amenazante mirada a Mozu.

A cualquier mujer le molestaría un comentario como ese y era un dato general para cualquiera. O al menos fue lo que Kohaku consideró que Mozu sabría de primera mano como un consagrado rompecorazones, sin embargo en ese día, él parecía ser la excepción a la regla.

—Eres un idiota. —espetó con acidez.

Mozu subió despreocupadamente los pies a la pequeña mesa de la sala. Su intención era simplemente sentirse cómodo y de paso, molestar un poco a la anfitriona con su actitud casi infantil. Un poco de diversión nunca estaba de más.

—Como sea —fingió aburrimiento, pero miró a Kohaku de soslayo, quien parecía hundirse en el sofá—. Preciosa, lo que necesitas es un poco de diversión, dejar de ser la niñera de Ishigami y salir a divertirte.

¿Diversión? ¿Qué era eso?

Pero le dio la razón a Mozu. Ella necesitaba un poco de diversión para despejar su mente en algo más que no fuesen llantos y gritos las veinticuatro horas del día. Alejarse de Senku y Luna.

Sin embargo, tenía que aclararle algo a ese idiota.

—En primera, no soy su niñera. —atajó indignada por semejante declaración.

¡Por favor! Kohaku simplemente tenía debilidad por los niños.

—Sí claro, continúa diciéndote eso.

No lo era y punto. ¿Era tan raro que le gustaran los niños y ese impulso la llevara a comportarse de esa manera? Al parecer sí, la mirada de Mozu se lo confirmó.

Una vez abierto el punto sensible de la situación, Mozu implementó su pequeño plan de acción para sacar de ahí a su vecina. No era tonto y se imaginó el infierno que debía estar pasando Kohaku con la llegada de esa ruidosa mocosa. ¿Qué tenía en la cabeza el flacucho de Ishigami? Pero la pregunta importante ahí fue ¿cómo podía Kohaku seguir ahí? Era una masoquista extrema.

—Salgamos.

Ella no lo vió venir y ni siquiera Mozu pareció comprender del todo lo que su boca estaba diciendo. Sin saber cómo, él terminó invitándola a salir esa noche a cualquier lugar. Mozu repitió sin cansancio la firme idea de que todo era por el bien de la diversión y distracción, nada más.

—Te veré en la entrada del edificio a las ocho.

¿Por qué no?, se dijo Kohaku. Lo merecía después de todo, aprovecharía el tiempo antes de mudarse a un nuevo departamento.

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— ¿A dónde vas, Leona?

Por supuesto. Ahí estaba Senku de nuevo entorpeciendo su camino.

—Saldré. —simple y obvio. No daría más explicaciones al respecto, no tenía por qué hacerlo.

Él la inspeccionó cuidadosamente, Kohaku estaba muy arreglada. Demasiado, pensó para sí mismo. Ella jamás se arreglaba para una simple salida y eso él lo sabía. El temor de que saliera con alguien se hizo patente en la mente del científico, Ruri era la opción lógica disponible pero sabía que era imposible ya que la hermana de Kohaku se encontraba fuera de la ciudad por asuntos de trabajo y no regresaría hasta una semana después.

Entonces ¿sería alguna otra amiga? O es que acaso… ¡No! eso no podía ser cierto.

— ¿Vas a verte con alguien, Kohaku? —Senku trató de indagar un poco más pero con un tono indiferente para no levantar sospechas.

Grave error. Ella se enfureció casi al instante.

—Creo que no es algo de tu incumbencia Senku.

Como pudo pasó de él con un ligero empujón de hombros y salió dando un estridente portazo para reafirmar su molestia. Senku fue un simple testigo de cómo Kohaku le dió la espalda debido a su actitud recelosa. Mierda de situación.

Su relación estaba tan resquebrajada y con el pasar del tiempo él no pudo hacer nada, aún cuando quisiera, cualquier mínimo intento por enmendar las cosas terminaba en un aplastante fracaso. Parecía que la última palabra siempre la tenía Kohaku.

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Kohaku no pudo quejarse de una velada del todo aburrida. Mozu a pesar de su idiotez resultó ser una buena compañía y al menos por un breve lapso de tiempo ella se dió el lujo de empujar aquel sentimiento de tristeza cuando éste sobrevenía y le estrujaba el corazón.

A pesar de todo, el cansancio la invadió apenas cruzó el umbral de la puerta del departamento. Dejó a un lado sus llaves, dispuesta a ir directamente a su habitación con la intención de dormir por el resto de la noche sin importar qué.

A decir verdad, a su llegada Kohaku esperó encontrar a Senku con un interrogatorio preparado, sin embargo eso no sucedió. Un deje de decepción se apoderó de ella.

Caminó por el pasillo a ciegas debido a la oscuridad. Pero a un par de pasos de su habitación algo captó su atención, una pequeña rendija dejó escapar un halo de luz proveniente de la habitación de Senku, más bien la que ahora pertenecía a Luna.

Intuyó entonces que la chica Estadounidense aún se encontraba despierta cuidando a la bebé o alimentándola, Kohaku decidió que quería ver a la niña antes de ir directamente a la cama. Después de todo, la criatura no tenía culpa alguna en las acciones de Senku y por cómo habían terminado las cosas.

Tocó primero por educación más que por otra cosa, pero el silencio fue abrumador incluso para ella cuando del otro lado no se escuchó ruido alguno. ¿Luna estaría dormida y se olvidó de apagar las luces? Kohaku asomó la cabeza por la rendija para indagar al respecto, si Luna estaba dormida, entonces sólo se limitaría a apagar las luces y retirarse.

Desafortunadamente no fue lo que Kohaku encontró al otro lado. Se petrificó al instante incapaz de apartar la mirada de lo que sus ojos estaban presenciando: Luna reclinada besando a Senku y éste sin apartarla y correspondiendo al gesto.

Algo definitivamente se rompió en el interior de Kohaku en ese momento y ella pudo escuchar con claridad el sonido de algo resquebrajándose en miles de pedazos. Si en algún momento consideró que tendría un límite para toda esta situación, entonces ahora comprendió que éste debía ser aquél límite.

No pudo seguir presenciando semejante escena y sin decir o hacer nada más, se rindió. Se marchó hacia su habitación con la poca fuerza que sus pies pudieron sostener en ese momento.

Pero prometió con férrea determinación que no derramaría una lágrima más. Senku y Luna podrían irse al diablo.

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Sin embargo lo que Kohaku no sabía es que Senku era totalmente ajeno a lo que estaba ocurriendo, él estaba profundamente dormido.

Minutos atrás, decidió pasar a ver a la bebé antes de ir a la sala y esperar a que Kohaku llegara. Pero el cansancio lo venció tan pronto como se sentó al borde de la cama y terminó por quedarse dormido con la pequeña en brazos.

—Lo siento tanto Senku. —susurró Luna, apartando el mechón rebelde del rostro del científico.

Fue un simple y primitivo impulso lo que la motivó a besar al joven científico. No obtuvo respuesta alguna a tan imprudente acción y ella rió sin humor por el patético intento de recibir una pizca de afecto que no le correspondía.

Senku nunca le dedicó esa mirada anhelante con la que veía a Kohaku, ni tampoco una sonrisa sincera llena de afecto capaz de derretir su corazón. No, Senku las reservó exclusivamente para Kohaku y nadie más.

Luna se sintió terrible por lo que estaba haciendo, pero lo consideró un mal necesario. Tal vez con el tiempo ese sentimiento se esfumara y las cosas tomaran su lugar.

Ella solo quería darle a su hija la vida que ella ya no le podía ofrecer debido a la poca indulgencia de su padre al enterarse del embarazo ¿eso era un pecado acaso? Todo lo que hacía era por y para esa bebé, esa pequeña, la inocente criatura.

Amó a Senku alguna vez, pero ahora ese amor pertenecía únicamente a su pequeña. De antemano sabía que avivar de nuevo aquella llama era un caso perdido, él no la amaba y jamás lo haría.

Quizá le guardaba cariño pero nada más, y Luna trataría de preservar aquel sentimiento para usarlo a su favor.

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Continuará.

N/A:

Me demoré algo con el capítulo porque honestamente me dió un bajón al escribir esto… tienen razón, la historia va de mal en peor y al principio de hecho me gustaba escribir el drama pero ahora incluso yo sufro con todo lo que la Leona está pasando y sólo puedo preguntarme "¿Por qué eres así?" u.u

No saben cómo quiero golpear a Senku por ser tan idiota y que la Leona encuentre algo mejor coffcoffelMozubuenaondaevangelizadodeesteUAcofrcoff pero… quién sabe…

En fin… lamento mucho por cómo se están dando las cosas pero reitero que es necesario para la historia… ya sólo quedan 3 capítulos más para finalizar.

Espero les gust… ¿A quién engaño? Hasta a mí me duele cada vez que edito y leo todo eso…

Acepto tomatazos y amenazas al Senku, hasta la próxima u.u