Nota de Autora: Éste fic, pese a su nombre, no está relacionado con mi fic principal, A Fairy Tale (para aquellos que leen el mencionado). Se puede decir que éste es un universo alterno.

Adicionalmente, quiero disculparme con la gente que, en su momento, me comisionaron el hacer fics con temáticas específicas. Lamentablemente, no he podido cumplir con sus comisiones, debido a que he estado sumamente ocupada con trabajo y algunos asuntos personales. Apenas tuve tiempo de escribir y editar éste one-shot y mi fic principal me ha robado bastante tiempo. Yo espero acelerar la conclusión de A Fairy Tale para por fin dedicar más tiempo a ésta sección.

Sin más que aclarar, seguimos al fic y a la descripción.

Pareja: SasuSaku

Clasificación: M

Advertencias: Sexo explícito, hebefilia.

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A Fairy Tale.

En un mundo donde hadas, elfos, hechiceras, sirenas y toda clase de seres mágicos existían, una dulce y joven hada vivía en el medio de un bosque mágico, lleno de criaturas misteriosas y animales con sintiencia, capaces de no solamente hablar, sino de pensar y de percibir sus alrededores. Aquella dulce hada, de no más de un metro cuarenta de estatura, ante su pequeño cuerpo, de cabello rosa salmón, largo hasta las rodillas y lacio, con orbes esmeralda cautivadores y un cuerpo bonito, aunque aún en desarrollo, piel albina y facciones faciales sencillamente perfectas, se hallaba agitando con un cucharón una olla con lo que parecía ser un caldo.

Aquella dulce hada sonreía dulcemente, alegre sin razón aparente. Su vida era sencilla, relativamente monótona y confinada a ser una sencilla mujer de hogar; y mujer hablando de manera subjetiva, realmente. La vida de aquella preciosa ninfa estaba limitada a prácticamente ser como cualquier otra aldeana, cuando ella alguna vez fue una monarca en el reino más grande de todas las hadas: Iridia. Era curioso que una chica como ella, quien bien podría tener todo un reino a sus pies, aunque no como lo imaginaría una persona regular, ahora era una chica sencilla, viviendo en un humilde, pero bello hogar. No carecía de necesidades; su amado se encargaba de ello. Quizá carecía de lujos; lujos que otras hadas, incluso de menor jerarquía que ella antes tenía, poseían. No obstante, aquella dulce hada no podía ser más feliz. Quizá no estaba viviendo rodeada de lujos hedonistas, aunque tampoco es como si viviera en miseria, pues vivía una vida sencilla, mas satisfactoria. Especialmente porque tenía algo que ninguna mujer en el multiverso tendría.

Su amado y dulce príncipe.

La puerta de aquel humilde, aunque perfectamente cómodo, hogar se abrió lentamente e ingresó una figura masculina, de un metro ochenta y cinco de estatura, con cabello negro ligeramente largo, aunque rebelde y masculino, tez olivo con un exquisito bronceado, mas no exagerado, y además el hombre era muy musculoso y con un porcentaje de grasa corporal bastante bajo, de modo que sus colosales músculos relucían increíbles. Toda aquella masculinidad estaba acentuada por una barba conocida como la barba de las cinco en punto, dándole a aquel hombre, o mejor dicho joven, una belleza masculina increíble, digna de los dioses del Olimpo.

La dulce ninfa aún no se había percatado de la presencia de aquel apuesto moreno, quien colocó su abrigo con capucha en el perchero de la pared, para después aproximarse lentamente a la dulce niña hada, aún ocupada cocinando un exquisito guiso, con la más bella sonrisa imaginable. El moreno se acercó a su pequeña, sonrió genuino y se pegó a ella, aunque sin aún tener contacto directo con la ninfa. Sakura tarareaba una dulce canción, mientras sonreía bellamente y seguía agitando la comida.

Pronto, la hada sintió un par de musculosos brazos rodear su vientre, por lo que se sorprendió al principio, pero luego sonrió feliz y sonrojada, al reconocer aquel aroma tan masculino de su amado. Su femenino y delicado cuerpo de inmediato reaccionaba al fuerte y masculino de su hombre. La pelirrosa soltó el cucharón con el que agitaba la comida que eventualmente consumirían entre ambos y se volvió al amor de su vida. La ninfa enredó sus pequeños y delicados brazos alrededor del cuello del amor de su vida y entonces lo besó dulcemente, por lo que el moreno correspondió el beso de su pequeña novia.

— ¡Sasuke-kun, me asustaste! — le recriminó Sakura, con una dulce sonrisa.

El Uchiha se encogió de hombros.

— No quise interrumpirte. Te vi bastante ocupada, con lo que estabas cocinando.

Sakura sonrió de nuevo y besó de nuevo a su amado. Cualquiera juzgaría que alguien tan pequeña como ella, apenas con doce años de edad, estuviese no solamente con un hombre de veinte años, como lo era su amado Sasuke-kun, sino que además de ello vivía de tiempo completo con él, como una esposa lo hacía. Había intercambiado una vida llena de lujos, como una princesa hada, para vivir una vida sencilla con un chico que recién había cumplido la mayoría de edad, hace apenas unos días de hecho. No solamente ello, sino que Sakura no era cualquier novia boba de mano sudada, sino que tenía incluso una vida íntima con su amado pelinegro.

Lo cierto es que el peso de la humillación y controversia recairía más en Sasuke que en Sakura, debido a que un chico de veinte años como él prácticamente estaría abusando de una niña de doce años. Era prácticamente abuso sexual, incluso si Sakura lo consentía, pero la princesa de las hadas amaba tanto a su querido Sasuke que no le importaba el que un hombre mayor estuviese "abusando" de ella. La realidad era mucho más compleja, ya que Sasuke jamás la obligó a nada y se puede decir que ella también es cómplice del amor ilícito que compartían. Ella era cómplice de pecar al lado de su amado, en aquella relación prohibida y pecaminosa, a los ojos de la religión y la sociedad.

Después del beso, Sasuke llevó sus manos al abultado vientre de Sakura y lo acarició suavemente. No era que Sakura estuviese en sobrepeso, ya que tenía una figura perfecta, salvo por el abultado vientre que tenía, claro está.

— Ha crecido bastante. Ya casi está a punto de nacer, ¿no es verdad? — refirió Sasuke, aún acariciando el vientre de su amada.

Sakura se abochornó, al rememorar el que estaba embarazada del hijo de su amado Sasuke-kun, o al menos pensaba que era un niño. La pelirrosa agachó su mirada a su vientre encinto y puso sus pequeñas manos en las de su amado pelinegro, grandes, fuertes y con venas resaltadas, además de ligeramente velludas. Sakura estaba ya pasado el octavo mes, en su tercer trimestre de embarazo, notoriamente por su pancita abultada. Su vientre ya era prácticamente evidente y era imposible ocultarlo de cualquier mirada, incluso si utilizase una túnica larga. Debido a su embarazo, de hecho, Sakura vestía un tanto más conservadora, no exponiendo casi piel, con aquel vestido de estilo griego, pero con poco escote y sin las aberturas laterales que antes solía vestir.

En efecto. Sasuke Uchiha, en aquel entonces de diecinueve años de edad, embarazó a Sakura Haruno, princesa hada, con tan sólo once años de edad. Era un crimen, altamente controversial y digno de demonización y condenación, a los ojos de la sociedad, pero la realidad era que Sakura no podía estar más feliz, pese a las circunstancias. Vivían prácticamente en el exilio, en condiciones casi ermitañas. Era una vida rural, carente de lujos, mas no necesidades. De todos modos, Sakura lo único que necesitaba era el amor de su Sasuke-kun.

Tal y como ella, Sasuke había renunciado a una vida de lujos, incluso superiores a los de ella, al ser él el descendiente de Wintersun, el reino más grande de todo Gaia, para vivir al lado de una princesa hada, en condiciones humildes, mas no de pobreza como tal. Sasuke había pasado de ser un joven que tenía el mundo en la palma de su mano, al ser hijo de los emperadores Fugaku y Mikoto Uchiha, actualmente difuntos, para vivir un amor prohibido en los confines del continente olvidado, donde ningún ser de la especie Homo Sapiens, o humanos comunes, habían colonizado. Era tierra de hadas y seres mágicos.

Y aún en aquellas tierras, Sasuke y Sakura vivían aislados del resto, en un bosque igualmente olvidado, donde únicamente animales vivían, además de Sasuke y Sakura. En aquel sitio, ambos podían vivir felices, sin ser perturbados por aquellos que buscaban simplemente demonizarlos por el pecado de amarse, pese a la diferencia de edad. Incluso si habían renunciado a lujos y alta jerarquía, sobretodo Sasuke, ambos no podían ser más felices.

Sakura levantó su mirada, le sonrió al amor de su vida y lo besó con todo su amor.

— ¿Aún estás nervioso por convertirte en padre, amado mío? — preguntó la ninfa, con dulzura.

Sasuke negó levemente.

— Sabes que enfrentaría a Thanatos, con tal de formar una familia a tu lado, Cerezo.

Sakura besó de nuevo, aunque cortamente, a su pelinegro.

— No tienes porqué hacerlo, amor mío. Ahora estamos juntos, lejos de aquellos que nos juzgan por compartir nuestras almas y corazones. Nadie jamás podrá separarnos, Sasuke-kun. Crearemos una familia lejos de la corrupción de la sociedad y de la avaricia de sus reyes.

Sasuke puso un rostro un poco serio, extrañando un poco a Sakura.

— Hablando de ello... ¿realmente estás feliz con todo ésto, Sakura? — inquirió el moreno, dejando un poco más dubitativa a la bella niña — Es decir... ésta no es una vida digna de una princesa hada como tú. En Iridia, lo tenías todo, incluyendo un prometido que te daría la clase de vida que una monarca heredaría...

Sasuke, de hecho, no pudo evitar sentirse irritado de imaginarse a otro hombre, casándose con su niña. El tan sólo imaginar a otro imbécil el siquiera hablarle a su Cerezo le hacía hervir la sangre. Sasuke siempre se decía que esperaba algún día el llegar a conocer a aquel mequetrefe, teniendo el "honor" de llegar a saber de quién se trataba aquel rufián, anterior prometido de Sakura, ya que Sasuke se encargaría de borrarlo de la faz de la tierra y de coleccionar su cráneo como un oscuro trofeo y como advertencia a cualquier otra escoria que osare incluso intentar arrebatarle a su niña.

El moreno se calmó un poco y miró a Sakura, aún extrañada.

— Lo que quiero decir es que... ahora estamos viviendo como dos exiliados, en el medio de la nada, sin la posibilidad de otorgarte la vida de lujos que mereces, princesa — prosiguió el Uchiha, ya más tranquilo — Ésta no es la clase de vida a la que tienes derecho, Cerezo. Tú mereces estar con alguien que te pueda dar todas las riquezas del mundo, no con un monarca desterrado y miserable como yo, princesa, y...

Sakura, sin embargo, sonrió dulcemente, de nuevo, y besó de pico en los labios al amor de su vida.

— Nada de éso importa, Sasu-kun — le susurró con ternura Sakura, con aquel tierno seudónimo que solía usar para con su amado; el menos cursi de todos, siempre decía Sasuke — Las riquezas son bienes materiales que con el tiempo se degradan y se desperdician, amor mío. Cuando el todopoderoso me llame a cuentas, me iré sin una sola moneda, bien o poder que pude haber tenido en Iridia y en Gaia. Ni las riquezas inconmensurables, así como propiedades enormes, o cualquier clase de regalía y jerarquía que pudiese llegar a tener, lo vale, amado mío... Lo único que quiero es tu amor...

Sakura se abrazó a su amado y cerró sus ojos, mientras aspiraba el masculino aroma de su amado Sasuke-kun. El moreno simplemente depositó su mentón definido y cuadrado en la cabecita de su pequeña, a quien abrazó con sus poderosos brazos.

— Nada de bienes materiales me importan, Sasuke-kun... Yo solamente te quiero a ti... — musitó Sakura, con su dulce voz — No quiero dinero, poder ni aristocracia. Solamente quiero vivir el resto de mis días a tu lado, Sasuke-kun. Quiero formar un hogar contigo. Un dulce y bello hogar, donde ambos vivamos felices y en paz, sin aquellos que busquen condenarnos por amarnos, Sasu-kun... Un bello Elysium, donde vivamos felices, hasta el fin de nuestros tiempos...

Sasuke sonrió y estrechó a su pequeña novia. Su esposa, de hecho, para efectos prácticos.

— Yo también, Cerezo... Solamente quiero tenerte a mi lado y hacerte parte de mi familia y mi vida...

Sakura levantó su mirada, miró a su novio, le sonrió dulcemente y acercó sus preciosos labios rosa pálido a los semiásperos y masculinos de su amado, a quien besó con ternura, con ligera profundidad. Sasuke profundizó el beso y acarició el cuerpo de Sakura, primero acariciando el suave vientre de su pequeña, queriendo sentir el bebé que ya estaba prácticamente totalmente desarrollado y en espera de nacer. Sakura de nuevo llevó sus brazos al cuello de su amado Sasuke-kun y profundizó el beso, incluso usando su lengua para frotar con la de su amado.

Pronto, las traviesas manos de Sasuke descendieron a las nalgas de Sakura y las apretaron con firmeza, mientras que la dulce niña soltó un gemido que fue ahogado por los labios de su amado pelinegro. Sasuke amasó las nalgas de Sakura, mientras seguía devorando los labios de la ninfa. Sakura simplemente se limitó a acariciar el cabello de su amado moreno y a enterrar sus dedos en la espesa cabellera azabache. Su cuerpo, sin embargo, reaccionaba de manera maravillosa a las caricias de su amado Sasuke-kun.

En cuestión de segundos, Sakura sintió cómo el enorme pene de su amado Sasuke se frotaba contra su vagina, por encima de su vestido y sus bragas por supuesto. La punta del pene de su amado acariciaba sus pliegues, incluso por encima de la ropa.

— Dios... mira cómo me pones, Cerezo... — enunció ronco Sasuke, aún manoseando a Sakura y besándola, como si fuese el último día que la tendría a su lado — Me vuelves loco...

Sakura apenas podía con el poderoso libido de su amado. Ella seguía siendo una niña, en todo el sentido de la palabra, mientras que Sasuke parecía haber nacido para complacerla, igualmente en el sentido literal.

— Aún a pesar de que estoy embarazada... no has dejado de desearme, ¿no es verdad, Sasuke-kun? — preguntó la niña hada, con voz dulce y sensual, al mismo tiempo.

Sasuke abrió un poco los ojos, besó más intenso a Sakura y le apretó más las nalgas, haciéndola gemir con fuerza.

— Jamás dejaría de desearte, princesa... Siempre serás la única mujer en mi vida, Cerezo... — replicó el moreno con algo de dificultad, ante su excitación.

El moreno entonces sorprendió a Sakura, cuando la levantó de las nalgas y pronto la cargó a modo de princesa, teniendo cuidado de no lastimarla, aún menos al bebé que esperaban ambos, con suerte varón a la preferencia del Uchiha. El pelinegro besó a Sakura, quien correspondió dulcemente al beso que le dio su amado, y durante el beso Sasuke se encaminó escaleras arriba, en la humilde, pero cómoda casa en la que ahora ambos vivían, por más de un año. Sasuke pronto subió los escalones de la casa de madera y llevó a la habitación a su pequeña Sakura, quien correspondía los besos que le daba el amor de su vida, sin siquiera percatarse de lo que sucedía a sus alrededores.

Eventualmente, Sasuke y Sakura llegaron a la habitación que compartían, razonablemente espaciosa para una pareja de enamorados como ellos. El moreno pronto se sentó en la cama y colocó a Sakura de espaldas hacia él, sin dejar de besarla ni acariciarla, al igual que la pequeña niña hada jamás apartó su pequeña mano izquierda de la nuca de su amado, así como sus labios de cereza de los picantes de su amado Sasuke-kun.

Las manos de Sasuke pronto comenzaron a levantar el vestido de Sakura y a revelar aquellas increíbles piernas de modelo de las que era poseedora la ojiesmeralda. A pesar de su relativa corta edad, Sakura tenía unas piernas bien formadas, una figura de reloj de arena, con caderas anchas y una diminuta cintura, aunque debido al embarazo de Sakura se podía ver un vientre bastante pronunciado, ya entrando en el noveno mes. Las manos de Sasuke pronto comenzaron a acariciar las piernas de Sakura, desde las rodillas, pasando por el interior de sus muslos, hasta que llegó a las pequeñas bragas de algodón y encaje. Sasuke acarició el puente de las panties de la ninfa y le hizo sacar un gemido sensual, mezclado con la voz dulce e infantil de Sakura.

— Sasuke-kun... — gimió la princesa hada, entre los labios del amor de su vida.

El puro gemido sensual de Sakura puso como roca a Sasuke, de modo que su enorme pene se puso erecto y quedó apoyado contra las nalgas de la ninfa, quien gimió de nuevo, al sentir semejante monstruo frotarse contra su trasero.

Las caricias y besos subieron de tono, de modo que ahora Sasuke metía sus mano derecha dentro de las bragas de Sakura y acarició con su dedo medio el clítoris de su niña, incluyendo los labios vaginales de la hada. La ninfa de cerezos se retorció del placer, al sentir la mano de su amado Sasuke acariciar su vagina y el cómo su amado pelinegro metía su dedo medio dentro de la cavidad vaginal de ella. Inconscientemente, aunque más por reacción de su propio cuerpo, Sakura comenzó a restregar su respingón trasero de burbuja contra el enorme pene de Sasuke, el cual gruñó contra los labios de su Cerezo.

Durante sus caricias, Sasuke pronto llevó sus manos a los senos de Sakura, los cuales apretó por encima del vestido de la ojiesmeralda. A pesar de su corta edad, sorpresivamente Sakura tenía un busto definido, aunque proporcional a su cuerpo de preadolescente. Cuando Sasuke incrementó las caricias en los senos de Sakura, la pelirrosa jadeó sensual y sus pezones se pusieron firmes, mas curiosamente se mantenían relativamente suaves.

Sasuke entonces descendió al cuello de Sakura, lo besó y después bajó los tirantes del vestido de su pequeña novia, hasta que los descendió por los suaves, pequeños y delicados brazos de la ninfa. El moreno descendió los tirantes lo suficiente para que el sujetador de algodón y encaje de Sakura quedase expuesto, por lo cual el Uchiha de inmediato llevó sus grandes manos a los senos de Sakura y los acarició de nuevo, ahora amasando la piel expuesta del busto de su Cerezo. Pronto, el azabache volvió a sellar sus labios contra los de su pequeña novia, quien casi sentía explotar en un orgasmo, con las caricias de su amado moreno.

Eventualmente, Sasuke descendió el sujetador de Sakura y reveló aquellos preciosos senos firmes y jóvenes, con unos pezones tonalidad rosa pálido y una pequeña areola que los hacía lucir tiernos y suculentos. Sasuke detuvo un momento sus besos contra los labios de Sakura y miraba cómo sus manos acariciaban los senos y pezones de su niña. La ojiesmeralda, sin embargo, no dejaba de jadear ante las caricias de su amado Sasuke.

— Dios... realmente te crecieron, ¿huh? — dijo Sasuke, maravillado del tamaño del busto que ahora tenía Sakura; razonablemente grande para su estatura, pero no exagerado como tal — Veo que el embarazo te sentó de maravilla.

Sakura se sonrojó intensamente y trató de apartar las manos de su novio, pero no se atrevió a moverlas ni aún un poco.

— Me pregunto si te volverán a crecer si te embarazo de nuevo — bromeó el Uchiha, mientras atrapaba los dos senos de Sakura con sus manos.

— Sa-Sasuke-kun... no digas ésas cosas, por favor... — musitó nerviosa la chica,

Sasuke se rió levemente y siguió acariciando los senos de Sakura. Pronto, sin embargo, el moreno se las ingenió para llevar su boca al seno derecho de Sakura, al cual succionó como un bebé, hambriento por la leche de su madre. La lengua del moreno jugó con el pezón de Sakura, frotando de un lado a otro la punta de la lengua contra el rozado pezón de la princesa de las hadas. Sakura simplemente se retorcía del placer, al sentir la húmeda, cálida y ligeramente áspera lengua de su amado Sasuke-kun.

— ¡Ahhh, Sasuke-kun...! — gimió la pequeña hada, mientras acariciaba los cabellos del amor de su vida, con su pequeña mano.

El moreno no dejó de succionar de los senos de Sakura. De hecho, Sasuke accidentalmente extrajo un poco de la leche materna de la princesa de las hadas. Dado que estaba embarazada, Sakura ya estaba produciendo leche materna y aquello se vio reflejado en el hecho de que en la boca de Sasuke se depositó un chorro de leche que salió de los pezones de Sakura, como si se tratase de una regadera. Sasuke continuó succionando el pezón de su pequeña novia, cada vez extrayendo más leche del precioso pezón de Sakura, quien se volvía loca de sentir cómo su pervertido amado se amamantaba de ella, cual bebé recién nacido.

— ¡Sa-Sasuke-kun... e-espera...! — enunciaba la ninfa, entrecortado y con la consciencia ya nublada.

Sasuke, sin embargo, siguió consumiendo la leche de su pequeña novia, hasta que su boca prácticamente escurría de aquella leche materna de la ninfa. El moreno, de hecho, expulsó un poco a través de la comisura de sus labios, de modo que la leche escurrió por su mentón, mas el azabache jamás desperdició aún una sola gota de la leche de su pequeña novia. Sasuke usó sus dedos índice y medio de la mano derecha para limpiar su mentón y para llevarse a la boca la leche de su niña, saboreando el dulce sabor lácteo de la ojiesmeralda.

Sasuke prácticamente se chupó los dedos, con lo cual eliminó por completo cualquier rastro de la leche materna de Sakura de sus dedos. Sasuke siguió succionando sin pudor alguno, buscando prácticamente vaciar de leche materna a su Cerezo. La ninfa simplemente gemía y se retorcía de placer, casi sintiendo desmayarse de lo increíblemente pervertido que era el acto de su amado Sasu-kun.

— Hmm... delicioso — enunció ronco Sasuke, volviendo a extraer leche materna del pezón de Sakura — Así que ésto es lo que va a beber mi hijo, ¿huh? Bueno, él y yo somos los únicos que tendremos derecho a beber tu deliciosa leche, ¿no es verdad, princesa?

Sasuke sonrió muy a su estilo, con aquella sonrisa torcida tan característica de los Uchiha, pero especialmente suya. La sonrisa tan pervertida de su novio puso tan roja a Sakura que prácticamente sentía como si se fuese a desmayar de la sangre que subió a su cabeza. La ojiesmeralda, sin embargo, sacudió levemente su cabeza y entrecerró un poco su mirada, además de que infló sus mejillas, de una manera cómica. Por más embarazada que estuviese, y por más que tuviese una vida sexual cuestionable a su corta edad con su amado Sasuke-kun, no dejaba de ser una niña y se le veía en aquellos infantiles y tiernos ademanes, lo cual hizo que Sasuke incrementase su orgullosa sonrisa.

— ¡N-No, Sasuke-kun! ¡No seas tan pervertido! — le recriminó Sakura, para después agachar su mirada, para no ver aquella sonrisa de su amado que la hacía abochornarse.

Sasuke se rió un poco y besó los labios de su niña. A Sakura ni le importaba probar el sabor lácteo de sus senos, o los residuos de su leche materna, ya que los cálidos y ligeramente picantes labios de su novio siempre la llevaban al paraíso.

— Eres tan tierna, Cerezo. Es por éso que me enamoré de ti, cuando te vi por primera vez — le dijo el moreno, en un galante cumplido, pero con un tono un tanto seductor — Siempre supe, desde el momento que te vi, que serías mía. Únicamente mía...

Sakura ni tuvo tiempo de contestar, porque de nuevo Sasuke asaltó sus pezones, de manera deliciosa. La ojiesmeralda se retorcía como gusano a las brasas, arqueando su pequeña y curva espalda de placer, al sentir cómo Sasuke extraía cada vez más leche de sus preciosos y deliciosos pezones rosa pálido, como sus labios. La piel albina de Sakura ahora estaba cubierta del sudor de la ojiesmeralda, debido al incremento corporal a causa de la excitación a la que la sometía su amado Sasu-kun, como ella le decía ocasionalmente. Sasuke solamente se preocupaba en amamantarse de su niña, como siempre lo hacía, cada vez que hacían el amor. Ya había probado tantas veces aquella leche, pero nunca se hartaba de aquel dulce y exquisito sabor de aquel líquido tibio y blanquecino que salía de los pezones de Sakura, como regadera.

Tras beber bastante leche de los senos de Sakura, Sasuke succionó una última vez el pezón de la ojiesmeralda, ésta vez el izquierdo, y con ello extrajo los últimos restos de leche de los senos de Sakura, al menos los que actualmente contenía en su pecho,. Pronto, Sasuke llevó de nuevo sus labios a los de su Cerezo y la besó de manera apasionada, mientras que las manos de Sasuke levantaron las perfectas piernas de la ojiesmeralda y posicionaron los preciosos y pequeños pies de Sakura sobre las enormes y extremadamente musculosas piernas de él.

De alguna manera, Sasuke se las ingenió para no solamente descender las panties de Sakura con su mano derecha, sino que el Uchiha igualmente descendió sus pantalones negros y sus boxers de la misma tonalidad, mediante lo cual el moreno reveló su colosal pene de más de veinticinco centímetros de largo y casi siete de diámetro, de modo que lucía como un enorme trozo de carne, musculoso y venoso. Incluso cuando no estaba circuncidado, el glande de Sasuke se asomaba a través del prepucio. Sasuke pronto comenzó a frotar su enorme verga contra los pliegues vaginales de su Cerezo, tallando su glande contra el clítoris de Sakura. La pequeña niña hada simplemente gemía de placer, en espera de que su amado eventualmente la tomara.

— Voy a hacerte mía, Sakura — le advirtió Sasuke, seductor como siempre lo era.

Sakura no pudo responder, cuando de repente sintió cómo el pene de su amado Sasuke-kun la penetró, por lo que la mente se le obnubiló a Sakura por completo y únicamente escuchaba sus propios gemidos y los gruñidos de placer de su novio, como si ella estuviese a metros de su cuerpo, además de que los escuchaba con un eco extraño. Sasuke tenía cuidado de no penetrar tan violento, ya que Sakura estaba en un avanzado estado de gestación y estaba bastante sensible, al grado de que llegó a un orgasmo, tan sólo cuando Sasuke la penetró vaginalmente y chocó con la punta de su glande contra el útero de la ojiesmeralda.

Y pensar que, hasta hace poco más de un año, Sakura aún era virgen, pero aquel condenado de Sasuke no solamente le quitó la virginidad, sino que el moreno la embarazó apenas a un par de meses de conocerla.

Durante su orgasmo, Sakura rememoró cuando se encontró a Sasuke, por primera vez...

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Un año atrás...

En su inmensa curiosidad, Sakura se apartó un tanto de su pueblo, Iridia, al seguir a un curioso roedor con el que estaba jugando, desde hace más de una media hora. Corría y reía, cuando el roedor igualmente se apartaba corriendo de ella, aunque en obvio juego con la ninfa. La pelirrosa parecía estar jugando a perseguir al mismo, obviamente con el hecho de que el roedor, bastante grande para su tamaño, le vencía al correr, aunque no es como si Sakura estuviese utilizando su verdadera velocidad, puesto que bien podía moverse a velocidades superlumínicas, no sin exponer a su pueblo por supuesto. Aquel era el mayor incentivo para Sakura de no exponer su verdadero poder mágico, encima de que ella era pacifista radical y le disgustaba la violencia, en cualquier forma.

La ninfa eventualmente alcanzó al roedor y se agachó para acariciarlo, mientras el mismo simplemente se erguía en dos patas y dejaba que la pequeña ninfa le acariciara la cabeza y parte del torso. El roedor, no obstante, eventualmente volvió a correr a lo lejos, ésta vez saltando a través de arbustos y perdiéndose entre los mismos. Sakura se irguió de inmediato y siguió al roedor, buscando hallarlo tras los densos arbustos y aquel espeso bosque.

Al caminar unos metros a lo lejos, Sakura salió a una laguna, con una preciosa cascada alta y con un lago cristalino, poco profundo, de apenas un metro de profundidad. Unas mariposas volaban por los alrededores y pájaros trinaban, al ser alimentados por sus madres. La ninfa se asustó un poco, al haber salido a campo abierto, pero el sonido suave del agua, la caída de la impetuosa cascada, aunque no muy violenta como tal, y el sonido de los animales la tranquilizó un poco.

Eventualmente, Sakura posó sus ojos en una figura masculina, de aproximadamente un metro ochenta y cinco de altura, cabello azabache, piel ligeramente bronceada, con una figura sumamente corpulenta y extremadamente musculosa, prácticamente en el límite de capacidad muscular entre los humanos, como si a aquel hombre le hubiesen dado alguna dotación exacerbada de esteroides anabólicos. Su cuerpo además estaba prácticamente tatuado en cicatrices, seguramente de duras batallas, pero aquello lo hacía lucir muy masculino y a la vez apuesto. Aunado a ello, su extremadamente bajo porcentaje de grasa corporal y su extrema vascularidad hacían que aquel hombre luciese perfecto. O mejor dicho, aquel joven en su adolescencia tardía, pero su aspecto tan musculoso y masculino lo hacía ver mayor.

Oculta tras de un enorme árbol ancho, Sakura observó a aquel chico de no más de veinte años, de acuerdo a los cálculos de la ojiesmeralda, y el moreno eventualmente volvió su cuerpo para darle a Sakura la perspectiva de su rostro. El chico era sumamente apuesto. Joven, alto, extremadamente musculoso como un fisicoculturista, masculino y velludo, mas no con vello exagerado, sino lo ideal para Sakura. En su rostro, el chico tenía el rastro de la barba de las cinco en punto, un poco más densa, seguramente porque no se había afeitado desde la mañana de ayer, y gracias a ello lucía tan apuesto y varonil.

Sakura se quedó pasmada y embobada con lo apuesto que era aquel chico, tan joven, tan galante, tan masculino, especialmente por su torso actualmente desnudo, con aquellos increíbles pectorales y majestuosos abdominales tan perfectos. Sus brazos... Dios... eran sencillamente increíbles. Los puros bíceps eran casi tan grandes como la cabeza del azabache y aún así lucían estéticamente atractivos. Las venas que resaltaban por sus brazos y todo su torso, por lo cual lo hacían parecer un literal dios. Incluso los dioses del Olimpo parecerían unos viles plebeyos, en comparación de alguien tan apuesto como aquel moreno.

Sakura quizá era pequeña, aún con once años, pero el inicio de su pubertad le hizo sentir un cosquilleo en su entrepierna y sentía que a su cuerpecito se le subía la temperatura corporal, al ver a semejante dios griego a unos metros de ella. El moreno aún no se había percatado de la presencia de Sakura, dado que estaba entrenando lo que parecía ser artes marciales de oriente, en movimientos propios a aquellos los monjes shaolin. De hecho, el moreno parecía haber sido entrenado por ellos, debido a sus movimientos ágiles, agresivos y explosivos, pero Sakura ni siquiera se percataba de ello, ya que estaba enajenada con el supremamente apuesto físico de aquel chico.

El moreno además estaba mojado de todo su cuerpo, de modo que su musculosa figura resaltaba con la humedad en todos sus músculos. El agua brillaba en su piel como diamante a la luz del sol. Sakura no pudo evitar quedarse embobada por lo increíblemente apuesto que era aquel joven alto y absurdamente musculoso. La ninfa maldecía a sus recién despiertas hormonas del inicio de su adolescencia. En realidad, su pubertad inició a una edad bastante temprana, a los nueve años de hecho, y actualmente sus hormonas estaban alborotadas como una chica en sus catorce o quince años.

Accidentalmente, Sakura pisó una rama que tronó de manera sonora, por lo que el azabache escuchó el sonido y volvió de inmediato su mirada. Sakura, sin embargo, de inmediato logró esconderse, esperando no haber sido vista por aquel apuesto joven.

Lamentablemente, para la ninfa, Sasuke era no solamente un monje guerrero, sino un comando y líder de las fuerzas especiales de élite en Wintersun, especializado en operaciones especiales no convencionales, contraterrorismo, guerra de guerrillas y operaciones de alto secreto. El moreno, sabiendo que alguien lo estaba espiando, seguramente con interés de ejecutarlo, dado que era descendiente del emperador más grande de todo Gaia, se dedicó a cazar silenciosamente a su potencial atacante. El pelinegro avanzó silencioso a la posición a donde escuchó aquella rama romperse y tomó un arma en forma de bastón triple reticulado, su arma insignia: sanjiegun, la cual había dejado al lado de unas rocas.

Unos segundos pasaron y la pelirrosa buscó moverse silenciosamente, esperando no ser atrapada. Lo que no se esperó la pequeña niña hada es que el moreno era experto en sigilo y emboscadas, puesto que en su entrenamiento incluso lidiaba con los legendarios shinobi, a quienes constantemente exterminaba sin dejar rastro alguno, sin hacer ruido alguno ni llamar la atención. Sasuke, desde lo alto de un árbol, se percató de que aquella niña de cabello de salmón no era amenaza alguna para él, ya que incluso estaba desarmada y parecía tan frágil que incluso el aire podría quebrarla, de modo que descendió en relativo silencio al suelo y vio cómo la pequeña hada se asomaba tímidamente alrededor del tronco de un árbol, buscando no ser vista por el moreno, quien ya se hallaba a un par de metros de ella, sin que la ninfa se percatase de la presencia de él.

Sasuke, sin embargo, decidió no ser hostil, además de que sería un crimen de guerra. Encima de todo, ¿quién en su sano juicio y que era racional atacaría a una niña de no más de doce años? Sasuke suspiró de manera inaudible y se decidió a sorprender de manera no hostil a la pelirrosa.

¿Buscabas algo, niña? — habló al fin el pelinegro.

Sakura se asustó, volvió su mirada de manera involuntaria y pronto corrió alrededor del árbol para esconderse de la presencia del moreno, aunque cómicamente asomó su cabecita alrededor del árbol. El pelinegro enarcó una ceja y tenía ganas de reírse, pero se mantuvo calmado, apenas caminando un poco hacia la pelirrosa, hasta que el moreno colocó su musculoso brazo izquierdo contra el tronco del árbol. Sakura se escondió un poco más detrás del árbol, aunque aún asomaba un poco su mirada entre asustada y sonrojada, ante lo absurdamente apuesto que era el chico.

¿Estás extraviada, niña? — preguntó ahora el pelinegro.

Teniendo miedo de que le hiciese algo, Sakura negó levemente. Viendo que la niña estaba legítimamente asustada y que no era amenaza alguna para él, o prácticamente nadie, el moreno se acercó un poco más y se colocó en una rodilla, a la altura de aquella niña. El moreno se mostró lo más calmado y amigable, dentro de lo que cabía, aunque manteniendo una prudencia. Bien podía ser que estuviesen usando a Sakura como cebo, aunque en realidad no era el caso.

¿Por qué estás aquí, entonces? ¿Dónde está tu pueblo y tu gente, pequeña? — siguió inquiriendo el peliazabache.

Sakura, viendo que el chico no buscaba hacerle daño, se asomó un poco más, nerviosa y un poco temerosa. Sasuke tenía un rostro serio, pero relativamente gentil. No sonreía, pero tampoco parecía mostrarse agresivo. Debido a ello, Sakura se asomó un poco más y miró al pelinegro a los ojos. Aquellas obsidianas eran tan profundas y tan místicas, tanto que parecían auténticas gemas negras y parecían el objeto más interesante de todo el multiverso. Por algún motivo, Sakura sentía que, en algún universo paralelo, conocía a aquel chico frente a ella, con una edad similar a ella.

En ése universo, ambos viajaban por el cosmos, para detener a un tal Chaos, quien amenazaba con extinguir a la humanidad de un planeta llamado Terra. Aquel moreno frente a ella y Sakura eran los salvadores de aquel universo, el cual parecía una bruma mental en la pelirrosa, aunque pronto volvió a su propio mundo Sakura, ignorando aquellas visiones de aquel universo paralelo, donde ella y aquel apuesto pelinegro guerreaban contra la encarnación de la entropía, para salvar a la humanidad, la creación y al infiniverso.

Sakura se sonrojó al ver que el chico la miraba a los ojos.

Y-Yo... yo solamente salí a dar un paseo... — enunció tímida y miedosa la ojiesmeralda, aún escondida tras el árbol — E-Estaba siguiendo a una cobaya y m-me alejé de más...

Sasuke vio el miedo en la pelirrosa, de modo que suspiró, se pasó una mano por el cabello y negó levemente.

Escucha... no tengas miedo, ¿de acuerdo? No pienso hacerte daño. No tengo intención ni motivo de hacerlo. Tan sólo quiero saber quién eres y porqué estás aquí. No necesitas esconderte de mi, ¿ok?

Sasuke le extendió la mano derecha a la niña hada, de modo que la pequeña miró la misma y se sonrojó. El moreno se extrañó un poco, pues no comprendía qué era lo que pasaba por la cabecita de la pelirrosa. La realidad era que, de acuerdo a la tradición entre las hadas, cuando las hadas tomaban la mano de un hombre, cuando éste se las ofrecía, dicha hada aceptaba ser la esposa y amada eterna de dicho hombre. Pese a que en realidad Sasuke le ofrecía en buena fe su mano, con toda caballerosidad, no tenía idea de que, de acuerdo a la tradición de las Fata, la especie de las hadas, Sasuke prácticamente estaba ofreciéndole "matrimonio".

¿Qué pasa? ¿Aún me tienes miedo? No tienes porqué. Mira... no estoy armado — le aseguró el chico, incluso levantando las manos.

Sasuke le hizo una señal con su mano, invitándola a acercarse.

Te prometo que no voy a hacerte nada, pequeña. Palabra de honor — juró el azabache, levantando su mano derecha.

Al ver no mayor amenaza, con timidez y aún un poco de nerviosismo, Sakura finalmente se dio valor de salir. La pelirrosa dio unos torpes pasos hacia aquel hombre, quien en un próximo futuro sería el hombre de su vida, sin que ella lo supiese o lo imaginase, y en cuanto estuvo ante él, agachó un poco su cabecita, aunque aún miraba sonrojada al pelinegro. La niña hada colocó sus pequeñas manos en su espalda baja y se mecía un poco de adelante hacia atrás sobre sus pies, tratando de calmarse.

El moreno entonces miró a la niña, aún con una rodilla en el suelo.

Dime, pequeña, ¿cómo te llamas? — preguntó el chico.

Sakura miró con timidez a los ojos del azabache y bajó después un poco su mirada, ya más de nerviosismo que de miedo, al ver que aquel humano no la había atacado.

M-Mi nombre es Sa-Sakura Haruno...

El azabache enarcó ambas cejas.

¿Sakura? ¿Como las flores de cerezo? — refirió el ojiobsidiana, sonriendo casi imperceptible — Vaya que es un lindo nombre y te queda de maravilla.

El viento sopló un poco fuerte y el muy largo cabello de la niña se agitó en dirección al moreno, el cual tomó un mechón del mismo y lo frotó en su mano, sintiendo la suavidad de seda de aquel precioso cabello tan exótico que jamás había visto.

¿Será que te llaman Sakura por tu cabello de cerezo?

La pelirrosa, aún abochornada, negó levemente. Aquello extrañó a Sasuke.

N-No es así... M-Me llaman Sakura, porque soy una hada de cerezos... Una ninfa de Sakuras... — aclaró la niña, aún nerviosa, pero ya con menor temor.

Aquello dejó más pasmado al pelinegro. ¿En serio aquella chica había dicho que era un hada? Quizá estaba delirando. Debería dejar de fumar cannabis. Definitivamente le estaba afectando las neuronas.

¿Un hada, dices? ¿Como en los cuentos de hadas? ¿Realmente tal cosa existe?

Sakura tomó su largo cabello y empezó a jugar con él, con timidez y nerviosismo. La pelirrosa asintió y entonces extendió una energía rosa pálido alrededor de ella, no intensa como tal, sino apenas a unos centímetros de su cuerpo. Pronto, de la espalda de la pequeña hada se extendieron un par de alas de mariposa preciosas, en tonalidades desde el rosa pálido, rosa salmón al magenta; sencillamente tonalidades preciosas.

El pelinegro simplemente se quedó anonadado, al ver los increíbles poderes de Sakura. No, no era más fuerte que él, ya que él tenía el poder suficiente para destruir el omniverso y el infiniverso, si es que así lo deseaba, con un simple puñetazo, pero el poder místico de Sakura parecía más magia que otra cosa. Tal parecía que toda la energía del multiverso estaba contenida dentro del pequeño cuerpecito de Sakura. Aún con aquella pequeña muestra de poder, el azabache dedujo que Sakura era increíblemente poderosa.

Sakura agitó sus alas de mariposa un poco, lo cual sacó al ojinegro de su estado de estupefacción.

Dios... debo estar alucinando... — musitó por lo bajo el chico, sin que siquiera Sakura lo escuchase.

Sakura eventualmente desvaneció sus alas de mariposa monarca, aunque en tonalidades rosa y magenta, mientras que el chico sacudió su cabeza un poco, ya por fin volviendo en sí, a sus cinco sentidos.

¿De dónde provienes, Sakura? ¿Qué hay de tus padres?

Y-Yo soy de un pueblo llamado Iridia... y mis padres fallecieron hace un tiempo... Estoy a cargo de mi madrina, Tsunade Senju... También un hada...

El pelinegro se quedó perplejo, pero se sintió mal de saber que aquella niña era huérfana.

Lamento escuchar lo de tus padres, Sakura... — admitió con honestidad el chico — En cualquier caso, no deberías andar por doquier, sin la supervisión de un adulto. Es peligroso, Sakura.

El moreno carraspeó un poco.

Vamos... te llevaré a tu casa, pequeña — ofreció el chico, extendiendo una mano de nuevo a la pelirrosa.

Sakura comprendió que aquello era un acto de caballerosidad, no de propuesta de matrimonio. La pelirrosa supo que aquel chico no era un hada, sino quizá un mortal más. La ojiesmeralda, sin embargo, después negó levemente.

Pero... yo vivo aquí...

De nuevo, el azabache enarcó una ceja.

¿Vives en el bosque?

Sakura asintió.

S-Sí... yo soy una hada de la naturaleza... Mi hogar es éste bosque... Eres tú quien no debería estar aquí...

Sakura musitó suavemente lo último, no queriendo provocar la agresividad del moreno. El chico parpadeó un par de veces, pero después enarcó sus hombros.

Supongo que tienes razón. Estoy en un viaje de entrenamiento y admito que me desvié un poco — confesó, levantando los hombros de nuevo — En fin. Ya que me dijiste tu nombre, supongo que lo correcto es que yo también me presente.

Cual galante caballero, el chico se arrodilló de nuevo ante Sakura, le tomó sorpresivamente de la mano, dejando un tanto sonrojada y sorprendida a la princesa hada, y el moreno besó la mano izquierda de la ninfa, abochornando más a la misma.

Mi nombre es Sasuke Uchiha, guerrero dragón de élite y último heredero del clan Uchiha. Es un honor para mi persona el conocer a ésta bella y joven dama. Me honra con su presencia, m'lady — enunció Sasuke, casi poético, mientras volvía a besar la antepalma de la pelirrosa.

Y entonces, Sakura vio la sonrisa de aquel Uchiha, genuina y a la vez con un toque de arrogancia. La ninfa quedó maravillada de aquel gesto tan masculino y tan galante del chico, del cual sentía inadvertidamente que ya se estaba enamorando de él.

¿Le apetecería a m'lady el acompañarme en una merienda y una charla amistosa? — preguntó el Uchiha, aún arrodillado.

Sakura no pudo evitar soltar una risilla dulce y divertida. Aquel chico sin duda era único. Era apuesto y sorpresivamente lucía extrañamente caballeroso, para alguien tan intimidante y fuerte como aparentaba ser Sasuke. Dado que ya había perdido la pista del roedor con el que estaba, Sakura decidió aceptar la oferta del azabache. Ella igualmente estaba intrigada por saber de aquel apuesto moreno, ya que había escuchado muy malos testimonios de la especie humana. Sin embargo, Sakura podía ver a través de aquellas obsidianas que Sasuke era diferente al resto. Quizá un tanto imponente e implacable con sus enemigos, pero aquel chico era único.

Sakura hizo un elegante curtsy, al sostener los costados de su largo vestido, posicionó su pie detrás del otro y se flexionó ligeramente, además de que agachó la cabeza un poco, con una sonrisa bella.

Será todo un honor, Uchiha-san, m'lord.

Sasuke se irguió y negó levemente.

Tan sólo llámame Sasuke, Sakura.

La ninfa sonrió más amplio.

E-Está bien, Sasuke-kun...

Con galantería, Sasuke ofreció su brazo a Sakura, para que enredara el pequeño y delicado de ella alrededor del musculoso y poderoso de él, de modo que Sakura, riendo levemente, aceptó la oferta del chico y enredó su bracito en el enorme, musculoso y venoso de él. Ambos caminaron rumbo a una tienda de campaña y una pila de madera, pronto una fogata, donde Sasuke tendría su merienda. Desayuno, realmente. Durante la caminata, ambos charlaron y charlaron, queriendo saber el uno del otro. Sakura simplemente recargó su cabecita en el brazo de Sasuke, mientras que el Uchiha sonreía divertido.

Desde aquel día, las vidas de Sakura y Sasuke cambiarían para siempre.

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Pasó así el tiempo y tanto la pequeña niña hada como Sasuke convivieron prácticamente a diario. Sakura jamás imaginó que sería algún día tan feliz, conviviendo al lado de aquel chico del que ahora había aceptado estaba enamorada. Sasuke era un chico serio y frío, sin mencionar agresivo con casi todo mundo, pero con Sakura era gentil y galante, siempre cortejándola, cual caballero noble. El moreno había aprendido a desenvolverse y a mostrar aquel lado caballeroso y gentil que jamás mostraba ante nadie, aún ante su supuesta prometida, Kin Tsuchi, la odiosa princesa del continente de la tierra, quien había sido asignada como su futura esposa, sin que siquiera él tuviese uso de razón. Todo antes de que sus padres falleciesen en la gran guerra de Gaia, junto con su hermano mayor, Itachi Uchiha, igual caído en aquel conflicto bélico.

Durante aquel tiempo en el que convivieron juntos, Sakura y Sasuke se habían vuelto amigos íntimos. Prácticamente, ahora se conocían como la palma de sus manos. A pesar de su aspecto agresivo, aunque masculino y apuesto, Sakura descubrió al verdadero Sasuke. Un hombre cuya vida únicamente eran las peleas, luchar por defender a su reino, Wintersun, y duros entrenamientos, tanto en el monasterio dragón y el estilo shaolin, como aquel en las ancestrales artes marciales de los Uchiha. La frialdad de Sasuke apenas era una capa que escondía al gentil caballero y hombre que siempre hacía sonreír a Sakura. Sakura logró ver en Sasuke al príncipe azul con el que siempre soñó. Sakura logró derribar el temple de hielo de Sasuke con su cariño y dulzura.

El caso en Sasuke, aún si no quería admitirlo, era el mismo. Sasuke, sin darse cuenta, también se había enamorado de Sakura. Era un pecado, era un delito, era una abominación... sin embargo, Sasuke no podía evitarlo. Él vio en Sakura no solamente a una dulce niña, sino a una hermosa chica que lo conquistó con su dulzura, con su nobleza, con su elegancia, con su compasión, con su gentileza, con su perfección. A pesar de la diferencia de edad, ocho años, Sasuke no podía evitar sentirse atraído y enamorado de aquella dulce y tierna niña.

Sasuke caminó, ahora durante el atardecer, apenas mostrándose el ocaso del sol. El moreno se sentía guiado por una dulce voz de sirena. El Uchiha reconocería aquella tierna, infantil, pero dulce voz, incluso en el Hades. Una voz única y que hechizaba, prácticamente poniendo un encanto en aquellos que escuchaban aquella dulce melodía. Sasuke era tan sólo una víctima más de aquella tierna y dulce voz, siendo débil ante los encantos de la portadora de aquella voz de sirena.

Al seguir caminando, Sasuke finalmente vio a Sakura, quien estaba a los pies de la laguna, con sus piecitos sumergidos dentro de la cristalina agua, con su cabello ligeramente mojado, el cual peinaba con un cepillo de cerdas naturales, mientras tarareaba aquella dulce canción. Sasuke, literalmente hablando, estaba hechizado por aquella dulce voz de Sakura, quien agitaba sus pies levemente dentro del agua y aún no se había percatado de la presencia de aquel hombre al cual amaba. Su querido Sasuke-kun.

Eventualmente, sin embargo, Sasuke llegó ante aquella dulce niña hada y se arrodilló detrás de ella. Sorprendiendo a la pequeña ninfa, Sasuke la abrazó por la espalda y Sakura al principio dio un respingo, pero eventualmente sonrió y llevó sus pequeñas manos a las grandes, fuertes, masculinas y rugosas del príncipe del clan del fuego. Sakura pronto sintió cómo Sasuke depositaba su marcado y fuerte mentón en el pequeño hombro izquierdo de ella. La ninfa soltó una risilla dulce, cuando sintió cómo la barba stubble, conocida como la de las cinco en punto, de Sasuke le hacía cosquillas en su albina piel.

Realmente viniste, Sasu-kun... — musitó tierna la niña hada, usando aquel seudónimo cariñoso con el chico.

No es como si Sasuke protestara por ello. Ciertamente, únicamente a Sakura se lo permitiría.

Por supuesto. Necesitaba escuchar tu dulce voz, princesa.

La pelirrosa sonrió dulcemente. Sasuke cargó a Sakura de su diminuta cintura y la sacó del agua, hasta que la posicionó a la altura de su rostro, al enredar la pequeña cintura de aquella niña ninfa, con sus enormes y musculosos brazos. Como siempre solían hacer, Sasuke le dio una vuelta a Sakura, aún sosteniéndola en el aire, con sus poderosos brazos, mientras que la princesa de las hadas reía y se aferraba divertida al cuello de aquel apuesto y fuerte chico, quien había cambiado por completo su vida.

Sasuke eventualmente descendió a Sakura al suelo, la tomó de su pequeña mano izquierda, con la grande diestra de él, y ambos comenzaron a caminar a través de aquel espeso bosque mágico. Ambos se detuvieron ante un campo con múltiples flores de todas formas y colores, y Sakura se arrodilló para tomar un cúmulo de las mismas, las cuales arrojó a lo alto y éstas cayeron como lluvia de pétalos. Sasuke se acercó caminando a la pequeña y se detuvo a unos pasos de la pequeña ojiesmeralda.

La pequeña ninfa le sonrió a aquel chico y lo tomó de las manos. La princesa hada entonces comenzó a danzar, mientras los pétalos de flores caían lentamente. Sasuke se movía torpemente, dado que fue tomado por sorpresa por la niña, quien se movía como experta, aparte de que el Uchiha no sabía danzar como tal. A pesar de alguna vez haber sido de la realeza, antes de que su familia cayese a causa del genocidio contra su clan, Sasuke nunca tuvo interés por ser un príncipe como tal. Aquello incluía danzar.

¿Qué estás haciendo, Cerezo? — preguntó el moreno, aún con pasos torpes.

¡Vamos, Sasuke-kun! ¡Hay que bailar! — le pidió divertida la niña.

Sakura entonces se echó para atrás, aunque obviamente aún sostenía las manos de Sasuke y se apoyaba de los brazos del Uchiha para no caer, y comenzó a dar una vuelta hacia su izquierda. Lógicamente, Sasuke no la soltó, en temor de que la niña hada se pudiese caer y lastimar, por lo que aferró firmemente sus manos en las de Sakura y dejó que la pequeña ninfa siguiese con aquel infantil juego. Sakura sonreía y reía alegre, mientras que agitaba ocasionalmente los musculosos brazos de aquel moreno que le había conquistado el corazón.

Te vas a tropezar y a caer, Sakura — le advirtió Sasuke, cuando aún giraba la pelirrosa.

¡Nah-ah! ¡Tú no me dejarías caer, Sasuke-kun! — negó canturreando la ninfa.

Sakura después dejó de girar y se arrojó a los brazos del hombre que amaba, pero al que mantenía como amor platónico. Sakura se rió alegre y frotaba su hermoso rostro contra el torso de Sasuke, quien igualmente abrazó a la niña, al estrecharla firmemente. Sakura fue embriagada con aquel masculino aroma del cuerpo de Sasuke, además de aquel calor que la abrasaba gentilmente, junto con el hecho de que se maravillaba con aquellos impresionantes abdominales y pectorales tan enormes y marcados del azabache.

Sasuke y Sakura eventualmente se sentaron en el suelo. Sakura hacía adornos con las flores en el suelo e hizo una tiara de flores, la cual se colocó en la cabeza. Sakura hizo otro adorno, ésta vez de un diseño propio para un traje de gala, y se lo colocó en el bolsillo de la casaca de Sasuke, ceñida al cuerpo. La ninfa le puso aquel adorno en la altura del pectoral. Seguido de ello, Sakura se colocó un anillo hecho de pétalos de rosas, el cual se colocó en su dedo anular izquierdo. La princesa hada igualmente le colocó un anillo a Sasuke, en el anular de la mano derecha de Sasuke, de modo que el moreno miró el mismo y se percató de que tenía pétalos de flores más oscuras. El moreno sonrió de los ademanes infantiles de la ninfa, mientras la niña hada le acariciaba las grandes manos de él.

¡Mira, Sasuke-kun! ¡Ahora estamos comprometidos! — enunció alegre y romántica la ninfa.

Sasuke se rió levemente y le besó la mano izquierda, cual pretendiente galante. La realidad es que el Uchiha ya estaba comprometido en la vida real, con una supuesta princesa llamada Kin Tsuchi, princesa a la vez del continente de la tierra, pero el moreno detestaba aquella idea. De hecho, Sakura ya estaba al tanto de ello, aunque en aquel momento ni le pasó por la cabeza. Estaba jugando con Sasuke de manera tan alegre que en ése preciso instante lo único que importaban eran ellos dos.

Sakura entrelazó sus pequeños dedos con los grandes y rugosos de Sasuke y entonces se recostó sobre el fuerte torso de aquel apuesto chico que tanto amaba en secreto. La pelirrosa entrecerró los ojos y suspiró feliz, mientras besaba las manos de aquel Uchiha, quien igualmente sonrió feliz y abrazó con todo su afecto a Sakura. El azabache depositó su mentón sobre la cabecita de su pequeña y aspiró el dulce aroma a flores que tenía naturalmente el cabello largo de la ninfa.

Sasuke-kun...

¿Hmm?

La pelirrosa sonrió dulcemente.

¿Me prometes una cosa?

Sasuke asintió, al mover su cabeza un poco.

Por supuesto. ¿Qué es lo que quieres que te prometa, Cerezo?

¿Prometes que siempre vas a venir a verme y a jugar conmigo?

Claro, princesa. No podría vivir un sólo día, sin tenerte a mi lado.

Sakura sonrió y besó tiernamente la mejilla izquierda del Uchiha.

Yo tampoco podría vivir sin ti, Sasu-kun...

Sakura miró al apuesto chico a los ojos y se sonrojó bellamente, mientras le sonreía al chico. La pelirrosa soltó una risilla y puso un gesto tierno, mientras se cubría con sus pequeñas manos, como si hubiese tuviese una travesura. Sasuke enarcó una ceja.

¿Qué pasa, Sakura?

La pelirrosa se calmó un poco, aunque siguió sonriendo, y miró directo a los ojos al moreno.

Sasuke-kun... prométeme otra cosa...

El moreno asintió.

¿Como qué?

Sakura se rió de nuevo, en una risilla dulce, y negó levemente.

Tú... ¿tú me prometerías que, cuando crezca y me convierta en una princesa, tú...?

¿Yo qué, Cerezo? — insistió el moreno, aunque no agresivo.

Sakura jugueteó con sus dedos un poco, con los índices de ambas manos, y agachó su mirada, totalmente abochornada y queriendo desmayarse.

Sasuke-kun... tú... ¿me prometes que tú... te ca-casarías conmigo? — dijo al fin la pequeña hada, nerviosa como nunca — E-Es decir... cuando sea grande...

Sasuke se quedó sorprendido, aunque pensaba que era un juego de parte de la pelirrosa. Antes de que el moreno respondiera, y mientras Sakura estaba jugueteando con sus dedos, la ninfa entonces vio el anillo en el dedo anular del Uchiha. No el que ella le había puesto, sino del que estaba en la mano opuesta. Era un anillo de lo que parecía ser rodio, brillante casi como diamante, y tenía unas runas antiguas, de la mitología griega, además de que tenía un sello de fuego, símbolo del clan Uchiha.

Sakura borró su sonrisa y puso un rostro de melancolía, aunque parecía más decepción.

Oh...

La ninfa sintió que el mundo se le venía encima. ¿Cómo es que se le había olvidado aquel detalle? Su Sasuke-kun ya estaba comprometido. El moreno ya le había platicado alguna vez de ello y Sakura se sentía martirizada por ello. No conocía a la tal Kin Tsuchi, pero vaya que la detestaba, sin siquiera saber quién rayos era. Sasuke de inmediato notó el temple bajo de la princesa de las hadas.

Sakura...

La ninfa se apartó del moreno, con algo de brusquedad, pero se mantenía relativamente calmada, a pesar de que sentía que le habían dejado caer un balde de agua helada en todo su cuerpo. A pesar de su incomodidad y tristeza, Sakura se forzó una sonrisa y miró al moreno, quien podía leer a la perfección a través de la mirada deprimida y atormentada de la princesa de las hadas.

Sakura soltó una risa aparentemente alegre, pero se escuchaba el dolor en ella.

¡Solamente bromeaba, Sasuke-kun! Sé que estás casado y solamente quería ver tu reacción...

Sin embargo, Sasuke no se tragaba nada de ello. Conocía bastante bien a Sakura, pese al corto tiempo que llevaban de conocerse y de convivir. Quizá la conocía más de lo que él se conocía a sí mismo. La ojiesmeralda se volvió de espaldas y suspiró, buscando relajarse, pero aquel suspiro únicamente le trajo mayor tristeza.

Kin debe ser una chica muy linda, además de que es muy afortunada de estar comprometida contigo, ¿sabes?

Sasuke encogió los hombros.

Ni siquiera la conozco, ni me importa saber quién demonios es — escupió con desprecio el azabache, remarcando lo que siempre le dijo a Sakura.

Y ni así, Sakura se alegraba. No importaba si el Uchiha odiaba a Kin, quizá más de lo que ella lo hacía, porque la realidad era que ambos estaban comprometidos. Sasuke también estaba al tanto de que Sakura estaba "comprometida" con un supuesto príncipe hada a quien ni conocía, ni conocería hasta que sea mayor de edad. Sasuke igual se sentía irritado por ello, pero mantenía sus sentimientos para con Sakura ocultos.

Sakura prosiguió, jugando tristemente con las plantas en el suelo, con su pie.

Tal vez cambiarás de opinión, cuando ya estés casado con ella y convivas con ella, más de lo que lo harás conmigo... — argumentó la pelirrosa, pero de inmediato se arrepintió de sus palabras.

No obstante, aún cuando se dijese a sí misma palabras que engañaban, la realidad no cambiaría.

Y a propósito... ¿cuándo será tu boda, Sasuke-kun?

Sakura se decía que se estaba echando la soga al cuello, pero ya era demasiado tarde para deshacer su oración. Sasuke resopló molesto, no con Sakura por supuesto, sino por el hecho de que le estaban rememorando su inevitable destino.

En cuanto cumpla los veinte años.

A Sakura le dio un vuelco el corazón y sentía ganas de estallar en llanto, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para calmarse. La niña hada se forzó una sonrisa y se volvió a su amado, quien se mantenía frío y serio, intimidando un poco a la pelirrosa, no por su agresividad, sino porque Sasuke, cuando estaba molesto, no con ella claro, era sencillamente intimidante.

Oh... ya veo... Pues te felicito mucho, Sasuke-kun... Realmente espero que seas muy feliz... y que tengas una bella familia...

Sasuke no respondió nada. Sentía náuseas de siquiera imaginar dicho escenario. ¿Cómo era que su mejor amigo, Naruto Uzumaki, príncipe del continente del viento, había logrado escoger a su pareja y él no? Naruto, su rival y amigo de toda la vida, tenía todo un harem de chicas bellas para sí mismo, si es que así el rubio cabeza hueca lo deseaba, pero el rubio al final escogió a una humilde chica, llamada Hinata Hyūga. Una chica no de linaje, pero con un corazón puro y noble. Era una humilde chica que vivía en el continente del agua, con una vida sencilla, pero digna. Naruto la conoció en uno de sus viajes y eventualmente formó un lazo estrecho con ella. Los padres de Naruto, Minato y Kushina Uzumaki, lógicamente se opusieron al principio, pero al final aceptaron la voluntad de su hijo. Finalmente, era más importante la felicidad de su único heredero a las riquezas de su reino. Y de todos modos, se casara con quien se casara, Naruto terminaría siendo el hombre más rico y poderoso del viento, así que no tenía sentido el discutir su futura esposa.

Y he ahí, Sasuke Uchiha, con un matrimonio arreglado, con una puta, como él siempre decía, a la que ni conocía y a la que ya detestaba. Se sabían rumores de lo engreída y altanera que era Kin Tsuchi y, aún aunque no fuese así, Sasuke sentía asco de casarse con una chica a la que ni conocía. Sasuke quisiera ser pobre, como lo era Hinata Hyūga, para así poder escoger con quien vivir el resto de sus días. Odiaba el no poder estar con aquella dulce hada pelirrosa, a quien amaba, sin que él mismo se enterase.

De pronto, Sakura se volvió de espaldas y se reacomodó sus sandalias de tacón.

Debo irme, Sasuke-kun... Me divertí mucho hoy... y fue lindo pasar la tarde contigo... — musitó algo dolida Sakura, aunque lo disimuló lo mejor que pudo — No sé cuándo pueda volver a verte, Sasuke-kun...

Y antes de que se fuera, Sasuke la alcanzó y la sostuvo de la mano, en un firme agarre del cual Sakura jamás escaparía. No era violento ni agresivo, pero sí adamante.

Espera un momento, Sakura...

La niña hada al fin derramó lágrimas y sollozó tan doloroso que Sasuke pensó que un cuchillo al rojo vivo en los testículos le habría dolido menos que el ver llorar a Sakura, su Cerezo, por primera vez en su vida. La ojiesmeralda, ya destrozada, se volvió al chico y trató de zafarse de su agarre, ella sí con brusquedad, mientras seguía derramando lágrimas vivas y sumamente dolorosas. Más para Sasuke que para ella.

¡Suéltame...! ¡No quiero volver a verte...! — lloró al fin Sakura, totalmente destrozada y anegada en lágrimas — ¡Vete con ella...! ¡Ella es tu prometida...!

Sasuke no se contuvo más. El Uchiha atrajo a Sakura con un tirón, la sentó a horcajadas sobre su regazo y entonces la besó con total pasión y entrega, directamente en los labios. Sakura se sorprendió al principio, pero su corazón y su alma fueron más débiles, por lo que la pelirrosa, aún entre sus lágrimas imperecederas, se abrazó al cuello de su amado y se entregó en aquel intenso y apasionado beso.

Su primer beso, con su amado Sasuke-kun. El hombre al que siempre amó, en el silencio, en la soledad y en la realidad.

Al ser su primer beso, inicialmente los besos de Sakura eran torpes, pero eventualmente pudo mantener el ritmo de su apasionado amado y sus lenguas pronto lucharon por el dominio de la otra. Sasuke devoró prácticamente los labios de Sakura, quien gemía dulcemente entre los labios del Uchiha. De tanto besarse, los labios de Sakura estaban ya hinchados y brillantes de la saliva de ambos.

En aquel beso, Sakura entregó su amor, su corazón, su alma, todo su ser. Las lágrimas de Sakura eran una mezcla de alegría y de dolor. Alegría, por poder por fin amar a su querido Sasuke-kun. Dolor, porque Sakura sabía que Sasuke no sería de ella, lejos de aquel íntimo momento que ambos compartían. Sakura apenas tendría el beso de su Sasuke, junto con su corazón y su alma, pero Kin Tsuchi, la tirana princesa de la tierra, tendría el cuerpo y posesión de su amado. Sakura sentía frío y calor al mismo tiempo. Frío por el crudo destino que les esperaba a ambos. Calor por los labios, el amor y la entrega que ambos compartían.

Sasuke igualmente sufría, quizá incluso más que ella. Odiaba el pensar que, después de aquel dulce momento, Sakura volvería a Iridia y él a Wintersun, a confrontar su destino. Sasuke sabía que se volvería loco, si apenas pasaba un día en el que no viese a Sakura. Sakura era más importante incluso que el aire que respiraba. No podía tolerar la idea de que algún día Sakura sería dada en matrimonio con un hijo de perra, quien tendría el corazón, alma y hasta pureza de la ojiesmeralda. Sasuke sentía que se perdía en un mar de pesadillas, de tan sólo imaginar a Sakura en brazos de otra escoria, gimiendo el nombre de aquel repulsivo ser. No lo soportaba. De ninguna manera podría. Preferiría descender al más profundo círculo del infierno y ser torturado físicamente por toda la eternidad, antes de tener que vivir aquella pesadilla de no tener a Sakura a su lado.

El condenado oxígeno les obligó a separarse. Sasuke se apartó un poco de ella y ambos abrieron sus ojos al mismo tiempo; Sakura aún llorando. Sasuke entonces hizo algo que sorprendió a Sakura. El moreno tomó el anillo de compromiso en su mano izquierda, lo sostuvo en la palma de su mano y entonces, con su brutal fuerza física superhumana, capaz de destruir a todo el infiniverso, el moreno hizo polvo, literalmente hablando, el anillo de compromiso que le habían dado sus padres.

Sakura se quedó pasmada de ello, con la boca entreabierta y los ojos abiertos, sin poder casi parpadear. Sasuke dejó caer al suelo el polvo de aquel bello anillo, sencillamente invaluable. Quizá el valor que tenía una casa, al ser de rodio sólido al noventa y nueve por ciento. Mas para Sasuke, aquel anillo no valía absolutamente nada, si es que él no podría tener a su Sakura a su lado.

Sa-Sasuke-kun... tú...

Escúchame bien, Sakura. Al diablo con aquella puta de Tsuchi. Al diablo con mi jerarquía. Al diablo con el trono de Wintersun. Al diablo con Wintersun. Al diablo con mi clan y mi dinastía — masculló con odio Sasuke; odio de su destino y de su desdicha; la desdicha de ambos — No me importa lo que le pase al maldito multiverso. Al diablo todo. Tú eres a la única mujer que amo en éste mundo, ¡¿te quedó claro?! ¡Te amo, maldita sea!

Sakura se llevó su pequeña mano izquierda a la boca, conmovida de las hermosas palabras de su amado; su Sasuke-kun. El Uchiha mostró sus dientes un poco, furioso, dolido de ver sufrir a su niña, y determinado a cambiar su destino. La pelirrosa, sin embargo, aún tenía un poco de sentido común y negó. No podía condenar a su amado a ése destino, todo por su egoísmo de amar a un hombre prohibido. No podía condenar a Sasuke a una vida de miseria y pobreza. No podía. No debía.

¡No, Sasuke-kun...! ¡No puedes...! ¡Tú y yo somos de diferentes mundos...! ¡No debes...!

¡Al diablo con todo éso! — bramó Sasuke, con voz estruendosa, ya harto de todo — ¡Si la única manera de tenerte a mi lado, y de tener tu amor, es renunciando a mi vida, entonces que así sea!

Y de nuevo, Sasuke llevó sus labios a los de Sakura, no dejándole responder ni aún un poco. Sakura sencillamente no reaccionó de otro modo que no sea entregándose por completo a su amado Sasuke-kun. La ninfa cerró sus ojos, enredó sus brazos en el cuello del amor de su vida y se entregó en cuerpo y alma al amor de su vida. En aquel día, Sasuke tomó no solamente su corazón y su primer beso, sino que Sasuke tomó la virginidad de la princesa de las hadas, convirtiéndola oficialmente en su mujer y su esposa. Sakura sangró de su vagina, ante el coito con su Sasuke-kun, representando que le entregó su pureza, su virginidad, su castidad, en sagrado pacto de sangre, donde Sakura le juró lealtad absoluta a su amado Sasuke-kun. Para siempre, hasta el fin del cosmos. Incluso después de la muerte física de ambos.

Únicamente el ocaso del sol fue testigo de la entrega de cuerpo y alma que aquel par de amantes tuvieron. Sasuke la llenó no solamente de su semen, sino de toda su esencia y de todo su ser. Sasuke y Sakura se volvieron amantes. Al diablo la diferencia de edades y mundos. Y en el vientre de la princesa de las hadas, se formó el fruto de aquella entrega tan perfecta y maravillosa para ambos. El heredero de los Uchiha había tomado vida en aquel acto de perfecto amor.

El clan Uchiha renacería de las brasas del amor entre la hada de cerezos y el legendario dragón escarlata. El mundo algún día conocería al nuevo clan Uchiha, nacido para dominar no solamente Gaia, el planeta donde vivían Sasuke y Sakura, sino todo el alfaverso, el nombre del universo donde vivían Sasuke y Sakura, distante del universo Prime, donde Sasuke y Sakura compartían una similar historia de amor, en su lucha por salvar al multiverso.

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— ¡Ahhh, Sasuke-kun! — gritó Sakura, cuando al fin llegó a su orgasmo.

A pesar de haber tenido un orgasmo intenso, y que Sakura apretó sus paredes vaginales sobre la enorme verga de su amado Sasuke-kun, su amado Sasuboo, otro de los apodos ridículos de Sakura para con el amor de su vida, el chico aún no había llegado al orgasmo. Sasuke gruñó del placer de sentir aquel suave tejido mucoso de la vagina de Sakura apretarse contra su pene, pero enduró bastante bien el orgasmo de su niña. Sasuke simplemente ahogó los gemidos de su Cerezo contra sus propios labios, en un apasionado y erótico beso que casi hace que se desmaye la ojiesmeralda.

Sasuke sonrió, al ver el trabajo satisfactorio de hacer llegar al orgasmo a su Cerezo.

— Realmente estabas ansiosa de que te hiciera mía, ¿no es así, Cerezo? — susurró ronco y seductor el moreno, en el oído de su pequeña.

Sakura se abochornó y desvió su mirada de la de su amado Sasuke-kun.

— N-No es así... Es sólo que yo...

Sasuke se rió levemente y besó los labios de Sakura. Sorprendiendo a la pequeña hada, el moreno levantó el cuerpecito de la ninfa y Sasuke colocó la punta de su enorme pene contra el diminuto ano de la princesa de las hadas. Sakura abrió los ojos como platos, al sentir el glande de su amado contra aquel bonito asterisco rosa pálido en el medio de sus respingonas nalgas de burbuja.

— ¡Sa-Sasuke-kun...! ¡¿Q-Qué haces...?! — musitó nerviosa y un poco temerosa Sakura.

No es que Sasuke le fuese a hacer daño, pero ya sabía lo que le esperaba a la pelirrosa. Sasuke empujó un poco contra el ano de Sakura y abrió el mismo ligeramente, mas no penetró completamente el recto de la ninfa. Aún así, aquello bastó para que Sakura gimiese de placer.

— Hace mucho que no te la meto por tu pequeño anito, princesa... — enunció ronco Sasuke.

Sin dejarle hablar, Sasuke penetró el ano de Sakura y la llenó por completo con su enorme y ancho pene, prácticamente llegando hasta el estómago de la princesa de las hadas. Incluso con su embarazo, el vientre de Sakura pudo acomodar el pene de su amado Sasuke-kun, por lo que la pelirrosa sintió la verga de su novio empujar contra su estómago, aunque obviamente ocupado por el hecho de que estaba encinta. Los ojos de la pequeña princesa hada se dilataron, se opacaron y soltaron lágrimas del enorme placer que sentía, con el enorme y grueso pene de su querido Sasuke-kun dentro de ella.

— ¡Sasuke-kun...! — pujó de placer Sakura, cuando el moreno comenzó con el mete y saca.

Como lo dijo Sasuke, hacía tiempo que él y Sakura no tenían sexo anal. Sasuke, ahora más que nunca, sentía sumamente apretado el pequeño ano de la princesa de las hadas. De por sí el recto de su niña era sumamente apretado, pero ahora, con su embarazo, Sasuke sentía que Sakura le iba a arrancar el pene, con lo increíblemente apretado que estaba el ano de su Cerezo. Sasuke gruñó de placer, cuando sintió cómo Sakura apretaba de manera involuntaria las paredes mucosas de su recto, contra la verga de su novio. Sasuke simplemente tomó los perfectos muslos de la ojiesmeralda y embistió con mayor velocidad y fuerza dentro de Sakura.

Inicialmente, de hecho, Sasuke temió haber lastimado a Sakura, dado que estaba encinta en un estado de gestación muy avanzado y se supone que estaría sensible. Sin embargo, cuando Sakura se detuvo, la ninfa protestó en un quejido y ella misma, sin pensarlo siquiera, se embistió a sí misma, tratando de igualar la misma fuerza e intensidad con la que Sasuke se la estaba cogiendo. Al ver que Sakura quería más, Sasuke tomó con firmeza las piernas de su pequeña novia y embistió como un animal dentro de ella, moviendo su cadera a una velocidad increíble, al grado de que sus enormes testículos golpeaban contra las nalgas de Sakura, unas tres veces por segundo.

— ¡Ahhh, n-no...! ¡E-Espera, Sa-Sasuke-kun...! — pujaba como loca Sakura.

Sin embargo, cada que la escuchaba gemir de increíble placer, Sasuke la penetraba con mayor intensidad y la volvía loca. Llegó a un punto en el que la mente de Sakura ya estaba completamente perdida en la exquisita tortura que era el increíble placer sexual al cual la sometía Sasuke. El príncipe de los Uchiha simplemente calló los gemidos de su Cerezo con sus labios, al besarla con una pasión, demanda e intensidad tan abrumadora que Sakura casi pierde el conocimiento. El hecho de que su Sasuke-kun se la estuviese cogiendo como un animal, moviendo las caderas como un demente, lo cual aceleraba el mete y saca del enorme pene de Sasuke dentro del ano de Sakura, no ayudaba en mucho. Sakura juraba que cada día su amado Sasuke se superaba a sí mismo y la sometía a nuevos límites de placer. No era desconocido para la ninfa de cerezos el perder el conocimiento, cuando Sasuke se la cogía. A veces el placer era tan fuerte que Sakura se desmayaba durante su orgasmo y se perdía en el mundo de los sueños, donde de nuevo su Sasuke-kun le hacía el amor, hasta que Sakura despertara, siendo cogida por Sasuke, como sorpresa de la mañana.

De alguna manera, Sasuke se las ingenió para dirigirse de nuevo a los senos de Sakura, quienes, aunque aún en desarrollo a causa del inicio de la adolescencia de la pelirrosa, estaban considerablemente más grandes, a causa del embarazo de la ninfa, por culpa de su amado Sasu-kun. Sasuke simplemente se dedicó a amamantarse de nuevo de los senos de su niña, por lo que extrajo más leche materna de los senos de Sakura, mientras la princesa hada gemía del cómo su amado Sasuke-kun no solamente extraía más leche de sus senos, sino por el increíblemente delicioso sexo anal que su novio, o esposo como ella lo consideraba, le daba.

— ¡Sasuke-kun...! — pujó de nuevo Sakura, al sentir cómo Sasuke embistió tan profundo dentro de ella y cuando extrajo más leche de sus senos, la cual el moreno bebió de inmediato.

La mano derecha de Sasuke pronto descendió a la vagina de su niña y la masturbó, al meter sus dedos dentro de la cavidad vaginal de la ninfa. La mano zurda de Sasuke simplemente amasó el seno izquierdo de la princesa de las hadas, quien se retorcía como placer ante el asalto tan delicioso de su Sasuke-kun contra sus dos senos con la mano y boca de su novio, su vagina, con la mano diestra de su amado, y con la colosal verga de su Sasuke-kun, metiendo y sacando con salvajismo todo el tallo de la verga de Sasuke de su apretado y diminuto ano, estrecho más que nunca ahora.

Tanto placer, sin embargo, fue demasiado para Sakura, por lo que el orgasmo en la ninfa era sencillamente inminente. Aquello fue notado por el azabache, por lo que Sasuke aumentó las embestidas de su gigantesco pene dentro del recto de la princesa de las hadas, así como la succión de su boca en el seno derecho de su niña, sin mencionar ambas manos que manoseaban el seno izquierdo y vagina de Sakura, respectivamente. La ninfa de cerezos simplemente se retorció como un gusano en la lumbre, sintiendo cómo un calor le recorría desde la cabeza hasta su entrepierna, el cual a sí mismo erizaba su cuerpecito y la sometía a un venidero orgasmo tremendo.

Sasuke vio que su pequeña novia estaba a punto de llegar al orgasmo, por lo que puso más ímpetu en la penetración anal que le daba a su niña. Las paredes anales de Sakura pronto se apretaron contra el tronco de la verga de Sasuke y él sintió el suave tejido mucoso de las paredes rectales de la princesa de las hadas prensarse contra su enorme pene, impidiéndole a Sasuke el sacar más de lo necesario su enorme verga. Sasuke gruñó ante el impresionante placer que le producían aquellas suaves paredes anales de Sakura, por lo que igualmente sentía que estaba cerca de su orgasmo, tras provocarle varios a Sakura durante todo su acto carnal.

Sasuke metió una última vez su enorme pene dentro de Sakura, de una sola embestida, y penetró hasta lo profundo de la ojiesmeralda, con su colosal verga. Sakura simplemente se retorció una última vez y con ello llegó finalmente a su orgasmo.

— ¡Ahhh, Sasuke-kun...! — gritó Sakura, cuando al fin llegó a su tan ansiado éxtasis.

La pelirrosa prácticamente parecía haberse orinado, por lo que de su vagina expulsó sus fluidos vaginales y ella se retorció, arqueando su espalda como una cuchara. Aquel fuerte orgasmo en Sakura produjo que Sasuke igualmente sintiese que estaba a punto de eyacular, cuando la princesa hada apretó su ano alrededor de la verga de su amado Sasuke-kun. Sasuke, sin embargo, jamás dejó de embestir dentro del recto de la princesa de las hadas, de modo que el orgasmo de la ninfa de cerezos fue prolongado por la cogida tan intensa que le daba su amado Sasuke-kun.

Eventualmente, sin embargo, la suavidad del tejido mucoso rosa pálido que era el húmedo ano de la princesa de las hadas, frotándose contra la verga de su Sasuke-kun, hizo que él tampoco pudiese contener su orgasmo. Al embestir unas veces más, Sasuke frotó y frotó el tallo de su pene contra el recto de su niña y con ello entonces finalmente el chico también llegó a su propio orgasmo.

Sasuke gruñó fuertemente y entonces eyaculó dentro del ano de su Cerezo. Sakura soltó varios gemidos paulatinos a cuando su amado "Sasuboo" expulsaba disparos de semen dentro de su recto. Progresivamente, Sasuke llenó de semen a Sakura, mientras ella gemía y se retorcía de placer, con cada chorro de espeso y cálido semen que su amado arrojaba dentro de su ano. Sakura simplemente se limitó a acariciar la nuca del amor de su vida y a besarlo con todo su amor. Sasuke jamás extrajo su enorme verga del ano de Sakura, sino que vació sus enormes testículos dentro del recto de la ojiesmeralda.

— Sasuke-kun... — gimió una última vez, al sentirse tan llena del semen de su amor.

Varios segundos segundos pasaron y finalmente Sasuke terminó de eyacular dentro de Sakura, por lo que sacó su pene del sumamente dilatado y ligeramente prolapsado ano de su niña, quien no pudo contener todo el espeso semen que su amor depositó dentro de su recto. El semen de Sasuke escurrió a chorros del ano de la princesa hada y se embarró en la cama, mas a ninguno de los dos realmente le importó. Ambos jamás separaron sus labios, como tampoco detuvieron sus caricias.

Tras varios minutos, Sasuke y Sakura ahora estaban bajo las cálidas cobijas, completamente desnudos, abrazados, acariciándose y besándose, cual dos amantes apasionados. Sakura estaba apoyada contra el torso de su amado, de espaldas a él, y le acariciaba con su pequeña mano izquierda la nuca, mientras continuaba besando al amor de su vida. Sasuke le acariciaba el cuerpecito de su princesa, especialmente los senos y vagina, haciendo que Sakura soltara algunos jadeos. Obviamente, Sakura ya estaba un poco fatigada de la intensa sesión de sexo con su amado pelinegro, pero dejaba que su novio la besara.

Pronto, no obstante, Sasuke llevó sus manos al abultado vientre de Sakura y besó el cuello de la niña hada. Sakura simplemente se dedicaba a acariciar el apuesto rostro del amor de su vida, sintiendo la picazón de aquella barba de las cinco en punto, por lo que soltó una risilla.

Sakura miró los cálidos y profundos orbes de su amado y lo besó con amor.

— Te amo tanto, Sasuke-kun... — musitó la pequeña hada.

La ninfa se acurrucó en el torso de su hombre, como pudo por supuesto, ya que su avanzado embarazo no le permitía mucha comodidad y movilidad. Sasuke simplemente abrazó a su niña encinta y la estrechó firmemente contra él, mientras acariciaba el vientre abultado de su Cerezo.

— Yo los amo a ambos — replicó el moreno, al acariciar la pancita de Sakura.

La dulce hada sonrió y besó de nuevo a su amado.

— También te amamos, Sasuke-kun... Siempre vamos a amarte...

Sin poder resistirse a la tentación, Sakura y Sasuke volvieron a hacer el amor, cubiertos por las cobijas. La noche cayó lentamente, siendo la luna la única testigo de la entrega del amor de aquel par de amantes. Era un humilde hogar, pero un paraíso para dos amantes, quienes siempre serían demonizados por la sociedad.

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Unos meses habían pasado desde entonces. El primer descendiente del matrimonio Uchiha, Daisuke, había finalmente nacido. Era un literal clon de Sasuke Uchiha, prácticamente idéntico en todo aspecto. Sakura no podía estar más feliz, al tener la réplica de su amado Sasuke-kun en miniatura, a quien igualmente le daba pecho, mientras sonreía tiernamente y besaba ocasionalmente la frentecita del bebé. La ojiesmeralda además arrullaba al tierno, pero orgulloso bebé y le canturreaba una dulce canción, mientras que el hijo de Sasuke Uchiha miraba a su madre y sonreía tal y como su padre.

A lo lejos, Sasuke volvía de recolectar algunas provisiones, las cuales depositó al lado del humilde, pero bello hogar que ambos tenían y se acercó a su amada esposa y a su hijo, el orgullo del matrimonio Uchiha. Sakura vio a su esposo y sonrió enorme.

— ¡Mira, Sasuke-kun! ¡Hasta en sus gestos es igualito a ti! — enunció feliz y divertida la joven ninfa.

Sasuke miró al bebé, quien igualmente plantó su mirada en Sasuke, y Daisuke le sonrió a su padre, con un gesto torcido. El moreno no pudo evitar sonreír del mismo modo, al ver que su esposa, Sakura, tenía razón. Sasuke cerró su puño y lo acercó al bebé. Daisuke Uchiha hizo lo mismo, imitando a su padre, y chocó suavemente su pequeño puño contra el enorme de su padre. Lo cierto es que Daisuke, a pesar de ser tan pequeño, era tan fuerte como su padre.

— Somos Uchiha, después de todo — enunció Sasuke, con sumo orgullo.

De pronto, a unos metros de ellos, una burbuja de espacio/tiempo se comenzó a abrir, en un plasma de tonalidad azul eléctrico, por lo que Sakura se sorprendió un poco y se atemorizó levemente, más que nada por su pequeño hijo. Sasuke endureció la mirada, tomó la sanjiegun en su espalda y tensó su cuerpo, al mismo tiempo que se posicionaba al frente de su esposa e hijo, buscando protegerlos con su vida de todo peligro.

Sin embargo, lo que sucedería a continuación, dejaría impactados al matrimonio Uchiha, incluyendo al pequeño Daisuke, quien, aunque pequeño, era increíblemente inteligente. De aquella burbuja, salió un enorme dragón con una cola llameante, el cual llevaba en su lomo un par de personas, a quienes no pudieron ver inmediatamente el matrimonio Uchiha. El dragón del fuego aterrizó con algo de fuerza en el suelo y miró a los Uchiha.

Sasuke entrecerró la mirada.

— Ignis...

Sakura parpadeó un momento, quedándose algo sorprendida de la presencia de aquel dragón.

— ¿Ignis-sama? ¿Pero qué hace en éste sitio, Lord Ignis? — inquirió algo extrañada, y nerviosa, Sakura.

De pronto, ambos levantaron su mirada al lomo del dragón del fuego, la legendaria bestia de Gaia según ellos, y notaron a dos personas, las cuales dejaron petrificados a Sasuke y a Sakura, por el puro aspecto.

— ¡¿Pero qué demo...?! — articuló pasmado Sasuke, totalmente incrédulo.

— ¡No...! ¡No puede ser...! ¡¿Cómo es posible...?!

Sakura miró a su esposo y a aquel hombre, quien ayudó también a la otra chica, de una edad similar a ella a descender de Ignis, y no daba crédito a lo que presenciaba.

— ¿Dos... Sasuke-kun...? — musitó para sí misma, mientras estrechaba a su bebé.

El Sasuke que era el esposo de la ninfa apuntó con su bastón reticulado al otro Sasuke, pero el otro se mantuvo calmado.

— ¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Cómo es que tienen el aspecto de Sakura y mío?! ¡Respondan, a menos de que quieran morir! — advirtió serio y frío Sasuke, el del alfaverso, el actual universo.

La otra pelirrosa, la otra Sakura, vestida de un traje de lolita rosa con blanco, medias stocking a mitad del muslo y unos tacones stiletto de plataforma, igual rosas, se detuvo ante el Sasuke del mundo actual e hizo un curtsy. El otro Sasuke simplemente se detuvo ante ellos, igual manteniendo la guardia en alto, mas no en una postura de combate como tal, en caso de que debiera proteger a su compañera.

— Sasuke-san... Sakura-san... lamentamos interrumpir sus pacíficas vidas, pero el omniverso les necesita... Necesitamos de sus fuerzas... — habló al fin la Sakura del otro mundo, con el mismo tono de voz de la Sakura, esposa del Sasuke de aquel mundo y madre de Daisuke Uchiha.

— ¿De nosotros? ¿Por qué motivo nos necesitan? ¿De dónde vienen ustedes dos? — inquirió la Sakura de éste mundo.

— Nosotros venimos de un universo llamado Prime y estamos en una misión para salvar al infiniverso — replicó la otra Sakura — Estamos en una guerra interdimensional, contra aquel que desea erradicar la creación y reescribir el multiverso a su voluntad.

— ¿Quién se supone que es ése tipo que mencionas, niña? — cuestionó ahora Sasuke, el padre de Daisuke.

— Magnus Chaos, la personificación de la entropía — respondió el otro Sasuke, igual con el mismo tono de voz del esposo de la Sakura del alfaverso, el actual.

Las memorias del universo alterno volvieron a la cabeza de Sakura, madre de Daisuke. Finalmente, no era producto de su imaginación.

— No puede ser... — musitó para sí misma la pequeña ninfa, con Daisuke aún en brazos.

— Sasuke-san... Sakura-san... por favor, tienen que ayudarnos... Háganlo por el destino de su universo, el alfaverso... Por su futuro... Por el futuro de su hijo... — pidió la otra ninfa — El destino de su universo, así como el omniverso, depende de todos nosotros...

Sasuke, el del alfaverso, se quedó pensativo un momento. De la nada, un par de seres, idénticos a ellos, se mostraban ante ellos y les relataban que un ente increíblemente poderoso amenazaba su mundo, su futuro y el futuro de sus hijos; o hijo en éste caso. Si algo no toleraba Sasuke, era precisamente que alguien amedrentara a su familia. Aquellos viajeros parecían venir de otro universo, mundo o dimensión, como quieran llamarle, y le advertían de una calamidad que, de acuerdo a los sueños y visiones que le platicó su esposa, Sakura, habían sucedido en aquel universo, llamado Prime. El Sasuke y la Sakura frente a ellos decían provenir de aquel universo. Atando cabos, Sasuke supo que aquello no era casualidad. Era obra del destino y de una fuerza mayor inimaginable.

Sasuke, el del alfaverso, miró a su esposa, Sakura, y ésta le asintió. El moreno, padre de Daisuke, guardó su sanjiegun y se acercó a su contraparte. Sasuke estaba determinado a proteger a su familia, el hogar donde vivían y al mundo donde habitaban.

— De acuerdo. Lo haremos.

...

Oof, apenas me dio tiempo para terminar y editar éste capítulo, lol. Estuve bastantes días en California, E.E.U.U. y apenas tuve tiempo de terminar éste one-shot.

La última parte se puede decir que es una especie de cameo a mi fic original. No es canónico como tal. Solamente se me hizo divertido el incluir a los dos universos de mis distintos fics.

En fin. Les agradezco su infinita paciencia para con mi persona y nos vemos próximamente con otro one-shot (que yo espero que sea pronto y ésta vez sí un NaruHina). Hasta entonces, linduras.