Aller droit au coeur
Sumario: El colegio Beauxbatons es un pequeño y perfecto reino privado, en que todo parece tener un orden. Al menos, hasta que la mala suerte de Harry Potter trae de regreso a una criatura que no se ha visto desde la época de Nicolás Flamel.
Género: Romance/¿Aventura?
Claves: Drarry AU, estudian en Beauxbatons y jamás estuvieron relacionados a la guerra. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de colegio!
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Capítulo 1 de 3:
—¡...se adelanta, se adelanta, se adelanta! ¡Hay quienes dicen que vuela más rápido que los rayos! ¡Allí va, deja atrás a Aricia, sobrevuela las fuentes de Les Mesdemoiselles...! ¡Casi, casi...! ¡Llegó! ¡Beauxbatons saluda a notre prince! ¡Malfoy y Solair se llevan la Copa Alada por tercer año consecutivo!
El abraxan comienza el descenso en cuanto su jinete tira de las cuerdas mágicas que sirven de amarre. Las enormes alas agitan el cabello y los uniformes de los estudiantes, en su trayecto hacia el espacio de césped destinado a hacer de pista de aterrizaje para los corredores. Hay aplausos y educados vítores desde las gradas, como corresponde; cualquier muestra más ruidosa les ganaría una mirada de leve reprimenda de Madame Maxime y Rosseau, el cuidador de los caballos alados.
Un ligero murmullo lo distrae por unos segundos, haciéndolo girar el rostro para ver a su mejor amiga. Ella está más concentrada en maldecir al jinete que le ha vuelto a arrebatar el título a su compañera.
—Neus —Harry coloca la mano en su hombro, con cuidado—, estás hablando en catalán, otra vez.
Ella da un salto en el asiento, masculla palabras que no puede entender, sin importar que las haya escuchado durante años. Luego se empieza a recoger el cabello en una cola alta, frunciendo los labios.
—¡Es que no me lo creo...! Tú los viste. Los viste, ¿cierto? —Harry asiente. Ella bufa—. ¡Le volvió a ganar a Dixie! Está haciendo algún truco, Harry, te lo juro, lo voy a descubrir. No puede ganarle a Aricia y Dixie cada año, ¡ese abraxan come mejor que tú y yo, juntos! —Y vuelve a hablar entre dientes cuando se pone de pie, alisando los pliegues de su falda y ajustándose la capa azul clara, que es requerida para asistir al Torneo de Vuelo en abraxan, por tratarse de un evento anual de gran importancia para la institución, de acuerdo a Madame.
—O sólo es bueno porque ha practicado desde los ocho años...
—¡Pff! —Cuando resopla, lo hace con tanta fuerza que mueve uno de los mechones de su flequillo, que luego lucha por devolver a su lugar—. Deja de verlo a través de tus ojos de enamorado, Harry. Draco Malfoy no es tan encantador cuando lo conoces.
—Sí, lo dices porque tú sí lo conoces bien...
Sabía que sonaba a lloriqueo. Era un lloriqueo.
Su amiga lo observa un instante, arrugando la nariz.
—¿A quién engaño? —Neus se encoge de hombros, de forma teatral—. Es casi perfecto. Irritante, malditamente perfecto. Lo odio. Ahora, vamos a felicitarlo por llevarse la Copa de nuevo, antes de que él venga hacia acá.
No está seguro de si lo hace para darle una oportunidad de ver de cerca a su amor platónico, porque es su deber como compañera, o porque, en el fondo, a Neus no le cae tan mal como ha pretendido todos esos años. Quizás sea una combinación de las tres. Lo cierto es que pronto tira de su brazo, se alejan del grupo de estudiantes que conversan en voz baja sobre la última de las carreras, y se dirigen hacia los dos jinetes que ocuparon los primeros lugares, todavía acompañados de sus inmensos caballos alados.
A Neus, que es una metamorfomaga, se le ponen los ojos ligeramente rosa cuando se acerca demasiado a Dixie porque, bueno, es Dixie. Si él tuviese la misma habilidad, era probable que obtuviese ese resultado, ya que la sangre mitad Veela llama la atención de inmediato, sin importar que se tiña el cabello de negro con magia, e intente no encandilar a todos.
Ella sonríe al verlos aproximarse, una sonrisa preciosa, muestra hoyuelos a los lados y los ojos azules se le achican un poco. A Harry le causa una ligera sensación de cosquillas el aura que desprende, a Neus le da lo que define como un "pequeño ataque", donde tiene que inhalar profundo antes de hablar.
—Lo hiciste muy, muy, muy, muy, muy, muy bien, ¡de verdad! —La felicita Neus. Dixie se ríe cuando le sujeta las manos y las balancea en el aire. De reojo, mira a Draco, que finge no percatarse de su presencia, sino estar concentrado en palmear el cuello de su abraxan, Solair—. Tú has estado peor, Malfoy.
Él arquea una ceja.
—Me siento tan halagado que no sé cómo corresponder a tu gesto —Draco presiona una mano en su pecho, la expresión permanece en blanco. Neus empieza a estrechar los ojos, que se le oscurecen deprisa—. Porque a mí sí me han educado, te diré sólo "deja la envidia".
—¿Envidia porque es oficial que eres el mejor montando en todo Beauxbatons?
Draco sonríe de medio lado. El rostro, los ojos, el cabello de su amiga se torna rojizo cuando entiende y le da un manotazo, con un chillido agudo.
—Habilidades útiles, Farga, tú no sabes de eso, por supuesto —Él le palmea la mejilla cuando pasa junto a ella, igual que como hacía con la yegua alada que lleva de su cuerda. Le habla a Dixie en un murmullo, por el que asiente, y se detiene frente a Harry, como si acabase de reparar en su presencia.
Harry siente que se va a derretir ahí mismo, bajo el escrutinio de esos ojos grises.
Tiene un problema.
Un jodido problema.
—Suerte con la final del Quidditch, Potter —Después sigue su camino a los establos, como si no pudiese ver que Harry está al borde de un colapso y su amiga le agarra el brazo, pidiéndole que no tenga un prematuro infarto, porque no sabrá cómo explicárselo a sus padres vía lechuza.
—Me deseó suerte —Harry se cubre el rostro con las manos. Muere de felicidad y es patético, lo sabe—, me deseó suerte, me deseó suerte, me...
—¡Oye, Malfoy!
Sólo atina a ver, con los ojos enormes, cuando su amiga lo suelta para correr detrás del jinete. Se detienen a unos metros, hablan. Apuntan hacia él. Harry da un brinco y se esconde detrás de Dixie, en vano, porque es la única del curso más bajita que él.
—¿Qué crees que le esté diciendo...? —susurra a la chica, casi apoyando la barbilla en su hombro. El efecto Veela es un poco relajante, pero no lo suficiente; su atención es de Malfoy.
Ella se ríe por lo bajo, ocultando su boca tras el dorso de una mano.
—Algo bueno o algo muy malo, por la cara que hace.
Era algo bueno. Algo muy bueno. Lo sabe cuando Neus corre de regreso, Malfoy alejándose en la dirección contraria, con su abraxan.
Su amiga se endereza, manos en la cadera, mentón en alto.
—Malfoy usará los colores de tu equipo cuando esté entre el público en la final.
Harry considera la posibilidad de que sí le dé un prematuro infarto y no sigue el resto de la conversación entre ellas.
—¿Cómo lo convenciste? —Se le ocurre preguntar, tras un rato.
—Sólo le dije que Antoine nos pidió a los tres hacerlo para apoyar al equipo.
—Oh.
Tenía que ganar. Iba a ganar.
Debía ganar. Sería su primera Copa de Quidditch como capitaine.
Malfoy usaría los colores de su equipo.
Merlín.
—Neus —balbucea Harry. Su amiga se limita a emitir un breve "¿hm?" cuando lo ve boquear—, creo que me estoy muriendo.
—Si te mueres, alguien más se quedará con Malfoy.
—¡No me estoy muriendo! ¡Era broma!
Dixie los mira con una sonrisa enternecida, mientras acaricia la crin de su yegua, Aricia, y su amiga se queja sobre cómo es un idiota enamorado de otro idiota.
A él no le importa. ¡Malfoy va a usar los colores de su equipo!
—0—
El ambiente de la Academia Beauxbatons rara vez está tan caldeado como en la época previa al final del año escolar. Quizás un poco cuando se acerca el Yule, o con los bailes de salón, pero nunca tanto como por esa fecha.
Los de las optativas de Bellas Artes, como Dixie, se presentan con obras de teatro y melodías en aulas vacías a media tarde, o dejan sus pinturas expuestas donde cualquiera pueda apreciarlas. Los exámenes ya han sido cursados, las tareas escasean. El Torneo de Vuelo es sólo una apertura para el resto de las actividades, el preludio de las semanas de antelación al verano, el comienzo de una paz y alegría inauditas que se respiran en el aire.
Habrán muestras del Club de Duelos en el comedor durante cuatro noches seguidas, Madame Maxime se batirá con el profesor Agreste, de Defensa contra las Artes Oscuras. Parejas pasean de la mano por los jardines, los más atrevidos se pierden en los laberintos mágicos.
Harry tiene el Quidditch.
Cuando su familia se mudó a Portugal, tenía nueve años y una gran desilusión porque, por cuestiones geográficas, no recibiría su carta a Hogwarts, el colegio del que su padre tanto le hablaba. Luego llegó la carta a Beauxbatons, en un sobre con ribetes y hermosa caligrafía. Al ingresar y descubrir que no existía un sistema de Casas, creyó que sus aspiraciones al Quidditch serían anuladas; no tenía idea del bien que hacía la forma de selección de los equipos en Beauxbatons.
Debido a que un ala del Palacio estaba destinado a las chicas, una a los chicos y otra para los petit-fils, que iban por ocasiones especiales o vacaciones, los corredores se organizaban por años y cada uno tenía su propia habitación. Para ingresar a cualquiera de los seis equipos de Quidditch, se requerían de pruebas especializadas; los Hippogriffe, por ejemplo, eran los de mejor ofensiva y se metían a una sala de requerimientos llena de bludgers, sin un bate. El que no se cayese de la escoba, podía ir a una práctica con el equipo, a manera de prueba.
El equipo Rugaru, al que decidió que quería entrar cuando vio a su capitán anotar cinco tantos en menos de un minuto, exigía que incluso su Guardián atrapase una snitch en una práctica y que maniobrasen dentro del Ala Común del Palacio, donde estaban los pasillos más estrechos, la mayor cantidad de muebles y los caminos más enrevesados, en una competencia que se realizaba una vez al año, con permiso de la directora, a modo de carrera de obstáculos y demostración de manejo de escoba.
Ese día, le tocaría un partido contra los Dragons. El problema es que el equipo tenía un buen equilibrio entre defensiva y ofensiva, igual que el cuerpo militar al que alude su nombre, y Harry tiene cierta dificultad para respirar después de haber visto a Draco subir por las gradas con una bufanda negra y gris, los colores de los Rugaru.
—¿Capitaine? —Lo llama su Guadiana, cuando ha pasado un momento en que no responde, por estar asomado desde la puerta de los vestidores al campo. Intenta inhalar, en verdad lo intenta.
—Creo que me estoy muriendo —insiste, pero ella no es Neus, así que por supuesto que se preocupa, en lugar de tomarlo a broma. Luego tiene que tomarse un momento para explicarle que se siente perfectamente bien y está listo para destrozar a los dragones. En especial, si Malfoy iba a estar mirándolo cuando lo hiciese.
Sólo por si acaso, vuelve a asomarse cuando termina de ponerse el uniforme.
Draco Malfoy, como prince du sang, ocupa uno de los puestos del palco alto, adornado en oro blanco y bordados. Es el espacio reservado para La petite cour, un conjunto de estudiantes destacados en diferentes áreas, que es cambiado cada dos o tres años, y sirven como apoyo a la directora. Es una suerte, porque le da una buena vista de su posición, cuando se inclina un poco hacia adelante, hablando con el Dauphin, otro miembro del grupo.
Harry intenta, en serio intenta, centrarse en la estrategia que planearon. Es difícil hacerlo cuando su mirada se desvía cada poco tiempo hacia la salida.
Tiene que ganar, tiene que ganar, tiene que ganar.
Cuando están saliendo, Neus le grita desde el palco de la corte, agitando los brazos en el aire y haciéndole gestos exagerados de aliento, que le ganan las miradas reprobatorias de sus compañeros y una suave reprimenda de Madame Maxime, en el puesto central de la terraza. Su amiga le resta importancia y sigue saludándolo con entusiasmo, hasta que Dixie le sujeta el brazo y la hace sentarse. Entonces el cabello le pasa por toda la gama de rojo, y termina con un tono brillante de naranja.
—¡Bienvenidos a la final de la temporada de Quidditch 1995-1996! —Franchesco, el estudiante que hace de locutor y uno de sus amigos, le muestra el pulgar arriba desde su posición cuando lo observa. Lleva una bufanda y gorro negro, que deja en claro que no es tan imparcial como debería—. ¡Los Dragons y los Rugaru se ponen en posición! ¡El profesor Espinosa lleva la Quaffle con que van a comenzar, la sostiene, la levanta...! ¡Empieza el juego!
—0—
Harry se cuestiona si puede hacerse un agujero en el suelo con magia y desaparecer allí por el resto de su vida. Tal vez no. Su madre se preocuparía.
Los Rugaru ganaron la Copa de Quidditch, de nuevo. La celebración iba de maravilla, hasta que Madame Maxime bajó del palco, seguida de La petite cour. Como capitán del equipo, le tocaba presentarle el trofeo y llevarlo hacia el Pasillo de los Honores, en el Ala Común del Palacio. Ahí, todavía tenía la dignidad intacta.
El problema se presentó más tarde, intentando hablar con Malfoy, cuando se quedó pensando en que amaba cómo se veía con los colores de su equipo, amaba cómo lucía cuando tenía el chaleco del uniforme, amaba su cabello.
Y luego resultó que lo último no lo pensó, sino que lo dijo.
A Neus se le tornaron los ojos rojos por la vergüenza, como si hubiese sido suya; nunca agradeció tanto no poseer la habilidad de su amiga, porque estaba seguro de que se habría visto igual. No quería añadir más a su humillación. Lo peor del caso era que Malfoy estaba acostumbrado a que balbucease, razón por la que evitaba hablarle la mayor parte de las veces, así que no hizo más que mirarlo con un leve gesto incómodo, mientras Dixie se metía en medio, a intentar recoger los pedazos de su dignidad restante, felicitándolo por el juego y presumiendo de sus dotes de capitán. Tuvo una buena intención, pero Harry tenía el rostro rojo hasta las orejas para ese momento y pocas ganas de hablar.
Otra oportunidad perdida, eso era.
—Harry.
—¿Hm?
—¿Te estás lamentando de tu existencia?
—Sí.
—¿Te autocompadeces de tu mala suerte con el amor de tu vida?
—Draco no es- —Con un sobresalto, gira la cabeza en determinada dirección al oír su voz, sólo para hundirse en la decepción, literal y metafóricamente, cuando se da cuenta de que le hablaba a unos petit-fils. Presiona la cabeza en la mesa de madera, el rostro volteado hacia su enorme plato de déception, un postre de chocolate que las ninfas encantan para hacer sentir mejor a los estudiantes—. Oh, sí lo es.
Franchesco, sentado junto a él, mira a un lado del comedor, luego al otro. La ventaja del comedor de Beauxbatons es que, a pesar de su suntuosa decoración y las pequeñas mesas dispersas por todas partes, las ninfas tocan para ellos, lo que disimula el ruido de las conversaciones que no quieres que otros escuchen. Como aquella, al parecer.
—Amigo, te pondría decir que es un capricho. Pero no estoy seguro de si los caprichos pueden durar cinco años —vacila, dándole un par de palmadas suaves en la espalda. Siempre le ha dicho que no sabe cómo animarlo cuando se pone así, por lo que Harry agradece el intento—. Mira, te voy a contar un secreto, ¿bien? Levántate, préstame atención. Esto va a agradarte.
Con un quejido, se endereza. Apoya el codo en la mesa, recarga la barbilla en la palma y arquea una ceja. Sus ojos, sin embargo, recorren el salón por unos instantes.
La mesa de la cour, por lo general, sólo tiene los cinco puestos de sus miembros; se distingue de las demás mesas porque los asientos tienen bordados de oro, hay una pequeña fuente en el centro y cada respaldar tiene una placa con la posición asignada. Dauphin, prince du sang, Dame, Duchesse, Chevalier. Por la época que es, los petit-fils pueden acercarse y se encuentran rodeados. Harry no había deseado nunca tener unos años menos como ese día. Draco se está riendo de lo que intenta explicarle una de las niñas, y él sólo puede pensar que es precioso.
Franchesco le sujeta la barbilla para que gire el rostro, asegurándole que no le pasará nada a Malfoy por no verlo por cinco segundos al día.
—¿Recuerdas que dos de ellas —Cabecea en dirección a la mesa de la corte— están en las clases de Bellas Artes? —Harry asiente cuando se percata de que aguarda su reacción— ¿y recuerdas que tu querido Malfoy ayudó con una de las obras el año anterior, por esta fecha? —Otro asentimiento. Su amigo comienza a sonreír, como si estuviese vislumbrado el punto al que quiere llegar—. Hoy no van a presentar El Lago de los Cisnes porque Odette no puede tomarse mucho tiempo entre un acto y el otro, y le toca cuidar de los petits. En fin, la cosa es que harán algo que escribió una de las chicas de teatro con la profesora, y es una historia de amor.
—¿Y me lo dices para que vaya y me lamente más, pero entre el público, donde nadie lo notará?
El chico entrecierra los ojos. Harry sonríe con presunta inocencia.
—Lo digo, primero, porque tienes que ir y admirar mi belleza haciendo el papel de Nicolás Flamel —Franchesco asiente varias veces, cuando Harry se limita a elevar las cejas—. Segundo, porque una parte de la obra será interactiva, a mitad de la historia aproximadamente. La actividad consiste en que, mientras yo estoy intentando conquistar a mi Perenelle sin que un abraxan loco me ataque —Harry alza aún más las cejas, hasta que se pierden bajo su flequillo—, el público recibe coronas de flores que pueden colocarles a la persona más linda de la habitación, ya sabes, como se hacía con...sí, bueno, tú me entiendes. Es algo sencillo, rápido, y puedes tener la atención de Malfoy sólo con ponerte de pie y colocar una corona en su cabeza, lo que, si me lo preguntas, te diría que le gustará mucho, porque estarás alabando su ego. Todos sabemos que el ego es su debilidad.
Harry vuelve a ver hacia la mesa del grupo destacado, donde Draco se acaba de levantar, porque unos niños están tirando de su brazo para sacarlo de ahí. Suspira.
—Yo creo que él sabe bastante bien que pienso que es la persona más linda del cuarto, el Palacio, el mundo entero, Fran.
—Puede que sepa que te parece atractivo —concede él, en tono suave—, ¿pero a quién no? Si lo tuyo fuese un "quiero besarlo para después presumir a todos que soy el único que ha besado a Draco Malfoy" o un "me acostaré con él y olvidaré que me gustaba", esto sería sencillo. Tú eres como...como...—Lo abarca con un gesto amplio, encogiéndose de hombros.
—¿Qué se supone que fue eso?
—Aller droit au coeur, Harry! Tu coeur! —Le pincha el pecho con un dedo, por lo que se echa hacia atrás—. Tú estás estúpidamente enamorado porque un niño de diez años controló al abraxan que asustaste en el primer mes en Beauxbatons. Te pasaste tres años jurando que te salvó la vida, sólo porque el abraxan de Rosseau era como diez veces tu tamaño, aunque incluso el mismo Malfoy decía que él sólo le sujetó la correa y le habló, y lo peor que podría haberte pasado sería que te apartara de su camino…
—Me salvó —protesta Harry, llevándose una mano al pecho. Sentía que el corazón se le saldría cada vez que recordaba al pequeño Malfoy metiéndose frente a él para agarrar las correas del enorme caballo alado y lo increíble que pensó que era en ese momento.
—¡Fue como rescatarte de un pony, Harry! ¡Tenían diez años!
—¡Estaba asustado! Nunca había visto un abraxan —Vuelve a recargarse en el borde de la mesa, con otro suspiro—. Quiero al menos hablarle a Malfoy —gimotea tras un instante, tumbándose de nuevo—. ¿A qué hora dices que es tu función?
Franchesco sonríe y procede a contarle los detalles, incluso más de los necesarios, por la emoción de que fuese a verlo. Lo invitaba cada vez y a Harry no le llamaba la atención lo suficiente, así que casi nunca aparecía por allí.
—¿De verdad crees que podría funcionar para que...?
Ni siquiera sabe qué quiere. Con verlo, ya es feliz.
Su compañero asiente, sin titubear.
—Créeme, a cualquiera le gustaría que le digas que es la persona más linda en un cuarto donde hay mitad Veelas.
No iba a discutir contra esa lógica.
—0—
Esa sería una terrible noche. Pero Harry no tiene la más mínima idea cuando abandona su habitación en el Ala de los chicos y conjura un mapa miniatura sobre la palma de su mano, para localizar el aula vacía que los de teatro tomaron prestada para esa obra en particular.
El Palacio sólo contaba con tres pisos, su tamaño colosal estaba en el largo y ancho, no en la altura. El piso inferior era reservado para los salones regulares, el Gran Salón, el comedor y el Ala de los petit-fils, los niños menores a diez años (que es cuando se recibe la carta de ingreso) que asisten a clases especiales de Introducción a la Magia, Historia, Artes, o pueden unirse a ellos por eventos como las obras de fin de año o los Torneos; en su mayoría, eran familiares de un estudiante que estaba en Beauxbatons o hijos de ex-alumnos. El Ala de dormitorios de chicas quedaba hacia el sur, el de los chicos al norte, separados por pasillos de arcos y columnas, y un jardín interno; los estudiantes sí ocupaban los dos pisos superiores.
A alguien se le había ocurrido que tomar una sala del Ala de los petit-fils sería una buena idea, lo que explicaría que tuviese que pasar por corredores llenos de niños que lo saludaban al pasar.
Harry tiene que hacer una pausa en el umbral de la entrada, para recordarse por qué es importante que asista. Sí, su mejor amigo participa esa noche. Sí, no le haría mal divertirse un rato con las locuras de Nicolás Flamel, uno de los personajes más relevantes de la historia de Beauxbatons.
Y sí, también quería una oportunidad real con Malfoy, pero después de años de observarlo, tener fallidos intentos de acercamiento e idealizarlo un poco, era más difícil acercarse como si se tratase de otra persona normal.
Está caminando por el mismo corredor, de ida y vuelta, mientras se dice que tiene que entrar, debe entrar, va a entrar, cuando las cortinas de cuencas emiten un ligero tintineo y una cabeza se asoma. Dixie le sonríe.
—Hola, Harry —¿Cómo es posible que le sea más fácil estar parado frente a una medio Veela que a Malfoy? Él puede contestarle en voz baja, sin temor a arruinar más su imagen—. Fran me dijo que venías, pasa, pasa. Draco ya se está acomodando en su puesto —Le guiña, haciendo un espacio para dejarlo entrar—, ¿quieres que te siente cerca de él?
Boquea un momento, incrédulo. Una parte de su cabeza grita que le diga que sí, pero le cuesta procesar la idea.
—Creí- creí que tenían un palco o algo-
—Lo tenemos —acepta, tirando de él a través del pasillo oscuro que alzaron para producir el efecto de deslizarse dentro de un anfiteatro real—, pero como tuvimos esta idea de la función interactiva, decidimos ignorar el palco y dejar que todos nos sentemos en las mismas sillas. Eso te dará más oportunidad de llegar a Draco. O a Draco de llegar a ti —Le dedica otra sonrisa por encima del hombro.
Oh, por supuesto que Franchesco no podía mantenerse callado y guardarse la información respecto al "plan". Dixie le dirige una mirada sutil de disculpa cuando se detienen en una de las hileras de puestos.
—Sólo...ten confianza —Lo codea, animada. Harry piensa decirle que es sencillo para ella decirlo, porque es mitad Veela y todos se están girando para mirarla, a medida que se aproxima, pero las palabras no le salen. Consigue enseñarle una sonrisa ansiosa, por la que recibe un apretón en la mano—. Te prometo que Draco no te va a morder. A menos...que quieras que te muerda...
Ella se pone a considerarlo, con una mano bajo la barbilla, y se echa a reír cuando Harry la observa con horror mal disimulado. Puede sentir el ardor en las orejas y mejillas.
—Chevalier! Chevalier Dixie!
La chica se sobresalta cuando la llaman, se despide con un gesto y corre hacia la parte de atrás del escenario. A Harry no le queda otra opción que buscar uno de los asientos que no tienen una etiqueta con un nombre o número, de alguien que los apartó antes.
Dixie lo dejó una hilera por debajo de los puestos de Draco y los Dupont, que también son miembros de la cour. El hermano mayor se encuentra en medio de la chica y Draco; los tres hablan en voz baja, señalando hacia un área del escenario.
Piensa que sí puede hacerlo, que debe hacerlo, porque si alguien le preguntase en ese momento quién es la persona más linda de la habitación, sabe que ni siquiera se fijaría en las hijas de Veelas. Sus ojos permanecen tanto tiempo en Draco que él debe notarlo de algún modo, porque mira en su dirección. Harry da un brinco y corresponde a su saludo con demasiada efusividad, sacándole una débil sonrisa, antes de que vuelva a fijarse en sus amigos.
Sí, podía hacerlo. Estaba seguro de que podía hacerlo.
—0—
No pudo hacerlo.
El acto había dado inicio tras unos minutos de espera y un llamado de Neus, que era la ayudante de la profesora de Bellas Artes. La historia consistía, básicamente, en la leyenda de lo ocurrido cuando Nicolás Flamel, encarnado en su amigo Franchesco, conoció a Perenelle, frente al Árbol de Invierno del laberinto mágico, unos setecientos años atrás.
Se dice que fue amor a primera vista, no, más que eso. Mucho más. Cuando le preguntaron a Nicolás, él sólo supo decir: "aller droit au coeur". Directo al corazón. Perenelle fue directo a su corazón, nada más verla. Los libros dicen que los únicos amores de Nicolás, en siglos, fueron la Alquimia y su esposa.
Pero sin importar cuánto quisiera acercarse, Nicolás no lo lograría, porque era un muchacho introvertido, inseguro acerca de qué hacer respecto a ella. Al menos, hasta que un accidente en el laberinto le presentó a una bestia, un enorme perro o lobo negro, que lo persiguió hacia la salida. Allí se tropezó con Perenelle, con quien luego comenzaría a investigar sobre la mágica criatura. El tiempo que pasaron juntos hizo el resto por ellos, en resumen.
La parte interactiva, cuando Dixie les pedía que sacasen las coronas de flores que tenían resguardadas por un encantamiento, bajo los asientos, sucedía en un momento de la historia en que Nicolás intentaba impresionar a Perenelle y le pedía una cita sólo después de haber ganado la Copa Alada, alegando que estar cerca de ella sería mejor que cualquier premio que pudiesen darle y coronándola como la persona más bonita de Beauxbatons, a sus ojos.
El anfiteatro, por la ausencia de Madame Maxime y la petición de buscar a la "persona más linda", se convirtió en un caos de movimiento y adolescentes con flores en las manos. Muchos se acercaron al escenario para regalar coronas a Dixie, que les sonreía a todos, a pesar de tener que colocárselas en los brazos, después del descubrimiento de que tres era el número límite que podía llevar sobre la cabeza, sin que se le cayesen.
Harry vacilaba, con su corona en las manos. Uno de los amigos de Draco, al no querer acercarse a la persona que le gustaba, se la colocó al chico sobre la cabeza. Luego una de las estudiantes menores que tenían tareas tras bastidores, se acercó titubeante y le ofreció la suya, que él agradeció en voz baja.
No se había movido ni medio centímetro cuando una corona cayó sobre su cabeza también. Neus tenía el cabello de un amarillo eléctrico cuando le guiñó y lo alentó a moverse.
—Anda, que vea que tú también tienes una. Quizás te quiera dar la suya y nunca lo sepas porque no te acercas —insistía su amiga, dándole empujones en la espalda.
La otra Dupont le tendía su corona a Draco, tras una larga indecisión y recorrer el lugar con la mirada varias veces. Él se colocaba esa sobre el antebrazo, y le ponía la suya, con un encogimiento de hombros y un "de todos modos, no sabría a quién dársela".
Harry se desvió de su trayecto cuando todavía le quedaban unos pasos de distancia. Dixie les había asegurado que no continuarían hasta que todos hubiesen entregado su corona (y ella sabría sino, de alguna forma), así que corrió hacia el escenario para acabar con aquello pronto. Ni siquiera podía ver en la dirección de Draco, sin sentir ganas de huir aún más lejos.
Franchesco se agachó desde el escenario cuando lo vio, con una expresión de afectuosa resignación.
—Oh, me siento halagado. Mi tipo no son los que se la pasan "DracoDracoDraco", pero igual es un lindo gesto —Le sonrió, intentando animarlo. Pidió otra corona a los que estaban tras bastidores y se la puso sobre la cabeza a Harry, dándole una palmada en el hombro—. Anda a tu puesto, que mi Perenelle se pone celosa. Te llevaré unos dulces de los que reparten detrás del telón después, te gustarán —Le pellizcó la mejilla, sin fuerza, y lo dejó ir.
Cuando regresó a su asiento, la obra continuó. Nicolás tenía una cita con Perenelle y estaba por resolver el misterio de la criatura mágica. Él todavía no hablaba con Malfoy.
—0—
Es la segunda vez ese día que considera si no será posible que abra un hueco en el suelo, que se lo trague. No tiene que ser por el resto de su vida, la decepción consigo mismo seguramente se quitaría en algún momento; hasta entonces, podría experimentarla bajo tierra y lejos de la mirada de cualquiera.
Suelta otro suspiro.
El Palacio se ve precioso desde afuera; ventanales largos, puertas de arcos de madera, paredes blancas, tragaluces enormes para los pasillos y algunos salones. El establo de abraxanes no era visible desde ahí, pero sí la totalidad de los jardines, con sus arbustos de criaturas mágicas que cobraban vida al pasarles por un lado, los senderos de piedra finalizados en fuentes, donde el agua caía igual que en cascadas, trazaba una curva y ascendía por obra de la magia, enroscándose y volviendo al inicio.
No es suficiente para animarlo. Sólo les quedará un año en cuanto haya terminado ese, la conversación más larga que ha tenido con Draco fue en la que le agradecía por salvarlo, a los diez, y una en que le pidió ayuda con la desintegración de un material en Alquimia, durante el año siguiente.
Franchesco tenía razón en un aspecto. Si se hubiese interesado en alguien más, no habría tanto problema. Pero él simplemente no conseguía interesarse en nadie que no fuese Draco Malfoy.
Si era un capricho, debía tratarse de uno en verdad insistente. O tal vez fuese él quien era muy testarudo.
En cuanto logra abrirse espacio a través del comienzo del Laberinto, una construcción de arbustos frondosos que formaba caminos en todas direcciones y llevaban al mismo punto, se encuentra con el Árbol del Invierno. Alto, delgado, de tronco blanco grisáceo y hojas todavía más blancas. Al aproximarse, el aire se siente fresco, un poco húmedo, y es frío al tacto, de un modo mucho más agradable de lo que la nieve podrá serlo alguna vez.
Harry cree que lo ayuda a pensar. Igual que otros antes que él, suele hacer tareas alrededor del Árbol de Invierno en los días más calurosos de la primavera y el inicio del verano. Además, es un buen lugar para estar solo.
No se le ocurrió que no sería el único que pensaba así.
Al rodear el árbol, tiene que hacer una pausa, ahogando un grito, cuando se lo encuentra.
A Draco.
Draco, en medio del laberinto, sentado sobre una de las bancas, con cuatro coronas de flores apiladas a un lado. Sostiene una quinta entre las manos, sus dedos juegan con los pétalos de una especie que no puede recordar, cultivada en el invernadero.
Levanta un poco la mirada cuando lo oye acercarse, las palabras que iba a soltar muriendo sin haber salido de su boca. Emite un débil "oh" al parpadear.
—Eres tú —Menea la cabeza, sacudiendo su cabello, sin desordenarlo. Deja la corona junto al resto y comienza a rehacer su cola, que se le ha soltado en algún momento—. Ya me voy, tranqui-
—¿Te tienes que ir porque llegué yo?
Harry se muerde el labio con fuerza tan pronto como lo dice. No quería que sonase así, no pretendía decirlo con ese tono, pero lo hizo. Ahora Draco lo observa, impresionado.
—No —Arruga el entrecejo—, no. De verdad que no. Es que Antoine debe estar buscándome para que vayamos a ayudar a Madame…
—Ah —Es lo único que contesta, bajando la mirada hacia sus zapatos. Quiere golpearse la cabeza contra el Árbol del Invierno. Considera si añadirá más extrañeza a la imagen que tiene de él, o si sólo mantendría el nivel que ya posee.
Lo escucha ponerse de pie y recoger las flores, mas no lo ve hacerlo. No, al menos, hasta que siente la banda que queda sobre su cabeza, el tacto cuidadoso con que lo acomoda. No puede creer lo cerca que está.
Draco le deja una de sus coronas de flores, se asegura de que no se caerá en cuanto se mueva, y enseguida da un paso hacia atrás. Luce divertido, pero un tono de rosa casi imperceptible le cubre las mejillas. Quiere atribuirlo al frío del Árbol. Otra explicación sería demasiado para su cabeza en ese instante.
—No podía entender por qué tenías tan pocas —Draco se encoge de hombros. Otro paso lejos, se aferra a las coronas que lleva entre los brazos. Le recuerda un poco a los abraxanes cuando algo los altera, y en lugar de escapar como los caballos comunes, empiezan a apartarse despacio, cautelosos pero sin ceder por completo.
Harry aún está paralizado en el mismo punto en que le dio la corona, cuando Draco se marcha a través de uno de los caminos que convergen en el espacio del Árbol mágico. Y ahí sigue cuando regresa por otro, deteniéndose, frunciendo el ceño y dando un vistazo alrededor.
—Estoy seguro de que no...—Vuelve por donde salió un momento atrás. Reaparece por otro sendero, después de unos segundos. Se pasa una mano por el cabello, dejando sus coronas en el otro brazo—. Nunca me he equivocado con estos caminos —aclara, en voz más baja. Rehúye de su mirada y el rubor le alcanza las orejas.
Harry traga en seco. Tiene una imposible sensación de vértigo al aproximarse. Apunta uno de los caminos.
—Yo uso este.
Pero cuando Draco lo toma, regresa al mismo lugar, con un quejido bajo. Harry lo intenta, sólo para encontrarse con que el sendero va recto y lo devuelve al espacio del Árbol.
—¡Esta es una broma de muy mal gusto! —reclama Draco, buscando a quien pueda estar entre los matorrales— ¡y se lo diré a Madame Maxime enseguida!
Él recuerda que Franchesco intentó encantar uno de los arbustos una vez, para que abriese una entrada a otro camino y salir más rápido. El hechizo le rebotó, porque las plantas sólo podían ser modificadas por las ninfas, como les explicarían después, en la enfermería.
Titubea al llamar la atención de Draco, que suaviza su expresión hastiada cuando se fija en él. El corazón le late tan rápido que apenas puede oírse a sí mismo al hablar.
—No creo...que sea una broma.
Él parpadea, y arruga el entrecejo de nuevo.
—¿Entonces qué puede ser?
La verdad es que no tiene una respuesta para eso.
Hoooola. Ya estoy estrenando nueva serie, porque no sé estar sin hacer algo, djdk.
Esta serie consta de cuatro mini-historias en diferentes colegios de magia. Tres de ellas van de que los chicos no estuvieron involucrados en la guerra, y es probable que Neville sea el Elegido, pero realmente no es problema de ellos ¿?
Beauxbatons me parece tan…elegante. Y veo a Harry un poco fuera de lugar, pero seguro que se hace un espacio y se concentra en sus amigos y el Quidditch ;) y Draco vestido de azul, uff.
Casi toda la información proviene de HC, así que les daré los contextos a medida que la historia avance. En resumen, un idiota enamorado de otro idiota y la mala suerte de Harry, sí.
Espero que disfruten de esta serie tanto como las otras, y como siempre, gracias por leer ;)
