Feliz cumpleaños
–¡Kohaku-nee! –chilló Suika.
Apenas Kokahu abrió la puerta, la adolescente no perdió tiempo para abrazarla, tan fuerte como su costumbre desde niña le dictó. La mayor, en respuesta, se hundió en el abrazo, disfrutando de la forma en que sus tensiones, pensamientos negativos, y toda la mierda de su semana desapareció con ese simple acto. Senku era un idiota despreciable, pero su familia fue una de las razones por las que pudo soportarlo.
–¡No puedo creer que ya no pueda cargarte! –señaló, envolviendo los brazos en el pequeño cuerpo, de la más pequeña. –Has crecido mucho.
–¡Si, ya no soy la más baja de mi clase! –se regodeó, caminando al interior del departamento seguida por Ruri, Yuzuriha, Minami, Mirai, Francoise y Lillian.
Kohaku recibe los abrazos de todas las mujeres, momento donde fue imposible no notar algunos cuadernos y catálogos bajo el brazo de Yuzuriha y Lillian.
–¡Bien! –comenzó la mayor, dejando caer el pesado libro sobre la mesa de centro. –Sé que apenas se comprometieron hace tres días, cariño, pero necesitamos comenzar con los preparativos.
Todas asintieron solemnes.
–Puede parecer que tenemos mucho tiempo, pero entre escoger el vestido, las flores, la lista de invitados, el salón, el banquete, los arreglos, las invitaciones, escoger el tipo de ceremonia, la fecha…
El listado de cosas que mencionó Yuzuriha continuó, y mientras más y más cosas salieron a colación, Kohaku se dio cuenta de lo jodido que es planear una boda.
–Los vestidos de las damas, los colores, el peinado y el maquillaje, el tiempo nunca es suficiente.
Todas volvieron a asentir, y Kohaku apenas sí pudo recordar la mitad de lo que dijo la castaña.
–¿De verdad necesito todo eso?
Todas rieron ante sus palabras, comenzaron a hojear los libros y pasándole algunas ideas, que ella se limita a mirar y etiquetar como posibles ideas, sin escoger nada ni estar segura de sí le gustaría a ella o al científico.
–¿Senku y tú nunca han hablado de lo que les gustaría para su boda? –preguntó Yuzuriha, viendo como Kohaku no había anotado nada en su libreta.
Esa pregunta le tomó desprevenida, y aunque le gustaría decir que sí, la verdad es que pese a que la posibilidad de casarse se cernió sobre ellos, durante esos ocho años prefirieron asumirlo como un hecho, pero nunca discutirlo, porque siempre había cosas mejores sobre las que pudieron -y quisieron- hablar, pero ahora, la rubia se sintió en verdad perdida sobre el asunto.
–Senku y yo no somos exactamente el epítome de lo romántico –explicó, hojeando el muestrario de invitaciones en sus manos y fingiendo que le interesaba el tipo de letra que quería para estas. –Creo que somos demasiado prácticos para los detalles… ¿Hay un catalo para invitaciones digitales? No creo que me gustaría tener que imprimir todas las invitaciones –señaló, como una ocurrencia repentina, cerrando el libro y tomando ahora el de flores, y aún cuando sus ojos están pegados en los simbolismos de los lirios amarillos, pudo sentir las miradas sobre ella. –¿Qué?
–Bueno, Kohaku, tal vez tu no lo veas, pero creo que Senku y tu pueden ser muy románticos aun cuando son prácticos –comenzó Ruri –Y no me refiero solo a los regalos que suelen darse.
A Kohaku le hubiera gustado rodar los ojos y decirles que esos regalos son la forma barata de Senku de decirle que se ha acostado con alguien, pero ellas no tenían porque saberlo, y tampoco era algo que se sintiera orgullosa de decir en voz alta.
–El collar de ámbar para tu graduación fue hermoso –recordó Mirai, con las manos juntas, probablemente recordando el colguije en forma de colmillo.
–Pero más allá de eso, mira que comprar un departamento en Japón solo para cuando visitas a Ruri –comentó Minami esta vez. –Y ni hablar de este lugar –la reportera comenzó a enumerar: –que construyera su laboratorio cerca de tu trabajo, que ayudará a Chrome a quedarse en Japón, y inaugurar otra sede de sus laboratorios ahí, y bueno, el anillo que tienes en el dedo es hermoso –su mirada se desvió a la banda de oro rosado en su dedo anular. –El hombre debe estar muy enamorado de ti para no importarle gastar su dinero solo para complacerte.
Si tan solo supieran que eso es parte de la estrategia de Senku por atarla a su lado.
–Senku es un idiota despilfarrador como Ryusui, sin ofender –comentó, mirando a Françoise para disculparse, aunque ella se limitó a sonreir –yo solo soy una de sus tantas excusas.
–Vamos, Kohaku, no te hagas la dura con nosotras, quiero decir, sí se van a casar es porque se aman con locura –picó, bebiendo su jugo.
–Creo que has cubierto demasiadas notas de bodas románticas, Minami –murmuró, con una sonrisa en sus labios, provocando un puchero por parte de la mujer y una risa en el resto.
Bueno, al menos su inevitable boda tiene un lado positivo, y es que pudo sentarse con sus amigas a beber algo y ponerse al día con sus vidas.
Hablaron sobre la carrera en ascenso de Minami, el florecimiento de la línea de ropa de Yuzuriha, algunos de los viajes que había hecho Lillian en los últimos meses, y las anécdotas de Suika y Minami sobre la universidad, eso logró que la ansiedad fuera empujada al fondo de su mente, claro, hasta que el tema comenzó a desviarse hacia la vida domestica de sus amigas, y los pensamientos negativos la golpearon con más fuerza.
Ninguna pareció notar la forma en que su sonrisa se tenso un poco cuando Minami comenzó a hablar de su embarazo y sus planes de hacer una fiesta de revelación al estilo americano, o como su agarre en la copa de vino vacilo cuando Yuzuriha compartió las historias más recientes de sus energicos niños.
Ocho años de relación, siete de buen sexo y seis desde que las cosas se fueron a la mierda, tal vez por eso ultimo nadie la culparía por no poder imaginarse una vida como la que describen sus amigas, incluso Françoise, con una relación tan reciente, tiene historias que le hacen envidiar tener una relación normal, una donde sus deseos por matar al hombre al otro lado de la cama no sean tan plausibles.
–¿Kohaku? –Los ojos zafiro de su hermana se encontraron con los propios, y Kohaku se sitio tan mal por verla preocupada.
–No es nada, Ruri-nee, solo que… No puedo imaginar cómo será mi vida de casada con Senku –confesó, con una sonrisa a medias y ganándose la mirada de Lillian.
–Oh, no será tan diferente, solo tendrás otro anillo en ese lindo dedo, pero las cosas no tienen que cambiar.
Sí esas palabras buscaban consolarla, realmente no lo hicieron, porque hace unos días Kohaku se imaginaba que para estas horas ya estaría libre de Senku, que podría preparar sus maletas para irse a cualquier lugar del país, o incluso del mundo, sin tener que volver a preocuparse por el científico; pero no, ahora bebe vino y escoge las flores para su boda con él idiota que más ha odiado.
–Si, creo que me estoy precipitando.
–¡Oh, por cierto! –el grito de Yuzuriha llamó la atención. –Necesito tus sugerencias para el vestido, regresaré a Japón el viernes, y me gustaría comenzar a trabajar en esto.
–Oh… –es todo lo que pudo murmurar, bebiendo de su copa. –No tengo ninguna idea –admitió, con una sonrisa nerviosa.
–Un vestido con cola de sirena sería perfecto para ti –sugirió la reportera, extendiendo una foto de un modelo con algunas perlas en el corsé del vestido, que van disminuyendo conforme va descendiendo. –Tienes una figura hermosa, así que estoy segura de que sería lo ideal.
–¡Esto es hermoso! –señaló Suika, extendiendo otra foto del catálogo, esta vez es un vestido más sencillo, con una falda que fluye a partir del busto, teniendo algunas decoraciones en el escote.
Las sugerencias comienzan a llover después, algunas propuestas con mangas de encaje, otras con tirantes, otras tantas con demasiada pedrería y otras más que muy poco dejan a la imaginación; algunas diciendo que necesita presumir el lindo cuerpo que tiene, otras diciendo que necesita algo más tradicional; Ruri ha comenzado a hablar de las telas, y Minami de las tendencias. Para este punto, Kohaku comienza a sentir el dolor naciendo en su sien.
–He tenido suficiente de vestidos por hoy –murmuró, lanzando el libro en la mesa de centro, el reloj muestra que pasó gran parte de su día mirando diferentes tonos de blanco.
–Oh, bueno, creo que hemos comenzado a abrumarte con todas las cosas –comenzó Lilian.
–Podría conseguirle al mejor de los organizadores de bodas, Kohaku-sama –después de mucho, fue la primera vez que Françoise habló.
–¡Oh, claro! –apoyó Minami –Ryusui me recomendó uno cuando me case, créeme, con un buen organizador todo esto será más fácil, ellos se preocupan por todo, música, salón todo, tú solo tienes que decidir–explicó la reportera.
–No estoy segura…
–Llamaré hoy mismo para hacer una reservación, puede ser a domicilio sí así lo prefiere.
Kohaku no pudo negarse a esa oferta, no cuando Françoise lo hizo en un intento para salvarla de todo ese estrés.
–Estaré libre el lunes por la tarde –informó, Françoise asintió, dejando una nueva bandeja con bocadillos en la mesa.
–Eso les dará tiempo a Senku y a ti para pensar en fechas –animó Ruri.
–Una boda de primavera es hermosa –señaló Suika, mostrando una foto en una de las revistas que muestran a una mujer con árboles floreciendo tras ella.
Mirai asintió.
–Arboles sakura en tu boda serían perfectos –añadió.
–¿Se casaran en Japón? –preguntó Ruri
Ruri la miró, seguida de las miradas de Lilian y Suika, Kohaku pudo recordar la pequeña pelea que presenciaron estas últimas el día del compromiso, por lo que solo puede sonreír.
–Hablé ayer con Senku, y la idea de viajar de regreso a Japón para la boda suena interesante.
–¡Lo ves! El hombre debe amarte para acceder a viajar a Japón y dejar su trabajo –bromeó Minami.
–Hablando de eso, ¿Cuándo regresarán a Japón? –preguntó Kohaku, intentando ignorar el reciente comentario.
–No puedo dejar la carga de trabajo de la tienda a Amarilys toda la semana –comienza Yuzuriha –y mis padres no podrán hacerse cargo de Rumi y Kasu por mucho, así que el viernes regresamos.
–¿Y qué hay de ustedes? –preguntó esta vez a Lilian y Suika.
–Nos quedaremos solo unos días, Suika entrará a clases pronto y queremos que disfrute sus vacaciones viajando –explicó Lillian, con una sonrisa.
Kohaku asintió, bebiendo de su copa mientras Minami le sugirió a La Diva algunos destinos turísticos, la tranquilidad de diche plática no duró demasiado, pues Kohaku pudo sentir sobre ella la mirada perspicaz de su hermana.
–¿Ocurre algo, Ruri-nee? –preguntó.
La rubia mayor negó.
–Creo que solo estás algo cansada por el día de hoy –comentó.
–Sí, algo como eso –murmuró, no lo suficientemente bajo para que Françoise sea capaz de escucharla e intervenir.
–Tal vez lo mejor sería que nos retiráramos.
El resto de las chicas escuchó, asintiendo a la sugerencia de Françoise, bebiendo lo último de sus copas para comenzar a caminar a la entrada.
–Te dejaremos los catálogos, Kohaku, por si decides revisar alguno con Senku –fueron las palabras con las que se despide Lillian, ella asintió, cerrando la puerta una vez que se ha despedido de todas y Suika y ella compartieron su último abrazo.
Un suspiro largo escapó de sus labios, mientras se frotó la cara en un intento por evitar deshacerse del cansancio que había producido esas cuatro horas de visita. Normalmente estuvo feliz con las charlas con cada una de ellas, principalmente porque su relación con Senku no era un tema que tocaron mucho, ella solía despachar las preguntas al respecto con divagaciones difusas de su situación, concentrándose más en las preguntas sobre su trabajo, sus actividades, tópicos que poco involucraron al científico; pero esta vez fue diferente, porque él tema central fue su compromiso, su relación, y la supuesta emoción que debería sentir al al fin casarse con el hombre con él que había salido por más de ocho años.
No recordaba hacia cuanto no se sentía así. Bueno, tal vez mintió, porque sí recordaba la última vez que se sintió así, y fue justo después de que todo se volviera una mierda.
Kohaku habló muy poco después de recibir la foto de Senku con esa mujer, Luna no insistió, ella le agradeció en silencio. Ambas se concentraron más en los precios del fijador de cabello, shampoos y tratamientos, que en lo que acababa de pasar en ese taxi. Una vez consiguieron todo, pagó por sus compras, espero a que la más baja hiciera lo mismo, caminaron a la acera y viajaron en taxi en completo silencio.
Al llegar a casa, Kohaku subió las escaleras de forma lenta pero sin interrupciones, deteniéndose hasta que llegó a su habitación, la bolsa de sus compras se deslizó de sus dedos mientras cerró la puerta, aunque no pudo importarle menos, y camino para poder sentarse en su cama. No supo cuantos minutos se encontró mirando fijamente al suelo, los pensamientos se arremolinaron en su mente hasta que todo se acumulo y un sollozo escapo de sus labios junto con las lágrimas. Todo dolió, fue emocional y físicamente doloroso, y aunque parecía que las lagrimas podrían ser una forma de deshacerse de ese sentimiento, la verdad es que entre más lloró, más dolió.
Quiso golpear a Senku, romperle la cara por esa estupidez, y golpear a esa mujer, por tener la audacia de enviar una foto desde el celular de SU novio, y bueno, quería golpearse por seguir pensando en Senku como su novio, aún cuando nunca lo fue. Quiso reír con sorna, aunque solo salió otro sollozo de sus labios.
Fue estúpida, porque espero más de lo que él había prometido darle. Fue su culpa, por nunca aclarar su situación con Senku, porque ella espero más de esa amistad con derechos que tenían, y él, probablemente, jamás la amo.
A Kohaku le hubiera gustado quedarse en su habitación sintiendo autocompasión, al menos por el resto del día, pero no fue posible. Los golpes en su puerta le exigieron buscar su voz y tener la fuerza para evitar que esta se quebrara.
–¿Qué ocurre? –se felicitó cuando su voz sonó casi normal.
–Ruri quiere hablar contigo –Turquois informó.
–Voy en un segundo.
–No tardes, Ruri necesita dormir –advirtió, antes de marcharse.
Sus manos viajaron de inmediato a sus ojos, limpiando los residuos de lágrimas, caminando al baño para darse un vistazo. Para su suerte, sus ojos no estaban tan rojos, por lo que solo fue necesario lavarse un poco la cara para que sus horas llorando parecieron nunca ocurrir.
Kohaku camino hasta la habitación de Ruri, alegrándose nuevamente cuando Turquois la miró como siempre, tomó una inhalación profunda antes de entrar. Luna se encontraba junto a Ruri, con un estetoscopio sobre el pecho de su hermana, revisando de forma minuciosa cada uno de sus signos, aunque en cuanto puso un pie en la habitación, Luna la miró, no con pena, sino con algo que ella no supo identificar del todo. Su hermana por otro lado, le dio una mirada más meticulosa, antes de sonreír y hablar hacia Luna:
–¿Podemos seguir con esto después? Quisiera hablar con Kohaku –habló, tan dulce como siempre.
–No te preocupes, tome todas las notas que necesito.
La mujer de cabello corto guardó todas sus cosas, tomándose un ligero segundo para volver a mirar a Kohaku de reojo, antes de salir de la habitación.
–¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Ruri.
Eso no la sorprendió, su hermana siempre fue muy perspicaz, notando cada mínimo detalle en ella, tampoco ayudó que fuera tan difícil mentirle. Estaban solas, su padre no regresaría a casa hasta muy entrada la noche, Kohaku pudo llorar en los brazos de su hermana hasta que el corazón dejara de doler. Pero no lo hizo, se tragó el nudo que se formó en su garganta y sonrió.
–Estoy un poco emocional, eso es todo –mintió, riendo un poco para evitar que las lágrimas volvieran a salir.
–¿Esto tiene que ver con Senku? –volvió a cuestionar.
Kohaku negó, pasando las manos por su rostro, en un intento férreo por encontrar la fuerza en ella para no romperse a llorar.
–No es lo que piensas –empezó, antes de mirar a su hermana con una sonrisa. –Hable con Senku, y bueno, sabes que no es la persona más romántica, así que cuando lo es, algunas veces creo que me pongo muy emocional.
Kohaku sonrió, sintiendo como las lágrimas amenazaron con caer, solo esperaba que su mentira fuera creíble, al menos un poco.
–Creo que ustedes de verdad se aman –contestó su hermana, después de lo que le parecieron largos minutos de silencio.
-Algo como eso –murmuró, acercándose hasta tomar asiento junto a Ruri.
Esa fue la primera vez que las mentiras sobre su relación con Senku dolieron, pronto el dolor se volvió irritación, y esa irritación le dio paso poco a poco a la frustración, aunque ahora solo estaba cansada, muy cansada de pretender que todo estaba bien cuando aun la incredulidad sobre lo veraz de su situación no terminaba de caer sobre ella.
Necesitaba un respiro, tal vez un viaje por su cuenta, o tal vez un fin de semana junto a Luna, o tal vez ser un poco estúpida como lo estaba siendo en ese momento para tomar su celular y marcar a ese número que se había jurado a sí misma no volver a buscar.
Espero los tres pitidos a los que estaba acostumbrada, animándose una vez que su llamada fue tomada.
–¡Hola! –saludo, sonando más emocionada de lo que debería estar, queriendo golpearse ante ese desliz, pero aceptando la humillación cuando él contestó
–No había tenido noticias de ti desde que me transferí.
–Algunos días de trabajo –murmuró, jugando con un hilo suelto en su camiseta. –Pero escuche que estabas en la ciudad por trabajo.
–Yo escuche que te casabas.
–Algo como eso –admitió, arrancando al fin ese hilo de su camiseta.
Algunos segundos de silencio le siguieron a su nueva información, aunque por el sonido del teclado de fondo, Kohaku supo que no tenía nada que ver con ella.
–¿Quieres ir a tomar algo?
Kohaku sonrió internamente ante la oferta, al menos no había tenido que ser ella quien lo ofreciera.
–Si, necesito eso.
–Bien, te veo en ese bar cerca de la estación.
–Es un plan, te veo ahí en… –Kohaku miró el reloj en la pared –una hora.
–En una hora.
Kohaku se sintió mal tan pronto colgó, se había prometido no volver a llamar, pero ahí estaba, apenas las cosas se habían puesto difíciles y ella necesitaba hablar con él. Creyó que no lo necesitaría, pero al parecer aún lo hacía. Al menos podía darse el beneficio de no haberlo hecho en tres años, aun cuando las oportunidades habían estado tan al alcance de la mano, había sido lo suficientemente fuerte para mantenerse lejos, bueno, hasta hoy.
Lanzó el celular al sillón mientras camino a su habitación a prepararse, mirando cada una de las prendas meticulosa. Necesitaba verse casual, lo supo en el segundo en que el vestido rojo sobre su cesto de ropa limpia le saludo, ese jodido vestido que no había servido de nada.
Tomando las primeras prendas a su alcance, la rubia se deshizo rápidamente de su ropa, revisando el reflejo que le regresó el espejo en su habitación, había algunos moretones esparcidos por su piel, cicatrices viejas de misiones difíciles, y una vieja marca de lo que fue un mordisco especialmente fuerte por parte de Senku. Algunas semanas habían pasado de eso y la marca aún no se desvanecía.
Negó, intentando sacar esos pensamientos de su mente mientras se ponía la ropa, desatando su cabello solo para atarlo nuevamente, y caminando hasta por fin estar frente al espejo, Kohaku revisó su reflejo una última vez en el espejo, inspeccionando su cabello, su camiseta blanca con un logotipo que parecía sacado de un vaso de café, los jeans ajustados, y la chaqueta de mezclilla, perfecto para salir con un viejo amigo al que no había visto en años.
Saliendo de su habitación y tomando de vuelta su celular, comprobó la hora.
–¿Llegarás a casa hoy? –escribió en el chat de Senku, frunciendo el ceño por lo incriminatorio que sonaba eso, borró el mensaje antes de teclear de nuevo, esta vez un sencillo: –¿Tardaras mucho en llegar?
Esa era una mejor pregunta, Senku no tendría que verlo exactamente como una declaración de que ella se acostaría con alguien porque eso era algo que ella preguntaba algunas veces, para saber sí debería preparar solo una porción de comida, o para ordenar algo para ambos, Senku no debería sospechar de ella.
Preparó su bolso mientras esperaba respuesta, asegurándose de llevar dinero, sus llaves y su cartera. Fue un poco sorprendente que no tuviera mucho tiempo antes de que el rington de su celular sonara, se sorprendió un poco, Senku pocas veces le llamó.
–No creo llegar hoy –aseguró, con un suspiro de cansancio al final de la frase –Xeno vino de improviso al laboratorio y aprovecharemos que Chrome está aquí –las palabras de Senku sonaron aburridas, tanto que Kohaku casi pudo imaginarlo hurgando su oreja.
–Ordenaré algo para cenar.
–Claro, no te preocupes, te mandaré un mensaje cuando salga.
–Bien.
No hubieron más palabras, Senku colgó y Kohaku solo suspiro al ver la hora en su celular. Aún había tiempo para arrepentirse, podría llamar ahora y decirle que había surgido algo, que lamentaba mucho eso pero que tal vez podrían verse en otra ocasión, ambos sabrían que eso era una vil mentira, pero podrían pretender que era cierto solo para que la culpa en el estómago de Kohaku no se arremolinara.
Pero ella nunca llamó, no mientras bajo las escaleras de su edificio, no mientras estuvo en el taxi, y definitivamente no cuando abrió las puertas de la cafetería. Aún hay tiempo, pensó, cuando lo vio en la mesa más alejada, bebiendo café y mirando su celular. No, ya no hay tiempo, se dijo a sí misma cuando los ojos azules más afilados se dirigieron a ella.
–Creí que no llegarías –murmuró, tomando más de su café.
–Un poco de tráfico –se excuso, tomando el menú sobre la mesa. –¿Y de qué quieres hablar?
Notas de la autora:
1.- Bueno, este capitulo ya lo tenia terminado desde hace un mes, pero no había podido publicarlo porque estaba indecisa sobre el final, originalmente iba a ser un poco más largo, pero creo que aquí lo dejaremos, así que espero les guste, el siguiente tal vez sea narrado desde la perspectiva de Senku, aun no lo decido, aunque desde ahora les aviso que intentare meterme lo menos posible con el asunto de sus amantes, lo tocare en el sentido de lo necesario, pero pues por el momento no creo concentrarme mucho en eso, ya saben, por el misterio y la intriga.
2.- Agradezco a quienes leen y un poquito más a quienes dejan reviews.
3.- Personajes de Inagaki y Boichi, historia mía, sin más me despido, cuídense y sayonara.
