Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es autoría completa de J.K Rowling. Yo solo uso sus personajes para fines de entretenimiento y sin ánimo de lucro.

SUMMARY: Tras la muerte del esposo de Hermione Granger, Draco Malfoy, el mejor amigo de infancia de éste, Theodore Nott, comienza a visitar a la viuda con la esperanza de volver a construir entre los dos, aquello que la vida les quitó.

ADVERTENCIA: Este fic está catalogado como M pues aparecerán situaciones donde se pondrá en duda lineamientos morales versus deseos propios, situaciones de sexo explícito. Sí eres sensible a este tipo de temas o eres menor de edad, ésta no es tu historia.

FUEGO AZUL

Capítulo 3: Nueve años sin ojos azules

25 de julio de 2008

Hermione trotaba con la impotencia de no poder correr. Estaba estrictamente prohibido dentro del Ministerio.

No podía creerlo. Theodore Nott había regresado, como si un zombie despertara de una película muggle de Romero. Tuvo que parar rápidamente y escabullirse a un baño cerca al corredor que conectaba a la Oficina de Desinformación, Coordinación que ella dirigía.

Tener a Theo era volver a vivir años pasados.

"Draco…"

La mujer cerró rápidamente el cubículo y se sentó en la taza sobre la tapa. Juntó sus manos a modo de oración y se entregó a una plegaría. Estaba asustada, estaba muy asustada. Sus ojos se humedecieron y la ansiedad la consumió.

Tanto valor acumulado esas semanas había quedado rezagado a intenciones y a un adormecimiento de manos.

No puedo creerlo−musitó Ron tirando una piedra al océano.

Hermione tampoco. De hecho, era tan poco, tan poco, pero tan poco lo que le creía a Harry, que no había comentado nada al respecto. Era ridículo. Era como retroceder en el tiempo. No podía caer en eso. Había logrado pasar una tarde sin llorar. No podía volver a atrás. No podía permitírselo.

Es otra persona. Es completamente otro, pero sigue siendo él. Es una sensación extraña.

Harry, de pie con los dedos entre la arena, los movía de un lado para el otro haciendo el dibujo de las Reliquias de la muerte. Uno que era borrado por las olas para comenzar de nuevo.

Hay que ir al Ministerio−dijo Ron con seguridad viendo a su mejor amiga, quien parecía más entretenida jugando con un cangrejo pequeñito.

Es mejor esperar a ver que dice Charlie. No demorará en llegar.

La noche se tragó el sol y la luna alumbró los senderos de arena y piedras. Los tres amigos regresaron a la casa y al final de ese día, el hermano mayor de Ron llegó al chalet y nada dijo. Ante el interrogatorio intensivo las únicas frases que soltó fueron cosas como: "nos conocimos trabajando con dragones", "no sé mucho más detalles al respecto" o la favorita de todos "deberían preguntarle a él y no a mí".

Y eso exactamente fue lo que hizo Ron la siguiente semana. El problema fue cuando llegó y le notificaron que tanto Nott como Charlie, habían salido en un viaje de emergencia a Sarajevo para la mudanza de unos huevos a punto de eclosionar. No volvieron en días.

Durante ese tiempo, Hermione hizo un trabajo de auto regulación para no caer en los recuerdos. Bloqueó su mente y se entregó de lleno a su familia. Paseó con sus "sobrinos", mimó a James hasta el hastío, compró ropa para Teddy, aprendió a cocinar cosas simples por parte de Fleur, y montó una escoba para Ginny. No llegó más allá del metro de altura, pero fue celebrado por todos.

Siempre que el tema salía a colación, Hermione se iba del lugar o cambiaba notoriamente el tema. Harry y Ron optaron por hablar y armar conjeturas en privado para no molestarla más. Pero sí temían por el desenlace de los sucesos a posterior. Ellos querían hablar con Theo primero, ¿sabía él que Draco había muerto? De ser así ¿por qué no había ido al funeral? o a lo mejor ni sabía. ¿Serían ellos los que terminarían contándole?

A dos días de reintegrarse a sus labores, Hermione dejó de dormir. Los lapsos que lograba cerrar los ojos, veía a su esposo en su juventud hablando con su mejor amigo en el lago. Lejos de ella. Cuando ellos no eran nada. Cuando no eran ni enemigos. Sentir esa brecha emocional era recordar periodos lamentables en su vida.

Lloró amargamente de once de la noche a tres de la mañana y solo durmió cuando el dolor de cabeza la abrumó tanto que el cuerpo se desconectó. A las seis se despertó de inmediato y después, de besar su anillo, se levantó para dejar de pensar.

Lo ocultó lo mejor que pudo y su familia dejó de insistir. Sus dos amigos la instalaron de nuevo en su casa, la cual estaba limpia, con comida fresca y flores nuevas. Los retratos permanecieron al igual que las pertenencias de Draco y la vida siguió su curso.

A la mañana del treinta y uno de julio, el día que se reincorporó al Ministerio, Hermione vio uno de los retratos que tenía encima de su mesa de noche. Uno sin efecto mágico. Solo Draco y ella abrazados viendo hacia adelante. La mujer se inclinó para hablarle: "le preguntaré por ti. O tal vez tú lo mandaste. Siempre fuiste muy raro."

Estaba tan preparada pero las piernas le fallaron a una puerta de distancia. Limpió su rostro congestionado con papel del baño y respiró profundamente para no entregarse al desespero. Que Morgana le ayudara a enfilar sus pasos. Apenas eran las ocho de la mañana y no se había reportado con Charlie.

Carraspeo fuertemente y salió del lugar para darle celeridad a las angustias de su existencia.

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Theodore se encontraba en los vestidores destinados a los funcionarios de la Oficina de Búsqueda y Restricción de Dragones. Quitaba su camisa gastada y ya con varios rotos.

Su cuerpo musculoso, apretaba la tela hasta casi ceder en los puntos de los pliegues. Sus manos, ahora grandes y callosas, seguían con las falanges grandes, y ahora, un poco amorfas. Su espalda ancha era simétrica y morena. Su piel, de un tono un poco más canela, ya no se mostraba pálida como en sus años de juventud. Su quijada recta y con vestigio de una barba le daba un aire muy varonil que atraía miradas coquetas. Varias compañeras de su escuadra le miraban con mucho interés y eso le inflaba un poco el ego. Un sentimiento que poco consiguió en su adolescencia, ahora le parecía sobrar a borbotones.

El hombre se despojó de la camisa halándola por encima de su cabeza y sacó una toalla limpia yendo directo a las duchas individuales. Envolvió su cintura con ella y tiró al piso su pantalón verde militar de tiro ancho y su bóxer negro.

El barullo era fuerte, habían llegado de turno nocturno de aislar un Hébrido Negro en la zona norte de Gales. Había sido extenuante pero muy emocionante.

A poco menos de un mes en ese nuevo empleo en el Ministerio, Theodre se sentía a plenitud… casi a plenitud.

"Hermione Granger"

No la enfrentaba aún. Pero por supuesto que la había visto a lo largo de los años. Como el raro hombre que era, la había cuidado a la distancia. Un amor de juventud que nunca vio florecimiento pero que siempre estuvo ahí, latente.

Luego había estado Draco y con ello el horror. Lo prohibido. Era demasiado para pensar y el cansancio era extremo. Aun si quería evadir lo que inevitablemente pasaría, quería seguir actuando de manera cobarde. Verla era como jugar a la ruleta. El resultado no estaba en su poder y podía concluir en cualquier cosa. Buena, mala o pésima.

Cerró sus ojos cuando el agua tibia tocó su piel, aun palpitante por el ejercicio realizado. Se recargó en la pared y bajó la cabeza para que el chorro diera de lleno en su nuca y se resbalara por la curvatura de sus omoplatos directo a su cintura definida.

Sus piernas gruesas con vellos negros recibieron con agrado la sensación y sus músculos seguían con un palpitar, como si estuviesen esperando el ataque de un dragón. Con pereza ladeó su cuello de un lado al otro sacando un traqueo que le hizo hacer una mueca de placer.

− ¡Oye, Nott! −exclamó un hombre en la ducha de al lado. −Vamos a Las Tres Escobas en la noche. ¿Vienes?

−Claro−respondió relajado.

Cerró de nuevo los ojos echándose jabón de barra por todo el cuerpo maltratado. Sintió los bultos de las cicatrices que tenía por su pecho y brazos. Parecía un mapa de accidentes geográficos. Y, aun así, cuando sentía los cuadros definidos de su abdomen pensaba en demencias relacionadas con ella. Ella que se burló de su debilidad física y sin embargo ahí estuvo siempre.

Giró el grifo y salió rápidamente. No quería caer en la autosatisfacción estando en el trabajo y con ella cerca de su alcance. Seguro que su mejor amigo lo odiaba en el más allá.

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−No tenías por qué reintegrarte hoy, Granger.

Hermione se sentó más recta al filo de la silla. Iba con una falda de lápiz gris grafito y una camisa blanca de botones ancha en las mangas. Su cabello recogido como siempre y sus gafas de marco negro que hacían aún más notorias las ojeras violetas abajo de sus ojos rojos.

−Si me quedo en casa me voy a enloquecer, jefe.

Charlie Weasley, con unas nacientes entradas en su mar de cabello pelirrojo, no parecía muy a gusto con la túnica oficial del Ministerio que le habían obligado a usar como uniforme. Se removía constantemente en su asiento de cuero negro ancho y subía y bajaba acérrimamente los hombros.

−Por Merlín, no me digas "jefe".

−No me digas "Granger".

Ambos se miraron un rato y e hicieron una mueca parecida a una sonrisa. Charlie, con su corpulenta figura escribía de manera patosa en un pergamino. La pluma parecía un juguete en sus manos y él trataba de no romperla en dos. Ya llevaba cinco y su secretaría había tenido que ir al depósito a conseguir de más.

−Lamento no haber estado en el funeral de tu esposo.

Hermione le miró con ojos de sorpresa y comenzó a arrugar su falda con las manos. Empezó a sudar y solo afirmó con la cabeza. ¿Qué podía decir?, "¿No te preocupes?", "¿Tranquilo que no te perdiste de nada?"

−No encontré el momento de decírtelo personalmente y también lo digo porque no quiero que pienses en Theodore Nott en un fantasma del pasado. Sé que Harry y Ron lo hacen.

"¡ES QUE LO ES!"

Al menos eso gritaba Hermione en lo profundo de su ser. Pero hizo lo de siempre, sonrió y negó con la cabeza. Carraspeó con su garganta para bajar el llanto por la tráquea y poder hablar. −No lo hago.

Charlie entrecerró los ojos viendo y oyendo la terrible mentira. Tan observador como era, pudo ver la delgadez de su figura, sus encantos de mujer disminuidos, su cabello amarrado para no atraer atención y su argolla de matrimonio reluciente en sus dedos flacos. Se le arrugó el corazón al verla frente a él. Parecía un ratoncillo perdido y a merced de los depredadores.

−Tenemos una cita con el Primer Ministro muggle la próxima semana.

Hermione se sentó de nuevo de forma recta y puso total atención a las directrices de su jefe.

−Tuvimos un incidente con un hombre lobo en las cercanías del parque de Richmond. Varios ciervos aparecieron muertos con mordeduras visibles de ataque. Ya hay diarios muggle con reportes de "criaturas sobrenaturales".

−De acuerdo, lo tendré en la agenda como prioridad.

−Anota también una capacitación para la Oficina de Realojamiento de Elfos Domésticos. Ya has trabajado en esa área, y están un poco perdidos con los nuevos criterios. Eso es para mañana a las diez.

Hermione afirmaba con la cabeza comenzando a armar su cronograma mental de actividades. Seguro tendría que preparar una presentación. Podría hablar con algunos elfos de Hogwarts para ayuda extra y testimonios de perfiles.

−También hay un trabajo de articulación la próxima semana con la Oficina de Búsqueda y Restricción de Dragones. Hay una movilización de un par de hembras Galés Verde en celo y ya hubo un incidente con los muggles por desastres de machos tratando de seguirnos.

−Lo recuerdo, no hicieron verificación de perímetro y tocó usar Obliviate con más de uno. Y creo que aun así no funcionó del todo bien.

−No, fueron cinco testigos en total y tres de ellos quedaron con recuerdos intactos.

−Estaré al pendiente de eso.

−Te lo encargo, es más…

Fueron tres golpes en la puerta de madera que hicieron erizar los vellos de la piel de Hermione. No quiso mirar atrás.

− ¡Siga! Ohh Nott, pasa, llegas en el momento preciso.

Theodore, con una mezcla de olor a su propio aroma y jabón, entro con unos jeans negros, botas del mismo color, camisa leñadora y un abrigo grueso vinotinto.

No sabía que ella estaría en esa oficina. Se había preparado para verla mil veces, hasta había actuado frente al espejo, pero ahora todo parecía una comedia en cámara lenta. En una tortuosa cámara lenta. Podía sentirla, podía olerla. Olía tan divino como cuando era niña. A dulzura e inocencia.

− ¿Fuiste a la enfermería?

−No, no hay necesidad. Solo fue una cortada que ya vendé.

Theo se sentó al lado de Hermione mientras destapaba el brazo derecho y el vendaje blanco con unas motas de sangre se divisaba por debajo de los puños remangados de la camisa.

−Esencia de Murtlap−musitó Hermione viendo la herida, pero sin verlo a los ojos.

Sí que había cambiado. Su brazo tenía un bonito tono bronceado y era muy grueso. Una musculatura que antes no tenía. Y su voz, gruesa y firme. No temblaba o vibraba en las últimas sílabas como cuando era joven. De Theodore Nott parecía no quedar nada. Solo el nombre. Charlie Weasley tenía razón, él no era un fantasma del pasado. Él nada tenía que ver con el amor de su vida. Él solo era un hombre con quién compartió uno que otro dulce de jóvenes y nada más.

−Las heridas de dragón suelen ser problemáticas al tiempo de pasar el rasguño, debido a las bacterias que puede trasmitir.

Hermione alzó su vista para verle. Ahí estaban, el par de ojos azules celestes claros. Viéndola con una seriedad de estupefacción. Era un hombre diferente, uno que tenía el mismo par de ojos azules pero con otro cuerpo. Aunque el cabello seguía lacio y oscuro como la brea, algunos rasgos determinantes no habían cambiado con el transcurso de los años. Theodore Nott no le traía los recuerdos y las oleadas de nostalgia que esperaba sentir. Se sintió una idiota por anhelar residuos de recuerdos que la hicieran continuar pensando que, Draco Malfoy, tan solo se había ido de viaje y no había muerto.

− ¿Cómo sabes que no fue una mordida? −preguntó Theo viéndole con una sonrisa de suficiencia.

Sin duda se estaba burlando de ella. Este no era Theo.

−Por los puntos de sangre. No son distanciados, es una hilera uniforme… eso y que, si hubiese sido una mordida, no tendrías brazo en este momento.

−Seguro recuerdas a Hermione Granger−dijo Charlie sonriente terminando de firmar un documento.

−Granger, hace muchos años−saludó él con cortesía y una sonrisa.

Una sonrisa muy nerviosa en su interior. Theodore gritaba por dentro y no sabía si echarse a llorar o abrazarla. Ninguna de las dos era una opción viable. Deseó haberla visto en solitario y no frente a Charlie. Había entrado en estado de defensa y evitaba mirarla detenidamente. Pero su instinto de Custodio era natural y predominante en él. Sin tener que detallarla pudo distinguirla con claridad. Ahí estaba, menuda y flaca al extremo. De seguro por inanición y no por contextura. Hermione nunca había sido muy menuda de figura.

No irradiaba mayor energía, eso solo podía significar que estaba fría y eso quería decir que estaba pálida, que a su vez daba grandes probabilidades que tuviera ojeras y aspecto enfermizo. ¡Oh! La ironía.

"Draco, ¿qué le estás haciendo?"

Fueron los pensamientos de Theo a su mejor amigo. Uno que sabía lo estaría escuchando en el "Más allá".

−Bastantes, diría yo−contestó Hermione con una sonrisa también. No, definitivamente Theodore Nott no podía saber de la muerte de Draco. Actuaba demasiado natural y relajado.

−Como ya sabes, Hermione se está reintegrando de una licencia de calamidad familiar, necesito la pongas al tanto de lo que se viene gestionando con tu oficina. En ese traslado no quiero fatalidades. Suficiente con las que tengo con la gente de acá−bromeó Charlie. Ninguno de los presentes rio con él. −En fin… a sus labores. Nos vemos mañana, Nott.

Ambos se retiraron de la oficina con pasos ruidosos entre tanto silencio. Las botas de Theo eran pesadas y hacían un chirrido extraño, mientras los tacones bajos de Hermione emitían un ritmo muy curioso.

El tiempo que vivieron separados había hecho una mella muy significativa entre ellos. A pesar de solo volverse amigos en su último año, habían compartido muchas cosas juntos. Fue gracias a él, que Hermione se acercó a Draco y la amistad entre ambos surgió. Incluso cuando al final del último mes de Hogwarts, cuando sus sentimientos por ella eran tan bastos y profundos prefirió callar porque cada vez que veía a Draco mirarla, podía entender el maremágnum de posibilidades que se armaban en su mente viendo a un futuro lejano.

Si, Draco Malfoy se había enamorado de ella sin saberlo.

Pero él lo supo de primera mano, era su mejor amigo. Era su hermano. Era todo un drama telenovelesco que jamás se vio por iniciado. El único actor que sufrió en secreto fue él.

Siempre él por dárselas de mártir y redentor. Por ser un cursi idiota.

Era la damisela perfecta con su novio "perfecto" Weasley y dos marginados prendados de ella. Evidentemente la princesa no iba a dejar al príncipe por intentar besar a un sapo y a un hurón traidor. Hermione nunca supo de los sentimientos de los dos y él, él decidió guardarse todo lo que sentía y animar a su amigo a salir adelante.

Nunca tuvieron una conversación respecto al tema porque hasta el mismo Draco era ignorante del asunto. Pero luego estaban las miradas de ella con expectativa por tener una charla con él y luego estaba Ronald y al final nada pasó.

Él se hizo aparte y se alejó de sus dos personas más queridas. Sus únicas dos personas. Su familia.

Haciendo cálculos simplones realmente el egoísmo empático lo había hecho tomar esa decisión. Si existía algo como eso. Tal vez fue el temor de asumir circunstancias o el temor de las consecuencias de esas circunstancias. Habían sido mucho los años meditando la cuestión y siempre se daba cuenta que había sido todo lo anterior. No era la persona más perfecta del planeta.

−Tú sabes que Draco murió ¿verdad?

Eso había salido de la nada. La voz que formulaba la pregunta había sido clara y contundente. Sin atisbos de duda o miseria. Era un tono más acorde a lo que él recordaba.

−Por supuesto−respondió con la misma modulación.

Theodore pudo sentir como ella se sobrecogía con la respuesta y se tragaba cualquier cosa que quisiese decir.

−Nos vemos mañana entonces−dijo Hermione viéndole a los ojos con una sonrisa respetuosa y alejándose de los pasos de Theo.

−Hasta mañana−contestó él con la misma expresión yéndose en dirección contraria.

Ambos, con las miradas en el piso, empuñaron sus manos tragándose una bastedad de frases, cada una de ellas completamente fuera de lugar.

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Era un departamento de máximo unos treinta metros cuadrados. Era solo una gran pieza que tenía un muro bajo de un metro de altura que separaba la alcoba del resto. No tenía cama, sino un futón en el piso. Lo único que podía sostener su gran tamaño y no cabía en los muebles convencionales.

Theodore bajó las cortinas de segunda con su barita en un rápido movimiento de mano. No había muchas cosas ahí. Solo ropa sucia que estaba desperdigada por todos los rincones, unos libros en un rincón que servían a su vez de mesa de noche. Unos trastes sucios en el mini fregadero, y medias junto con ropa interior colgando en una cuerda que atravesaba la diminuta sala.

La luz del sol se alcanzaba a filtrar por los resquicios, pero eso no importaba. Él podría dormir sobre piedras moviéndose. Había tenido que dormir en peores lugares. Esa pieza era lo único que podía rentar con el dinero que ganaba en el Ministerio. La convalidación de título de Custodio oficial se le estaba comiendo más de la mitad de lo devengado. La situación económica era apretada y cualquier cosa por encima de la comida era lujo. Y solo para aumentar el estrés, ese día el mal humor lo estaba consumiendo en su totalidad.

Se despojó de su abrigo y camisa quedando con el torso descubierto. Inició un calentamiento haciendo estiramiento con brazos y cuello viendo el vendaje aún más rojo. Hermione y su asquerosa manía de siempre tener la razón. No le dio importancia. Hizo un Ritsurei y comenzó la rutina con Junta Kaiso para después practicar desplazamientos enfocándose en defensa.

Con cada golpe al aire, evitaba que las lágrimas rodaran por sus ojos.

En cambio, una lluvia de sudor salpicaba el ambiente como recompensa a expresiones no ejecutadas por parte del corazón. Por supuesto que sabía de la muerte de Draco. Había ido a su funeral, otra cosa es que nadie lo hubiese visto.

Nadie lo vio nunca durante nueve años. Pero estuvo siempre atento en navidades o cumpleaños. Cuando el entrenamiento y trabajo lo desgastaban y necesitaba tomar energías pensaba rápidamente en ir a saludar. Pero nunca tuvo el valor de hacerlo. Lo intentó cada año, pero siempre cuando estaba frente a la puerta, al escucharlo reír junto a ella, su mano se devolvía a su gabán negro y enfilaba sus pasos de nuevo al exilio.

El día del entierro, los vio a todos y su dolor no fue compartido con nadie. Pero pudo verla a ella casi desfallecer y como sus mejores amigos de toda la vida la sostenía con misericordia ayudándole a caminar de vuelta a su hogar. Un hogar bonito que él siempre envidió.

Con tortura autoimpuesta dio un golpe con todas sus fuerzas que lo hizo caer de rodillas jadeando. −Estúpido, Malfoy−susurró amargamente tragándose la congoja y viendo como su brazo contaba ya, con una venda totalmente roja con pocos puntos blancos.

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−Así que si sabía de Malfoy.

Hermione afirmó ante el comentario de Ron, mientras les hacía unos sándwiches de fundido de queso cheddar. Estaban en la casa de la mujer después de un día fuerte en el trabajo. Ron miraba con expectativa a la cocina para ver cuándo iba a estar listo el pequeño refrigerio.

Era ya tarde en la noche cuando Harry y Ron llegaron a visitarla como si se tratara de un ritual que jamás concluiría. No recordaba la última vez que hubiesen estado tanto tiempo juntos. No desde Hogwarts. De seguro Ginny y Lavender la odiaban y con todo el derecho del mundo.

− ¿Qué estuvo haciendo todos estos años? −preguntó Harry sirviendo un poco de chocolate caliente con leche en tres tazas, todas blancas.

−No lo sé. No le pregunté−contestó la mujer cortando la corteza del pan para partirlo en dos triángulos y servirlo.

− ¿Por qué apareció hasta ahora? −preguntó esta vez Ron tomando el plato de la mano de su amiga. Se demoraba demasiado, tenía mucha hambre.

−No lo sé. No le pregunté.

− ¿Qué dijo de la muerte de Malfoy?

−No lo sé. No le pregunté.

Ambos hombres se miraron y mientras Ron le daba una mordida al sándwich con mucha impaciencia y con algo de rabia, Harry tomó el liderato de la conversación para no hacer sentir incomodo a nadie, especialmente a su mejor amiga. El tema era reciente y la diplomacia era esencial. −Bueno, dime ¿qué le preguntaste?

−Nada en realidad. No deseaba preguntarle nada−respondió viendo su taza llena. No se le antojaba ni mojarse los labios con la bebida. Sí algo tenía eran nauseas. −Al verlo fue como ver a una persona desconocida que nada despertó en mí. Ni siquiera los momentos vividos cuando éramos niños. Es un extraño. No sé cómo describirlo.

−Puedo entenderlo. Del Nott que recordaba en Hogwarts solo queda recuerdos vagos− Ron vio a sus dos amigos y acercó un trozo de pan a la boca de Hermione. −Come.

Ella negó con la cabeza suavemente en un ademán muy grácil que últimamente estaba adquiriendo para que la dejaran tranquila. −No, ya comí antes que llegaran. Estoy bien.

Mentira. Ambos se miraron con preocupación, pero no quisieron ahondar en el tema.

− ¿Cómo está Lily?

Harry terminó su comida y fue a dejar los trastes en el fregadero. Se dispuso a lavarlos inmediatamente. −Está muy bien, no nos deja dormir demasiado.

−Ya sabes que puedes traer a James y a Albus los fines de semana, al menos para que descanses de esos dos monstruos.

−No me des ideas, estoy que los doy en adopción.

Los tres amigos rieron quedamente. La risa rápidamente se desvaneció cuando el reloj "Cu Cu" marcó las once de la noche. La despedida fue rápida y solo dos abrazos fuertes fueron necesarios para dejar a los dos hombres con una sensación tranquila antes de irse. Estaba aburrida de los constantes "¿estás bien?". Por supuesto que no lo estaba. No lo estaría jamás. Solo que le molestaba sobremanera tener que expresarlo en palabras.

Una vez, en medio de la soledad, Hermione subió a su cuarto donde prendió luces y encendió la radio. Sacó un libro de su mesa de noche y pretendió leer. Estaba acostada justo en su lado de la cama viendo el otro lado vacío.

−Hoy vi a Theodore Nott−comentó la mujer en voz alta sin dejar de ver su libro. −A cambiado mucho ¿sabes? Está más alto y con un corte de cabello bastante peculiar. No se ve mal. Y ya no es pálido y flaco, creo que tu estas más delgado y chiquito. −Hermione se giró de lado hablándole a la nada, con una mirada llena de amor y nostalgia. − Lleva ropa desgastada y quemada. Me lo imagino montando dragones a través de los océanos. A ti te hubiera gustado eso. Apuesto que lo hubieses regañado por no llevar corbata a la oficina. Le hubieras dicho que tenía que dejarse arreglar el cabello y que debía usar calzado acorde con su cargo. −Su labio inferior comenzó a temblar y sus ojos marrones ya no vieron claramente. −Creo que también hubiese reído mucho con él después de hacerle una maldición por haber desaparecido y dejarte solo, amor. ¿Recuerdas esas noches que lloraste en mis piernas rogando que volviera? O que al menos te diera una explicación ¿lo recuerdas?

Varias lágrimas comenzaron a bajar de sus pestañas que no aguantaron tanto volumen de agua. Dejó el libro a un lado y se arrastró por debajo de las cobijas hacia el lado donde dormía Draco y se recostó boca abajo abrazando la almohada de él.

−En él ya no queda nada de ti−susurró ahogada por sollozos. −Vida mía, ya no puedo sentir tu aroma en la cama.