Descargo de responsabilidad: Dr. Stone es de Riichiro Inagaki y del ilustrador Boichi. Yo solo estoy usando a sus personajes para mi descarga emocional.
El título y parte de la historia ha sido inspirada de la canción del mismo nombre: Like a Stone de Audioslave.
Like a Stone.
Capítulo 12: Declaración de intereses.
En el Reino Bárbaro.
Tres días después.
Tsukasa Shishio se encontraba supervisando a sus tropas; el rey vestía una hermosa capa confeccionada con la piel de león que el mismo había cazado hace poco, la melena de aquel hermoso ejemplar envolvía sus anchos hombros a la perfección. Mientras el castaño desfilaba por el campo, sus hombres mostraban sus mejores movimientos tratando de agradar a su rey. Pronto realizarían una nueva invasión y aquellos guerreros que destacarán en aquella pelea podían proclamar como suyo cualquier botín que quisieran. Oro, mujeres, caballos… cualquier cosa que desearán.
Sin embargo, al Rey Bárbaro lo que menos le importaba eran las riquezas que podrían encontrar en aquellas invasiones y tampoco lo eran los combates sangrientos que realizaban. Desde que su pequeña hermana había desaparecido casi en sus narices, lo único que lo motivaba a seguir eran las palabras de una de las brujas del pueblo.
"-No esta en el reino, eso te lo puedo asegurar...
- ¿Esta viva?- la aflicción en el rostro del Rey Primate no se pudo ocultar y la bruja lo miro compasivamente.
Tsukasa vio la vacilación en el rostro de la Bruja Homura y pensando en lo peor golpeo la pared que tenía más cercana causando que parte de esta se derrumbará por el impacto.
-… No esta muerta, Mi Rey- dijo por fin aquella mujer -pero tampoco puedo asegurar que este viva… es extraño, nunca había sentido una magia como esta.
-Si estas jugando conmigo…- amenazo Tsukasa señalándola con su espada.
-No lo hago… hay una leyenda que habla de un antiguo brujo capaz de llevarte al limbo entre la vida y la muerte, pero esa es una historia de hace cientos de años.
El castaño no dijo nada y la insto a seguir.
-Su nombre era el Brujo del Why."
Shishio se había aferrado de aquella antigua leyenda y destruyendo y proclamando como suyos pueblos enteros, había llevado a la bruja rosada esperando encontrar una pequeña pista sobre el paradero de su hermana.
-Mi Rey…- lo llamo su mejor guerrero y mano derecha, sacándolo de sus propios pensamientos.
-Dime Hyoga.
-Hay una noticia del Reino de Piedra que necesita escuchar.
En el Reino de Piedra.
Cinco días habían pasado desde su boda y la desaparición de su padre, Senku apenas había dormido aquellos días buscando alguna señal del posible paradero del rey. Y no es que dudará de que Byakuya se encontraba vivo, secuestrado pero vivo. Sin embargo, no podía quedarse de brazos cruzados esperando que sus enemigos dieran alguna señal de lo que planeaban hacer.
Su noche de boda, después de que Kohaku se había retirado a sus aposentos, se la había pasado buscando en el despacho del rey algún escrito, alguna pista que pudiera haber dejado el mayor para que fuera fácil localizarlo, pero no había tenido suerte de encontrar algo. Y eso era lo más extraño y lo que le daba mala espina a Senku.
Todo parecía estar en un perfecto orden. Como si su padre se hubiera encargado de borrar toda posible huella, pero…
¿Por qué haría algo así?
¿O esa era la pista en sí?
Bufo completamente frustrado, coloco su cabeza en sus manos, incapaz de soportar un minuto más el nudo que se había formado en los músculos de su cuello…
-Senku…- la mano de Taiju se posó en sus hombros y el rey se quejó por el fuerte agarre en aquella zona contracturada que lo llevo a darse cuenta que se encontraba todavía con sus mejores hombres en aquella reunión, decidió levantar su rostro y por primera vez en aquella noche noto el cansancio en sus hombres. Gen que siempre solía parlotear en las reuniones se encontraba en una silla con su cabeza recostada en uno de los pilares de la habitación cabeceando de vez en cuando intentando no quedarse dormido. Ryusuii no se encontraba en mejores condiciones que su consejero. Taiju y Ukyo, los hombres con mejor resistencia de su guardia personal se encontraban completamente lucidos pero las ojeras oscuras que marcaban sus parpados inferiores hacían notar las noches de desvelo a los que Senku los había sometido. De seguro no era tanto el trabajo físico lo que los tenía tan agotados, el cansancio mental había sido lo peor y Senku lo entendía bien. Todas esas noches podía contar con los dedos de las manos el número de horas que había dormido. Y seguramente sus hombres contaban con menos horas que él.
-Ha sido suficiente por hoy- exclamo el rey. -Vayan a sus casas a descansar y tómense todo el día de mañana.
-Pero Mi Lord…
-Es una orden, Ukyo. Una mente descansada vale mil veces más que cien mentes agotadas.
Los hombres apenas escucharon aquello se despidieron de su rey y desaparecieron del umbral de la puerta.
-Estoy de acuerdo con su orden, Mi Rey- hablo Gen -pero espero que también pongas en práctica tus obligaciones. La reina lo espera en la habitación real- le recordó el consejero y Senku pensó que quizás Gen no se encontraba tan cansado como aparentaba.
Sin embargo, en algo si tenía razón, en todos esos días apenas había visto a su mujer y lo testaruda que podía llegar a ser Kohaku no ayudaba en nada a su situación; la reina lo había desafiado frente a sus hombres al negarse a quedarse en sus aposentos y se había retirado de la habitación dejando en claro que sería parte del equipo de búsqueda de su suegro, así que Senku le encomendó a Ukyo ser el encargado de acompañarla y quién lo mantenía informado del paradero y de las actividades de su mujer. Desde esa ocasión apenas se habían dirigido la palabra.
Así que se sentía extraño saber que tendría que dormir en la misma cama que ella. Dudo unos minutos en si quedarse en unas de las tantas habitaciones libres del castillo, pero pensó que aquello podría ser malinterpretado por parte de sus hombres y no quería generar más incertidumbre.
Así que con paso decidido se dirigió a su habitación, le molestaba un poco que el laboratorio que había instalado años atrás hubiera tenido que ser desarmado para crear más espacio para su nueva inquilina; sin embargo, su padre había mandado a instalarlo en una de las habitaciones de la par y durante el tiempo que estuvo en el Reino de las Flores había construido una comunicación entre ambas habitaciones, dando mayor espacio y ya no aquel lugar con todas sus pertenencias apuñadas en cada rincón de la habitación.
Senku se paró frente a la entrada de su habitación y sin pensarlo la abrió.
…
Sin embargo, lo que vio lo alarmo. Por ser ya entrada la noche no se preocupó en un primer momento al ver todo a oscuras, pero cuando su vista se acostumbró a la oscuridad y la vela que cargaba ilumino la habitación, se percató de que no se encontraba nadie más que él, sintió un frío recorrerle el cuerpo y su corazón comenzó a latir rápido.
¿Y Kohaku?
Así que sin pensarlo dos veces se dirigió a la habitación de huéspedes y sin una pizca de formalidades la abrió, adentrándose inmediatamente.
Kohaku yacía en el lecho, levemente iluminada por la luz de la luna que se filtraba desde el ventanal y al sentir el escándalo de la puerta abierta se había despertado asustada.
- ¿Se-Senku? - fue lo único capaz de emitir al descubrir a su marido parado frente a sus aposentos.
- ¿Qué haces aquí? - aquella pregunta la confundió más por lo que Kohaku no pudo responder instantáneamente. - ¿Por qué no estas en mi habitación?
Kohaku se sintió molesta al escuchar aquella pregunta, al parecer Senku creía que era parte de su mueblería -Como usted bien lo ha dicho, Mi Rey, es su habitación. Mientras usted no este allí no tiene caso usurpar sus aposentos.
La molestia de Kohaku era tangible y el peliverde sabía que, a pesar de no volver a tocar el tema de Luna, Kohaku aún no lo había perdonado. Tragándose sus palabras y tranquilizando a los sirvientes que habían acudido a aquel escándalo decidió retirarse a su habitación.
Es poco decir que Senku casi no pudo dormir aquella noche.
Kohaku se despertó al siguiente día un poco antes de que los rayos del sol se asomaran en el cielo. Se dispuso a vestirse con ropa adecuada para acudir al pueblo como hacía todas las mañanas y mientras se encontraba alistándose se sorprendió al no escuchar el bullicio de hombres yendo de un lado a otro cumpliendo las ordenes de Senku, Taiju o Ukyo.
Al salir de su habitación, vio a Ukyo esperándola, con su habitual cordialidad. Si tenía que elegir a uno de los hombres de su esposo para acompañarla día y noche, ese sería el peliblanco. Al principio pensó que el hombre la trataba así por órdenes de Senku, pero después se dio cuenta de que esa era realmente la personalidad del general.
Ukyo era un chico apenas unos meses mayor que ella, dulce y gentil. E inmediatamente se dio cuenta que el peliblanco era la voz de la razón, el que colocaba los pies de Senku, Ryusuii y Gen en el suelo.
-Buenos días, Lord Saionji.
-Mi Reina…- y el caballero se inclinó frente a ella. -estoy a sus órdenes.
Y Kohaku esperaba aquella frase final, sonrió con autosuficiencia y decidida a hacer aquello que su esposo había olvidado.
-Quiero aprender arquería, Mi Lord- Ukyo pensó que la rubia había desistido de aquel deseo. Y no es que le molestará enseñarle, pero creía que no era el momento. No podría hacerle de tutor cuando su reino pasaba una crisis interna, cuando en cualquier momento podría ser llamado a protegerlo junto con Senku.
Kohaku se dio cuenta de la duda en los ojos del arquero.
-Solo te pediré dos horas al día y luego me quedaré practicando yo sola. Pero te lo suplico…- y ahora fue ella la que se arrodillo junto a él y tomo sus manos entre las suyas. -No quiero ser una carga para este reino.
Y tampoco una víctima, pensó Kohaku. No cuando había lores que no podía aceptar a una reina extranjera.
Ukyo suspiro con resignación. El rey lo mataría pero había sido el mismo quién le ordeno cumplir los caprichos de su mujer.
-Esta bien mi reina, pero tendrá que vestir algo más cómodo.
La rubia sonrió, ya le empezaba a gustar la arquería.
WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY… WHY…WHY… WHY.. WHY… WHY.. WHY… WHY.. WHY… WHY.. WHY…
Senku se removió aturdido, cada vez que estaba a punto de conciliar un buen sueño aquellos susurros comenzaban a convertirse en gritos estruendosos y decidiendo que ya no tendría caso dormirse decidió no volver a intentarlo pero tampoco hizo el amague de levantarse de su cama hasta que la luz de la mañana se filtró en su habitación y los rayos del sol le pegaron directamente en los ojos. Senku bufó molesto y estaba a punto de taparse hasta la cabeza para evitar la luz cuando el toque de la puerta lo detuvo.
-Su Majestad… ¿Está bien?- pudo escuchar la voz de uno de sus sirvientes al otro lado de la puerta.
Senku derrotado se dio cuenta que seguir en su cama no sería posible, se dispuso a vestirse y salió al encuentro de su sirviente.
-Lo siento Mi Rey, he visto la hora y me preocupó no verlo ni en su despacho o en el comedor. Lady Luna también se asustó al darse cuenta de que no estaba en ninguna parte del castillo.
-¿Luna?
-Si, la dama ha venido a hablar sobre unos negocios con usted. Ahorita lo espera en su despacho.
-¿Y mi mujer?
El sirviente pareció confuso ante aquella pregunta.
-La Reina salió esta mañana con Lord Ukyo.
Senku no pudo detener la sensación de vació en la boca del estómago, si no conociera al chico sería capaz de pedir su cabeza en ese mismo momento. Senku pensó que había quedado claro sobre su orden el día de ayer, quedaban exentos de todos sus cargos para ese día.
-Dile a Lady Luna que si desea desayunar lo haga y que me espere en el comedor real, mientras me preparo para salir.
-Como ordene, Rey Senku.
Kohaku estaba sorprendida, Ukyo la había llevado a los bosques del reino, algo que le llamo la atención era la gran cantidad de megalitos que se encontraban escondidos entre la flora de aquel lugar.
-La he traído aquí, Mi Reina, porque la cantidad de obstáculos y objetivos es ilimitada. Lo primero que tiene que aprender es a adecuar su mirada con la distancia del objetivo y luego aprender a consensuar su mirada con la punta de la flecha.
La rubia no podía negar que Ukyo era un excelente maestro, lo primero que hizo fue enseñarle las diferentes partes del arco y de la flecha…
-Y es así como la flecha fue construida para romper el viento y no desviarse de su objetivo.
-Sí que sabe demasiado, Lord Ukyo- la rubia había quedado embelesada con su explicación. Podía saber que el peliblanco era un amante del arco y la forma en que sus ojos brillaban mientras le contaba el funcionamiento de la flecha se lo confirmo.
-Bueno, esto lo sé gracias al rey- rio el joven, cuando era niño pensaba que el arco solo era cuestión de tener buena puntería, pero gracias al rey entendí que es el arco y la flecha lo que determinan que aciertes en el blanco.
-Se ve que el rey Byakuya es un rey muy sabio…
- ¿Rey Byakuya? Me refería a Senku- las palabras del arquero la dejaron sin aliento. Kohaku apenas había pensado en su marido durante aquella mañana.
Un silencio incomodo se instalo y Kohaku tratando de aligerar el ambiente le pidió que le diera una demostración. La rubia tomo un poco de distancia y vio como Ukyo se posicionaba frente al blanco que había elegido y un segundo después la flecha se encontraba incrustada en una de las frutas que colgaban libremente de las ramas de uno de los árboles.
-Eso ha sido increíble, Mi Lord- Ukyo se sonrojo ante el cumplido de la reina.
-Es su turno, princesa. Déjeme posicionarla.
Ukyo tomo los hombros de la reina con delicadeza y los posición en línea recta frente a su objetivo, separo un poco las piernas de la princesa para mejorar su estabilidad y coloco el arco de tal forma que la flecha estuviera a la altura de sus ojos como si se tratará de una extensión de los mismos.
Kohaku dejo escapar el aire que estaba conteniendo y soltando la flecha, dejo que la tensión del hilo la impulsará hacia su objetivo y sin ningún mínimo de error la flecha atravesó su objetivo.
-¡LO LOGRO!- aplaudió Ukyo. Kohaku no dudo en dejar escapar una risotada, divertida por la reacción del joven.
-No lo habría hecho sin ti, Mi Lord. Le pediré a Senku que mande a construirme un arco, así no tendré que quitarte el tuyo- Kohaku proclamo feliz.
-Y hablando del rey, creo que ya nos hemos ausentado demasiado por hoy. Mañana continuaremos con las clases, Mi Reina.
-Dime Kohaku, Lord Ukyo.
Ukyo la miró un poco desconcertado y Kohaku no pudo evitar sonrojarse por lo confianzuda que estaba siendo.
-Ahora soy su aprendiz, Mi Lord.
Los caballeros quedaron sin aliento al acercarse a la muralla de piedra que rodeaba al Reino. Era increíble que aquello fuera hecho por manos humanas.
-Mi Lord, Umri ha encontrado la entrada principal. Dice que se encuentra a dos kilómetros de aquí, siguiendo la muralla en dirección Oeste. Dice que no ha encontrado guardias rompe piedras en todo el camino.
- ¿Crees que teniendo una muralla de este tamaño, serían tan tontos de exponerse? Estoy seguro de que saben de nuestra existencia desde hace kilómetros.
El joven guardia asintió.
-Dile a Umri que nos espere donde se encuentre y que no avance a la entrada hasta que yo llegue.
-Como ordene, Conde Chrome.
Cuando Kohaku y Ukyo estaban cada vez más cerca del castillo, se percataron del bullicio que estaba ocurriendo a las afueras del mismo. Kohaku fue la primera en percatarse en los estandartes conocidos y sin darle ninguna explicación a su acompañante espoleo a su caballo y salió a toda velocidad. Cuando estuvo en las cercanías se bajó del caballo y salió corriendo hasta que se echó a los brazos de uno de los extraños.
Cuando Senku vio a Kohaku abalanzarse sobre el conde, no pudo ocultar su malestar ante todos lo que se encontraban con él y dándose la vuelta tomo una copa de vino y se la empino hasta que la última gota se vació en su garganta.
Se acerco a los hombres del reino de su mujer y dándoles una cordial bienvenida mando a sus sirvientes a atenderlos. Senku estrechó la mano del Conde Chrome y le dirigió una mirada pérdida a Kohaku, quién no se había apartado de él.
-Es una sorpresa su visita, Conde. Si hubiera avisado su asistencia a mi reino estaríamos mejor preparados para atenderlo, ¿O no, Kohaku?
La princesa negó y viendo desafiante a Senku, le respondió: -Chrome sabe que me gustan las sorpresas- y jalando a Chrome al interior del castillo dejo a Senku con la mandíbula tensa evitando que algún comentario mordaz saliera de su boca.
…
Ya no recordaba cuántas copas de vino le siguieron a la primera pero con el torrente de alcohol en su sistema había tomado una decisión, porque alargar aquello solo iba a llevar más problemas. Y mandando a su ama de llaves, hizo que Kohaku se presentará a su despacho un poco antes de la cena.
Cuando Kohaku entro al despacho, pudo notar que estaba iluminado por unas antorchas a cada lado del salón. Senku se encontraba revisando unos pergaminos, cuando el sirviente anunció su presencia.
-¿Ha pasado algo para que necesite mi presencia?- La rubia se escuchaba molesta, habían interrumpido su reunión con Chrome mientras le contaba sobre lo que estaba ocurriendo en su reino.
Senku dejo salir una pequeña risa burlona ante su pregunta. Lo cual enojo aún más a Kohaku.
-¿Se puede saber que es tan divertido, Senku? Si solo me has llamado como un arrebato de tu borrachera espero que me despaches inmediatamente.
-Tanto te urge irte con ese Conde ¿Pensé que apoyabas que tu hermana se quedará con él? Dime Kohaku, ¿hay algo más que una simple fraternidad con él?
Kohaku estaba a punto de golpearlo por sus insinuaciones, pero al mismo tiempo sintió un poco de dolor en el pecho. Y respirando profundo le contesto.
-Tan evidente he sido, Mi Rey- aquellas palabras se sintieron como un balde de agua fría sobre la cabeza peliblanca. Realmente no esperaba aquella confesión. -Cuando era niña…- continuo Kohaku -y mi hermana era el centro de atención por su salud débil, solía escaparme de casa porque en el castillo no se encontraban más niños de mi edad. En una de esas escapadas conocí al conde, en ese entonces era el hijo de una campesina y nada más. A pesar de ser cuatro años mayor que yo, a Chrome no le molesto jugar conmigo, me enseñó a trepar árboles, sobre las frutas silvestres que eran comestibles y las que no. Y me enseño el pueblo de par en par. En ese entonces pensé que, si debía de casarme con alguien en el futuro, el hombre al que elegiría sería a él. Pero en una temporada que mi hermana mejoro de su salud yo estaba tan feliz que decidí invitar a Chrome para que la conociera…
La princesa hizo una pausa y dejo salir un suspiro.
-Y él se enamoró de ella- complemento Senku y Kohaku asintió.
-Hace unos meses, Chrome pidió una audiencia con mi padre para pedir la mano de Ruri, pero padre se negó a aceptar su visita por ser un hijo bastardo; así que fui a buscarlo en esa ocasión y le propuse que, si no podía casarse con Ruri, podría casarse conmigo… y me rechazó.
Kohaku envolvió sus brazos alrededor de ella como si aquello aún doliera.
-Pero creo que fue algo necesario, luego de eso entendí que los sentimientos de Chrome eran sinceros. Que realmente amaba a mi hermana y que yo tenía que aceptar eso. Así que cuando mi padre anunció su plan de compromiso supe que tenía que evitarlo.
-Y fue lo correcto. Yo nunca hubiera amado a tu hermana lo suficiente como lo hace el conde.
Kohaku le dirigió una mirada dura mientras veía a Senku levantarse de su silla y se acercaba a ella.
-Y ahora debo de poner las cosas en orden contigo, no te amo como dices que Chrome ama a tu hermana y estoy segura que tampoco me amas como Ruri ama al conde pero…- Senku se paró frente a su prometida, tan cerca que Kohaku tuvo que dirigir su mirada hacia arriba.
¿Cuántas veces había visto a Senku de esa forma? ¿Cuántas veces él había usurpado su espacio personal? Kohaku había perdido la cuenta. Lo había hecho en el quiosco cuando le pidió que rechazará el compromiso, lo hizo decenas de veces en sus visitas al pueblo cuando quería molestarla. Lo había hecho cuando ella se rehusó a quedarse en el castillo; pero ahora se sentía diferente, a pesar de sus duras palabras era consciente del calor que emanaba de su cuerpo y la envolvía. La forma en la que sus ojos se iluminaban por las antorchas y le daban un color fuego a sus ojos de por sí rojos y como su silueta se reflejaba en ellos parecía que la miraba con tanta pasión.
-Quiero que duermas conmigo esta noche, Kohaku.
He dejado tirada esta historia no porque quisiera, sino porque no he tenido el tiempo suficiente para escribirla y modificarla. Así como la ven se ha ido escribiendo poco a poco en este lapso de meses.
Espero que aún sea de su grado.
Y FELIZ HALLOWEEEEEN :D
