Nota de Autora: De nuevo, quiero disculparme por el retraso. Resulta que mi laptop bailó las calmadas y ahorita estoy usando una provisional, hasta que repare la mía. Yo espero tenga todo en orden dentro de poco.
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Capítulo CI: La Luna Contra la Luz Maldita.
Luzbel incrementó su oscura aura y se abalanzó contra la princesa de la luna, contra la cual utilizó su enorme espada larga serrada que a la vez tenía unas llamas negras, rodeando el filo de aquel arma. Kaguya cruzó al frente sus jian, con las cuales detuvo aquel espadazo. Desafortunadamente, Lucifer era abrumadoramente poderoso en comparación con ella, de modo que sobrepasó su relativa escasa fuerza física y la arrojó a lo lejos, aunque la princesa de la luna se reformó a varios metros a lo lejos, entre un cúmulo de rosas.
Kaguya cruzó sus brazos frente a su pecho, con sus espadas erguidas a lo alto, y cargó de plasma ambas, por lo que las cuchillas brillaron en una tonalidad gamma y emitieron un poderoso chillido agudo que fácilmente podría destruir los tímpanos de los presentes. La princesa luna se arrojó al frente contra su enemigo y realizó un corto cruzado, viajando a la velocidad de la luz junto con su ataque. Luzbel se quedó asombrado de la impresionante velocidad de su oponente y apenas pudo evadir el ataque de la albina, rodando hacia su izquierda.
La peliblanca reapareció a las espaldas de su enemigo y atacó con una patada remolino contra la cabeza de Luzbel, aunque predeciblemente el demonio se agachó y atacó con un corte lateral hacia sus espaldas, cargado de aquella aura oscura que prácticamente partió el aire. La princesa de la luna hizo un corte descendiente con su jian en su mano derecha y cortó aquella energía oscura, incluso desintegrando en el proceso las llamas. Kaguya giró en el aire, con ambas espadas a sus costados de su cabeza, de forma vertical y con ello creó además una especie de llamarada de plasma que envió por todas partes ondas de radiación gamma que se expandían como ondas de choque. Al colisionar en el suelo, las espadas de Kaguya, sables shaolin en realidad, destruyeron el suelo, mas no por la fuerza inexistente de la albina, sino por su poder infundido en el filo de sus jian.
Luzbel alzó con ambas manos por lo alto su enorme espada serrada y creó una llamarada colosal con ello, pero ésta vez las llamas eran de una tonalidad sangre, aunque la temperatura que emanaban era similar al de una estrella Wolf-Rayet. Lucifer rugió ferozmente y atacó con un sablazo descendiente, con lo cual no solamente destrozó el terreno y levantó una colosal erupción de tierra, sino que en el piso se extendió una especie de red de telaraña, de una lava de la misma tonalidad de su aura, encima de que una onda de fuego oscuro viajó hacia Kaguya, como un imponente pilar de energía que devastaba el suelo a su paso.
La princesa de la luna cruzó sus brazos a los costados, cargó su plasma en sus espadas y cortó el aire frente a ella, con su elemento viento ionizado, por lo que el resultado fue una explosión de colosales proporciones, cuando las cuchillas de plasma y viento de la princesa luna colisionaron contra la torre de fuego de Luzbel y contra el enjambre en el suelo de lava. La explosión resultante fue similar a la explosión de dos planetas que chocaban y se aniquilaban entre sí, de modo que se expandió una gigantesca nova de al menos una unidad astronómica. Kaguya, sin embargo, simplemente desapareció entre una ventisca de rosas.
La hija de Theia apareció de nuevo en el cielo y entonces colocó a los costados sus espadas, para después arrojarse en picada contra su enemigo, girando su cuerpo como un rehilete en el proceso. La peliblanca giró a una velocidad simplemente impresionante, al grado de que parecía más una esfera estática de plasma dorado de al menos unos diez metros de diámetro, una temperatura extrema lo suficientemente poderosa para fundir cualquier material, además de que la energía de Kaguya creó un violento huracán, casi equiparable al de J0230 en la constelación Cetus, con unos doscientos millones de kilómetros por hora.
La albina se arrojó contra su enemigo, pero éste se mantuvo en su posición y extendió sus musculosos y grotescos brazos al frente. La esfera de aura que cubría completamente a Kaguya, quien seguía girando con sus espadas, colisionaron contra los musculosos brazos del demonio y con ello se creó un sismo que sacudió todo el territorio de WISE J224. Luzbel se vio asombrado de que apenas pudo contener con su fuerza bruta aquel poderoso orbe de plasma que lo enterraba progresivamente en el suelo, pues se supone que un miembro de la especie Homo Fata Nympha no debía ser tan poderoso, además de que él, como uno de los seres más ancestrales en el cosmos, debía ser mucho más poderoso que un literal querubín, guardián del multiverso, por lo menos antes de ser desterrado por el todopoderoso.
De pronto, una nueva esfera se materializó a lo lejos, con las mismas características de la anterior, y se arrojó contra Luzbel. Justo a tiempo, sin embargo, Lucifer se apartó de en medio y las esferas colisionaron la una contra la otra, creando una explosión de plasma que se extendió a por lo menos cien millones de años luz de pura área, todo gracias a que una de aquellas esferas estaba compuesta por antimateria por los increíbles poderes sobre el mundo cuántico de Kaguya. La peliblanca, sin embargo, se aseguro de que ningún ser, planeta u objeto estelar fuese afectado por la resultante explosión, haciendo un increíble control sobre campos magnéticos que controlaban aquella monstruosa nebulosa supercaliente.
Cuando Luzbel reapareció entre un cúmulo de murciélagos tonalidad vino oscuro, Kaguya reapareció frente a él y le atacó con un mandoble horizontal desde el extremo izquierdo al derecho, en el cual también usó su elemento agua, con lo cual hizo que el filo de su espada se convirtiera en agua a presión de Planck. El corte fue veloz y agresivo, aunque Luzbel apenas lo evadió por algunos milímetros, mas aquello no fue suficiente para eludir el agresivo roce de aquella espada de agua que tasajeó con absoluta facilidad su piel hasta mostrar el músculo expuesto, de donde la herida sangró profusamente y se derramó en el suelo.
Lucifer, en cambio, atacó a su adversaria con un corten en diagonal hacia el extremo inferior izquierdo, intentando partir en dos a la princesa de la luna, pero Kaguya utilizó su increíble agilidad para dar un walkover completo hacia sus espaldas, con un elegante y femenino giro en su mano derecha, mediante lo cual evadió el ataque. Con lo que no contaba Kaguya era que Luzbel enterrara su espada pesada y oscura en el suelo y que levantara con ello una mano de lo que parecía ser sangre. Con ello, el demonio le atrapó de la cintura, le apretó al cerrar Lucero su mano y entonces la arrojó a lo lejos, donde la albina se estampó contra una montaña de aproximadamente unos cien metros de alto, la cual se desmanteló por completo.
El demonio entonces enterró sus manos en el suelo y pronto se formaron literalmente millones de runas en el piso, cada una con un área aproximada de diez metros cuadrados, y después alzó sus brazos a lo alto, creando con ello cientos de pilares de energía oscura, similar a un plasma. Luzbel rugió como un auténtico monstruo e hizo que aquellas runas explotaran como auténticas bombas termonucleares, de modo que se expandió una onda de choque a un megaparsec de distancia que calcinó toda materia no protegida por ya sea el aura de Sakura o Kaguya, lo cual prácticamente se limitaba a planetas sin vida biológica.
A pesar de la tremenda devastación, a lo lejos se vio cómo se alzaba un halo de luz, más que nada un enorme pilar de radiación gamma, y Kaguya salió levitando lentamente en el aire, con sus brazos a los costados y en dirección al suelo como una auténtica divinidad, sus ojos cerrados, sus alas de ángel agitándose suavemente y tanto su armadura Warlock como su cabello agitándose levemente, como si estuviese sometida a una ventisca.
La peliblanca abrió sus ojos, mostrando aquellos orbes tonalidad violeta, sumamente preciosos y a la vez imponentes, además de que las runas que rodeaban su cuerpo brillaban de manera intermitente, parpadeando de tonalidad blanco a violeta constantemente. La princesa de la luna expandió su aura, dispersándola de inmediato mediante una poderosa ventisca que ascendía de manera vertical y que mandaba a volar al espacio exterior todas las ruinas que dejó la explosión de Luzbel. El demonio antiguo, por otro lado, miró con furia a la albina y blandió agresivamente su enorme espada en llamas hacia su costado, cortando de manera imponente el aire.
Kaguya entonces entrecerró su mirada, hizo parpadear sus ojos y Lucifer salió proyectado hacia cientos de metros a lo lejos, con un aparente impacto que recibió de una onda de choque invisible. La albina voló en un instante hacia Luzbel, se posicionó por encima de él, activó su elemento metal y entonces dio un elegante giro en el aire, hacia su derecha, para a continuación atacar con una patada increíblemente poderosa, al estar su pierna rodeada de osmio a medio metro de su pierna. El ataque hizo que Lucero colisionara contra el suelo y que levantara una colosal ola de marea de tierra, de aproximadamente un año luz de altura, con una distancia inconmensurable, quizá mayor a todo los filamentos galácticos en todo el universo Prime.
Sin embargo, apenas Luzbel fue enterrado en el interior de aquel colosal cuerpo celeste donde se hallaba, pronto se vio cómo un enorme objeto excavaba el fondo del suelo, como si un animal gigante lo hiciese, a una velocidad asombrosa y en dirección a Kaguya. La albina utilizó su espectro visible aumentado para analizar las ondas de infrarrojo que normalmente emanaba cada cuerpo biológico. La princesa de la luna pronto notó cómo un par de enormes tenazas de lo que parecían ser metal salían del suelo agresivamente, por lo que voló para evadir el ataque. Desde el suelo, se formaron cientos de estalagmitas muy afiladas, de lo que parecía ser metal, y entonces cada una de las estacas, manipuladas por el aura de Luzbel al ser rodeadas de la misma, fueron disparadas contra Kaguya, quien materializó de nuevo sus jian y, mediante lo que parecía una elegante danza de waltz, cortó cada una de las estalagmitas que le fueron arrojadas. A pesar de que cada estaca producía una explosión al contacto, el aura de la princesa luna le protegía de los subsecuentes daños.
Kaguya, en cambio, desintegró sus espadas entre un cúmulo de fotones, juntó sus manos en rezo frente a su pecho, aumentó su aura y creó entre ellas una relativamente pequeña estrella de neutrones que infundió después con su elemento viento, de modo que el remanente estelar comenzó a girar violentamente, creando un huracán colosal en toda la galaxia WISE J224, al grado de que desmanteló el suelo a lo bajo. La pseudo/diosa de Terra levantó a lo alto aquella esfera de poder y entonces la arrojó con un azote al suelo aquel pulsar, el cual no solamente se enterró bajo el suelo, sino que sacudió al menos un área de mil años luz. Kaguya movió sus brazos agresivamente en el aire, en dirección a los extremos, y con ello hizo que el pulsar se moviese en la misma dirección que sus brazos trazaban. Después, la peliblanca extendió a sus costados sus brazos y detonó su aura, la cual se expandió como onda de choque de plasma dorado por el aire, aunque sin causar mayores daños. En cambio, desde las grietas que causó el movimiento de aquella estrella de neutrones, de tan sólo un metro de diámetro, salió radiación luminosa muy potente, en el espectro gamma, y pronto se dio una explosión termonuclear que desmanteló gran parte del terreno.
Luzbel fue inevitablemente golpeado con aquella energía que levantó un poderoso tornado de aproximadamente un año luz de pura área, con al menos mil millones de años luz de puro largo que además expulsaba un plasma en tonalidad gris platinado. Kaguya entonces formó una lanza de agua en su mano derecha, utilizó su elemento hielo para criogenizarla al cero absoluto, para después entonces arrojar aquella lanza de hielo en contra de aquel tornado de plasma, el cual de inmediato se congeló completamente y a Luzbel con ello en su interior. El demonio antiguo quedó completamente estático, congelado dentro de aquel colosal tornado de hielo que se extendía casi al mismísimo horizonte cosmológico de luz.
De nuevo, Kaguya materializó en sus manos una enorme estrella de neutrones, con la diferencia de que ahora aumentó su poderoso campo magnético hasta el límite y también le alteró su carga electromagnética, de modo que lo transformó en antimateria. La albina entonces alzó a lo alto aquel remanente estelar, lo incrementó de tamaño drásticamente a unos veinte kilómetros de diámetro y los anillos del campo magnético crecieron aproximadamente al tamaño de un planeta habitable, aproximadamente unos veinte mil kilómetros de diámetro. La albina además ionizó al máximo aquel remanente estelar, de modo que se creó un enorme jet que se extendió aproximadamente un año luz de distancia, o casi diez billones de kilómetros de largo.
Kaguya tensó sus manos a lo alto, endureció notablemente su rostro y entonces arrojó con ambas manos aquel remanente estelar, el cual, gracias a su atracción de la gravedad y el poder mágico con el que Kaguya lo arrojó, viajó a una velocidad superlumínica, al grado de que distorsionó el tiempo/espacio a su alrededor, con un efecto de lente gravitatorio, y además adquirió fisión nuclear con la velocidad, de modo que se transformó en un enorme meteoro hecho del sólido material de las estrellas de neutrones.
Luzbel, mientras tanto, trató de escapar de aquella prisión de hielo al cero absoluto, pero, a pesar de sus poderes de luz que fundían cualquier material con la radiación gamma que emanaba, no alcanzó a liberarse a tiempo. Aquella magnetoestrella entonces impactó con violencia sobre aquel enorme y congelado cuerpo en forma de tornado criogenizado, por lo que la explosión resultante fue similar a una hypernova que se extendió cientos de miles de parsecs de pura área, además de que desmanteló gran parte del suelo no solamente con la onda de choque de plasma que creó, sino que la resultante nebulosa vaporizó los restos del terreno que Kaguya no protegía con su masiva aura, similar a toda la energía presente en todo Prime.
Cuando la explosión se disipó, Luzbel salió volando a lo lejos, pero una enorme mano femenina, parecida a lo que era un golem femenino de al menos unos diez metros de altura y con una forma de caballero femenino, le sostuvo fuertemente y lo apretó con fuerza, al grado de triturar varios de sus huesos. La misma mano de aquel golem femenino se infundió en llamas de tonalidad turquesa, las más cálidas en todo el espectro de temperatura, y calcinó con una brutal llamarada a Lucifer, quien bramó de dolor como una auténtica bestia, ante las quemaduras de cuarto grado que recibía su cuerpo. Kaguya entonces levantó a lo alto la mano del golem y azotó a su enemigo violentamente contra el suelo, para después materializar una especie de guandao en las manos de su coloso, girar con sus poderes psicoquinéticos, con los cuales a la vez controlaba a su golem, y después de infundir la cuchilla con plasma la albina azotó su poderosa lanza contra su oponente. De nuevo, se elevó un GRB a años luz de altura, el cual incluso traspasó completamente el amplio territorio con al menos cien mil kilómetros de espesor.
La explosión se expandió rápidamente, pero también el destello se dispersó pronto y mostró a Luzbel completamente derribado en el suelo, notablemente herido, pero aún con su forma real de demonio, aunque totalmente ensangrentado. Kaguya, eventualmente, desvaneció aquel golem femenino dorado y materializó en su mano derecha su espada jian, bellamente adornada, la cual infundió con su elemento viento que a su vez estaba infundido con plasma. La bella peliblanca caminó de manera elegante, pero a la vez amenazante como una femme fatale, y eventualmente se colocó enfrente de su adversario.
Kaguya miró unos segundos a su enemigo inconsciente, tensó su agarre en su espada jian y entonces enterró aquel afilado sable en la cabeza de su enemigo, con la cual fácilmente perforó la cabeza de su adversario y después creó una pequeña explosión que desmaterializó completamente el cuerpo de su enemigo, quien ni siquiera soltó un solo quejido, ni su cuerpo reaccionó por pura inercia nerviosa. Pronto, el cuerpo de Luzbel comenzó a desvanecerse en una lava oscura que parecía como sangre color marrón oscuro, la cual de pronto hirvió, salieron burbujas y se consumió en cuestión de segundos, dejando en el ambiente un olor a putrefacción insoportable, pero al cual Kaguya estaba fácilmente acostumbrada, al ser ella también parte de las clérigas de Iridia.
La albina, en cambio, desmaterializó su espada y mantuvo una postura neutra, a la vez que miraba aquel precioso GRB a lo lejos, el cual resplandecía una impresionante luz de tonalidad gamma, como si fuese el objeto más interesante en el universo. Y a pesar de que, de hecho, era impresionantemente bello aquel jet, en realidad Kaguya sabía de qué se trataba todo ello, al ver desvanecerse completamente el cuerpo de Luzbel.
La peliblanca suspiró.
— ¿Sabes algo, Luzbel? No tenemos porqué hacer ésto — inició su conversación Kaguya, aún viendo aquel objeto a lo lejos — Siempre hay una segunda alternativa a la violencia y la guerra...
De pronto, se escuchó una macabra risa, oscura y cavernosa, en el ambiente, con la misma potencia de un poderoso trueno cósmico. A las espaldas de la princesa de la luna, se materializó un orbe muy oscuro, un agujero negro de hecho, y se expandió a aproximadamente unos cien metros de diámetro, pero pronto se evaporó en tan sólo un parpadeo. De la evaporación de aquel agujero negro, se mostró la figura de Luzbel, de nuevo en su forma humana. El demonio antiguo extendió un par de alas de murciélago a los costados y las aleteó, para descender poco a poco al suelo.
Luzbel, una vez en tierra, se cruzó de brazos y miró con sorna a su adversaria, quien se mantenía con la mirada perdida en aquel quasar.
— Aún podemos llegar a un acuerdo que nos beneficie a ambos — continuó Kaguya, sin volver su mirada a Lucifer — No solamente beneficiará a nosotros, sino que puedes limpiar tu honor mediante un acto heroico, Lucero.
El apuesto querubín enarcó una ceja, mostró un rostro de intriga y después entrecerró sus intimidantes zafiros.
— ¿A qué te refieres, princesa Selene? — cuestionó con cautela, pero firmeza, el alguna vez ángel más bello e importante de todo el omniverso.
Kaguya al fin se volvió a su oponente, no sin antes soltar un suspiro, y miró directo a los ojos a aquel poderoso ángel guardián del trono de Deus Ex Lux.
— Lo creas o no, yo también llegué a caer en un precipicio similar al que tú caíste, cuando eventualmente intentaste hacer un golpe de estado contra el gran arquitecto del universo. Yo igualmente dejé que la semilla del Chaos contaminara mi mente, mi alma, mi corazón y mi espíritu — remarcó la llamada hija de Theia — Alguna vez ambicioné el no solamente dominar Terra por completo, sino el convertirme en una auténtica diosa, incluso por encima del todopoderoso, Deus Ex Lux. Alguna vez dejé que la maldad me convirtiese en un auténtico demonio, causando una innumerable cantidad de muertes de las cuales no se habían conocido en anterioridad. Incluso disminuí la cantidad de formas de vida inteligente a poco menos del uno por ciento de sus originales diez mil millones de seres inteligentes. Yo también me convertí en aquello que siempre odiaba, pero Terra me dio una nueva oportunidad para corregir mis caminos. Tú también tienes aquella oportunidad; tan sólo es cuestión de que la tomes.
En cambio, Luzbel soltó un bufido y se rió entre dientes, tan socarrón como su propio aspecto de adonis lo mostraba.
— ¿Qué te hace pensar que quisiera volver a ser el lamebotas que era, cuando resguardaba el trono del idiota de Dios? — espetó arrogante el demonio, cruzado de brazos — No tengo ningún interés en servir a alguien tan vanidoso y presuntuoso como Deus Ex Lux. Por si no lo has notado, princesa luna, yo soy la representación de la rebelión y de la anarquía. Alguien tan egoísta y altivo como el todopoderoso no merece vanagloria alguna, sino que alguien acabe con su patético reino y destroce su engreída imagen.
De la nada, Luzbel extrajo un puro elegante, un tanto más delgado a los que Sasuke solía fumar y que en aquel momento Sasuke fumaba dentro de la nave, mientras presenciaba la conversación entre Lucero y Selene; o Kaguya, para los terrícolas.
— Ustedes los humanos, incluidos ustedes las hadas, son simplemente patéticos. Adoran a un ser, cuya existencia jamás se ha comprobado científicamente o del cual no existe evidencia empírica. Son capaces incluso de morir por ideales totalmente inventados por un grupo de oligarcas y clérigos, cuya vida privada es totalmente opuesta a las enseñanzas del supuesto arquitecto del universo — manifestó el rubio apuesto, fumando de su puro — Lo peor de todo es que incluso ustedes las hadas son inferiores a los humanos. Al menos gente como Uchiha Sasuke, Uzumaki Naruto y otros humanos han cuestionado la existencia de un supuesto ser supremo y de la construcción artificial que es la moral. Ustedes, en cambio, literalmente nunca han cuestionado las órdenes que un diminuto grupo de gente poderosa, gracias a que ustedes los levantan a estatus de divas por supuesto, les bombardea. Bien lo dijo alguna vez un filósofo anticapitalista: "La religión es el opio del pueblo".
Después de expulsar algo de humo de su boca, que salió en pequeñas ruedas parecidas a unas donas, Luzbel sonrió de nuevo y miró a los ojos a la firme, pero calmada, princesa de la luna; la hija de Selene.
— ¿Por qué motivo un ser supremo como yo, un auténtico dios entre los ángeles del mismísimo firmamento, se postraría ante una deidad tan arrogante y que únicamente busca su propia vanagloria? — espetó el demonio antiguo del cosmos; tan antiguo como la misma historia del universo primigenio — ¿Por qué incluso seres pensantes como ustedes, incluso si son inferiores a nosotros los guardianes del cosmos, se someten a la dictadura de Deus Ex Lux? ¿Por qué insisten en arrastrarnos a todos al precipicio, junto con la patética humanidad? — cuestionó múltiples veces, mientras todos, incluidos aquellos en la nave de Juno, estaba expectantes, aunque calmados — Si hubiesen seguido mi filosofía, mis ideales, ahora mismo ustedes serían seres supremos, por encima de cualquier otro ser en el multiverso, apenas sirviéndome a mí como su señor y salvador. Pero eligieron seguir los pasos de Dios y permitir que la religión y el clero sea el que dicte las normas y leyes morales. Permitieron que la iglesia se vuelva el estado y la máxima autoridad que rige la vida de los plebeyos. Apenas una minoría tiene todo el poder, entretanto que las masas son sometidas a la dictadura del capitalismo y de la religión. Es increíble que supuestas formas de vida inteligente en el universo sean los más corruptos, los más borregos y los más propensos a destruir su propia especie. Después de todo, ustedes los terrícolas son más primitivos que los simios. Son el producto de más de cuatro mil millones de años de evolución y sin embargo son más manipulables que los procariontes. Si tan sólo hubiesen seguido mi guianza, estarían en un mejor lugar...
Kaguya negó.
— ¿A qué exactamente nos llevaría tu falsa utopía y populismo? — rebatió ahora la princesa de la luna — Tu ideología no es más que una copia del otro; un simple reflejo del susodicho autoritarismo impuesto por el clero. Únicamente reemplazas los aspectos más coercivos de las religiones abrahámicas y las implementas bajo una versión revisada de una teocracia. Es exactamente el mismo tipo de autoritarismo, bajo la premisa de ser revolucionario. Es una farsa total el pensar que realmente harías un cambio radical que beneficie a los más desprotegidos y oprimidos.
— Y aún así, sería infinitamente mejor que el sistema bajo el cual viven. Incluso yo sería un dios mucho más benevolente que Chaos mismo — se ensoberbeció el apuesto rubio, con su sonrisa socarrona y ademanes propios de una deidad — De todos los némesis que han aparecido en la historia, de todas las divinidades existentes en el cosmos, yo soy definitivamente el menor de los males y relativamente dócil, en comparación de Deus Ex Lux, con su infinito narcisismo, egotismo y egoísmo, donde todos deben vanagloriarle y rezar en su nombre para darle gloria. Aún más dócil en comparación contra Chaos Magnus, quien busca únicamente su beneficio particular y el dominio absoluto sobre el omniverso. Deus Ex Lux es un arrogante y egocéntrico, mientras que para Chaos ustedes los mortales no son nada, siendo más que capaz de sacrificarlos a todos, si con ello se evita el tener que lidiar con ustedes y la inevitable extinción del multiverso.
Luzbel extendió sus brazos como deidad y mostró un rostro y ademán propio de una divinidad.
— Acéptenme como su supremo señor y salvador, y les prometo que bajo mi reino tendrán larga vida, riquezas inconmensurables, un futuro brillante y lleno de esperanza. Yo los llevaré a un nuevo milenio y a convertirse en los seres supremos del cosmos — siseó oscuramente, aunque gentilmente, Lucero — Llevarán nuestro estandarte de victoria a todo el omniverso. Aquellos que osen rivalizar con ustedes se arrodillarán ante ustedes, si es que ustedes se arrodillan ante mí...
Kaguya, mas sin en cambio, mantuvo un rostro estoico, dispuesta a seguir negociando con aquel temible demonio, mucho más poderoso que cualquier otro ser en el universo. Quizá a la altura de Mikhael, el llamado guerrero perfecto o dios de la guerra.
— Y te has preguntado, ¿qué habría sido de ti, si hubieses permanecido bajo la cobertura del todopoderoso? — tanteó la albina, al saber el contexto de aquellas palabras — ¿Te has imaginado qué sería de ti hoy día, si no hubieses sido tan avaricioso y tan ambiciosos, Luzbel? Tal vez hoy día serías un ser venerado por su benevolencia, por su compasión, por su belleza y por representar una nueva esperanza para los oprimidos. Serías un santo entre los santos y una imagen de salvación para los que viven en las tinieblas.
— Y lo soy, Kaguya-hime. Soy aquel ser que representa una nueva vida — se adjudicó el ser de luz, ahora sonriendo gentilmente, aunque obviamente se podía percibir su arrogancia y su cinismo — Soy yo el lucero de la mañana. El que asciende día a día a través del horizonte oriental y el que resguarda al universo con el resplandor de mi luminiscencia. Yo soy el mensajero de la revolución, de la nueva vida, de un nuevo cosmos. Bajo mi guianza, la humanidad ahora sería tan o más grande que Deus Ex Lux mismo, incluso mucho mayor que Chaos. Yo les ofrezco un cambio profundo y radical. Lux simplemente promete platitudes. Chaos les ofrece muerte y condenación eterna.
— No, no eres el cambio, Luzbel. Eres otra cara de la misma moneda que corrompió el universo — remarcó Kaguya — Antes de rebelarte en contra de tu creador, eras un ser perfecto. No había nadie más grande que tú. Eras la segunda autoridad más grande de todo el multiverso. Un auténtico dios entre los dioses — señaló, con voz de lamento, mas no de congojo — Ahora, no eres más que una sombra de tu pasado. Dejaste que tu propia avaricia te cegara y que te convirtiese en Apollyon, el defraudador; la serpiente venenosa que contamina lo que toca. Pasaste de ser una entidad admirable, imponente y respetada a ser el ser más despreciado por toda la creación. Ni siquiera Chaos tiene la reputación que tú ahora tienes, Lucifer. Has caído en lo más bajo, por tu propia causa.
Luzbel se rió levemente y negó con un dedo.
— Tu moralidad es enteramente subjetiva, princesa luna. Lux difícilmente ha hecho un cambio en el mundo y Chaos simplemente ambiciona el tenerlo todo. Yo les ofrecí a la humanidad mi salvación y ellos prefirieron abrazar la oscuridad de Lux y Chaos. Su condena por su necedad y su imprudencia es la muerte, ya sea a manos mías como a manos de Chaos. Ni siquiera ustedes las hadas son dignas de mi eterno reino en el multiverso. Todos los terrícolas y formas de vida inteligente caerán ante mi supremo poder, al igual que Lux y Chaos.
— No mientras yo viva — aseguró adamante la princesa luna — Incluso si debo reescribir el multiverso y desaparecer con él, para salvar a la humanidad, lo haré.
Luzbel, en cambio, enarcó una ceja, extrañado de aquel comentario.
— ¿De verdad? Supongo que sabes que si llegas a aniquilar la materia que compone a tu cuerpo, y si reescribes éste cosmos con tus partículas o cualquiera que sea tu truco, tú desaparecerás para siempre del multiverso — se burló el demonio — Ni aún aunque pasen cientos de miles de millones de aeones cosmológicos lograrás revivir, princesa Selene.
Sin embargo, ahora fue el turno de Kaguya de sonreír, aunque era una sonrisa de calma y determinación, si bien por la belleza de la pseudo/diosa de Terra lucía como un gesto noble y precioso.
— No temo a morir, Lucero. No temí a la muerte al enfrentar a Chaos, en la Dimensión del Chaos, mucho menos temeré a una pelea en tu contra, Lucifer. En cualquier caso, yo ya no soy necesitada en éste universo, porque no solamente existe mi herencia de sangre en éste mundo, sino que mi propia hija es incluso mucho más fuerte que todos los seres en el omniverso combinados, tú incuido. Tal vez el único otro ser que puede rivalizar con mi poderosa heredera es el hijo de los Uchiha.
Sorprendido de saber que Kaguya sobrevivió a una pelea en contra de Chaos, y de saber que Sakura era tan poderosa, además de que únicamente Sasuke era el único que rivalizaba con los tremendos poderes de la princesa de las hadas, Luzbel entrecerró su mirada.
— Ah... entonces Sakura-hime ha superado los poderes de Eva Mitocondrial, ¿huh? — refirió el lucero de la mañana — Éso no es problema. Si tú mueres en combate, Sakura se desplomará como cuando pensó que el marica de su novio había muerto. Tan sólo bastará con que te arranque la cabeza y se las demuestre a aquellos inútiles terrícolas y a las basuras tecnológicamente avanzadas de Juno. Ambas especies sucumbirán al terror. Y una vez que tu preciosa hijita quede desplomada de su moral, como en aquel entonces en Próxima Centauri b, no opondrá resistencia y será carnada fácil para el Uchiha. Al ver morir a su amada flor de cerezo, el príncipe Sasuke también caerá junto con ella. Todo porque los humanos son tan emotivos. Aquella es su más grande debilidad.
Del lado de la nave, sin duda Sakura estaba sumamente angustiada por lo que le pudiese suceder a su amada madre, porque Lucero tenía razón. Si su madre moría en combate, sobretodo a manos de Luzbel, no sabía si podría superar la muerte de su progenitora. Aunque claro que Sasuke estaría de su lado y seguramente le ayudaría a superar el fallecimiento de su progenitora, claro está. Sin embargo, lo que realmente temía Sakura, además de la muerte de su madre por supuesto, es que Luzbel lograse su cometido de asesinarla a ella y que su amado Sasuke-kun perdiese todo motivo para seguir viviendo. Nada destruiría a Sakura como el ver a su amado muerto en vida. Lo único que realmente superaba aquello fue el que ella viviese en carne propia la aparente muerte de su Sasu-chan. Por suerte, el moreno ahora estaba al lado de ella, mirando calmado la conversación entre su madre y Lucifer, aunque con un rostro de aburrimiento.
Al ver a su alto, apuesto, musculoso, temible e imponente novio, aunque galante como un caballero, Sakura supo que era dichosa de tener a su amado Sasuke-kun a su lado. La ninfa sabía que no le había dado todo el amor que Sasuke nunca tuvo y que siempre mereció, y además la pequeña princesa de cerezos sabía que ella nunca sería digna de tener a semejante hombre tan valioso y honorable como Sasuke Uchiha. No obstante, el todopoderoso le dadivó con el poder amar en cuerpo y alma a Sasuke, quien correspondía genuinamente los sentimientos de ella. Sakura se sentía tan feliz de que Sasuke Uchiha, su dulce príncipe, su Sasubaby, no solamente estuviese a su lado, sino que nunca rechazaba un sólo abrazo siquiera de parte de ella.
Sasuke es el amor de su vida, su todo, su propia vida. Sin él, Sakura no sería absolutamente nada. Sasuke la complementaba.
Sakura sonrió dulcemente, se sonrojó tiernamente, se aceró al hombre de su vida, a su Sasuke, lo abrazó por el frente y recargó su cabecita en el fuerte vientre del Uchiha, que era a donde ahora llegaba Sakura, con sus escasos un metro treinta y cinco, a comparación del un metro ochenta y cinco de su Sasuboo. Sasuke enarcó una ceja al principio, pero después sonrió torcido, muy a su estilo, separó pronto sus brazos y abrazó a su pequeña novia; a la mujer de su vida. Sakura se acurrucó en su pecho, o en su torso mejor dicho, y cerró sus ojos, dejándose intoxicar por aquel aroma tan masculino y tan galante de Sasuke.
— ¿Qué pasa, pequeña? — le preguntó gentilmente Sasuke a la princesa de las hadas.
Sakura sonrió dulcemente, al escuchar aquel seudónimo tan afectuoso de su amado. La ninfa abrió sus preciosos ojos, miró a lo alto, a las obsidianas de su amado Sasuke, le sonrió a su novio y le mandó un beso, pues ahora era muy pequeña para besar sus labios directamente.
— Te amo, Sasuke-kun... Te amo mucho, Sasubaby... — musitó por lo bajo Sakura, pues no quería que los demás escucharan cómo le decía tan cariñoso a su amado Sasuke-kun.
Sasuke, mas sin en cambio, a pesar de estar algo sorprendido, sonrió gentilmente, cargó a la princesa hada entre sus fuertes brazos, hasta que la tuvo a la altura de su apuesto rostro, y la besó en la mejilla, haciendo que la ninfa de cerezos se sonroje intensamente, aunque feliz.
— Yo también te amo, Cerezo. Lo sabes — replicó igual por lo bajo el azabache.
Sakura asintió y, un poco más segura de sus acciones, tomó las mejillas de Sasuke entre sus manos, acercó su hermoso rostro al apuesto del Uchiha y lo besó dulcemente en los labios. Era una suerte que todos estuviesen más pendientes de la charla entre Luzbel y Kaguya, o la escena habría sido sumamente incómoda y los Uchiha tendrían que dar muchas explicaciones al hecho de que una niña, con una apariencia de once años, a pesar de los dieciocho cronológicos de Sakura, estuviese besando y siento tan íntima con un chico de diecinueve años. Tal vez Sasuke aún era menor de edad, para fines legales, pero era mayor que Sakura por al menos ocho años, biológicamente hablando, y aquello sin duda era sumamente cuestionable por sí solo.
Sasuke, por su lado, sonrió seductor, haciendo que Sakura se sonrojara aún más al saber lo que implicaba aquel gesto tan candente, y el Uchiha acercó su masculino rostro al oído izquierdo de Sakura, haciendo que incluso su larga, pero estilizada, barba se frotara contra el perfecto rostro de ángel de la ninfa de Sakuras.
— Dime, Cerezo, ¿qué te parece si nos damos una escapada y nos echamos un "rapidín" en nuestra cabina personal? — le sugirió Sasuke, en un ronroneo, a su pequeña niña hada.
Predeciblemente, Sakura se abochornó fuertemente, sacudió un poco su cabeza para apartar las imágenes pervertidas de su cabeza y entrecerró un poco sus preciosos orbes esmeralda, en obvia desaprobación del comentario tan obsceno de su amado Sasu-kun.
— ¡No, Sasuke-kun! ¡No seas un depravado! — le reprimió en voz baja Sakura, no queriendo hacer una escena embarazosa frente a todos — ¡No es momento para que estés pensando en tus perversiones!
Sasuke, sin embargo, redobló en sus intenciones, sonriendo más picante y "malévolo", lo cual obvio no pasó desapercibido por Sakura.
— Oh vamos, Cerezo. Tú tienes la culpa por excitarme. Tus puros besos hacen que se me pare la verga, ¿sabes? — enunció como sin nada el príncipe de los Uchiha.
Sakura abrió sus ojos como platos y se quedó con la boca abierta de sorpresa.
— ¡No seas degenerado, Sasuke-kun! ¡¿Cómo es que siquiera puedes decir semejantes vulgaridades, así tan quitado de la pena?! ¡¿Acaso no te das cuenta que soy una tierna niña de once años?! ¡Eres un pedófilo! — reprimió de nuevo la princesa de Iridia, aunque sin levantar la voz.
Sasuke negó, divertido.
— No lo eres. Tienes el cuerpo de una niña de once años, pero tienes dieciocho cronológicos, Sakura. Estás en perfecta edad de consentimiento sexual — se defendió pobremente Sasuke, haciendo que Sakura entrecerrara su mirada — Además, tomé dos veces tu virginidad, ¿no es cierto? Ya eres toda una mujercita.
Sakura gruñó por lo bajo, aunque estaba más avergonzada que molesta. Lo peor de todo es que jamás se imaginó que volvería a recuperar su himen, cuando volvió a ser una niña de once años, como efecto secundario de su modo Primordial Alpha Infinity, y aún menos se habría imaginado que Sasuke volvería a tomar su virginidad. Era todo un hito histórico, digno de rememorar en la historia y de plasmarlo en los libros de historia. Por suerte, Sasuke no era de los que divulgaban sus encuentros íntimos con todo el mundo, o prácticamente cualquier clase de información personal, para ser exactos.
Sasuke metió su mano dentro del vestido de lolita de Sakura, le bajó sus pequeñas panties de algodón y encaje rosadas y después Sasuke metió su dedo medio dentro del increíblemente pequeño, apretado y sumamente hermoso ano tonalidad rosa pálido de la princesa de las hadas, haciendo que Sakura apenas pudiese contener un gemido de excitación. En serio que Sakura juraba que tenía el punto G en su ano, porque Sasuke siempre la llevaba a intensos orgasmos cuando tenían sexo anal. Ahora más que era una niña, Sakura siempre se desmayaba del puro placer al recibir el colosal pene de treinta centímetros de largo, y casi siete de ancho, de su amado Sasubaby. Tan sólo con el puro dedo de Sasuke, sus bragas ya estaban casi empapadas.
Afortunadamente, Sakura sacó a tiempo la mano derecha de Sasuke de sus nalgas y se reacomodó tanto sus panties pequeñas como su vestido de lolita largo, todo sin que los demás se dieran cuenta de ello.
— Por favor, Sasuke-kun... no ahora... No frente a todos...— suplicó Sakura, sumamente abochornada de su casi orgasmo.
El moreno estuvo al menos de acuerdo en ello, pues ya había llevado demasiado lejos la situación. Sasuke asintió, sin borrar su sonrisa, pero besó de pico los labios de Sakura, quien quedó embelesada con aquellos besos.
— Muy bien. Pero prométeme que, cuando al fin estemos a solas, me darás mi premio, ¿de acuerdo? — pidió seductor Sasuke, aunque un poco más discreto que antes.
Sakura suspiró resignada. Por más que se opusiera a ello, sabría que le sería imposible resistirse a los encantos masculinos de su Sasuke-kun.
— Está bien. Pero tendrás que esperar hasta que realmente tengamos privacidad, ¿entendido? — exigió de vuelta la ninfa.
El azabache finalmente asintió, aún con su sonrisa seductora.
— Espero que estés preparada, Cerezo, porque te voy a dejar tan abierta y tan adolorida tu colita que no vas a poder caminar en una semana — musitó sensual el moreno, haciendo que Sakura se sonrojase aún más.
Cuando Sakura sintió de nuevo las grandes manos de Sasuke en sus perfectas nalgas respingonas y con forma de corazón, especialmente cuando el pervertido de Sasuke le bajó las bragas otra vez y comenzó de nuevo a masajear su trasero y a intentar meter sus dedos en el ano de ella, la pelirrosa pronto apartó las manos del chico.
— Ya no seas pervertido, Sasu-kun. Espérate hasta al rato o voy a gritar y ponerte en evidencia. Y te apuesto lo que quieras a que nadie aquí se tomará tan a la ligera que te estás aprovechando de una dulce niña como yo — le advirtió la princesa de las hadas, con su mirada entrecerrada.
Sasuke rodó los ojos, pero aceptó el no armar drama por su lujuria, de modo que asintió y estuvo dispuesto a bajar a Sakura al suelo. No obstante, la princesa ninfa se abrazó a él y se aferró como una lapa a su poderoso torso, incluso enredando sus piernas en el tronco de su hombre.
— ¿Qué haces? — le preguntó el moreno a su novia.
— Esto... ¿podrías cargarme un ratito, Sasubaby? — pidió dulcemente Sakura, poniendo un rostro tanto angelical como coqueto.
— Creí que querías que me lo tomara con calma.
— Bueno es que... me gusta estar entre tus brazotes grandotes y fuertes y que me abraces con ellos... — continuó la pequeña ninfa, como una auténtica niña — Fuertote, fuertote...
Sakura se abrazó aún más a su novio, quien se rió levemente entre dientes y sonrió. Por más que quisiese oponerse a los caprichos de su pequeña novia, Sakura únicamente necesitaba sonreírle como lo hacía ahora, para convencerlo de someterse a los caprichos de ella. Sasuke exhaló oxígeno audiblemente, se encogió de hombros y abrazó a Sakura contra su fuerte pecho. La pequeña princesa hada sonrió de oreja a oreja, se recostó contra el hombro derecho de su querido Sasuke-kun y volvió su mirada a la charla que tenía su madre con Luzbel. Increíblemente, aún seguían hablando y tratando de negociar un acuerdo, por lo menos en el caso de Kaguya.
— Te equivocas, Luzbel. Nuestros lazos emocionales no son nuestra más grande debilidad. Son nuestra fortaleza — rebatió la princesa de la luna, aún discutiendo lo mismo — Gracias a nuestros lazos emocionales y fraternales, en el que hadas y humanos convivimos en paz y nos ayudamos para sobrevivir, es que ahora estamos aquí, luchando por la supervivencia de nuestra especie, por la protección de nuestro planeta madre Terra y por la salvación de nuestro universo, donde todas las formas de vida existimos. Es precisamente nuestro afecto por nuestros semejantes y por nuestras familias que estamos aquí, luchando en contra de la destrucción del universo prime y en contra de la conquista del multiverso.
Luzbel, en cambio, se mantenía sonriendo con sorna.
— Y mírate ahora. ¿A dónde te ha llevado aquella empatía por una especie corrupta y putrefacta, princesa Selene? — se siguió burlando Lucifer — Siendo una especie superior en los Homo Fata, terminaste siendo un perro guardián de los patéticos humanos. Los mismos humanos que abrazaron la corrupta doctrina de Lux. Cuando eras una dictadora, pudiste realmente haber cambiado al multiverso, pero la inútil de tu hija, aquella pequeña puta inmunda, te hizo cambiar de parecer. Ahora eres incluso más débil que el humano promedio. Débil espiritualmente, porque adoptaste la filantropía, en favor de la razón y de la felicidad de los de tu especie. Una decisión irracional que solamente llevará a la extinción al cosmos. Tal vez el régimen de Chaos no suene tan mal, después de todo, al ver lo débil que se han vuelto ustedes los terrícolas.
— ¿De qué serviría avanzar nuestra especie, si el multiverso terminaría esclavo de apenas unos cuantos? — refutó Kaguya — Mi misión no es el avance de mi raza o para mi vanagloria personal. Ciertamente, tenemos derecho a la auto-determinación de nuestra especie, independientemente de los Homo Sapiens, pero no a expensas de los humanos. Por el contrario, nosotros que fuimos privilegiados con poderes más allá del entendimiento humano, tenemos la responsabilidad de luchar en favor de los débiles y marginados. Es nuestro deber luchar por la supervivencia de nuestro mundo, cuando aquellos que no tienen voz en ésta guerra cuentan únicamente con nosotros.
— Bah. Una arcana como tú, cayendo tan bajo en defender a los patéticos mortales como los terrícolas. Bien podrías haber sido un dios entre los dioses, Luna. Sin embargo, tu hija tenía que transformarte en una auténtica perra sin voluntad — espetó con disgusto Luzbel — Como sea, te liberaré de aquella prisión que construiste alrededor de tu propia mente. La muerte te traerá una nueva evolución en forma de pensar.
— Mucho me temo que no seré yo la que muera éste día, Lucero — amenazó Kaguya, extendiendo sus alas a los costados y expandiendo su aura — Si no puedes ver tus errores, entonces no me queda de otra mas que exterminarte. Lidiar con Chaos ya es un problema y tú únicamente estás en el camino.
Luzbel sonrió como demente, se transformó de nuevo en aquel demonio tonalidad escarlata, sumamente musculoso, y rugió con fuerza, aunque la princesa hija de Theia ni se inmutó de la acción del demonio antiguo.
— Tu propia ambición será la que cave tu tumba, Lucifer. Es una pena que no puedas ver que tu avaricia es la que impide que crezcas y que te conviertas en aquella divinidad que alguna vez estuviste destinado a ser — masculló Kaguya.
— Suficiente de charlas insustanciales. Voy a matarte aquí mismo, robaré tu antimateria y después la usaré para reclamar el trono en el cosmos. El trono que el maldito de Lux y el bastardo de Chaos me negaron.
Terminando de hablar, Luzbel extendió sus brazos a los costados, echó para atrás su cabeza y rugió como auténtico demonio, para entonces arrojarse contra la peliblanca y atacarla con un poderoso puñetazo de su enorme mano, la cual colisionó contra el suelo, debido a que la princesa de la luna hizo una elegante voltereta hacia sus espaldas y evadió de manera elegante aquel ataque. Por su parte, Kaguya creó un enorme golem sumamente musculoso y lo controló con sus poderes psicokinéticos, con el cual se arrojó a Luzbel, el cual ahora medía unos diez metros de altura, a causa de su transformación.
La peliblanca hizo que su golem se arrojara en una patada en picada contra el vientre de su enemigo, a la velocidad de la luz, la cual mandó a volar al otro monstruo a cientos de metros a lo lejos. El golem de Kaguya desapareció y reapareció a las espaldas de Lucifer, quien recibió un rodillazo en su espalda y lo levantó a lo alto. Kaguya hizo que su coloso atacara a Lucero con una serie de ganchos al rostro, una doble patada de giro y después la albina remató con una palma de empuje, directo al vientre de Luzbel. Con aquel ataque, Kaguya infundió su elemento viento en el cuerpo de su oponente, de modo que se creó una onda de choque muy poderosa que se expandió al menos un parsec de distancia y devastó el suelo. De no ser por la tremenda gravedad que mantenía la plataforma, donde combatían Kaguya y Luzbel, se hubiese desintegrando por completo.
El demonio salió disparado a lo lejos, pero Kaguya aún no había terminado con él, ya que la peliblanca salió del cuerpo del coloso y creó dos enormes cuchillas de plasma, infundidas a su vez con elemento viento a presión de Planck, y las cargó de aura hasta que alcanzaron una dimensión aproximada de cien metros de puro diámetro, cada una. La peliblanca arrojó ambas contra Lucero, quien aún no se recuperaba del poderoso ataque que Kaguya le había propinado con su golem. No obstante, Luzbel pudo reaccionar a tiempo y, con su espada de aura negra, cortó una de las cuchillas, aunque la espada también se partió por la mitad y Lucifer se vio forzado a detener con sus enormes manos aquella segunda cuchilla. Sorpresivamente, la cuchilla llevaba una enorme fuerza de arrastre que prácticamente llevó a Luzbel por unos cientos de metros hacia atrás, hasta que por fin pudo frenar el ataque.
Kaguya, sin embargo, expandió de nuevo su aura e hizo que el suelo se sacudiese al utilizar su elemento tierra, con el cual levantó cientos de pilares de tierra a kilómetros de altura, además de que expandió una ola de marea de tierra a cientos de miles de millones de kilómetros a la redonda, con una altura similar a los pilares. Aquella ola de marea de tierra hizo que Luzbel perdiese su concentración y que la cuchilla de aura lo partiese por la mitad. Desafortunadamente, para la albina, Lucifer volvió a reformar su cuerpo en una masa negra y además materializó una enorme lanza rodeada de una energía oscura muy potente, la cual después arrojó a Kaguya. Con un salto de vuelta de carro a su costado, sin usar sus manos, la peliblanca esquivó aquel ataque, el cual colisionó con un planeta en la distancia y dicho planeta se desintegró por completo, en una explosión.
Kaguya levantó unos enormes trozos de roca del suelo, las colapsó en estrellas de preones, rodeó una de ellas con un campo electromagnético y la transformó en antimateria, la cual después expulsó un pequeño jet de plasma que resplandeció con una potencia enorme. Después Kaguya arrojó al cruzar sus brazos aquellas estrellas de preones, las cuales giraron la una alrededor de la otra a gran velocidad, casi a la velocidad de la luz, además de que viajaron a una velocidad también cercana a la de la luz hacia Luzbel. El demonio reconoció de inmediato aquellos orbes de antimateria, de modo que extendió un campo de fuerza alrededor de su cuerpo y cruzó sus brazos frente a su pecho.
Cuando el ataque colisionó contra el cuerpo de Lucero, la energía desprendida fue similar al del Big Bang, de modo que se expandió varios megaparsecs de pura área, hasta incluso llegar al horizonte cosmológico de luz. Luzbel salió expedido contra un planeta enorme rocoso, en el cual se enterró superficialmente, apenas unos cuantos metros de profundidad, pero para entonces Kaguya ya había reaparecido dentro de su golem y con una lanza en manos del monstruo, la cual estaba infundida de plasma.
Kaguya atravesó por completo no solamente el cuerpo de Luzbel, sino que perforó dentro de aquel planeta sin vida su poderosa lanza sostenida por el monstruo de osmio que controlaba y la lanza traspasó cientos de metros dentro del planeta. La albina soltó un corto grito, extendió dentro de la cabeza de su coloso los brazos y detonó la energía contenida en aquella lanza de aura, la cual extendió otro GRB a millones de años luz de longitud, al grado de que pulverizó por completo el enorme planeta y desmanteló por completo el cuerpo de Luzbel. Kaguya se apartó a tiempo, antes de que la explosión la consumiera a ella.
Cuando el golem de Kaguya, junto con ella, reaparecieron en el espacio exterior, la albina pudo detectar un resplandor oscuro a sus espaldas, de modo que volvió de inmediato su mirada y se encontró con una masa amorfa que parecían cientos de entrañas revueltas. De pronto, dicha masa amorfa se expandió cientos de metros de diámetro y fue rodeada de una barrera de aura. Como si se tratase de una cascada, Luzbel descendió de aquella masa amorfa, levantando su mano derecha a lo alto, y compactó la misma en un agujero negro de no muy grandes dimensiones, pero sí sumamente poderoso, al incluso doblar el tejido tiempo/espacio a su alrededor. El demonio rodeó con unas llamas negras aquel objeto y después lo arrojó contra Kaguya, a una tremenda velocidad.
La albina hizo que su golem extendiese sus brazos al frente y que detuviese aquel poderoso ataque, pero en el acto aquella esfera se adhirió con una explosión al cuerpo de su monstruo de aura, como si se tratase de una espesa lava de tonalidad vino, y Lucifer cerró su mano derecha para comprimir el cuerpo del coloso de la princesa de la luna. Por más que Kaguya intentaba usar su aura, expandiéndola para liberarse de aquella prisión, liberar su coloso de aura en efecto, la energía era tan poderosa que contenía su aura y se alimentaba de la misma, hasta que aquella especie de lava radiactiva alcanzó la temperatura de Planck al absorber tanta aura. Además se solidificó tanto como una estrella de neutrones, de modo que incluso el efecto de la gravedad y la presión llegó a los límites conocidos por las leyes de la física que rigen el universo. Incluso con el aura que rodeaba a Kaguya, la princesa luna comenzaba a sentirse abrumada y sofocada por tanto el brutal calor que le rodeaba, como la presión atmosférica que apretaba el interior de su golem.
Luzbel entonces rodeó sus enormes manos con aura, rugió agresivamente, miró sus manos y entonces chocó sus palmas frente a su pecho, con lo cual colapsó aquella masa amorfa de nuevo en un agujero negro, el cual después detonó con una potencia similar a una supernova, comparablemente menor a la explosión que generó Kaguya en un comienzo, pero igualmente devastador, pues varios planetas y cuerpos celestes fueron consumidos por la detonación. Un destello oscuro encegueció completamente el panorama, incluso forzando a los que estaban en la nave, a millones de años luz de ahí, a cubrirse sus miradas, a causa de la destellante radiación.
Cuando la explosión se disipó por completo, no se podía ver rastro alguno de Kaguya, mucho menos del coloso que había creado con sus poderes. Luzbel entrecerró su mirada, buscando por doquier cualquier rastro de Kaguya, quien seguía sin aparecer en los alrededores.
— Tsk... ésa maldita bruja... — masculló Lucifer — ¿Cómo pudo escapar a mi Iron Maiden? ¡Ni siquiera la luz podría haber escapado de mi prisión infernal! — gruñó, con odio.
Dentro de la nave, todos, exceptuando Sasuke y Sakura, estaban asombrados de saber que Kaguya, de alguna manera, había escapado a aquella prisión infernal, como llamó Luzbel a su ataque, pues parecía que había colapsado en la nada y, por consecuencia, sus átomos habían sido convertidos en partículas subatómicas. No obstante, aquel demonio aludía a que la peliblanca había escapado, de alguna manera, y todos, aparte de Sasuke y Sakura, estaban sorprendidos de ello.
— ¿Cómo fue que sobrevivió a aquel ataque? ¡Habría matado a cualquiera! — comentó Tenten, buscando con su mirada a la albina, a través de la esfera de cristal que creó Sakura.
— Cualquiera que sea humano, por supuesto — añadió Kakashi — Recordemos que Lady Selene es una de las arcanas más poderosas del multiverso. Probablemente sea el tercer ser más poderoso de todo el cosmos, tan sólo detrás de Sasuke y la princesa Sakura.
— No creo que pueda mantener una pelea contra Ignis — refutó Sasuke, por lo cual todos, incluida su pequeña novia Sakura, volvieron su mirada al moreno — Lo siento. Hechos son hechos y no van a cambiar por más que protesten — remarcó, encogiéndose de hombros.
— No tienes que mamársela tan indiscretamente, Uchiha. Al menos si vas a eyacular pensando en tu novio, ten la decencia de hacerlo a solas — se burló Naruto, con una risa entre dientes.
— Bah, cierra la boca, beta. Al menos no soy un maricón lamehuevos y latigueado por la vagina de una puta con cabello de regla — espetó Sasuke.
— ¡Ya basta, ustedes dos! ¡En serio que parecen dos niños! — interrumpió Sakura, al ver la mirada fulminante que se lanzaban, obviamente descendiendo de un salto de los brazos de Sasuke.
Naruto miró con sorna a Sakura y soltó un bufido.
— El burro hablando de orejas.
— ¡Oye, no te metas con mi chica, maricotas! — le respondió Sasuke, acercándose amenazador a Naruto.
Pero apenas se acercó unos metros al rubio, Sakura se interpuso entre ellos.
— ¡Ya, es en serio, los dos! ¡No voy a permitir que armen una pelea aquí frente a todos! ¡Si siguen con sus peleas infantiles, los pondré a dormir a los dos con un conjuro! — les advirtió la pelirrosa.
Sasuke chasqueó la lengua, le mostró el dedo medio a Naruto y se dio la vuelta. El rubio mantenía una sonrisa burlona, al haberse salido con la suya.
— Si dices algún comentario gracioso, te prometo que te dejaré sin descendencia por el resto de tu existencia — le amenazó Sakura, mirando amenazadora a los ojos a Naruto.
El rubio prefirió no decir nada al respecto, pues de todos modos no es la primera vez que Sakura le daba una paliza. Lo que carecía en fuerza física la princesa de Iridia, lo complementaba con sus poderes mágicos. Y sabiendo que Sakura podía aplastarle los testículos con magia, o destrozárselos con aquellos altos tacones stiletto, decidió calmarse.
De vuelta a la pelea, de pronto el suelo se sacudió, llamando la atención de todos, y cientos de jets de plasma salieron expedidos al exterior, además de que la zona resplandeció intensamente, similar al quasar al fondo de WISE J224. De pronto, aquellos jets detonaron con la potencia de una hypernova, cada uno por supuesto, y demostraron un bello espectáculo de nebulosas a cuatrillones de grados centígrados, encima de que tenían tonalidades preciosas. Era un espectáculo tanto bello como abrumador, pues todo Prime se sacudió con la potencia de aquellas hypernovae. Luzbel apenas pudo protegerse de tan violentas explosiones, aunque aún con su campo de fuerza fue agobiado por el poder de las mismas y salió volando a lo lejos.
Para entonces, un objeto resplandeció a lo alto, en forma de una esfera, y pronto se mostró una figura sumamente resplandeciente de Kaguya, con sus alas de ángel extendidas y con su mano derecha estirada hacia Luzbel, quien se quedó asombrado de ver a la albina apenas con heridas menores. La princesa de la luna expandió su aura por lo menos a cien metros de diámetro, apuntó con la palma de su mano al demonio de luz y cargó al máximo sus energías, haciendo que todo el universo se sacudiese con la potencia de un sismo que incluso hizo que el tejido espaciotemporal se agitase como una manta de seda en un huracán.
La albina entonces disparó una estrella de preones, apenas de un metro de diámetro pero sumamente poderosa, que además estaba hecha de antimateria, al tener un campo electromagnético a su alrededor. El objeto, al tener una masa límite entre un agujero negro y la estrella de quarks, viajó por encima de la velocidad de la luz y colisionó directamente contra el vientre enorme del transformado Luzbel, el cual salió arrastrado por varios parsecs a lo lejos, a causa de la brutal fuerza de arrastre que llevaba aquella, relativamente, pequeña estrella de preones, pero suficientemente poderosa para arrastrar el enorme cuerpo de al menos cien toneladas de peso de Lucero.
Kaguya desactivó entonces el campo electromagnético que protegía la estrella de preones del exterior y, al contacto con el cuerpo de Luzbel, de inmediato detonó con una potencia simplemente brutal, al menos con una potencia similar a la explosión de una hypergigante azul y su resultante hypernova. Kaguya, sin embargo, no se detuvo ahí, sino que extendió sus brazos al frente, los cargó de aura y atacó con múltiples estrellas de preones, todas de un metro de diámetro, que colapsaron directamente contra el cuerpo de Luzbel y creaba explosiones similares a las anteriores, abrumando progresivamente al demonio antiguo.
Luzbel, mas sin en cambio, se rodeó con una barrera mágica de al menos cien metros de diámetro, cargó su aura al máximo y disparó de sus manos una esfera similar al ataque de Kaguya, pero totalmente oscura y rodeada de una energía azul turquesa muy poderosa. La albina reconoció aquel objeto de inmediato y abrió sus ojos asombrada, además de que el objeto del remanente estelar era aproximadamente de diez mil millones de kilómetros de puro diámetro. Encima de todo, el brillo que emitía era simplemente brutal, casi el de una galaxia enana.
— ¡Una quasiestrella! — exclamó impactada Kaguya, al ver el colosal objeto que viajaba a la velocidad de la luz — ¡¿Pero cómo es posible?!
— ¡No lo olvides, hija de Theia! ¡Yo fui dadivado con el dominio de toda la materia y energía en el cosmos! ¡Yo soy la representación de la luz y de la energía! — bramó imponente Lucero, mientras irradiaba más energía a aquel coloso estelar — ¡Muere, princesa Luna!
La ojiámbar estaba tan asombrada por aquel monstruo de remanente estelar que estaba prácticamente paralizada por el colosal objeto, el cual volaba al límite de la velocidad existente en las leyes de la física, por encima de la velocidad de la luz. Para cuando reaccionó, apenas y pudo materializar a tiempo su coloso de aura, para obligarle a usar las manos a contener aquel cuerpo celeste monstruoso que igualaba algunos de los agujeros negros supermasivos en el cosmos. La peliblanca gruñía, con sus brazos extendidos a los costados, mientras expulsaba su aura y la ampliaba a su máximo nivel, al grado de que el puro diámetro de su aura alcanzó al menos un área de un parsec. El sudor igual comenzaba a formarse en la frente de la albina, pero jamás redujo ni un poco su aura, a pesar de que contener el colosal objeto celeste era como detener todo el peso del universo. Quizá el golem mantenía el objeto en sí, pero era su aura la que hacía el esfuerzo.
Por su parte, Luzbel igual aumentó progresivamente la energía de su aura, infundiéndola en aquella quasiestrella, o estrella de agujero negro, que prácticamente era un agujero negro con una capa exterior hecha de plasma a densidades absurdas, prácticamente la densidad de Planck, encima de que la temperatura había alcanzado igualmente el límite de la física y comenzaba a generarle quemaduras de primer y segundo grado en la perfecta piel albina de la princesa Selene. Kaguya progresivamente incrementaba su aura, pero el brutal calor al que estaba siendo sometida era simplemente terrible y estaba perdiendo el conocimiento a causa del calor que infundía aquel astro. Regularmente, dichas estrellas apenas llegarían a los cuatro mil grados Kelvin de temperatura superficial, pero debido al plasma supercalentado en el exterior, así como la masa que tenía aquel monstruo galáctico, incrementada drásticamente por el agujero negro en su interior, fácilmente la temperatura superficie llegaba a la temperatura de Planck. Muy probablemente dentro de aquella quasiestrella estaba atrapado un kugelblitz.
— ¡Mamá! — gritó Sakura, alarmada de ver cómo su progenitora perdía lentamente el conocimiento, debido a la intensa radiación calorífica que emanaba aquella quasiestrella — ¡Por favor, resiste! — suplicó, con sus pequeñas manos en la esfera de cristal.
Sasuke miraba un poco impactado aquella pelea. A pesar de que estaba calmado, y con su ceño fruncido, no podía evitar quedar sorprendido de aquel colosal objeto del cual apenas se teorizaba su existencia. Se supone que para crear dicha quasiestrella se necesitaba llevar la física a su absurda y lógica conclusión; a su máximo nivel. Se requería niveles de presión, gravedad y densidad únicamente halladas en escenarios extremos como el Big Bang, donde todas las ecuaciones de Planck tuvieron lugar en apenas el llamado tiempo de Planck. Una etapa del omniverso equivalente a tiempos antes de 10e-43 segundos, donde las leyes de la física prácticamente eran inexistentes, o simplemente diferentes a como se conocen ahora. Era un tiempo en que la materia y energía estaban en un estado extremo, donde ninguna ley actual podría explicar el cómo era el universo primigenio.
— ¡Iré a ayudarla! — anunció Sakura, rodeándose a ella misma con su aura rosada y extendiendo su preciosas alas de mariposa, al igual que un campo electromagnético.
No obstante, cuando Sakura hizo un ademán de, por nueva cuenta, ir a auxiliar en combate, ésta vez a su madre, Sasuke le detuvo de inmediato del brazo. A pesar del forcejeo de Sakura, ella jamás se compararía en fortaleza física contra su amado pelinegro, aunque aquello no evitaba que siguiera bregando por zafarse.
— ¡¿Qué estás haciendo, Sasuke-kun?! ¡Suéltame! — demandó Sakura, tratando de apartarse del firme agarre de su novio, que en aquel preciso instante le estaba haciendo enojar.
— Ésta pelea es de Kaguya y de nadie más, Sakura. No te entrometas en ello — ordenó el azabache, mas Sakura seguía luchando por liberarse de su firme agarre.
— ¡Cállate! ¡Mi mamá está en peligro y puede morir si no la ayudo! ¡Suéltame de una buena vez, Sasuke-kun! — demandó de nuevo la pequeña ninfa.
Sin embargo, Sasuke la tenía firmemente atrapada en un agarre y por más que Sakura se esforzara en liberarse, Sasuke era demasiado fuerte para ella.
— Sasuke tiene razón, princesa Sakura — interrumpió de pronto Kakashi, de modo que ambos Uchiha volvieron su mirada al peliplata, quien miraba cruzado de brazos la pelea entre la albina y Luzbel — Kaguya sabía perfectamente a los riesgos que se confrontaba al ir en contra del líder de los Pain Elemental y el gran guardián del trono de Lux. Ella no es una damisela en apuros, sino una guerrera forjada en combate, tan endurecida como cualquier vikingo o espartano. Ella es una diosa entre los dioses; una arcana entre las Fata. Como guerrera, también tiene su propio honor y orgullo de guerrero, por lo que ninguno de nosotros tiene derecho alguno a interferir en su lucha.
— Pero...
— Ella va a estar bien, Cerezo, ¿de acuerdo? Todo va a estar bien, princesa — le confortó Sasuke, arrodillándose ante su pequeña novia pelirrosa y tomándola de las manos — Recuerda que tu madre no es cualquier plebeya. Es nada más y nada menos que la descendiente de Eva del Génesis, la legendaria hada creadora de las artes mágicas y las ciencias. La misma que pudo descubrir la magia antimateria y que fue capaz de frenar la destrucción de la humanidad, al luchar en contra de Luzbel — añadió, mirando directo a los preciosos esmeraldas de su niña — Kaguya es el hada definitiva, apenas detrás de ti. Ningún otro ser en el multiverso, más allá de ti, tiene oportunidades de vencerla. Ni siquiera Chaos.
Sakura sabía que su amado Sasuke-kun estaba siendo modesto, porque la realidad era que Sasuke podría acabar con Kaguya, con su madre, si así le viniese en gana. Tal vez ni ella misma, la princesa de Iridia, podría confrontar a Sasuke en combate, pues no se conocía el límite de poder de Sasuke, pero Sakura podía ver la admiración de su amado en su madre. Si alguien tan arrogante, engreído y patán como su Sasuke-kun admitía su respeto por la princesa de la luna, la hija de Theia, es porque el moreno realmente tenía depositada su confianza en que la legítima reina de Iridia vencería en combate al demonio más poderoso en todo el cosmos.
Calmada de ver la mirada reconfortante de Sasuke, la hermosa niña hada exhaló levemente oxígeno y asintió, finalmente volviendo su mirada relativamente calmada a la esfera de cristal. Sasuke la cargó entre sus brazos y la abrazó como una auténtica niña pequeña, mientras Sakura se abrazaba a él y miraba, aún levemente angustiada, aquella pelea entre su madre, la luna, y el demonio de luz, Lucero.
Por su lado, Kaguya veía borroso y sentía su cabeza hirviendo a causa del calor brutal, pero ni así se rindió, porque eventualmente expandió al máximo su aura, hizo brillar sus ojos en aquel precioso tono, como una hypergigante azul, y su aura se expandió de nuevo, ésta vez empujando aquella quasiestrella que Luzbel creó con sus poderes. El golem de Kaguya se desintegró por completo y ahora el aura de la hija de Theia colisionaba directamente con aquella estrella colosal. La albina extendió sus brazos al frente, endureció su aura como una estrella de preones y detuvo completamente la expansión de la quasiestrella, por lo que ahora la pseudo/diosa cruzó sus brazos frente a su pecho, ocultó su rostro detrás de sus brazos cruzados y después los extendió a los costados, con sus palmas igualmente extendidas, encima de que levantó su cabeza a lo alto.
El aura de Kaguya eventualmente abrumó a la quasiestrella y la devolvió a su agresor, quien se quedó sorprendido del hecho de que Kaguya pudo repeler aquella enorme estrella únicamente teorizada por científicos. La peliblanca, sin embargo, detuvo aquella estrella de agujero negro, antes de que llegara siquiera un año luz cerca de Lucero, extendió su brazo derecho al frente, cerró su mano derecha y colapsó completamente aquella estrella colosal, convirtiéndola en un agujero negro auténtico. La albina entonces arrojó un GRB directo al centro de aquel agujero negro y aumentó drásticamente su tamaño a por lo menos un parsec, de modo que la masa se multiplicó exponencialmente a niveles incalculables, quizá el mayor agujero negro en todo Prime.
La albina creó otro agujero negro detrás de ella y lo transformó en antimateria, haciendo que comience a girar a una velocidad abrumadora, casi la velocidad de la luz, y un jet de plasma salió expedido de ambos remanentes estelares, los cuales se extendieron varios millones de años luz de distancia. Luzbel arrojó otra estrella similar a la anterior, incluso más grande, pero fue completamente devorada por el colosal agujero negro que Kaguya creó con sus puros poderes.
— ¡Éso no es nada, Lucero! ¡Prepárate a recibir uno de mis ataques más poderosos! — bramó la peliblanca, con su brazo izquierdo extendido hacia atrás, sosteniendo con su psicokinesis el agujero negro ultramasivo que creó — ¡Tripudium Mortem! — gritó, como un trueno.
La albina arrojó el segundo agujero negro contra Luzbel, quien se quedó paralizado a causa de la ralentización de la fábrica del universo del agujero negro próximo a él. De pronto, ambos agujeros quedaron atrapados en un giro alrededor del otro, todo mientras sacudían con increíble poder todo el tejido del cosmos y creaban un sismo a más allá del horizonte cosmológico de luz, el cual amenazaba con que todo el universo colapsara en una singularidad espaciotemporal, tal y como en el comienzo de Prime. Los tirones gravitacionales fácilmente desmantelaron cualquier cuerpo celeste que se hallaba a su paso, como si un violento huracán cósmico desmoronara una galleta de canela.
Kaguya extendió de nuevo sus brazos al frente y disparó un jet de plasma contra Luzbel, quien fue consumido enteramente por aquel brote de rayos gamma que medía al menos un año luz de ancho y millones de años luz de largo, justo cuando había recuperado movilidad. Aquel ataque detonó como una hypernova, extendiéndose al menos diez millones de años luz de pura área, lo cual creó una nebulosa que pronto fue absorbida por los agujeros negros, quienes a su vez quedaron ionizados al máximo y brillaron ahora como quasiestrellas.
Unos segundos más de rotación y danza entre aquellos agujeros negros, pronto colisionaron con un resplandor monstruosamente poderoso, y a la temperatura del límite de la física, lo que sacudió todo Prime. La explosión que siguió a continuación fue incomprensible. Prácticamente, la explosión resultante fue milicentillones de veces mayor, exponencialmente hablando, el nivel de poder y energía liberada en la llamada Gran Explosión que dio origen al universo en el que vivían Kaguya y el resto. Ni siquiera el grito de Luzbel fue escuchado, pues la frecuencia fue tan baja y escandalosa que ensordeció prácticamente cualquier otro sonido en el cosmos, además de que la luz de la explosión brilló nonillones de veces la cantidad de toda la energía que ha existido en todo el universo y que existirá en toda su existencia, hasta la llamada Era Degenerada del Universo. Simplemente una cifra incalculable.
Incluso aquellos en la nave, a miles de años luz lejos de la zona de batalla entre la princesa Selene y Lucero, quien fue consumido y golpeado directamente con la energía de la colisión del agujero negro, una brutal cantidad de poder que simplemente era inimaginable, sintieron los efectos colaterales del ataque de la princesa luna. Realmente Kaguya no bromeaba con el hecho de que iba a utilizar uno de sus más poderosos ataques, al utilizar su técnica más letal: La Danza de la Muerte. Era llamado así por los científicos cuando dos agujeros negros giraban alrededor de sí para colisionar el uno con el otro y aniquilarse, al menos en teoría, porque, de darse sin factores externos, en este caso Kaguya, regularmente terminaría siendo un colosal agujero negro con la masa de ambos. No obstante, gracias a los poderes de Kaguya, la energía se liberaba y la albina dispersaba con una explosión en conjunto con la masa de ambos agujeros negros para aniquilarlos por completo.
Eventualmente, la explosión se disipó completamente y los que estaban en la nave finalmente se descubrieron la mirada. Todos, a excepción de Sasuke y Sakura, ésta última aún en los poderosos y musculosos brazos de su amado pelinegro, estaban en el suelo, debido a la tremenda sacudida a la que fueron sometidos, además de que sus ojos se sentían como si estuviesen dentro de ácido fluoroantimónico, debido al brutal destello que amenazaba con dejarlos completamente ciegos. No obstante, pronto la computadora de la nave detectó los niveles elevados de iluminación que podían causar ceguera permanente, de modo que activó los filtros de luz azul que regulaban el brillo excesivo, eliminando la luz azul incandescente.
— Atención: Niveles de iluminación peligrosos detectados. Se activará filtro de luz azul a temperatura de color de mil novecientos grados Kelvin — anunció robóticamente el computador de la nave.
Eventualmente, el brillo dentro de la habitación se redujo considerablemente, de modo que para todos se volvió cómodo el abrir los ojos. Sakura, de hecho, progresivamente adaptó su espectro visible a la temperatura de color en el ambiente, de modo que no le afectó el brillo.
— ¿Qué sucedió? ¡Esa explosión fue simplemente brutal! — exclamó Tenten, sosteniéndose la cabeza, a causa de un golpe que se llevó al caer al suelo — Dios mío... aquello pudo habernos pulverizado...
Sakura negó, ya en el suelo de pie.
— Mi madre controló a la perfección el ataque, incluso con un margen de error de unidad de Planck, de modo que ningún objeto que no fuese Luzbel fuese dañado por la explosión — comentó Sakura — No cabe duda de que mi madre es una maestra en el control del MEST. Mucho más que yo. Ella es toda una arcana y una diosa, tal y como Lady Gaia, Lady Theia y Lady Eva lo dijeron.
Claro que Sakura estaba siendo igual de modesta que Sasuke, porque la ninfa había sido la única en alcanzar el modo Primordial Alpha Infinity, el cual ni siquiera Lady Eva había logrado alcanzar. Sin embargo, Sakura jamás perdería la admiración y el respeto por su madre, tan sólo por el hecho de que conquistó su propia ambición y la reemplazó por paz y prosperidad para con su pueblo. Justo ahora, de hecho, Kaguya estaba luchando por la protección de su gente, tanto hadas como humanos comunes, los terrícolas, la salvación de Terra y el futuro del universo. Incluso estaba buscando prevenir que Chaos conquistase el omniverso, y por aquel simple hecho Kaguya ya era digna de admiración.
Sakura no solamente amaba a su madre, como toda hija amaba a su progenitora, sino que la veía como su modelo a seguir y siempre la vería como la mujer más increíble, sabia y poderosa en todo el multiverso. Ninguna sería mayor que ella. La admiración de Sakura hacia su madre era más que la clásica admiración que una hija tenía por la mujer que era su progenitora, sino que Sakura veía en su madre a una mujer guerrera. A una mujer que pasó de ser un temible y despiadado monstruo que ambicionaba con conquistar todo lo que hallase útil, a una mujer que ahora luchaba por gente que difícilmente conocía de primera mano, y por un multiverso que ni siquiera había oído hablar de ella. Kaguya era ahora un auténtico ángel de la luz. Irónico, al pensar que Kaguya en realidad era la guardiana de la noche, el ángel querubín de las tinieblas que protegía a los débiles de la oscuridad, y ahora realmente enfrentaba a un ser de luz. Una luz engañosa que guiaba en un sendero luminoso a la muerte.
Kaguya era la que realmente merecía ser digna del título de legendaria arcana, de acuerdo a Sakura. Y era Sakura quien sería rememorada como tal, pero su madre es la predecesora para la salvación del omniverso.
Eventualmente, después de la devastación de aquella explosión que causó la princesa de la luna con su Danza de la Muerte, su técnica insignia y más poderosa, de entre aquel resplandor tremendo se vio la figura de Kaguya, aún con sus alas extendidas a los costados y con su espada jian en mano derecha, apenas con algunas heridas menores y quemaduras de primer grado, enteramente superficiales y no considerables. También se hallaba Luzbel, sumamente herido y lesionado, con múltiples heridas en todo su cuerpo que lo hacían ver empapado en sangre, encima de que las quemaduras en su cuerpo llegaban incluso a sus huesos. Aunque, gracias a que era una deidad, aún se mantenía con vida y relativamente móvil.
La princesa de la luna se reacomodó su largo cabello, aunque ahora mucho más corto de lo que solía tenerlo, apenas a la altura de sus caderas, y miró calmada a su rival, ahora sumamente malherido y en el suelo, encima de un enorme charco de sangre. De alguna manera, Luzbel logró incorporarse del suelo, aunque lo hizo torpemente, y se incorporó arrodillado y apoyado en la palma de sus manos. Cuando intentó incorporarse completamente, el demonio de luz vomitó sangre en el suelo, comenzando a ver borroso el piso, pero pronto se incorporó de pie, con su brazo derecho que sostenía su costado izquierdo.
La princesa de la luna, al ver el despreciable estado en el que estaba su enemigo, desmaterializó por completo su espada y se acercó caminando al mismo, hasta que estaba a unos metros de él, y lo miró a los ojos.
La peliblanca suspiró.
— Aunque no lo creas, Luzbel, aún puedes rendirte y entregarme el sello de la luz — comentó calmada Kaguya, apenas limpiándose los costados de su boca con su mano derecha — Si me hubieses confrontado hace un par de meses, cuando mi mente estaba contaminada con la semilla del Chaos y la ambición, te habría aplastado como una cucaracha, sin piedad alguna. Quizá incluso te habría torturado hasta que murieses y hubiese preservado tu cabeza como un trofeo, tal y como lo hice con los tres emperadores elementales y como lo hice con mi hermana — remarcó, rememorando con pesar sus acciones como una dictadora — No obstante, a comparación de ti, he visto la luz y por fin me he dado cuenta de que, efectivamente, cualquier persona, incluso el más despreciable de todos los asesinos, es capaz de cambiar y limpiar su honor manchado. Incluso alguien como tú puede corregir sus terribles errores y volverse un ser honorable. Tus crímenes jamás podrán ser olvidados, pero puedes hacer algo que no solamente limpie tu dignidad, sino que salve a la humanidad. Justo ahora, el colaborar con nosotros para la salvación del multiverso es tu gran oportunidad...
Luzbel parpadeó unas cuantas veces para aclarar su visión y levantó su mirada para encarar a la princesa de la luna, quien seguía parada apenas a unos cuantos metros de él. El demonio se enfureció de ver a tan calmada y altiva, a su parecer, mujer, de modo que gruñó por lo bajo y la miró con todo su desprecio. No es que él sintiese condescendencia de parte de la albina, sino que a él poco le podría importar aquello de su honor y su dignidad que nunca existió. Todo aquello que no le afectaba personalmente le importaba un carajo.
— Tch. Qué persistente eres, maldita perra — masculló con odio el ángel de luz, mejor parecido a un demonio, por su personalidad tan venenosa — ¿Qué parte no entiendes de que me importa un carajo ustedes los inútiles humanos, incluidas ustedes las patéticas hadas? Soy un ser supremo, tan grande como Deus Ex Lux y Chaos juntos. Mi reino apenas está por venir y ustedes, los inútiles mortales, serán los primeros en irse. Nadie, ni aún una inútil como tú, podrá hacerme cambiar de opinión al parecer, mucho menos por la salvación de una inútil especie como los Homo Sapiens. Todos son basura.
— Sabes bien que aquello te incluye a ti, Luzbel. Si el universo muere y es esclavizado bajo el yugo de Chaos, tú también caerás con el multiverso. En el mejor de los casos, serías un esclavo más de Magnus — advirtió la princesa de la luna — Por puro interés personal, por puro egoísmo, deberías colaborar con nosotros, Lucero. Tu vida y tu independencia, si es que llegas a sobrevivir por supuesto, van de por medio.
La princesa de la luna extendió su mano al frente, invitando a una cooperación bilateral al demonio de luz.
— ¿Qué dices, entonces, Lucero de la Mañana? ¿Dejarás de lado tu arrogancia? ¿O vas a sucumbir a tu necedad? — desafió Kaguya, con una mirada seria, mas no agresiva — Toma tu decisión. Ésta puede ser tu última oportunidad.
El demonio se quedó en silencio unos segundos, pero después caminó y avanzó hacia la hija de Theia, quien se quedó en su sitio expectativa. Una vez llegó ante ella, Lucero se quedó en silencio unos segundos, procesando las palabras de sabiduría de la albina. Ciertamente, Kaguya tenía toda la razón en decir que, efectivamente, Chaos eventualmente acabaría con todas las formas de vida que le estorbaban, probablemente incluida la suya, y, de llegar a cruzar a la cuarta dimensión, conquistaría cualquier otro universo en el omniverso. Sabrá Dios hasta qué nivel de poder Chaos podría llegar de obtener múltiples genes a través del multiverso. Justo ahora, de hecho, Chaos estaba muy por encima de sus capacidades y de cualquier otro, con excepción de Sasuke y Sakura, los únicos dos seres que eran capaces de confrontarle en combate.
Por otro lado, Lucifer también comprendía que, de colaborar con los terrícolas, Sasuke y Sakura podrían exterminar con éxito a Chaos, antes de que pueda viajar al multiverso, pero aquello implicaría que Sasuke y Sakura se volverían los supremos seres de todo el infiniverso. Nadie, ni aún Chaos en su máximo poder, podría confrontar al Uchiha y a la princesa de las hadas, pues habrán derribado con eficacia al ser más poderoso de todo el cosmos. Incluso eliminando a Chaos, los planes de conquista del universo de Luzbel se verían desplomados por la pura existencia de Sasuke y Sakura, los guerreros definitivos de todo el omniverso. Peor aún: si llegaban a tener descendencia, aquellos descendientes de ellos serían absurdamente poderosos, pues se combinarían los dos genes más poderosos de todo el multiverso, el Cromosoma Adán y la Mitocondria Eva puros, y formarían a guerreros definitivos, incluso mucho más poderosos que ellos dos juntos. Serían seres inimaginablemente poderosos, capaces de exterminar cualquier potencial amenaza a sus intereses. Sería como dispararse en el pie el apoyar a los terrícolas. Serían quizá incluso peor que Chaos.
Sin embargo, eventualmente, por encima de la ambición y el poder, estaba la vida de Luzbel. Sin una vida independiente, no tendría absolutamente nada. Posteriormente, quizá podría negociar el siquiera tener un sitio donde vivir el resto de su eternidad en relativa paz, sin intervención de molestos mortales, aislado de cualquier otro ser. Un territorio donde nadie le moleste, mortales e inmortales por igual. Sería un buen sacrificio el subyugarse ante Sakura y Sasuke, a cambio de un poco de bienestar y paz.
Luzbel entonces tomó su decisión. El demonio tomó la mano de Kaguya y la estrechó levemente, sorprendiendo a la albina en el acto, pero quien no hizo ni el más mínimo esfuerzo por apartarse, pues había ganado terreno.
El demonio entonces sonrió, genuinamente.
— Realmente eres digna de admiración, princesa Selene. Eres hermosa, sabia y poderosa. Eres todo lo que un hombre busca en una mujer. Bienaventurado fue aquel que te tomó por mujer y procreó vida contigo. Eres sin duda una diosa entre los dioses. Un auténtico ángel de la bondad — comentó Luzbel, en un tono suave de voz de un auténtico caballero galante — ... Y precisamente aquella bondad fue la que cavó tu tumba...
Luzbel llenó su mano izquierda de un haz de luz y atacó a la peliblanca directo al pecho, en un ataque letal. Sin embargo, la albina anticipó el ataque, giró hacia su izquierda y atacó con una patada trasera al vientre del demonio, cargada de aura, con la cual lo mandó a volar a lo lejos, donde el demonio de luz se arrastró por el suelo varios metros, rodando constantemente en el piso rugoso que lesionaba cada vez más su cuerpo. Eventualmente, la propia tierra frenó su trayecto, hasta que quedó recostado sobre un montículo de tierra y roca.
La albina expandió de nuevo su aura y miró con desdén a su oponente.
— Realmente eres un estúpido, Lucifer. Aún al borde del precipicio, tu arrogancia te ciega — espetó Kaguya, entre molesta y decepcionada — Realmente no tienes salvación. Tal vez lo mejor para ti... realmente será la muerte...
Rugiendo agresivo, Luzbel se lanzó contra Kaguya en un puñetazo, pero la albina detuvo el golpe con su mano izquierda, protegida con una barrera mágica circular en forma de escudo. La peliblanca atacó con su mano rodeada de osmio el vientre de su enemigo, con lo cual le hizo vomitar sangre. Lucifer retrocedió un poco, pero después hizo un intento de atacar a la albina con una patada de giro, mas Kaguya se agachó, giró hacia su derecha y atacó a su enemigo con una patada de cola de dragón, con lo cual derribó al demonio. En el suelo, Kaguya dejó caer su tacón stiletto sobre la cabeza de su adversario, pero el demonio giró a tiempo, de modo que el filoso tacón de la peliblanca se enterró en el suelo, dejando un pequeño agujero con la punta del tacón.
Lucifer se incorporó como pudo, tensó fuertemente su puño derecho y lanzó un golpe contra la mandíbula de Kaguya, pero la albina eludió el ataque con una inclinación de su cabeza hacia atrás. La hada después dio un elegante salto walkover hacia su espalda y atacó con su tacón derecho la mandíbula de su enemigo, quien reculó ante el golpe y se llevó su mano a su mentón, de donde comenzó a sangrar a causa del tacón que cortó su piel y un poco de la carne de su quijada. Kaguya no se detuvo en aquella acción, de modo que dio ahora un salto hacia su izquierda y atacó a su enemigo con una patada remolino a la cabeza de su enemigo, quien escupió sangre cuando fue golpeado con aquel metal que rodeaba la pierna de la peliblanca, el material más denso después de una estrella de neutrones.
Aquel golpe tambaleó al demonio unos pasos, pero el monstruo reaccionó con un gancho directo al rostro de Kaguya. Mas sin en cambio, la peliblanca desapareció en una pila de rosas, reapareció a las espaldas del demonio y atacó con varias puntadas cargadas de aura a la espalda del Lucero de la Mañana. Pronto, Lucifer se sintió débil, al percibir que sus músculos fueron debilitados con los golpes suaves que le propinó Kaguya, y cayó al suelo, sintiendo su cuerpo que pesaba nonillones de toneladas. Aún con ello, el demonio atacó con un gancho de su brazo izquierdo, pero la peliblanca atrapó el brazo del demonio entre su propio brazo izquierdo y el derecho, en una especie de llave, y de un sólo movimiento le rompió el brazo a Luzbel, haciendo que el demonio gritara de dolor y que se sostuviese su brazo quebrado, además de que cayó al suelo de rodillas.
Y a pesar de todo ello, Luzbel gruñó, se incorporó e intentó golpear el rostro de Kaguya con su mano derecha. Lamentablemente, para él, ahora carecía de la fortaleza física para hacerlo, de modo que Kaguya desvió de un manotazo su golpe y después le atrapó con la mano derecha de ella su garganta, asfixiándole en el proceso y haciendo que el demonio cayese de nuevo arrodillado al suelo. Por más que Luzbel golpeaba a la albina con su mano derecha, parecía que golpeaba un muro de acero, de modo que no le causaba ni aún el más mínimo de los daños. Pronto, al ver que sus ataques no surtían efecto, desistió completamente.
— Es inútil, Luzbel. Ahora tienes la fuerza de un bebé recién nacido. No puedes lastimarme de ningún modo — sentenció Kaguya, apretando con fuerza el cuello del demonio — Cuando ataqué tu espalda y nuca, paralicé tu sistema nervioso central e inutilicé tus músculos. No podrás recuperar tu movilidad por un par de horas. Las suficientes para matarte.
La albina levantó del cuello a Luzbel, quien ya no podía moverse en lo absoluto, y lo miró amenazadora a los ojos. Lucifer sabía que lo único que le esperaba era la muerte. Ya no había nada más.
— Realmente lamento que tenga que quitar una vida más. Me prometí el no volver a hacerlo, pero me veo imposibilitada y atada de manos — se lamentó la albina, tensando su agarre en el cuello de Luzbel con ambas manos — Descansa en paz, príncipe de la mañana...
curiosamente, Lucero sonrió.
— No si antes me llevo a los inútiles terrícolas conmigo — amenazó el demonio, haciendo que Kaguya entrecerrase su mirada — Kepler-22b, ¿cierto? Es ahí donde se ocultan los terrícolas supervivientes de Terra. Los destruiré a ellos, junto con los junonianos y a Juno entero con ellos.
Luzbel levantó su cabeza a lo alto, bramó como monstruo y expulsó un aura oscura de su boca, la cual se transformó en otra quasiestrella de dimensiones colosales, quizá de al menos la mitad del radio del universo Prime, es decir poco más de cuarenta y seis mil millones de años luz, que además estaba a una distancia inconmensurable. Al menos así se veía desde lo lejos, como una pelota de un metro de diámetro.
La albina levantó su mirada a lo alto y se quedó impactada del tamaño de aquella quasiestrella, de modo que entrecerró su mirada y vio cómo comenzaba a moverse en dirección a donde se hallaba el planeta Kepler-22b, mejor conocido por los terrícolas, Kaguya y el resto como Juno, a una impresionante velocidad, por encima de la velocidad de la luz. A simple vista, parecía que la distancia entre el sistema Kepler-22 y aquel orbe apenas eran de kilómetros. La peliblanca sin duda se alarmó de aquella esfera masiva que amenazaba con destruir el planeta más parecido a Terra en todo el universo conocido, pero pronto se volvió su mirada al demonio de luz, quien sonrió como demente.
— Elije ahora, princesa de la luna. Los terrícolas y junonianos, o mi muerte — desafió Lucero, riendo como un maniaco.
Sin pensarlo dos veces, Kaguya soltó de inmediato a Lucifer, quien cayó al suelo pesadamente, y quedó tendido de espaldas, para después desaparecer de aquella zona, aparecer a aproximadamente un año luz de distancia del orbe. Kaguya entonces extendió sus brazos y piernas a los costados, sus brazos en un ángulo de al menos cuarenta y cinco grados y sus piernas unos veinticinco grados, cargó su aura al máximo y gruñó al incrementar su poder. Incluso sus alas brillaron como auténtico metal precioso, demostrando el tremendo poder que poseía Kaguya y que asombró a varios seres en los planetas cercanos a donde se hallaba la albina.
— ¡Caelestis Lumen! — bramó como un trueno Kaguya, extendiendo sus manos al frente.
Kaguya entonces disparó un jet en dirección de aquella quasiestrella, uno de al menos un parsec de diámetro, que brillaba como un auténtico quasar y que tenía una temperatura de al menos un decillón de veces superior al del límite de la física. El resplandor tan poderoso opacó toda visibilidad en el universo Prime, haciendo que todos los seres vivos en el cosmos, incluidos los que estaban en la nave, se tuviesen que cubrir la mirada ante tan imponente Resplandor Celestial, como Kaguya llamaba a aquel poderoso ataque, uno de sus más poderosos, tan sólo detrás de su Juicio Divino.
El ataque llegó en cuestión de segundos hacia donde se hallaba la quasiestrella y colisionó limpiamente con ella, traspasándola de inmediato y consumiéndola como un papel bajo fuego etéreo. De inmediato, se dio una explosión resultante de dimensiones colosales, menor a su Danza de la Muerte, aunque sobrepasando el legendario Big Bang, encima de que Kaguya controló a la perfección sus poderes, de modo que no destruyese ningún ser dentro del universo primigenio. El brillo resultante dejó iluminado todo Prime y pudo ser visto como un diminuto punto de luz en la oscuridad perpetua desde los otros universos, aún en las zonas más remotas del mismo.
Luzbel, entre tanto, soltó un grito al ser igual consumido por aquel resplandor, y se pudo apenas apreciar cómo su cuerpo se desintegraba bajo aquel Resplandor Celestial con el cual le atacó Kaguya, de manera indirecta por supuesto, dado que Kaguya buscaba exterminar aquella quasiestrella que amenazaba con destruir el único planeta donde prosperarían los terrícolas sobrevivientes del planeta Terra. El resplandor de aquel ataque se siguió expandiendo más allá del horizonte cosmológico de luz, hasta que se perdió eventualmente en los confines del universo Prime, como se le llamaba al universo en el que vivían Sasuke, Sakura, Kaguya y el resto, de modo que aquella luz viajaría por toda la eternidad, sin un rumbo fijo.
Eventualmente, sin embargo, aquel resplandor se desvaneció por completo, dejando a una Kaguya brillando con su colosal aura de al menos un año luz de diámetro, con sus alas de ángel extendidas y su modo Primordial Sigma aún activo. Pronto, la albina bajó sus manos a los costados de su cintura, relajó su cuerpo con un suspiro y miró en dirección a donde se hallaba anteriormente la quasiestrella, donde ahora únicamente había una preciosa nebulosa en tonalidad verde aqua.
La albina cerró sus ojos un momento y soltó un chasquido de su lengua, para después llevarse su mano al comunicador que tenía en su oreja y oprimir un botón.
— Aino... ¿puedes escucharme? — llamó Kaguya, con su comunicador.
Pasaron unos cortos segundos y Kaguya recibió su respuesta.
— Aquí Aino. ¿Sucede algo, princesa Selene? — replicó la morena, líder de Juno.
Kaguya soltó un suspiro y abrió sus ojos, con una mirada de frustración y de molestia al mismo tiempo.
— Lo siento, pero fallé en mi misión. Luzbel pudo escapar — confirmó la albina, con pesar.
Pasó un momento de silencio absoluto, torturando a la princesa de la luna con aquella pausa tan larga. Eventualmente, sin embargo, Kaguya de nuevo recibió su respuesta de parte de la presidenta de la república de Juno.
— Descuide, princesa Kaguya. Tal vez no pudo exterminar al Pain Elemental en el sello de la luz; sin embargo, aún es posible recuperar el susodicho sello — mencionó la pelinegra, sorprendiendo a Kaguya al rememorarle que, en efecto, la misión era recuperar el sello, no matar a Lucifer — La misión no ha fallado, Lady Luna. Recuperar el sello es nuestra prioridad y aún puede lograrlo, m'lady. Le indicaré las coordenadas, ya que puedo detectarlo en la computadora.
Kaguya asintió, ya más confiada y determinada.
— Por supuesto. Prometo que no fallaré — aseguró la albina.
— Lo sé, princesa. Le guiaré directo a donde se ubica el sello de la luz. Por favor, siga mis instrucciones.
— Entendido.
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Luzbel reapareció en una zona parecida al interior de un volcán, con lava por todas partes y con seres humanoides siendo torturados por monstruos relativamente pequeños, pero horripilantes. En el suelo, apareció el pentagrama donde Luzbel se transportaba y el demonio se formó en una llamarada escarlata, de modo que todos los demonios presentes en la zona fueron de inmediato en su auxilio y le sostuvieron por los brazos, evitando que el Lucero de la Mañana colapsara en el suelo.
— ¡M'lord, permítanos ayudarle!— dijeron los demonios, quienes de inmediato administraron magia de sanidad al cuerpo de su amo.
Pasó así aproximadamente un minuto, donde los demonios administraron atención médica al demonio mayor, el ángel caído del firmamento, hasta que poco a poco Lucifer recuperó su movilidad y sus energías.
— ¿Qué fue lo que sucedió, Lord Apollyon? Está en muy mal estado — comentó otro de los demonios, una vez ya todos en pie.
Luzbel miró con desprecio al demonio, quien casi se orina del susto y quien agachó su mirada, postrándose ante su señor.
— ¡Lo lamento tanto, m'lord! ¡Por favor, perdone mi atrevimiento!
El demonio de luz chasqueó su lengua e ignoró por completo a su sirviente, haciendo que éste suspirase de alivio. El ángel caído caminó en dirección a su trono y tensó sus puños, al saberse derrotado por una inferior hada, como él consideraba a Kaguya.
— General, prepare a todos los ejércitos demoniacos. Tenemos que ocuparnos de aquel odioso de Chaos, antes de que nos genere más problemas — ordenó Luzbel a un Brute colosal detrás de él, quien asintió.
— Como ordene, mi señor. ¿Desea que mande a unos demonios rastreros a dar con el paradero de Magnus?
— Aquello no será necesario... — contestó otra voz, haciendo que todos, especialmente Luzbel, volviesen su mirada hacia donde provenía — ¡Sorpresa, imbéciles! — se burló el ser, con una sonrisa.
— ¡Chaos! — gruñó Lucifer, impresionado de ver al demonio Uchiha frente a él, quien sonreía malévolo — ¡¿Cómo es que tú...?!
— No olvides que yo existí mucho antes de que tú, un patético querubín, siquiera naciese, Luzbel... — manifestó frío y socarrón el Uchiha maligno, extendiendo a los costados sus brazos, desafiando a Luzbel — Aquí estoy, Lucero. Es tiempo de que te sometas a mí o que enfrentes la extinción. Decide ahora.
El demonio de la luz rugió con fuerza y formó frente a sus manos un orbe de plasma, la cual además hizo crecer a un tamaño aproximado de diez metros, y que encima estaba infundida con un aura de tonalidad turquesa, extremadamente caliente. Luzbel sostuvo la esfera en lo alto, aumentó su aura al máximo y miró con furia a Chaos, quien se mantenía calmado y sonriente, irritando aún más a Lucifer.
— ¡Prepárate a morir, Chaos! ¡Yo seré el supremo amo del multiverso! — bramó el ángel caído.
Luzbel arrojó aquel orbe de plasma contra Chaos y colisionó en la zona donde estaba Magnus. Onikage, sin embargo, no hizo nada por moverse, sino que incluso extendió más los brazos a sus costados, como si fuese a recibir una pelota de algodón o como si se tratase de un juego.
El destello resultante encegueció al menos un área de un año luz y la energía sacudió al menos un área de un parsec, con un temblor que sacudió levemente el tejido espacio/tiempo, mas no para destruirlo por completo. Varios demonios en el sitio fueron atrapados dentro del radio de la onda de choque y fueron consumidos por aquel plasma supercalentado que los desmanteló por completo en una pila de partículas subatómicas. La energía pudo ser vista desde los confines del universo, aún como un diminuto punto en Prime.
Cuando la energía se disipó, no se podía ver por ningún lado a Onikage, quien parecía haber desaparecido por completo. Apenas se mostraba su capucha completamente destruida y quemada, por lo que Lucero sonrió como demente y soltó una risotada.
— ¡Lo maté! ¡Hahahaha! ¡Realmente lo maté! — se burló el ángel de la luz — ¡Se murió aquel maldi...! ¡Ugh...!
De pronto, Lucifer vio cómo a través de su pecho se había enterrado una mano con un guante, la cual había destrozado todo su pecho, perforado por completo su corazón y estaba toda ensangrentada. El demonio vomitó de inmediato sangre y miró hacia sus espaldas, viendo cómo Chaos le miraba fríamente y cómo estaba completamente rodeado de electricidad. Electricidad que infundía al cuerpo del ahora moribundo demonio caído del firmamento.
— ¿Creíste que jamás me iba a dar cuenta de tu intento de golpe de estado en mi contra, Apollyon? — masculló con desprecio Onikage, aumentando la descarga eléctrica en el cuerpo del moribundo Luzbel — Olvidaste que yo fui el que te dio la vida, Lucifer... Por mí es que tuviste todo aquel poder que demostraste en tu pelea con Kaguya... Por mí es que fuiste liberado del tormento de Deus Ex Lux... Yo fui el que te bendijo con poderes inimaginables, ¡¿y así es como me lo agradeces?!
Lucifer ya no podía responder, pues estaba tan brutalmente herido que sabía que pronto perdería el conocimiento y moriría a manos de Chaos.
— Pudiste haber sido mi más grande mensajero, Luzbel, pero tu arrogancia y ambición te cegó por completo... Jamás fuiste lo suficientemente fuerte como para derrotar a Lux, mucho menos para confrontarme a mí... Habrías muerto de todos modos... — condenó Onikage, tomando de la orilla de la herida el cuerpo de Lucifer — Hasta nunca. Resucita a la muerte, Lucero de la Mañana...
Chaos levantó el cuerpo de Luzbel, lo tomó con ambas manos de la herida y lo partió en dos, esparciendo por todas partes sangre y vísceras, con lo cual mató completamente al demonio, cuyo cuerpo mutilado convulsionó un par de veces, antes de finalmente morir. Los demás demonios, horrorizados y temerosos, de inmediato se postraron ante Chaos, quien pisoteó completamente la cabeza del ángel de la luz, ya muerto, y le veneraron y honraron, como al Dios todopoderoso se lo hicieron, alguna vez.
— Un estorbo menos — masculló con odio y burla Onikage, riendo entre dientes — Siguen ustedes, Sasuke y Sakura Uchiha... Siguen ustedes, Prime...
La risotada de Chaos se escuchó, literalmente, a años luz de distancia, aterrando a las pocas formas de vida aún existentes en el universo. Aquellas que pronto serían conquistadas por el demonio Uchiha.
El Universo pendía de un hilo. Solamente Sasuke y Sakura podían salvarlo de la extinción.
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Gracias a aquellos que siguen ésta historia, tras más de seis años desde su concepción.
Éste tal vez no es de mis episodios favoritos, pero es necesario para el avance de la historia. Además, me gustó plasmar a lucifer como parte de la historia.
Yo espero pronto tenga más tiempo para actualizar más seguido, porque el trabajo me ha robado el poco tiempo que de por sí tengo. Yo espero ahora sí el próximo año ya pueda finalizar la historia.
Sin más que aclarar por el momento, me despido de ustedes, linduras.
