Disclaimer: este relato no es mío, el original pueden encontrarlo en la aplicación Harry Potter Amino Español y está publicado aquí con el permiso del autor, el Profesor Snape, líder en esa comunidad. Si van a verle. salúdenle de mi parte. Los personajes del fic son de la inconmensurable J. K. Rowling y esta publicación se hace, como siempre, sin ánimo de lucro y solo por diversión.
El fic trata, a modo de parodia, las aventuras (o más bien desventuras) del profesor de Pociones, narradas por él mismo en su diario. Este personaje no tiene nada que ver con el que estamos acostumbrados a ver en las películas de la saga o en los libros y tampoco con el personaje que su autor desarrolla en su rol. La única intención del mismo, con todo el respeto al personaje y a su creadora, es hacerles pasar un buen rato.
Sin más les dejo con Severus "Quejicus" Snape.
CAPÍTULO VI O LA BESTIA PELIGROSA
Cena de Halloween.
Todo iba razonablemente dentro de lo normal, (Weasly devorando el pastel de calabaza, Granger mirándole indignada, Potter con esa risa estúpida en su rostro..) cuando ocurrió algo que puso mis cinco sentidos en alerta. Una sensación de peligro me invadió.
No, no era Quirrell que entraba como un poseso anunciando que había un troll... era la mano de Minerva queriendo agarrar la mía por debajo de la mesa...
Por eso, antes de que el ta-ta-tartamudo de Quirrell se desmayara, yo ya me había puesto en pie de un salto.
Dumbledore nos llevó a todos al tercer piso, donde guarda la piedra filosofal, Fluffy estaba como loco ladrando.
Todos me miraron...«Deben estar de broma..» Los muy cobardes... ninguno quería enfrentarse a la fiera.. « Vamos, Snape, hazlo por mí» Minerva parpadeó con ojos brillantes e intentó agarrarme la mano otra vez... Sinceramente, entre ella y un perro demoníaco de tres cabezas... prefiero el perro.
Entré, varita en alto para defenderme.
Ya lo tenía casi dormido, silbándole la «magonesa» cuando oí a Minerva que susurraba a Dumbledore, «¿No le encanta cuándo levanta así la varita?». «¡ Oh, Minerva, debería ver sus bíceps!»
¡No! ¡Eso era ya intolerable!
Perdí la concentración un segundo y una de las cabezas de Fluffy usó mi pierna para afiliarse los dientes...
Encima, cuando Poppy iba a ponerme la vacuna de la rabia, todos han coincidido que era mejor vacunar al perro...
Voy a adormecer mis instintos asesinos ojeando el catálogo favorito de cualquier hombre... el catálogo de Avón.
CAPÍTULO VII O TÚNICAS QUE ARDEN SOLAS
Si hubiera que premiar al inventor del Quidditch, yo lo haría.
Le quitaría los pelillos de la nariz con pinzas, uno a uno, lenta y dolorosamente.
Hoy Dumbledore, después de ordenarme que le sacara las pantuflas de debajo de la cama, llenándome consecuentemente mi fabulosa túnica nueva de pelusa (¡qué digo pelusa!, ¡Civilizaciones desconocidas habían ahí!), me ha anunciado que Harry-porqueyolovalgo-Potter, iba a jugar su primer partido.
No, no es bastante con exponer al chico a la venganza de Voldemort usando la piedra filosofal como cebo...(le ha faltado poner un luminoso en forma de flecha en la torre de Gryffindor que ponga: Potter aquí)... hay que dejar que vuele a decenas de metros del suelo.. y sin casco...
Pensándolo bien, si sufriera un terrible accidente y, digamos, se rompiera la crisma en la caída, probablemente me ahorraría un montón de problemas.
Quirrell, que ha llegado antes que yo, me ha i-i-i-i-invitado a sentarme con él.
No gracias, el olor que desprende su turbante, similar al de los pies de Dumbledore: tira para atrás que es un gusto.
Me he sentado delante para evitar sus vapores. ¡Qué pesada carga la de tener una portentosa nariz como la mía...!
Ha habido un momento, cuando Harry-mequedoaleladobuscandolaSnitch-Potter por fin se ha decidido a entrar en el juego, en que su escoba se ha puesto a dar tumbos.
He mirado alarmado a Dumbledore pero estaba distraído rebuscando las palomitas que se le habían caído en la barba para comérselas. Entonces, le he hecho disimuladamente señas a McGonagall y la muy... ¡me ha lanzado un guiño! (Por Merlín, que alguien me lave los ojos con lejía...)
He tenido que actuar yo, como siempre, y me he puesto a recitar un potente contrahechizo a pesar de que una voz en mi cabeza insistía en dejar que Potter hiciera un bonito amasijo de sesos esparcidos por el suelo, ¡hasta que un incendio se ha declarado en mi túnica!
¡Mi túnica nueva!
¡¿Se creen que me las regalan o qué?!
Misteriosamente, el hechizo que atacaba a Potter ha cesado en ese momento...
Poppy ha insistido en que fuera a la enfermería aunque no estaba herido y ha persistido, animada por Minerva, en examinar bien mi pierna ¡Y me ha levantado la túnica hasta el ligero con que me sostengo los calcetines!
La visión de mi bien torneado muslo ha provocado un sofoco en ambas mujeres que se han puesto rojas y a reir como pavas...
Mantenme.
Por favor.
Ya.
CAPÍTULO VIII O ASÍ LE GUSTA A MINERVA
_No, no quiero, es imposible, ¡no!» Protesto, como siempre.
_«Severus, muchacho, es un riesgo, lo sé, pero...» Mis protestas son ignoradas, como siempre... « creo que estarías mejor con u la permanente»
¿Qué manía tienen ahora todos con mi pelo?
_«No»
_«Estarías más guapo»
_«No quiero estar más guapo»
_«A Minerva le gustan los rizos»
_«¡ A MÍ NO ME INTERESA MINERVA!»
Me he ido pegando un portazo tan fuerte que he dejado caer todos los cuadros del pasillo del segundo piso.
He aprovechado mi mal humor para hacer algo productivo y he arrinconado a Quirrell y le he interrogado acerca de sus intenciones.
Siempre he sospechado de él.
Y de su turbante.
De su turbante, más.
Pero Dumbledore, en vez de hacer caso a mis sospechas, quiere rizarme el pelo como si yo fuera un perrito de aguas... ¡ Qué se rice él la barba!
Mejor no, que luego me toca desenredársela a mi.
He vuelto a la sala de profesores quitando puntos a todos con los que me he encontrado salvo con los de Slytherin,(«¿ Que por qué, señorita Lovegood? pues... ¡Por ser rubia e ir provocando adicción a los dulces!) Y claro está, después de tanto trabajo, me he quedado un poco traspuesto... (siempre me entra sueño después de echarle la bronca a alguien, será de lo relajado que me quedo)
He sentido cómo caía sobre mí un hechizo de magia oscura mientras roncaba tranquilamente... y me he despertado con el peinado de Diana Ross.
¿No he pedido ya que me maten?
