¡Queda poquito para el estreno de la película en Netflix! A 7 días, es tiempo de mostrar un nuevo episodio de mi fic resucitado, espero les guste.
Como ahora respondo por PM, solo mandaré saludos a quien comentó:

-J0nas Nagera

Y también a los que pusieron su like. Espero lo disfruten.


Al inicio de nuestro viaje, las probabilidades de encontrar a Luan fluctuaban con facilidad en el 91% de éxito. No obstante, no consideré la colosal variable de nuestra captura por las fuerzas militares. Eso lo redujo en un contundente 27%. También consideré la falla de mi receptor en el conteo, del cual mientras no logre arreglarlo, no podremos usar datos certeros más allá de la noticia de Clyde. Lo que hago en estos momentos es triangular una posible ubicación de nuestra hermana, pero no es un método del todo fiable, puesto que la probabilidad de error, aunque baja, es suficiente para desviarnos unas cuantas decenas de kilómetros. Pero aun con lo dicho, es la mejor oportunidad de encontrarla, espero resulte.

Ahora me pregunto: ¿Cómo es que Luan llegó a esto?

Lisa Loud, niña científica.

«Una vez atravesada la puerta, no hay vuelta atrás.»
Luan Loud, en:
Furia en el camino

—Ƶ—

Frontera entre Illinois e Indiana
Illinois
11:40 AM

Había pasado un par de horas de viaje, desde la casa de los Bundy hasta la frontera con el estado de Indiana. Luan apenas pudo descansar la noche anterior, todo por la ansiedad de llegar a Nueva York lo más pronto posible.

Durante el viaje, la comediante permaneció callada la mayor parte del tiempo, porque la pareja solía hablar entre sí y solo Peggy se dirigía a ella para charlar algunas cosas. Pero no era un aspecto que le molestase, más bien ella deseaba estar en silencio, relajada viendo el paisaje a través de la ventana, tratando de olvidar el mal día que pasó ayer. Pretendía llegar a Nueva York y hospedar con su amiga Giggles hasta el día del concurso. Pretendía participar en Com-Circus y ganar el premio mayor. Pretendía pagar toda la deuda del orfanato Tupolev y cerrarles la boca a sus padres y hermanos de que era una pésima comediante, aunque estaba en paz con Lincoln y Luna, quienes la apoyaron sin una sola muestra de duda.

—¿Te sabes un chiste? —le dijo Al a Luan de forma repentina, mientras la miraba por el espejo—. Eres comediante, ¿verdad?

Ese comentario le generó un repentino ánimo en su cuerpo, por lo cual sonrió y dijo:

—¡Claro que sí! Bueno… aquí va un chiste opresor: una haya no quería convertirse en olla y la obligaron. ¿Saben qué es ahora? Una olla a presión. ¡Ja ja ja ja ja! ¿Entienden?

—¡Ja ja ja ja! —rió Peggy—. ¡Sí lo entendí!

—¡Pésimo! —se quejó Al—. Mejor ni te hubiera preguntado. ¿En serio vas a un concurso de comedia?

—Ah, no le hagas caso a mi marido, Luan. Es un gruñón que se queja por todo.

Luan siguió contando chistes durante varios minutos, hasta llegar a la frontera entre los estados de Illinois e Indiana. Ahí, sintieron sus mentes alterarse porque había fuerza policial deteniendo a los vehículos como parte de un control rutinario, a unos metros de la caseta de pago.

—No nos preocupemos —dijo Al—. Es solo algo rutinario.

—¿Tienes tus papeles al día, Al? —preguntó Peggy.

—Pues…

—Ay, Al. Si dicen algo, se llevarán el auto y nos iremos a detención otra vez.

«¿Otra vez?» mentalizó Luan, quien no ocultó su preocupación:

—¡Por favor! ¡Necesito llegar a Nueva York!

—Tranquila, Luan —dijo Al—. Pasaremos de una forma u otra.

Los policías le pidieron detener el auto de Al a una orilla, para realizar un control.

—Sus papeles.

El esposo Bundy no recordaba siquiera si traía los papeles del vehículo. De todas formas, abrió su guantera y se alivió al notar que si los traía. Sin embargo, no recordaba si los había renovado, por lo que su ansiedad retornó tan rápido como se fue.

»¿Qué ocurre? Todavía espero sus papeles.

El comentario lo despertó de su trance y metió la mano en la guantera para entregar los papeles al policía. Este observó con mucho detenimiento, mientras Al y sus pasajeras sentían el sudor en sus frentes.

»Está todo en orden, señor Bundy, Puede avanzar.

Esa frase hizo aliviar a todos.

—Muchas gracias, oficial —respondió Al, ocultando su alivio.

Para la mala suerte de todos, el policía miró a Luan poco antes de alejarse del vehículo. No le costó nada reconocer su rostro, en especial porque recibió una constancia sobre una niña de otro estado que huyó de su casa y que coincidía con una noticia en la televisión.

—Momento. Queremos preguntarle sobre la joven que lleva en el asiento trasero.

—¿Por qué sería, señor oficial? Es que vamos con prisa.

—Sabemos que hay un caso de una joven de Michigan que escapó de su casa, recibimos una descripción de la chica y, por lo visto, ella cumple muchos aspectos.

La comediante sintió como su cuerpo sentía una repentina parálisis y una mirada horrorizada.

—Por favor, señorita, baje del auto.

—No quiero volver… —susurro Luan—. No quiero…

Al escuchó los susurros de su pasajera. Imaginó que la niña pasó por un sufrimiento mucho peor de lo que realmente era. Así que no lo pensó 2 veces y pisó el acelerador con fuerza. Las llantas derraparon apenas un segundo antes de agarrar una velocidad que tomó por sorpresa a los policías. En su salida, chocó un par de conos de seguridad, los cuales mandó a volar unos cuantos metros en frente.

Música recomendada
«Hocus Pocus», de Focus.
(OST de la película Baby Driver)

—¡ALTO AHÍ! —gritó un policía, mientras levantaba una pistola. Pero el vehículo iba tan lejos, que no había posibilidad de detenerlos desde su posición—. ¡Demonios! ¡Escaparon!

Otro policía levantó su radiotransmisor portátil.

—¡Atención unidades: Tenemos un WD-40 en proceso! ¡Repito: Tenemos un WD-40 en proceso! ¡Un vehículo Cadillac está huyendo por la ruta 69, llevan a una niña desaparecida!

Mientras en el vehículo, Luan estiró sus brazos hacia los costados y apretó sus manos con la tela de los sillones donde iba sentada. Su corazón palpitaba por la velocidad que el esposo Bundy alcanzó.

—¡Al, lo hiciste otra vez! —Dijo Peggy—. ¡De nuevo nos persigue la policía!

Los sonidos de las sirenas se escuchó a lo lejos, por lo cual Al dijo:

—¡Y de nuevo los perderemos! ¡Debemos salir de la ruta!

—¡¿Salir?! —Exclamó Luan.

—Ƶ—

Luego de media hora de recorrido, el esposo Bundy ya se mostraba más en calma y redujo la velocidad del vehículo.

—¿Por qué hizo eso, Señor Al? —dijo Luan, mientras contenía su impotencia—. Ahora todos nos persiguen.

—Vi tu cara cuando los policías te vieron. Temías ir a la estación de policía y volver a Michigan, así que escapé para que no te llevasen con tu horrenda familia.

En ese momento, Luan se enojó:

—¡No son horrendos! Yo amo a mi familia, pasamos de todo juntos, nos sacamos fotos familiares, sufrimos viajes como éste, incluso nos perdimos en una isla juntos… Ah, a veces me arrepiento de haber huido… Pero quiero ganar ese concurso antes de volver, por eso temí que los policías me llevasen.

—Luan —dijo Peggy—, a tu edad no deberías sentir tanta presión. Si quieres volver a tu hogar…

—¡No quiero volver, Peggy! —respondió la comediante—, no todavía. Pero debimos salir de la situación en una forma más sutil.

Fue ahí que Al se enfadó y ajustó el espejo retrovisor para verla a ella.

—Luan, debes entender que la vida no es tan sencilla. Un día eres un exitoso jugador de rugby y al otro, te casas y tienes hijos que ni siquiera te devuelven el favor de criarlos por tantos años, los muy malagradecidos... La vida es así de injusta, pero si el viento sopla en tu contra, lo peor que puedes hacer es quedarte ahí, dejar que te arrastre y ponerte a llorar. Debes enfrentarlo, debe mostrarle quién manda o si no serás un don nadie en la vida.

—¿Cómo tú, Al? —dijo Peggy.

—Como yo… ¡Oye!

—¿Y eso a qué viene, señor Al? —dijo Luan.

Al llevó su mirada hacia los espejos laterales, los cuales reflejaban un par de patrullas en la lejanía.

—Que si quieres llegar a tu destino, huiremos de los policías.

El conductor trató de mantener la calma, con tal de buscar una ruta para despistarlos. Era posible que no los estuviesen siguiendo, pero debía estar seguro. Al encontrar una calle por la cual salir de su ruta, Luan se preocupó.

—¿Qué hace?

—Quiero estar seguro de que no nos sigan.

Al salir de la ruta, Al se mantuvo atento a los espejos. Sin embargo, notó que los móviles también salieron y quedaron tras de ellos. En unos metros, buscó un callejón y dobló hacia la derecha, miró de nuevo el retrovisor y vio, sin lugar a dudas, que los vehículos doblaron en su dirección, aunque con cierta dificultad por lo estrecho del callejón.

—¿Llevan puestos sus cinturones? —preguntó Al.

—¿Por qué? —dijo Luan.

Ahí, la comediante se dio cuenta de las intenciones del conductor. Tomó con desesperación su cinturón y lo enganchó como pudo al seguro.

—¡Entonces...!

Salieron del callejón a toda velocidad, sorprendiendo a los policías. Lograron encontrar un pequeño callejón a su derecha en ingresaron con la habilidad de un corredor de carreras. Los oficiales pidieron refuerzos mediante radiotransmisor.

—¡Atención! ¡El vehículo sospechoso está huyendo! ¡Repito: está huyendo!

De inmediato encendieron sus sirenas y las luces giratorias. El ruido generado se hizo muy notorio, sobre todo dentro del callejón, llamando la atención de los vecinos con el repentino sonido y las luces azules y rojas reflejadas en las paredes. Al y Peggy salieron de los callejones pero los policías seguían tras ellos.

—¡Nos alcanzarán! —dijo Luan, quien veía los vehículos desde la ventana trasera.

En eso, Peggy tomó su celular para llamar a un contacto.

—¿Qué haces, Peg?

—Tengo un plan —dijo la esposa Bundy, mientras llevaba su celular con botones hacia su oído.

No obstante, 3 autos policíacos de color celeste estaban solo a unos metros del Cadillac.

Se le advierte al conductor del vehículo —dijo un policía, por el altavoz del su auto— que se detenga en este instante, si no deseas sufrir consecuencias mayores.

—¿Detenerme? ¡Mis polainas! —dijo Al, mientras sacaba su mano a la ventana y realizaba un gesto obsceno.

Luan lo miraba contrariada, porque la situación se salía de control y empeoraba cada vez más. Lo peor fue que el conductor de nueva cuenta piso todo lo que pudo él acelerador, aumentando su velocidad de golpe y llegando a la entrada de la carretera. En cuanto los vehículos policiales, hicieron lo propio, entraron para perseguir el Cadillac y entre los 3 se ganaron al costado.

—¡¿Qué harán los policías?! —dijo Luan.

—¡Bloquearme el paso! —dijo Al.

—¡No saldremos de esta!

—¿Ah, no? ¿Escuchaste las noticias sobre un ladrón llamado Baby Driver? Pues tienes en frente a quien le enseñó a manejar.

—¡No mientas, Al! —dijo su esposa.

Como supuso el esposo, los policías trataron de posicionar un vehículo a cada costado del de los fugitivos y dejar el tercero al frente para ralentizar su velocidad y hacerle perder el equilibrio. Sin embargo, Al fue mucho más astuto porque al ver los vehículos por sus costados, bajo su velocidad de manera brusca, haciendo que los policías estuviesen a punto de chocar entre sí. Los policías perdieron un poco el equilibrio y se concentraron más en controlarse que en los fugitivos. Al se atrevió a adelantarlos por el costado izquierdo mientras aún trataba de recuperar el equilibrio. Aceleraron como nunca y, haciendo sonar el motor de su viejo pero confiable Cadillac, tomó una velocidad endemoniada. Luan estaba tan asustada que se afirmaba del sillón con fuerza.

En ese momento encontraron una salida de la carretera, la cual Al aprovechó de inmediato.

—¡El vehículo salió por la salida 69-M! —dijo un policía por radiotransmisor.

¡Enterado! —respondió otro oficial—. Enviaremos unidades cerca del perímetro.

—ΜΛΦΛΜ—

Hillwood City
Ohio
06:50 PM

Luego de horas de recorrido, el vehículo llegó a una zona segura en el estado, un humilde suburbio. Mientras Al se detenía con lentitud, Luan dejaba su miedo inicial para transformarlo en impotencia y rabia.

—¡Estoy harta!

La pareja miró a la comediante iracunda.

—¿Cómo? —dijo Al.

—¡Ya no quiero huir! ¡Estoy harta de tantas maniobras peligrosas! ¡Quiero bajar ahora mismo!

—No podemos mientras los policías sigan merodeando…

—Al menos, estaré más segura que en este vehículo.

—¡Aquí es! —dijo Peggy.

El vehículo se detuvo frente a un edificio pintado en pintura al óleo de color rojo, lo que daba el aspecto de un edificio de cierta antigüedad. Luan miró el sitio e imaginó que se trataba de una casa de huéspedes.

—Luan —dijo la esposa—. Hablé con los dueños del edificio. Necesitamos que te quedes un tiempo acá, mientras nosotros evadimos a los policías.

—¿Estás segura que quiere hacer esto, Peg? —dijo Al.

—Al, la pobre Luan está tensa por toda la persecución. Merece un descanso.

Al pensó detenidamente lo que hizo. Sabía que se estaba exponiéndose con sus acompañantes durante sus maniobras. Sintió algo de arrepentimiento y una cierta compasión por su pasajera. Busco la manera de enmendar la situación

—Mira, Luan, el viejo Phil es un buen amigo nuestro. Te hospedará un tiempo. Espera a que todo el embrollo haya pasado y después continúas tu viaje, ¿de acuerdo?

Sin saber qué decir, Luan asintió mirando hacia el suelo.

Cuando se despidieron y el Cadillac avanzó hasta perderse en un cruce de calle, Luan quedó un buen rato observando su lugar de descanso. Subió los escalones y toco el timbre con decepción. Ese fue, definitivamente, un mal día.

Música recomendada
«Your Decision», de la banda Alice In Chains.


REFERENCIAS

Episodios de TLH
- Washed Up
- Tripped!
- Picture Perfect

Franquicias varias

- Married With Children
- Baby Driver