Hace poco me puse a ver The Blacklist. Esa serie es muy wena, bien recibida en el país gringo, pero muy desconocida por acá (y eso que está en Netflix). De todas formas, le encontré un encanto tal que me hace seguir la serie sin falta y sin cansancio. Además, participa el gran actor James Spader, que para quienes no lo conozcan, fue quien le dio el movimiento y la voz en inglés a Ultron en la segunda película de los Avengers, Age of Ultron.

Menos palabras y más fanfics, que haré un homenaje a la serie y además, haré una que otra referencia a mis trabajos anteriores.

Espero lo disfruten.


Noticiero The Shooting Star Press

—… Varias páginas de internet, relacionadas a la escritura, sufrieron un ataque informático masivo. Se ha confirmado que fueron hackers que actuaron de manera coordinada…

Noticiero KGB Televideniye

—… Entre las páginas afectadas, figuran WordPod, NetWoven y Let´s Be Writers. Pero sorprende además que otros sitios lejanos a la escritura, como la conocida página de memes PornChan, esté en el listado de víctimas. Por lo pronto, no hay forma de eliminar el virus y solo queda desencriptar la página de forma manual, lo cual llevará semanas…

Programa de conspiraciones La Ciencia de lo Desconocido

—… Nos llegó información confidencial, otorgada por los administradores de uno de los sitios web atacados, se cree que uno de sus miembros es un reconocido músico, quien ocultó su identidad, tal vez con la intención de saber qué decían de él. Frecuentaba las secciones de literatura y participaba escribiendo. Las teorías apuntan a que se enojó tanto con los usuarios que hablaban mal de su identidad verdadera, que contrató a unos hacker para atacar no a una página, sino a decenas, todas con un cierto grado de relación entre sí. Tal vez suene descabellado para una persona común y corriente, pero los amantes de la conspiración sabemos que lo descabellado es más real de lo que se piensa…

—ΜΛΦΛΜ—

Santiago, Chile—

—¡Gracias a todos! Gritó el guitarrista y vocalista de la banda Hexagram.

La banda de metal progresivo, Hexagram, terminó otro concierto de su gira mundial con un éxito abrumador de asistencia. Se conformaba de 4 miembros: El líder de la banda, el guitarrista rítmico y vocalista Alonso Alquinta, más conocido como «Criminal»; El baterista con vestimenta de black metal, conocido como «The Crystal Moth»; el guitarrista nigeriano Akinlana Saro, conocido como «Akin»; y el bajista japonés, llamado Genosuke Ibushi. El último era el que más desentonaba con el estilo de la banda, porque vestía como cantante de k-pop —chaleco y pantalón de cuero color rojo— y su cabello lo teñía en un llamativo color verde. No obstante, su talento en el bajo era suficiente para mantenerlo en el grupo, en especial, por insistencia del guitarrista Akin, con quien tenía una mayor confianza.

Habiendo preparado todo el equipo para dirigirse a su próximo destino en Perú, los miembros salieron a dar un paseo por el estadio en donde tocaron, una costumbre que tenían como cábala para la buena suerte.

Sin embargo, durante la caminata, se encontraron con 3 tipos de apariencia peligrosa. El primero era un hombre de edad, alto, de piel oscura, calvo y de ojos pequeños; mientras que el segundo era igual de alto, tez blanca, de cabello alargado canoso y barba enorme. El tercero, no obstante, era algo más pequeño, de estatura promedio, rasgos faciales redondos y vestía terno negro costoso con camisa blanca, complementado con un chaleco alargado y sombrero diminuto, lo cual le daba un aspecto de mafioso de los años 20.

—Sabía que los encontraría aquí —dijo el tipo de aspecto mafioso, con tal gallardía, que parecía dirigirse a gente de su confianza—. Las bandas de rock siempre tienen ese «algo» que los diferencia de otros músicos. Esos conciertos legendarios como Woodstock, donde Jimmy Hendrix tocaba de esa forma tan sicodélica; o el Live Aid, donde Queen se llevaba las miradas con la interpretación tan magistral de Freddie Mercury…

Los miembros de la banda se extrañaron.

—Disculpa, ¿te conocemos? —le dijo el guitarrista Akin.

—Por supuesto que no. Déjenme presentarme: me llamo Raymond Reddington y mis amigos acá son Baz —apuntó al hombre de barba— y Dembé —se dirigió al de tez morena—. Vengo a hablar sobre cierto ataque informático. Lo encontré fascinante, aunque no me interesa eso de las computadoras y la tecnología. Por desgracia, hay gente que sí le interesa y ellos me pidieron ayuda para eliminar el virus… malware… como sea que se diga…

—¿De qué demonios hablas? —le dijo el líder de la banda, Criminal.

Reddington apartó la mirada y la fijó en el estadio a su lado, donde la banda toco hace unas horas.

—Ah, el Estadio Nacional de Chile. Recuerdo las noticias: lo usaron como centro de detención durante el golpe de estado en el país. Los Estados Unidos temían tanto una crisis como la de Cuba, que financió esta dictadura y la de los demás países en Latinoamérica.

—¿Puedes decir acaso lo que quieres? —le dijo Akin.

—Directo al punto ¿eh? —respondió Reddington—. Lo haré rápido. Según información de confianza, el ataque fue gestionado por gente de mucha influencia, que conocía contactos de hackers experimentados. El resto ya lo saben por las noticias.

—Momento —dijo el baterista, «The Crystal Moth»—. ¿Eso qué tiene que ver con nosotros?

Reddington mostró una sonrisa cínica:

—No con ustedes, sino con él —apuntó directo al bajista de Hexagram.

Genosuke abrió los ojos por tal acusación, mientras sus colegas lo miraron con molestia y duda.

—Ah… ¿Yo?

—Sí, Genosuke Ibushi. Tengo pruebas que te vinculan como autor intelectual y me gustaría que no lo negaras, sino alargaríamos todo innecesariamente.

De manera repentina, el bajista japonés sintió rigidez en su cuerpo. La cruda realidad era que sí fue el autor de tales ataques, pero jamás pensó que lo descubrirían y menos que lo persiguiesen por aquello. Sus pensamientos se fueron desordenando cada vez más ante la presencia de los desconocidos, pero aun así fue capaz de formular la siguiente pregunta:

—¿A qué quieres llegar?

Reddington emitió una sonrisa sarcástica:

—Qué bueno que preguntas. Necesito saludar a la gente que contrataste, pero no puedo si no tengo el contacto. Por eso vengo para preguntarlo en persona.

—¿Y qué te hace pensar esas tonterías? Dices que soy responsable de atacar… unas páginas web… Pues te decepciono, porque estás equivocado. ¿Qué harás al respecto?

En ese instante, Reddington apuntó con su dedo, indicación para que Dembé y Baz apuntaran sus pistolas hacia los miembros de la banda, demostrando absoluta intención de disparar si se le ordenaba. El terror no se hizo esperar en los músicos.

—¿Necesito ser más específico que eso? No me interesa saber por qué lo hiciste, solo necesito el fono.

Sabiendo que no tenía otra salida, Genosuke mostró temblores notorios en todo su cuerpo y gotas de sudor que recorrían fríamente por su frente. Caminó con total dificultad hacia Reddington, metió su mano y, sin capacidad de controlar los excesivos temblores en su brazo, entregó un celular costoso al extorsionador.

—Gracias —dijo Reddington, luego de recibir el celular—. Eh… ¿Qué nombre le tienes puesto?

—B… «Blackbird»… —respondió el bajista, con dificultad.

—Oh jo jo jo jo… —rio, mientras miraba a sus colegas—. ¿Escucharon?, un joven conoce al criminal informático más buscado de los años 2000.

—Lo… ¿lo conoces?

—¿Conocerlo? Pero si somos amigos. Hablé con él hace unos meses y sé que no se relaciona con el ataque. Él no perdería su tiempo en algo tan mezquino como unas páginas de lectura.

—Imposible, él desapareció.

Luego de sonreírle al bajista, Raymond marcó el número y lo llamó directo del celular de Ibushi quien, admitiendo todo, dijo:

—¿Crees que te lo darán así de fácil?

—Si es quien creo, por supuesto. Me debe un favor.

Como una extraña cortesía, Reddington puso el celular del bajista japonés en altavoz.

Aló, ¿Geno?

—Lo siento, él está ocupado.

El mutismo se generó durante unos segundos.

¿Con quién hablo?

—Raymond Reddington.

Otro momento de mutismo se generó, el cual usó Reddington para observar las caras aterradas de Genosuke y sus compañeros de la banda.

¡Red! ¿Eres tú? Qué sorpresa hablar contigo. Soy Irving, ¿recuerdas?

—Irving, ¿cómo has estado? Por un momento, pensé que te retiraste.

Solo porque mi grupo ya no esté operativo, no significa que no haga trabajos de vez en cuando. Si me llamas por el celular de Geno, debe ser porque él se metió en tus operaciones, ¿verdad?

—Más o menos. ¿Sabes? Hay gente que salió perjudicada con el ataque informático de las noticias…

Ajá.

—Y me pidieron encontrar a los responsables…

Ajá.

—No nos costó nada descubrir quien dio la orden, pero necesitábamos encontrar a quienes crearon el programa. A los informáticos les ha costado desencriptar a la fuerza… Se dice «desencriptar», ¿cierto?

Sí, así se dice.

—Bueno, ellos dicen que existe un método para anular el programa… eh… ¿Cómo se decía, Dembé?

El asistente de piel oscura soltó una mano de su pistola para sacar un papel de su bolsillo. Lo leyó y respondió con mirada desdeñosa:

—Es «Killswitch».

—Ah, claro. Necesitamos el Killswitch para que mis conocidos no pierdan más tiempo en desencriptar.

Ajá… ¡Bueno!, te lo doy. Te debo un favor después de todo.

—Sabía que serías comprensivo, Irving —Reddington miró a los artistas—. ¿Escucharon? Este tipo me cae bien, me entregará el código para quitar el ataque, Genosuke.

—Maldito traidor… —susurró Ibushi para sí mismo.

Luego que Irving advirtiera a Red que el daño generado por el malware sería irreversible, y que el mafioso accediese, el primero se ofreció sin complicaciones para desbloquear las páginas afectadas, lo cual demoró cerca de 5 minutos. Luego, las páginas afectadas fueron accesibles de nuevo, claro que con daños en su código fuente. Reddington asintió a Dembé para que le avisara a sus contactos de confianza. Una vez verificada la anulación del malware, el de piel morena le asintió a su compañero.

—Fue un placer hablar de nuevo contigo, Irving. ¿Sabes? Solicité una copia de tu libro en línea, me llegará este mes.

Qué bueno que te interese, me avisas cuando lo leas.

—Adiós —finalizó Reddington, para luego contar la comunicación y devolver aquel lujoso celular a Genosuke, quien se mostraba algo más calmado.

—Q… ¿Qué harás ahora? —preguntó el bajista.

—Pues, ya nos vamos. Terminamos aquí. Tan solo una última cosa: una vez entras al bajo mundo, por muy breve que sea tu visita, será imposible salir. Deberías prepararte para el peligro a partir de ahora.

Genosuke tomó el peso a las palabras de Reddington:

—¿Cómo puedo saber cuando llegue ese peligro?

—No lo sabrás, solo te queda cruzar los dedos. Por cierto, no vean las noticias esta semana. Nos vemos.

Cuando por fin se retiraron. Los demás miembros de la banda entraron en calma para caer en un estado de absoluta impotencia e ira. Ese sentimiento lo descargaron con el responsable de todo el asunto.

—¡Cuéntanos qué hiciste! —dijo Criminal, con total enojo.

—N… no es algo que los involucre —dijo Genosuke, reacio a responder.

—¿Ah no? ¡Nos acaban de apuntar con una pistola! ¡Claro que nos involucra!

Genosuke, tan impotente como sus compañeros, se sintió obligado a confesar. Lo que hizo el bajista generó tensión entre ellos, lo cual se acentuó mucho más al revelarse tal información en las noticias. La gente no paraba de mandar mensajes de odio por redes sociales, al punto de recibir los estragos de la cancelación en internet. Al final, tomaron la trágica decisión de separarse durante unos años. No fue sino hasta la aparición de un excéntrico diseñador de moda millonario, el cual los convenció de reunirse otra vez, sobre todo porque los miembros necesitaban dinero para subsistir. Esta vez, sumaron 2 nuevos miembros a su banda y cambiaron su rumbo musical, lo que generó mayor éxito comercial.

—ΜΛΦΛΜ—

Horas después, Raymond Reddington viajaba en su jet privado, junto a sus colegas Dembé y Baz, mientras disfrutaba una copa con el más caro champagne existente. En su descanso, recordó llamar a una persona. Así que tomó su teléfono de transmisión satelital y lo contacto.

¿Aló? —dijo la persona al otro lado del comunicador.

—¿Viste las noticias?

Por supuesto que sí, Red. Se agradece un montón.

—No era gran cosa, pero de todas formas, te cobraré el favor un día de estos. Ahora tengo una duda: Tú podías desencriptar tus páginas sin muchos inconvenientes y aun así me pediste eliminar el virus de raíz. ¿Por qué?

Simple cortesía profesional. Podía hacer lo que tú dices, Reddington, pero hubieron colegas a los que estimaba y fueron perjudicados. Y contigo, mataría 2 pájaros de un tiro.

—Bueno, no me sorprende esa generosidad del conocido Kishibe Rohan.

—¡Oye! ¡Oye! ¡Oye! ¡Oye! ¡Oye! ¡No soy tan predecible como crees!

—Por supuesto que no… Nos vemos, Kishibe.

Luego de cortar la comunicación, Reddington llevó la copa de champagne a sus labios y bebió el contenido de una sola vez.