Feliz cumpleaños
Cuando la segunda alarma sonó, Senku supo que ya no podía posponer más su partida del laboratorio. Gruño contra el escritorio, irguiéndose y sintiendo la tensión en el cuello; el escritorio de su oficina ciertamente no fue el mejor lugar para dormir, apenas había podido hacerlo dos horas, lo suficiente como para descansar los ojos, pero no tanto como para que su cuerpo se sintiera del todo relajado, menos aún cuando la posición era incómoda, aunque, deteniendo sus ojos en el Mecha a otro lado del laboratorio, supo que había valido la pena.
–¿Señor?
Los golpes en la puerta le recordaron la inminente aparición de una migraña, de nuevo, intentó empujar eso en lo más profundo de él.
–Adelante –gruñó, revisando la taza sobre su escritorio, bebiendo lo último del café ahí. –¿Qué tenemos para hoy? –preguntó al chico.
–Amm… Bueno… –Los ojos verdes pasaron de él a la Tablet en sus manos. –Tiene una junta con unos inversores a las cinco, el señor Ryusui ya confirmó su asistencia, el Doctor Chrome hizo lo mismo, y la Doctora Chelsea dijo que ella intentaría llegar temprano.
–¿Qué hay de los demás? –preguntó, dejando la taza lejos de él.
–Aún no he revisado todos los mensajes –murmuró, bastante apenado.
Senku asintió, frotándose la cara con pesar.
–¿Hay algún mensaje de Kohaku? –cuestionó.
Usualmente, cuando Senku se quedaba a dormir en el laboratorio, Kohaku no tardaría en mandar un mensaje en cuanto se despertara, lo cual era muy temprano, preguntando sí Senku se quedaría el resto del día ahí, y como era común, ella recibiría alguna respuesta no muy precisa por parte de su asistente en turno; lo más probable es que ella bufaría, pero terminaría preparando el desayuno para los dos, y sí después de dos horas él no estaba en su departamento, Kohaku iría hasta su laboratorio, pasaría por la recepción, saludando a todos con sonrisas brillantes, solo para entrar sin anunciarse en su oficina y depositar una bolsa con ropa y el desayuno, sus miradas se cruzarían, y ella terminaría bufando para regañarlo por exigirse demasiado. Esperaría ahí, mientras él comía el desayuno, y después lo haría prometer que regresaría por la noche, solo para despedirse con un ligero beso, y su promesa de compensarle por llevarle algo de ropa.
–Lo siento señor, la señorita Kohaku no ha dejado ningún mensaje, ¿necesita que le diga algo?
Eso fue un poco extraño.
Ellos mantuvieron esa rutina durante tanto tiempo, rutina que solo se vio rota pocas veces, y el conocimiento detrás de esas veces le supo amargo, aún más que su café. Se frotó los ojos en un intento por deshacerse de los pensamientos pesimistas, no serviría de nada preocuparse por las razones por las que Kohaku no había mandado un mensaje.
–Olvídalo –contestó, poniéndose de pie y tomando la mochila en la mesa cercana. –Necesito recoger algunas cosas en mi departamento –informó, pasando de largo a chico. –Si Mikoto regresa, dile que espere indicaciones de Chelsea para trabajar –ordenó, saliendo de su oficina.
Antes de salir del edificio, escribió un mensaje que hacía mucho no redacta, pero que sabía Kohaku no tardaría en entender.
–Desayunare en casa.
Corto y preciso, eso le daría a Kohaku alrededor de dos mil quinientos ochenta segundos para llegar a casa, y que los dos fingieran que nada ahí había cambiado, un plan perfecto para ambos, uno que les había funcionado en todos esos años.
Senku se había vuelto bueno en conducir mientras repasaba sus pendientes del día, hacía anotaciones sobre sus planes con la Medusa y maquinaba nuevas ideas para Mecha-Senku, ignorando las preocupaciones y pensamientos poco productivos; aunque fue imposible hacerlo cuando la puerta de su departamento de abrió y lo que lo recibió fue el silencio y la muy notoria señal de que Kohaku no había regresado aún.
Soltó un suspiro, sintiendo las señales de una migraña regresar con potencia. Se quitó los zapatos, dejó su chaqueta en las perchas de la entrada, lanzó sus llaves en el cuenco de cristal de la mesa del recibidor, y caminó hasta la mesa de centro de la sala, donde los catálogos de novia descansaban con notas amarillas sobresaliendo en los bordes.
Paso las páginas, sin detenerse mucho en ellas, aunque notando como la mayoría estaban escritas en la caligrafía delicada y perfecta de Lillian. Tomo el resto de los catálogos, maldiciendo lo pesados que eran mientras lo llevaba a la barra y los dejaba caer sobre la madera, llenando el silencio con el golpe, y posteriormente con el sonido de la cafetera funcionando, la fricción entre las páginas y el ruido de su bolígrafo deslizándose en el papel.
Cuando Kohaku cruzó el umbral de la puerta, Senku había terminado de revisar los catálogos de flores y de vestidos, y estaba por terminar su segunda taza de café. El carmesí se encontró con el azul. Una pregunta implícita que solo obtuvo respuesta con el sorbo que Kohaku le dio al vaso desechable de cartón.
–Me quedé dormida –admitió, colgando su chaqueta y su bolso.
–¿Tienes trabajo hoy? –preguntó el científico, bebiendo su propio café.
La rubia asintió, tirando en la papelera el vaso desechable.
–Tengo que entregar papeles, y probablemente me toque hacer algunas patrullas –contestó, tomando asiento en el lado contrario de la barra de donde se encontraba Senku. –Hice una cita con la organizadora para el fin de semana, Yuzuriha me aconsejó ya tener la fecha, el lugar y la temática.
Senku asintió, tirando de otro catálogo.
–¿Algo en mente?
–Japón, invierno, en una isla –contesto, mirando el anillo en su dedo.
Una risa entre dientes escapó de él, Kohaku siempre sabía que quería.
–¿Alguna fecha?
–Luna me sugirió diciembre, aunque no tengo ningún día en mente.
Senku asintió, sorbiendo su café, y mirando de reojo a la rubia. Su cabello se encontraban ligeramente húmedo, así que fue obvio que Kohaku tomo una ducha antes de decidir regresar a su departamento, pero ella no olía a ningún jabón genérico, ni a loción, no, ella olía a caramelo quemado, nada parecido al aroma floral al que se había acostumbrado.
¿El idiota en turno había comprado el jabón corporal equivocado? Se burló con sorna.
Los labios de Kohaku se encontraban algo maltratados, nada nuevo sí recordaba su manía por morderse los labios, sin embargo, era difícil no pensar en qué otra razón detrás de ello podrían ser los besos del amante en turno.
¿Habría más rastros en su piel?
Senku se recrimino por los pensamientos tan absurdos en su mente, tan innecesarios, tan…
–¿Sucede algo? –Kohaku preguntó, tirando del catálogo que había estado hojeando antes de su llegada.
Una última mirada completa a su figura, y las palabras salieron de sus labios:
–Tengamos sexo.
Segundos de silencio, sí Kohaku lo rechazaba, probablemente confirmará su teoría. Pero ella sonrió, se deslizó más cerca hasta que su pecho tocó la barra y sus labios al fin se pudieron tocar.
–¿Día pesado? –preguntó, con los ojos zafiro entrecerrados.
–Muchas cosas por hacer –murmuró, siguiendo sus labios, depositando más pequeños besos.
Kohaku se acercó más, recargando una mano en la barra y con la otra atrayéndolo a ella para al fin poder profundizar los besos. Moca y nueces, muy diferente al sabor de café amargo que él había estado tomando hace poco.
Una de sus manos viajó hasta el borde de la barra usándola para impulsarse hacia arriba para poder disfrutar mejor del beso, llevando la mano libre al cuello de Kohaku, acariciando con suavidad como sabía que a ella le gustaba.
Sus dedos fueron reemplazados por sus labios, dejando mordidas pequeñas y besos húmedos en toda la extensión de su piel.
–Vamos a tu cuarto –murmuró Kohaku, tirando de su cabello para acercándolo más a ella.
–Hagámoslo aquí –respondió, bajando más con sus besos, llegando al borde de su camiseta.
Kohaku se apartó, dejándolo con el anhelo de la textura de su piel, aunque eso no duró mucho, la rubia rodeo la barra para tirar de su mano para llevarlo hacia la sala.
–¿No me quieres en tu habitación? –reprocho ella, falsamente, con un puchero en sus labios pero volviendo a besarlo húmedamente.
–Te quiero aquí –susurro él, sentándose en el sillón individual, llevándola con él. –Ahora –gruño, acomodando el cuerpo femenino sobre su regazo para comenzar a sincronizar sus movimientos.
Ella rió por su comentario, volviendo a besarlo, mordiendo y clavando las uñas como la leona que era, mientras él pasaba las manos por cada porción de piel que podía alcanzar. Los dedos femeninos se movieron rápido para desabotonar su camisa, mientras él aprovechaba para subir las manos hasta su sujetador de encaje.
Ella se acostó con alguien.
Ese pensamiento apareció mientras más tocaba los contornos de aquella prenda, mientras más la sentía moverse contra él. Y el pensamiento fue imposible de ignorar cuando ella se apartó, con los ojos cristalinos y lujuriosos, las mejillas rojas y el cabello despeinado, solo para quitarse la camiseta y revelar lencería que él no recordaba haber visto.
–¿De dónde salió eso? –reprocho, el deseo había desaparecido, mientras su manos comenzaron a deslizarse fuera de la rubia.
Kohaku frunció el ceño, sin entender su más que justificada molestia.
–Luna me lo dio esta mañana, tenía pensado dármelo como felicitación por el compromiso –explicó, apartándose de él, aunque sin abandonar su posición en su regazo.
Ella está mintiendo, de nuevo la voz en su mente, esa que soltaba comentarios cuando menos lo necesitaba.
La rubia pareció leer la dirección de sus pensamientos, pues rodó los ojos, murmurando un: No necesito esto, mientras hacía amago por levantarse.
Para su suerte, sus reflejos fueron rápidos, deteniéndola para devorar su boca, e intentando apartar los pensamientos pesimistas junto con la pieza de lencería que sólo intensificaba su molestia, aun cuando las palabras de Kohaku fueran ciertas. Ella no reprocho y él agradeció que volvieran justo donde lo habían dejado.
Sí ella estaba mintiendo eso no debería importarle, no cuando ella estaba dispuesta a tener sexo sin reprocharle por los mordiscos que estaba recibiendo. Las marcas de su último encuentro estaban reapareciendo y otras nuevas estaban siendo dejadas en la piel de porcelana. Fue imposible no deleitarse con los sonidos que escapan de los labios femeninos, con la forma casi hipnótica en la que Kohaku recibió cada uno de sus mimos y los movimientos continuos de sus cadera; y fue tan dolorosa la ausencia cuando ella se apartó, poniéndose de pie sobre las piernas temblorosas, para desabrochar sus jeans y bajarlos junto con sus bragas.
Él hizo lo propio, sintiéndose estúpido por lo ansioso que debió verse, aunque eso solo parece encender a Kohaku, cuyos ojos se volvieron más salvajes mientras regresaba a su lugar sobre él.
Fue exquisita la forma en que ella se movió sobre él, imponiendo el ritmo duro y tortuoso, ese que descubrieron juntos, el mismo que pudo disfrutar con alguien más anoche. El solo pensamiento le hizo enterrar los dedos en la carne suave del trasero de Kohaku, mientras su lengua se aventuró a explorar la cavidad ajena, provocando que algo en la rubia se encendiera, que su cuerpo se moviera de forma más errática.
–S-Senku –el aire pareció haber escapado de los pulmones de la rubia con un golpe en particular, las uñas sin filo recorrieron su pecho, mientras los espasmos comenzaron a recorrer a la chica.
Sí Kohaku estuvo con alguien la noche anterior, ese idiota ya no se encontraba más en su mente, ni las sensasiones que pudo provocarle.
–Sen… ku
La piel sudorosa se sintió tan caliente y deliciosa contra la propia, su umbral absoluto estaba al límite, sintiendo hasta el más mínimo roce, cada respiración profunda, cada escalofrío que recorrió a Kohaku mientras ella cabalgaba su clímax. El no tardó en seguirla, mordiendo el cuello de Kohaku y pegando su cuerpo, sin ningún milímetro de distancia, con los brazos de Kohaku rodeando su cuello, sus dedos tirando de los mechones mientras un gemido silencioso escapaba de sus labios que se suma a su jadeo.
Su respiración salió pesada, sintiendo aún pequeñas secuelas de su clímax. Kohaku no estaba mejor, con los brazos aferrados como sí él fuera su salvavidas, y los pequeños temblores en sus piernas que él aún pudo sentir bajo sus dedos.
–Senku… –susurro, tan bajo que de no estar tan cerca no la habría escuchado.
Sus manos recorrieron desde sus piernas, su trasero, su cintura y terminando en su rostro, para separar a Kohaku del espacio de su cuello y besarla.
El beso fue largo y perezoso, uno de esos de los que no había disfrutado desde hacía mucho tiempo, donde ambos se permitían derretirse con el contacto y que era seguido por pequeños y superficiales besos.
–¿Tienes que regresar temprano al trabajo? –preguntó ella, besando su mandíbula.
–Tengo una junta a las cinco –contesto, deslizando la goma del cabello de Kohaku, acariciando para alisarlo, algo no tan difícil pues aún continúa parcialmente húmedo. –¿Qué hay de ti, Leona?
Kohaku no sé molesto por el apodo, al contrario, sonrío contra su toque.
–Tengo que entrar a las dos –Kohaku pareció mirar el reloj que descansa en la barra, antes de sonreír de nuevo. –Y ya no tengo tiempo para lavar ropa –murmuró, rodeando su cuello y depositando un ligero beso.
–¿Esa es tu forma de decirme que tengo que hacerlo yo? –bromeó, volviendo a besar a la rubia.
–Si –un último beso y Kohaku no perdió el tiempo para levantarse de su regazo. –Tengo que ducharme, así que te toca recoger esto.
Ella recogió su camisa desechada, abotonarla y ponerse sus bragas antes de caminar por el pasillo.
El científico miró la figura femenina perderse, suspirando cuando la vio entrar a su habitación. La sala, mientras tanto, olía a sudor y sexo, la ropa de Kohaku estaba regada a su alrededor. Otro suspiro resignado antes de acomodarse los pantalones y comenzar a recoger la ropa, pasando por el panel de control cerca del pasillo, para encender el ambientador, yendo directo al cuarto de lavado para colocar la ropa en las cestas correspondientes.
Su espalda se sintió ligeramente dolorida, aunque supo que esa no sería una excusa lo suficientemente válida para la rubia sí su ropa no se encuentra limpia la próxima vez que abra su armario, y con eso en mente caminó hacia su habitación para sacar la cesta de ropa.
El agua corría en el baño cuando él entró. Un par de camisetas en la gran cama, y algunas cosas como libros, ropa y papeles sobre el suelo lo recibieron.
Y la cesta se encuentra fuera de la puerta del baño.
Senku sonríe ante el rápido recorrido visual en la habitación, Kohaku aún mantiene algunos adornos que él recuerda de sus años de universidad, algunos premios de su época de instituto que Ruri le trajo cuando recién se mudaron a ese piso, algunos posters antiguos que adornan las paredes, de películas que Kohaku ni siquiera ha visto pero le parecen interesantes, algunos regalos suyo…
–Si no te das prisa la ropa no se secara –sugirió Kohaku, con una toalla agitando su cabello para quitar los residuos de agua, algunas gotas mojan el sostén deportivo, aquel que no combina con las bragas.
El aroma floral inundó el ambiente junto con el vapor, Kohaku caminó hasta estar frente a su armario para comenzar a prepararse para el trabajo. La toalla fue lanzada a Kohaku no pareció importarle, así que decidió ignorar el recorrido de los ojos sangre sobre su cuerpo innumerables veces mientras ella rebusca en su armario por algo de ropa.
–¿Regresaras a dormir? –preguntó, recogiendo uno de los pantalones en el suelo para ponerlo en el sesto, justo por encima de las bragas que desecho y su camisa.
–No creo, pero te mandaré un mensaje en cualquier caso –murmura ella, sacando su camiseta y pantalones. –La organizadora llamara a tu oficina para concretar una cita.
–Le daré la información a Noah.
–Bien –Kohaku lo besa antes de empujarlo fuera de su habitación y cerrar la puerta tras él.
Los días como estos se sienten tan… domésticos, y aunque ha empujado ese pensamiento en lo más profundo, el sentimiento resulta en algo demasiado extraño de explicar. El agridulce recuerdo de sus primeros años de relación, de Kohaku cocinando el desayuno, de ella recibiéndolo después de un estresante día en el laboratorio, ella sonriendo a pesar de su propio cansancio.
Las noches donde ambos trabajaban en la mesa de la sala, donde ponían una película al azar en televisión mientras ambos se concentraban en sus propios asuntos; las noches cuando él era el único que tenía trabajo, y Kohaku preparaba palomitas mientras se recostaba al otro lado del sillón, estirando las piernas hasta que sus pies descansaban sobre su regazo, ella no hablaba, pero el simple calor a su lado era suficiente para que el estrés pareciera desvanecerse; o las noches donde ella era quien tenía trabajo, y él fingía tener tanto trabajo para acompañarla hasta que al fin escuchaba el grito ahogado al terminar, que era seguido de sentir el peso de Kohaku a su lado, con esa sonrisa triunfal.
Esas eran buenas épocas, donde no necesitaba mucho para sentir que todo estaría bien.
Pero no tienes tanta suerte para que eso fuera duradero.
Lo arruino, supo que lo había arruinado cuando despertó en su cama con un fuerte dolor de cabeza y Mikoto abotonando su camisa, lo supo cuando vio su propia camisa camisa manchada de lápiz labial a su lado, siendo golpeado por los recuerdos difusos de una conversación en su departamento con las castaña.
–¿Qué pasó? –preguntó, mirando a la mayor.
–Solo dos jóvenes adultos con poca tolerancia al alcohol que probablemente no debieron beber –respondió ella, alisando algunas arrugas en su camisa. –¿Quieres café para conversar?
Senku asintió, aunque maldijo cuando no hubo ninguna duda de lo que ahí había ocurrido.
Se volvió a tumbar en la cama, maldiciendo entre dientes mientras se cubrió los ojos, fue un jodido imbécil, un verdadero imbécil al traicionar a Kohaku a la primera oportunidad. La culpa comenzó a arremolinarse en la boca del estómago, necesitaba saber exactamente qué había pasado entre él y Mikoto, y probablemente no sería tan malo como para que Kohaku lo despreciara por el resto de su vida.
–Espero te gusten los huevos estrellados –ofreció la castaña, dejando un plato frente a él.
–Es bueno saber que ya te instalaste en el departamento –señaló, tomando un largo trago.
–Creí que sería bueno tener algo que comer mientras conversábamos –fue su simple respuesta.
–¿Qué es lo que recuerdas de noche? –preguntó, sin más rodeos.
–Bueno, seguimos tomando después de la primera cerveza, supongo que en algún punto dejamos el tema del proyecto –ella se encogió de hombros mientras tomaba un bocado de su plato. –No recuerdo mucho, pero no te preocupes por ello, podemos fingir que eso no sucedió.
Mikoto no parecía estar preocupada por el tema. Ojalá pudiera relajarse como ella.
–Nada saldrá de aquí –añadió, poniendo un dedo frente a sus labios.
–¿Recuerdas que tengo novia?
–Si –los ojos chocolate se mantuvieron en el café. –Supongo que hablaras con ella de esto, ¿no? Sí es así, bueno, yo puedo disculparme con ella, y no sé, hablar a tu favor.
Él negó, Kohaku pudo tomarla peor.
–Hablaré con Kohaku cuando regrese –la simple idea volvió a revolver su estómago.
–Bien, sí necesitas algo, solo dime –ella tomó la mochila con la que había llegado la noche anterior, antes de colocar la mano sobre su hombro en apoyo. –Nos vemos en el laboratorio.
Senku no debió de ser tan estúpido, debió ver venir lo peor como su suerte a lo largo de su vida le había demostrado. Sin embargo, no noto lo mal que estaban las cosas hasta que salió de la ducha y al fin se armó de valor para mirar el chat de Kohaku y notar el mensaje borrado que había sido mandado poco antes de que el despertara.
Y sí eso no fue suficiente confirmación, supo que lo arruinó cuando intento llamar a Kohaku y solo escucho el mensaje de su buzón de voz, aunque aún para ese momento, y para cuando ninguno de sus mensajes fue atendido, un pequeño rayo de esperanza se negó a abandonarlo, esperando que Kohaku estuviera tan ocupada pasando tiempo con su hermana para que no contestara su celular.
Pero de nuevo, la suerte es cruel con él, por lo que la confirmación de que lo había arruinado llegó junto al dolor instantáneo de un golpe que no se esperaba por parte de Chrome. No necesito saber que todos ahí lo sabían, desde su amigo que lo sostenía del cuello de la bata con la furia brotando de cada poro, hasta Chelsea, quien parecía querer intervenir, pero ninguna palabra salía de sus labios -extraño sí se lo preguntaban-.
–Mikoto se los dijo ¿cierto? –preguntó, con la voz plana.
Mala elección de palabras, lo supo cuando Chrome apretó aún más su agarre, gruñendo.
–¿Cómo pudiste hacerle eso a Kohaku? –escupió, incrédulo.
Senku se preguntó lo mismo, llevaba preguntando eso desde que había despertado.
–Ciertamente, esperaba el reclamo, no el golpe, Chrome –se burló, sintiendo aún el escozor en el ojo.
–¡¿Cómo puedes decir eso?! –Chrome apretó más los dientes, sí es que eso era posible.
–¿Kohaku lo sabe? –preguntó, dirigiéndose esta vez a Chelsea.
Mikoto, quien estaba en el umbral de la puerta, miró al suelo.
–No de mi parte.
–Hablaré con Kohaku, lo arreglaré.
Antes de que el castaño pudiera cuestionar, Xeno llegó junto a Stanly, con un ceño fruncido miró a todos ahí, y no fue necesario que se lo dijera para saber que tendría problemas.
Senku fue enviado a casa después de ir a la enfermería, no protestó, ni siquiera estaba de humor para eso.
El resto de la tarde la paso mirando televisión, continuando con sus investigaciones personales, y mirando su celular entre sus tareas.
Tal vez fue un poco lo contrario…
Fue después de la cena que se armó de valor para escribir el primer mensaje, preguntándole a Kohaku como estaba su fin de semana.
Un estúpido intento de romper el hielo, se dijo, especialmente sí ella ya sabía lo sucedido, ya fuera por alguno de sus amigos, o incluso por que el mensaje eliminado en su conversación se tratara de la foto que Mikoto les había enseñado a Chrome y a Chelsea.
Tal vez era por eso que Kohaku mantenía su celular apagado.
Senku negó, Kohaku no era la clase de persona que se escondía de los problemas, ella era la chica que miraba de frente y le rompía los huesos a cualquiera que se atreviera a burlarse de ella. Aunque también existía la posibilidad de que ella decidiera apagar su celular para no hablar con él, y esperar hasta regresar a casa para golpearlo.
De alguna forma ese sentimiento le hizo sentirse mejor. No le importaba que Kohaku le emparejara el otro ojo sí eso significaba que ella le daría la oportunidad de redimirse.
Pero probablemente ella no lo haría.
El siguiente mensaje que envió fue antes de irse a la cama, deseándole una buena noche. Y de nuevo, solo obtuvo una palomita a lado del mensaje que le notificaba que el celular de la rubia continuaba apagado.
Una decisión absurda, tal vez, pensó mientras viajaba entre sus contactos y mandaba un mensaje a Luna:
–¿Cómo está Kohaku? –preguntó.
Era pasada la medianoche, probablemente Luna ya estaría durmiendo, tomando en cuenta su estricto régimen de siestas. Y aun así Senku permaneció despierto otra hora más, mirando el techo, esforzándose en recordar que había sucedido la noche anterior en esa misma habitación, en como había terminado acostándose con Mikoto.
Claro, ella era atractiva, Senki podía admitir eso, y probablemente era una de las mujeres más inteligentes con las que se había topado, y aún así eso no terminaba de ser razón suficiente para que ellos terminaran teniendo sexo, aún estando ebrios.
La vibración en su celular llamó su atención, la esperanza de que fuera la respuesta que había estado esperando por parte de Kohaku se desvaneció, aunque un mensaje de Luna tampoco fue una mala noticia.
–¿Cómo te imaginas que este después de tu estupides?
Jamás considero que Luna podría hablarle así, aunque en las últimas horas, muchas cosas que él jamás imaginó que pasarían estaban ocurriendo en su vida.
–Espero tengas una muy buena explicación para esto –añadió a rubia.
Aún hoy en día, sosteniendo el sujetador de encaje, Senku se pregunto cual podría ser una buena explicación a porque lo arruino.
Notas de la autora:
1.- Me tarde muchísimo con este capitulo, ya tengo un poco del próximo, y espero no tardarme esta vez, según yo quería terminar esta historia antes del próximo año, pero creo que no se va a poder. De cualquier forma, hay muchos datos que he comenzado a soltar en este capítulo sobre la muy tumultuosa relación de esta pareja, la planeación de su boda comenzará a desarrollar más cosas y ufff, ya tengo varias ideas.
2.- Agradezco a quienes leen y un poquito más a quienes dejan reviews, y bueno, contestare los reviews del capitulo anterior:
Mumi Evans Elric, de nuevo, es un super gusto leer tus comentarios, gracias por la preocupación, me encantan tus comentarios. Me encanto que te gustara Lowell, sé que esperabas encontrar a alguien como Mikoto, pero pues nop, mi idea ha ido cambiando con él tiempo, y me encanto las ideas que tienes sobre él, buenas, casi me tientas a cambiar el rumbo de esto; así como tus ideas sobre Mikoto, la verdad esta mujer es muy astuta, inteligente, y bueno, un poco visceral, aunque eso de su juventud, días, quiero decirte más pero no me lo permitiré. Espero que este pequeño fragmento de recuerdos te guste, iré dando más ideas sobre sus pensamientos, y las reflexiones de sus acciones, aunque sabemos que ellos lo hacen complicado porque, bueno, la vida sin drama no tiene trama, al menos en lo que a ficción concierne. Quisiera abarcar tooodo tu review, pero no quiero soltar detalles que aún no he revelado, así que me abstendré, de nuevo, me emocionan tus reviews y espero te guste este cap.
Cojulieth31, your comment encapsulates all my feelings for Kohaku, seriously, I would love for her to leave him, however, I feel that it is not the time yet, your comments are really super cute.
Guest, probablemente sí sea un self insert, me siento culpable por ello, pero al final sentí que podía hacerlo funcionar, y bueno, los self insert no son malos siempre y cuando puedas hacerlos funcionar para a trama, y no sé, mucha fe en mí, pero creo que puedo hacerlo.
arual17, Senku tan él, aunque aún nos falta más información de su parte sobre su relación, sus emociones y todo eso, espero lograrlo en el próximo capítulo, y que Mikoto y Senku no arruinen las cosas para Kohaku.
Bueno, gracias de nuevo a todos los comentarios, espero les guste este capitulo y que la espera valiera la pena, me gustaría seguir leyendo sus comentarios, que me hacen muy feliz y me recuerdan que hay personitas que espera a que actualice.
3.- Personajes de Inagaki y Boichi, historia mía, sin más me despido, cuídense y sayonara.
